Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
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martes, 16 de julio de 2019

Los vacíos de la hombría

Texto original: Al-Jumhuriya

Autora: Muna Rafei

Fecha: 11/07/2019


Primera voz

Mi alumna se precipitó hacia mí cuando me vio en la calle para quejarse medio llorando del miedo que le provocaba un joven que la perseguía a diario desde la puerta de su casa a la de la escuela. Lo señaló con la mano y me dijo: “Es él”. Después lo dejó todo en mis manos. No podía soportar ver a la pobre muchacha siendo perseguida por un joven “gamberro” que tenía varios años más que ella. Me dirigí hacia él, le grité y lo eché de la puerta de la escuela, después de reprimir el fuerte deseo en mi pecho de pegarle e insultarle. Por un instante, sentí que en mi rostro había florecido una barba, que me habían salido en los brazos unos músculos bien desarrollados y que en mi garganta había gritado una ruda voz masculina en lugar de mi voz femenina habitual. Parece que me enfado y vuelvo más violenta según pasan los días y asumo roles que antes no solía asumir. En resumen, la sangre me hierve más en las venas de lo habitual desde que regresé, obligada, a vivir en las zonas bajo control del régimen.

Una vez escribí sobre el “planeta esmeralda” y otra sobre los jóvenes que comentaban delante de mí que no salvarían a una mujer víctima de una agresión porque no sabrían quién podría ser el agresor y porque “sálvese quien pueda”. También he escrito sobre la gente que ha dejado de seguir las noticias de la revolución desde hace años y ya no les interesan [1]. Hoy escribo sobre la interacción de la gente con lo que pasa a su alrededor en las zonas bajo control del régimen, sobre la muerte de los sentimientos. El tema no es, en absoluto, juzgar a nadie, sino que se trata de hablar de los remordimientos ante muchas situaciones que prefiero no mencionar aquí, y eso que me enfado mucho con quien nos acusa a los que vivimos en estas zonas de complacencia, debilidad y de fingir amnesia. Aunque haya parte de verdad en ello, ¿no nos hemos vuelto muchos de nosotros así de veras? ¿Ya sea dentro o fuera de Siria? Nadie puede señalar con su dedo acusador a nadie. Mientras escribo esto, miro a los jóvenes que permanecen en las zonas bajo control del régimen, hacia los cuales se debaten en mi pecho sentimientos confusos; el primero de ellos, la lástima, y el más lastimoso de todos, la ternura. Sin embargo, esta última no es la típica ternura femenina, sino la que siente el hermano por sus hermanas, sabiendo que podría pagar con su vida para defenderlas en una situación de peligro. Los miro con un intenso dolor y una envidia que quema. No es fácil ver cómo dos jóvenes en tu ciudad caen víctimas de la apatía, el miedo y una excesiva precaución, mientras ignoran todo lo que sucede a su alrededor y se pegan a los muros para buscar seguridad para ellos y su presencia en este lugar.

Por primera vez en mi vida, empiezo a sentir como si las hormonas masculinas gritaran en mí. Resuenan en mi cuerpo y queman mi garganta. Nunca antes me había fijado en algo así, cuando vivía fuera de las zonas de control del régimen, pero parece que la escasez de hombres aquí ha causado estragos en mi pensamiento, y quizá en mi cuerpo. Para ilustrarlo, está ese comentario jocoso que me hizo uno de mis amigos que viven en el extranjero que decía que debía ir al psicólogo cuando le conté mi nueva costumbre de sentarme detrás del conductor del service[2] en el sitio del “hombre ausente”, que suele sentarse ahí para proteger a las mujeres de un lugar algo incómodo y para recolectar el dinero de los pasajeros. Por primera vez siento que el lado masculino en mí vence al femenino, porque perderlo aquí es doloroso e hiriente, y la tiranía de la feminidad en su sentido dominante ligado a la debilidad, la vergüenza y la derrota me hace rebelarme aún más contra esa naturaleza que se me impone como mujer. El aumento del número de mujeres en detrimento de los hombres es señal de la derrota de estos últimos y su retroceso; no obstante yo rechazo esa idea, la rechazo. Rechazo la vergüenza de la derrota y la debilidad de la “feminidad” rota bajo el despotismo, la muerte y el desplazamiento. Nada impide que yo, la fémina malhumorada, lleve en mi interior la rebelión de los hombres, su enfado y su vigor. A nadie le importará si una mujer como yo, con un tono de voz bajo y con miedo a decir “no” en muchas ocasiones, ha sido poseída por uno genio masculino que pretende abrogar su supuesto papel como mujer y llenar, en su lugar, el vacío dejado por la ausencia de “hombría”, con su sentido interrelacionado, en un lugar en que las almas de la gente han sido asesinadas y su dignidad marginada.

Resulta complicado explicar cómo la necesidad de sentir esa hombría perdida se ha convertido en una carga desde que llegué aquí y se me ha impuesto la realización de sus deberes ante la falta de la misma en muchos. Digo todo esto a pesar de que soy defensora de la mujer, como suelo alardear, y de que logre todos sus derechos, deje de sufrir todo tipo de injusticias y consiga la igualdad con los hombres. Pero también soy la mujer a la que duele ver el estado de su país ahora que la mayoría de sus mujeres, niños, ancianos, shabbiha y jóvenes están aterrorizados con la idea de hacer el servicio militar y se preparan para viajar desde el segundo o tercer año de universidad. A ellos se suman los jóvenes nacidos a finales de los noventa o después del 2000, que son muchos, especialmente los que intentan parecerse a los de “nosotros somos el Estado, estúpido”, que se multiplican como las hormigas en las gradas del estadio de Homs, las aceras de las cafeterías de la calle Hamra, los pasillos de la universidad, los parques, las cafeterías y los locales de videojuegos. No les arrebato su derecho a vivir todo eso, no lo hago; lo que digo es que me cuesta ver mi ciudad en este estado de sumisión. Y la sumisión no es monopolio de los hombres ni de las mujeres, del mismo modo que la “hombría” que demostró la gente de la ciudad perdedora en el auge de su revolución no será monopolio de los hombres.

La hombría a la que aquí me refiero lleva en sí la valentía, el rechazo a la injusticia, la adopción de posturas firmas y un comportamiento solemne ante la sangre derramada, las almas agotadas y los barrios destruidos. Dejemos a un lado la idea de la masculinidad y la feminidad ligadas al deseo de cambiar de género en función de unas circunstancias biológicas y psicológicas. Dejemos también a un lado la serie de Bab al-Hara [3] y las ridículas bravuconadas de sus hombres y la debilidad de sus mujeres, pues hablamos de cosas distintas. Tal vez, los lingüistas deban acuñar una palabra que recoja en su significado todo lo que conlleva el concepto de “hombría” de forma que se pueda aplicar a ambos sexos, pues yo soy una mujer con toda su feminidad que lleva en su interior el anhelo de llenar el vacío de la hombría perdida, la hombría de quienes se enfrentaron a la injusticia y libraron la lucha contra el salvajismo de la otra parte, que también pretende representar la “hombría”, aunque la practica torturando y tomando represalias contra sus adversarios.

Mi “m” de mujer se individualiza y es derrotada ante la injusticia; el artículo femenino alarga su ele haciéndola cada vez más delgada en el vacío mientras que la "a" desaparece ante cualquier suceso importante que pasa desapercibido ante los hombres y mujeres que se supone que forman parte de una ciudad que en un tiempo se llamó la capital de la revolución, también su voz, su hija y su prestigio. Y yo, “sabéis que yo soy vosotros”, como dice Riad al-Saleh Hussein [4], o algunos de vosotros. Quiero ser un hombre, quiero tener una voz fuerte y ruda que retumbe en las calles y las casas, y ante los miembros del régimen que aparecen ante mí, con sus uniformes militares verdes, sus fusiles sobre la espalda encorvada y sus ojos que se salen de las órbitas, como las ranas pegajosas de lengua larga y viscosa.

Quiero gritarles a la cara, quiero gritar a la cara de todo el mundo, todooooos, con mi voz ruda, en vez de llorar en silencio, en vez del continuo dolor del alma y las quejas por la impotencia y el poco ingenio, en vez del sometimiento a la desesperación que me ha convertido en algo más parecido a un fantasma desesperado invisible, el fantasma frágil al que han arrebatado la solemnidad, para caracterizarse solamente por la ausencia.

Segunda voz

¿Cómo voy a gritar a quienes están a mi alrededor y decirles que este día pasará sin la presencia de la verdadera voz de nuestra ciudad, su ronca melodía y su conciencia[5]? Miro a quienes me rodean en el trabajo, en casa, en las calles, en la cafetería llena de mujeres, donde me siento yo sola en mi mesa y desde donde escribo ahora, mientras escucho, en secreto, con el auricular de mi teléfono, los cantos de Sarut, mientras caen lágrimas silenciosas sobre mi rostro.

La escena, incluida yo, resulta bastante horrible. Las canciones se mezclan en mi cabeza. Por un oído escucho la canción que ponen los dueños de la cafetería, que dice: “Arde una llama en mi corazón, ay del amor, ay”. Por el otro, escucho una canción de Sarut que dice: “Oh, querida patria, oh tierra bella, hasta tu infierno es un paraíso, hasta tu infierno es un paraíso”. Yo vivo en el infierno de la patria, su Hades: ¿es este el paraíso del que hablan? ¿Lo es?

Las personas desplazadas forzosamente y quienes han partido me preguntan por internet sobre la situación de la ciudad en este día, sobre la supuesta “tristeza” de la ciudad en este día, el día de la muerte de Sarut, sobre “el efecto” que ha producido. Evito responder a los mensajes: me da vergüenza escribir. Tal vez sirva si tomo una foto de la ciudad y se la envío, porque me da mucha vergüenza escribir, mucha. Cojo mi teléfono y abro Snapchat, me transformo en hombre gracias a una de las opciones, me tomo una foto con aspecto de hombre y me miro el rostro que parece más de hombre que de mujer, con una mandíbula ancha, una barba borrosa y unas cejas pobladas. Guardo la foto y sueño con poder volar en el tiempo y el espacio para poder salir de su funeral. Sé que todo esto son imaginaciones y que la realidad aquí tiene poco de ambiente de funeral, aunque tampoco de alegría, claro. ¿Cómo describo el ambiente de una granja? Tal vez parezca una denominación muy dura, pero ¿cómo llamo a un lugar cuyos habitantes están obligados a vivir sin conciencia, voluntad ni capacidad, siquiera, de pensar en lo que sucede a su alrededor? Y sí, quiero ser un hombre, quiero salir de aquí. Estoy cansada y harta de mi cuerpo, mi debilidad, las leyes de familia, mis familiares y quienes me rodean. En el día de su martirio concretamente, superé mi malestar y pregunté a algunos compañeros de trabajo, de esos que habían participado en la revolución (¡habían participado!) Uno me dijo: "¿Quién? ¿Sarut? Ha muerto. ¿No murió hace años?" Otro me dice: “La verdad es que creía que había muerto hace años”. Un tercero responde: “Creía que estaba en Turquía y había abandonado la revolución”. Un cuarto pregunta: “¿No se había unido a Daesh?” El quinto, como si hubiera escuchado el final de una serie, dice: “Vaya, entonces al final murió”. Me pongo la barba en la cara y utilizo la voz ruda para decirles: “Sí, hijos de perra, ha caído mártir y no ha muerto; por lo menos hablad de él con más dolor y respeto”. Una amiga me llama y, sin rodeos, me dice: “Te acompaño en el sentimiento”. La barba desaparece y le respondo con mi voz femenina: “Que Dios lo tenga en su gloria”. Otra amiga me envía un mensaje: “No somos nada”. Y así continúan llegando los pésames a mi teléfono, la mayoría de viejas amigas que viven aquí conmigo en la ciudad perdedora de la revolución. Tomo la iniciativa y yo misma envío mensajes de pésame. Por teléfono nos decimos que nos acompañamos en el sentimiento sin decir el nombre, sin concretar nada, pero el significado se mantiene en el corazón del poeta, ese que siente. Me refiero a aquellos y aquellas que sienten lo sucedido. Abajo la barba, abajo la masculinidad, abajo también la feminidad, abajo todos, abajo todo, como rezaba una conocida pancarta en Kafranbel[6].

Salgo de la cafetería, con chorretones de rímel en el rostro que dibujan líneas negras deformadas. También tengo negros los párpados inferiores, pero no me importa: maldito a quien le importe y maldito quien mire. No me importa. Siento que soy una cebra en una granja con sus líneas negras y blancas. ¿Por qué en árabe la llaman burro salvaje? Una rana verde pasa delante de mí, con una pistola a la vista en su bolsillo. Centro mi mirada en la pistola y lo olvido todo. Olvido todo lo que hay alrededor: soy una cebra y ante mí hay una rana con una pistola en el bolsillo. Me acerco a ella y, por un instante, miro y veo a mi derecha los ojos de mujeres y hombres que me observan aterrorizados. Apuesto para mis adentros que sabían lo que estaba pensando. Los miro con enfado, con acusación, con reproche y, por cierto, es precisamente eso lo que está en mi cabeza: coger el arma y matar, no sé a quién, pero cogerla y matar. Ahora, si la tuviera en mi mano, os juro que no necesitaría una barba, ni una voz ruda, ni fuertes músculos para utilizarla y disparar muchas veces al corazón, al pecho, a la cabeza y a la garganta de todos los que nos han llevado a esto, a los países del exilio, a los centros de detención, a las tumbas, a este lugar en el que sentimos que vivimos presos, como los animales.

[1] Los textos están disponibles en árabe en Al-jumhuriya.
[2] Pequeña furgoneta que sirve como medio de transporte a modo de autobús en las ciudades y donde los viajeros suelen ir pasándose el dinero para pagar al conductor, que devuelve el cambio con el mismo sistema. A falta de paradas oficiales, cada viajero baja donde lo solicita.
[3] Conocida serie de televisión siria ambientada en el período de entreguerras bajo dominación francesa. 
[4] Conocido poeta sirio, nacido en 1954 y fallecido en 1976, cuyo poema “Una pequeña revolución” se ha recuperado en múltiples ocasiones desde 2011.
[5] Se refiere a Abdelbasit Sarut, sobre el que puede leerse este artículo pormenorizado.
[6] El mensaje de la pancarta (14/10/2011) era:“Abajo el régimen y la oposición, abajo las ummas árabe e islámica, abajo el Consejo de Seguridad, abajo el mundo, abajo todo”. 

lunes, 11 de diciembre de 2017

¿Qué ha sucedido hoy en relación a Jerusalén?



Texto original: Al-Jumhuriya 

Autor: Colectivo Al-Jumhuriya

Fecha: 11/12/2017



La que ha sucedido no es que el presidente estadounidense y su administración hayan reconocido Jerusalén como capital de Israel, ni el hecho de que sea una desfachatez de cara al pueblo palestino y su relación con la ciudad, que ocupa un lugar central en el nacionalismo palestino contemporáneo, así como en la conciencia islámica y cristiana. Eso no es lo que ha pasado, pues era algo que estaba implícito en la inclinación estructural de la administración estadounidense y el sistema internacional, que viene ya desde después de la Segunda Guerra Mundial, hacia un Estado fundamentado esencialmente sobre la limpieza étnica, y que, a día de hoy, se basa en la discriminación racial. Lo fáctico, más bien, es que las potencias dirigentes del sistema internacional se han despojado totalmente de cualquier pretensión de justicia o de paz, aunque fuera formal, poniendo así fin al lamentable proceso de paz palestino-israelí, y haciendo de la dispersión palestina actual en pequeños reductos aislados y desconectados, el fin de su lucha.

En la vecina Siria, donde la presencia del sistema internacional es aún más directa, el destino palestino se muestra en su máximo esplendor. Lo hace mediante la protección internacional al gobierno asadiano en el Consejo de Seguridad, de una forma que recuerda a la protección de la que goza Israel; mediante el exterminio físico de los revolucionarios sirios que supone la continuación del exterminio político de toda la población, de una forma que recuerda al exterminio político de los palestinos en su tierra; mediante el monopolio asadiano e israelí de las armas de destrucción masiva y el armamento aéreo; y mediante la división de los seres humanos en clases. Esta división implica que solo algunos tienen derecho a la soberanía y a ser reconocidos por parte del sistema internacional, además de tener la capacidad ininterrumpida de matar y mantenerse al margen de toda ley, mientras que, por otra parte, no se reconoce el significado del sufrimiento de comunidades humanas desorientadas, que son despojadas de todos sus derechos e incriminadas por su propia humanidad y su derecho a la vida.

Los sirios han sido palestinizados en ese sentido durante los años posteriores a la revolución, mientras el israelí local, el Estado asadiano, ha seguido gozando de una total impunidad y una flagrante exención de sanciones, al menos desde el pacto químico de septiembre de 2013. Parece que tan brillante éxito invita hoy a cortar el camino en la dirección contraria y asignar a los propios palestinos un trato como el que se da a los sirios, que les niegue el significado y no solo la patria, tal y como puede deducirse de la decisión de Trump. Esta decisión no es la vía adoptada por un presidente que ha perdido el norte, algo de lo que muchos prefieren convencerse, anhelando quizá la llegada de un presidente estadounidense “racional” tras él, que cuide las formas más que el impudente millonario. Por el contrario, su decisión está relacionada con transformaciones estructurales del sistema internacional, que va en la dirección contraria a la democracia en todas partes, y cuya sensibilidad hacia el racismo es ínfima, hasta el punto de que la derecha europea, anunció en una manifestación en Polonia hace unos días un nuevo holocausto, esta vez contra los musulmanes.

Durante cerca de siete años, Siria ha sido terreno de pruebas de algunas de estas transformaciones contrarias a la revolución y a la democracia. Durante estos largos años, las matanzas, incluidas las perpetradas con armas de destrucción masiva, han pasado a ser una política internacional aceptable, como también ha sucedido con la fábrica de tortura y asesinato en las cárceles y sedes de seguridad. Desde este momento, el terreno de pruebas sirio ofrece una serie de precedentes que pueden servir a las potencias internacionales influyentes como base para asesinar a los seres humanos sobrantes y probar nuevas armas, algo de lo que han presumido los responsables rusos en relación a Siria. Si los palestinos se levantan ahora, es mucho más probable que antes que tengan un destino como el de los sirios, apoyado en el precedente asadiano y las transformaciones retrógradas del sistema internacional.

Son dichas transformaciones estructurales las que debemos estudiar y sobre las que debemos reflexionar, además de trabajar para construir políticas liberadoras que las enfrenten. Eso en vez de contentarnos con discursos falsos, chantajistas y escurridizos de resistencia, que nacen constitutivamente de la consideración de todos los habitantes de nuestros países como tontos e ignorantes, personas de quienes es posible reírse mediante discursos de masas como los de Hasan Nasrallah, que dicen que sus esperanzas y dignidad no tienen importancia alguna, y que lo importante es lo que deciden fanáticos dependientes de otros como él. La peor respuesta a la mentira del eje de resistencia, es la resistencia inversa, que responde al chantaje maximalista de la primera, mediante su desprestigio sistemático, dudando de la utilidad y significado de cualquier lucha, y culpando a las víctimas por su irracionalidad, o su escasa razón. Ambos son espacios para el engaño. La verdad se encuentra en otro lugar: en la realidad del exterminio político y físico que está teniendo lugar en Siria, en el despojamiento de los palestinos de la muy importante dimensión moral y simbólica de su patriotismo −tras echar a muchos de ellos de su patria y someter a discriminación racial a los que aún quedan−, y finalmente en la connivencia entre las mafias locales de nuestros países con las ocupaciones y potencias internacionales cada vez más racistas.

Y si hay algún indicio más de la palestinización actual de los sirios, es el “proceso de paz” sirio que imita a su lamentable precedente palestino, y lo supera en inmoralidad, arrogancia y fraudulencia. No se sabe si este proceso se está desarrollando en Ginebra, en Astana o en Sochi, pero sí se fabrican, a ojos de todos, opositores adiestrados, que se afanan en no oponerse en nada a los ocupantes o al asesino local que trabaja a su servicio, mientras quienes defienden los valores de la revolución y la voz de los pobres y desposeídos en el futuro de su país son acusados de extremismo. Este proceso no considera a los sirios más que como ciudadanos de segunda en su país, y funda de facto un régimen israelí en un país bajo diversas ocupaciones, a cuya cabeza está el gobierno hereditario dinástico cuya historia se ha erigido sobre matanzas. Lo que vendrá tras la supuesta paz siria es un sistema de guetos y discriminación racial, y en ningún caso una nueva Siria estable, o la antigua Siria asadiana.

Lo que puede concluirse, a partir de la situación actual de la causa palestina y del destino de las revoluciones árabes, es la necesidad de una nueva generación revolucionaria, un nuevo pensamiento y unas nuevas prácticas liberadoras, que cierren el capítulo de la resistencia y la resistencia inversa, y funden una política basada en el hecho de que toda la población sea dueña de su país y de su destino. Eso es lo que podría constituir un contrafáctico liberador.

martes, 17 de diciembre de 2013

Tres días de esperanza en el camino para romper el cerco



Razan Zaytoune, junto con Samira Jalil (la mujer de Yassin al-Haj Saleh), Wael Hammada y Nathim Hamadi fueron secuestrados el 9 de diciembre de 2013 cuando un grupo entró en el despacho sede del Centro Sirio de Documentación de Violaciones donde realizaban su trabajo en las afueras de Damasco. Esto es lo que escribió Razan para la página Lebanon NOW unas horas antes de que se produjera el secuestro, desde Al-Ghoutta, Damasco:

 Libertad para Razan y sus compañeros (especifica los nombres)
que fueron secuestrados por desconocidos en Al-Ghoutta oriental.
Juntos para que los liberen
(Comités de Coordinación Local)

El camino es largo, y está plagado de baches y minas, y es la suerte quien decide si el pie pisa en uno u otro punto sin contratiempos. Este oscuro camino no lo alumbran más que la fe y lo que queda del sueño.

Durante tres días, las noticias sobre el camino desplazaron a todas las demás. El camino abre sus brazos, los cuerpos de los jóvenes que resisten su cerrazón se han alineado como un puente, mártir tras mártir, para cruzar con los vivos hacia el final del camino.

Durante tres días, los alminares no llamaban a la oración, sino que se escuchaban otras voces tenues, que se entrecruzaban y se perdían en el viento antes de llegar a nuestros oídos. Sus nombres completos… Cada vez que escuchábamos los altavoces, el ruido hacía interferencia con la voz del muecín. Sabíamos que se trataba de un nuevo mártir, nuevos mártires, que habían desafiado el camino tortuoso y decidido seguirlo. No había tiempo para la tristeza.

Todos han aceptado que el camino volverá a pavimentarse con los cuerpos de esos jóvenes. Sentimos tristeza, pero también alegría. Todos celebraban el camino y seguían sus noticias, pretendiendo ser parte de él, como si fuéramos una larga cadena humana cargada de fardos que camina lentamente y con la firmeza de que se acerca el fin del camino.

Al final del camino hay leche y huevos para los niños hambrientos y ropas cálidas, mientras el trigo dorado espera que lo recojan las manos de las mujeres y lo calienten sobre la plancha. También están las medicinas que esperan reducir el dolor de los enfermos y salvar las vidas de algunos de ellos… Y al final del camino está también el Paraíso prometido, un paraíso que prometió una vida con un cierto parecido a la vida: algo de calor, de saciedad y de curación.

Las estanterías de sus locales se llenaron de pronto de productos que escondían y la gente los castigó sin comprar. Los comerciantes de la sangre, que tomaron parte en la celebración del camino, mañana, cuando el camino abra sus brazos, enterrarán con vergüenza sus mercancías escondidas.

Estos tres días trajeron consigo todos los sueños que no habían traído los tres años pasados.. Planes de futuro: quienes quieren irse y quienes quieren volver. Incluso los habitantes de otras zonas seguían la batalla como si fuera la que los liberaría a ellos. Lo que hay tras el camino no se parece a lo que había antes de él.

En cuanto se frustraron las noticias del camino, se dijo que se había llenado de la sangre de los jóvenes y que se había cerrado sobre sus cuerpos, se pospusieron los sueños del Paraíso que espera al final del camino. Pero nadie olvida ni olvidará esos momentos de esperanza, y cómo todos pasaron de ser seres encanecidos y cansados a ser seres alados que celebraban felices lo que estaba por venir: la vida que se parece a la vida.

Que el camino vuelva a cerrarse sobre esas esperanzas no ha afectado a esos sentimientos, pues estos días han sido una ocasión para recordar a todos lo que esperamos y para enseñarnos que todo tipo de dolor es llevadero en el momento en que se llega y se cruza el camino.

El camino sigue siendo largo y estando plagado de baches y minas, sigue estando cerrado al final y no sabemos qué espera detrás. Lo que hay tras el bloqueo, tras la revolución, tras la guerra, es un sueño que nos une a todos, como si fuéramos una larga cadena humana cargada de fardos que camina lentamente y con la firmeza de que se acerca el fin del camino. Bienaventurado aquel que lo cruce finalmente.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Entrevista a Razan Zaytoune, recientemente amenazada por extremistas



Texto original: NOW

Autora: Doha Hasan

Fecha: 24/09/2013




Razan Zaytoune, la activista de Derechos Humanos y escritora siria, es coordinadora general del Centro de Documentación de Violaciones en Siria, que pretende ser una base desde la que se hagan públicas las violaciones de los DDHH por parte del régimen de Bashar al-Asad. Con el inicio de la revolución, Zaytoune se vio obligada a esconderse a causa de su actividad en los medios, y a día de hoy sigue de cerca lo que sucede sobre el terreno en Siria.

Zaytoune, miembro fundador de los Comités de Coordinación Local en Siria, ganó el premio Anna Politkóvskaya de las defensoras de los DDHH, además del premio Sajarov del Parlamento Europeo junto al caricaturista sirio Ali Ferzat. Recientemente se ha visto amenazada y ha sido objetivo de campañas que la consideran una traidora, no por parte del régimen como era costumbre, sino por otra parte que no puede concebir la idea de lo que ella hace.

NOW realizó con ella, que es compañera además, esta entrevista: 

¿A qué amenazas te has enfrentado recientemente?

Estamos en una revolución. Hay caos y vacío securitario. En otras zonas, los activistas se han visto sometidos a cosas mucho peores que las amenazas y las campañas que tachan a la gente de traidora. Lo que diferencia a la zona de Al-Ghoutta oriental es que aún hay un movimiento civil activo, y que es de las zonas liberadas que presencian menos casos de caos o falta de seguridad, debido a la cohesión de las brigadas y porque la mayoría de los combatientes son hijos de las propias ciudades y las aldeas liberadas, además de que apenas hay extranjeros (y me refiero al Estado Islámico de Iraq y Siria y sus semejantes).

A pesar de los errores, Al-Ghoutta oriental sigue siendo el más bello ejemplo de la faceta más brillante de la revolución siria. Por eso hemos dicho y decimos que no se abandone a Al-Ghoutta, porque necesita reforzar sus puntos fuertes para poder enfrentarse a todo lo malo a lo que se ha enfrentado el resto de zonas liberadas. En cualquier caso, siempre hay quienes no han aprendido de las lecciones de la revolución, y creen que pueden copiar la experiencia monocromática y monofónica del régimen. Eso es imposible, porque el pasado no volverá y esos caerán como caerá el régimen. Que el régimen amenazara a los activistas, los detuviera o los asesinara no hizo retroceder ni detenerse a la revolución. Entonces, ¿por qué algunos creen que con tales prácticas pueden imponer su visión, planes y color? 

¿Constituye la protección que te brinda la población civil una garantía suficiente contra las amenazas que recibes? 

El tema de la protección en un ambiente de revolución para un civil que no tiene sostén militar no es real, pero lo importante es la amplia y sorprendente solidaridad de las actividades civiles sobre el terreno. Siento una fuerza “simbólica” que tal vez no pueda enfrentarse a amenazas físicas, pero sí enfrentarse a las frustraciones y que es capaz de garantizarnos que podamos continuar hasta el último momento. Los civiles son el apoyo de los civiles, y la fuerza de la solidaridad entre los activistas civiles, y entre ellos y la gente, es una garantía básica para el mecanismo de reforma desde dentro de la revolución contra lo negativo y los errores momentáneos. Y en primer instancia, esa una fuerza y una garantía para esas actividades mismas.

Incluso en el nivel militar, ha habido solidaridad por parte de los batallones y brigadas a lo largo y ancho de Al-Ghoutta. A nivel personal, estoy muy agradecida a todos mis amigos que iniciaron la campaña de solidaridad conmigo en el interior y el exterior. No puedo agradecérselo lo suficiente. También se lo agradezco a todos los consejos locales, a las oficinas y a los activistas que se han implicado en ella. Estoy en deuda con ellos por la esperanza que me han dado y el cariño con el que me han arropado. 

¿Hay facciones extremistas en la zona de Al-Ghoutta oriental como el Estado Islámico de Iraq y Siria (EIIS), Al-Nusra u otros? 

Hay presencia del Frente de Al-Nusra y últimamente ha comenzado una tímida presencia del EIIS. No he oído nada sobre reacciones por parte de las brigadas hacia el EIIS en la zona de Al-Ghoutta oriental y no sé cómo se va a tratar el tema, sobre todo ante los recientes acontecimientos en Azaz y otras zonas. Creo que la gente confía en su ESL para que trate el tema pronto y antes de que sea demasiado tarde.

No es fácil para las brigadas dejar sus frentes e iniciar batallas secundarias. Eso se entiende perfectamente, sobre todo porque todos ellos sufren de falta de apoyos, especialmente las brigadas y batallones que no tienen una agenda, excepto derrocar al régimen. La mayoría no pueden ni siquiera pagar los sueldos de sus miembros. Quien teme el caos y el terrorismo de EIIS debe hacer algo para ayudarles a seguir, en vez  dañar, condenar, y llorar por la revolución. 

¿Qué trabajo realizas actualmente en Al-Ghoutta? 

Lo primero que hago yo es “vivir” en Al-Ghoutta oriental, como ciudadana en un territorio liberado de mi país. En cuanto al trabajo, me centro en dos aspectos: el Centro de Documentación de las Violaciones en Siria, donde preparo informes sobre el terreno de la situación en la zona, como hicimos con el ataque químico y otros distintos; y colaborar en las tareas de provisión de servicios en la zona, para ayudar a la gente a superar el bloqueo que impone el régimen para someterlos.

Al-Ghoutta se está marchitando. La revolución floral y animal está camino del desastre. El hambre y las enfermedades nos amenazan a todos. Algunas cosas pueden aliviar en parte los efectos del bloqueo y ayudar a la gente a resistir y soportar una parte de la carga de los combatientes en el frente. El resto de zonas liberadas han sido poco atendidas hasta que al final los problemas se han fosilizado antes de que se intentara superarlos, lo que ha llevado a una prácticamente total impotencia.

Hoy la oportunidad llega desde Al-Ghoutta, el portal de Damasco, para trabajar por solucionar en la medida de lo posible esos problemas, para que la zona sigua siendo capaz de enfrentarse a lo peor. La Coalición Nacional debe proponer un proyecto completo en la zona de Al-Ghoutta… Los donantes deben consolidar una parte tangible de sus actividades a ayudar a esta zona a resistir. Encontrar una solución para la basura, por ejemplo, aunque sea materialmente costoso, costará menos que tratar las plagas, las enfermedades y la pérdida de vidas. Ayudar a los consejos locales a administrar los asuntos de sus zonas será mucho menos costo que resolver el caos que conllevará la ausencia de dichos consejos, y así con el resto de cosas. 

¿Sientes miedo? ¿Piensas en marcharte? 

Nunca he sentido miedo, pero al principio sentí mucha amargura. Durante un instante pensé en marcharme a un lugar que me apartara pero que me permitiera seguir trabajando en lo que comencé. Solo fue un momento de frustración. No estoy en  una “misión”, sino que como he dicho, “vivo”, y cuando no tenga nada que hacer, cerraré la puerta de mi casa y me quedaré dentro, en mi casa en la zona liberada de mi país. Además, me une una relación estrecha con decenas de amigos a los que no soy capaz de expresarles cuánto los quiero, y cómo veo a Siria en sus ojos… Civiles, activistas y revolucionarios en los frentes.

A nadie se le ocurre pescar en aguas estancadas e intenta condenar a nuestra revolución por lo que le ha sucedido –entre lo que hay verdaderas desgracias como sucede en Raqqa y Azaz. Dos años y medio de revolución huérfana es un milagro, por su perseverancia y sus múltiples detalles y héroes, tanto los que han muerto como los que siguen detenidos o en los frentes o en sus actividades civiles, humanitarias y de servicios.