Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
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domingo, 17 de marzo de 2019

Recuperando sin nostalgia el 2011


Texto original: Al-Jumhuriya
Autor: Coordinadora Dosmiloncera por la Libertad
Fecha: 15/03/2019
A continuación, presentamos las conclusiones, notas y borrador de un comunicado que nunca terminaremos y que es resultado de una amplia reunión que un grupo de sirias y sirios, más cerca del ecuador de su vida que de su inicio, celebraron durante días. A día de hoy, la mayoría de ellos viven fuera de Siria y se dedican a cuestiones tan diversas como la actividad en organismos e instituciones de la sociedad civil, la academia, el arte, el periodismo, los estudios científicos o los oficios manuales, o bien, están desempleados. Unos y otros son completamente diferentes, pero coinciden en que 2011 fue algo más que un año: fue un año para todos los años que lo siguieron y un año de referencia para todas las revisiones de los años que lo precedieron, al menos durante su vida.


Debemos comenzar nuestro discurso disculpándonos por un par de asuntos que nos demorarán un poco y aclarando una cuestión. En primer lugar, queremos disculparnos por el caos que el lector va a encontrar en este texto, que es resultado de muchas experiencias, muy relacionadas, pero también muy divergentes. La mayoría de nosotros aún no ha podido superar la actitud de la mimosa (la planta de la vergüenza, según se la conoce en Siria) ni salir del propio caparazón tal y como hacen dichas flores, cuyas hojas se encogen y retraen al tocarlas. Por otra parte, otros hemos comenzado la etapa de tanteo del cuerpo y las ideas para asegurarnos de que siguen estando ahí, y la etapa de prospección de uno mismo y lo que le rodea, intentando descubrir dónde estamos y qué hacemos. Por último, un tercer grupo ha adoptado el papel de la vanguardia revolucionaria y ha comenzado a discutir virulentamente con los mimosos, a quienes los prospectivos comprenden, si bien los ven inútiles, quizá porque hay algo de narcisismo en ellos. Sin embargo, ¿no hay narcisismo también en la postura mimosa? ¿Dónde termina lo particular y comienza lo público en lo que respecta a las decisiones relacionadas con las fracturas y las formas de soldarlas?
Esta es una cuestión fundacional, entre muchas otras, a la que pretende responder un grupo de personas que comparten la idea de ese año fundacional, el año del todo, el año 2011.
En segundo lugar, queremos disculparnos porque no sabemos exactamente para quién escribimos este texto. A pesar de que muchos de los miembros de este grupo fundacional desarrollan su actividad en el ámbito de la sociedad civil, el periodismo, la edición y el arte, campos en que la determinación del “público objetivo” o los “interesados” es esencial para comenzar a pensar en un “proyecto”, nosotros no hemos sido capaces de pensar en la comisión como un proyecto con personas “interesadas”. Algunos de los que pertenecen a la vanguardia revolucionaria han culpado a los mimosos por su excesiva fijación con la moda del psicoanálisis, que pide a uno que escriba, que se escriba a sí mismo, que escriba sus pesadillas, sus sueños y sus ideas, las cosas que teme y las que añora, lo que ama y lo que odia, lo que le hace sentir seguro, etc.
En realidad, escribir sobre 2011 como si escribiéramos después de una sesión de psicoanálisis genera una sensación estúpida de culpa. Sí, todas nuestras sensaciones en relación a 2011 tienen el carácter propio de los sueños, las pesadillas, la esperanza, las ideas, el miedo, la añoranza, el dolor, la ternura, el amor, la seguridad y la falta de ella y todas esas cosas. Sin embargo, no estamos en una sesión de psicoanálisis en este preciso momento, con todo el respeto y la consideración hacia el psicoanálisis y todo el rechazo y la condena a quienes dudan o se ríen de él.
En definitiva, no sabemos cuál es el público objetivo de este texto. Quizá sea una generación anterior a la nuestra, que llegó a 2011 en la adolescencia o antes, y que hoy lleva el peso y las consecuencias del asedio, el exilio forzoso y el asilo, o de una vida bajo el yugo de la victoria de los tiburones del régimen y sus aliados. Quizá vaya dirigido a nuestra propia generación, los dosmilonceros y dosmilonceras, en Siria y fuera de ella, que buscan a quienes sientan una abrumadora soledad como ellos. Tal vez el público objetivo sean nuestros antiguos amigos y compañeros, a quienes les gusta vernos frustrados para confirmar que su decisión de no hacer nada, o de ponerse de parte del fuerte cuando este se alzó, fue la decisión correcta… No importa, no tenemos inconveniente en alimentar el “os lo dijimos”.
Siendo sinceros, preferimos cualquier “dicho”, aunque sea “os lo dijimos”, al silencio, como preferimos cualquier presencia molesta al deseo de borrar y eliminar, y también preferimos el caos incitador a una virtual disciplina correcta en el marco de una perspectiva histórica también teóricamente correcta. Puede que todo esto suene utópico y romántico. Lo es, y es lo que escuchamos decir a muchos en 2011, el día en que nos alegramos al ver nuestra vida patas arriba con el primer grito por la dignidad y la libertad de los sirios, en Hariqa y después en Hamidiyya [1], pasando por Daraa hasta llegar a amplias zonas de la geografía siria.
Aquí, al hablar de Daraa, debemos hacer la aclaración antes mencionada. La decisión de publicar este texto el 15 de marzo se impuso en una votación democrática celebrada en un grupo cerrado de Facebook (a pesar del mal recuerdo que tenemos con las votaciones de Facebook [2]). Esto provocó la escisión de la corriente populista de los dosmilonceros, esos que insisten en que la revolución comenzó en 18 de marzo en Daraa, y entre quienes hay una número nada desdeñable de partidarios de ningunear a la ciudad y su clase media y elevar el estatus del campo y romantizarlo. En este comunicado, nos referimos a ellos como populistas, calificativo que ellos nos han devuelto al considerar que intentábamos explotar el hecho de que el 15 de marzo era viernes y que pretendíamos con ello incitar a los sectores conservadores de la sociedad a que salieran a manifestarse desde las mezquitas tras la oración.
Chocamos un poco a la hora de elegir el nombre de la comisión también, pero no se produjeron escisiones por ello, al menos hasta el momento. Teníamos claro, con buen criterio, que había que evitar generalizar el carácter masculino, puesto que, si algo habíamos aprendido de nuestra experiencia, es que nos excedimos con mucho en la lógica de la procrastinación, y no prestamos suficiente atención a la necesidad de librar la batalla de las libertades individuales, hasta que la corriente conservadora –el imperio de la orientación por naturaleza bajo el liderazgo de los autoritarios islamistas, hubo logrado sacarnos de la foto. Por tanto, no nos valía el nombre de “Comisión de los Dosmilonceros”, sino que sería preciso llamarse “Comisión de los Dosmilonceros y las Dosmilonceras”. Puesto que era imperativo incluir una mención a la libertad, el significado último frente a todos los vicios autoritarios que han aparecido como resultado de la militarización e islamización de la revolución, se sugirió llamarlo “Comisión de los Dosmilonceros Libres y las Dosmilonceras Libres [3]”. Sin embargo, era una opción complicada por su extensión, y porque estuvimos varias horas debatiendo sobre el femenino del adjetivo “libres”, un déjàvu en el sentido más amplio de la palabra… Por cierto, querido lector, si has sentido ese déjàvu al leer la palabra “libres” en femenino y has recordado la discusión que hubo en torno a ella, eres muy probablemente un dosmiloncero: ¡únete!
Por eso, nos decantamos finalmente por “Coordinadora Dosmiloncera por la Libertad”.
Uno de los compañeros de la coordinadora lo aplaudió con entusiasmo y se presentó voluntario para hacer un logo, ya que tiene experiencia en el diseño gráfico, así que prometió enviar unos bocetos unas horas después de terminar la reunión. Sin embargo, desapareció y no ha vuelto a contestar a los mensajes de Facebook. Ya han pasado diez días, diez días que apenas han afectado al mundo, la verdad.
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No sabemos si el haber escogido el término “coordinadora” significa que nos vayamos a coordinar para algo más que escribir este texto, pero se trata de una muy necesaria recuperación de esa palabra que no recordamos cuando fue la primera vez que escuchamos en el contexto sirio. Fue muy pronto en cualquier caso, y parece una palabra escogida con cuidado porque no obliga a sus integrantes a estar de acuerdo ideológicamente o en un programa, pero sí les encomienda coordinarse entre ellos para llevar a cabo las actividades de protesta sobre el terreno.
Ese fue su papel desde el comienzo, pero, si así fue, ¿por qué las coordinadoras se fueron reproduciendo y dividiéndose una y otra vez, hasta el punto de que en un pequeño pueblo había dos o tres diferentes? No parece posible buscar ahora las razones reales, pero lo cierto es que en 2011 no estábamos de acuerdo más que en la necesidad de derrocar al régimen y el “nosotros” aquí no se refiere solo a los miembros de nuestra coordinadora, sino a todos los que se rebelaron contra el régimen en 2011.
A pesar de que insistimos en que esto es un intento de volver sin nostalgia al momento 2011, algo de nostalgia nos vendrá impuesta aunque no queramos. Aquellos momentos fueron colosales: el primer grito que rompió el manto de eternidad asadiano, los primeros valientes rompiendo las fotos y destrozando las estatuas de Asad, las miles de personas, en masa, que se lanzaron a las calles y callejones a gritar por la libertad, exigiendo derrocar al régimen y ofreciendo sus caras almas en el altar de la liberación. Ese momento fue fundacional para tomar conciencia de que lo que parece imposible ahora puede protagonizar la escena mañana. Esta es una lección que no debemos olvidar.
Muchos de nuestros amigos dicen que a día de hoy son incapaces de ver el vídeo completo de una manifestación carnavalesca de 2011 y algunos de los miembros de esta coordinadora dicen que sus manos tiemblan y se les sale el corazón al hacerlo, pues se les vienen a la mente los ríos de sangre y las montones de escombro que han seguido a esas imágenes. Además, les sobreviene un sentimiento abrumador de desesperación, pues ¿qué otra cosa puede hacer un pueblo si no es eso para obtener su derecho a decidir su destino?
Algunos de nosotros echamos un ojo a ese tipo de vídeos de vez en cuando, como sin darnos cuenta, intentando engañarnos. Uno de nuestros compañeros ha reconocido que el peor ataque de pánico que sufrió fue cuando continuó viendo el vídeo de una manifestación enorme en el barrio damasceno del Midan. Él mismo había participado en esa manifestación y la recordaba punto por punto, pero al ver el vídeo desde el lejano exilio, casi se desmaya.
No obstante, dejemos a un lado la nostalgia: ¿puede esa memoria convertirse en una dura e insoportable carga porque remite a un tiempo irrecuperable, o porque es un recordatorio continuo de que lo que hicieron las masas entonces se les ha vuelto en contra en forma de flagelos, muerte, destrucción y colapso, y porque nosotros, los que nos hemos salvado, nos hemos salvado mientras que otros han muerto?
Luchar contra sentimientos como estos no es poca cosa, porque lo que se nos dice directa e indirectamente es que la gran tragedia en Siria la han provocado los propios sirios que salieron a las calles en rebeldía contra el régimen en su país. Posteriormente, llegó la derrota material de su rebeldía, que dio paso a la destrucción del país y su anexión, por partes, a países regionales y potencias internacionales. Todo a nuestro alrededor dice: habéis provocado la destrucción de vuestro país y de la vida de sus gentes para nada.
Hay una respuesta teórica a esto, que no precisa de mucha inteligencia, y es que quien ha convertido el país en un escenario de guerra es el régimen y no sus adversarios, y que negar esto u obviarlo es una forma de decadencia imperdonable. Sin embargo, la cuestión no es teórica, sino que se relaciona con la discusión sobre la manera de superar el sentimiento abrumador de amargura cuando las imágenes de 2011 vienen a la mente de la forma que sea.
Cuando los miembros de nuestra coordinadora deliberaron sobre ello, fue preciso realizar un experimento científico. Y este experimento científico, en contraposición directa al peso de la memoria, dice que esos momentos sirvieron como fuente de dolor y fractura, pero también como fuente inagotable de energía renovable, en cuyo centro está el hecho de que lo que es imposible puede volverse realidad, y que los instantes incendiarios de gloria, los instantes en que el fuego nos abraza, por decirlo de alguna manera, son los instantes más creativos e innovadores en la historia de la humanidad.
Existe una herencia combativa inagotable en el año 2011, y no vemos otra forma de superar la amargura de la memoria relacionada con ello que enfrentarnos a ella y combatirla con todo el amor que podamos, pensar en profundidad sobre ella, mirándola fijamente, sin medias tintas y sin sentirnos culpables, y que ello nos impulse a trabajar y no a encerrarnos en nosotros mismos. Y si es preciso echar alguna culpa, que sirva como acicate de la búsqueda de justicia, no de un victimismo que, de rendirnos a él, no genera más que rencor hacia la justicia.
Si no hay más remedio que pedir perdón a alguien, que sea a nosotros mismos y a nuestros seres queridos, ausentes y presentes, por los errores que hemos cometido en nuestros esfuerzos por lograr aquello en lo que creímos y seguimos creyendo, pero nunca de los criminales, sus aliados, sus seres queridos, sus clientes y sus apologistas. Por encima de la memoria de de nuestra lucha contra ellos en 2011, guardamos el recuerdo del miedo que pasaron, mucho miedo. Y por encima del recuerdo del pasado, conservamos, y conservaremos siempre, la esperanza de volver a verlos pasar miedo.
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Algunos miembros de la Coordinadora Dosmiloncera por la Libertad estaban fuera de Siria el 15 de marzo de 2011, y no han vuelto a ella aún. No han vuelto en cuerpo, pues ese día, o poco después, se decidieron y expresaron abiertamente posturas que hicieron imposible que volvieran a su país de forma legal mientras no cayera el régimen. Sin embargo, sí han vuelto con el corazón y la mente después de que su gradual separación del país terminara gobernando su vida. Así, unieron su destino particular al destino de su país, habiendo aprendido durante largos años que lo más útil y sensato era realizar un esfuerzo personal frenético por liberarse de su injusticia y retraso. Algunos de nosotros pensábamos que el “éxito”, la “integración”,  la “civilización” y la “urbanización” significaban para nosotros, los que habíamos salido hacía poco del pobre y desconocido país llamado Siria, superar nuestra “sirianidad” y olvidarla, alejarnos de la mayoría de sirios que nos encontráramos porque, tal y como nos había advertido nuestra familia, probablemente pertenecían al mujabarat o “la brigada de los informes”[4]. Por supuesto que añorábamos, pero a nuestras comunidades locales y aquellos con quienes manteníamos lazos personales. Nuestras ciudades y pueblos eran nuestras patrias, y si adoptábamos alguna postura política, era a favor de Palestina o Iraq. Siria no era más que una metáfora del instructor de abusones, el agente del mujabarat, las embajadas terroríficas y las estructuras del estado.
Todo esto cambió con el primer mártir que cayó en Daraa. Muchos de nosotros, los “de fuera” recordamos claramente dónde estábamos cuando escuchamos las noticias, qué hora era, qué estábamos haciendo y cómo en unas pocas horas toda nuestra vida entera se desequilibró. Recordamos perfectamente los nombres de las localidades que solo los habitantes de los alrededores conocían, y que rápidamente se volvieron cercanas y extremadamente familiares: Sanamein, Ingil, Dael, Jasim. Recordamos cómo descubrimos con los primeros vídeos de las manifestaciones que llegaban a través de Youtube que había sirios que no tenían ningún parentesco con nosotros y a los que no conocíamos, pero que no se dedicaban a escribir informes de seguridad. Recordamos cómo el exterior civilizado nos pareció, con las primeras fotos de los mártires, insulso, absurdo e insignificante, y cómo nuestra olvidada Siria se volvió familiar, grandiosa y épica.
¿Si aplicamos un pensamiento crítico, debemos sacudir la cabeza con vergüenza y sorna al recordar esos instantes? Tal vez sintamos algo de eso cuando volvemos a leer nuestras publicaciones en Facebook y vemos la seriedad y rigor con los que hablábamos de “exigencias revolucionarias”, “el interés último”, “la principal contradicción y las contradicciones secundarias” y la “necesidad de unificar a la oposición”, pero no sentimos ni vergüenza ni ganas de reírnos cuando recordamos las manifestaciones y a los mártires, o cuando recuperamos un poco de la valentía y heroicidad que vimos y que nos convirtió en personas nuevas. Tampoco lo sentimos cuando pensamos en el significado de que el ser humano, motu propio, ponga todos sus problemas individuales a un lado por un instante general fugaz, mostrando lo mejor y más bello del género humano. No sentimos vergüenza ni ganas de reírnos, sino orgullo y agradecimiento.
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Algunos de nosotros no hemos podido aceptar el exilio más que con el pretexto de la masacre. Uno de nuestros exiliados en París dice, por ejemplo, que siente cierta familiaridad, sin constricción ni nervios, cuando camina por las calles que presenciaron las masacres durante la comuna de París. La masacre es “el nervio vago”, si utilizamos el lenguaje médico, ese nervio que une el cerebro con el estómago y los intestinos, pasando por el hígado. 2011 fue un momento excepcional que prometió liberar al nervio vago de la masacre. 2011 fue un momento excepcional en que nos liberamos de nuestra connivencia con la familia Asad para que nos utilizara los unos contra otros y nos matáramos entre nosotros cuando no lo hacían ellos mismos. La mayoría de quienes nos hemos formado en la salvación, estábamos en la treintena o cerca, lo que significa que los ochenta en Siria habían sembrado en nuestro ADN una masacre de la que debíamos salvarnos. Hacer todo lo posible para salvarse es una cuestión siria y el momento de 2011 fue un instante único en que nos quisimos liberar colectivamente.
Algunos de nosotros aseguramos que no salimos de nuestro aislamiento y cerrazón en nuestro círculo social hasta las primeras manifestaciones en Siria. Esa euforia no era solo política, sino que era el éxtasis de la apertura a una identidad colectiva, de rasgos indeterminados, como identidad siria.
Los nombres de los viernes eran muy importantes para nosotros. Durante el “Viernes Santo” de abril de 2011, algunas manifestaciones en Damasco vieron caer muchos mártires que intentaban llegar a la plaza de los Abbasíes, imitando la ocupación de plazas públicas en Túnez o El Cairo. Después, nos olvidamos del tema de las plazas públicas: otra castración para nosotros como sirios. Las plazas públicas no nos pertenecían. Ese mismo abril, la plaza del reloj de Homs presenció una masacre. La castración en Siria se realiza por medio de la masacre. La masacre es el medio y el fin.
A principios de 2011 nos interesaban los analistas políticos sirios que salían en los canales “tendenciosos” hablando de la intifada siria, pero después dejó de interesarnos.
Algunos de nosotros afirmamos que nunca fuimos un revolucionario de libro ni hicimos justicia a lo que la palabra sugiere, pero sí sabemos una cosa, y es que el régimen de la familia Asad ha “hecho jirones” nuestra vida, en el sentido más personal de la vida, y también que odiamos a ese régimen. “Hacer jirones” significa malgastar una tela cortándola sin cuidado ni medida. El régimen de la familia Asad ha hecho jirones nuestras vidas, y el momento de 2011 fue un instante en el que conservar la utilidad de una parte de la tela.
Y hablando de los “revolucionarios” que tal vez no lo sean en la medida en que deberían, no debemos olvidar la expresión que empezamos a escuchar con profusión a finales de 2011: “los revolucionarios de Facebook”. Es complicado establecer una fecha para el nacimiento de este concepto en el contexto sirio, pero está ligado a los primeros momentos de estancamiento, cuando todo parecía no marchar como debiera. Cuando eso sucede, cuando la factura de sangre aumenta sin horizonte de salvación y cuando el conflicto se alarga más de lo que imaginábamos, aumenta la rivalidad por la legitimidad y el derecho a tomar decisiones.
Hay quienes han luchado sobre el terreno y quienes no, y esos últimos son, según los primeros, los revolucionarios de Facebook. La palabra en sí lleva una carga de rencor y de arrebato de la derecho a hablar, pues debes constatar qué has ofrecido sobre el terreno antes de gozar del derecho a rechazar la islamización o la militarización, o a sugerir cosas que ves que dibujan los márgenes de una trayectoria mejor. Y puesto que la acusación de revolución de Facebook se hacía a través de Facebook y que esta espada la utilizaban personas que escribían en Facebook contra otros que también lo hacían, ya no es posible saber dónde empieza y termina el asunto.
De esta acusación se han derivado muchas otras, todas incluidas en el contexto de las subastas sobre quién ha hecho esto y quién aquello, y sobre quién tiene derecho a decir esto y quién no. ¿Acaso podremos olvidar a uno de los hijos legítimos de la expresión “revolucionarios de Facebook” más graciosos cuando dijo: “Constituid la brigada Guevara antes de hablar”? Esta expresión nos sigue persiguiendo a veces, lanzada como una maldición contra quien critica el comportamiento de las brigadas islamistas desde posturas que parecen laicas.
Desde muy temprano, los revolucionarios se pelearon por el derecho y la legitimidad para hablar. Posteriormente, con los tortuosos derroteros por los que todos hemos transitado, la multiplicación de las formas de morir, las pérdidas, los exilios forzosos y la negación y con la variedad de posicionamientos y alineamientos y su confrontación, todo sirio quedó expuesto a ser acusado de algo que le arrebatara el derecho a hablar, hasta que solo los muertos tuvieron legitimidad para ello.
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Algunos miembros de esta coordinadora no tenían ni siquiera cuentas de Facebook cuando Zine El Abidin Ben Ali huyó de Túnez, pero todos nos volvimos facebookeros cuando los egipcios vivían sus días gloriosos en la plaza de Tahrir. Uno de nosotros dice que un chiste egipcio le empujó a hacerse una cuenta de Facebook, pues en él un egipcio definía Facebook como “el medio que utilizan los que cambiarán al presidente”.
Hoy sabemos que Facebook no fue “el medio” correcto para cambiar al presidente, pero fue adecuado para hacer muchas cosas. Facebook fue un nuevo mundo que se abría ante los muchos sirios en 2011, un mundo para hablar y expresarse, un mundo para la revolución, la solidaridad y la adopción de posturas. Muchos tal vez han pensado que las redes sociales, por el hecho de ser un mundo abierto que permitía intercambiar ideas y noticias rápidamente, y que evitaría la masacre o al menos disminuiría la capacidad de quienes la cometieran de recoger sus frutos, serían un espacio para intercambiar ideas y construir espacios comunes de acción, palabra e influencia.
Eso no sucedió. La masacre se produjo y el mundo pudo ver sus capítulos en Facebook. Muchos de los espacios de Facebook se transformaron en espacios de enemistad, exclusión y acumulación de malos entendidos, pero esto no borra la realidad de que se convirtió en un mundo alternativo para comunicarse en lo que respecta a los sirios desperdigados por todo el mundo. En la medida en que muchos de nosotros recibimos bofetadas, rencor y dolor a través de Facebook, también recibimos muchísima solidaridad, apoyo, amistades y conocimiento.
Las cosas no salieron como debían, ni en Facebook ni en ningún otro sitio, pero la expresión “las cosas no salieron como debían”, que ya ha aparecido dos o tres veces en este texto, es una expresión que hay que examinar con detenimiento.
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¿Cómo tenían que haber salido las cosas?
En este texto, lo que se quería decir con esa expresión es que se esperaba que la revolución cambiara el régimen establecido sin destruir el país ni exterminar a amplios sectores de su gente, y que la revolución fuera el camino a una vida mejor. Sin embargo, otra vez cabe preguntar qué es una “vida mejor”.
Este tipo de preguntas abrirán las puertas a diálogos, reproches y respuestas interminables, pero aprovecharemos esta ocasión para decir algo a quienes saben con total confianza cómo deben salir las cosas, esos que están encantados de conocerse, y que son los únicos que conocen la verdad y la llevan como una espada que blandir al azar.
Los encontraréis en muchos sitios, especialmente en Facebook, donde suelen concluir sus comentarios con expresiones del tipo: “y ya está”. De sus palabras emana la pus del autoritarismo, el uso de la violencia y la reprensión. No se cansan de entrar en todas las discusiones y conversaciones, destruyendo todo espacio público de debate, y aparecen siempre para acusar a los demás bien de idiotas, bien de traidores, pues ellos conocen la verdad y, si dices algo diferente de su verdad, solo puede deberse a dos cosas: que seas un ignorante o un connivente. En el caso de los islamistas, se añade otra acusación tras la que nada se puede decir: ser un infiel que ha abandonado la senda de Dios.
Todos esos adoptan múltiples posturas, en ocasiones contradictorias, y pueden ser tanto partidarios del régimen, como de sus rivales, o algo intermedio. También pueden ser islamistas o laicos, izquierdistas o liberales, pero comparten varias características: adoran a los fuertes poderosos, inventan formas de excusarlos, atacan los puntos débiles personales, muy personales, de otros, caen en maximalismos en nombre de la patria, la religión, los mártires o lo que sea, o incluso todas estas cosas juntas. Esto es así hasta el punto de que muchos de ellos llegan a perder toda conciencia, que es la que hace que nos censuremos, pero ¿cómo se va a censurar quien conoce toda la verdad?
Algunos de nosotros odiamos a esos verdugos simbólicos en la misma medida en que odiamos a Bashar al-Asad.
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¿Y ahora qué?
Seamos sinceros: a la mayoría de nosotros nos disgusta nuestra situación actual, pero todos estamos de acuerdo en que es bueno que sigamos siendo capaces de amar muchas cosas y a muchas personas. En el fondo, pensamos, nos queremos unos a otros, o al menos, amamos ese gigantesco momento que nos unió, nuestras esperanzas, nuestras sorpresas y nuestras reacciones. Tal vez los que son refugiados de entre nosotros eviten el encuentro, porque este exige una energía capaz de asumir el reflejo de muchos momentos pasados en el presente, y quizá no hacemos lo suficiente para estar juntos, o puede incluso que seamos demasiado categóricos y duros unos con otros. ¿Por qué? En realidad, en la mayoría de ocasiones se debe a que somos categóricos y duros con nosotros mismos, y lo somos porque somos, sin orgullo, más “ecuánimes” que quienes nos precedieron en la historia contemporánea de Siria.
La mayoría de nosotros hoy se observa y mira a su alrededor. Quiere cerciorarse del lugar y el tiempo y de lo que ha sucedido. Hay una búsqueda continua de tierra firme en un territorio de asilo que ofrece muchas posibilidades, posibilidades tan importantes como frías, tanto como un balaústre de hierro en el amanecer de un día de nieve.
A veces nos fijamos en nuestras familias a las que hemos dejado en el país y no nos creemos que todo este horror nos haya acaecido a nosotros y a ellos. Leemos la destrucción a veces en sus dientes deteriorados, sus profundas arrugas, la escoliosis de sus espaldas cansadas, la dificultad de sus vidas y días, que ya no superan en número a las pastillas que toman y el miedo que ha regresado, un miedo que nos dicen que había desaparecido en 2011. Los miramos fijamente y no nos lo creemos. “¡Fíjate en lo infame!” ¿Hay algo más terrible que el hecho de que el devenir de un país gobierne el devenir de tu vida? Nuestros cuerpos también, o los de algunos de nosotros, han comenzado a encorvarse.
Un escritor del siglo XX, da igual su nombre, se suicidó veinte años después de salir de las cárceles nazis cuando los dedos de sus pies y los huesos de sus caderas comenzaron a cambiar. La vejez es una llamada a la tortura en la memoria como dice X. Nos fijamos juntos en lo que conocimos y experimentamos juntos, e intentamos decir algo, lo que sea, para alimentar una conversación. Nada.
¿Logrará este régimen volver a imponer el reino del silencio también fuera de sus fronteras? Intentamos decir algo a nuestras familias que han pasado sus vidas anhelando la felicidad. Ah, es cierto, la espera es para los sirios una experiencia propia que en nada se parece a la espera. La espera y la elaboración de planes alternativos para todo… “¿Pondrás las acelgas con las habas en la sartén? ¿Qué sabes de Fulanito? Se marchó. ¿Y Menganito? Ha muerto.” Silencio. Nada en absoluto. ¿Qué podemos decir? En 2011 teníamos muchas cosas que decir.
Tomamos conciencia del hecho de que estamos a salvo, una situación dolorosa. Cargamos con ello como el joven que sustrae una prenda valiosa de su padre o su hermano mayor para engalanarse, pero tiene miedo de que se manche o arrugue y, al mismo tiempo, no se siente del todo cómodo en ella. Nuestro estar a salvo no es solo nuestro, pues en esa situación hay muchos fragmentos de las salvaciones perdidas de los mártires, los detenidos, los desaparecidos, los destrozados, los arrebatados y otros. ¿Qué hacemos con esos espacios de nuestra salvación que son en realidad propiedad de ellos? ¿Debemos conservarlos en un lugar seguro fuera de la vista de los demás o debemos escribir sobre ellos en los periódicos, como esos anuncios breves de personas que han encontrado un carné de identidad, un pasaporte o documentos a nombre de Fulano, que debe ir a la comisaría a recuperarlos?
Cuando observamos nuestro mundo, observamos la geografía que se ha vuelto, a pesar de Facebook, WhatsApp y Skype, una red de muros en cuyo interior se bombardea de un espacio a otro. Como suele decirse, hay un elefante en la habitación, un escollo del que nadie habla, una precaución silenciosa, entre quienes se ha quedado en Siria en zonas que hoy domina el régimen, las zonas de mayor concentración asadiana, y entre quienes han salido de esas zonas y están en otro lugar del mundo, zonas menos asadianas. En realidad, nos falta comunicación e intercambio de ideas y sensaciones para llegar al resultado de que sentimos las mismas cosas en diferentes ámbitos y en diferentes grados de crudeza y peligro, claro. Sin embargo, hay momentos en los que los sentimientos se aúnan y nos devuelven al punto inicial: algunos refugiados de entre nosotros siguen necesitando renovar su pasaporte y les recorren distintas formas de escalofrío al verse frente a la imagen de Bashar al-Asad a la entrada o en el interior del consulado sirio. Cuando cuentan eso, algunos de nosotros en el interior decimos: ¿sabes lo que significa vivir en 2019 en un consulado permanente, un consulado más atroz, un consulado “no diplomático”?
“El elefante en la habitación” es la imagen de Bashar al-Asad.
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Igual que no sabemos aún con certeza cómo tratar con nuestra salvación, que no es solo nuestra, seguimos en la etapa de descubrimiento de cómo tratar con 2011. El gran año. El año del todo. Uno de nosotros dijo que 2011 es la herida de la que nacimos, y estaba convencido de que era una definición grandiosa, hasta que algunos de nuestros compañeros empezaron a reírse de él. Se produjo una cierta tensión en ese momento, pero la conversación discurría en un ambiente de familiaridad y cariño.
Sabemos que no queremos que 2011 sea un lema o el “aniversario del inicio” al que volver periódicamente cada año del mismo modo que Facebook te muestra los recuerdos de “un día como hoy”. Queremos coger 2011, estudiarlo, desmembrarlo y volver a ordenarlo, quitarle el polvo y cubrirlo para que no se enfríe. Queremos verlo y ver las partes de nosotros mismos que se han quedado en él, hablarle, escucharlo, y reírnos y llorar juntos.
Queremos defender 2011 frente a sus verdugos, los simbólicos y los reales.
Ese grandioso año, el año del todo, es uno de nosotros. Lo queremos, seguimos sus noticias, nos preocupamos por saber que está bien, que su situación es aceptable cuando vive en el interior de Siria, que ha aprendido un nuevo idioma y que ha encontrado trabajo en su exilio como refugiado. Quizá no tengamos energía para encontrarnos con él a menudo, pero queremos que esté bien. 2011 es nosotros, es los mártires, los detenidos y los desaparecidos de nuestra familia y amigos. No es nuestro pasado, sino nuestro futuro. Nuestro presente se basa en que defendamos ese pasado, en que libremos batallas por él, en que lo miremos largamente, en que lo interroguemos, que nos riamos de él, que discrepemos con él, y que rivalicemos con él por un tiempo antes de reconciliarnos. Es nosotros, el “nosotros” que no puede más que ser extremadamente tierno con él.
2011 es lo que ha sucedido, y lo que ha sucedido es nuestra identidad. Nuestra identidad es el conjunto de la memoria de quienes partieron y nuestra dignidad, la de los que todavía estamos aquí. El resto son detalles
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Viva Siria y abajo Bashar al-Asad.

[1] Zocos de la ciudad de Damasco donde se produjeron las primeras manifestaciones en 2011.
[2] En 2011 y 2012 sobre todo, se votaban en Facebook los nombres que se darían a los viernes en los que se producían la mayor parte de las manifestaciones; sin embargo, hubo desacuerdo en algunas ocasiones y, de hecho, en algunos casos no se respetó el resultado mayoritario, siendo elegida la opción favorecida por los administradores de la página.
[3] Para el femenino se plantean dos opciones: Hurrat y hara’ir. El primero es un plural femenino del adjetivo “libre”, libre de connotaciones, mientras que el segundo tiene connotaciones religiosas que, en su momento, al dedicarse un viernes a las hara’ir dio pie a todo un debate sobre la idoneidad de terminología islámica.
[4] El mujabarat es el servicio secreto. El asunto de los informes remite al hecho de que el mujabarat se nutría de los informes realizados por colaboradores civiles reclutados para tal fin.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Declaración de la sociedad civil siria en relación a las negociaciones de Ginebra

Aunque se ha publicado ya una traducción al castellano, desde Traducciones de la Revolución Siria, hemos querido publicar también otra traducción de quizá el manifiesto más importante de los últimos días en que unas 200 organizaciones de la sociedad civil siria han exigido unos mínimos al proceso de negociación de Ginebra. Agradecemos a la otra traducción el habernos servido de base de la que simplemente hemos modificado algunos aspectos según el texto árabe original.



La causa siria se encuentra en un momento crucial tras los últimos acontecimientos políticos y sobre el terreno, y los acuerdos regionales e internacionales relacionados con ella -incluidas las dos cumbres de Viena y la Resolución 2254 del Consejo de Seguridad- que piden que se inicie un proceso político  de negociación entre la oposición siria y el régimen.

Los sucesivos enviados y diplomáticos internacionales encargados del expediente sirio han mantenido continuas conversaciones con representantes de la sociedad civil siria sobre el proceso político de negociación; y recientemente se han presentado múltiples propuestas que insistían en la necesidad de que la sociedad civil participe en las conversaciones o negociaciones entre el régimen sirio y la oposición.

Los firmantes de esta declaración –tanto organizaciones como individuos- consideran que las actividades de la sociedad civil siria no tendrían hoy presencia alguna si no fuera por la revolución de marzo de 2011. Una revolución esta que, mediante el sacrificio de su pueblo, la tortura sufrida por los detenidos y la entrega de muchas vidas, ha roto las cadenas del despotismo de un régimen que de modo sistemático ha suprimido las peticiones de libertades fundamentales y  el resurgimiento de la sociedad civil desde el año 2000.

Los firmantes también creen que el conflicto principal en Siria sigue siendo con el régimen de Damasco y sus políticas represivas que han conducido al país a la catastrófica situación en la que hoy se encuentra.

Los firmantes de esta declaración consideran, además, que con el fin de poner a Siria en el camino de la salvación, el pueblo sirio y lo que queda de las instituciones estatales sirias deben liberarse de esta brutal hegemonía, y que la sociedad civil, en sus múltiples manifestaciones, ha de tener un papel clave en impulsar la revolución de marzo de 2011 y sus valores. Del mismo modo, han de jugar un rol determinante a fin de lograr una paz basada en la justicia, y la transición hacia un sistema democrático plural que garantice la igualdad de derechos y deberes para todos los sirios. Y si efectivamente la sociedad civil ha de participar en el proceso político, también han de hacerlo aquellos miembros de la sociedad civil que emergieron de las entrañas de la lucha popular por la libertad y la dignidad y que se pusieron del lado de las justas demandas populares.

El éxito de cualquier proceso político de negociación requiere un compromiso con lo siguiente:

1. Todo proceso político ha de ser precedido por medidas que creen confianza, incluyendo: el fin de los bombardeos indiscriminados por parte del régimen sobre zonas residenciales utilizando barriles explosivos o cualquier otro tipo de munición, tal y como exige la Resolución 2139 (2014) del Consejo de Seguridad; el levantamiento del asedio en las zonas sitiadas y la autorización de la entrada de ayuda humanitaria sin necesidad de solicitar el consentimiento previo del régimen, según disponen las normas internacionales de derechos humanos y la Resolución 2165 (2014) del Consejo de Seguridad cuyos términos quedaron actualizados en la Resolución 2258 (2015); la liberación de todos los detenidos y revelación del paradero de todos los desaparecidos forzosos; la autorización a las organizaciones de derechos humanos a visitar las cárceles y los centros de interrogación; y, por último, el cese total de las detenciones políticas arbitrarias. 

2. Que como resultado del proceso político se garanticen la independencia de Siria, su unidad territorial, y la expulsión de todas las fuerzas beligerantes extranjeras.

3. Que el rechazo al terrorismo que Siria padece actualmente y los esfuerzos para acabar con él y abordar las causas que lo han provocado, sea claro e inequívoco; reconociendo que el causante principal de dicho terrorismo es el régimen de Asad, y las  milicias y países aliados con él, así como otras organizaciones extremistas como Daesh. Todos los sirios tienen derecho a vivir con seguridad, libertad y dignidad, y ninguna parte tiene derecho a imponer por la fuerza de las armas su visión ideológica o política al pueblo sirio.

4. Que el punto de partida del proceso político de negociación sean las resoluciones del Consejo de Seguridad relativas a la situación en Siria emitidas desde 2011, especialmente las resoluciones 2042, 2118, 2139 y 2254, y que, por tanto, el objetivo de dicho proceso sea el cumplimiento de esas resoluciones.

5. Que el proceso político de negociación conduzca a una fase de transición hacia un sistema democrático y plural, donde todos los poderes del actual régimen de Damasco se transfieran a un órgano de gobierno de transición elegido por consenso a nivel nacional, y donde Bashar al-Assad y los responsables de la represión del pueblo sirio no jueguen papel alguno.

Por último, los abajo firmantes insisten en la suma importancia de que las fuerzas políticas, militares y civiles que apoyan los valores y metas de la revolución de marzo de 2011, involucradas en el proceso político, adopten posturas comunes y coordinen esfuerzos.

Las primeras 196 organizaciones (con sus nombres en inglés) en firmar fueron las siguentes:

Al Ameen for Humanitarian Assistance

Al Bab and its Neighborhood Local Committee

Al Baraa Institution for Care and Development

Al Dar Al Kabira Local Administrative Council

Al Fajr Charitable Association

Al Houla Local Administrative Council

Al Irtiqaa Association for social development

Al Jisr Fund Institution

Al Jisr Newspaper

Al Jumhuriya Group

Al Kawakibi Center for Human Rights

Al Kawakibi Organization for Human Rights

Al Maara Media Center

Al Nahda Youth and Scholars League

Al Nasiryeh Local Administrative Council

Al Waar Local Administrative Council

Al Qalamon Local Administrative Council

Al Rastan Local Administrative Council

Al Rhaibeh Local Administrative Council

Al Salamiyah Local Committee

Al Shadadi Local Administrative Council

Al Tadamon Institution for inclusive development

Al Ukuwa Organization for Development and Human Rights

Al Watan Organization for Charitable and Humanitarian Works

Alaa Charitable Association

Alaan Al Janoudiah

Aleppo Abrar Association

Aleppo Free Police

All for Syrians Newspaper

Arabiska föreningen i Töreboda

Asbar Center for Research and Studies

Assistance Coordination Unit (ACU)

Pro Media Syria

Urnammu

Xmedia

Atareb Youth Gathering

Badael Organization

Bahr Organization

Barada Organization

Basma Social Institution

Basr Al Harir Local Administrative Council

Bayan Movement

Baytna Syria

Bonyan Organization

Darb Organization

Childcare Institution

Dahadeel Local Administrative Council

Darayaa Local Administrative Council

Dawlaty

Deir Graf Network

Deiri Youth Lens

Dhmeir Local Administrative Council

Dikostamin Initiative

Douma Local Administrative Council

Emissa

Eye on the City Magazine

For All Organization

For our Children Organization

Free Syria Conference

Free Syrians in Romania

Freedom Raise Magazine

Freedom Youth for Citizenship and Non Sectarianism League

Ghad Syria Movement

Hamish – The Syrian Cultural House in Istanbul

Hashtag Aleppo

Help 4Syria UK

Hikayet Amal

Hirak

Homs Provincial Council

Humena Organization

Huntah Magazine

I think Magazine

Ibaa Institution for Development

Initiative for a New Syria

Insan

Jdeidet Artouz Local Committee

Jeiroud Local Administrative Council

Juzoor Developmental Institution

Kesh Malek

Kurdish Youth Movement

Lawadessa Center

Linartaqi Volunteering Team

Local Administrative Council Unit (LACU)

Local Coordination Committees in Syria (LCC)

Local Development and Small Projects Support Office (LDSPS)

Maan Organization for Social Development

Madad Organizations

Madar Alyom

Masaken Hanano News Network (MHNN)

Masaken Hanano Revolutionary Council

Masar Center for Studies

Mazaya Center

Moazamiyah Local Administrative Council

Molham Volunteering Team

Mowatanah Movement

Nabni

Najda Now International

Najda Now Syria

New Syria Website

Occupied Aleppo Local Committee

Orient Policy Center

Orouge

Oxygen Syria Magazine

Qalam Project

Sada Al Sham Newspaper

Sada Center for Opinion Polling

Sanabel Al Namaa

Saraqeb Local Administrative Council

Shafak

Shafaq Organization

Shams Movement

Shura Council in Maasaran

Smart

Sons of Euphrate Association

Sons of Horan Association for Support to the Syrian Revolution

Souriana the Hope

Spirit

Start Point

Steps Institution

Syria a homeland for all

Syria Civil Defence (The White Helmets)

Syria First League

Syria’s Clans

Syrian Dignity News Movement

Syrian Emergency Task Force

Syrian Hope Alliance for Modernity and Liberty (SHAML)

Tadef Local Committee

Tal Zahab Field Hospital

Tal Zahab Local Administrative Council

Talbisseh Local Administrative Council

The Aleppo Revolutionary Council

The Bright Future

The Civilian Democratic Dialogue Forum

The Deir Ezzor Relief Office in Qatar

The Executive Bureau of Rif Damascus Provincial Council

The Free Aleppo Doctors Committee

The Free Sweida Diaspora Association

The Free Sweida people League

The Free Syrian Engineers Trade Union

The Free Syrian Lawyers Association

The Free Syrian Lawyers League

The Free Writers of Syria

The General Commission for Sports and Youth in Syria

The International Association for Relief and Development

The League for Freedom and Dignity

The League of Ahfad Al Kawakibi

The League of Syrian Intellectuals

The Media Center in Barada Valley

The Medical Council for the city of Aleppo

Deir Ezzor Local Administrative Council

The National Association of workers in the Syrian State

The National Committee to protect Civil Peace

The Pulse of Life Team

The Revolutionary Council of Bustan Al Qasr and Kallaseh

The Romanian Arab Club for Culture and Media

The Supreme Council for Syrian Clans and Tribes

The Supreme Council for the Revolution Command

The Supreme Relief Commission

The Syria Advisory Center

The Syrian American Council

The Syrian civil society instances in Istanbul

The Syrian Economic Forum

The Syrian Engineers Association

The Syrian First School in Kilis

The Syrian Forum

The Syrian Human Rights Association

The Syrian Media Group

The Syrian Network for Human Rights

The Syrian Organization for Studies and Services

The Syrian Revolution General Commission – Al Raqqa

The Union of Syrian Kurdish Journalists

The United Media Commission in Damascus and its suburbs

The United Medical Office in Eastern Ghouta

The United Office for Golan people in Southern Damascus

The United Relief Commission in Madaya and Zabadani

The Medical Commission in Zabadani

The United Services Office in Eastern Ghouta

The Virtual National Syrian Movement

The Youth of Aleppo Revolution

The Youth of Future Syria Movement

The Youth of the Syrian Revolutionary Movement

This is my Life

Thought and Building Association

Union of Aleppo Revolutionaries

Union of Free Syrian Students

Union of Homs Neighborhoods

Union of Syrian Revolution Coordination Committees in Europe

Vector Design

Violations Documentation Center

Voice of Free Damascus Radio

Warsheh Organization

Watan

Wisdom Cultural House

Women Now for Development

Yasmine Syria Magazine

Youth for Change in Salqin

Zaitoun Newspaper