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sábado, 9 de junio de 2012

Rima Flihan abre fuego contra todos y apuesta exclusivamente por la calle


Texto original: All4Syria (entrevista)

Autor: Ma'an Aqel

Fecha: 30/05/2012



La primera pregunta que se me ocurrió hacerle a la activista política siria Rima Flihan fue quién estaba en la vanguardia de los que participaron en la concentración del 3 de febrero de 2011 frente a la embajada de Egipto en Damasco (que fue en apoyo a la revolución allí) y que fue disuelta por medio de la fuerza. Se lo preguntaba a ella que también se concentró frente al Palacio de Justicia para exigir la liberación de los detenidos y quien sacó a la luz el manifiesto de los niños de Daraa conocido como el “Manifiesto de la leche”, y por el que se enfrentó a una feroz campaña[1]. Después, se metió de lleno en el corazón de la revolución. 

Lo primero que hay que decir es que en Siria una manifestación no puede salir más que de la mezquita, porque es el único lugar donde está permitido reunirse. Era necesario cambiar este régimen y yo estaba con cualquier movimiento que deseara cambiarlo. La calle es muy variada: hay islamistas, pero son moderados y convivimos con ellos sin problemas. No les tengo miedo y no todos los lemas han sido islámicos, por ejemplo está el “Uno, uno, uno, el pueblo sirio es uno”, o “Ni salafistas ni Hermanos”, así como lemas que proclaman la instauración de un Estado civil, e incluso he trabajado en comités de coordinación local de naturaleza islamista, pero que son moderados y pacíficos. En ellos hay gente de todas las confesiones y sectas, que creen en la resistencia civil. Sentí que representaban a Siria y que la diversidad estaba presente en todas nuestras manifestaciones. De las mezquitas salían jóvenes cristianos, alauíes, drusos y ateos, sin que hubiera problema alguno. A los intelectuales y laicos critican esta situación, yo les propongo que salgan de los centros culturales para que salgamos con ellos. Algunos de ellos son meros teóricos de palabras vacías, un sector que esperábamos que fuera el primero en salir a la calle porque se han pasado la vida hablando de cambiar el régimen y de acabar con la dictadura, pretendiendo ser opositores. Y de pronto, cuando la revolución comenzó, se pusieron a hablar de una revolución de mezquitas y fustigaron a la gente con sus teorizaciones, siempre observando desde arriba. Ellos deberían haber estado en la calle, si realmente es una calle religiosa e islamista, para que bajen y moderen a la calle con su presencia. Sin embargo, frustraron nuestras esperanzas: los intelectuales y opositores tradicionales miraron a la calle como si fueran muchedumbre. 

¿Entonces las expresiones políticas no estuvieron históricamente en coordinación con la calle? 

Los políticos miraban a la calle como si fuera una muchedumbre, una masa, y como si no fuera capaz de conformar un pensamiento y dirigir un proceso de cambio. Ello es resultado de los deseos individuales: ellos no han construido la revolución y de hecho les sorprendió; no han podido asimilarse a ella. Una parte de ellos entró en el movimiento y se convirtió en uno de sus líderes, pero la cuestión está relacionada con los deseos individuales. 

Pero hablaban de miedos reales: enfrentamiento sectario, islamización de la revolución e intervención extranjera. 

No había nada que hiciera sentir esos temores. Además, si hablan de ellos, lo lógico es que protejan contra ellos, en vez de quedarse mirando desde lejos y contar dichos miedos. Que se metan en el movimiento y lo cambien desde el corazón. Teorizar sobre personas que mueren en la calle supuso una verdadera provocación para nosotros que esperábamos algo de ellos. Es decir, cuando comenzaron a aumentar los supuestos temores, no había ningún indicio, sobre todo en los primeros tres meses: ni indicios de sectarismo, ni voces islamistas radicales, ni siquiera del movimiento armado en el sentido de la palabra “armado”. Sus palabras desde el principio eran similares a las de Buthayna Shaaban y el régimen, que se inventaban historias inexistentes. Estábamos en el corazón de la calle y no había nada de lo que decían. Por tanto, se alejaron aún más de la calle y se acercaron a lo que decía el régimen. Eso supone una provocación para la calle que no duda de su sentimiento nacional ni de su oposición al régimen, pero no entiende por qué su postura era tan negativa.

Por eso esperábamos de estos cerebros políticos que fueran la protección, el muro contra el régimen, y eso solo podía ser si bajaban a la calle y se mezclaban con la gente, en  vez de quedarse sentados en sus despachos. Cuando sus palabras son aceptables, entonces ya no son  meras personas cuya profesión es teorizar y mirar a la gente como una masa, una muchedumbre. He escuchado a muchos políticos decir que la calle es una masa que no sabe lo que hace. Bien, si miran a la gente con esa superioridad, ¿qué derecho tienen para hablar de sus asuntos y criticarlos si no consideren ni valoran los sacrificios que ofrecen? Esto escapa a la lógica… 



Pero tenían razón en el sentido de que el régimen ha logrado llevar al país a tensiones sectarias y se ha desarrollado un cierto sentimiento del miedo a que el país se divida y de que haya una intervención exterior por medio de la presión securitaria y militar. 

Son ellos los que han llevado la situación a estas situaciones vergonzosas con su negatividad y su cercanía a la teoría del régimen más que a la de la calle: hay quien no ha participado en una sola manifestación con el movimiento; es decir, hablan de una realidad que no han visto. Yo no veo que el país esté expuesto al peligro de la división, es una mentira que ha soltado el régimen y todos sabemos que eso no sucederá. Hay una congestión sectaria en algunas zonas donde ha habido masacres colectivas, pero ello no engloba a toda Siria y la causa es la incitación del régimen de unas clases contra otras, y el valerse de personas de pocas miras para llevar a cabo sus crímenes. No hay que mirar el palo, sino quién lo sostiene, porque el régimen no es sectario, sino que está conformado por un grupo de personas de todas las sectas que conforman una banda y que ha intentado provocar los sentimientos sectarios, pero todo esto desaparecerá cuando se produzca el alto el fuego y haya observadores internacionales y fuerzas de mantenimiento de la paz. Si se produce un derrocamiento rápido del régimen y se juzga  a los responsables de los crímenes, la cuestión de la congestión sectaria se resolverá, pero insisto en que no estamos en el umbral de la guerra civil. 

¿Por qué apuestas teniendo en cuenta las políticas que refuerzan los conceptos de la división y la guerra civil? 

Por el pueblo sirio que no ha pensado ni pensará en la división. Lo que hace el régimen ahora puede corregirse tras su caída. Ni los alauíes ni otros sectores sociales aceptarán separarse de Siria. Tampoco los kurdos han hablado a una sola voz sobre la independencia definitiva, sin que hablan de la descentralización administrativa, no de la separación y de la fundación de un Estado kurdo. Eso es impracticable debido a la mezcla de todos los sectores a lo largo y ancho de Siria. Por ello, es imposible que se produzca una división.

¿Cómo valoras a la oposición interior? 

Estuve en la primera conferencia del hotel Semiramis[2] (27/06/2012) porque las coordinadoras así lo deseaban. En esta reunión los participantes de dividieron en lo que después serían la Corriente de Construcción del Estado[3], y el Comité de Coordinación Nacional. Hablaron de diálogo en un momento en que no se entendía para qué dicho diálogo. Reinaba una cierta aura derrotista. 

¿Cuál era el problema del diálogo? 

El problema era que el régimen debía hacer realidad algunas de las condiciones que se exigían antes del diálogo, como el alto el fuego, la liberación de los detenidos, la retirada del ejército y su regreso a los cuarteles; pero eso no ha sucedido hasta ahora. 

¿Y qué opinas de la oposición exterior tras haber trabajado con ella? 

La oposición exterior no se asemeja a ni representa a la calle ni al interior, no tiene la armonía de la calle y están lejos de la realidad del interior. Por tanto, les es difícil percibir lo que siente la gente y pensar como ellos. Vive un verdadero desligamiento del país y hay grandes fuerzas en el exterior que no tienen base en la calle o que la tienen pero es muy pequeña. 



Pero, ¿dicen que ellos son los que comenzaron y dirigen la revolución? 

No, claro que piensan que son lo mejor y que representan a la calle, y que son los más acertados, pero trabajan con el fin de atraerse a la calle de un modo u otro, y hay diferencias entre ellos. Trabajan para repartirse cosas y para ver quién tiene mayor presencia, mantienen luchas para demostrar distintos puntos de vista y corrientes más que para lograr el éxito de la revolución y derrocar al régimen para poder pasar a la siguiente fase. 

¿Qué es lo que se reparten? 

Ahí está la pregunta, aún no sé qué es porque el régimen no ha caído y no hay nada que repartir, pero cada uno intenta conseguir una mayor representación, y decir que representa a la revolución y a la calle. Todo tipo de luchas están presentes entre ellos, es alarmante: partidos, corrientes, e incluso en el nivel individual. 

Si esta es la realidad de la oposición interior y exterior, ¿cuál es el futuro del movimiento sin un paraguas político? 

Va en la dirección de crear un liderazgo político propio, que con el tiempo sea capaz de conformar líderes y trabajar de forma diferente. Hay una cierta esperanza en la oposición, que se encuentra ahora dentro y fuera en una prueba de orden moral. Deben conformar una visión unida, pero no es necesario que estén bajo el mismo paraguas o que se unan en grupos políticos únicos. Sino que deben ponerse de acuerdo en una forma que presentar a la comunidad internacional. No se les pide más que eso y quien dirige las cosas, a fin de cuentas, es la calle, ya que es ahí donde debemos apostar en primera y última instancia. Yo no apuesto por la comunidad internacional ni por la oposición interior ni exterior. Apuesto por una calle que no baja el ritmo, en la que confío, como también confío en que no será derrotada y como confío en que el régimen no podrá derrotar a un pueblo. 

Pero la calle ya no está unida debido a las divisiones sobre el uso de armas y la resistencia pacífica… 

Esta calle es capaz en cualquier momento de formar un liderazgo que aúne los esfuerzos y organice el tema de las armas, uniendo al movimiento pacífico. No es imposible, porque nosotros hablamos de una revolución contra el régimen cuyas raíces se extienden a lo largo de más de cuarenta años durante los que se ha sostenido gracias a sus aparatos de seguridad, inteligencia y represión y la segregación del movimiento político y la fuga impuesta de cerebros. Era natural que la revolución se tomara un tiempo para aportar líderes, conformar un pensamiento político y organizarse. El proceso por el que está pasando la calle siria es natural, pero debemos estar en el corazón del movimiento como intelectuales y como personas interesadas y activas en los asuntos generales desde antes de la revolución, y ayudar a la organización. 

¿Por qué saliste del Consejo Nacional Sirio (CNS)? 

Porque no se asemeja a ni representa al interior como tampoco se asemeja a ni representa a esta revolución, y porque es incapaz de llevar a cabo sus misiones. Sentí que perdía mi tiempo en un sitio que no hacía lo que se le pedía. Por eso prefiero centrarme en ayudar a la gente en los medios a través del bloque revolucionario al que pertenezco, que son los comités de coordinación locales, en vez de perder el tiempo en un lugar en el que no aportaba nada, aunque lo haya reconocido el mundo entero. Hasta ahora, el CNS no ha aportado lo que le pide la calle en todos los ámbitos. 

¿Qué opinas de él? 

No ha dado lo que se le pedía en el tema de ayuda humanitaria, mediáticamente es muy débil y no está al nivel de los hechos. Políticamente, hay mucha dispersión y diferencias, lo que lleva a que la toma de decisiones sea muy lenta, y hasta ahora no han ofrecido iniciativas sino que las siguen recibiendo. Hasta el momento no ha puesto, ni él ni ninguna otra de los entes políticos, una estrategia para derrocar al régimen, incluso en el nivel de los nombres de los viernes, han sido incapaces de establecer cierto control. Tampoco han podido establecer un contacto real con todas las clases sobre el terreno. Una parte de este Consejo, algunas corrientes, están ligadas con corrientes similares a ellas en el interior, por eso pueden querer arreglar cuentas con el resto de corrientes fuertes y débiles en el interior sobre el terreno y eso es peligroso. 

¿Cuáles son esas corrientes? 

No quiero  nombrar a nadie, pero esto influye en la otra calle, que es la revolución.

¿No es su derecho? 

Eso es correcto cuando hay un único bloque, pero no cuando en el Consejo alguien dice que representa a toda la revolución. Su derecho es apoyar a su calle, pero no a espaldas del CNS. 

¿Y qué se puede hacer entonces? 

Desde el principio de la existencia del Consejo, hablamos de la necesidad de contactar con el Ejército Sirio Libre (ESL) para organizarlo y unirlo con el liderazgo político, de forma que se pusiera fin al caos y la espontaneidad, pero el Consejo fracasó. Había y hay caos en la forma de armar y la formación de brigadas, cada uno trabajaba y trabaja de manera independiente y ello lleva a un túnel oscuro. Pero si pudiéramos organizar al ESL en un liderazgo militar que siga a uno político con un pensamiento nacional, podemos conformar un núcleo para proteger al país en caso de caer el régimen. Estoy en contra de la militarización de la revolución y contra el uso armas porque la congestión sectaria supone un peligro para la seguridad del país. 

Pero la revolución se ha militarizado… 

Una parte de ella, el ESL, lo que se llama ESL, pero la mayoría de la calle sigue pacífica. 

Ante la incapacidad de acuerdo entre la evolución y el régimen y la injerencia de factores exteriores, ¿no piensas que este ambiente es propicio para una guerra civil? ¿No piensas que la comunidad internacional tiene un interés en una guerra como esta? 

No creo que la comunidad internacional quiera el interés de Siria, quiere los suyos propios. Por eso, hay una lucha de intereses y la postura internacional está construida, tal y como yo lo veo, en torno a un juego de intereses. Hay Estados que intentan apoyar en el tema de la ayuda humanitaria y ofrecen ayudas humanitarias, y eso se agradece, pero no hacen nada que tenga peso políticamente, porque todo país quiere garantizar sus intereses en la región. Esto llevará a grandes problemas dentro de Siria. Además hay Estados que apoyan a algunas corrientes concretas con el objetivo de fortalecerlas en detrimento de otras, y ello será a costa del movimiento civil que conforma la cara civilizada de la revolución siria. Y será, a fin de cuentas, a costa del país porque el desarrollo de las corrientes que no tiene base en la calle con el dinero político es algo muy peligroso y puede cambiar la estructura social siria. Algunos Estados, y no toda la comunidad internacional tiene interés en dividir a la sociedad siria y debilitar el país para preservar la seguridad de Israel a largo plazo en caso de cambiar el régimen, considerando que este protegía a aquel. Por tanto, es necesario debilitar al régimen, a la revolución y al pueblo sirio, y con ello se garantizará la debilidad del Estado a largo plazo. Por eso hablábamos de la solución política pacífica para el traspaso de poder porque ello salvaguarda a la sociedad de la desintegración. En lo referente al nivel de los pueblos, estos simpatizan con el pueblo sirio, como también lo hacen las organizaciones de derechos humanos. Hay algunos gobiernos que simpatizan de hecho, pero que no pueden hacer nada, y piensan en sus intereses en primer lugar. Hay un muro ruso con el que chocan todas las iniciativas y proyectos de resoluciones del Consejo de Seguridad, incluidas las meras condenas. A fin de cuentas, se trata de un juego de intereses. 

O sea, la comunidad internacional empuja al estancamiento en Siria… 

Una parte de la comunidad internacional, a otros Estados les interesa que la situación se prolongue y están trabajando en ello. 

¿En qué medida es posible una solución negociada con el régimen?   

Cualquier solución debe garantizar la marcha de la familia gobernante del poder, el ignorar este punto supondrá una conspiración contra la revolución y un fracaso. La revolución no empezó para que Fulano o Mengano llegasen al poder, sino para acabar con un régimen represor, dictatorial y despótico.

[1] Este manifiesto lo firmaron muchos artistas sirios que se enfrentaron a una campaña de deslegitimación, acusados de traición a la patria.
[2] Conferencia en la que se reunieron distintas personas y grupos opositores en el interior y que muchos criticaron alegando que había tenido lugar bajo el paraguas del régimen.
[3] Corriente dirigida por el opositor alauí Loauy Hussein, que busca preparar una base social y política para la construcción de una nueva Siria que evite el colapso tras la caída del régimen. Se opone a armar al ESL y al uso de la violencia y, en consecuencia, a cualquier intervención exterior. Su existencia demuestra que la oposición interior no la conforma solo el Comité de Coordinación Nacional.

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