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viernes, 2 de diciembre de 2016

La excepción como antesala de la regla

Texto original: Al-Hayat

Autor: Hussam Itani

Fecha: 02/12/2016




Los medios de comunicación nos piden, a nosotros los espectadores impotentes, que no nos preocupemos demasiado por las atroces imágenes de Alepo que nos muestran. Los cadáveres de niños cuyos miembros asoman entre los escombros, o civiles desplazados asesinados junto a sus tristes maletas en las esquinas de las calles destruidas, no son el fin del mundo. Al contrario, son el precio a pagar para librarnos de unos terroristas que tomaron como rehenes a esas víctimas durante años, y, por tanto, la muerte espectacular de los habitantes de Alepo es culpa de los terroristas.

Los aviones rusos, los barriles de dinamita de Bashar al-Asad y los francotiradores de Hezbollah se limitan a hacer que llegue más rápido el fin del dominio terrorista de “Daesh y Al-Qaeda”. Todos se han convencido de que el régimen de Asad ha logrado vencer al ataque mundial, y tampoco pasa nada si las redes muestran algo de dolor e imágenes de niños con abrigos rojos que ocultan el color de su sangre sobre el suelo para que el mundo vea el gran servicio que Moscú, Teherán y Damasco le están haciendo al deshacerse de esos monstruos del terrorismo.

Me viene a la mente una frase del difunto pensador francés Jean Baudrillard: “Nos presentan Disneyland como si se tratase de un lugar imaginario para convencernos de que el resto del mundo es real”. Un truco similar es el que llevan a cabo Vladimir Putin, Ali Khamenei y Bashar al-Asad: Alepo es la excepción, y el resto del mundo disfruta de la paz y la seguridad gracias a los esfuerzos que hacemos en Alepo, el lugar imaginado, para que se quede así, alejado de vosotros, un lugar donde sus terroristas no pueden haceros daño. Sentimos molestaros con las imágenes de sangre y destrucción, y quizá hayamos bombardeado uno o dos hospitales, y hayamos matado uno o diez niños, pero miradlo por el otro lado: estáis sentados en vuestras casas viendo la televisión. Quizá sintáis pena o rabia, no pasa nada. Aguantaremos vuestra irritación en vuestro propio interés, que conocemos mejor que vosotros.

El Disneyland del mundo contemporáneo, Alepo, debe convencernos de que muere como precio a pagar por nuestro bienestar. Si Disneyland es el lugar al que van nuestros sueños - que vemos sabiendo que no son más que sueños-, y del que saldremos tras una visita previamente pagada al “mundo real”, lleno de detalles de la monótona vida cotidiana, lo mismo sucederá con Alepo. Esta matanza terminará pronto y volveremos a nuestra seguridad que le debemos a quien se adelantó a la expansión del terrorismo y lo combatió en su lejano origen antes de que llegara a nuestras casas y amenazara a nuestros hijos.

Sin embargo, esta idea que quieren implantar los profesionales y principiantes de la mentira ignora que la realidad tiene múltiples entradas al margen de su muerte, que anunció Baudrillard, y que la realidad sigue siendo capaz de levantarse y dar un bofetón a quien ha anunciado su muerte, del mismo modo que la historia ha vuelto y ha humillado a quien anunció su final. También ignoran que el terrorismo no es solo lo que vemos en París, Niza, Bruselas y Raqqa, o las víctimas del sur de Beirut, sino que también lo son los asesinatos de los civiles de Al-Gouta con gases venenosos, la destrucción de Homs y Alepo, los cadáveres que fotografió César [1], y el asesinato de los detenidos bajo tortura.

Quien considere que la destrucción de Alepo le va a salvar de un destino similar, que espere, dada la interconexión del mundo y la interrelación de la realidad, la llegada de nuevas formas de destrucción al umbral de su casa. Puede que los aviones Sukhoi y los barriles de dinamita no intervengan en las próximas batallas, pero sus mensajes nos llegarán sin lugar a dudas en los intentos de monopolizar la verdad, ahogar las diferentes voces y dominar impudentemente la verdad a la hora de decidir el destino y el futuro, tal y como vemos en Líbano, con el pretexto de la autoridad que Dios les ha concedido.

[1] Más información, aquí.

martes, 2 de agosto de 2016

La revolución asesinada



Texto original: Al-Quds al-Arabi 

Autor: Elías Khoury

Fecha: 02 de agosto de 2016


Los señores Abu Muhammad al-Golani y Abu Bakr al-Bagdadi no han traicionado a la revolución siria, sino que han participado muy activamente en su asesinato. Por eso uno no comprende el reproche que se les ha hecho por sus actos, ya que ambos y sus semejantes fundamentalistas, herederos de Osama Bin Laden, fueron claros desde el inicio. Ambos están en contra de la democracia y creen que el pueblo necesita una tutela, ya que el gobierno no es para la mayoría, y los límites de la libertad son los límites de la sharía. La lucha no es por la dignidad del ciudadano, pues en su pensamiento no existe el ciudadano. Por el contrario, se trata de una lucha para el establecimiento de una autoridad o Estado teocrático gobernado por la exégesis religiosa wahabí y sus derivados.

Comenzaron con la destrucción de la bandera de la revolución siria, y terminaron por oprimir, asesinar y encarcelar a las luchadoras y luchadores. Apedrearon a las mujeres y ejecutaron a los presos. También instauraron la autoridad del terror, superando la autoridad del despotismo del pequeño dictador en su salvajismo, e insistiendo en machacar a la gente. Por tanto, la imagen de Al-Golani anunciando su divorcio amoroso con Al-Qaeda daba más bien la imagen de una obra teatral poco profesional y convincente. Al-Golani pretende hoy diferenciar su organización no por haberse convencido de que su filiación con Al-Qaeda haya perjudicado a Siria y la haya llevado al abismo, sino en un intento de evitar los bombardeos aéreos rusos y de la coalición estadounidense.

¿Qué han hecho estas dos organizaciones en Siria, y por qué han sido participantes activos en empujarla hacia la jurisprudencia de la sangre y la muerte, llevándola hasta tal punto de barbarie? ¿Son parte del juego regional e internacional que ha deseado destruir Siria y acabar con su pueblo, para convertirlo en un pueblo de desplazados y refugiados? ¿O son la expresión de una profunda crisis política y cultural que ha llegado de una combinación de contextos internacionales, regionales e internos, cuyo culmen ha sido la expansión de la muerte mediante la rendición ante el mito? ¿Se trata de la otra cara que complementa al régimen del despotismo extendido que fundó Hafez al-Asad por medio de la sangre, el terror, el acallamiento de las voces y la destrucción de todas las instituciones de la sociedad?

Lo más probable es que los líderes de estas dos organizaciones “hermanas” sean la materialización del punto muerto político, social y cultural al que ha llegado el Levante Árabe desde la derrota de junio de 1967. En ese momento, el despotismo golpista perdió su legitimidad y vio cómo se desplomaba su popularidad basada en las reformas sociales y el discurso nacionalista. En consecuencia, se convirtió en el despotismo de la vergüenza, erigido sobre la opresión, el pillaje y el amedrentamiento. Al mismo tiempo, el centro económico y político se fue trasladando hacia los países petroleros, que lograron traducir su hegemonía económica en hegemonía política, social y religiosa, e imponer su interpretación religiosa, con el patrocinio directo de EEUU.

Lo que me hace dudar es si a Osama Bin Laden se le ocurrió, mientras preparaba la operación de las Torres Gemelas en Nueva York, que mataron a tres mil personas, que no estaban “ocupando” Occidente, porque su “ocupación” sería el preludio de una cascada de sangre en nuestros países, y que sus palabras sobre la lucha contra los “cruzados” y los judíos, no eran más que una cobertura para el asesinato de los árabes, ya fueran musulmanes, cristianos, yazidíes, mazdeístas, o de otra confesión. Por último, no sé si pensó en que su proyecto no tenía horizonte alguno más allá de derivar en una guerra civil religiosa-sectaria entre suníes y chiíes, que destruirá lo que queda de nuestros países destruidos.

Resulta complicado entrar en una discusión política con las fuerzas fundamentalistas, ya sean suníes o chiíes, islámicas o cristianas, pues estas fuerzas creen que tienen la verdad absoluta y, por tanto, se parecen al régimen despótico contra el que se rebelan. Estas fueras no combaten el despotismo, sino su forma, ya sea baazista, militar o sectario, y por tanto, constituyen su otra cara. En este sentido, no sorprende que los oficiales del ejército de Saddam Hussein se hayan unido a Daesh, ofreciéndole su experiencia militar. Del mismo modo, la disputa y enfrenamiento entre Daesh y Al-Nusra rememoran la controversia intratable que existía entre los partidos Baaz sirio e iraquí.

La lucha entre el régimen de Asad y Daesh constituye una forma de alianza implícita, no solo porque la existencia de uno justifica la del otro, sino también por la colaboración directa e indirecta en los niveles militar y económico. Asad vio en Daesh y Al-Nusra la justificación de su existencia y un pretexto para mantener su despotismo, su represión y su pillaje. Por su parte, los fundamentalistas vieron en el régimen su justificación para expandir la barbarie. Por tanto, la barbarie asadiana atrae a la barbarie de Daesh, y viceversa. Sin embargo, lo que llama nuestra atención es que estos dos enemigos han perdido por completo la capacidad de ser a un tiempo, o al menos uno de ellos, partícipes en la decisión del futuro de Siria. Esto se debe a que a ambos se han convertido en dos balones que se lanzan entre sí los dos actores internacionales que resuelven el miedo que les provoca el terrorismo fundamentalista y sus ansias neocoloniales dando luz verde a la aviación rusa y sus aliados sobre el terreno para cumplir la misión de destruir Siria, partiendo de la destrucción de Alepo.

El rostro de Al-Golani, que apareció por fin en pantalla anunciando que su proyecto no había cambiado incluso tras haber roto el vínculo con Al-Qaeda, no cambiará nada de esta obscura ecuación cuyos rasgos se han comenzado a dibujar en Siria. La cuestión ahora, especialmente tras la salida temporal de Turquía de la escena, es sobre el destino de las partes regionales en la cambiante alianza entre EEUU y Rusia: ¿se mantendrán las dos partes regionales, Irán e Israel, en la ecuación, y cómo se organizará su colaboración? ¿O bien, no habiendo lugar para ambos países regionales, deberán elegir a uno en una difícil y complicada, aunque obvia, elección? Israel es aliado de ambas potencias, y Putin ha tranquilizado a Israel antes de que los aviones rusos establecieran su hegemonía sobre el espacio aéreo sirio. El señor Abu Muhammad al-Golani ha ofrecido finalmente unas renuncias que de nada sirven, pero la historia le recordará como uno de los que participaron, junto a sus compañeros takfiríes en el asesinato de la revolución del pueblo sirio, cuya desgracia es hoy una vergüenza para el conjunto de la humanidad.

jueves, 28 de julio de 2016

Al-Qaeda y Al-Nusra



Texto original: Al-Arabi
Autor: Salameh Kaileh
Fecha: 28/07/2016 (antes del anuncio definitivo)

"القاعدة" و"النصرة"


Los rumores hablan de la “ruptura del vínculo” del Frente de Al-Nusra con la organización de Al-Qaeda, mientras que los sueños se refugian en la ilusión de que ello conlleve la victoria de la revolución. Antes de centrarnos en la ilusión, podemos centrarnos en quien desea que cesen los bombardeos contra los civiles, con el pretexto de que el Frente de Al-Nusra, rama de Al-Qaeda en Siria, considerada terrorista internacionalmente, está ahí.

Esas personas tienen la esperanza de que la ruptura del vínculo sirva para eliminar el pretexto en que se apoyan el régimen y Rusia, a pesar de que dicho pretexto nunca ha llevado a bombardear a Al-Nusra, sino que se ha bombardeado a los civiles, al Ejército Sirio Libre. Al-Nusra nunca ha sido más que un pretexto. Ninguno de los dos tardará en encontrar otros pretextos, en caso de que acepten la ruptura de dicho vínculo, una situación que no es posible ni imaginar. Las cosas no son tan ingenuas ni superficiales. Sin embargo, hay quien piensa de veras que este paso “fortalecerá a la revolución”, y llevará a su victoria. Esas personas imaginan al Frente de al-Nusra como un libertador y como ese ejército que avanzará hacia el derrocamiento del régimen. Sin embargo, su nexo con Al-Qaeda lo ha puesto en contra del mundo y no solo contra el régimen. Por tanto, solo si se libera de la “guerra mundial” en su contra, será capaz de lograr la victoria. Esta ilusión es quizá peor que la anterior, y es más superficial e ingenua. Quien la sostiene tal vez esté abducido por una impotencia exacerbada que le impone imaginar a Al-Nusra como un ejército capaz de vencer.

Se trata de ilusiones generales y bastante extendidas que denotan una profunda impotencia que se ha apoderado de un gran sector de la oposición (quizá de toda). ¿Era el problema que Al-Nusra fuera una rama de Al-Qaeda? ¿Y por qué era una rama si no comulgaba con todas las ideas de la organización? ¿Qué cambia la ruptura del vínculo? ¿Se va a hacer Al-Nusra democrática o “islamista moderada”? ¿Portará el espíritu de Guevara y las gestas del Ejército Rojo soviético? ¿Se deshará de los miembros de los servicios secretos sirios e internacionales anidados en ella? ¿Liberará a los revolucionarios que tiene detenidos? ¿Dejará de engullir a las brigadas armadas englobadas en el Ejército Sirio Libre, tras engullir a decenas de ellas?  ¿Dejará de aplicar sus juicios wahabíes y su sharía tomada de los momentos de la historia árabe de mayor retroceso y declive? ¿Es el problema que el Frente de al-Nusra sea una rama de la organización rechazada internacionalmente de Al-Qaeda, o lo es todo lo anterior, al margen de esa relación y de la postura internacional? No creo que el problema del Frente de al-Nusra sea su relación con Al-Qaeda, pues antes de que las grandes potencias adoptaran una postura hacia ella, ya se podía observar su comportamiento sobre el terreno, desde su aparición. Sus prácticas indicaban, claramente, que iban dirigidas a destrozar la revolución, algo que ha logrado en gran medida, y a posteriori, a dar justificaciones a las grandes potencias para que se posicionaran contra la revolución, e incluso del lado del régimen.

Así que, incluso si se eliminan las justificaciones de la postura internacional, las prácticas del Frente de al-Nusra no cambiarán, prácticas que se traducen en su participación en la destrucción de la revolución, y que han llevado a amplios sectores del pueblo sirio a manifestarse en su contra y exigir su marcha. Esto sigue sucediendo en Maarrat al-Un’man desde que Al-Nusra atacó a la División Decimotercera, pero también ha sucedido en muchas otras zonas. Todo ello demuestra el rechazo popular al grupo y el hecho de que lo consideran contrario a la revolución, por lo que debe marcharse. En una postura contraria, están algunos sectores de la oposición y sus líderes. Tales posturas tal vez confirmen el grado de desconexión entre la revolución que combate sobre el terreno y quien pretende representarla, y confirma que esta oposición no es consciente de las condiciones en las que vive el pueblo, ni del peligro que supone Al-Nusra para este. Sus posturas parten de tácticas relacionadas con intereses particulares que les imponen los países que les financian. En este sentido, esta oposición no está con el pueblo, sino con el Estado que la financia, y se pliega ante sus políticas. Por otra parte, se esconden en el exterior, esperando que alguien derroque al régimen, para volver victoriosos. Así las cosas, se da lo peor que ha sucedido desde el estallido de la revolución. Al-Nusra es Daesh, colocada en el seno de la revolución.

viernes, 8 de julio de 2016

Maarrat al-Nu'man: 100 días contra Al-Nusra




Texto original: Al-Jumhuriyya

Autor: Abd al-Rahman Sadiq

Fecha: 21/06/2016


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El amanecer del 13 de marzo de 2016 fue un amanecer triste para el Ejército Sirio Libre (ESL) y la revolución siria, especialmente para la gran cantidad de gente contraria a Al-Qaeda y sus formas en Maarrat al-Nu’man y el conjunto de la provincia de Idleb. Los sirios se despertaron con la noticia de que Al-Nusra había tomado el control de todas las sedes de la Decimotercera División (del ESL) en Maarra y sus alrededores y que había confiscado sus municiones. Además, la facción armada de Yund Al-Aqsa (“Soldados de Al-Aqsa”) había asesinado a seis combatientes.

No obstante, también ese día supuso el amanecer del movimiento pacífico popular que lleva ya más de 100 días en pie: un movimiento excepcional que se mantiene en condiciones muy complicadas y duras, y cuyos responsables mantienen que continuarán a cualquier precio, hasta lograr sus peticiones. 

El enfrentamiento militar y sus antecedentes 

Las manifestaciones contrarias al régimen sirio volvieron con fuerza a decenas de ciudades y municipios sirios con motivo de la tregua de finales del pasado mes de febrero. La bandera de la revolución siria volvió a aparecer en las plazas y calles en diversos puntos, y las manifestaciones del 4 de marzo, viernes al que los activistas pusieron el lema de “la revolución continúa”, fueron clave en esos días.

Aquel día en el que salieron manifestaciones en Maarrat al-Nu’man y decenas de ciudades y municipios de la provincia de Idleb, en las que se izaron banderas de la revolución siria, los efectivos del Ejército Al-Fath (“de la conquista”) atacaron a los manifestantes en la ciudad de Idleb y quemaron las banderas de la revolución siria, además de detener a algunos activistas.

El hecho de que se levantara la bandera de la revolución siria con profusión provocó una conmoción en todo el norte de Siria, especialmente en las zonas donde domina el Ejército Al-Fath, tanto la ciudad de Idleb, como en otras zonas de alrededor. Dicho ejército es una alianza de varias facciones, entre las que destacan el Frente de Al-Nusra y Ahrar al-Sham, además de otras que anteriormente habían formado parte del ESL. El documento fundacional del Ejército al-Fath imponía la renuncia a todas las banderas de las facciones, incluida la de la revolución siria, y solo permitía el uso de su bandera. Sin embargo, la violencia de los partidarios del Frente de al-Nusra, y la insistencia de los efectivos del Ejército Al-Fath en que su mandato debía aplicarse en todas las manifestaciones que tuvieran lugar en las zonas bajo su dominio, denotan la firme voluntad de Al-Nusra de hacer efectivo su dominio a través del Ejército Al-Fath en toda la provincia de Idleb.

Maarat al-Nu’man se encontraba entre las zonas más destacadas que no habían sometido al control del Ejército Al-Fath en Idleb, pues ahí se encontraba la sede principal de la Decimotercera División del ESL y el sentir general era contrario al pensamiento y proyecto de Al-Qaeda. Además, muchos de sus habitantes son combatientes de la Decimotercera División, que no forma parte del Ejército Al-Fath. A la manifestación del 4 de marzo en Maarra acudió el teniente coronel Ahmad Sa’ud, dirigente de la Decimotercera División, y varios oficiales de la Decimosegunda División y la División del Norte del ESL. Quizá esto fue lo que provocó la ira de los miembros y partidarios del Frente de Al-Nusra en la ciudad: decenas de ellos se dirigieron a la Plaza de la Libertad (antes llamada, Plaza del Partido) tras la manifestación y dispararon al aire, gritando lemas contrarios a la tregua. Más aún, descolgaron la bandera que estaba izada sobre el edificio que da a la plaza, según han confirmado todos aquellos activistas y habitantes de la ciudad con los que hemos hablado.

El poder ejecutivo del Ejército al-Fath anunció el 10 de marzo la prohibición de izar la bandera de la revolución en las zonas bajo su dominio, algo que se cumplió en grado variable en las manifestaciones convocadas por los activistas el viernes 11 de marzo. El porcentaje de acatamiento de la orden fue directamente ligado al grado de poder que ejercían el Frente de al-Nusra y Yund al-Aqsa en las zonas rurales de Idleb. 

Se produjo un enfrentamiento entre los manifestantes y los miembros de Al-Nusra en la manifestación del día 11 de marzo en Maarrat al-Nu’man. Estos acusaron al coronel Ali al-Samahi, dirigente del Batallón al-Muham, de la Decimotercera División, que se encontraba en la manifestación, de haber tirado al suelo la bandera del Frente al-Nusra, y le pegaron.

Para resolver las diferencias, se convocó una reunión a las siete de la tarde del 12 de marzo. Cuando llegó la hora en la que se suponía que debía celebrarse la reunión, grupos de miembros del Frente de al-Nusra, con apoyo de Yund al-Aqsa atacaron las sedes y controles de la Decimotercera División en los municipios de Haysh, Jan Shaijún, Yabala, Gadfa y los campos de Al-Hamidiya, además de cercar la ciudad de Maarrat al-Nu’man, donde se encuentra la sede principal de la División, por medio de largas filas de soldados, que la atacaron desde cuatro ejes diferentes. Después, emitieron un comunicado en el que se leía que “la facción denominada Decimotercera División ha asaltado las sedes del Frente de al-Nusra en la ciudad de Maarat al-Nu’man”, algo que la Decimotercera División negó rotundamente. El día siguiente amaneció con la mayoría de sedes de la Decimotercera División tomadas por el Frente de al-Nusra y la facción Yund al-Aqsa, que además habían confiscado grandes cantidades de munición y equipamiento, y habían detenido a decenas de sus combatientes y asesinado a seis de ellos.

Abderrahim al-Mi’mar, activista de medios de comunicación cercano a la Decimotercera División, natural de Maarrat al-Nu’man, testigo de la mayoría de los acontecimientos y participante casi diario en las protestas que se han sucedido hasta hasta el momento, declaró lo siguiente a Al-Jumhuriyya: “Durante la reunión convocada por el dirigente del Frente de al-Nusra, el sheij Abu Anas Harim, nos sorprendió la noticia de que miembros del Frente habían atacado las sedes y puestos de control de la Decimotercera División en Haysh, Jan Shaijún, Yabala y Gadfa, ayudados por combatientes de Yund al-Aqsa. Habían atacaron con proyectiles de mortero y Shilka las zonas de Al-Hamidiya en las que se encontraba la División, que es donde se encontraban los almacenes principales de munición.  El asalto había sido preparado con minuciosidad, pues lo primero que habían hecho los combatientes de Al-Nusra había sido cortar el camino entre Marrat al-Nu’man y Al-Hamidiya. Posteriormente, amplias formaciones de efectivos se movilizaron en cuatro direcciones hacia Maarra.

El sheij Ahmad Alwan, presidente del tribunal religioso de Maarra, y el sheij Abd al-Mu’ti al-As’ad, dirigente del Batallón ‘Ibad al-Rahman (Siervos del Clemente), dependiente de la Legión al-Sham, intentaron intervenir para evitar el enfrentamiento, pero las fuerzas atacantes rechazaron toda iniciativa, e insistieron en seguir con la ofensiva.

Ninguna facción ofreció su apoyo a la Decimotercera División, y miembros de la Legión al-Sham intentaron ejercer de fuerzas de contención. Sin embargo, su número era reducido y la insistencia de los miembros de Al-Nusra en que se produjera un enfrentamiento los obligó a retirarse para evitar el derramamiento de sangre. En ese momento, los civiles salieron a protestar a la calle. Los combatientes de la Decimotercera División intentaron defenderse a sí mismos y sus sedes, pero era imposible, pues la mayoría de sus efectivos en encontraban apostados en los frentes abiertos contra el régimen en la zona sur de Alepo y el norte de Latakia. Además, la División acababa de enviar a cerca de 400 miembros a luchar en la zona norte de Alepo contra Daesh. A todo ello se unen el ataque contra los puestos de control y las sedes de la División fuera de Maarra, y el aislamiento de Maarra de su entorno y de los almacenes de armas y municiones en los campos de Al-Hamidiya.

Miembros de Al-Nusra, entre ellos muchos inmigrantes, se retiraron de los frentes abiertos contra el régimen para enfrentarse a la Decimotercera División, como si se tratara de una guerra contra la apostasía. A quienes les contradecían, según nos han contado, les decían que iban a acercarse a Dios al luchar contra los apóstatas, y que hicieron caso omiso a todas las iniciativas, llamadas y protestas de los civiles de Maarra.

El sheij Jalid Qitaz, el juez religioso de la División, y Abu Ahmad al-Zayn, lanzador de misiles TOW de la misma, intentaron dirigirse a Al-Hamidiya para ver cómo estaba allí la situación. El sheij Qitaz fue detenido, y el coche de Al-Zayn fue atacado con misiles anti-tanque, lo que le provocó importantes heridas, a las que, no obstante, sobrevivió. El coronel Al-Samahi decidió entregar las sedes de Maarra a los combatientes de Al-Nusra para evitar el derramamiento de sangre, y fue detenido con algunos miembros de la División, después de que miembros de Al-Nusra ofrecieran garantizar la seguridad de todos, excepto Al-Samahi, al que consideraban un apóstata que debía recibir su castigo según lo dispuesto por Dios. Los miembros de la División rechazaron la oferta de pleno.

La mañana del 12 de marzo amaneció con la noticia de que había más de 65 combatientes de la División detenidos, y que las fuerzas atacantes habían tomado el control de la mayoría de equipos, equipamiento y munición de la División en Maarra, Al-Hamidiya y sus alrededores, incluyendo la munición de los efectivos que estaban haciendo guardia en los frentes del sur de Alepo. También habían confiscado las ambulancias y la excavadora que se usaba para levantar escombros, y habían tomado el control de los almacenes de la Asociación Sanabil al-Jayr y los equipos del hospital apoyado por Médicos Sin Fronteras. Sin embargo, lo más truculento es que los miembros de Yund al-Aqsa habían ajusticiado a seis combatientes de la División que se habían negado a retirarse del cuartel de Al-Hamidiya, y habían profanado sus cadáveres. 

La movilización popular: condiciones y derroteros 

El funeral de los mártires de la División se celebró el 13 de marzo, y se convirtió en algo parecido a una manifestación llena de ira, que condenó la agresión del Frente de al-Nusra a la Decimotercera División. Ese mismo día comenzó un movimiento popular pacífico de expresión de ira, cuyo núcleo duro son las familias de los mártires y detenidos de la Decimotercera División, a quienes se une un amplio espectro de personas contrarias a los métodos de Al-Qaeda.

Al día siguiente, los manifestantes encolerizados atacaron la sede del Frente de al-Nusra, en lo que antes era el Banco de Crédito, la quemaron y echaron a los miembros del grupo que estaban allí. También asaltaron de forma pacífica el control de Al-Na’ura, del que se retiraron los miembros de Al-Nusra. Las dos facciones, Al-Nusra y Yund al-Aqsa, anunciaron el mismo día que aceptaban someterse al tribunal religioso. El Frente de al-Nusra propuso que se conformara un tribunal con los sheijs Abd al-Razzaq al-Muhdi, Abu al-Harith al-Masri y Abdallah al-Muhaysini, todos ellos cercanos a sus posturas.

La Decimotercera División accedió, pero propuso añadir a los sheijs Ayman Harush y Abu Anas Kanakari, algo a lo que el Frente se negó rotundamente. A pesar de ello, la Decimotercera División aceptó referir el caso al tribunal conformado por los tres sheijs propuestos por Al-Nusra. La movilización se mantuvo en los días posteriores, y los manifestantes atacaron el 15 de marzo, en el quinto aniversario de la revolución siria, la sede de la facción Sham al-Umma, que había rendido pleitesía a Al-Nusra recientemente.

El tribunal constituido para solucionar la disputa comenzó sus trabajos, pero no tardaron en sacar un comunicado el día 25 de marzo en que renunciaban a valorar el asunto, aludiendo a “los altercados, las posturas adoptadas por cada una de las partes y el hecho de que Yund al-Aqsa no se había presentado ante los jueces”. La Decimotercera División arguyó que la verdadera razón era “que pedimos que nos entregaran nuestras armas y munición robadas”, pero el Frente de al-Nusra se negó, añadiendo que no era responsable de lo que hiciera Yund al-Aqsa.

El movimiento continuó hasta convertirse en una protesta diaria, cuya principal petición era que la ley de Dios se aplicara a Al-Nusra, que se liberase a los presos, y que se devolviesen las armas y municiones de las que se habían incautado. Los lemas de los manifestantes fueron elevando el tono hasta dirigirse de forma clara contra el método salafista del Frente de al-Nusra, contra su líder Al-Golani, y contra Yund Al-Aqsa, acusando a ambas facciones de ser la otra cara de Daesh. Los miembros de Al-Nusra se replegaron a los límites de la ciudad de Maarra, evitando todo choque con los manifestantes.

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 "Desde el primer día estamos pidiendo que nos devuelvan nuestras armas,
y aquí seguimos 100 días después con la misma demanda. 
No nos satisfará más que la implantación de lo establecido por Dios.
100 días y seguiremos"

Abderrahim al-Mi’mar cuenta que: “El Frente al-Nusra se negó a someterse a la ley de Dios, y rechazó devolver las armas a la División, algunos de cuyos miembros siguen luchando en los frentes con las armas que les quedan, especialmente los misiles TOW, que Al-Nusra no ha podido quitarles, mientras que la mayoría de miembros permanecen encerrados en sus casas, lejos de los frentes que deberían estar vigilando porque no hay armas. La Decimotercera División ya no tiene presencia armada efectiva en Maarrat al-Nu’man, y la movilización que se mantiene no es la organizada por la División en sí, sino por los naturales de Maarra, en cuyo núcleo están los miembros de la Decimotercera División a los que el Frente de al-Nusra atacó, sus familias y sus amigos. Si muchos de los que apoyan a Al-Nusra dicen que se trata de diferencias locales y familiares, todo lo que ha acontecido y el posterior comportamiento de del Frente, que rechaza toda solución que preserve la dignidad de la Decimotercera División y sus armas, y la dignidad de la gente de Maarra, confirma que el ataque había sido planeado con antelación, y que vino a culminar lo que Al-Nusra había hecho con otras facciones del ESL, a fin de ejecutar el plan de Al-Qaeda en Siria. El tribunal religioso que Al-Nusra había propuesto para dirimir la situación, era totalmente favorable al Frente, y a pesar de ello, la Decimotercera División había aceptado que fueran ellos los árbitros para poner fin a la situación. Sin embargo, Al-Nusra y Yund al-Aqsa son los responsables del fracaso de dicho arbitraje debido a su continua dilación”.

Al-Mi’mar añade que: “Al-Nusra envió una oferta con varias iniciativas, entre ellas, la de cambiar el nombre de la Decimotercera División para que pasara a ser una brigada más, y apartar al teniente coronel Ahmad Sa’ud del liderazgo de la División, a quien consideraban un agente de EEUU. Sa’ud se encontraba fuera de Siria cuando comenzó el enfrentamiento, pero la División rechazó la iniciativa porque consideraba que llevarla a la práctica suponía aceptar someterse a la voluntad y el proyecto del Frente de al-Nusra. Por otra parte, Al-Nusra también comenzó a dar pasos para reducir la ira popular, entre ellos, la liberación de todos los presos, incluidos Jalid Qitaz y el coronel Ali al-Samahi. Además, se presentó una iniciativa a los familiares de los seis asesinados que incluía el pago de una indemnización por los mártires a cambio de que dejaran de participar en las manifestaciones. Las familias respondieron que eso era un asunto privado y que había otro público que debía resolverse primero: los excesos del Frente de al-Nusra y su confiscación de las armas de los hijos de Maarra. Esto demuestra la profundidad y firmeza del compromiso del pueblo con el movimiento”.

Pero, ¿cómo logrará el movimiento continuar si parece claro que no hay fuerza militar capaz de disuadir a Al-Nusra y Yund al-Aqsa? ¿Cómo se puede explicar que el Frente de al-Nusra no haya seguido luchando hasta acabar con la Decimotercera División si lo que ha hecho es una continuación de lo que ha hecho con el Movimiento Hazm, el Frente de Revolucionarios de Siria, y otras facciones antes?

Al-Mi’mar contesta: “Los miembros de Al-Nusra no pueden cometer una masacre en Maarra porque eso provocaría un retroceso de su popularidad, que ya está en retroceso de por sí. Cuando el movimiento popular es amplio y global es difícil enfrentarse a él sin provocar una masacre. Además de ello, la ciudad de Maarra no tiene gran importancia militar como para que el Frente de al-Nusra abra una confrontación en ella, sino que está apostando por que el tiempo acabará poniendo fin a la movilización, sobre todo porque tiene el control de la mayor parte de la provincia de Idleb gracias a su alianza con el Ejército Al-Fath. Al-Nusra no ha logrado acabar con la Decimotercera División debido al amplio apoyo popular que tiene, algo que no tenían el Frente de Revolucionarios de Siria, por ejemplo, al que la gente acusaba de corrupción. Al-Nusra está jugando la baza del tiempo, y del aislamiento impuesto al movimiento en Maarra, provocado por el miedo atroz a los paquetes explosivos de Al-Nusra, al discurso religioso takfirí del salafismo yihadista, y a cualquier enfrentamiento interno lo suficientemente grande como para dar al régimen de Asad una oportunidad de avanzar. Jabhat al-nusra apuesta por el tiempo y el olvido, y nosotros no permitiremos que eso pase: nuestra movilización continuará hasta que logremos nuestras peticiones, sea cual sea el precio, y tardemos lo que tardemos”.

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"El pueblo es la facción más fuerte"
Dos cuestiones vienen a la mente. La primera está relacionada con los que llevan a cabo la organización de la movilización y su relación con la Decimotercera División. La segunda tiene que ver con la Decimotercera División, su realidad y su futuro.

Al-Mi’mar explica: “No hay un comité propiamente dicho para organizar el movimiento, sino uno no oficial en el que se encuentran uno o dos miembros de la División, pero esto no niega la realidad de que es un movimiento popular y no faccionario, ya que el resto de miembros del comité son civiles, naturales de Maarra. También es natural que se vean afectados por la agresión al corazón del movimiento que protesta por dicha agresión, pero la movilización no se relaciona con la Decimotercera División como tal, sino con la necesidad de poner un límite a los excesos y dominio impuesto de Al-Nusra, con la defensa de la idea del ESL, y con la bandera de la revolución, bajo la cual hemos ofrecido cientos de mártires. También se relaciona con logar la demanda de libertad por la que salimos contra el régimen de Asad.

En lo que se refiere a la Decimotercera División, esta sigue luchando con las armas que quedan en manos de los combatientes, incluso en los frentes de la zona sur de Alepo, donde se encuentra el Ejército Al-Fath, porque nuestra batalla principal seguirá siendo contra el régimen de Asad, pase lo que pase. Además, la División sigue ofreciendo servicios a los civiles en los sitios donde sigue presente y con las posibilidades que tiene, y esperamos que las condiciones cambien y que la División, con sus armas, regrese para poder continuar con su papel en la lucha contra el régimen, como hacía hasta ahora”. 

El horizonte del movimiento y las posibilidades de que se expanda 

La tregua colapsó, como deseaba El Frente de al-nusra, y la ciudad de Maarrat al-Nu’man se ha visto recientemente expuesta a varios ataques de los aviones rusos y del régimen sirio. Uno de ellos dirigió su ataque contra el mercado popular de verduras, dejando decenas de víctimas. Al mismo tiempo, las facciones del Ejército Al-Fath, a cuya cabeza estaba Al-Nusra, han logrado varias victorias en la zona sur de Alepo, en colaboración con otras facciones, incluida la propia Decimotercera División. Sin embargo, Al-Nusra ha ido aumentando sus transgresiones en la zona rural de Idleb a la par que lograba dichas victorias militares. Entre dichas transgresiones, está la detención de varios miembros del Consejo Local de Kafranbel, y la ejecución en Salqin del joven Muhammad Obeid, natural de Saraqeb, acusado de apostasía.

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 "La lucha no es entre la Decimotercera División y el Frente de Al-Nusra,
sino entre el pensamiento de la revolución y falsedades de Al-Qaeda"

Tales violaciones han provocado el aumento de la ebullición popular, que se ha manifestado con concentraciones en Kafranbel y Saraqeb. Sin embargo, la cuestión se ha mantenido limitada a unos puntos concretos, y sin lemas claros. Quizá entre las razones de que haya habido unas reacciones tan limitadas, esté el temor que provocan los paquetes explosivos enviados contra varias personas recientemente, entre ellos líderes de Ahrar al-Sham, y el miedo a cualquier enfrentamiento interno mientras las facciones están luchando contra el régimen en la zona sur de Alepo. Por su parte, la aviación del régimen sirio y la rusa han aumentado sus masacres en la mayor parte de Idleb y sus alrededores.

El movimiento se mantiene en Maarrat al-Nu’man a pesar de todo esto, pero sigue pareciendo aislado, especialmente a nivel de medios, pues la mayor parte de plataformas y agencias de noticias revolucionarias en Idelb y otras zonas lo ignoran por completo.
Uno de los habitantes de Saraqeb comenta a Al-Jumhuriyya, bajo condición de anonimato por cuestiones de seguridad, lo siguiente: “Nos han llegado noticias de una agresión del Frente de Al-Nusra contra la Decimotercera División en Maarrat al-Nu’man, que ha provocado protestas. Sin embargo, nos lo cuentan como si se tratara de un mero enfrentamiento entre dos familias, a pesar de que para mí y para muchos de mis amigos, el asunto está claro desde el principio. Al-Nusra pretende acabar con la Decimotercera División, como ha hecho con otras facciones del ESL antes, porque no quiere presencia alguna del ESL. Lo que quiere es dominar todas las zonas liberadas. A pesar de que el tema está claro para todos, y de que la gente siente empatía con la Decimotercera División y el movimiento en Maarra, la gente no está preparada para meterse en una aventura como esta, especialmente después de que los paquetes explosivos que se hayan cobrado vidas, y tras los terribles resultados de la lucha interna en Al-Ghouta oriental.

El Frente de al-Nusra domina haciendo uso del miedo, el discurso religioso y la acusación de apostasía y descreimiento, y no es posible enfrentarse a Al-Nusra mientras la gente no esté preparada y haya un sentimiento general de ira e inquietud. Eso o que una de las facciones grandes tome la decisión de rebelarse contra el dominio de Al-Nusra”.

No parece que se den las condiciones necesarias para que el movimiento se expanda fuera de Maarra ahora, ni parece que los manifestantes en Maarra vayan a rendirse, ni que la tendencia pueda invertirse con facilidad: Al-Nusra ya no tiene carta blanca para ejecutar sus planes como antes, y por primera vez ha fracasado en su intento de erradicar una facción a la que había declarado querer erradicar. Del mismo modo, no parece que los factores del tiempo y el aislamiento estén haciendo que los activistas de Maarra den un paso atrás en su movimiento, que celebró su día 100 bajo el lema: “El levantamiento de los nietos de Al-Maarri [1]”.


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#LevantamientoDeLosNietosDeAlMaarri #100DíasDeManifestaciones

No hay duda de que lo que pase a partir de ahora dependerá de la continuación del movimiento, de la posibilidad de que se expanda y de que otras ciudades y municipios se sumen a Maarra en su levantamiento. Sin embargo, también depende de las condiciones políticas y lo que suceda en el campo de batalla, y está ligado al proceso de negociación y las políticas de las distintas partes internacionales y regionales: obligar al régimen de Asad a ofrecer alguna renuncia será un factor importante en la creación del ambiente adecuado para el retroceso del proyecto de Al-Qaeda en Siria, algo que parece que nadie en el mundo quiere hacer.

[1] Abu-l-Ala al-Maarri, pensador, poeta y filósofo ciego del siglo X-XI, natural de la ciudad y símbolo de la misma, que rechazó que la religión tuviera la verdad absoluta.