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sábado, 12 de octubre de 2019

La operación turca y el origen de las guerras que están por venir

Texto original: Al-Jumhuriya
Autor: Colectivo Al-Jumhuriya
Fecha: 11/10/2019


A pesar de las intensas declaraciones internacionales y árabes de rechazo a la operación militar turca lanzada el miércoles pasado por la tarde, y a pesar de las múltiples declaraciones estadounidenses sobre las duras sanciones a las que se enfrentará Ankara en caso de traspasar unas líneas rojas que nadie ha delimitado con exactitud, la magnitud y la naturaleza de las operaciones militares que lleva a cabo el ejército turco, con el apoyo de facciones sirias que dependen de él, sugieren que Turquía ha obtenido la aprobación tácita de los países que dominan la geografía siria, empezando por EEUU y Rusia, para arrebatar el dominio sobre ciudades y municipios sirios de manos de los combatientes de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) en la franja fronteriza con Turquía.
La forma en que Trump anunció la retirada de las fuerzas estadounidenses de Siria el pasado lunes dio la impresión de que EEUU daba luz verde al ejército turco para hacer lo que se le antojara, y que EEUU iba a retirarse totalmente de la zona de la Yazira siria; sin embargo, las declaraciones posteriores del propio Trump, de responsables del Pentágono y de congresistas redujeron esa impresión y llevaron a pensar que la operación militar turca sería muy limitada y que se limitaría quizá a la zona comprendida entre Ra’s al Ayn/Serê Kaniyê y Tal Abyad, sin adentrarse demasiado en territorio sirio.
No obstante, la operación turca se inició con el bombardeo con misiles y artillería, además de bombardeos aéreos, sobre todo el territorio fronterizo, a lo largo de unos 400 km entre Ayn Diwar, cerca del río Tigris en el extremo oriental de Siria, hasta la zona rural de la ciudad de Ayn al-Arab/Kobane, cerca del Éufrates, pasando por Al-Malikiya/Dêrika, Qamishle, Amuda, Derbasiya, Ra’s al-Ayn y Tal Abyad. También se produjeron bombardeos aéreos sobre las posiciones de las FDS en el interior de la provincia de Raqqa, cerca de Ayn Issa. Debido a la extensión de las zonas afectadas, resulta complicado vaticinar cuál será la magnitud de la operación y sus límites sobre el terreno, pero los ejes principales en los que se han centrado las batallas e irrupciones terrestres que comenzaron la noche del miércoles al jueves se mantienen, hasta el momento de escribir estas líneas, limitadas principalmente a los alrededores de las ciudades de Tal Abyad y Ra’s al-Ayn, donde han avanzado las fuerzas turcas y las sirias que dependen de ellas y tomado el control de varios pueblosy colinas al este y oeste de ambas ciudades, tras librar enfrentamientos más o menos violentos con los combatientes de las FDS.
Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, los bombardeos turcos durante los dos primeros días han provocado diez víctimas civiles en varias zonas, mientras que los enfrentamientos y ataques recíprocos han provocado la baja de cuarenta combatientes de ambos bandos. Además, han provocado el desplazamiento de setenta mil civiles, en su mayoría habitantes de Tal Abyad, Ra’s al-Ayn y Derbaya, la mayoría de los cuales se han dirigido a zonas alejadas de las operaciones, particularmente en la provincia de Hasake. Los efectivos de las FDS han respondido a los bombardeos turcos con proyectiles de mortero y cohetes Katyusha sobre Jarabulus y sus alrededores, en la zona rural nororiental de Alepo, donde dominan las facciones de la operación Escudo del Éufrates, partidarias de Turquía, lo que ha provocado muertes y ha dejado también heridos entre los civiles. También han alcanzado las ciudades turcas de Akçakale y Nísibis, sumando allí también muertos y heridos entre los civiles.
Parece que las fuerzas turcas pretenden rodear las ciudades de Tal Abyad y Ra’s al-Ayn para obligar a los combatientes de las FDS a retirarse por miedo a quedar totalmente cercados, lo que facilitaría a las fuerzas agresoras la entrada en ambas ciudades. Las operaciones terrestres parecen indicar que pretenden también tomar el control de ambas ciudades y la franja fronteriza entre ambas, adentrándose hasta una distancia desconocida en territorio sirio.
Teniendo en cuenta las declaraciones de Trump y de los responsables estadounidenses sobre la retirada de las fuerzas estadounidenses de la zona de las operaciones, y sobre los límites que Ankara no debe traspasar, lo más probable es que la incursión terrestre no supere los treinta kilómetros, que es la profundidad hasta la que, a día de hoy, han llegado las fuerzas estadounidenses frente a Tal Abyad y Ra’s al-Ayn y la franja que las une. Este análisis se corresponde con las declaraciones ayer del Secretario de Estado estadounidense sobre le hecho de que la primera etapa de la operación solo se centraría en una franja de 120 kilómetros de largo y 30 de profundidad. Sin embargo, la falta de claridad de la postura estadounidense y la ampliación de las zonas de bombardeos más allá de esos límites, así como la insistencia de los responsables turcos de que esta es solo una etapa de la operación, dejan la puerta abierta a la posibilidad de que las incursiones terrestres lleguen a incluir toda la franja fronteriza al este del río Éufrates más adelante.
الخريطة نقلاً عن موقع liveuamap
Fuente: Liveuamap
En el plano árabe, Egipto, Arabia Saudí, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin han condenado la operación y han llamado a su detención inmediata. Egipto, además, ha hecho convocado una reunión urgente de la Liga Árabe el sábado para abordar la cuestión. Qatar, de forma individual, ha emitido un comunicado apoyando la operación. Por otra parte, en el plano internacional, Francia, Alemania y Gran Bretaña han rechazado la operación y han llamado a su detención inmediata, mientras que la postura rusa ha sido ambigua y no determinante, como la de EEUU, aunque de forma distinta. El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, dijo ayer que su país comprende “la legítima preocupación de Turquía en lo relativo a la seguridad de sus fronteras”, indicando a Turquía que debía abordar sus temores por medio del Acuerdo de Adana y anunciando que su país “tratará de establecer el diálogo entre Ankara y Damasco, así como entre Damasco y los kurdos”. Añadió también que la operación turca era la consecuencia natural del comportamiento de EEUU en la región. Por su parte, Teherán, aunque ha reiterado que comprende los temores de Ankara en lo referente a la seguridad, hizo ayer un llamamiento, emitido por su Ministerio de Asuntos Exteriores, a la inmediata detención de la operación y a la retirada de las fuerzas turcas de Siria.
Las distintas posturas internacionales y la indeterminación de Rusia y EEUU provocaron una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU el jueves, que concluyó sin que se adoptara ninguna resolución ni se anunciara ninguna postura determinante sobre la operación. Parece claro que las únicas partes internacionales que pueden influir en el devenir de la operación de veras son EEUU en caso de que prosiga o no con la retirada de sus soldados de otras regiones, y después Rusia, cuyo papel será determinante en caso de que las fuerzas estadounidenses continúen con su retirada y se desentiendan de las Fuerzas Democráticas Sirias. Parece evidente que Moscú intentará reconducir la cuestión para transferir el control de la mayor cantidad posible de territorio a manos de las fuerzas del régimen sirio y sus aliados, lo único que puede hacer que EEUU decida no retirarse de más zonas, por miedo a que las tropas iraníes se desplieguen en ellas, ya que ello debilitaría su postura en su punga con Irán.
Aún no están claros cuáles son los puntos fuertes en los que las FDS pueden apoyarse en esta batalla. Frente a la determinación turca de disolver las “Unidades de Protección Popular” (YPG, según sus siglas en kurdo), el ala militar siria del Partido de los Trabajadores del Kurdistán, columna vertebral de las FDS y quien domina de facto las zonas bajo su dominio, y frente a su clara intención de cambiar el equilibrio demográfico en la zona por medio de la repoblación con cientos de miles de refugiados, según ha declarado Erdogan más de una vez, las FDS, en caso de que EEUU prosiga con su retirada, solo podrán ampararse en Rusia y el régimen sirio, lo que conllevará su disolución y la eliminación de su proyecto, tal y como confirmó ayer el viceministro de Asuntos Exteriores del régimen sirio, Faisal Mekdad. Como declaró, el ejército sirio estaría dispuesto a trasladarse a la zona y protegerla, a condición de que se acordaran las “reconciliaciones necesarias”. Es bien sabido que el concepto de reconciliación, según lo entiende el régimen sirio, implica la disolución de las fuerzas armadas y las organizaciones políticas que no dependen de él y el sometimiento incondicional de sus miembros y de la población de las zonas en que se despliegue al ejército y fuerzas de seguridad del régimen. Eso mismo es lo que dijo Faysal Mekdad claramente cuando confirmó su rechazo al diálogo con “quienes hablan desde la lógica secesionista o considerando que son una fuerza de facto que debe imponerse”.
El Partido de la Unión Democrática (PYD, por sus siglas en kurdo) y sus combatientes carecen de alianzas reales en las que apoyarse en la región, puesto que su comportamiento a la hora de gobernar e imponer su control hará que todos, salvo un sector de la población kurda que lo apoya, se desentiendan de él rápidamente en caso de que pierda el amparo estadounidense. Este partido ha reprimido todas las voces opositoras entre los kurdos y ha perpetrado innumerables violaciones y crímenes contra muchos de los componentes de la región. Muchos de los habitantes confían en que la operación turca sirva para volver a sus pueblos y casas de los que fueron expulsados por las FDS.
No obstante, aunque esta operación permita a algunos desplazados forzosos recuperar su derecho de retorno a sus hogares, el objetivo no es ese, sino que tiene que ver con la defensa de la seguridad nacional turca tal y como la ve su Estado y pondrá los ingredientes para una nueva catástrofe que se cierne sobre todos los habitantes de la Jazira siria. Una zona esta que ya ha sufrido una serie de desgracias como resultado del salvajismo del régimen sirio y su comportamiento genocida, posteriormente por haber caído muchos de ellos en manos del criminal Daesh y, finalmente, como consecuencia de las operaciones de la destructiva Coalición internacional y el dominio de las FDS sobre toda la región, un domino que ha conllevado todo tipo de violaciones, represión, y exilio forzado y que exacerbará la tensión en las ya de por sí complicadas relaciones entre los componentes de la región: árabes, kurdos, siriacos y asirios.
La operación turca empeorará y complicará estas relaciones al introducir en la memoria de la población más elementos de enemistad, derramamiento de sangre y exilio forzoso, provocando durísimas consecuencias humanitarias para los sirios que viven en las zonas bombardeadas de la Jazira, sobre todo, debido al hecho de que estas zonas ya han recibido un número nada desdeñable de desplazados al haberse mantenido, en su mayoría, cuasi seguras durante los últimos años. La operación en Afrin sirve para vaticinar el posible futuro que espera a la región en caso de que la operación continúe y se expanda. Dicha operación ya provocó el exilio de decenas de miles de kurdos de sus municipios y pueblos en Afrin y sus alrededores, y la toma del control por parte de facciones que se comportan como bandas armadas, deteniendo, secuestrando, confiscando salarios e imponiendo su lógica, doctrinas y fundamentalismo siempre que podía. De ello dan cuenta la destrucción de muchos santuarios religiosos y la imposición de la vestimenta marcada por la jurisprudencia religiosa sobre las mujeres en muchas regiones de Afrin.
No hay nada que nos permita pensar que el comportamiento de estas facciones será diferente en las zonas de la Yazira. Más aún, todos sabemos que su toma del poder implicará el desplazamiento de decenas de miles de kurdos de sus casas por miedo a la venganza y las represalias con la excusa de su relación con las YPG kurdas. En el menos malo de los escenarios, esta operación supondrá una modificación en el equilibrio demográfico en Tal Abyad y Ra’s al-Ayn y sus alrededores, que abrirá nuevas heridas profundas en el tejido social de la zona. En el peor de los casos, una total retirada estadounidense supondrá el dominio de Turquía y sus aliados sobre la mayor parte de la franja fronteriza; es decir, sobre la mayoría de las ciudades que históricamente han tenido una alta densidad de población kurda. Será una gran catástrofe cuyos efectos permanecerán durante generaciones. Por otra parte, también supondrá el retorno del dominio del régimen y sus aliados a las restantes zonas de la Yazira, como Raqqa, la zona rural septentrional de Deir Ezzor y amplias zonas de la provincia de Hasake, con sus catastróficos resultados para la población de esas regiones y para la causa siria en su conjunto. Todo ello será la antesala de la inevitable naturalización de las relaciones entre el régimen y Turquía, bajo patrocinio ruso, lo que supondrá la aniquilación de la causa siria en el ámbito político, una vez aniquilada sobre el terreno.
Puede darse otro escenario menos terrorífico, que es que las tropas estadounidenses se retiren de todas las regiones de amplia presencia kurda y permanezcan en las de densidad poblacional árabe en el sur de la provincia de Hasake, la zona rural septentrional de Deir Ezzor y Raqqa, que implicará literalmente el intercambio de una parte de su población y será una trágica farsa en la que las fuerzas árabes tomen el control, con apoyo turco, de las zonas históricamente kurdas, mientras que las fuerzas kurdas, con apoyo estadounidense, tomarán el control de las zonas históricamente árabes, repitiendo así lo sucedido en Afrin y Tal Rifaat. En dichas operaciones, las facciones opositoras participantes en la batalla utilizaron el pretexto de la toma del control por parte de las fuerzas kurdas sobre la árabe Tal Rifaat y el exilio forzoso de su gente, para terminar expulsando a todos los combatientes kurdos del resto de zonas kurdas y dejarlos al mando de Tal Rifaat, cuya población árabe sigue en el exilio.
Además de las consecuencias militares y humanitarias de la operación turca, cuya dimensión aún no está clara, y ante la gran diferencia en el equilibrio de fuerzas entre las fuerzas atacantes y las defensoras, las FDS tienen una carta que todos temen que pongan en juego como venganza y forma de darle la vuelta a la partida: vaciar sus cárceles abarrotadas con más de catorce mil combatientes de Daesh, entre ellos extranjeros cuyos Estados se niegan a reacoger, y que estos se unan a los últimos reductos de la organización en el desierto y sus células aún operativas en zonas de la Yazira. Ello supondría el renacimiento de Daesh y su capacidad de amenazar a todas las regiones del este de Siria.
Los efectos de la operación turca no se limitarán a la geografía siria, porque la muerte de soldados turcos durante las operaciones y las víctimas civiles en territorio kurdo debido a los proyectiles que lanzan las FDS no tendrán un efecto positivo para los refugiados sirios en Turquía, y podrán abrir la puerta a una nueva ola de racismo que los acuse nuevamente de pasividad y cobardía, mientras que los turcos libran en su lugar su batalla de liberación del “terrorismo”. Esta operación, según se desprende de las declaraciones oficiales turcas, puede también provocar la deportación forzosa de más de un millón de refugiados sirios desde Turquía a las zonas sobre las que tome el control la operación militar.
Las anteriores consecuencias que puede tener la operación turca por sí solas no son lo único que ha provocado que una gran parte de los opositores sirios se opongan a ella, sino que también se debe, en los ámbitos sentimental y político, al hecho de que “el ejército nacional” haya borrado el estandarte de la revolución siria y lo haya mostrado como un estandarte dependiente de Turquía y las exigencias de su seguridad nacional. También han contribuido a ello la realidad de que esta operación no servirá más que para hundir la causa siria aún más en el lodo de las violaciones y crímenes cometidos en su nombre por parte de aquellos a quienes se presupone como parte de ella y de que esta operación no se encuadra en el contexto de la lucha contra el régimen de Asad, por mucho que quienes la apoyan digan lo contrario: lo cierto es que quizá sirva para reforzar su posición y la de sus aliados. Por último, el rechazo proviene del hecho de que esta operación inaugurará una serie de nuevas guerras y conflictos en la región y que se trata de un nuevo episodio en la serie de nuestra violación como sirios y la utilización de nuestra sangre para beneficio de potencias y Estados extranjeros a quienes no les importan nuestros derechos, nuestra dignidad ni nuestras causas.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Entrevista a Riad al-Turk


Texto original: Al-Quds al-Arabi 

Autor: Muhammad Ali al-Atassi

Fecha: 03/09/2018


Podría pensarse que entre los indicios de la derrota de la revolución siria y la ruptura de la voluntad de cambio del pueblo sirio está la salida del veterano opositor sirio Riad al-Turk (88 años) de Siria, tras varios años de actividad clandestina.

Sin embargo, quien lea esta entrevista que ha realizado con él Al-Quds al-Arabi en un suburbio de París dos semanas después de su llegada a la capital francesa, proveniente del interior de Siria, se dará cuenta de que el legado de resistencia contra la dictadura y de lucha por la libertad y la dignidad, conformado por las almas y luchas de decenas de miles de opositores sirios sigue estando presente y en activo aquí y ahora, y de que “el primo paterno”, como lo llaman los sirios, no es más que uno de sus más importantes y sólidos símbolos.

A Al-Turk no le afecta en absoluto el ser el primero en criticar la experiencia de la revolución y en hacer un llamamiento a reflexionar sobre los resultados y las lecciones aprendidas y en revisar el papel que han jugado él mismo y su partido, así como la Declaración de Damasco en las filas de la revolución.

Frente a ello, no hemos visto en ningún político de la oposición de los que se insertaron en las instituciones de la Coalición y, antes, en el Consejo Nacional, la capacidad para seguir el ejemplo de Al-Turk en revisar su experiencia y reconocer sus errores.

Siria era y seguirá siendo un nacimiento, y Al-Turk no es una excepción opositora, pues hay muchos símbolos, personalidades y soldados desconocidos que ofrecieron mucho y sacrificaron mucho, alejados de los focos. Hoy, habiendo muchos de ellos en el interior y exterior del país, y con su llegada a París, se abre una oportunidad para que la oposición siria, tenga símbolos, presencia y personalidades de peso simbólico, despojados de las aspiraciones personales, que trabajan por defender la causa siria en los foros internacionales, y pretenden escuchar la voz ausente de los sirios, empujando hacia la creación de una estructura institucional que permita a las generaciones jóvenes tomar las riendas y enfrentarse a la ocupación, para recuperar una Siria libre e independiente. 

Tras diez años de actividad clandestina, escondido en Damasco, ha decidido abandonar Siria y a sus compañeros en el interior, para reunirse con su familia en Francia. ¿Sintió miedo cuando decidió marcharse y cruzar la frontera hacia Turquía? ¿Cuánto tardó en hacer ese viaje? ¿A qué se enfrentó? 

Cuando decidí marcharme, no temía que me detuvieran. Había adoptado una decisión y unas precauciones, así que no quedaba más que seguir la lógica del “que sea lo que tenga que ser”. Cruzamos siria de sur a norte durante tres días. El camino fue duro y largo, sobre todo para alguien de mi edad, pero los jóvenes que me acompañaban fueron los mejores apoyos y compañeros. Deseo expresarles mi profunda gratitud por arriesgar su vida para asegurarse de que llegaba a salvo a la frontera turca a través del paso de Bab al-Hawa. Eran unos jóvenes maravillosos y la mayor parte de las zonas que atravesamos desde Damasco, pasando por Salamiyeh y Alepo hasta llegar a Qalaat al-Marqab, estaban bajo control del régimen. Pasamos una noche en la Alepo ocupada por parte de las fuerzas rusas e iraníes. Lo gracioso es que la mayoría de puntos de control del régimen podían cruzarse pagando una cantidad ínfima, pero como había tantos, acabamos pagando bastante dinero. 

En la segunda parte de la película “El tío paterno”[1], que grabaron con usted al inicio de la revolución, dijo que no saldría de su país y que moriría en Siria, donde ha resistido seis años, ¿por qué decidió salir finalmente? 

Salí por dos motivos. El primero fue la satisfacción de los deseos de mis hijas Khazama y Nisreen, pues ambas tenían muchas ganas de reunir a toda la familia tras todos estos años, tras el fallecimiento de mi esposa la doctora Asma al-Faysal, estando yo lejos de ella y de la familia. Evidentemente, por dentro sentía que debía estar con ellas, pero nunca lo expresé delante de mis compañeros de partido en el interior, por miedo a que se entendiera como una retirada, aunque ellos mismos me animaban a marcharme por seguridad.

El segundo motivo fue el hecho de sentir que mi papel en el partido y en el interior había comenzado a debilitarse, una sensación que aumentó a la par que mi enfermedad, mi envejecimiento y la dificultad de recibir un seguimiento médico al trabajar clandestinamente. En los últimos tiempos, me había debilitado mucho y sentía que ya no era útil para mis compañeros en el interior. A pesar de ello, y sin ánimo de creerme importante, me sentía como un pez fuera del agua, y sigo pensando que la actividad útil y principal se desarrolla en el interior. 

¿Tiene miedo de acabar siendo un refugiado en el exterior? ¿Tiene alguna esperanza de regresar pronto? ¿Cómo cree que podría desarrollarse su labor en el exterior? 

A veces me da miedo de morir y ser enterrado fuera de Siria, pues parece que ese es hoy nuestro destino, el de los sirios dispersados por el mundo. La gran ironía es que incluso quienes se quedan en Siria, están privados no solo de su derecho a la vida, sino también de su derecho a tener cementerios.
A día de hoy, no puedo saber si mi papel futuro gozará del beneplácito de la gente, pero siento que esta etapa precisa de un esfuerzo de los jóvenes, y que nuestra labor ha terminado, habiendo llegado el tiempo de los demás. Soy bastante prudente y me planteo muchas cuestiones sobre si aventurarme en una nueva experiencia, pero sigo teniendo la esperanza de regresar y de que otros regresen a nuestra patria, Siria, y no escatimaré en esfuerzos, si las condiciones lo permiten, para que así sea. Si fuera necesario volver antes de que se den las condiciones políticas adecuadas, estoy dispuesto a arriesgar mi vida y realizar el mismo camino de retorno para volver al interior de forma clandestina. 

¿Hay algo de lo que se arrepienta en lo político y en lo personal y familiar en estos últimos siete años? 

En lo político, hablábamos de la inevitabilidad de la victoria de la revolución, y quizá no éramos conscientes de hasta qué punto había una resistencia regional e internacional al cambio en Siria y en la región. Siento que, como otros, debemos hacer una profunda revisión. Hemos transitado por un camino lleno de obstáculos, y no nos ha conducido a la victoria de la revolución ni al derrocamiento del régimen, por lo que es necesario que tomemos conciencia de las razones de dicho fracaso. Hoy es preciso revisar muchos postulados y renovar nuestras ideas, fuerzas y relaciones, porque hemos perdido una ronda de esta gran batalla histórica, pero hay un nuevo enfrentamiento contra los ocupantes. La gente necesita aclaraciones, y debemos aceptar la crítica y las cuentas que nos exigen rendir, además de aceptar al otro.

En lo personal, sinceramente, no lo he pensado. Puede que me arrepienta de algunos detalles, pero no creo que me arrepienta de las etapas principales por las que he pasado, desde la independencia de los soviéticos y el enfrentamiento con Khaled Bekdash[2], hasta el enfrentamiento con el despotismo de Hafez al-Asad, el rechazo a que Bashar al-Asad heredara el poder, la actividad en el seno de la primavera de Damasco, la creación de la Declaración de Damasco y la participación en la revolución.

En lo familiar, siempre pensé que la política y el partido eran lo primero, y después venía la familia, y a día de hoy, pienso que ha cierta exageración en ello, pero era algo necesario para mi tranquilidad mental y para las exigencias de la actividad política opositora. Hoy que mis hijas ya han crecido y son independientes, recibo de ellas un cariño y un apoyo que sinceramente no merezco. 

Entonces, ¿las bases sobre las que se erigieron las políticas, las dependencias y las alianzas del Consejo Nacional, y posteriormente, la Coalición Nacional para las fuerzas de la Oposición y la Revolución fracasaron también en lograr los objetivos de cambio nacional democrático? 

Sí, creo que fracasaron, y ojalá hubiera una postura crítica seria, pues estamos ante una nueva situación en la que Siria está ocupada por fuerzas extranjeras, por lo que lo principal hoy es luchar por todos los medios por sacar a dichas fuerzas de nuestra tierra. Es importante que la gente sea consciente de que desequilibrio principal hoy no está en la permanencia o marcha de Bashar al-Asad, ni en si prolongar su mandato dos años o más, pues se trata de un criminal de guerra que se ha afanado en matar a su pueblo y un dictador que ha entregado su país al ocupante extranjero, por lo que su destino no será otro que el sometimiento a juicio. El desequilibrio principal hoy y la coyuntura determinante es la ocupación y la necesidad de luchar para ponerle fin. 

¿Dónde está el error en la creación del Consejo Nacional al inicio de la revolución? 

El principal error fue apresurarse a formar una unión de fuerzas y conformar el Consejo Nacional a partir de un acuerdo entre varias partes políticas, a cuya cabeza estaban la Declaración de Damasco y los Hermanos Musulmanes, sin poner condiciones a las partes, para que en caso de no respetarse el acuerdo, permitieran la dimisión o que prohibieran semejantes situaciones. Al principio, se acordó la creación del Consejo Nacional en su estructura de liderazgo conformada por siete partes políticas, estando todas representadas por igual con cuatro delegados, por lo que había 28 miembros. Sin embargo, pronto llegaron otras partes, como las tribus, exigiendo también tener representación política en el Consejo. Una vez que entraron, quedó claro que eran fieles a los Hermanos Musulmanes. A fin de cuentas, los Hermanos atrajeron a varias partes políticamente independientes en teoría, pero cuyos miembros eran de facto miembros de la hermandad. Así que teníamos 28 representantes y acabamos teniendo 52, una parte de los cuales eran fieles a los Hermanos Musulmanes.

El segundo error fue la comodidad que desprendía el término de la autodefensa frente a la violencia y la barbarie del régimen, sin ningún tipo de control, organización o planificación. Por nuestra parte, desde el partido y la Declaración de Damasco, no participamos en ninguna acción armada, ni nos relacionamos con ninguna parte extranjera, sin embargo, otros participaron en las acciones armadas desde el inicio, y tenían extensiones regionales e internacionales. Por tanto, muchos entraron a la pista bajo denominaciones islámicas, completándose poco a poco la militarización de la revolución, y posteriormente, su islamización, en pro de las agendas de muchos de los países de la región, patrocinadores de las organizaciones islámicas armadas. Esto llevo finalmente a una desviación de la orientación de la revolución y a una suerte de tutela internacional sobre las instituciones de la oposición.

El tercer error fue soñar y esperar que algunas fuerzas políticas opositoras lograrían que la revolución tuviera el apoyo occidental contra el régimen, algo que nunca sucedió y que terminó yendo en detrimento de la revolución. 

¿Qué piensa de las acusaciones vertidas por muchos activistas de la revolución contra los Hermanos Musulmanes de haber traicionado a la revolución? 

No, no se trata de una traición. Pienso que tenían ganas de dominar y acaparar, y de tener la última palabra frente a la opinión pública, además de tener excesiva confianza, casi orgullosa en ocasiones, en sí mismos. Puede que incluso algunos de ellos estuvieran sometidos a la influencia regional e internacional y que otros pensaran que estaban a punto de derrocar al régimen. Ya habíamos pasado por una experiencia en que la corriente del islam político había constituido una de las razones de fracaso, y nuestro deber es criticarlo y luchar contra él política e ideológicamente, pero eso no significa excluirlo de la vida política ni dudar del hecho de que representa a importantes sectores de nuestra sociedad.

Todo esto no me impide decir que los Hermanos Musulmanes, como los demás, han sido víctimas de múltiples conspiraciones a las que el pueblo sirio se ha tenido que enfrentar. Por tanto, creo que todas las partes de la oposición, incluidos los Hermanos, la Declaración de Damasco y el Partido Democrático del Pueblo, deben someterse a la autocrítica y a la revisión de su experiencia durante los siete últimos años. 

¿Cuáles serían, según su punto de vista, las prioridades de la labor opositora siria en la coyuntura actual? 

Yo tiendo a afirmar que Siria ha sido vaciada desde el interior y que debemos luchar por todos los medios para que la gente regrese, para asegurar su integridad y preservar sus derechos, así como para garantizar un regreso digno y seguro en unas condiciones en las que el antiguo régimen no tenga la última palabra. Nuestra lucha seguirá siendo limitada si la gente permanece fuera de Siria. Deben regresar, pero no a los brazos de los rusos ni del régimen, pues son igual de salvajes. Y ahí están el dilema y la paradoja, especialmente en ausencia de cualquier cambio serio en la estructura del régimen y la ausencia de cualquier garantía internacional y de cualquier equilibrio de fuerzas que permita asegurar el retorno seguro, voluntario y digno de la población. La lucha desde el exterior seguirá estando en su mayoría encorsetada y gobernada por las condiciones y presiones de los países anfitriones, por los equilibrios de las fuerzas internacionales intervinientes en el conflicto en Siria y por Siria, por la debilidad de la empatía internacional por la causa siria y por la impotencia y debilidad de muchas partes de la oposición, dependientes de los ejes regionales. No habrá ninguna oposición real si no logra obtener su legitimidad del interior ni presionar para un regreso digno de los sirios a su país. Y es aquí donde se plantea la cuestión de la posibilidad, papel y capacidad de los jóvenes de crear una situación independiente y cambiante que vaya en dicha dirección. Desgraciadamente, estamos condenados, en el marco de los equilibrios de fuerzas dominantes, por la fuerza de los países intervinientes en el conflicto en Siria, a presionar para llegar a un pacto político que incluya el reparto de poder en una etapa transitoria en la que el régimen no tenga la última palabra, pero que también imponga a todas las partes una serie de renuncias, con la esperanza de llegar a una solución permanente y justa para la causa siria. Sin embargo, el horizonte del conflicto está abierto a todas las posibilidades, y los equilibrios de fuerzas están en una situación de continuo cambio. 

¿Significa eso que usted apoya un pacto político con el régimen? 

Hoy, tengo la convicción de que no hay en Siria nada que se llame régimen de Bashar al-Asad o régimen de los Asad, sino que se trata de una ilusión que tienen algunos. Hoy somos una marioneta en manos de los rusos y los iraníes. Me vienen a la cabeza, a colación de esto, dos antiguos versos que describe la situación de uno de los últimos califas abasíes, antes de que los líderes turcomanos tomaran las riendas efectivas del poder:

Un Califa enjaulado entre Wasif y Baga
Dice lo que le dicen que diga como un papagayo[3].

¿De qué sirve que haya una cabeza de régimen si no hay un ejército real ni ministerios ni instituciones efectivas, ni régimen judicial? La gente a día de hoy se autogestiona en cada barrio, ciudad y jurisdicción. No creo que actualmente haya un régimen denominado régimen de la Siria de Asad. Es una mera ilusión. Hay bandas armadas fieles a rusos y bandas fieles a iraníes, y otras relacionadas con estadounidenses y turcos. Pero parece que los rusos necesitan hoy un instrumento o espantajo llamado “el régimen” para decir que este legitima su ocupación. Sin embargo, la realidad es que no hay régimen sirio, sino una ocupación directa. Si la ocupación abandona Siria, no encontrarás régimen alguno. Por eso, lo principal hoy es la lucha contra la presencia extranjera en Siria en todas sus formas y denominaciones, desde rusos e iraníes hasta estadounidenses y turcos. Estas fuerzas que se creen vencedoras militarmente sobre los escombros de la revolución siria y el movimiento nacional siria, ¿serán capaces de ofrecer una salida política? Lo dudo, porque no tienen horizonte alguno. En mi opinión, las declaraciones occidentales sobre un acuerdo político a cambio de la reconstrucción no sirven como base para la solución. Lo más importante hoy es que Siria no se vacíe de su gente, y debemos trabajar por un pacto político que permita su retorno. Para ello, la lucha hoy es contra el ocupante, y no contra el régimen, porque no queda ya ningún régimen que gobierne, sino que lo que tenemos es un país ocupado y gobernado por extranjeros. 

¿No cree que es difícil hoy que haya un levantamiento nacional sirio contra la ocupación, sobre todo teniendo en cuenta el componente confesional-sectario al que el régimen ha avivado y del que se ha beneficiado? 

Sigo sin creer que la división sectaria sea dominante sobre otras divisiones de la sociedad y política sirias. Además de que tampoco me convence que los alauíes se vean representados por Bashar al-Asad o que vayan a renovar su pleitesía hacia él. También es cierto que los crímenes de Bashar al-Asad han provocado el pavor de los suníes a ser asesinados, forzados a emigrar y detenidos, pero a cambio, hay un enorme precio que han pagado los alauíes como resultado de la guerra que Bashar al-Asad libra contra la sociedad siria. Hay pueblos que han perdido a todos sus jóvenes y hombres por culpa del conflicto, o porque estos huían del servicio militar. La destrucción ha afectado a todos. Por mucho que Bashar al-Asad haya intentado hacerlo, en la ecuación siria, ninguna de las partes puede negar a la otra. 

¿En su opinión, hay alguna posibilidad real después de todo lo que ha sucedido de que los sirios acepten vivir bajo un paraguas nacional que satisfaga a todos? 

No se trata de si se puede volver a convivir o no, porque esa es una necesidad de cuya importancia debemos ser conscientes y trabajar para hacerla realidad, sea o no una posibilidad. La alternativa es división y más división. La alternativa es el traslado de la división a los países limítrofes. Al margen de la adscripción religiosa, nacional o regional, nos necesitamos los unos a los otros, y ello debe formar parte de nuestra conciencia política, y conformar políticas según tales consideraciones, para recuperar la unidad de Siria después de haber sido dividida en protectorados y zonas de influencia de diferentes países. A fin de cuentas, el patriotismo sirio es hoy la fuente y el paraguas bajo el que todos nos encontramos, y es un paraguas mucho más amplio que el islámico, el nacionalista, el religioso o el partidista. 

¿En este contexto, cómo ve el futuro de la cuestión kurda en Siria, a la luz del retroceso del papel del Consejo Nacional Kurdo, la injerencia del PKK y el dominio militar de las Fuerzas Democráticas Sirias en la zona de la Jazira? 

La cuestión kurda en Siria, en mi opinión personal, completa la cuestión siria, y al revés, porque cuando los sirios se rebelaron por la dignidad y la libertad, a su cabeza iban los kurdos sirios. Los horrores, crímenes y desplazamientos forzados que han sufrido los sirios lo han sufrido también los kurdos. Hoy, a pesar de la nueva situación sobre el terreno creada por los extremistas kurdos, veo que la satisfacción de los derechos nacionales de los kurdos y la solución de la cuestión kurda en Siria, no pueden imponerse por la fuerza, o apoyándose en países extranjeros, sino que ha de nacer de un contexto nacional, algo que no puede darse ni continuar si no es en un contexto de unidad territorial siria y de luchar por una Siria libre y democrática, que respete y garantice los derechos de la mayoría de su gente. 

En más de una entrevista, y también al principio de esta, ha señalado la importancia de empoderar a los jóvenes y de darles un mayor papel en la acción política opositora, pero al mismo tiempo, no ha logrado mantener una colaboración durante la revolución con una de las personas más cercanas a usted, Razan Zaitouneh. ¿Por qué? 

Mi relación con Razan viene de atrás y es fuerte, pues la acompañé en su labor opositora e incluso en el ejercicio de la abogacía. Es difícil encontrar a alguien tan abnegado como ella. Siempre he respetado su inteligencia, obstinación y firmeza, y el papel que ha jugado sobrepasa con creces el que han jugado la mayoría de opositores veteranos. En realidad, yo no aparté a Razan, sino que ella se alejó al inicio de la revolución al recibir muchas críticas por haber participado en la conferencia de Antalia[4], una de las primeras conferencias, en mi opinión, con patrocinio internacional, para intentar contener a los jóvenes. Razan en aquel momento no aceptó mi crítica y decidió alejarse. Con enorme tristeza, reconozco que fui muy duro en mi postura, y que no debería haberlo sido, porque esa fue su primera experiencia en las relaciones públicas en el exterior; sin embargo, mi dureza nacía de mi preocupación por ella. Tenía mucho miedo de que cayera en escollos innecesarios, ya que iba apresurada y tenía poca experiencia en este ámbito. Incluso tenía miedo de que fuera a Duma. Tenía la sensación de que el Ejército del Islam estaba infiltrado por el régimen, por lo que no había seguridad real en Duma. 

Durante años ha repetido que la revolución siria vencería aunque fuera derrotada. ¿Cree hoy que la revolución siria ha sido derrotada, y cómo sitúa esta revolución en el contexto de lo que se conocen como revoluciones de la primavera árabe? 

Sí, esta revolución habrá vencido aunque la derroten, si atendemos a la profundidad de los cambios sociales que se están dando en nuestra región. Hemos perdido una ronda de la lucha, pero no la batalla. Considero que la batalla sigue, y que la fuerza de la misma procede de la enorme connivencia internacional y del salvajismo que ha ejercido sobre los sirios. Esta batalla histórica no se mide en la derrota o victoria de una revolución que ha durado años. La fuerza de esta batalla nace de su fondo árabe y no solo sirio.

Las sociedades árabes han llegado a un punto en que necesitan un cambio profundo y radical, necesidad expresada por medio de los levantamientos y convulsiones que han vivido en estos siete años. De entrada, está lo que se parece a la movilización colonial para evitar que estos pueblos tomen las riendas de su vida, de que sean una parte del mundo contemporáneo y de que elijan a gobiernos cuya legitimidad nazca de las urnas y de la voluntad popular. Más aún, hay una cierta aprensión y miedo en los centros de poder occidentales, que alegan que tienen que ver con el futuro de los acuerdos de Sykes-Picot, y la preservación de sus productos, aunque en realidad tiene por objetivo romper la voluntad de cambio democrático de nuestros pueblos e impedir la ola de liberación que ha azotado la zona durante los últimos siete años. Aquí, naturalmente, es importante que no obviemos el nefasto papel que han jugado las corrientes del islam yihadista y el pensamiento extremista contra esta ola popular y en el vaciado de estas sociedades de toda fuerza de cambio y renovación.

Sí, hay mucha relación y similitud entre las revoluciones de la llamada “primavera árabe” aunque tengan marcos diferentes y cada una tenga sus propias condiciones, pero la base y el denominador común sigue siendo la necesidad de estas sociedades de un cambio radical y de liberarse de los regímenes déspotas y corruptos para llegar a una forma de buen gobierno. En este sentido se complementan unas a otras. Quizá fracase una revolución aquí o allá, pero volverá con otra forma. Nuestros pueblos están hoy en el corazón de la historia, y se trata de una trayectoria histórica imposible de detener. 

¿Cómo valora el papel estadounidense durante los años de la revolución? ¿Y el renovado papel israelí en el escenario sirio? 

No se puede entender el papel estadounidense en Siria fuera del contexto de la postura de la Administración Obama hacia las revoluciones de la primavera árabe. Esta Administración no pudo ni quiso aceptar los resultados de las urnas, ni el retorno de los pueblos árabes a la ecuación política, ni la introducción de las corrientes del islam político moderado en el juego político, y prefirió, como sus predecesoras, mantener las relaciones con los regímenes militares que aseguran defender la estabilidad y que están gobernados por una mafia dirigida por un único hombre con el que es fácil negociar y pactar y del que es fácil obtener renuncias.

En el contexto sirio, basta fijarse en el destino que corrieron las líneas rojas de Obama y los posteriores acuerdos internacionales para la retirada de las armas químicas, que acabaron por hacer al régimen sirio un socio, garantizaron su permanencia y no le impidieron seguir empleando estas armas contra el pueblo sirio. En este sentido, no debe olvidarse el ambiguo y negativo papel jugado por el embajador estadounidense Ford desde el día en que fue nombrado representante de su país en Damasco. Es como si hubiera venido para dividir a la oposición, aumentar la confusión en sus filas en lo relativo a la revolución y reducir sus demandas a mínimos, sin perjudicar a la estructura y estabilidad del régimen. Sigo considerando que la postura estadounidense en general ha sido la peor en Occidente en lo que a Siria se refiere. No obstante, teniendo en cuenta que la Administración estadounidense es la gran potencia con amplia influencia regional, no podemos obviar dicha postura, sino que debemos tratar con ella e intentar minimizar su efecto negativo.

En cuanto al papel israelí hoy, creo que es muy peligroso, y me da miedo que Israel sea la alternativa y el aliado de los rusos en mantenerlo a flote y protegerlo, a sabiendas de que el lobby israelí ha presionado desde el principio a la Administración estadounidense para que garantizara la permanencia del régimen y que se limitara a debilitarlo un poco. Considero que si se diera un resurgir nacional sirio y el movimiento patriótico se recuperara en parte, se encontrará de frente con una nueva fuerza represora de un salvajismo similar al de la fuerza rusa o iraní. 

¿Y qué responde a quienes lo acusan de ser autoritario como Khaled Bekdash, de monopolizar el Partido Democrático del Pueblo y de dirigirlo bajo cuerda, de no permitir que ninguna figura carismática destaque y de que lo que hace es excluir a dichas personas? 

No creo que tales palabras sean precisas. Lo más correcto, en mi opinión, es decir que soy extremista en mis posturas políticas, y que a veces cruzo los límites, pero no en mi postura sobre las personas. No obstante, he insistido en muchas ocasiones en que compañeros jóvenes ocuparan los puestos de mayor responsabilidad, y quería que desarrollaran su potencial al hacerse cargo de dichas responsabilidades. En lo que se refiere al partido, yo mismo comencé a abogar por la renovación por parte de los jóvenes del partido y mi objetivo era una retirada progresiva. Por ello, dejé la Secretaría General del partido en el sexto congreso. Si hubiéramos logrado celebrar el séptimo en 2008, hoy estaría fuera del Comité Central. 

En una conversación con la doctora Fida Hawrani, la anterior presidenta del consejo nacional de la Declaración de Damasco, señaló la importancia de que se creara una estructura o conferencia nacional en el exterior que especificara las prioridades del trabajo nacional y permitiera realizar una criba en las filas de la oposición siria, sobre la independencia de la decisión nacional siria. A la luz de su estrecha relación con la doctora Fida, ¿cómo ve esta propuesta y cuáles son las prioridades de la acción nacional siria en el exterior a día de hoy en su opinión? 

La verdad es que la pregunta es importante y no tengo aún una respuesta clara. Creo que es necesario que el movimiento nacional sirio, con sus miembros, fuerzas y partidos, renueve sus visiones, su programa y sus estructuras sobre la base de una revisión crítica de la trayectoria de la revolución. En mi opinión esto no lo hará una persona o un partido, sino que debe ser el resultado de un profundo diálogo a nivel nacional y de una trayectoria que se está conformando. Todas las fuerzas políticas y personalidades patrióticas deben echar una mano y debemos escuchar a quienes tienen experiencia en combatir el despotismo, y también debemos escuchar a los jóvenes y a las personas obligadas a emigrar y desplazarse. Si me permite proponer algo, debemos mantenernos firmes en los lemas de la revolución, centrarnos en acabar con la ocupación, y asegurarnos de que el régimen no tendrá presencia alguna en Siria, pues aquello con lo que se nos asusta no es más que una ilusión. No existe ni está presente, sino que es un conglomerado de bandas  estructuras que se utilizan como extensiones del régimen, pero que en realidad están al servicio de las ocupaciones rusa e iraní. 

Desde que salió de la cárcel a finales de los noventa no ha dejado de insistir en la importancia y prioridad de que Siria pasa de la dictadura a la democracia. ¿Dónde estamos hoy tras el retroceso de la revolución siria y la división del país entre fuerzas de ocupación extranjera? 

Hoy la cuestión fundamental y el deber nacional principal es la liberación y la lucha contra la ocupación, y por tanto, resulta complicado dar solución al resto de cuestiones o luchar por ellas sin ser libres en nuestro país. Es cierto que la democracia es la espina dorsal de la cuestión siria, pero hoy todas las fuerzas y potenciales deben dirigirse a sacar a los ocupantes extranjeros de nuestra tierra y país. Es cierto que nuestro pueblo sirio ya luchó en el pasado contra el ocupante francés, pero ahora creo que este proceso no se limita a Siria y la región, sino que estamos ante una crisis mundial que llega a lo más profundo de las políticas y equilibrios de las grandes potencias. Debemos ser conscientes de que tenemos dos formas de lucha: la lucha interior contra la ocupación y contra los intentos de mantener a flote al régimen, y la lucha exterior y el trabajo en los ámbitos internacionales para lograr algún apoyo, aunque sea mínimo, a la causa siria.

[1] Película dirigida por el propio entrevistador, disponible online. El título es una fórmula habitual para mostrar cercanía y familiaridad.
[2] Líder del Partido Comunista Sirio del que se escindió una sección liderada por Riad al-Turk, el llamado buró político.
[3] Se refiere al califa abbasí Ahmad b. Muhammad al-Mutasim al-Musta’in billah (califa entre los años 862 y 866) conocido por su debilidad de carácter y dependencia de sus apoyos y consejeros.
[4] Conferencia celebrada en verano de 2011 en la ciudad turca de Antalia, como primer paso a la creación de un cuerpo político opositor unificado.

jueves, 12 de abril de 2018

Sobre los significados y efectos del posible ataque estadounidense


Texto original: Al-Jumhuriya 

Autor: Sadek Abed al-Rahman

Fecha: 12/04/2018




¿Hará realidad EEUU las amenazas de Trump de lanzar un duro ataque contra el régimen de Asad? ¿O acabará siendo todo una farsa, como sucedió en 2013 cuando se firmó el ominoso pacto químico? Aún no está claro, pero sí se puede añadir una pregunta: ¿cómo sabemos que la ejecución del ataque no desembocará también en una farsa?

El comportamiento de las grandes potencias y las potencias regionales tiene un aspecto bastante similar al de una secuencia de farsas durante los últimos años. Recordemos algunas de ellas: “la tormenta” saudí Hazm que acabó en un triste fracaso y en crímenes de guerra de unos y otros [en Yemen], el conflicto saudí-qatarí que en algunas ocasiones era tan gracioso como patético; la “alianza” turco-iraní-rusa en relación al expediente sirio, la conferencia de Sochi, cualquier sesión del Consejo de Seguridad sobre el expediente sirio, etc.

En lo que respecta al posible ataque estadounidense, todo parece también, hasta el momento, una farsa, independientemente del desenlace. Se ha producido una guerra de exterminio y un desplazamiento forzoso en directo en Al-Ghouta oriental, pero las quejas internacionales, en el mejor de los casos, no han ido más allá de furiosas condenas, en un ambiente internacional que insinuaba que lo que Asad y sus aliados debían hacer era acabar pronto con la misión, para que todo termine y podamos comenzar a implementar las medidas de cara a fijar a Asad en su asiento. La mejor prueba de ello fueron las declaraciones del heredero saudí en las que dijo que Al-Asad se iba a quedar y que debía mantenerse fuerte para no convertirse en un juguete en manos de Irán.

Al-Asad comete su nuevo crimen químico en Duma, y la situación se pone patas arriba. Comienzan el intercambio de declaraciones incendiarias y la broma de las sesiones del Consejo de Seguridad y Trump anuncia que su país está a punto de lanzar un ataque militar. Y entonces, muchos se desdicen. La colaboración turco-rusa en lo que respecta al expediente sirio se tambalea, mientras Lavrov y Erdogan se dirigen tensos mensajes en relación al destino de Afrin. El propio heredero saudí dice que su país está dispuesto a participar en el bombardeo del régimen sirio.

Trump anuncia en más de una ocasión, por Twitter, que los misiles están listos para dirigirse contra sus objetivos y aumenta el tono de sus declaraciones contra Rusia. Por su parte, el régimen sirio comienza a cambiar las posiciones en las que se concentran sus fuerzas. Y entonces la Casa Blanca dice que aún no se ha tomado la decisión de atacar, y que ese ataque del que habla Trump es solo una de las opciones en Siria.

No hay duda, pues, de que se están produciendo negociaciones bajo cuerda, lejos de Twitter y Facebook, relacionadas con cosas que nadie hace públicas y que perfilan el futuro de millones de seres humanos en nuestro país devastado, sin que ellos mismos sepan qué les espera más allá de la muerte que parece no tener fin.

Los datos de los que disponemos y la naturaleza puramente “cínica” y descarada de los gobernantes del mundo y la región, indican que el ataque, sus conversaciones y sus tuits están relacionados con la lucha por la influencia entre EEUU y Rusia en la zona y en el mundo y, a su sombra y en sus márgenes, una lucha similar por la influencia regional entre israelíes, iraníes, turcos, saudíes y qataríes, con todas sus ramificaciones, complejidades y estupideces. Esto, naturalmente, significa que el ataque, en caso de suceder, no servirá de nada a los sirios, si no es por casualidad. Esa esperanza es precisamente lo que lleva a cientos de miles de sirios contrarios al régimen a esperarlo con el corazón en vilo.

Muchos siguen repitiendo esta cómoda y fácil expresión: “¿Acaso pensáis que a EEUU le importan los Derechos Humanos y el dolor de las víctimas? Si es así, sois idiotas, porque EEUU solo se mueve por sus intereses”. Lo que pretenden con esto es criticar a quienes se alegran de la posibilidad de que el ejército estadounidense haga realidad la promesa de Trump. Pero esta expresión está vacía de significado, porque el pequeño niño en Siria ya sabe que a EEUU, y también los líderes de este mundo que se estrecha cada vez más ante nuestros ojos, les da igual el dolor de los sirios; sin embargo, si se produce el ataque, su objetivo será una parte de las fuerzas que sacrifican a los sirios contrarios a Asad, y quizá eso cambie la situación actual de forma que ponga algo de freno a los monstruos desbocados en Siria. Esa es la única esperanza que queda. No hay duda de que quien no espera nada que no sea el exterminio, el desplazamiento forzoso y la humillación se alegrará de cualquier cosa que pueda cambiar la ecuación.

Quizá el ataque no se produzca siquiera, y todo termine con un entendimiento ruso-estadounidense sobre asuntos que nadie anunciará, y que iremos descubriendo según sus resultados día tras día. O quizá sea un ataque limitado, solo para salvar la cara de EEUU y sus aliados; o que sea más amplio y efectivo, de forma que se derrote a Irán y lo que queda del ejército sirio, dejando el escenario a merced de un acuerdo exclusivamente ruso y estadounidense. Todo eso sigue siendo posible, pero no debemos olvidar que cualquier ataque militar que no implique obligar a Bashar al-Asad a aceptar la idea de una transición política será de escasa utilidad en lo que se refiere a detener el asesinato en Siria, o quizá totalmente inútil.

Sea como fuere, no hay duda de que lo que ha sucedido en los últimos días ha abierto una pequeña ventana de esperanza a esos sirios contra cuyas ciudades y pueblos parece dirigirse sin obstáculos la máquina de exterminio, en una terrible y continua historia de muerte anunciada. También ha mostrado la debilidad del régimen de Bashar al-Asad y lo absurdo de sus pretensiones de fortaleza, dejando claro que lo que ha permitido a este asesino en serie desbocado cometer sus crímenes son las políticas internacionales que han llegado al límite de la burla y la mentira, lo que anuncia el desplome del mundo sobre nuestras cabezas.