Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
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lunes, 31 de julio de 2017

Cartas a Samira (1)



Texto original: Al-Jumhuriya

Autor: Yassin al-Haj Saleh

Fecha: 09/07/2017



Libertad para Samira Khalil
(Diseño: El pueblo sirio conoce su camino)


 
En tu oscuro y largo cautiverio, tal vez, Sammur [1], te preguntes cómo no he podido ayudarte en todo este tiempo. Pensabas que yo podría ayudarte, y ya han pasado tres años y siete meses y sigues rehén de tu celda, sin saber nada de mí, ni yo de ti. Intentaré responder aquí y en sucesivas cartas a todo eso. Tu marido sigue siendo el escritor que no tiene apenas otra “arma” que las palabras. Creías que yo, que nosotros juntos, y que Razan (Zaitoune) teníamos conocidos y contábamos con personas influyentes que quizá podrían haber ayudado. También contestaré a eso.
Pero déjame primero que te cuente lo que ha sucedido en tu ausencia, el porqué de que mi capacidad para ayudarte, y para ayudarme, en esta cruel adversidad, haya sido menor de la que yo mismo esperaba. Supondré, Sammur, que hoy sales de tu mundo de cautiverio y quieres conocer lo que ha sucedido en tu ausencia. Te escribo a fin de que estas cartas ayuden a entender lo sucedido. A la luz de esta intención, es como tú has de leerlas. Eres a quien me dirijo, y a ti te escribo, pero supongo que Razan también las podrá leer, y Wael y Nazem [2], o Fa’iq y Yihad [3], que también han desaparecido como tú en el Estado asadiano, o Firas [4] e Ismael, que siguen desaparecidos en manos de Daesh.

Sabes, Sammur, que llegué a Al-Ghouta a comienzos de abril de 2013. Días después sucedieron dos cosas. Apareció Daesh, tras disociarse de Al-Nusra, y logró atraer a muyahidines de países árabes. Yo mismo vi a uno en Al-Ghouta oriental en su momento, un saudí cuyo nombre he olvidado. Por otra parte, Hezbollah intervino sin ocultarlo para apoyar al régimen en Al-Quseir. Podemos convenir que ese mes comenzó a acumularse una capa de la lucha entre suníes y chiíes sobre la revolución siria. Nosotros -tú, Razan y yo- salimos de Damasco al inicio de una nueva etapa de la revolución siria, que se había convertido, al pasar por esta etapa, en una cuestión internacional llamada “la cuestión siria”, pero aquello no estuvo claro, como la mayor parte de acontecimientos históricos que la gente no ve, hasta un cierto tiempo después. Estaba en Raqqa cuando comencé a ser consciente de que el marco nacional de la lucha siria se había empezado a desvanecer en la segunda mitad de 2012; es decir, un año después de que comenzara dicha decadencia. Nadie hasta el momento había advertido de ello ni había intentado salvar la situación.

Estábamos en Al-Ghouta los tres, Sammur -tú, Razan y yo- cuando tuvo lugar el golpe de Al-Sisi contra el presidente elegido, Muhammad Mursi, de los Hermanos Musulmanes. Al-Sisi cfue aupado por un verdadero clamor popular, pero Egipto se ha convertido en una fortaleza de la contrarrevolución en la zona tras dicho golpe, y en un apoyo para el dominio asadiano.

Razan y tú estabais en Duma y yo en Raqqa cuando tuvo lugar la masacre química. Razan cubrió la masacre con dos informes emitidos por el Centro de Documentación de Violaciones y tú fuiste testigo directo que informaba mediante publicaciones en Facebook. Wael y Nazem estaban aún en Damasco. No hubo testigos como vosotras dos: dos mujeres laicas, de fuera de la zona, con una historia de oposición al régimen, que hablaban con gran claridad sobre el crimen, los acontecimientos, los responsables y las víctimas.

En su momento estaba escribiendo, por petición de un bufete de abogados egipcio, un largo artículo sobre la trayectoria de la revolución siria y su destino tras dos años y medio desde su inicio (el artículo, Sammur, está en mi libro “La revolución imposible”, que se publicó en la primavera de 2017, dedicado a ti y a Siria). Durante un tiempo, Sammur, pareció que el régimen por fin sería castigado por sus crímenes, e introduje dicha posibilidad como una de las que podían darse en aquel momento. Sin embargo, según iba escribiendo el artículo, las cosas fueron indicando cada vez menos que el régimen fuera a ser castigado. El entonces secretario de Estado estadounidense, John Kerry, declaró en Londres, durante la primera semana de septiembre, que si se atacaba, sería un ataque pequeño apenas perceptible. Aquello fue alucinante. ¡Los que se han autoproclamado defensores del Derecho Internacional estaban informando a un criminal que había violado ese derecho que tal vez se verían obligados a castigarlo, pero le tranquilizaban diciéndole que no le harían demasiado daño, ni afectarían a sus capacidades de seguir cometiendo crímenes! No había pasado ni una semana cuando se pusieron de acuerdo con los rusos para que el régimen entregara sus armas químicas a cambio de su seguridad. El régimen cuya seguridad, y especialmente la seguridad de su capacidad de matar, eran lo más preciado que tenía, entregó una gran parte de su arsenal. Los estadounidenses dieron fe de su buena disposición durante la entrega de esas armas. El problema del sistema internacional con el gobierno de Asad era la violación del derecho de los fuertes, y no del de los débiles. El régimen comprendió el trato, y acertó de pleno: podía matar a sus gobernados por cualquier medio, salvo las armas químicas. La verdad es que entendió que podía matarlos incluso con armas químicas (de las que se guardó cantidades que pueden ser grandes, a sabiendas de que EEUU querían engañarse en eso) a condición de que no hiciera demasiado ruido y avergonzara a los estadounidenses que sabían más que nosotros. 

Sammur, el régimen en efecto ha utilizado gas cloro en sus ataques a varias zonas desde el pacto químico que parece que fue una inspiración venida de Israel, según uno de sus ministros. No solo cloro, sino también sarín. El pasado mes de abril el régimen bombardeó Jan Sheijún con esa sustancia, dejando cerca de 100 víctimas. La administración Trump (Donald Trump es el presidente estadounidense elegido después de Obama, y es oficialmente un animal, aunque lo mejor que haya hecho hasta hoy sea describir a Asad como un animal) respondió. ¿Cuál fue la respuesta del animal estadounidense a nuestro animal? Bombardeó el aeropuerto de Shayrat desde donde habían despegado los aviones que bombardearon Jan Sheijún, no sin antes avisar a los rusos y que ellos, naturalmente, avisaran al régimen de inmediato. Seguro que te dan náuseas y no pasa nada: acabamos de empezar. Lo mejor es que consigas superar esa sensación, Sammur. Parece que las pérdidas del régimen tras el bombardeo estadounidense se han limitado a lo material.

Sabes, Sammur, que el régimen aumentó el uso de barriles explosivos tras el pacto químico, pero yo vi, con mis propios ojos, como se suele decir, barriles que caían desde helicópteros sobre Raqqa en agosto y septiembre de 2013. Dichos barriles tenían paracaídas que ralentizaban su caída. No sé para qué, ni sé si todos los barriles son así. Lo terrorífico de su caída es que no puedes adivinar dónde caerá, ni cómo protegerte.

Tú, como yo, Sammur, escuchabas -y muy probablemente leías antes de desaparecer- cosas sobre el grupo de Amigos de Siria, un grupo de países que se suponía que ayudarían a los sirios fuera del marco de la ONU que Rusia y China habían paralizado con su veto en el Consejo de Seguridad. Aquellos fueron los últimos días que escuchamos hablar de ellos. Los estadounidenses los llevaron a la muerte y su compromiso con el pacto químico de inspiración israelí fue más fuerte que cualquier compromiso con los sirios o los principios de justicia.

Poco después, antes de terminar septiembre de 2013, Sammur, sucedió otro acontecimiento: Liwa’ al-Islam (la División del Islam), la formación que conoces en Duma, subió de escala y pasó a ser un ejército. Tienen lazos con Arabia Saudí, que les proporciona apoyo económico; la misma Arabia Saudí que a finales de 2012 había intervenido, por orden de EEUU, para que los combatientes no entraran en Damasco cuando el ritmo liberador estaba en pleno auge y derrocar al régimen era posible. El Ejército del Islam era, en el mejor de los casos, un elemento de la lucha suní-chií, y no de la revolución siria; en el peor, una fuerza local de horizonte limitado que se piensa como algo libre en una república o emirato independiente, apoyado en un promotor regional que, a su vez, carece de independencia.

Estábamos preparando tu salida de Al-Ghouta a Damasco, Sammur, y teníamos a amigos trabajando en ello, entre ellos, el fallecido Mahmud Mudallal (Abu Murshid). ¿No sabías que lo habían matado? Desgraciadamente, se nos fue en abril de 2015, tras un ataque doble sobre Harasta (Damasco). El régimen bombardea la zona, y después, cuando los equipos de rescate se reúnen, lanza un segundo ataque. Abu Murshid se nos fue, y se reunió con su hijo mártir, Sammur.

¿No sabías que Abu Saíd también había muerto? ¿Te acuerdas de él? Pasamos una velada en su casa en Mliha poco después de que vinieras, en mayo de 2013. Abu Saíd fue quien me hizo un carné de identidad falso. ¿Recuerdas?

¿Tampoco sabías que Abu al-Izz había muerto? Tal vez no te acuerdes de él. Iba de camino a Jordania, y parece que cayó en una trampa con otros compañeros.

Se nos han ido los mejores jóvenes, Sammur.

Tenía intención de escribirte solo sobre lo sucedido desde que no estás, pero quizá era necesario recuperar estos acontecimientos como introducción.

Te contaré más en otra carta. Solo te ruego que te cuides.

Besos, corazón mío.

Yassin

[1] Sammur es el apelativo cariñoso que utiliza Yassin al-Haj Saleh para dirigirse a su mujer, autora del libro "Diario del Asedio a Duma 2013" editado por él mismo en su ausencia y disponible en castellano gracias a Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.
[2] Los cuatro conforman el grupo de secuestrados el 9 de diciembre de 2013 en Al-Ghouta, en los alrededores de Damasco. Se les conoce como los “Cuatro de Duma” o “Douma Four”.

[3] Amigos de la pareja.

[4] Firas es hermano de Yassin al Haj Saleh.

viernes, 3 de abril de 2015

¡Cuán parecidos son ayer y hoy!



Texto original: Syria Untold 

Autor: Rateb Sha’bo

Fecha: 29/03/2015


 
"No a los takfiríes.
Volved a Afganistán.
Habéis destrozado la revolución"


Desde que las armas tomaron el control de la resistencia pacífica de la revolución siria, no han dejado de sucederse las predicciones desde ambos bandos de la lucha sobre la proximidad del final; cada uno afirmando que este sería a su favor. Dichas predicciones se vienen repitiendo desde hace tres años, pero siempre acaban siendo frustradas, y así seguirá siendo lo más probable, porque la situación en Siria ya no permite un final decisivo, pues ninguna parte tiene un control real sobre la lucha, y el contexto político y militar no se desarrolla a favor de uno u otro.

Las fuerzas islamistas extremistas encabezan el enfrentamiento contra el régimen gracias a su potencial militar, unas fuerzas que se encuentran en la misma situación de bancarrota política que el régimen. Si el horizonte político del régimen no se sitúa más que en el retorno de los sirios a la situación contra la que se levantaron (algo que no puede hacer), el de las fuerzas militares activas sobre el terreno no supera la promesa de un despotismo islámico que no tendrá razón de ser en Siria. Ambos bandos activos e influyentes sobre el terreno se apoyan en su “legitimidad” militar y no política. Ambos apoyan su delgadez política en un fuerte brazo militar, el mismo que ha desterrado y aplastado a los revolucionarios sirios que tenían legitimidad política y que se han desperdigado por el mundo. Las fuerzas con legitimidad política no se reunieron en Siria más que al principio de la revolución, y por eso su revolución tropezó después, a la par que tropezaron los que la portaban.

Más allá de eso, el volumen del capital político exterior que ha sido invertido en esta lucha tampoco permite que termine, aunque se interviniera directamente para apoyar a un bando retrógrado como sucede hoy en Yemen.

Con la evaporación de la energía revolucionaria y la caída del pueblo sirio a un fondo que se ha convertido en el eco de la “continuación de la ola de la primavera árabe” para el resto de pueblos árabes, la lucha siria toma su energía hoy del exterior. Con ello me refiero a los que han seguido en otros Estados o regiones del mundo intentando lograr sus intereses en este país que se ha convertido en un mercado abierto a las políticas de todo Estado que tenga alguna aspiración.

Esto no es nuevo, y era lógico presumirlo con la militarización de la revolución y la entrada de las fuerzas de organizaciones islamistas extremistas en escena. Lo nuevo, no obstante, es llamar revolucionarios a quienes tienen la misma relación con la revolución que los leñadores con la botánica, como dice un amigo inteligentemente. Eso es lo que ha deformado en la realidad y en la conciencia el concepto de revolución, y ha reforzado la extrema y estéril polarización de la sociedad.

Cuando uno observa hoy el cuadro sirio, a la luz de las transformaciones regionales e internacionales, busca un horizonte liberador en que dejar descansar a su optimismo; pero no lo encuentra. Las fuerzas opositoras no islamistas están entre la espada y la pared: el régimen y las fuerzas islamistas extremistas. Algunos ven en Irán una fuerza de liberación, y otros esperan que algo bueno venga del despertar saudí. Lo triste y llamativo es que esta situación es la misma que vimos en Siria en los ochenta del siglo pasado, con el estallido del enfrentamiento entre el régimen sirio y los Hermanos Musulmanes, sin que la realidad política haya registrado ningún progreso de la izquierda o los laicos no despóticos. Siempre han sido incapaces de crear una fuerza independiente y activa, por lo que no tienen otra opción, cuando la lucha se encarniza, que ponerse de parte de uno de la espada o de la pared, ninguna de las cuales valora en absoluto los objetivos políticos liberadores.

En realidad, la polarización de la izquierda siria hacia uno u otro no entra en el mapa de alianzas, pues una alianza exige una capacidad mínima de mantener la propia independencia; en caso contrario, la parte débil de la alianza acaba siendo un apéndice y no un aliado. Así, vemos que el sector de izquierdas sirio que ha elegido, por la razón que sea, ponerse de parte de este u aquel, no puede independizarse o hacer una crítica seria a su “aliado”, así como participar en el diseño y delimitación de sus políticas. En consecuencia, cada sector queda a expensas de las políticas de su “aliado” fuerte, sin poder desmarcarse. Esto significa que la política de “alianzas” (que no es más que una mera anexión, repito) anula la independencia de la izquierda, y la responsabiliza de sus actos y políticas del bando con el que han elegido “aliarse”, sin conseguir ningún logro político. El único cambio posible, que ya tuvo lugar hace décadas, durante los sucesos de los ochenta del siglo pasado en Siria fue el aumento de teorías que buscaban justificar la “anexión” a la espada o la pared, como si estuviera prohibido que los laicos demócratas sirios formaran una fuerza independiente.

Si la victoria de la revolución en Siria,  y en otros países árabes, depende de las fuerzas de la izquierda laica y demócrata, la política de “alianzas” izquierdistas con el régimen o los islamistas supone asesinar a la revolución. Y la pregunta sigue siendo: ¿dónde radican las razones que hacen que la izquierda siria esté siempre dividida y, por tanto, algunos consideren que “la espada” les es más afín que la pared?

martes, 23 de diciembre de 2014

Los fundamentalismos y los valores morales



Texto original: Al-Quds al-Arabi
 
Autor: Elías Khoury

Fecha: 22/12/2014




El 29 de junio (de 2014) se anunció el nacimiento del Estado Islámico, y se rindió pleitesía a Abu Bakr al-Bagdadi, como primer califa de los musulmanes tras la desaparición del califato Otomano el 29 de octubre de 1923. El nuevo Califa, inauguró su era con un célebre discurso en la mezquita Nur al-Din al-Zangui de Mosul en que comenzaron a perfilarse los rasgos del nuevo Estado, que recuperaba “un legado” resucitado de entre los escombros de la historia y que nos ha devuelto a los días del cautiverio, la crucifixión y la decapitación, donde la sangre se mezcla con la jurisprudencia del matrimonio y el concubinato, y donde dominan nuevas costumbres, como la prohibición de fumar o la lapidación de adúlteras.

El Estado Islámico apenas tiene seis meses, pero nos parece que existe desde hace mucho. Es una de las pocas veces en que el tiempo de detiene y reduce su velocidad hasta el punto de desvanecerse. Y es así donde reside el atractivo del Estado de Al-Bagdadi: se trata de un Estado capaz de surcar el tiempo hasta el punto de que el pasado se convierte en presente, un presente que recupera un pasado que no pasa.

El Estado de Al-Bagdadi se enmarca en un contexto de expansión torrencial del fundamentalismo que comenzó con la guerra de los muyahidines afganos y su aliado estadounidense contra la ocupación soviética. Un fundamentalismo que llegó a uno de sus cúlmenes con la revolución iraní de Jomeini antes de asesinar los levantamientos populares árabes y vaciarlos de su sentido, para convertirse con sus dos ramas suní y chií en un instrumento de guerra abierta entre esos dos grupos, una guerra que aún está en sus terribles inicios.

Pero, ¿de dónde viene esa ‘magia’ que se inició con la conocida imagen de Osama Bin Laden sobre su caballo después de la matanza de las torres del World Trade Center en Nueva York, y que terminó con la imagen de Abu Bakr dando un discurso en el mihrab de la mezquita, con un reloj de Rolex? ¿Qué relación hay entre el caballo y los aviones que provocaron el derrumbe de las dos torres estadounidenses, y entre el Rolex y la imagen de la esclavización de las mujeres yazidíes?

En la compleja relación entre el caballo y los aviones, o entre los beduinos y la tecnología, se esconde solo la mitad de la historia, la historia del salto a un tiempo posmoderno, un tiempo en que se destruyen lo valores y los significados, y donde la tecnología moderna se convierte en un mero instrumento vacío de significados. En este sentido, podemos entender la serie de imágenes hollywoodienses de las películas propagandísticas que emite el Estado Islámico en el tiempo de la “administración del salvajismo” que están instaurando según los principios de Abu Bakr al-Nayi [1]. O también podemos entender esta obsesión sexual que mezcla la violencia de la decapitación y el derramamiento de sangre con la violencia de la violación, el cautiverio y la esclavitud femenina, como si estuviéramos ante una película pornográfica que cambia el desnudo por el niqab, y da rienda suelta a la obsesión sexual en medio de la violencia.

La destrucción de los significados es resultado del desplome del Estado civil que el despotismo convirtió en un Estado salvaje, como resultado de un neoliberalismo descontrolado que destruyó las clases medias y empobreció a la sociedad. Ello hizo que el nuevo conjunto de valores que domina en esta terrible y salvaje situación sea el recurso a una explicación más retrógrada de la religión, que mezcla a Ibn Taymiyya con un wahabismo renovado, bajo el manto del Califa, la otra cara del despotismo.

La otra mitad de la historia es la total decadencia del Estado securitario, al haber eliminado el Estado despótico los valores éticos y sociales en el festival de locura colectiva iniciado con el delirio de Gaddafi al declararse escritor y filósofo, pasando por la fuerza y crueldad dementes de Saddam -que además publicó novelas-, hasta desembocar en la obsesión asadiana con las estatuas del dictador que permanecerá “más allá de la eternidad”. Esto ha venido acompañado de la libertad de la que gozan las bandas relacionadas con el poder, carentes de escrúpulos morales, y que hacen que la ley pierda todo su sentido: las cárceles se han convertido en cementerios, y la sociedad en su conjunto ha sido violada: hombres y mujeres. Un vacío ético, y un empobrecimiento total que empujaron a los sirios y las sirias al inicio de su revolución a elevar el lema “Soy un ser humano, no un animal”.

Los nuevos fundamentalismos han llegado en la era de la posmodernidad y han vuelto a instaurar el vacío y el empobrecimiento en la forma de una hegemonía religiosa erigida sobre la idea de la erradicación total, pero que se enmarca en un imaginario que supone la resurrección del pasado de su largo letargo, considerando que las sociedades árabes son sociedades descreídas o herejes.

Cuando unimos ambas mitades de la historia, comenzamos a comprender esta trayectoria de decadencia absoluta que vive el Levante árabe hoy en la oscuridad de esta noche que solo ilumina un leve halo de luz tunecino, que ojalá no se apague, para que los árabes no se ahoguen en la oscuridad más absoluta. Pero el unir ambas mitades no exime a las élites culturales árabes de su responsabilidad en esta decadencia. Es cierto que la máquina de represión despótica ha golpeado a la sociedad civil sin piedad, y que ha logrado, por medio de la conjunción del despotismo y los petrodólares, dominar el ámbito mediático, antes de alargar su dominio hoy sobre el ámbito cultural. No obstante, también es cierto que las élites árabes, especialmente las de izquierdas y las democráticas, no han sido conscientes de la magnitud del peligro de esta etapa y no han podido desarrollar nuevos valores sociales, políticos y éticos.

Qué ingenua parece hoy la ola literaria que pretendía difundir la literatura de lo obsceno y el retorno al legado pornográfico árabe, insistiendo en la “ideología del cuerpo”, y a defender un erotismo tradicional, sin horizonte alguno de pensamiento o moralidad. Qué ingenuos parecen también los apresurados intentos de arraigar las artes visuales, cuyo objetivo era deslumbrar al público y a uno mismo. Al-Bagdadi ha traído en un único molde la violencia, el sexo y la religión, y los vídeos de asesinatos, decapitaciones, cautiverio y destrucción se parecen hoy a una serie de televisión que atemoriza y deslumbra, ofreciendo un aumento espiritual de los instintos.

La pregunta que me atormenta es cómo la gente puede soportar esta realidad que les ha sobrevenido. Algo increíble pero cierto: una vida insoportable que se soporta, y una humillación sin clemencia que se aguanta. Eso es lo que sucede cuando la historia se vuelve contra los pueblos y se ríe de ellos, pues la realidad es un monstruo que necesita quien lo eduque, porque si no, acaba con nosotros. Hoy nos acecha, y debemos despertar del letargo  del miedo y la impotencia, antes de que nos acostumbremos a esta oscuridad. 

[1] Véase este artículo para comprender el significado de esta expresión.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Para que no nos vuelvan a aplastar

Texto original: Al-Jumhuriyya

Autor: Editorial de Al-Jumhuriyya

Fecha: 05/09/2014


"Asad y Daesh son lo mismo"



Nosotros, los opositores laicos al régimen asadiano y rivales de los islamistas, fuimos aplastados dos veces a lo largo de dos generaciones. No pudimos defendernos en ninguna de esas ocasiones, y fue muy fácil para los agresores -el régimen primero (durante los ochenta del siglo pasado), y después el régimen y los islamistas-, aplastarnos y destruir nuestra causa. La falta de capacidad económica y el hecho de estar desarmados no hizo las cosas más fáciles, como tampoco nos las facilitó el no invertir en nuestros puntos fuertes: la innovación cultural y social. La realidad es que nuestra innovación fue limitada, ya que nos limitamos a abrazar doctrinas ya preparadas, nos entretuvimos con imitaciones improductivas, tratamos con la cultura como un campo secundario al que dedicábamos solo parte de nuestro tiempo y nuestra pasión, la convertimos en un signo de distinción frente a otros ciudadanos, y nos desprendimos de los valores liberadores en favor de los partidismos y las consideraciones dependientes cortas de mira.

En definitiva, no logramos apenas renovar la cultura o hacer de la nueva cultura una fuerza social llamativa, que se dirigiera a las fuerzas sociales que hoy están desperdigadas: la “sociedad trabajadora”, esa que se levantó en revolución y se expuso más que nadie a las detenciones, los asesinatos y los desplazamientos forzados, desligándose aquellos que quedaron por falta de una visión de conjunto. La sociedad trabajadora la conforman los amplios sectores de sirios que viven de su trabajo, su producción y su conocimiento, y no del pillaje, la extorsión, las rentas o su relación con partes extranjeras. Son los sectores que se han expuesto al pillaje y la explotación sistemática por parte del régimen asadiano y sus semejantes islamistas. También son los sectores cuyos intereses se corresponden con la liberación social y política, y con una nueva Siria liberada.

La sociedad trabajadora no pudo defenderse solo con las armas de la cultura frente a los agresores armados del régimen asadiano y los grupos salafistas armados esparcidos hoy por el territorio sirio. No se puede dejar de defenderse a uno mismo y a la sociedad con armas. Nos aplastaran siempre si no logramos defendernos a nosotros y nuestras causas, que son la libertad y la igualdad en Siria y los sirios, por la fuerza. No solo porque nadie nos va a defender, sino porque nuestra experiencia en la lucha que se está librando ahora concretamente dice que estaremos en el lugar de la víctima siempre, sin que el sacrificio tenga mucho valor y sin que nuestra causa avance demasiado, salvo que logremos aunar la cultura como factor influyente y la capacidad material, incluidas las armas, cuando la situación lo exija… Y lo hará.

Nos detuvieron, nos torturaron, nos asesinaron, nos echaron de nuestras casas, destrozaron nuestras vidas y nos maltrataron. Y seremos parte en el crimen contra nosotros mismos si la producción de significados, ideas, y valores estéticos y morales sigue siendo tan modesta, y se mantiene la dispersión e incapacidad de organizar nuestras fuerzas. Y lo mismo sucederá si nos mantenemos aislados y hacemos de la cultura una alternativa a la fuerza política y una justificación para abstenernos de la autodefensa y para aislarnos de la Siria trabajadora. Ambas cosas son necesarias y vivas por igual: la cultura de la liberación y los valores liberadores. Son lo que organiza la fuerza material para lograr el objetivo de la liberación general. Por su parte, la fuerza es la que sirve para la autodefensa cuando la ausencia de la misma supone el exterminio, el secuestro, la detención, la tortura, el asesinato y la emigración forzada, tal y como vamos aprendiendo de las experiencias vivas.

Ello exige un levantamiento contra las costumbres y la educación mental y política que se ha recibido durante treinta años, esas que indujeron la separación entre la cultura liberadora y la fuerza material, y que hicieron de tal separación su propia seña de identidad e identidad misma, sin ser conscientes de que con ello se hacía del abandono de la política una definición de sí mismas. El eslabón de unión es, nuevamente, la sociedad trabajadora siria. Una sociedad que exige que trabajemos para insertarnos en ella y organizarla para que defienda su vida y su patria. Nadie librará nuestra batalla si no lo hacemos nosotros mismos. Por su parte, los shabbiha (matones, secuaces) de la religión y el Estado solo verán en nosotros a aquellos a quienes humillar si no logramos defendernos e imponernos como una fuerza activa.

Eso es lo que creemos que necesita nuestra sociedad para romper esta polarización suicida entre dos fuerzas salvajes, ambas al margen de los valores humanos y patrióticos, para abrir la veda a otra opción, la opción de la liberación general, que a su vez limitará la dispersión de un amplio sector de los sirios que se han rendido hoy a la frustración y la ironía, esterilizándose a sí mismos y desaprovechando toda la fuerza que tienen y que no puede descartare para volver a ser dueños de nuestro país. El refuerzo de este sector y su conversión en un bloque o polo patriótico efectivo es la alternativa a la dispersión y la rendición, de las que solo se benefician los shabihha y los contra-shabbiha [1].

Somos conscientes de que ello necesita años de esfuerzo organizado y diligente y que es precisa una ruptura con el espíritu egoísta que ha definido a una generación entera de intelectuales y activistas. También exige una ruptura mental, emocional y política con las formas degeneradas de actividad pública, que solo atraen a los corruptos, los lacayos, los prevaricadores y los chaqueteros de la Coalición y el resto de formaciones opositoras.

Nuestro país está pasando por una tragedia histórica sin igual desde tiempos remotos, y no solo desde la creación de la entidad siria hace algo menos de un siglo. La mitad de los habitantes han tenido que abandonar sus casas y otros tantos,o incluso más, son refugiados fuera del país, mientras que las aguas del Mediterráneo se han tragado a cientos de ellos en los últimos meses. Cerca de 200.000 sirios han muerto y unos 15.000 de esos lo habrán hecho bajo tortura. Homs, Daraa, Alepo, Deir Ezzor, Raqqa, Dariya, Muaddamiyya y Al-Ghoutta Oriental han sufrido una ingente destrucción. 

Además el país en la trampa de una familia criminal que se lo ha entregado a Irán y sus secuaces sectarios en Líbano e Iraq, mientras que por otra parte se ha infestado de formaciones religiosas armadas, cuyas acciones carecen de toda dimensión liberadora o patriótica, entre las que destaca Daesh, como mezcla de colonialismo invasor, locura religiosa y purga étnica. El futuro inmediato no parece augurar más que nuevas masacres, una mayor división y odios mucho más profundos y determinantes.

Pero por encima de todo eso, el mundo y los organismos internacionales han permitido que la matanza continúe durante tres años ymedio, y parece que seguirán "gestionando la crisis" para que Siria se convierta en un desastre humano, y en un ejemplo elocuente que aclare a los ciudadanosde la zona y del mundo los peligros de las revoluciones y de rebelarse contra los gobernantes.

Esta última dimensión, la connivencia de las potencias internacionales con el asesino y el abandono de los sirios agredidos sin apenas armamento con que defenderse, habiéndosele reconocido al régimen la posibilidad de matar por todos los medios –excepto las armas químicas-  es una experiencia que los sirios no podrán olvidar u obviar en el proceso de conformación de fuerzas patrióticas que unan los valores liberadores, el peso social y la fuerza material por un lado, y la cultura y la mayoría de la gente por otro. Más aún, será necesario que pongamos énfasis en esta experiencia en nuestra cultura y la convirtamos en una energía positiva para el trabajo futuro, sin caer en un aislamiento resentido con el mundo. Al contrario, tenemos compañeros excepcionales en otros lugares, que son un apoyo muy importante para nuestra lucha, y tendremos que conseguir nuevos compañeros.

Si no queremos que nos vuelvan a aplastar, debemos ponernos a trabajar. Nuestros aliados son el pensamiento innovador, la independencia, la dignidad personal y patriótica y la dedicación al trabajo. Los islamistas tienen las armas, que cuentan a su vez con el sectarismo, el odio, el salvajismo y la desesperación; nosotros tenemos la innovación, la libertad y la esperanza. Con tal preparación, las experiencias pasadas de dos generaciones y la existencia de un sector sirio sin lazos organizativos que se mueve hacia la acción y la cohesión, se supone que hemos de ser capaces de formar un bloque socio-político en poco tiempo. La fuerza material vendrá después de la fuerza social y política.

Dentro de cuatro años exactamente nuestro país cumplirá un siglo. Es un momento perfecto para que hayamos progresado en la representación intelectual y cultural de nuestro país, y hayamos avanzado en el camino de su representación política, además de haber logrado dar pasos en el camino de la recuperación de nuestra causa de manos de dos tipos de asesinos.

[1] Los secuaces del régimen y los islamistas, enfrentados entre sí.