Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
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jueves, 13 de diciembre de 2012

Es nuestra esperanza y no tendremos miedo

Texto original. Al-Quds al-Arabi

Autor: Elías Khoury

Fecha: 10/12/2012

Este texto parece una continuación de este otro.





No habrá más miedo a partir de hoy: el muro del miedo ha caído en la plaza de Tahrir en la calle Habib Burguiba y en las plazas y calles de Siria. ¿De qué tenemos miedo y qué tememos?

¿Acaso nos dan miedo las palabras del Guía Supremo (de los Hermanos Musulmanes) y su segundo a bordo, Al-Shater, sobre la conspiración? ¿Nos dan miedo los grupos de Al-Nahda que atacan a los trabajadores de Túnez? ¿O quizá las alucinaciones criminales de Asad? ¿El qué? Tras tanto sacrificio ya no hay lugar para el miedo.

Los islamistas deben saber que la revolución no permitirá a nadie que la robe en un segundo, y lo que queda del partido Baaz debe saber que ha llegado con creces el momento de irse, que la era de la eternidad asadiana no la salvarán los barriles de explosivos y que el meter miedo a los revolucionarios con que el régimen puede destruir el país no tendrá efecto.

Lo que sucede en el triángulo de las revoluciones árabes, en Egipto, Túnez y Siria no es un golpe autoritario, sino una revolución que estalló en los pueblos antes de que los pueblos la hicieran estallar.
Por ello, ya no tendremos miedo.

Muhammad Mursi y la Oficina de Dirección de los Hermanos en Egipto han de entender que la revolución no se rinde por miedo o por temor, y que el jugar con las constituciones que deben ser un punto de consenso nacional que conformen las fuerzas revolucionarias no les llevará más que a la destrucción. Egipto no se toma así.

Si los Hermanos y sus semejantes en Al-Nahda quieren participar en el devenir democrático, bienvenidos, pues es su derecho y su deber. Pero si lo que piensan es que la democracia es un juego para cazar el poder y que basta con llegar a un acuerdo con los estadounidenses para ello, entonces es una estupidez que solo conducirá al precipicio.

El miedo a los islamistas era el espantajo del dictador que el pueblo ha destruido en su revolución. ¿Por qué y en nombre de qué los Hermanos Musulmanes y sus homólogos en Al-Nahda adoptan la imagen que dibujó el dictador, pensando que pueden ocupar su lugar y comportarse como él?

El señor Mursi se va pareciendo más parece,mientras se va dictatorizando, a un guiñol movido por el Guía Supremo y su segundo a bordo, Al-Shater: amenaza y promete, se crece insinuando que retrocederá pero no lo hace. Se muestra como un cordero para acercarse a su presa y después se convierte en lobo para cazarla.

El juego no engañará a nadie.

Mursi posee una milicia, pues vale. ¿Qué puede hacer la milicia? La gente ya no teme a nada. Quien derrocó a Mubarak, su séquito, su policía y sus camellos no temerá a una nueva milicia que amenaza y promete, pero que no tiene capacidad real. A su alrededor hay un puñado de hombres de negocios barbudos que quieren heredar la influencia de Ahmad Izz[1] con un discurso que utiliza la religión para justificar el dominio sobre el mundo.

La revolución se está renovando hoy. ¿Quien dijo que la revolución había terminado con la simple celebración de elecciones y que la democracia se había realizado en el momento de la huida de los dictadores de la ira del pueblo?

La revolución y la democracia son dos procesos complejos y largos y hoy vemos un nuevo capítulo de la misma que no será el último naturalmente. Las plazas que la gente ha ocupado anunciando su ira no deben pasar a ser un recuerdo. Son instrumentos del continuo proceso revolucionario hasta que lleguemos a la libertad, la democracia y la justicia social.

En las plazas nace la relación entre el pueblo y la política, y entre la política y la cultura, y los que pensaron en el momento de su alianza oportunista con los militares, que podían cazar Egipto, descubren hoy que las plazas de la revolución pueden renacer, que no hay vuelta atrás y que la voluntad de los revolucionarios la forjan las dificultades y todo a lo que han de enfrentarse.

En Siria, la testarudez del dictador y su salvajismo han hecho de la revolución siria una escuela de heroísmo y desafío. Aquí en las ciudades sirias y sus aldeas el régimen cuasi-mongol ha impuesto formas de lucha diversas, que comenzaron con manifestaciones pacíficas y adoptaron después formas militares variadas. No temeremos la realidad de que los líderes políticos no están al nivel de la revolución, ni nos asustarán los regímenes del despotismo petrolero que pretenden utilizar la revolución para saldar cuentas regionales con Irán. La cuestión es mucho más grande, es el inicio de una nueva etapa que construye el Estado nacional y establece una distinción entre el Estado y el poder político cuya labor política se reduce a la administración del Estado y no puede dominarlo o secuestrarlo.

En Siria se intensifica sangrientamente lo que sucede en Túnez y Egipto, salvando las grandes diferencias en la estructura política de los tres países. Pero a pesar de las diferencias en los detalles de los mecanismos, el objetivo es uno: construir un Estado sobre bases democráticas sólidas y hacer del pueblo de Egipto fuente de todos los poderes y que sea él quien los supervise.

Si el régimen familiar mafioso en Siria convierte el país en escombros, los sirios deben reconstruirlo de nuevo. Así, las misiones en Egipto y Túnez concuerdan con la siria en la reconstrucción del Estado como régimen de instituciones y poderes independientes, que colaboran entre sí y fundamenten el Estado de la Ley.

El triángulo de las revoluciones árabes en Egipto, Túnez y Siria es el triángulo de la esperanza real de la salida de los árabes de la decadencia que provocó la dictadura.

Y es un triángulo que se enfrenta hoy a grandes puntos de inflexión, anunciando con toda claridad que la revolución es un esforzado proceso político, social e intelectual y que a lo que se enfrenta estos días es a las dificultades de liberarse de las huellas de la dictadura y de construir un horizonte con el cual llenar el horizonte.

[1] Conocido hombre de negocios muy próximo a Gamal Mubarak, hijo del depuesto Hosni Mubarak.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Breve reflexión sobre la oposición armada democrática

Actualización de estado de Hazim Nahar en Facebook, hoy 4 de noviembre de 2012.




“La oposición democrática armada”. Esta “extraña” expresión apareció en el comunicado del Comité de Coordinación Nacional que se ha negado a participar en el Comité de la Iniciativa Nacional en Doha el 8 del mes que viene.

Este nuevo concepto puede entenderse de diversas maneras: Si separamos los distintos elementos del concepto, tal vez la expresión “oposición armada” sea para satisfacer al ESL, y el adjetivo democrático añadido sea para satisfacer al régimen o al menos a modo de precaución. En realidad, esta calificación ha quedado clara en la línea del CCN y sus comunicados que dicen una cosa y no la dicen al mismo tiempo.

Si tenemos en cuenta el concepto como bloque, te incapacita mientras intentas encontrar una expresión realista que lo materialice a lo largo de la historia, es decir que no tiene ningún sentido.
Si lo consideramos un neologismo en el discurso político, especialmente del CCN, lo primero que se me ocurre como potencial materialización es un militar que lleva en una mano la pluma de Al-Yahiz[1] y en la otra un poema de Al-Shanfari[2].

Gracias a Dios que no se la ha llamado “oposición armada democrática socialista”, porque Lenin habría salido de su tumba y se habría excusado de su presencia en este mundo.

[1] Escrito de época abasí conocido por sus críticas mordaces de los defectos humanos y por su ideología mu’tazili, basada en el uso de la razón.
[2] Uno de los bandoleros de la época preislámica autor de uno de los más famosos poemas de esa época, “Poema con rima en ele”.

viernes, 4 de mayo de 2012

Los límites de la lucha por Siria

Texto original: Al-Safir

Autor: Michel Kilo

Fecha: 28/04/2012




     No sé si los rusos insistirán hasta el final en mantener su postura actual y dudo mucho que sean capaces de competir con Estados Unidos en el juego de potencias final, que creo que comenzará en pocos meses. Será entonces cuando la realidad internacional se mostrará tal y como es, cuando salga de la nebulosa electoral en EEUU, y el presidente electo pueda separar su política siria de la situación interna de la Administración y actuar según los intereses que están por encima de lo personal, superando su posición dentro de la política estadounidense para hacer lo que debe para que EEUU extienda su influencia, o la mayoría de su influencia, sobre Siria, en el marco de la lucha internacional sobre la zona de Oriente Medio, que comenzó a finales del siglo pasado y comienzos del siglo XXI. En mi opinión, es esta una cuestión destacada en las políticas internacionales a día de hoy.

     Rusia ha sido atacada en el Consejo de Seguridad por haber erigido un muro entorno a Siria: su último centro de influencia  en el Oriente árabe y el conjunto asiático que lleva detrás, si descartamos Irán, su última posición en Asia, que se diferencia de Siria en que tiene una relativa capacidad que le permite mantener una cierta independencia efectiva de las políticas de Rusia e incluso competir con ella en algunas zonas, por no decir que puede llegar a constituir un peligro para ella en determinados puntos. Rusia ha impuesto su veto con fuerza, dejando al resto de fuerzas, y sobre todo EEUU, incapaz de tomar decisiones e incluso de moverse en lo que a la cuestión siria se refiere. Mientras, Washington ha puesto límite a su actuación, dada la situación de su presidente, que desea ser reelegido, algo que ha pesado más que la supremacía de Rusia en Oriente Medio en general y Siria en particular. Con este comportamiento acechante y temporal, los estadounidenses han seguido mirando a la crisis y lo que conlleva en política interna, regional e internacional, con la calma de quien confía en que los frutos de la lucha caerán un día no muy lejano, en su regazo, sin cansarse demasiado por alcanzarlos. Mientras el régimen sirio siga incrementando la violencia es él quien garantiza que toda oportunidad de solucionar el problema por medio de un pacto interno se desvanezca y, de paso, garantiza la destrucción de la sociedad que durante mucho tiempo ha jugado un papel en la lucha por la región. A EEUU y a Israel, les interesa mucho deshacerse de ella desde los albores de esta etapa democrática que comienza, para que no vuelvan a ser desafiado como lo fueron tras la Segunda Guerra Mundial cuando el liderazgo naserista en Egipto vio en ella su soporte nacionalista durante un cuarto de siglo. Era necesario acabar con ambos a la vez, y eso es lo que sucedió en el golpe de junio (6 de junio de 1967, la guerra de los Seis Días) que acabó con el liderazgo naserista en Egipto, mientras que el Movimiento Correctivo de Hafez al-Asad (el golpe de estado que llevó a cabo) acabó con la sociedad siria, desintegrándola y sectarizándola, enfrentando a los distintos componentes de la misma entre sí. Por eso, EEUU puede hoy quedarse mirando con tranquilidad hasta que termine de ser destruida a manos del ejército asadiano, y estar tranquilo de que Siria no se le escapará al final, cuando Rusia salga de ella, arrastrando los coletazos de la derrota y la frustración. Esto será así no solo porque está aliada con el régimen contra el que está la mayoría del pueblo, sino también porque el régimen se está convirtiendo en una carga para ella en uno de los momentos históricos árabes más críticos y difíciles, y está perdiendo la capacidad de ser un peón útil. Mientras, sus posturas cargan los pechos de los sirios y las sirias de rencor creciente contra ella que puede conllevarle un fuerte sufrimiento, si no es hoy, mañana. Además, esas mismas posturas, están agrupando a la opinión general en el mundo árabe e islámico en su contra, provocando su ira contra sus políticas e intereses.

[Sobre el paraguas: Zona de seguridad]
(Kafaranbel ocupada, 18/03/2012)

     Estados Unidos e Israel contemplan felices la escena, puesto que borrar a Siria como Estado y sociedad tal vez estuvo siempre entre sus prioridades, y porque el régimen se ha dedicado y dedica a tal misión en su lugar, aunque con ello no va a cosechar más que una debilidad y un desmoronamiento mayor, poniéndose a sí mismo, en caso de detener los disparos de sus lanzamisiles, en un lugar que lo sacará de las ecuaciones políticas y de fuerza en la zona, que antes de la crisis será incapaz de realizar ningún progreso en su beneficio. ¿Cómo será la situación después de haber empujado a su ejército a una guerra interna que ha desangrado su espíritu nacional y su moral, y en gran medida sus capacidades, dejándolo sin cumplir su único papel aceptable: enfrentarse a Israel y liberar el territorio sirio ocupado? Será imposible que el régimen piense, aunque fuera un mero pensamiento, en enfrentarse a EEUU e Israel, cuando llegue la hora de pagar las facturas, como también será imposible negarse a hacer cualquier cosa que le exijan.

     ¿No explica esto por qué Rusia ha dejado de apoyar la destrucción efectiva de un Estado y una sociedad que fueron sus aliados durante tanto tiempo? Rusia no encontrará desde hoy ningún tipo de simpatía hacia ella entre los sirios, y lo más probable es que no se pongan de su parte en ningún futuro cercano, si continúa sus políticas actuales durante los pocos y decisivos próximos meses. Tal vez Rusia no haya comprendido aún lo que significa que el pueblo sirio pida el socorro de las fuerzas de Occidente, que se beneficia de que los maten y destruyan, mientras Rusia se convierte en un enemigo al que ven con ojos rencorosos y deseo de venganza, poniéndolo en una misma balanza que al régimen que los asesina.

     EEUU contempla la escena con tranquilidad, porque la desgracia es de los demás: el régimen que se está suicidando mientras lucha contra y mata a su pueblo, un pueblo que ha comenzado a organizarse y ampliar su violencia contra el régimen, Mientras, Siria continúa desgastándose a diario y destruyéndose violentamente, algo que no la llevará a la democracia, si es que llega, más que totalmente destruida, sin poder iniciar un camino que exige mucha unidad, conciencia, sacrificios y fuerzas. Además, la actual lucha que está teniendo lugar en el seno de la sociedad, impedirá que se levante durante mucho tiempo, teniendo en cuenta que su soporte social estará ausente o marginado, mientras todos sus componentes salen ensangrentados y empobrecidos a causa de la violencia inútil que no deja de aumentar. Por su parte, Rusia, que se está convirtiendo en parte en la lucha, no saldrá ganando de ella, porque parece que ha ligado su destino a su contraparte oficial, que insiste en impedir toda solución política real a la crisis que asola su país. Así, Rusia no tiene más que tres alternativas que cada vez parecen más complicadas de alcanzar según pasa el tiempo, al margen de cuál sea su grado de implicación en la lucha o su disposición a entrar en ella:

 (Kafaranbel ocupada, 27/01/2012)


      1. Participar en la lucha hasta que el régimen gane. Esta alternativa será costoso hasta límites insospechados, no solo porque pondrá a Moscú en la posición de quien se enfrenta a la mayoría de los sirios, sino también en contra de las masas árabes y musulmanas, haciendo de ellas un contrincante, y tal vez un enemigo de los países del Golfo y del resto de la región. Después, ¿qué significará la victoria del régimen si va a extinguir la revolución al convertirla en asesinatos continuos y una guerra de guerrillas que no tardará en hacer estallar revoluciones y más revoluciones? Además, esta alternativa se verá atorada entre los intereses y las políticas estadounidenses que han anunciado su rechazo a que ello suceda. Hilary Clinton, la Secretaria de Estado de Washington, dijo durante la conferencia de Amigos de Siria en Estambul: “Bashar al Assad está soñando si cree que va a derrotar a la oposición”. Con ello, dibujó una línea roja que seguro que Rusia ha entendido, especialmente tras haber usado el veto en el Consejo de Seguridad y las consecuencias que tuvo sobre el terreno, con lo que parecía que Rusia protegía al régimen y que el pueblo sirio se había convertido en el contingente de su contrincante estadounidense, que impedirá al régimen y a Rusia derrotarlo, como ya dijo Clinton.

   2. Ponerse de acuerdo con EEUU sobre una solución que salvaguarde sus intereses sin mantener, necesariamente, al régimen, si los rusos obtienen garantías por parte de EEUU y de la oposición siria que les convenzan de que pueden tener lo que les daba el régimen. Puesto que no se puede poner de acuerdo con los estadounidenses para dejarlos fuera de la ecuación siria, a Moscú le interesa ponerse de acuerdo con la oposición, porque eso mejora sus cartas de cara a EEUU en el juego de atracción y repulsión que se traen entre sí.

3. Ponerse de acuerdo con la oposición, sea de forma conjunta con el Consejo Nacional Sirio y otros grupos de lo que se llama la oposición interior y exterior, o de forma individual, considerando que el CNS pueda estar en la órbita de Turquía y que la oposición interior, cuya existencia no se reconoce, pueda abrir una línea a Moscú y otra a las fuerzas de dentro del régimen que no pertenezcan a la familia Asad en un intento de madurar una solución que no cambe mucho las opciones de Siria y sus relaciones con Moscú, pero que prescinda de EEUU y debilite la presencia turca y sus apéndices islamistas sirios en la crisis. ¿Ha comenzado Rusia comenzado a trabajar en esta opción al invitar al Comité de Coordinación Nacional a Moscú? ¿Qué hará EEUU si tiene éxito? ¿Turquía se implicará entonces de manera directa en la crisis siria para evitar la crisis rusa, provocando una crisis que exija una solución que opte por la otra alternativa, a saber, un acuerdo EEUU-Rusia que signifique un aumento de la influencia estadounidense en detrimento de la influencia rusa en Siria? Pero Moscú lo aceptará porque es un mal menor para ella mientras no pueda entrar en la larga lucha en Oriente Medio con EEUU, Occidente, los países del Golfo y el público árabe e islámico en general sin que se le corte la respiración y sangre entre inhalación e inhalación.

¿Qué pasará si la oposición interior se niega a aceptar la opción rusa? ¿Ligará Moscú su existencia y su influencia en Siria al régimen a sabiendas de que es muy probable que EEUU entre con sus fuerzas especiales y de forma directa en el conflicto, cuando la destrucción haya alcanzado el límite e prácticamente borrar Siria de las ecuaciones políticas y las fuerzas en la región, para establecer un régimen marioneta, no democrático e incapaz de resolver sus problemas, que se encontrará a sí mismo obligado a lanzarse a los brazos de EEUU o del Golfo y a suspender, por no decir desterrar, el proyecto democrático que Washington y Tel Aviv no quieren en la frontera norte de Palestina?

Rusia no tiene otra opción mejor y más lógica que deshacerse del régimen y buscar una alternativa, que puede incluir un acuerdo con EEUU, algo que no será fácil porque Washington lo considerará un factor de debilidad que ha de tener cuidado en que no sea explotado. Por último, intentar poner en marcha la tercera alternativa, la línea Moscú-oposición interior-partes del régimen, que no será posible si la oposición no ofrece garantías a Rusia, para comenzar la difícil etapa de transición a la democracia, exigirá un acuerdo con los EEUU sobre una solución intermedia en la que los últimos acepten lo que Moscú ha conseguido en Siria. ¿Qué hará Moscú cuando el tiempo se le eche encima y la intervención extranjera se acerque más y más? ¿Pondrá su destino en manos de un régimen que no sigue política alguna que no sea la violencia y que, con esa violencia, gestiona una crisis global que es la más peligrosa en la historia moderna de los árabes, cargada de elementos de explosión y amenazas de choque entre las fuerzas locales, regionales y las grandes potencias? ¿O tal vez Moscú se apresurará pronto a encontrar una solución que salvaguarde sus intereses y detenga la destrucción del país, sea cual sea su precio?

martes, 24 de abril de 2012

No hay alternativa a la revolución


Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Elías Khoury

Fecha: 24/04/2012



Los continuos avances de los que es testigo la revolución siria ponen de manifiesto la profundidad de la crisis que vive el país. Tras un año desde que se iniciara la revolución, el régimen despótico sigue siendo capaz de amenazar políticamente y su terrible máquina represora sigue su trabajo letal, asesino y destructor. Aunque una parte de esta realidad tiene que ver con el apoyo ruso e iraní al régimen y a la dubitación internacional ante el llamado “miedo a la alternativa”, la razón principal de esta situación reside en el interior del país.

Ese defecto, o lo que parece un defecto, no es una característica exclusiva de la revolución siria, sino que es una parte del presente de las revoluciones árabes que estallaron de forma espontánea, como expresión de una voluntad por encima de lo político; es decir, una voluntad popular sin liderazgo político, y cuyo único proyecto era un grito de emancipación de la humillación, la vileza y la falta de dignidad. Esta característica general es resultado del hecho de que la política ha sido asesinada durante las últimas cuatro décadas, obteniéndose como resultado directo la marginación y fragmentación de las fuerzas políticas opositoras. Por ello, las revoluciones estallaron entre los jóvenes y con lemas sencillos que se resumen en una única expresión que anuncia que “el pueblo quiere derrocar al régimen”.

Las revoluciones árabes gozan de un punto fuerte que es su espontaneidad y su carácter de estallido popular, pero este punto fuerte es también su punto débil. En Egipto la usurpación del poder por parte de la Cúpula Militar en una especia de golpe no habría sido posible si las fuerzas de la plaza de Tahrir hubieran tenido la capacidad de formar un gobierno temporal que anunciase la caída del régimen en la calle. Las fuerzas organizadoras con programas políticos claros han estado ausentes, excepto en el caso de los islamistas, que dudaron antes de unirse a la revolución y después intentaron aliarse con el ejército para cambiar la apariencia del régimen, colocándole un sombrero a Egipto la mitad del cual fuera un turbante y la otra mitad un casco militar. Esta ausencia permitió a los militares tomar el poder, pero esta misma ausencia hace de la reacción de las plazas una cuestión que no se toma en consideración, complicando la lucha entre el general y el sheij por el poder.

Esta realidad es la que ha conformado hasta hoy el punto débil de la revolución siria. La falta de un liderazgo eficiente que dirija las diferentes actividades revolucionarias ha dejado a la revolución sin la posibilidad de aventurarse a nada; más bien, ha sumergido a los dirigentes de la oposición en el exterior en discursos aleatorios que carecen de toda utilidad. Pero la revolución estaba en otro lugar, la revolución que se enfrenta a un régimen que no tiene reparo en utilizar todas las armas para bombardear, matar, destruir y violar, ha conformado su estructura social y organizativa como racimos de uva; es decir, sin un liderazgo central, intercambiándose las ciudades entre sí el papel de enfrentarse a la represión, y así, la revolución no se apaga incluso tras la salvaje destrucción de Baba Amro en Homs, por ejemplo. La disposición en forma de telaraña de las actividades revolucionarias se ha extendido incluso a dentro de las propias ciudades, pues ante la separación con tanques que ha hecho el régimen entre sus barrios, los revolucionarios han logrado construir sus redes de manera que sean independientes entre sí. De este modo, Al-Wa’r se manifiesta aunque Baba Amro esté destrozado, y así sucesivamente.

Lo que parece una realidad adecuada para el enfrentamiento, no es un reflejo de madurez política y organizativa, sino todo lo contrario: se trata de una manifestación de la ausencia y marginación de las fuerzas políticas. Además, demuestra la incapacidad del Consejo Nacional Sirio de construir una visión política que ofrezca un proyecto para librarse de la dictadura que empiece desde las bases de la revolución y sus luchadores sobre el terreno.Tal vez esta carencia sea la causa principal que le otorga al régimen esa capacidad de mantenerse. Es cierto que la máquina represora que construyó Al-Asad padre al estilo norcoreano, es una máquina sorda, pero esa sordera podría haberse roto con un proyecto nacional democrático con postulados claros, que forme parte de la práctica popular diaria, y con la creación de diversas estrategias de confrontación.

Un punto débil es un punto fuerte y viceversa. Esto explica cómo y por qué el régimen no ha logrado acabar con la revolución. La “doctrina de Hama” que inventó el régimen en 1982, ha sido aplicada por dosis, llegando a su punto álgido en Homs, pero no ha servido, puesto que la máquina represora está golpeando a un cuerpo de mercurio que, apenas conformado, se descompone y vuelve a recomponerse. Por su parte, el aparato de seguridad se sorprendió con el hecho de que su observación y vigilancia de los opositores era inútil, pues se van creando continuamente nuevos liderazgos en lugares escondidos que el régimen ni imaginaba, por ello “sus victorias militares” no sirven.

La revolución no se detendrá, y la posibilidad de que se calmen los bombardeos con la llegada de los observadores internacionales, según el plan de Annan, será una ocasión para renovar la fuerza de las campañas populares para salir de nuevo. Ello sin soñar con que el régimen detendrá la represión y las matanzas, sino que lo más probable es que la fantasía represora y criminal nos sorprenda con nuevos métodos.

El punto débil de la revolución significa que el largo sufrimiento seguirá prolongándose y que hay que un esfuerzo político y mental que debe salir de los capullos que han comenzado a abrirse, y que todos los que apoyan la revolución del pueblo sirio no deben escatimar su apoyo y su crítica. Criticar las prácticas erróneas es apoyar, del mismo modo que la construcción de una ética revolucionaria que comience por evitar el sectarismo y rechazar la venganza se ha convertido en una misión urgente.
Nuestra admiración por la revolución, su espontaneidad y nuestras sorpresa por los grandes sacrificios que han ofrecido los sirios y las sirias no debe impedirnos señalar este punto de debilidad, que ya no puede seguir aceptándose, y que indica el extraño y sorprendente retraso de la élite política en lo que respeta al pueblo

Pero la revolución es la única opción, todo avance debe partir de las realidades que ella misma crea, abriéndose así nuevos horizontes para cimentar los valores revolucionarios. Todo lo demás que se diga y toda llamada a la tolerancia con el régimen en nombre de los errores de la revolución y sus problemas es desertar de la política y la vida.

No hay alternativa a la revolución. No habrá marcha atrás hasta la caída del régimen y la fundación de la democracia. Desde esos dos puntos parte la política, que ha de mantenerse fiel al grito salido de lo más profundo, y que convirtió un reclamo de dignidad humana en el mayor acontecimiento histórico de la historia moderna de los árabes.