Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

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martes, 18 de julio de 2017

Solos vosotros; oh, solos nosotros.



Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Elias Khoury

Fecha: 18/07/2017 


La campaña mediática contra los sirios en Líbano se desarrolla en medio de la sangre derramada en los sótanos de interrogación libaneses. Llama la atención que las fuerzas políticas libanesas dominantes estén viviendo en un estado de coma consensuado que convierte toda crítica en una traición, llegando hasta el punto de confiscarse las pruebas de los cadáveres de las víctimas sirias para que no se les practique la autopsia en el hospital Hotel Dieu, ¡en aplicación de una sentencia judicial! ¿Dónde hemos llegado y quiénes somos? ¿Es cierto que los detenidos en los campamentos de refugiados de Arsal han escuchado una copia literal de lo que han escuchado cientos de miles de detenidos en Siria? ¿Se ha convertido el ‘¿queréis libertad?’ en una acusación en Líbano, como lo es en Siria? [1] La lógica dice que debemos esperar los resultados de la investigación, pero ¿de qué investigación estamos hablando en este contexto de histeria del odio y la represión, y en medio de toda esta destrucción salvaje?

Es curioso que en esta campaña participan dos bandos: uno pseudo-libanés, que encuentra en la víctima siria un chivo expiatorio para su represión política, puesto que lo que aún queda de los delirios de grandeza del presidente de la Corriente Patriótica Libre, Jubran Basil, se complementa con las declaraciones del presidente de las Fuerzas Libanesas, el señor Samir Geagea, en el que amenazaba a Naciones Unidas con enviar a un millón y medio de refugiados sirios en barcos hasta su sede en Nueva York [2]. Este bando, que representa los restos del maronismo político, con su odio a los árabes, los sirios y los palestinos especialmente, expresa su incapacidad de manejar la realidad política libanesa dominada por Hezbollah, recurriendo a un lenguaje bravucón vacío y cuidando al ejército libanés, por si así consigue recuperar algo de influencia en el reparto de cuotas parlamentarias que ha ordeñado a la vaca libanesa hasta la última gota.

El otro bando es un bando religioso-ideológico que, para empezar, no reconoce las fronteras nacionales, y que envía a su ejército a Siria para expulsar a la gente de Qusair y Qalamoun hacia Arsal, y que participa en la guerra de purgación sectaria que dirige Qasem Suleimani en Iraq, además de inmiscuirse en todo lo que puede, como si Líbano fuera una gran potencia que tiene la capacidad de enviar sus hordas fuera de sus fronteras.

¿Cuál es la relación entre ambas entidades, que están encerradas en su subjetividad libanesa y que son de naturaleza sectaria, por lo que Líbano no significa nada para ellos, y cómo han producido esta extraña alianza sobre la sangre y el dolor de los sirios y las sirias?

No nos digáis que es una batalla contra el terrorismo. El general Aoun no fue al mausoleo de Mar Maron en Barad, en la provincia de Alepo, en 2008, por miedo al terrorismo. En aquel momento no había terrorismo ni quienes aterrorizaran, sino que había un proyecto de alianza de las minorías contra la mayoría. Fue un tono que no debería haberse malogrado y después brutalizado en su guerra contra el pueblo sirio, si no hubiera sido por este contexto de locura que se llama guerra contra el terrorismo que ha supuesto la rendición de Mosul a la organización del “Estado” (Daesh), y la incitación de Al-Qaeda y los islamistas takfiríes en Siria como preludio a la destrucción del país y la humillación y expulsión de su pueblo fuera de las fronteras.

Los regímenes del despotismo se daeshizan ahora con sus prácticas salvajes, como pasó con Daesh, que se despotizó y se convirtió en la otra cara del régimen despótico, y su versión cruda.

Antes de que nos den lecciones sobre la necesidad de no criticar al ejército porque es una línea roja, deben dejarnos bien claro qué quieren decir con ejército regular libanés: ¿el que sigue una política libanesa clara y pretende alejarse de la crisis siria, o el otro ejército libanés que lucha en Siria y ocupa sus tierras? También nos preguntamos dónde conviven ambos ejércitos, puesto que uno mira hacia el interior y el otro hacia el interior y el exterior. ¿Cuáles son las reglas de este juego infernal que escapa a todo objetivo político dado que la clase política se limita al pillaje y a tragar?

Estas cuestiones ya no tienen importancia en este país cuyos hijos solo aspiran a dos cosas: cubrirse y huir si se puede. Así se han asegurado los sectarismos racistas libaneses su posición en el mapa de la destrucción y la sangre, y el refugiado sirio, al que expulsó de su patria la brutalidad del régimen y las milicias, se ha convertido en blanco de la humillación diaria, la represión y el miedo. Han olvidado que los trabajadores sirios, antes de la ola de refugiados, fueron quienes edificaron Líbano con su cansancio y su sudor, y que la agricultura libanesa se nutre de agricultores sirios estacionales. También parece que han olvidado que su Líbano era una parte de Siria, con sus ciudades costeras y sus cuatro circunscripciones, y que el juego del racismo estúpido contra el refugiado pobre, desplazado y expulsado de su país no es más que un síntoma de bajeza, indignidad e intimidación de los débiles.

No les diremos “despertad del coma” porque la cuestión de los refugiados sirios no debería haber tomado este cariz brutal si se hubiera tratado con la racionalidad propia de unas instituciones gubernamentales que se comportan como instituciones responsables de su territorio y su pueblo y quienes se refugian ahí. No se despertarán. Nadie en este mundo árabe se quiere despertar, ni nadie en el mundo de entre aquellos implicados en la peor tragedia del nuevo siglo que ha comenzado inmerso en la sangre de los árabes. Nadie. Los sirios y las sirias son hoy la conciencia de un mundo que ha perdido la conciencia. ¿Cómo puede suceder todo esto sin que nadie mueva un dedo salvo cuando piensa que puede hacerse con una parte de los despojos de Siria? Siria ya no tiene sirios. Ese es el sueño real de los Asad y todas aquellas fuerzas sectarias que les rodean en la región. La libertad del pueblo sirio se ha convertido en una lección de muerte para los pueblos del mundo, gracias a los árabes del petróleo que han ahogado Siria en una ideología fundamentalista cubierta de dinero de petróleo y gas. Están matando a Siria ante nuestros ojos, que se han quedado ciegos. ¿Recuerdas, querido lector, a ese ser humano sirio que gritó una vez “soy un ser humano, no un animal”? [3] Quieren que ese ser humano se abstraiga de su humanidad y se conforme con ser un animal. Cuando los refugiados huyeron a los países del entorno (Líbano, Turquía y Jordania), descubrieron que los países de refugio querían que fueran animales y que no tendrían otra opción más que agarrarse a su humanidad. 

Solos. Sirios y sirias, estáis solos. Solos quiere decir solos. No os fieis de nadie. Estáis solos en el aislamiento y solos en el dolor. Solos pagáis el precio del declive de los árabes, de la muerte y humillación de vuestras almas ante las grandes potencias, y de la rendición de vuestros regímenes a Israel. Solos, oh solos. Solos vosotros; oh, solos nosotros.

 [1] Son tristemente célebres los vídeos de soldados del régimen y milicias paramilitares (grabados por ellos mismos) golpeando a activistas y civiles al grito de “¿Queréis libertad? Pues aquí la tenéis”.
[2] La Corriente Patriótica Libre es actualmente la principal fuerza política cristiana en el parlamento libanés, liderada por Michel Aoun, actual presidente del país. Las Fuerzas Libanesas conforman otra entidad política que se define como laica aunque recibe apoyo principalmente de los maronitas.
[3] El vídeo original puede verse aquí: “Soy un ser humano, no un animal. Soy un ser humano, no un animal. Y todos ellos también”.

jueves, 22 de junio de 2017

Raqqa: Daesh, carne y coordenadas

Texto original: Al-Jumhuriya

Autor: Yassin Swehat

Fecha: 21/06/2017

Manifestación en la calle 23 de febrero de Raqqa en otoño de 2013.

Nunca antes habían circulado tal cantidad de mapas tan detallados de la ciudad de Raqqa como los que hoy encontramos en los medios de comunicación (locales, árabes e internacionales). Los más concretos, que son aquellos que llevan los nombres de cada calle, barrio y callejón, se encuentran principalmente en lengua inglesa. Las páginas que han seguido los enfrentamientos armados y los observatorios de operaciones militares, que se han multiplicado en los últimos años, se actualizan cada hora mediante el cambio de colores de las calles y los barrios según el avance de las Fuerzas Democráticas Sirias, apoyadas por la Coalición Internacional contra Daesh, y su repliegue hacia las zonas centrales de la ciudad.

Quien examina los nombres de las calles y barrios en dichos mapas se encuentra con una mezcla entre los nombres por los que la gente de la ciudad los conoce y los nombres oficiales; es decir, los que aparecen en las placas azules que al Ayuntamiento de Raqqa colgó en las paredes a finales del siglo pasado, y que en realidad apenas se usan en la ciudad. Estos últimos, los nombres oficiales, los conocen mejor los expertos militares y técnicos de la Coalición Internacional que nosotros, los oriundos de la ciudad, que abrimos el mapa para asegurarnos de dónde está un barrio cuyo nombre se menciona en las noticias, y advertimos su localización en la espiral de colores cambiantes mientras nos ayudamos de calles cuya extensión conocemos para así adivinar la localización del barrio.

Los expertos militares y técnicos también saben lo que la mayoría de nosotros no sabemos en absoluto; es decir, las coordenadas de los edificios y calles concretas, y quizá los puntos en los que se concentran las fuerzas de Daesh o sus depósitos de armas. Nosotros no conocemos más que el lugar donde están nuestras casas, las de nuestros familiares y las de nuestros amigos, así como nuestras escuelas, nuestros complejos comerciales e industriales, los parques y las plazas. Ni siquiera podemos indicar cómo llegar a los eternos socavones en las carreteras o determinar sus medidas numéricamente… No somos expertos militares.

Los expertos militares y técnicos también conocen, y junto a ellos, los políticos, académicos y periodistas, además del público general, muchas de las acciones que Daesh ha perpetrado en la ciudad. Todos han visto las imágenes de crucifixión, de latigazos, de amputación de miembros y de degüello que Daesh ha difundido con tan alta definición, que casi puede competir con la concreción y claridad de los mapas de la situación militar actual. También han visto y escuchado de nosotros muchas historias, a las que se han acercado con un entusiasmo que bien conoce quien se ha entrevistado con periodistas y expertos (y quizá políticos) que quieren que la gente de Raqqa les cuente sobre la liga del terror y asesinato daeshiana. Tal vez no saben que nosotros, cuando hablamos de alguien que ha sido secuestrado decimos “los del Daesh shaluhu”, o que, cuando nos contamos la noticia de que alguien ha sido degollado decimos que “qassuhu”, y nadie traduce esas expresiones en toda su literalidad al inglés [1]. Algunos de ellos conocen los nombres de nuestros muertos y desaparecidos porque están aburridos de oírnos mencionarlos, pero la mayoría no lo sabe porque no les interesa. Las imágenes, en alta resolución o tomadas con  móviles temblorosos, muestran carne, y la carne no tiene nombre ni personalidad, ni familiares, ni amigos, ni vecinos. El ciclo de la vida de la carne vista en píxeles es extremadamente corto, apenas unos segundos contados.

Sin embargo, el público internacional, y los círculos políticos y militares internacionales, escuchan, hablan de y ven continuamente “el bastión del Califato”, hasta el hartazgo y la saciedad. Desde hace años, las noticias sobre ello colman los periódicos y las cadenas de televisión, en concreto cada vez que Daesh perpetra un atentado terrorista allí, en París, Londres o Bruselas. Las coordenadas dispersas en los mapas de alta resolución se incendian y se vuelven de un rojo provocativo, para recibir los golpes aéreos que sirven de castigo a Daesh en el corazón de “su capital”. 

Raqqa tiene una historia, según lo establecido en los círculos políticos y militares, de unos cuatro años, la edad de la “capital del Califato”. Raqqa nació, según los primeros datos públicos, en la sede de la gobernación provincial, la terrible sede de Daesh, y maduró como una densa red de coordenadas. Hay mucha carne que cuelga de esta red, carne que, en un solo día, no se puede comparar con las víctimas del terrorismo en París, Londres y Bruselas, porque esas víctima tiene una entidad y una posición que no se puede equiparar con la de los que residen en “el bastión de Daesh”.

La víctima es molesta: necesita –si sobrevive-, o los suyos necesitan –si muere- consuelo, cariño, duelo y honores; y después, ayuda para que quien queda vivo se levante de su dolorosa situación y salga de su desgracia de cara al futuro. ¡Eso es mucho! Todo lo que recibiremos será un reconocimiento parcial de que somos daños colaterales en los informes militares que reconocen la muerte de cientos de civiles a causa de bombardeos de la Coalición, o los ataques de la artillería de las Fuerzas Democráticas Sirias. Los términos en inglés son más elegantes y menos “dramáticos” -dónde va a parar- que “lo arrancaron”, “lo cortaron” o “su casa está en el suelo”.

No se nos ha reconocido como iguales en sufrimiento (a pesar de que nuestro sufrimiento es el mayor), ni tampoco se nos ha reconocido como iguales en el significado y el valor. La igualdad es enemiga del realismo activo y complica mucho la lucha. La igualdad significa que somos partícipes, y eso no lo contemplan las exigencias de la batalla para poner fin a esta terrible organización terrorista. Ahora Daesh está perdiendo la batalla, y perderá “su bastión” en breves en una batalla en la que no querían que fuéramos –como nosotros tampoco queríamos- partícipes, sino que nos obligaron a ser una gelatina silenciosa y negativa, que se encierra en el silencio hasta que se le ordena marcharse a campamentos militares que no sabemos cuánto aguantarán, sin saber quién de nosotros volverá a su casa –si aún le queda casa a la que volver- y donde se nos exigirá demostrar que no somos miembros ni simpatizantes de Daesh. Han sido cuatro años pesados y “el síndrome de Estocolmo” tal vez nos ha convertido en corta-cabezas mimetizados con con el “corte” (qass) de nuestra familia y amigos.

Entre las calles de Al-Mutazz y Al-Wadi hay una serie de callejuelas estrechas y entrelazadas, que se llaman “los siete caminos” o “las siete calles”. La mayoría de sus casas son antiguas y de un solo piso, y dan a calles estrechas por las que apenas puede pasar un coche pequeño, no sin dificultad. Esta zona recibió hace unos días una ráfaga de misiles que acabaron con la vida de una familia entera. Desconocemos las coordenadas de “los siete caminos” y por eso somos incapaces incluso de argumentar “el realismo” sobre la utilidad militar del bombardeo, y nos vemos obligados a callar nuestro dolor para que no se adivine en nosotros un atisbo de daeshización planeando sobre nuestras cabezas, muchas de las cuales ya rodaron a manos de Daesh. Tampoco conocemos las coordenadas de la casa de los Saado. Solo sabemos que está al sur de la calle Al-Mansur, en una zona de alta densidad de población y que también ha recibido su propia tanda de bombardeos. La familia Saado ha perdido dos hermanos jóvenes a consecuencia del terrorismo de Daesh. El primero, Muhammad, fue víctima del terrorismo de los primeros brotes del incipiente Daesh, cuando trabajaba en labores de rescate. El segundo, Bisher, fue degollado en venganza por  su actividad mediática contra la organización criminal.

Por otra parte, tampoco conocemos las coordenadas de Al-Huta, la cavidad natural que Daesh utilizaba para lanzar los cadáveres de sus víctimas, de Raqqa y de fuera, civiles  y combatientes, kurdos y árabes, y que dejó de estar bajo control de Daesh hace varios meses, para lograr la atención del mundo, el de la Coalición, sobre el hecho de que necesitamos ayuda para descubrir el paradero de cientos de desaparecidos que Daesh “arrancó” de entre los suyos.

No sabemos leer coordenadas en los mapas… Eso es culpa nuestra. Pero las presas que han caído en manos de las Fuerzas Democráticas Sirias, con apoyo de la Coalición Internacional, no necesitan coordenadas para encontrarse, y todas se han usado como prisiones. Lo sabemos gracias a los testimonios de las personas de la ciudad que han tenido suerte y han salido vivos de ellas. La prensa internacional también lo sabe, porque se han considerado como lugares potencialmente utilizables para encarcelar a rehenes occidentales, periodistas y activistas. La Coalición Internacional no ha emitido ninguna declaración al respecto de su registro, los datos recabados o los restos allí encontrados. Tampoco han publicado ninguna imagen o prueba, ni han consultado a las familias de los desaparecidos para hacer ningún tipo de investigación.

Daesh perderá “su bastión” dentro de poco, y será una noticia de dimensiones mundiales. Cada derrota de Daesh es una noticia feliz para el mundo, y para nosotros también, pero la pérdida de Daesh de “su capital” no se equipara a la recuperación por parte de los habitantes de Raqqa de su ciudad, con todo lo que ello significa. Una equiparación por la que, quien la señala, es rápidamente acusado de agitar su odio contra el grupo terrorista, incrustado en su vida y la vida de su ciudad. No solo hemos perdido la capacidad de ser partícipes en la batalla de nuestro destino, sino que hemos sido molestos en el sentido de que nuestras familias, casas, intereses, recuerdos y vida estaban en el lugar equivocado, molestando y entrelazándose entre las líneas de coordenadas.

No se nos ve por detrás de la densa red de coordenadas. Apenas se ve la carne silenciosa y molesta. Nació en 2014 y morirá cuando Daesh pierda “su bastión”. No somos carne. Nacimos antes que Daesh. Queremos vivir mucho después de ellos, y queremos vivir con dignidad. ¿Cuáles son las coordenadas de la dignidad?

[1] Shaluhu, literalmente “lo quitaron o arrancaron”, conlleva el significado de que se lo han llevado como si de un objeto se tratase y lo han tirado en algún lugar. Qassuhu, literalmente “lo cortaron”, implica un nivel de violencia muy alto en la expresión, como si se tratara de una hoja cortada de raíz.

sábado, 6 de mayo de 2017

Noam Chomsky desde una perspectiva siria

Texto original: Al-Hayat

Autor: Yassin al Haj Saleh

Fecha: 05/05/2017





No había pasado ni un mes de mi salida de la cárcel a finales de 1996 cuando comencé la traducción del libro Powers and Prospects de Noam Chomsky, el conocido lingüista, activista y crítico político estadounidense. Conseguir libros extranjeros no era fácil para gente como yo en su momento; sin embargo, los padres de un compañero mío que aún estaba en prisión me visitaron pocos días después de mi salida. Pensaron que podía estar interesado en traducir un libro que quizá habían planeado enviar a su hijo, mi compañero, antes de que nos exiliaran a ambos a la terrible prisión de Tadmor a principios de 1996. El compañero Al-Harith al-Nabhan había traducido dos libros de Chomsky mientras estábamos en la prisión de Adra, aunque se publicaron con el nombre de su hermana.

En lo que respecta a nosotros, los presos comunistas, cuyo pilar de identidad intelectual y político se había desplomado mientras estábamos aún en la cárcel, las obras de Chomsky nos transmitían que la lucha por la liberación y la igualdad en el mundo seguía siendo posible, y que quizá la disolución de la Unión Soviética y su bloque nos había quitado un peso en esta lucha. En ello había algo que podía servir para salvar nuestros significados y apuntalar nuestra tropezosa lucha política. Aunque no mucho, pues los escritos de Chomsky se centran casi por completo en EEUU y apenas cubren parcialmente las necesidades de los luchadores pos-comunistas en busca de tierra firme.

Aproximadamente un año y medio después, terminé la traducción en colaboración con otro compañero de cárcel, Safwan Akkash, que estuvo más de 15 años en las cárceles de Hafez al-Asad, de un libro sobre Chomsky: A life of Dissent de Robert F. Barsky. Intentábamos asegurarnos un sueldo mediante la traducción por una parte y por otra, retomar nuestro rol público con los medios disponibles. En la introducción que escribimos, intentamos ligar nuestra desconocida lucha sobre la que hablamos en términos generales, a la lucha de Chomsky en los años sesenta del siglo XX en el seno del movimiento por los derechos civiles en EEUU. En ese momento, el hombre fue detenido durante uno o dos días, y nosotros, ex presos, solo podíamos decir que la persecución que Chomsky había sufrido había sido un mero juego de niños en comparación con lo que sufren los luchadores y la gente común en países como el nuestro.

Nuestra intención no era en absoluto restarle valor a uno de los pensadores más conocidos del mundo. Simplemente queríamos dejar constancia de la diferencia, y quizá buscábamos reconocimiento. Salimos de la cárcel no solo para encontrarnos una realidad en la que el régimen que nos había encerrado durante largos años dominaba, sino también para darnos de bruces con la pérdida de confianza mundial y global en las ideas del socialismo y el comunismo que era nuestro identificador en el momento de ser detenidos. 

Estábamos de veras agotados, sin confianza en nosotros mismos. Buscábamos la fuerza en lo que nos parecía un eslabón de la lucha, que no era en absoluto independiente de la nuestra. Sin embargo, no era así, y conllevaba en cierto modo una aspiración mundial como la que se había derrumbado hacía nada.

El problema es que la obra de Chomsky es apenas reconoce la diferencia y su visión mundial se centra desmesuradamente en EEUU. Sus obras se baten en continua lucha contra las políticas estadounidenses en el mundo, y ven los tentáculos estadounidenses en casi todo. El hombre se opone al papel de EEUU en el mundo desde la perspectiva de que EEUU es una fuerza imperialista dominante sin parangón en el mundo de hoy, y desde la perspectiva de que EEUU es su país. Por eso, piensa ─acertadamente en mi opinión─ en que el deber del intelectual es criticar las políticas de su país en primer lugar, y no, por ejemplo, criticar las políticas del enemigo oficial, como la Unión Soviética en los años de la Guerra Fría.

Es una buena postura, aunque estemos en un mundo interconectado hoy, invitados a asumir una responsabilidad mundial que no se reduce a cuestionar y pedir explicaciones a las élites del poder en nuestros países. Y ello se aplica antes que nadie a los intelectuales estadounidenses y occidentales, dados sus privilegios a la hora de moverse, su gran preparación profesional, su relativa inmunidad y su capacidad de llegar a diversas fuentes de información de forma más sencilla. Sin embargo, Chomsky no se opone al papel de EEUU en el mundo solo porque EEUU es su país, sino porque lo considera la fuerza imperialista con mayor influencia en el devenir del Universo. Eso es lógico, pero su forma de pensar se inclina hacia la negación de la amplia independencia de las luchas sociales y políticas en otros países del mundo, casi doscientos.

La realidad es que no piensa en ese punto. No dice que todas las luchas son una misma contra el imperialismo; sin embargo, su obra parece llegar a una conclusión como esta, más que a certificar la independencia de las diferentes luchas en diferentes países.

En nuestra región de mundo, Oriente Medio por ejemplo, hay actores políticos locales que son la primera fuente de mal, de discriminación, de despotismo, de masacres y del empeoramiento de la vida. Algunos de ellos se apoyan de facto en el apoyo que les brindan las sucesivas administraciones estadounidenses, y muchos otros prefieren cargar los problemas que sufre su país a los estadounidenses; sin embargo, su margen de independencia es amplio en ambos casos. La situación de los palestinos no se comprende sin el firme apoyo que reciben las élites políticas y militares israelíes, pero no se puede negar la responsabilidad de dichas élites en los crímenes que cometen contra los palestinos. Los asadianos en Siria prefieren ligar sus problemas generales a Israel y EEUU, de forma que ellos no carguen con ninguna responsabilidad.

Mientras, no dejan de relacionar sus logros imaginarios consigo mismos en el ámbito de la lucha con esas fuerzas enemigas conspiradoras. En el mundo árabe se dan situaciones extremadamente negativas, en lo político y en lo humano, que no se comprenden de veras si no se tiene en cuenta el papel que juegan las potencias de dominio mundial, especialmente EEUU, a lo largo de tres generaciones. Sin embargo, no es correcto que toda la situación se deba al papel que han jugado. No se puede tampoco inferir la independencia de las luchas en todo caso partiendo de la ideología proclamada por sus élites. En la buena relación de Israel con EEUU no hay nada que niegue la independencia de las instituciones israelíes en sus crímenes. La turbulenta relación entre los asadianos y EEUU tampoco es en lo que se puede uno apoyar para hablar de la independencia de nuestra lucha. La independencia nace de la estructura actual del mundo.

Existe una pluralidad de luchas y unas son independientes de otras. No existe además un modelo de determinismo mundial que determine su dependencia de una única lucha central. Se trata de una lucha contra el imperialismo estadounidense, aunque no digamos que el concepto heredado de imperialismo, que lo imagina como una perla escondida en algún lugar de EEUU, tal vez la Casa Blanca, tiene una utilidad limitada. Y hoy nos encontramos ante un sistema de relaciones internacionales que niega el derecho de los habitantes a decidir su destino, un destino que las élites locales reproducen según su interés. La relación de la élite asadiana con el común de los sirios, por ejemplo, es más parecida a la relación de Israel con los palestinos, a quienes niega la propiedad de sus tierras y la decisión de su destino. Igual que la relación colonial entre los colonos y los colonizados. Podemos diferenciar entre imperialismos centrales e imperialismos periféricos, pero no entre imperialismos e imperialismos. Lo mejor, en mi opinión, es trabajar para cambiar el paradigma en su conjunto.

La cuestión no se reduce a que Chomsky no nos sirva para eso, sino que parece que ese antiimperialismo desarrolla las luchas imperialistas que le conciernen, cuando tiende a ver todas las luchas del mundo desde la perspectiva de una única gran lucha que lo pone a él mismo y sus semejantes contra el establishment. Ese modelo de “expansión imperialista” nos deja a los realistas bajo el dominio de las mafias locales asesinas invisibles y cuya voz no se escucha.

Y parece que la postura de Chomsky en relación a la revolución siria nace de su antigua perspectiva imperialista, que niega la autenticidad y la independencia a nuestra lucha. El pensamiento del hombre se ha mantenido centrado en la alta política y los grandes actores, al acecho del papel estadounidense, con una tendencia clara a fijarse en los estadounidenses que desean la caída del  régimen asadiano y no al revés. Ello oscila entre una simplificación que nace del envejecimiento de la perspectiva, y el craso error. Chomsky coincide con la izquierda mundial y la derecha y el centro en la demonización de los yihadistas, uniéndose con ello a un consenso asfixiante que no precisa de otra cosa que personas como él, y que tiende a considerar a los revolucionarios sirios en general como yihadistas. En cuanto al régimen asadiano, lo ve como el rival de ese mal absoluto, y reprocha a los estadounidenses que no se oponen lo suficiente a los yihadistas. Si lo hicieran, no estarían en contra del régimen asadiano que los combate en su opinión (y contra los iraníes). Esto trasluce los problemas del centralismo de Chomsky de forma temprana. Desde su posición estadounidense, no ve cómo la fuerza principal del mal sin parangón en Siria es el Estado asadiano y que el cambio positivo en Siria es imposible sin cerrar ese capítulo. Es cierto que el hombre ha calificado a Bashar de bestia, pero lo dijo para luego centrarse en otra cosa que para él es lo importante. Error. Lo importante y lo más importante es que Bashar al-Asad (como nombre de un régimen, su élite y una relación política) es una bestia y un asesino. El resto de cosas, incluidos Daesh y Al-Qaeda son secundarias. El mundo entero estará con nosotros contra los yihadistas si nos deshacemos del asesino principal que 
gobierna el país y lo posee desde hace cerca de medio siglo.

Durante seis años y medio desde el inicio de la revolución, ha quedado claro que Chomsky no sabe nada de valor en relación a Siria, ni de su sociedad, ni de su vida política, ni de su historia, y se basa en fuentes en absoluto merecedoras de respeto, como Patrick Corbin y Theodor Postol (que niega la responsabilidad del régimen en la matanza química de Jan Sheijún), y que está lejos de la consistencia ética y política en relación a la cuestión siria, como ha quedado claro en los intercambios de correspondencia que ha mantenido con él y publicado Sam Chales Hamad recientemente. Esto no es una deficiencia personal, sino que está ligada con la visión del conocido pensador estadounidense. Desde esa perspectiva imperialista, ni somos vistos ni prácticamente existimos.

Chomsky fue un pilar para nosotros a la salida de la cárcel tras una primera vuelta de lucha social y política en nuestro país, aunque no parece que él supiera nada de nosotros en ningún momento. Hoy no puede decir nada claro ni útil de la segunda vuelta de la lucha, mucho más grande que la anterior, y que es lo más importante que sucede hoy en el mundo. Sin embargo, nosotros sabemos hoy que nuestro pilar es esta ingente lucha en sí misma, y que la independencia de nuestra lucha de los grandes planes imperialistas de crear imperialismos inversos es el pilar más firme para nuestra aspiración de liberar nuestro país asolado y hacerlo independiente.  No hay otro pilar.

viernes, 28 de abril de 2017

Sobre mi viaje a la ciudad de la que huyó la vida: Jan Sheijún



Texto original: Rassef 

Fecha: 13/04/2017

Autor: Karim Shahin


Jan Sheijún parece una ciudad sin vida.

Es como si estuviera habitada por fantasmas desde que fuera bombardeada con gases venenosos la mañana del martes de la semana pasada, entre los que es probable que se encuentre el gas sarín. Más de ochenta personas perdieron la vida debido a ese salvaje bombardeo.

El ataque químico, el más atroz desde el inicio de la guerra en Siria solo por detrás del bombardeo químico de la zona de Al-Ghouta en 2013, provocó un cambio en la política estadounidense hacia Siria, después de que la administración de Donald Trump hubiera dicho que no veía la necesidad de que Bashar al-Asad se marchara.

Visité la ciudad de Jan Sheijún el jueves pasado, 48 horas después del bombardeo químico. Atravesé 140 kilómetros desde Turquía  hasta la ciudad devastada.

Ningún periodista de agencias extranjeras ha visitado la provincia de Idleb, bajo control de la oposición, desde hace años, debido al peligro de ser secuestrado, por los bombardeos del régimen de Asad y por la expansión de Al-Qaeda, que, tras su unión con otras facciones armadas y el anuncio de la ruptura de sus relaciones con Al-Qaeda, ha pasado a llamarse Hay’at Tahrir al-Sham.

La vida sigue no sin precaución en las ciudades y municipios de Idleb, a pesar de la guerra y los bombardeos aleatorios. La zona rural de la provincia es en primavera una de las zonas más bellas de la tierra: puro verdor se extiende ante los ojos, y los olivos, cerezos, almendros y nogales florecen.

No entré en Ariha o Idleb, pero vi rasgos de vida en otras ciudades, aunque tímidos por el miedo constante a los ataques aéreos. Sin embargo, los indicios de guerra en Idleb no se pueden equiparar a la belleza de su naturaleza, que los supera y grita en voz alta para anunciar su presencia. Las alarmas desde las torres de vigilancia avisan de la entrada de aviones de guerra en el cielo de la provincia apenas cesan durante la mañana.

Un humo siempre visible se eleva hacia el cielo tras los ataques, siempre que miras hacia los municipios de la ruta hacia el campo, lo que invita a pensar en el infierno diario que viven los habitantes de los municipios alcanzados.

Después, desaparecen los pequeños indicios de vida al llegar a Jan Sheijún. Es una ciudad prácticamente abandonada tras la huida de numerosas familias, muchas de las cuales se habían refugiado ahí tras huir de los frentes de la vecina provincia de Hama, y a cuyas casas decidieron volver para enterrar a las víctimas del bombardeo químico.

Primero me dirigí al punto donde se produjo el bombardeo químico, teniendo cuidado de no pasar demasiado tiempo en la ciudad ante la constante vigilancia aérea, lo que aumentaba las posibilidades de que la ciudad fuera bombardeada.

Quise cerciorarme de las declaraciones del Ministerio de Defensa ruso, después de que el régimen sirio afirmase que se había bombardeado un almacén de armas químicas en la ciudad de Khan Sheikhun, lo que había provocado la filtración de los gases y la muerte de las víctimas.

El punto donde había caído el proyectil seguía visible. Era un agujero negro en medio de la calle, en el que había metralla verde. A uno de los lados había edificios de viviendas y en el otro, un almacén y varios silos que se habían usado previamente para la elaboración y almacenamiento de cereales.

Entré al almacén, que seguía estando en pie cuando fui. No encontré nada en su interior más que escombros, y una red para jugar al voleibol, que se veía que no se había usado en mucho tiempo. En los silos no encontré nada más que algo de paja, estiércol y olor a heces de animales.
Uno de los voluntarios de la Defensa Civil (Cascos Blancos) de la ciudad, y otros testigos me describieron cómo se desarrollaron las cosas el día del bombardeo: los aviones de guerra lanzaron cuatro ataques contra la ciudad entre las 6:30 y las 7:00 de la mañana. La Defensa Civil y los vecinos pensaron al principio que eran ataques comunes.

Sin embargo, cuando llegó el primer equipo de Cascos Blancos, en la sede se sorprendieron ante las peticiones de auxilio que recibían por parte de los propios equipos de salvamento, que informaron de que estaban empezando a desfallecer y perder la consciencia. El resto entendió que se trataba de gases venenosos.

Un hombre que vive cerca del punto bombardeado, que dijo llamarse Abu al-Baraa, dijo que cuando salió a la calle se encontró con escenas terroríficas. Las víctimas yacían en el suelo, con los labios azulados, respirando con dificultad y con espuma saliendo de su boca.

Los equipos de salvamento describen lo que vieron como si se tratara del Apocalipsis: niños asfixiados en sus camas, familias que se desplomaron y perdieron la consciencia sobre las escaleras de las casas, en las azoteas y en los sótanos.

Los afectados que seguían vivos fueron atendidos en el hospital de la ciudad, y cuando se llenó y no quedó sitio para recibir a los cientos de afectados por situaciones de asfixia, los que no cabían fueron llevados a hospitales de Idleb y Turquía.

Unas pocas horas después, el hospital de Jan Sheijún y los centros de la Defensa Civil colindantes fueron bombardeados violentamente, lo que los dejó inutilizados, a pesar de haber sido construidos en el interior de un monte de piedra.

Cuando llegué al lugar donde se encontraban el hospital y la Defensa Civil, la entrada no eran más que escombros.

Entré y me encontré un lugar oscuro debido a la falta de electricidad y la destrucción. No encontré armas dentro del hospital, sino aparatos médicos destrozados, medicinas esparcidas como resultado de los bombardeos, un quirófano inutilizable, e inyecciones de atropina para contrarrestar los efectos del sarín y que los médicos no habían podido utilizar debido a los bombardeos y la necesidad de evacuar el lugar.

Tras la visita al hospital fui a casa de la familia Al-Yusuf, que había perdido más de veinte miembros.
Me encontré con Abd al-Hamid al-Yusuf en el umbral del desconsuelo. Es el padre cuya imagen abrazando a sus gemelos, Ahmad y Aya, se hizo viral en las redes sociales. Ambos habían muerto asfixiados tras el ataque químico, con tan solo nueve meses de edad. También su mujer, su hermano, otros familiares y los hijos de sus hermanos.

Abd al-Hamid y su hermano Jaled intentaron ayudar a las víctimas, mientras su mujer e hijos se escondían en uno de los refugios. Sin embargo, el gas venenoso se filtró al sótano, lo que provocó la asfixia de la familia en un lugar que pensaron que sería más seguro. Tuvo una crisis nerviosa cuando descubrió lo que había sucedido.

Cuando lo visité, seguía preso del shock. Llevaba un chándal de color oscuro, que perfilaba su rostro delgado y su barba ligera: en ocasiones se le perdía la mirada lejos, y después volvía para repetir los nombres de sus hijos. Los familiares le recordaban que era importante darse tiempo para asimilar, mientras las lágrimas caían.

Su hermano Jaled sigue enfermo y solo puede llorar cuando recuerda a sus familiares muertos en el bombardeo.

Su primo Alaa Yusuf, que tomó la famosa imagen del padre con los hijos, recuerda el shock de Abd al-Hamid, el sufrimiento de la familia y el momento en que se enterró a los gemelos. Recuerda cómo el padre insistió en abrazarlos hasta que llegaron a las tumbas. Cuando vio a su primo retratando la escena le dijo: “Hazme una foto con estos gorriones”.