Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
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martes, 12 de junio de 2012

En las cercanías de la guerra siria

Texto original: Al-Hayat

Autor: Yassin al-Hajj Saleh

Fecha: 10/06/2012



Sorprendentemente, pero tampoco tanto, Bashar al-Asad reconoció que las actividades armadas contra su régimen habían comenzado en el pasado mes de Ramadán; es decir, cuatro meses y medio después del inicio de la revolución siria. Está equivocado: la realidad es que los albores de la resistencia armada aparecieron antes, pero no se convirtieron en una dimensión principal de la lucha siria hasta aproximadamente dos meses después de Ramadán (agosto de 2011).

Pero Ramadán, de hecho, fue el inicio de una nueva etapa en la revolución, que se distinguió por la ocupación militar del país, después de que manifestaciones de cientos de miles de personas salieran en Hama y Deir Ezzor. A principios de febrero de este año, tras el veto ruso y chino, el régimen inauguró en Baba Amro (Homs) la tercera etapa, la etapa del terrorismo y las masacres colectivas. Al mismo tiempo, esta etapa es la de la expansión de la resistencia armada en distintos puntos del país, incluidas la mayoría de ciudades de la periferia de Damasco y sus barrios.

Sin embargo, estas tres etapas entran en un marco principal que va tomando el cariz de una “cuestión siria”: el marco de la revolución. A pesar de las múltiples injerencias exteriores, la lucha en Siria se ha mantenido hasta hoy básicamente siria. En ella, los sirios que aspiran a un cambio del régimen político en su país para lograr una mayor libertad y justicia, se enfrentan con un régimen despótico conocido por su violencia, corrupción y la decadencia de su “élite” dirigente. Hoy, tras quince meses de revolución, aparecen los signos de una nueva etapa: la etapa de la lucha siria.

En Siria hay una guerra desde que estalló la revolución, que es además una guerra civil. El régimen decidió desde el primer momento enfrentarse a la revolución por medio a guerra y no haciendo uso de la política. La guerra no tardó mucho en producir su otro bando, que es la variopinta resistencia armada cuyos integrantes se calcula hoy que rondan los 50.000. El régimen también fue el primero en beneficiarse de la ayuda material exterior –militar, técnica y de inteligencia, y puede que hasta humana- de Rusia, Irán y otros. Durante meses, en contrapartida, la resistencia armada se basaba en armas individuales sencillas, cuya fuente de aprovisionamiento eran los arsenales del ejército sirio. Lo que es seguro es que quien luchó y empujó a la guerra, y quien se comportó según la lógica del clan privado y no del Estado público fue “el régimen”. Esto no sorprende en absoluto: la revolución simplemente salió a la luz.

Pero la revolución siria no es esta lucha armada entre los sirios en su propio país, sino una situación que se trasluce en el horizonte cercano y en el que se entremezcla con un enfrentamiento sectario abierto y con formas claras de intervención exterior, al estilo de lo que sucedió en la guerra libanesa poco después de su inicio. Las masacres que han tenido lugar desde Karam al-Zaytoun no son hechos aislados, sino una línea que es muy probable que continúe. Y no hay nada que impida que la creciente internacionalización política del conflicto sirio se convierta en una internacionalización militar, aunque sea de forma indirecta.

Como Líbano durante la guerra civil, Siria va en el camino de ser un país sin un interior propio, o con varios interiores enfrentados entre sí. La élite maronita que dominaba el país (Líbano) llamó a diversas intervenciones exteriores, entre ellas la intervención siria, para salvarse. Pero ello fue a costa de que hiciera que unas partes libanesas y otras se enfrentaran, por lo que la fuerza del liderazgo dejó de estar en la entidad libanesa. En esta misma línea va la junta dirigente asadiana, apoyada en Rusia e Irán, que ha perpetrado una serie de masacres sectarias que parecen imparables y que alejan la esperanza de que no se produzcan reacciones semejantes.

Tal vez durante las próximas semanas, la junta dirigente criminal parezca ir convirtiéndose poco a poco y aparentemente en el liderazgo de una milicia armada, que solo busca salvarse, aun a costa de su desaparición como régimen y como fuerza dirigente. Sabe que recuperar el control es imposible y que los días del “régimen” se van agotando. Sus opciones hoy solo son bien ser erradicado totalmente, o bien volverse hacia un bando social concreto, que en su corazón no estaba lejos de él.

Esto haría realidad un objetivo de la revolución: deshacerse del régimen; es decir, del conjunto de organizaciones políticas, ideológicas e institucionales que permitían a esta junta liderar el país. Pero ello no supone deshacerse de esa junta como tal. Esta lo que hará será recomponerse en forma de liderazgos sectarios ligados al entorno familiar, y tal vez siguiendo una doctrina de protección de las minorías de la que hablan los portavoces occidentales de vez en cuando.

Lo que puede cortarle este camino depende directamente de la política de la revolución y el comportamiento de las fuerzas y corrientes implicadas en la misma, que han de guiarse por el nacionalismo sirio unificador, en vez de la religiosidad y el sectarismo. El régimen ha intentado pintar la revolución como una revolución suní (salafistas, ‘ar’ures[1], Al-Qaeda…) con el objetivo de desviar la atención de su nacionalismo y sentimiento de liberación, así como de la pluralidad de su base social. El asesinato selectivo y las masacres han llevado a una cierta crispación del nervio suní, hecho en el que algunos grupos opositores han encontrado algo que les interesa, porque si la revolución parece una revolución suní ello les facilitará a estas fuerzas y grupos el ocupar posiciones dirigentes tras la caída del régimen. Pero esto, también puede proporcionar al régimen sirio, que está convencido de que no puede volver a gobernar el país, una salida política si se transforma en un liderazgo sectario, como hizo un homólogo suyo en Líbano. Esta forma de pasar por alto la revolución supone un mero intercambio de un grupo gobernante por otro.

El hecho de que los árabes musulmanes suníes sean la mayoría absoluta en el país no es lo que impedirá este desarrollo. De hecho, no existe una secta suní en Siria, sino que hay suníes sectarios, que son los que quieren hacer parecer a la revolución una revolución suní, y quienes trabajan por la sectarización de los suníes sirios; es decir, que pretenden agruparlos políticamente bajo su liderazgo. No lo lograrán, pero tal vez logren sectarizar el régimen político como en Líbano e Iraq. Esa será la oportunidad de la junta asadiana para salir a flote, aunque pierda el control general.

Probablemente esta es la salida que desean las potencias internacionales que cada vez tienen más influencia, sean árabes o no. Sus visiones centradas de forma espontánea en torno a grupos religiosos y sectarios también les ofrecen centros donde influir e intervenir. Mientras los discursos occidentales preocupados por los derechos de las minorías no hacen más que incidir en la posibilidad de conformación de ese régimen de riesgo sectario, las potencias árabes no tienen una visión alternativa, aunque intenten aumentar el peso del componente suní: no pueden hacer nada contra estos potenciales desarrollos de la situación si no termina la guerra del régimen contra la sociedad revolucionaria. Deben detenerse la violencia y el sectarismo en primer lugar. 

[1] En referencia a Adnan al-‘Ar’ur, un clérigo suní cuyos comentarios tienen un marcado carácter sectario.

domingo, 27 de mayo de 2012

Los crímenes de Al-Hawla, salvajismo sin límites

Texto original: Al-hewar al-mutamaddin

Autor: Nasr Hassan

Fecha: 27/05/2012

"Todos se disculpan por no difundir las imágenes de los niños,
pero nadie se ha disculpado por su silencio ante la masacre"

Las criminales bandas asadianas cometieron la madrugada del 26 de mayo (de 2012) crímenes brutales contra los civiles (entre ellos, muchos niños y mujeres) de Homs, una acción salvaje y primitiva que constituye un genocidio ante la mirada del mundo, dada la presencia en Siria de la comisión internacional encargada de vigilar que la banda (del régimen) ejecuta los puntos de la “iniciativa” de Ban Ki Moon. Durante casi dos meses, la comisión no ha podido detener los crímenes contra los civiles que comete esta banda, que ha seguido cometiéndolos públicamente a lo largo y ancho de Siria.

Los crímenes que cometió dicha banda la noche del viernes llamado “Pronto llegaremos, Damasco”, comenzaron con el bombardeo salvaje de Al-Hawla, lo que provocó una destrucción masiva, aplicando una política de “tierra quemada”, y después, se produjo la entrada de rebaños de monstruos a la ciudad destruida para completar sus crímenes degollando a niños, mujeres y ancianos en uno de los crímenes más salvajes y repugnantes. Un crimen en el que la lógica, la razón y las palabras se detienen y entrecortan, un crimen en que la conciencia duda y para el que toda explicación es inexistente, debido a su horror y a la decadencia (moral y humana) de los que lo perpetran. Que mates a un enemigo es algo comprensible, pero que los monstruos armados hasta los dientes con todo tipo de armas asolen la ciudad, degüellen a los niños y las mujeres con cuchillos y hachas y corten los cuerpos de las mujeres y niños es un extraño acto de rencor, de perdición, un acto que no es normal, y que incluso es forastero en el diccionario de crímenes de la historia.

Se trata de una mentalidad primitiva y criminal que escapa a las costumbres, la pertenencia y la ética, una mentalidad que refleja con claridad la realidad de esta banda salvaje que gobierna Siria, que no ha tardado en demostrar con sus crímenes que es una panda degenerada, rencorosa y desequilibrada que no pertenece a la historia de Siria ni a la humanidad, y que refleja hasta dónde ha llegado la degradación moral de la civilización, que se ha callado durante quince meses ante estas violaciones salvajes de los derechos humanos. ¿Cómo permiten que estos crímenes continúen y dan a las bandas criminales de Al-Asad una oportunidad tras otra esperando a ver si consiguen que con este nivel de crímenes se quebrante la voluntad del pueblo sirio y sea así devuelto a la cárcel del reino del terror, el miedo y la convivencia con los asesinos criminales y sectarios?

Se trata de un momento determinante en la etapa en la que Siria se encuentra actualmente, determinante porque la banda, quienes están detrás de ella, quienes la ayudan y quienes se callan ante sus crímenes, insisten y sueñan con abortar la revolución y desviarla de su camino nacional, haciendo de Siria un terreno donde saldar las cuentas regionales e internacionales. La banda ha fracasado estrepitosamente en su intento de detener la revolución. De hecho, ha logrado lo contrario: la revolución se ha extendido a toda Siria, mostrando una voluntad que no se doblega, unas heroicidades que se acercan a los milagros, una paciencia que no tiene límites, y una fe en la unidad nacional y en un futuro brillante para todos los sirios.

A estos crímenes los seguirán otros, porque los sirios están convencidos y han convencido al mundo entero de la legitimidad de su revolución por la libertad y la dignidad, y porque el pueblo sirio ya ha ofrecido la suficiente sangre, la suficiente paciencia y la suficiente insistencia en que la revolución vaya por el camino del pacifismo, un método que los sirios guardan celosamente porque es el horizonte del futuro. Pero, con estos incesantes crímenes terroríficos que dejan estupefacta a la conciencia humana y ante la incapacidad del mundo entero de pararle los pies a esta banda, de proponer mecanismos para un proceso claro y con un período de implementación determinado, de obligar al régimen a poner fin a sus crímenes y proteger a los civiles, la revolución se mantiene y sigue con su método pacífico. Siguen adelante de forma inquebrantable y protegen al pueblo sirio por todos los métodos legítimos, enfrentándose a las bandas asesinas con nuevos métodos disuasorios e intentan detener a esta banda salvaje. Para ello, todos los métodos de autodefensa y de defensa de los inocentes son legítimos. Es un momento importante en el desarrollo de los acontecimientos en Siria.

¿Es tan barata la sangre siria? ¿Es que los niños y las mujeres de Siria ya no tienen peso humano en la balanza del mundo civilizado? ¿Hasta cuándo el mundo entero escapará de su responsabilidad legal, moral y humana? ¿Es que no se puede lograr la estabilidad y seguridad regional e internacional más que degollando a los sirios y deteniendo sus aspiraciones y su derecho a una vida libre y digna? Son preguntas dirigidas a los árabes, a su excelentísima Liga, al mundo y sus Naciones Unidas y a las organizaciones de Derechos Humanos, del Niño, y de la Mujer en todo el mundo. Y por encima de todo, van dirigidas a los que permanecen silenciosos, los que tienen miedo, los que dudan, los que se esconden y los que se mantienen en medio, sin posicionarse. El momento actual ha sobrepasado esas situaciones y posicionamientos estériles, y ya no es aceptable. La neutralidad no tiene justificación y no apoyar al pueblo sirio supone participar junto a la banda criminal en el derramamiento de la sangre siria y la dignidad humana.

La revolución continuará hasta la victoria, esta es la opción por la que ha apostado el pueblo sirio y cuyo precio está pagando muy costosamente. Así que todos debemos cargar con la responsabilidad nacional, legal y moral y reconsiderar el silencio ante la revolución, sus jóvenes héroes y el futuro de la Siria libre.

La misericordia y la eternidad para los mártires de la libertad, la curación para los heridos, un saludo a los héroes de la revolución y el Ejército sirio Libre, los verdaderos protectores de la patria, y la victoria para el pueblo sirio que no se doblega.

martes, 6 de marzo de 2012

De la crisis siria a la cuestión siria

Texto original: Al-Hayat

Autor: Yassin al-Hajj Saleh

Fecha: 04/03/2012

Damos las gracias al traductor de este texto que se ha ofrecido a colaborar con nosotros.


Debido al trato agresivo que el régimen ha dado a la revolución, Siria ha entrado en una aguda crisis nacional. En el umbral del primer año de la revolución, los indicios sugieren que se está pasando de la crisis siria a la cuestión siria; es decir, convertir el país en un escenario de conflictos regionales e internacionales, crónicos y complejos, y que en ellos se pierda la cuestión clave, la lucha de los sirios por la libertad.

Hablamos de la cuestión siria cuando se superponen las intervenciones externas, regionales e internacionales, con las “externalizaciones internas”, es decir, las formaciones civiles como receptoras de estas intervenciones, y con la violencia desatada en el interior con la continua alimentación externa. De este triple encuentro se forma un complejo interno- externo que se extiende mucho en el tiempo como ya sabemos por sus antecedentes en Líbano e Irak.

La cuestión siria, en resumidas cuentas, es el potencial resultado de la interacción de la internacionalización con las violentas luchas civiles. En su horizonte se perfila la posibilidad de la ruptura o división de la entidad nacional.

En su propia composición, el régimen político sirio ofrece una fuerte disposición a convertir el país en una crónica cuestión regional e internacional, ya que siempre ha sido el ejemplo puro del estado exterior, que cierra el campo político interno y niega la capacidad política de sus súbditos mientras se dedica a jugar con actores regionales e internacionales, de los cuales adquiere una legitimidad externa que viene a suplir la carencia de legitimidad interna. El bienestar y el progreso de los sirios no están incluidos en los cálculos del estado exterior en la forma que Hafez Al-Asad estableció en los años setenta. En esto, Siria no es como Irán, que posee una clase política nacional, ni siquiera es como Hezbollah, quien dedica una importante parte de sus cálculos al bienestar de los libaneses chiíes.

Por otro lado, el régimen siempre ha ocupado una posición hegemónica sobre las interacciones entre los sirios, y ha alimentado sus diferencias religiosas y confesionales, debilitando la confianza entre ellos y presentándose como solución a un conflicto que siempre parecía inminente, y que parecía ser causado por lo que son, no por ordenaciones políticas, institucionales e ideológicas, de garantizada continuación por parte de la élite gobernante. El sectarismo confesional se ha intensificado como instinto básico del régimen desde la conversión del mando en una cuestión hereditaria dentro del clan asadiano. La idea del estado público le es totalmente desconocida.

En tercer lugar, la violencia descontrolada ha sido siempre una herramienta de uso común en manos del régimen, y para ello instauró una jerarquía de cuerpos de seguridad que fueron, durante décadas, fuentes de terror y miedo en la sociedad. También se ha minado a la sociedad y las instituciones del estado con elementos de los cuerpos de seguridad e informadores, de manera que la salida del recorrido trazado por el régimen, sin que estallasen las minas y causaran el daño esperado, era imposible. Hablamos de violencia descontrolada porque nunca tuvo ningún control de carácter legal o de principios nacionales y morales, aparte de ser excesiva cuantitativamente y muy sobrante si tenemos en cuenta los objetivos imaginados al ejercerla. Esta no es violencia de estado, y no es un estado quien la ejerce. Esta violencia terrorista ha alcanzado en algunos momentos, sobre todo durante los años ochenta, cotas enormes, y se ha quedado en la estructura del régimen como una seña dispuesta a repetirse en cualquier momento.

La conjunción de los tres elementos: el estado exterior o la composición internacionalizada del régimen, la ruptura sectario- confesional (y no sectaria) de la sociedad, y la violencia almacenada y siempre preparada para fluir, permite decir que Siria estuvo viviendo una guerra civil fría durante las décadas de gobierno asadiano, y que la cuestión siria es una potencia en la estructura del régimen que se convierte en acto cuando este es retado por sus súbditos. Por otro lado, la apertura democrática nunca ha sido una posibilidad en tal estructura.
Mientras que los esfuerzos de los sirios durante meses de la revolución se han dirigido hacia el cambio del régimen; es decir, la transición hacia el estado interior, la formación del pueblo sirio único, y el cambio desde el régimen de violencia y ocupación externa hacia un régimen de política y Estado nacional, el régimen ha resistido recurriendo a sus herramientas ya probadas: la internacionalización, el apoyo de aliados internacionales (Rusia, Irán y Hezbollah, especialmente), la tensión sectario-confesional, la movilización de sensibilidades sectarias.y, por supuesto la violencia descontrolada que todo el mundo conoce.

Hoy en día, estos preparativos inherentes a la estructura del régimen encuentran un entorno regional e internacional más favorable. 

La crisis siria se convirtió pronto en una causa internacional debido a la situación del país, sus vínculos, y las alianzas de su régimen, pero también a causa de la excepcional barbarie con la que el régimen de ocupación se ha enfrentado a la revolución de sus súbditos. Alrededor del país, también, se entrecruzan polarizaciones e interacciones internacionales, en las cuales Rusia y China se enfrentan a las potencias occidentales, y Occidente y los países del Golfo con Irán. La idea que se tenía de que la posición de Israel era más cercana a Rusia y a China vino a confirmarse con las informaciones de que el ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, ha exigidoo a la Administración estadounidense que baje el tono y la presión sobre el régimen sirio. De todas formas, los bamboleos de la posición de EEUU y sus titubeos, al igual que sucede con todas las poturas occidentales, indican la existencia de una fuerza oculta que influye en ellos ¿Podría ser otra sino la fuerza israelí?

Por otro lado, la polarización regional entre los países del Golfo e Irán se superpone a otra polarización suní-chií que aumenta la presencia y la sectarización del campo de lucha en Siria, en su entorno, y en la región en general. Es muy probable que esto sea determinante para la descarada posición de apoyo al régimen de Hezbollah. También es posible que este factor haya determinado la abstención de Hamás de apoyar al régimen. Ambas organizaciones forman parte de estructuras regionales que, aunque no sean únicamente formadas por el factor sectario-confesional, sí es parte importante en ambos casos.

De manera creciente, la violencia, o la amenaza de utilizarla, planea sobre el horizonte de la cuestión siria, no necesariamente en forma de intervención militar internacional como la que vimos en Yugoslavia, 1998; Irák, 2003; y Libia, 2011, sino como apoyo de varias maneras tanto al régimen como a la resistencia armada creciente en el país. Rusia apoya al régimen con armas, lo mismo hace Irán, que también lo apoya con tecnología y expertos. Por otro lado, y sobre todo tras el fracaso de la conferencia de Túnez, han aparecido voces árabes que reclaman armar a la oposición siria. Esta propuesta parece poco estudiada, carga con enormes riesgos políticos y supone un salto hacia la completa conversión de Siria en un campo de batalla en cuyo territorio, por delegación, se libren guerras. Esto ofrecerá un pretexto adicional para las fuerzas que apenas esperan a tener excusas para aumentar su apoyo al régimen sirio con material y dinero, y, tal vez, también con hombres, lo que conllevaría la extensión de la crisis siria en lugar de facilitar su fin, y acabar con aquellas promesas revolucionarias positivas con las que no pudo el régimen.

Si la cuestión siria está escrita en la estructura del régimen, y es realmente así, su caída es la antesala de la ruptura con esta posibilidad aterradora. La mejor caída del régimen será la más rápida. Hoy mejor que mañana.

domingo, 4 de marzo de 2012

Fadwa Solimán: "Solo tengo miedo de que me maten antes de que mi verdadero mensaje llegue"

A continuación algunos extractos de la entrevista de Fadwa Solimán en el canal Al-Hiwar el 1 de marzo de 2012.


Sobre su ubicación actual:
“Salí de Homs hace unos 20 días, me sacaron los revolucionarios que temían por mi seguridad. Fui a Damasco y desde allí a Latakia por unas razones que ayer conté en Al-Arabiya, pero que me gustaría contar si hay tiempo y es posible”.
Las razones de su salida de Homs:
“En primer lugar, el régimen difundió en Al-Duniya la noticia de que las bandas armadas me habían secuestrado y asesinado e informó de que ‘serán juzgados por su terrorismo sistemático contra el pueblo sirio y, concretamente, contra las minorías’ a las que dice proteger, pero bajo las que en realidad se protege. También ha extendido rumores de que las bandas armadas se dedican a matar y torturar y que solo buscan derrocar al régimen y matar a los alauíes hasta acabar con ellos. Yo les aseguro que los revolucionarios en Siria de norte a sur y de este a oeste, en todas las provincias del  país, están por encima de esa mentalidad terrorista, porque quien se dedica a asesinar son el régimen y sus secuaces. Es decir: las bandas de al-Asad y su aparato mediático conformado por hombres de negocios, comerciantes, políticos y militares, el aparato de seguridad, el servicio de inteligencia, los shabbiha, y sus colaboradores.
Informo a la banda de los Asad y los que lo apoyan, de todas las sectas, que ahora estoy en uno de los pueblos de la costa con revolucionarios de todas las provincias de Siria, no para que vengan a por mí y me maten, sino que lo digo para que se sepa que voy a salir en una manifestación con la gente de la costa para derrocar a vuestra banda. La gente de la costa sobre cuyas tierras ha impuesto su yugo vuestra banda, gentes de las que vivíais por la fuerza haciendo de nosotros vuestras fortalezas. Los revolucionarios de Siria están hoy con la gente de la costa, de entre los que escogisteis a los mejores para meterlos en el ejército y el aparato de seguridad, esos a los que, explotando su pobreza, convertisteis en soldados para que os defendieran e vez de defender el país, para que murieran por la banda de la familia Asad exclusivamente, creyendo que defendían el país. Estamos ahora con la gente de la costa a cuyas hijas violasteis y a cuyos hermanos matasteis y que, cuando sus padres os plantaron cara por las violaciones los matasteis. Estamos  con la gente de la costa a cuyos jóvenes convertisteis en soldados para que murieran, aprovechando su extrema pobreza, por vosotros en las fronteras sirio-libanesas mientras pasabais armas y drogas de contrabando. Yo estoy ahora con la gente de la costa a cuyos hijos metisteis en el ejército y les matasteis con vuestras manos asesinas en Yisr al-Shugur, Tel Kalaj, Yebel el-Zawiya, Daraa, Homs, Hama, Al-Rastan, Baniyas, Talbisa y Zabadani.
Estoy ahora con la gente de la costa que se ha desentendido de vosotros, esas personas a quienes les faltan sus hijos que están muriendo como mártires, ejecutados sobre el terreno por vosotros mismos porque les resultan revulsivas vuestras órdenes de asesinar a sus hermanos sirios en las provincias que he dicho antes. Más aún, estáis dejando que los entierren en silencio y sin difusión, como si fueran traidores que no merecen el honor del martirio o el mero respeto. Estoy ahora con la gente de la costa que ha cavado la tumba de sus hijos, estoy con la gente de la costa que han cavado las tumbas de sus hijos sabiendo que han sido asesinados, ejecutados por vosotros y cuyos cuerpos han sido después despedazados por vuestras asesinas manos. Los revolucionarios de Siria están ahora con los sheijs de la secta alauí que se ha desentendido de vosotros y de vuestra banda, considerándoos faltos de religión y de honor. Estoy ahora con los sheijs de la secta alauí que tienen el dogma de que es mejor morir asesinado que asesinando”.
Sobre si se encuentra bajo la protección alauí:
“No estoy bajo la protección de nadie, toda Siria me protege, los sirios se están protegiendo unos a otros, se reparten entre ellos el pan y la sal contra la banda de Bashar al-Asad. Estoy con los sheijs de la secta alauí que se han unido y quieren recuperar su dignidad. […] Ahora estoy con los revolucionarios de Siria esperándoos en uno de los pueblos de la costa, y será un honor para nosotros si tenemos que morir en vuestras manos, pero en la costa a la que ya no le honra que pertenezcáis a ella. Os esperamos en los pueblos de la costa, sin armas, solo tenemos ramas de los olivos de la costa [...]. Estamos ahora con los hijos de la costa que han dado vida en un millón de Saleh al-Ali[1], un millón de Badawi al-Yabal[2], un millón de Saad Allah Wannus[3] […] Hoy me dirijo a todos los revolucionarios de Siria, en todas las ciudades, recordad en vuestros lemas a los revolucionarios de Baba Amro, a los mártires de Baba Amro, a los mártires de toda Siria, a los mártires de la costa que han sido asesinados y enterrados en silencio sin dejar a sus familias verlos por última vez”.
Sobre el papel de los alauíes en la revolución:
“Tres cuartos de la secta alauí estaban desde antes en contra del régimen, pero por la fuerza se vieron sometidos a él como a todo ser humano en Siria, como le pasó a toda Siria, sometida al terrorismo de Bashar al-Asad y de Hafez al-Asad previamente[..] El mundo verá manifiestos de los sheijs de la secta alauí en los que se desentiendan y desliguen de Bashar al-Asad, no porque pertenezca a la secta, sino en su calidad de ser humano asesino, de ser humano terrorista […] Ni un ser humano al que le quede una mínima parte de humanidad puede aceptar que Bashar al-Asad sea sirio”.
Sobre cómo están los ánimos en Siria:
“Bashar al-Asad es débil y a ojos de los sirios ha caído. Ya no le queda más que la fuerza […]. Puede cortar las calles de Siria, puede aislar las ciudades sirias, puede hacer lo mismo con los barrios, pero no puede aislar ni coartar la libertad que se encuentra en el corazón de todo sirio”.
Sobre el papel internacional:
“Por desgracia, desde el principio de la revolución estoy diciendo que la solución está en manos de los sirios y no en manos de Occidente, incluso hice algunos llamamientos al Consejo Nacional Sirio insistiendo en que la solución era siria. La realidad es que todo el mundo nos ha dejado solos. ¿Por qué han tenido que pasar ocho meses para que la Liga árabe hiciera algo, después de convertirnos en números pacíficos que levantan ramas de olivo y son asesinados para instaurar y decorar otro régimen para este país y este pueblo? Las revoluciones de los pueblos son siempre verdaderas, buscan el verdadero cambio y la libertad, pero a veces los políticos dudan del derecho de los pueblos a la libertad y el cambio […] El interés está en la detención de la matanza y la violencia, podemos coger los unos de los otros lo que necesitemos, pero sin sangre ni guerras”.
Mensaje al pueblo sirio:
“Les pedimos que se mantengan pacíficos a pesar de los asesinatos, sé que muchos estarán en mi contra por estas palabras y me dirán ‘Nos están matando, Fadwa, ¿cómo nos pides que nos mantengamos pacíficos?’ Yo repito, pacíficos porque al régimen asesino no podremos derrocarlo más que con nuestro pacifismo, incluso a los partidarios del régimen podemos conseguir traerlos a nuestras filas con el amor y no con las armas”.
Su único miedo:
“No tengo miedo de morir, ni de ser detenida o asesinada, solo tengo miedo de que me maten antes de que mi verdadero mensaje llegue, que no es otro que es el pacifismo y la paz y digo: ‘Dueños de la paz, gran pueblo de siria, no dejéis que el asesinato os convierta en asesinos, vosotros que sois honrados. Lo que el asesino quiere de nosotros es convertirnos en asesinos como él para justificar su presencia y sumar pretextos para matarnos, y con ello solo aumentará el derramamiento de sangre. Parad el derramamiento de sangre aunque el asesino continúe, para que solo él sea el asesino y solo él a quien debamos liberar porque es preso de su rencor y su enfado, es esclavo del dinero y de Israel. Quiere que tomemos las armas para alargar su vida […]. Creen en el asesinato y el que cree en algo siempre vence sobre el que no, sea lo que sea aquello en lo que cree. Nos traerá una intervención exterior que provocará un mayor derramamiento de sangre […]. Quereos unos a otros, incluso a los partidarios del régimen ”.

[1] Un alauí que lideró las revueltas contra los franceses durante el Mandato en las montañas de la costa (1884-1950).
[2] Poeta sirio de renombre que también aprticipó en política durante el Mandato en el llamado Bloque Nacional (1905-1981).
[3] Importante dramaturgo sirio muy crítico con el régimen como puede verse en sus obras de teatro (1941-1997).

sábado, 3 de marzo de 2012

El levantamiento sirio: atado de pies y manos en el mar y se le prohíbe mojarse

Texto original:  Al-Quds al-Arabi

Autor: Subhi Hadidi

Fecha: 01/03/2012



Los amigos del pueblo sirio (y me refiero a los de verdad, no a los hipócritas mentirosos) han empezado a declamar con lenguaje poético los peligros de los derroteros hacia los que se dirige el levantamiento. Cuando se cumple un año de su inicio tienen más miedo que en los primeros meses.

En un 90% de lo que dicen sobre la lista de errores, tropiezos e incluso desvíos se pretende una corrección que siga la buena lógica, pero, que no será del todo correcta si no se somete a un polémico examen cada detalle de la lista, de forma que se llegue a un mínimo justo que no les ponga ni a favor ni en contra de la revolución, sino en un punto medio. No es paradójico, porque no deja de ser el espíritu del equilibrio polémico y su característica definitoria, que algo de lo que se dice al criticar el levantamiento pueda en otro nivel de discusión convertirse en una glorificación de la misma. Lo contrario puede también darse.
La impresión más destacada y extendida, incluso si confesarlo puede suponer vergüenza, o un intento de evasión o negación, es esa que pretende que el levantamiento se convierta en un elevado ideal de esos que escasean en la historia y, a poder ser, que sirva como ideal supremo de la lucha, la ética, la política, la sociedad y la cultura, un ideal que ninguna nación ha conocido antes. El pueblo sirio debe hoy conseguirlo y entrar por ello en la historia por la puerta grande (y también la más cruenta, salvaje, violenta y criminal). 

Nadie, como era de esperar, reconocerá que esa es la petición que hace al levantamiento sirio, pues es obvio que comienza a ser una petición imposible y es ahí donde aparece la vergüenza. Se exige un imposible muy detallado, casi un deseo, que no se apoya en la realidad efectiva sobre el terreno. Ahí es donde uno evita hacer declaraciones o directamente niega tales pretensiones. 

Pero el levantamiento es un hecho popular complejo, mucho más de lo que piensan los amigos y mucho más dependiente de procesos muy complicados, a los que no sirve aplicar ningún principio maniqueo, que no ve más que el blanco o el negro, el pacifismo o la militarización, la independencia de las fuerzas extrajeras o el encomendamiento a ellas, el aferramiento a la unidad nacional o el desvío hacia los atrincheramientos sectarios, religiosos, etnicos o regionales. Y precisamente por ser un hecho popular complejo se trata de un hecho social con diferencia, que supera las complejidades de todo y cualquier “trazado” ideal que se haya elaborado. También puede decirse que se trata de un hecho que puede contradecir, en mucho o poco, cualquier “descripción” prefabricada o preconcebida, totalmente desprovista de los tropiezos, errores y desvíos de la realidad. Este levantamiento es hijo de la utopía y no de la realidad y su carácter utópico no se rebela contra la idea de la puesta a prueba, de la investigación por medio de sencillos experimentos durante un breve espacio de tiempo. ¿Qué pasa si se prueba durante un año entero? ¿Qué sucederá si se utilizan en la prueba todo tipo de armas , desde el tanque al aerodeslizador, los lanzamisiles y los barco militar, pasando por los lanzacohetes, los carros de combate, las bombas de racimo y los gases prohibidos internacionalmente?

Así, el levantamiento, entendido como hecho social popular específicamente, no es el fruto de la total adecuación entre los intereses, los objetivos, los medios y las creencias, incluso si su lema principal (“derrocar al régimen”, después de convencerse finalmente de que el aparato securitario-militar-inversor gobernante no tiene ninguna intención real de reforma ni es capaz de ello tampoco, y la aspiración a una  “Siria libre democrática plural y civil para todos sus hijos con sus diferentes adscripciones doctrinales, religiosas y étnicas”) goza de un consenso prácticamente absoluto. Por ello, una misma manifestación puede incluir a gente de izquierdas, de derechas, a islamistas, a cristianos, a liberales, a politizados partidistas, a independientes que acaban de meterse en política, a moderados, a extremista, a personas de término medio, a los que creen en el pacifismo del levantamiento, a los que llaman a una guerra de guerrillas, al que está convencido de que EEUU conspira contra nosotros y al que lo considera el tronco a lque agarrarse para salvarse.

Esta es la verdadera sociedad del levantamiento, y no sirve ninguna alquimia utópica que la depure hasta dejarla monolítica (suponiendo que la historia lograra en algún momento crear dicha alquimia). Tampoco se la puede dividir en distintos “colores”, opresión oscura aquí y cerrazón clara por allá, de forma que se reduzca el complejo conglomerado popular (nunca debe dejarse de insistir en su complejidad) a “clases”, “calles” y “partes” sometidas todas ellas a la misma regla maniquea, que opone el blanco al negro, y sitúa al que cree en el pacifismo del levantamiento frente al que lleva un kalashnikov. Tanto si esto es un error y aquello lo correcto y viceversa, así como si lo uno no es mejor que lo otro, las reglas maniqueas son el peor de los parámetros para medir el sentimiento nacional de Zayd o Amro y el que se centra en el espíritu de la polémica, mirando al levantamiento de una forma totalmente abstracta, aislada del tiempo y sus cambios y sin poner las políticas defensivas del régimen en el corazón del la ecuación, ni en el platillo de la balanza.

¿Quién, entre los amigos del levantamiento que hoy tiene miedo de su desarrollo, niega que el recurso de algunos a las armas y el pago desorbitado por ellas (la bala cuesta 180 libras sirias, imagina lo que vale un fusil o un revólver), es en defensa propia, y en defensa del honor, de los niños, de las mujeres y de los ancianos, y no para asesinar a los criminales de la Cuarta División y la Guardia Republicana? ¿Quién tiene el valor y se otorga a sí mismo el lujo de aconsejar a la gente que no se defiendan a sí mismos contra los crueles y salvajes bestias destructoras con otros medios que no sean los pechos desnudos, los lemas nacionales y los eslóganes pacíficos? ¿Quién es ese que olvida que esta opción no ha nacido al tiempo del estallido del levantamiento, sino que ha sido el resultado lógico de la brutalidad del régimen y su paso del (programático, organizado y planeado) promedio de 10 víctimas al día, a un promedio de 20, 30 o 40 llegando a superar las 100, 200 y 300?

¿Acaso desde el principio no pretendía el régimen empujar al levantamiento pacífico hacia alguna forma de militarización a modo de defensa en el nivel estratégico, y no táctico, y así demostrar su teoría sobre las “bandas armadas” y atemorizar a Occidente con las consecuencias del cambio democrático?
¿Es acaso la violencia contraria, incluso en el significado que adopta el luchador teórico como Franz Fanon[1] en el contexto de la guerra de liberación argelina, una opción unilateral a la que recurren los movimientos de resistencia popular directamente y no para establecer un equilibrio  (militar, al igual que hacen con el político) con la mafia dictadora? Es cierto que desearíamos que el régimen no hubiera llegado a ese extremo de salvajismo en el uso de la violencia, y por tanto no haber obligado a algunos a tomar las armas en defensa propia, pero ¿cómo es posible que se lance a los ciudadanos sirios al mar atados de pies y manos y se les pida después que no se mojen? ¿Acaso al mojarse, como es lógico ya que poco pueden hacer para evitarlo, nadar supone un desvío de la ética?

Además de las cuestiones de la militarización y el armamento, muchos amigos del levantamiento plantean el problema de la división de la oposición siria en diversas agrupaciones, lo que indica que si se uniera el régimen se debilitaría más o se disiparían sus fuerzas, y que el levantamiento, por su parte, se haría más fuerte, se elevaría y progresaría en su programa político y de lucha. Ciertamente, según la simple lógica, la unidad es mejor que la división, pero ¿acaso la oposición o las oposiciones sirias han sido los iniciadores de dicho levantamiento como para ahora convertirse en quienes lo eleven? ¿Acaso los dirigentes del levantamiento efectivo son el Consejo Nacional Sirio (CNS) con sus ventajas y desventajas, ya en el nivel organizativo, ya a título personal, especialmente en lo que se refiere a las “estrellas” de los canales por satélite, los valientes de las peleas de gallos y los que se pavonean cual pavos reales? 

La respuesta es negativa, naturalmente, pues la mayoría de los opositores se han apresurado a correr tras el levantamiento una vez iniciado. Así hay quien ha logrado alcanzarlo y se ha unido a él, de forma sincera o no, y quien ha tropezado, o se le ha cortado el camino y se ha quedado atrás. Sin embargo, se ha subido al carro de todos modos porque se ha negado a reconocer su incapacidad. Por otro lado, hay una cuestión a tener en cuenta:¿por qué es necesario que se una la oposición o las oposiciones en el sentido organizativo o institucional, de forma que coincidan sus métodos de trabajo, se asemejen sus opciones tácticas y se unifiquen sus posturas? 

Deberían al menos estar de acuerdo, si son de verdaderos opositores claro, en la necesidad del cambio democrático, ya sea por medio del derrocamiento del régimen o su caída por sí mismo. ¿Cuál es la diferencia a fin de cuentas, entre un grupo opositor cercano a Turquía o EEUU o Francia o Gran Bretaña, y otra cercana a Irán, Rusia o China? ¿Cuándo ha tenido el acercamiento, por parte de ambos, algún efecto real y directo en la determinación del ritmo del movimiento popular, como cuando se manifestaron seis millones de sirios en un solo día no hace tanto? Aquí también se pide al levantamiento sirio que sea puro, limpio, claro y que diga a una sola, única y unificada voz, como si fuera un loro: “No a EEUU, no al Consejo de Seguridad, no a la protección árabe, no a Rusia y no a Irán”.

Ni que decir tiene que la sociedad no es así y que la política está bien lejos de tan falsa pureza. La pluralidad que distingue al movimiento popular da lugar, por su parte, a una amplia pluralidad en los objetivos, las visiones y los medios, y puede que los intereses se entrecrucen y que las creencias se opongan entre sí. Así es la vida y los protagonistas del levantamiento no son menos inteligentes que el régimen en la forma de absorber los acuerdos  y desacuerdos e invertirlos de la mejor manera, como se demuestra sobre el terreno, y ello es lo más importante, en el marco de los ingentes sacrificios y de las víctimas que gotean por decenas a diario.

Las armas son un dilema, la militarización sectaria y los temores que se infunden en torno a la posibilidad de que se dé una guerra civil es otro dilema. Existe también un tercer dilema, que es la debilidad de las organizaciones que dicen ser los dirigentes. Por otro lado, poner las esperanzas en los enemigos del régimen hoy, sus amigos hasta ayer supone un cuarto dilema. Finalmente, la específica y delicada posición geoestratégica de Siria es el quinto dilema. Pero, ¿quién esperaba que un levantamiento en este país en concreto contra este régimen específicamente, en medio de todas estas dificultades iba a ir como la seda?

Queda por recordar que los que se concentraron frente a la embajada de Libia en Damasco[2], hace un año y medio, y después se manifestaron en el corazón de la mezquita de los Omeyas, antes de que Daraa construyera la revolución con la sangre de las primeras víctimas, y que continúan su victoria sobre la maquinaria del régimen a cada instante y no a cada hora, esos se levantaron antes de que se creara el CNS y antes de la sofistería de los “noes”[3] del Comité de Coordinación Nacional. También lo hicieron antes de que se mezclaran las oposiciones exteriores con su prolongación en las oposiciones interiores, y de que aumentaran el cacareo, el graznido y el balido sobre las “mediaciones” políticas, sobre la “reforma” del régimen sin derribar sus soportes, sobre las diferencias entre la “negociación” y el “diálogo”, sobre el “sectarismo” del Ejército Sirio Libre y sobre la protección de la “soberanía” del estado, que no son más que palabras que se lleva el viento a diario porque la sangre de las víctimas pesa mucho más y es un mensaje mucho más elocuente e influyente. Los amigos del levantamiento de Siria deben reflexionar sobre lo que queda para que sirva a los sirios sobre el terreno, en los países del entono, y a lo largo y ancho de la Tierra.

[1] Revolucionario filósofo francés que apoyo la revolución argelina (1925-1961)
[2] La primera concentración en Damasco fue a mediados de febrero en protesta por la represión de Gadafi en Libia
[3] "No a la intervención militar, no a la violencia y no al sectarismo".

viernes, 10 de febrero de 2012

El régimen sirio en situación de fuerza mayor: las bazas del último aliento

Texto original: Al-Quds al-Arabi
Autor: Subhi Hadidi

Fecha: 10/02/2012



El detalle más sangriento durante la última semana de la revolución siria, que ha entrado en su undécimo mes, es la total apuesta del régimen por continuar haciendo uso de la maquinaria de violencia, asesinatos, bombardeos y destrucción, especialmente en Homs, las zonas cercanas al río Barada y Jebel al-Zawiya. A esto se une la perpetración de una serie de sucias operaciones cuyo único objetivo es avivar los sentimientos sectarios e hacer brotar enfrentamientos entre los civiles. Más de 400 muertos en menos de una semana, entre los que hay un número considerable de niños, en el marco de estúpida estrategia que busca “hacer natural” el número de víctimas, convirtiendo en una costumbre o en parte de la rutina en la mente de los sirios que mueran 100 personas a diario. Todo ello con el objetivo de doblegar su voluntad, extender el terror y provocar la desesperación. También se pretende que sea algo normal en las mentes del mundo exterior para que el horizonte de lo que se conoce como “soluciones políticas” parezca aún más lejano.

Es de sobra conocido que la provocación de enfrentamientos entre civiles con carácter sectario, entre suníes y alauíes especialmente, en los focos más candentes, como Homs, ha sido desde el comienzo uno de los puntos centrales del “paquete” de reformas de la solución militar, ya que puede servir para desintegrar el movimiento nacional, desunir sus esfuerzos y afianzar el apoyo de los alauíes al régimen (frente a un extremismo esperado en las filas de los suníes y un temor, tácito o verbalizado, en el seno de las minorías religiosas, sectarias y étnicas). Para tales operaciones, el régimen se ha apoyado en un grupo de células especiales que, administrativamente, dependen de algunos aparatos de seguridad (Inteligencia Aérea la que más), pero en realidad no siguen órdenes según una estructura jerárquica dentro del propio aparato. Es decir, están más cerca de ser células oscuras y secretas, dependientes por medio de lazos ocultos de líderes individuales, escogidos, y no es necesario decirlo, según puros criterios sectarios.

En contrapartida, hay un detalle de extremada elocuencia, securitario, militar y psicológico, que insinúa más claramente que el horizonte se cierra ante la solución militar, solución que el régimen no ha abandonado desde el 15 de marzo pasado. En ello se depositan todas las esperanzas que el régimen tiene de salvarse, o de salvar lo que pueda salvarse del legado del “Movimiento Correctivo” y sus tradiciones de despotismo, pillaje, corrupción y gobierno familiar hereditario. Este detalle es que, por primera vez, el régimen ha recurrido a las unidades de la Guardia Republicana para llevar a cabo las operaciones militares directamente en Al-Ghuta, en los vecinos alrededores de Damasco y en la propia capital. Aunque esta medida guarda una lógica en principio, dada la absoluta fidelidad que se supone que estas unidades profesan al núcleo del poder, el despliegue de la Guardia Republicana fuera de sus posiciones tradicionales refleja tres puntos de dificultad importantes.

Para empezar, se trata de la movilización de cuerpos de la última reserva militar-securitaria, cuerpos que las dictaduras suelen guardar para las batallas decisivas y determinantes alrededor de los castillos, los refugios y los puntos de defensa principales. La guardia del régimen sirio intensifica este papel, especialmente tras la disolución de las formaciones militares que servían de reserva para el régimen, como las unidades de las Brigadas de Defensa en los días de Rifaat al-Asad por ejemplo.

En segundo lugar, se trata de un serio indicio de que la Cuarta Brigada, que dirige Maher al-Asad de facto, ya no puede llevar a cabo ni el mínimo de las misiones que se le suelen encomendar. Ello a pesar de que equivale a tres brigadas en la práctica y sus efectivos no solo superan al resto de cuerpos del ejército sirio en lo que a tipos de armas y destrezas de enfrentamiento se refiere, sino que también sus costumbres, en cuanto al trasfondo militar y regional de sus oficiales y la formación de sus filas, además de lo que concierne a la línea de mando y el entrenamiento logístico, se saltan toda ley militar conocida en la historia.
Finalmente, puede que el despliegue de la Guardia Republicana se contamine de lo que ha sucedido en el seno de la Cuarta Brigada: graves problemas que pueden no sobrepasar la deserción en la presente situación, pero que cada vez se acercan más al nivel de la desintegración.

En el frente político, como les gusta a algunos decir, como si la política o lo que llaman “intercesiones políticas” siguiera existiendo, el régimen ya no goza de un margen más amplio que el del ojo de una aguja literal y no metafóricamente. En el pasado, se jactaba del “diálogo nacional” y así encontró oídos atentos aquí y corazones palpitantes allá, o lenguas, plumas o voces que entonaban su miedo por Siria ante los tres grandes peligros que la acechaban: la guerra civil, la militarización del levantamiento y la intervención militar extranjera. Hoy el régimen es el primero que ha mandado callar a estos sectores (sectores que incluyen al Comité de Coordinación Local, y especialmente su ala exterior, y la “Corriente de construcción del Estado”, además de varios falsos testigos, adictos al silencio o soñadores con una tercera postura intermedia entre el fuego y la ceniza) y les ha cerrado el camino al diálogo sea con los propios representantes del régimen (Muhammad Nasif [1], Buthayna Shaaban[2], Faruq al-Sharaa[3]…), sea a través de intermediarios, aliados y amigos desde la embajada rusa en Damasco hasta Muhammad Hussanein Heikal[4] pasando por el secretario general de la Liga Árabe Nabil al-Arabi.

No deja de sorprender, por ejemplo, que el Comité de Coordinación Nacional anuncie que no va a Moscú a dialogar con el régimen y que el embajador ruso en Damasco, y después el ministro de asuntos Exteriores ruso Sergei Lavrov (y qué decir del mismo Yevgeni Primakov[5]), sean incapaces de convencer a ninguno de los liderazgos internos para que se unan al proyecto ruso (como si el régimen hubiera accedido a dialogar con la “oposición” de alguna manera). La torta se la llevará la mejilla de los colaboradores del primer ministro ruso, Vladimir Putin, si la iniciativa rusa termina invitando a personas de la calaña de Qadri Yamil[6], Ammar Bekdash[7] o Safwan Qudsi[8], en calidad de caballeros de la “oposición” siria o gente como Haytham Stayhi[9], Munir al-Hamsh[10] e Ibrahim Draji[11] como representantes del régimen.

Los datos y lo que se obtiene de la lectura entre líneas en la prensa rusa independiente indican que los consejeros del Kremlin responsables del expediente sirio han llegado al límite, especialmente porque las semanas posteriores a las elecciones presidenciales rusas ya se enfrentan a una serie de problemas que bien pueden verse alimentados por dicho expediente. Esto se debe a que el ejercicio del veto por segunda vez ha resultado más parecido a un balazo en el pie. ¿Cómo será si el delegado ruso en el Consejo de Seguridad vuelve a levantar la mano para ejercer el “tercer veto” en algún momento? Por otra parte, es de sobra conocido que la cuerda sobre la que camina Putin en la cuestión siria, está elevada, resbala y se tambalea: si la bajase un poco para acallar las voces de los nacionalistas rusos, esos que sueñan con la vuelta a los tiempos en que eran una gran potencia antes de la perestroika, la propia cuerda puede tirarlo al suelo en cualquier momento, donde lo destrozarán las garras de los enemigos de todo el mundo.

No resulta menos sorprendente (a pesar de que todas las tendencias regionales apuntan a ello) la pérdida que el régimen ha sufrido del apoyo de las potencias del grupo de países emergentes como la India, Brasil y Sudáfrica que, habiendo escuchado promesas del régimen de que detendría la violencia y de que se implementaría un plan serio de “reformas”, se abstuvieron en la votación la primera vez. Sin embargo, esta vez, se negaron a tropezar con la misma piedra de las promesas y votaron a favor de la resolución. El ministro de Exteriores del régimen, Walid al-Muallim, amenazó en su momento con olvidar la presencia de Europa en el mapa y con dirigirse al este, hacia otros pueblos amigos, viéndose finalmente con tan solo tres: Irán, Rusia y china. Aunque este resultado no es muy boyante ya de primeras, especialmente si uno tiene en cuenta el cerco occidental que sufre Irán, el apoyarse en estos pilares no tendrá validez durante mucho tiempo, máxime si se tiene en cuenta la delicada posición geopolítica de Siria (en la que la cabeza del régimen ve su punto fuerte, suficiente como para salvarse de la caída), que (y pobre de él cuando así se revele) es al mismo tiempo un arma de doble filo. De aquí parte la idea del presidente francés Nicolás Sarkozy de formar un grupo de trabajo internacional cuyo objetivo sea romper el impasse que ha provocado la insistencia de Rusia y China en abortar las resoluciones del Consejo de Seguridad y de recurrir a la Asamblea General. De ahí viene también la iniciativa turca de celebrar una conferencia internacional sobre Siria con el objetivo, primero, de sacar a Ankara del congelador en que los turcos se han metido debido a su postura en cuanto al régimen (a la espera del cumplimiento del trabajo de la Liga Árabe al menos) y, segundo, de insuflar vida en el apoyo popular árabe a la política de Turquía en lo referente a las temas que afectan a la zona y concretamente la cuestión palestina sobre la que parece que las últimas semanas de silencio turco han comenzado a pasar factura.

No es descartable que las dos iniciativas, la francesa y la turca, den lugar a un encuentro asiático-europeo (algunos no dudarán en decir: oriental-occidental, o incluso islámico-cristiano) sobre la dramática y sorprendente postura adoptada por el Consejo de Cooperación del Golfo que ha dado lugar a la retirada de sus embajadores de Damasco. Ello es debido a que en el incendio de la lucha por Siria, aquellos con lo que Al-Asad amenazaba al mundo hace semanas ha dado paso a una conclusión parecida a un balance entre ganancias y pérdidas: la “estabilidad” del régimen sirio era la garantía de inmunidad contra los peligros que conlleva la posición geo-estratégica de Siria, peligros conjugados con los problemas étnicos, religiosos y políticos, pero el cambio y la marcha de la familia Asad en concreto es hoy esa garantía, porque la permanencia del régimen se ha convertido en un foco de incendios que no hay quien apague.

También es lógico que la opinión en Teherán se decante por la defensa del régimen una vez dividida su postura entre, por un lado, el carácter pragmático que pretende deshacer los errores, aceptar la llegada de la tormenta y salir corriendo porque el régimen caerá guste o no, y, por otro, el carácter de rechazo, incendiario, agresivo y extremista que ve que la defensa de Al-Asad es una defensa directa y no delegada en nadie del arco cuya construcción y puesta en marcha Teherán aspira a completar. A ello se suman la negación de que en Homs esté pasando algo, las declaraciones del general Qasim Suleimani, líder del cuerpo Al-Quds, sobre los movimientos de miembros de la “Guardia Revolucionaria” entre Siria y Líbano… Estos y otros no son más que indicios de  que el Supremo Líder Ali Khameneí[12] se inclina hacia el apoyo a Al-Asad hasta que exhale el último aliento, momento en que, naturalmente, las cartas se quemarán rápidamente.

[1] Delegado del Primer Ministro sirio.
[2] Portavoz y consejera del gobierno de Al-Asad.
[3] Vicepresidente Sirio
[4]Analista político y periodista egipcio, que trabaja además para Al-Jazeera.
[5]Reputado diplomático y académico ruso.
[6] Secretario del Comité Nacional de Comunistas sirios, considerado como un personaje cooptado por el régimen, que además se rumoreó que sería presidente de un gobierno de unidad nacional que el régimen anunciaría.
[7]Líder del Partido Comunista sirio, que participa de la farsa política del régimen.
[8]Líder del Partido de la Sociedad Democrática en Siria, contra quien se ha vuelto su partido por defender al régimen.
[9]Miembro del Mando Regional del partido Baaz.
[10]Miembro del partido Baaz.
[11] Profesor en la facultad de Derecho de la universidad de Damasco, consejero de la Organización Internacional de Inmigración en Siria.
[12]Cuyas decisiones son indiscutibles y han de ser acatadas.