Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
Mostrando entradas con la etiqueta Pensamiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pensamiento. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de agosto de 2017

Cartas a Samira (6)



Texto original: Al-Jumhuriya 

Autor: Yassin al-Haj Saleh

Fecha: 20/08/2017


Libertad para Samira Khalil
(Diseño: El pueblo sirio conoce su camino)


¿Qué hice cuando despareciste, Sammur? Como en todo, no puedo contarte muchas cosas. Lo dejo para cuando vuelvas.

Lo nuevo, además de que he seguido escribiendo como sabes e imaginas, es que he podido viajar a varios países europeos. Sigo sin tener pasaporte, Sammur, y para cada viaje hacen falta varios intercambios de correspondencia con la parte invitante, el consulado del país y el departamento turco de inmigración… Es agotador. Los viajes entre países se han convertido en un asunto político, más bien, de soberanía, cercado por peligros y seguridad, en concreto para los sirios. Los consulados que debes visitar para lograr documentos de viaje recuerdan a las sedes de la seguridad asadianas. Nuestra situación en el mundo, Sammur, es la continuación de la situación que teníamos en “la Siria de Asad”.

Sigo siendo, no obstante, de esa minoría afortunada de sirios que pueden viajar de vez en cuando y volver a su lugar de residencia. He ido a países europeos y no a países árabes o de otras zonas geográficas hasta el momento. Me invitaron a un país árabe hace aproximadamente un año, pero los servicios secretos del país en cuestión, que prometieron a un amigo que intentó mediar que me recibirían, ¡dijeron que querían verme al llegar al país! Me invitaron a una universidad en otro país árabe, ¡pero esperaban que yo mismo arreglase los problemas que causaba el hecho de que yo no tenga pasaporte!

Todos los viajes han sido para participar en actividades culturales e intelectuales relacionadas con la causa siria. Hoy es una de las grandes cuestiones mundiales, o quizá la más importante. Una cuestión que desafía las bases del pensamiento, la política y el sistema internacional vigente, y nos miran a nosotros, los que hablamos de ella, con una mezcla de consideración, enemistad y duda.

Al mismo tiempo, en nuestro país más que en ninguno, ves claramente la historia, ves el Estado en toda su barbarie y vanidad, y ves a la religión en su locura y mundanidad. Ves al mundo en su estrechez, amplitud y corrupción. Ves cómo personas y grupos se vuelven contra sí mismos y contra los demás, y ves una pasarela de máscaras de todo tipo: la esclavitud cuyo rostro va cubierto con la máscara de la liberación, el odio que lleva la máscara del amor, el sectarismo que se cubre con el velo de la patria, el asesinato que se autodenomina clemencia, la mentira que habla con la lengua de la sinceridad, el egoísmo que adopta el papel del altruismo y el sacrificio, y la ingenuidad que pretende ser justa… Todo lo que ves y oyes puede ser lo contrario de lo que dice ser. Si no fuera porque el corazón pesa en tu ausencia la reflexión sobre este mundo se habría revuelto y convertido en fuente de placer intelectual y, de hecho, sería una particular fortuna, a pesar de la desgracia general, vivir en un momento histórico como este. Creo que las grandes luchas incitan al pensamiento sobre la historia y el destino de la humanidad, y estamos en una situación así hoy, Sammur. Ojalá estuvieras a mi lado...

Lo nuevo también en relación a la escritura es que escribo sobre vosotros cuatro: sobre Razan y especialmente sobre ti. Escribir sobre ti no es solo un tema nuevo en mi trabajo, Sammur, sino que es lo que da espíritu a todo mi otro trabajo. No eres mi causa, Sammur: eres mi identidad.
Escribir sobre ti es una terapia para mí también, Sammur.

Tengo, como muchos refugiados sirios, “el complejo del superviviente”, el sentimiento de culpa que invade a quien se ha salvado de una desgracia de la que no se han salvado otros. En Al-Jumhuriya (claro que te acuerdas: sigue funcionando y sigo escribiendo ahí básicamente) un joven escritor habló de este complejo del que muy probablemente nunca había oído hablar antes, con una bellísima y concentrada expresión: ¡el shock de la salvación! “El shock de la salvación” es doble en mi caso, pues me salvé esta vez cuando muchos otros no lo hicieron, cuyo número sigue en aumento; pero especialmente porque tú no estás entre los que se han salvado. Es algo con cuya responsabilidad cargo yo solo y lo que más me debilita, Sammur. También es lo que he estado resistiendo por medio del trabajo, y para lo que los amigos, cada uno de los cuales tiene su propio complejo de superviviente en diferentes grados, son una enorme ayuda.

Incluso nuestros amigos turcos tienen cierto grado de ese sentimiento, que les anima a solidarizarse y participar con nosotros en diversas actividades culturales y de protesta. Su ayuda ha sido enorme en todo momento.

Lo que he intentado combatir durante cerca de cuatro años, Sammur, es rendirme a ese shock de la salvación. Creo que tiene al menos dos efectos destructores. El primero es que puede empujar al superviviente a detener el tiempo en el punto de “su salvación”; es decir, su salida del país en nuestra situación, lo que puede volverle después incapaz de ver el cambio de situación y condiciones de la lucha, y la necesidad de reformar los instrumentos para poder seguir con dicha lucha y mantener una posición liberadora en la misma. Creo que conozco casos de supervivientes de nuestra antigua lucha que no dejan de librar una guerra anterior que no libraron cuando debían. Sin embargo, después de que todo cambiara, que la libren ahora no tiene el mismo significado y no tienen la misma posición liberadora. Dan una sensación de antigüedad y de moda pasada. Es un destino que espero evitar, Sammur.

El segundo efecto del complejo del superviviente es que se detenga su capacidad de luchar en las nuevas condiciones de refugio y consuma su energía en quejarse y refunfuñar, o en culparse a sí mismo y al resto. Intento resistir el sentimiento de culpa que nace del shock de la salvación para poder seguir luchando, Sammur. Creo que lo que más destruye la capacidad de luchar es caer en las cadenas del sentimiento de culpa, que es el estado mental menos propicio para que podamos ayudar a quienes no se han visto afectados por nuestro shock de la salvación, o quienes están en peor situación que nosotros. No es sencillo. Lo sé por experiencia, Sammur: es lo más parecido a un sempiterno enfrentamiento que se renueva cada día y donde nunca ganamos la batalla, aunque la podemos seguir librando.

Tal vez ayude a orientarse en esta situación insoportable, Sammur, que un día estuve en la situación del no superviviente -me refiero a la cárcel- mientras que los compañeros y amigos tenían el shock de la salvación. En aquel momento tú también estabas en una situación parecida y no hay duda de que amigos y compañeros tuyos tenían una sensación similar. ¿Qué esperábamos de quienes se habían salvado cuando estábamos con la mayoría de nuestros compañeros en la cárcel? ¿Qué siguieran en la lucha de la que nos habían sacado? No en todos los casos, solo en la medida de lo posible y según su evaluación de la situación. ¿Queríamos que se rindieran al sentimiento de culpa y se reprocharan el tener el shock de la salvación y que no se libraran de ello más que siendo encarcelados con nosotros? Claro que no. Creo que lo que deseábamos de ellos era que se cuidaran y que cuidaran nuestra causa con sus personas y comportamiento. En las cárceles de Hafez al-Asad esperábamos que nuestros amigos cuidaran su dignidad, nuestra dignidad.

Eso es lo que intento hacer, Sammur. No intento solo cuidar tu dignidad, ni la dignidad de nuestra causa y mi dignidad propia, sino también, intento seguir en la lucha con herramientas que quizá son algo diferentes de las anteriores, pero que lo son para que podamos proteger nuestra causa mejor.

En ello no hay nada que satisfaga en una situación como la nuestra, la tuya y la mía, Sammur. Tú estás desaparecida tras unas fronteras estrechas y oscuras, y a mí me han lanzado lejos, fuera de las fronteras. No me basta. Mientras trabajo en la construcción de herramientas más útiles y de una posición más adecuada para que sigamos en la lucha después de perder la primera ronda de la revolución, intento hacer algo que tenga que ver directamente con tu causa todo el tiempo. No he conseguido nada aún, Sammur, pero sigo llamando a la puerta y tengo la esperanza de poder incluso romperla un día no muy lejano para liberarte, y liberar a Razan, Wael y Nazem.

Y en primera y última instancia, sigo en la lucha porque tú me necesitas, me necesito a mí fuerte el día en que regreses.

Te espero. Solo cuídate, te lo ruego.

Besos, corazón mío.

Yassin

Cartas a Samira (5)



     Texto original: Al-Jumhuriya 

    Autor: Yassin al-Haj Saleh
 
Fecha: 13/08/2017


Libertad para Samira Khalil
[Diseño: El pueblo sirio conoce su camino]


Sammur, en la carta anterior intenté darte una idea de la situación humanitaria en Siria, de la que se dice de vez en cuando que es la peor crisis humanitaria desde los días de Ruanda en 1994, y la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, lo que me parece realmente atroz son dos cosas. Primero, que nuestro desastre (nakba) se ha producido en la práctica bajo supervisión internacional, con presencia de EEUU, Rusia, Francia y Reino Unido, y con abundantes datos contrastados, durante prácticamente seis años y medio (y no, por ejemplo, tres meses como en Ruanda). Además, el responsable de esta desgracia nacional y humanitaria, Bashar al-Asad, no solo sigue en su puesto, sino que se habla de “rehabilitar” al régimen, lo que supone recompensarlo por esta criminalidad destructiva.

¿Qué significa esto, Sammur? ¿Qué significa que medio millón de personas sean asesinadas, que la vida de millones haya sido destruida, que las potencias que dirigen el sistema internacional, y el mundo de hoy, trabajen para volver a apuntalar la situación que dio origen a esta desgracia, y a la mafia gobernante, responsable directa del asesinato de más del 2% de sus gobernados? Sencillamente, significa que la muerte de quienes han muerto carece de valor, que la tortura de quienes han sido torturados no merece consideración y que la destrucción de la vida de millones de personas no será recompensada. Creo que se nos está diciendo que los cientos de miles asesinados han perdido la vida en vano, que los gritos de todos los torturados y el dolor de las madres, los padres y los niños no importan ni cuentan, que todo eso no es el precio de nada, y que no traerá beneficio alguno. La sangre no es el precio de la libertad, y las víctimas no son ofrendas para la salvación. En resumen: nuestros muertos no son mártires y no tenemos causa alguna. Tan horrible ordalía no llevará a ningún cambio político, los asesinos no tendrán que rendir cuentas, la justicia no se hará realidad, no se abrirán nuevos horizontes para el país, y los sirios no estarán en mejor posición para gobernar sus vidas ni para construir su futuro.

Es decir, que la muerte de quienes han muerto no protegerá la vida de quienes siguen vivos, y que la tortura de los que han sido torturados no garantiza nada más que la tortura de quienes aún no han sido torturados.

¿Puedes imaginarlo, Sammur? Cuando nuestro sufrimiento es privado de la posibilidad de tener algún significado, salimos en la práctica del círculo de la humanidad; así pues, o nos meten en el círculo de las cosas que ni sufren ni tienen significado mientras los ingenieros de nuestra nakba son humanos, o somos humanos de menor categoría, mientras los ingenieros de nuestra nakba están por encima de los seres humanos, y quizá los dioses. ¿Te lo imaginas, Sammur? El racismo se supera y, a costa de un ente como Daesh, cualquier racista fascista puede ponerse la máscara de civilizador liberador de alta moral.

Cuando la muerte de 100 de nosotros es igual a la de 1000 o 100.000 o un millón -cero en todos los casos- se nos dice en la práctica que todos y cada uno de nosotros somos cero, y que nuestro genocidio no es una pérdida ni tendrá consecuencias. Han de ser dioses aquellos que han extirpado nuestra ordalía hasta el punto de que el hecho de que seamos muchos o pocos sea igual a sus ojos. En efecto, nuestra causa se acerca al umbral de “la guerra contra el terrorismo”, que no se contenta con exterminarnos, sino que es un prejuicio de la condena que se nos hace como terroristas o “entornos sociales” del terrorismo, como dijo Bashar al-Asad. Así, pasamos de la privación de significado al exterminio, y de la privación de justicia al genocidio y a la privación de la vida.

Da mucho miedo, Sammur. Que nos hagan emigrar y nos condenen, que nos torturen y nos condenen, que nos asesinen y nos condenen. Que nos condenen a los agredidos y asesinados en vez de condenar a los agresores y asesinos. Da pavor que nos maldigan así, que nos traten como malditos los crueles dioses, que nos abandonen a una tortura sin final, en la que nada nos servirá y nos salvará.

Dicen que no hay alternativa a Bashar al-Asad, renuevan su mandato sobre nosotros porque está garantizado y bajo control. Lo que quieren los que gobiernan el mundo hoy es apoderarse de nuestro cambio, decidir ellos cómo se hará ese cambio, hacia dónde, con qué ritmo y los frutos que traerá, y no nosotros. Es decir, que no tengamos tampoco historia o que nuestra historia apenas se limite a una rama de la historia de los gobernantes.

Lo que da pavor en todo eso, Sammur, es que se trata de una sentencia irrevocable contra nuestros mejores esfuerzos de no dejar huella alguna, y que nada de lo que hagamos con sinceridad dé frutos. Nuestras acciones son como nuestras no-acciones y el resultado en todo caso será cero. Esto supone rendirse a la desesperación, una sentencia de muerte y la vuelta de las acciones de Bashar al-Asad.

Este relato sirio no se parece a ningún otro en la historia moderna en lo que respecta a que está llena de sangre y dolor. Los otros relatos no eran tan conocidos o eran locales y no participaban en ellos las potencias internacionales dirigentes, o al menos no han durado tanto tiempo, o no eran tan terribles en el coste humano y material, ni destrozaron de tal forma el futuro. O bien las potencias internacionales se unen entre sí, o bien se unen al principal asesino (o adoptan una neutralidad positiva hacia él) tras la división de nuestro país, lo que hará de nuestro relato un relato mundial, el relato del mundo.

El problema es que la única conclusión política correcta que se puede hacer es la necesidad de cambiar el mundo. Mientras el mundo siga siendo el obstáculo al cambio, y quien niegue el significado a nuestra vida, es preciso que cambie para que vivamos y para que nuestra vida tenga significado. Sin embargo, Sammur, esto supone que nos condenen a salirnos de la acción, de la política y del intento de influir en nuestro destino a largo plazo. Cambiar el mundo no es una simple expresión, sino el nombre de un destino terrible. Los sabes bien por nuestro trabajo para cambiar Siria. El mundo es una gran Siria, Sammur, y cambiarlo supone extender el terror que nos afecta a todo el mundo.

No obstante, sigue siento el único reto que debemos afrontar para intentar devolver el significado a nuestro dolor, honrar a nuestras víctimas y hacer de la masacre de Siria un catalizador del cambio de un mundo que ha de cambiar. Lo que no tiene significado es el mundo que niega nuestro significado, y cambiarlo es un deber hacia nosotros y hacia los demás que sufren mucho y significan poco.

Sabes, Sammur, que nuestro viejo maestro, Mark, impuso a los filósofos el deber de cambiar el mundo y no limitarse a explicarlo, y después, encomendó al proletariado, la clase explotada y organizada en el mundo capitalista, que nada tenía que perder con la revolución y quizá algo que ganar, cambiar el mundo capitalista. En el mundo de hoy, los llamados a cambiar el mundo son aquellos a quienes el mundo les ha negado el significado, quienes han sido expulsados de la historia, quienes son asesinados, torturados y desplazados forzadamente y quienes son menospreciados siempre.

Nosotros, Sammur, somos los proletarios del significado, los náufragos fuera del significado, los malditos condenados que no tienen derecho a condenar, a quienes se les niega la palabra en cuestiones de bien y mal.

Nuestra causa está ahí hoy, Sammur, en una posición no firme entre el hecho de que nos nieguen el significado y nuestras trágicas aspiraciones de cambiar el mundo para tener significado.

Y de cambiar nuestro mundo inmediato en primer lugar. Los islamistas, a quienes también se les niega, como a nosotros, el significado, tienen poca amplitud de miras y mucho egoísmo como para ser la fuerza del cambio y el significado. Tú personificas más que cualquier otro ser humano la pequeñez de los islamistas y su incapacidad intrínseca para participar en la renovación del mundo, en significante y significado. Son nihilistas, miserables, y están desesperados.

Nosotros, Sammur, no perdemos nada con cambiar el mundo hoy. Somos los malditos cuyo único significado es trabajar por cambiar un mundo que niega nuestro significado. Nosotros somos los tuyos y los que estamos contigo.

Sin embargo, una vez más, este es un terrible destino, y no una idea valiente que registrar para pasar a la siguiente. El destino posee y no se puede poseer. Eso lo sé desde que te secuestraron y te hicieron desaparecer. Lo veo con mis ojos y los tuyos.

“En un mundo que se derrumba”, “el oasis” eres tú en tu cerco doble o triple [1]. Cuídate por mí, Sammur.

Besos, corazón mío.

Yassin 

[1] Expresiones tomadas del poema “Beirut” de Mahmud Darwish.

domingo, 25 de octubre de 2015

El velo de la ideología



Texto original: Al-Arabi 

Autor: Salameh Kaileh

Fecha: 15/10/2015

La batalla de Qalamun
(En la media luna se lee Jerusalén y en la mano "rechazo" o antiimperialismo, con ello se hace referencia a las palabras de Nasrallah en las que aseguraba que la liberación de Jerusalén pasaba por Qalamun)

Quizá hacer un seguimiento de las posturas de la “izquierda antiimperialista” en lo referente a Siria sea la mejor manera de comprender cómo la ideología puede convertirse en un tupido velo que cubre el entendimiento de lo que sucede en realidad. También sirve para comprender lo sencillas que son las respuestas bajo dicho velo que impide ver la realidad o investigar sobre ella. O cómo sirve para diseñar la realidad según conviene a dicha ideología y así confirmar su visión. Aquí, “la razón se explota” en el interior y no sale para conocer la realidad, ni para explicarla, básicamente porque ya posee todas las respuestas, y la realidad no es más que el reflejo de las ideas de su “mente”, las ideas ideológicas que llenan su “mente”.

Es bien sabido que la “ideología antiimperialista” considera que el régimen sirio tiene razón, y que es antiimperialista, y que lo que sucede es una conspiración en su contra. Por tanto, no es necesario seguir los acontecimientos, o investigar qué sucede, o poner las políticas de los Estados y potencias en contexto, pues todos están en contra del régimen sirio y se han propuesto derrocarlo.

Tomemos, por ejemplo, el caso de Daesh. El discurso de este sector parte de que el régimen lucha contra él, porque el imperialismo y sus seguidores lo apoyan. No hay duda de que Daesh es una creación estadounidense, pero ha ocupado el terreno en que la revolución se gestó, y el Estado se ha visto obligado a retirarse, por lo que Daesh se ha dedicado a luchar contra las fuerzas de la revolución (contra todos los activistas de la revolución, contra los que trabajan en labores humanitarias, contra los periodistas y contra los que desarrollan la acción armada).

Ahora bien, ha quedado claro, en más de un lugar, que las autoridades se retiran por su propio interés, y apoyan a Daesh con bombardeos aéreos cuando se ve acorralado. Más aún, el régimen no ha bombardeado sus posiciones perfectamente localizadas en Raqqa, Deir Ezzor y la zona oriental, pero sí ha bombardeado continuamente todas las zonas que caen en manos de la revolución, deteniendo los bombardeos en el momento en que Daesh las toma.

Cuando se retira frente a Daesh, el régimen deja todo el arsenal de armas, algo que no hace cuando se retira ante las brigadas armadas. Y lo raro es que Daesh está en todas las zonas en que el régimen está debilitado, para enfrentarse a las brigadas, como en Alepo, Yarmuk o Al-Qadam, al sur de Damasco, y ahora en la zona rural al norte de Alepo. En Qalamun, por ejemplo, el ESL libra dos batallas, contra Hezbollah y el régimen por un lado, y contra Daesh por otro.

En cualquier caso, las zonas de Daesh no son las de enfrentamiento del régimen (ni de Hezbollah, ni de la Guardia Revolucionaria, ni todos los sectarios que engloba Irán), y cuando hay un “enfrentamiento”, el objetivo se revela después, cuando Daesh se enfrenta a la revolución; ed decir, que el objetivo es facilitar a Daesh la llegada a las zonas de la revolución. Sin embargo, a pesar de todo esto, la ideología “antiimperialista” repite que la lucha del régimen es contra el terrorismo representado por Daesh y Al-Nusra.

En otro orden de cosas, se considera que EEUU es quien dirige la conspiración contra Siria. Quizá la postura estadounidense fuera “ambigua” en los primeros momentos de la revolución, pero ahora está muy clara. La prioridad es la lucha contra Daesh, y aunque dice que no hay lugar para Bashar al-Asad en la siguiente etapa, quiere que el Estado se mantenga (seguridad, ejército e instituciones), y por tanto, dice que no le concierne luchar contra él. Al contrario, pretende convertir a los combatientes de la revolución en fuerzas exclusivamente para la guerra contra Daesh. Es decir, pretende dejar a la revolución sin sus combatientes, y quiere que aquellos a quienes entrena se unan con las fuerzas del régimen para luchar contra Daesh. Además, prohíbe a “sus aliados” armar al ESL o permitirle que ponga fin al conflicto por medio de una solución militar. Exacto, porque la solución es política.

Más aún, las presiones de Turquía y Francia para una intervención de la OTAN han fracasado, y se ha impedido a Turquía que intervenga, mientras que se le ha permitido a Rusia que supervise la solución política, según las condiciones rusas. Ahora, EEUU se encuentra perpleja tras la llegada del ejército ruso a Siria y ha jugado un papel muy importante en la destrucción de la revolución.

¿Daesh lucha contra el régimen? ¿Quiere EEUU derrocar al régimen? Es difícil para la ideología tupida que cubre los cerebros y que dibuja una realidad preconcebida, según la cual el régimen sirio sigue siendo el antiimperialista que EEUU quiere derrocar, aceptar la realidad, porque la rompe. Por tanto, es mejor que el “idealismo propio” siga dominando, porque así uno descansa de la fatiga de investigar la realidad, la realidad que rompe la ideología cimentada en la razón desde hace décadas.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Para que no nos vuelvan a aplastar

Texto original: Al-Jumhuriyya

Autor: Editorial de Al-Jumhuriyya

Fecha: 05/09/2014


"Asad y Daesh son lo mismo"



Nosotros, los opositores laicos al régimen asadiano y rivales de los islamistas, fuimos aplastados dos veces a lo largo de dos generaciones. No pudimos defendernos en ninguna de esas ocasiones, y fue muy fácil para los agresores -el régimen primero (durante los ochenta del siglo pasado), y después el régimen y los islamistas-, aplastarnos y destruir nuestra causa. La falta de capacidad económica y el hecho de estar desarmados no hizo las cosas más fáciles, como tampoco nos las facilitó el no invertir en nuestros puntos fuertes: la innovación cultural y social. La realidad es que nuestra innovación fue limitada, ya que nos limitamos a abrazar doctrinas ya preparadas, nos entretuvimos con imitaciones improductivas, tratamos con la cultura como un campo secundario al que dedicábamos solo parte de nuestro tiempo y nuestra pasión, la convertimos en un signo de distinción frente a otros ciudadanos, y nos desprendimos de los valores liberadores en favor de los partidismos y las consideraciones dependientes cortas de mira.

En definitiva, no logramos apenas renovar la cultura o hacer de la nueva cultura una fuerza social llamativa, que se dirigiera a las fuerzas sociales que hoy están desperdigadas: la “sociedad trabajadora”, esa que se levantó en revolución y se expuso más que nadie a las detenciones, los asesinatos y los desplazamientos forzados, desligándose aquellos que quedaron por falta de una visión de conjunto. La sociedad trabajadora la conforman los amplios sectores de sirios que viven de su trabajo, su producción y su conocimiento, y no del pillaje, la extorsión, las rentas o su relación con partes extranjeras. Son los sectores que se han expuesto al pillaje y la explotación sistemática por parte del régimen asadiano y sus semejantes islamistas. También son los sectores cuyos intereses se corresponden con la liberación social y política, y con una nueva Siria liberada.

La sociedad trabajadora no pudo defenderse solo con las armas de la cultura frente a los agresores armados del régimen asadiano y los grupos salafistas armados esparcidos hoy por el territorio sirio. No se puede dejar de defenderse a uno mismo y a la sociedad con armas. Nos aplastaran siempre si no logramos defendernos a nosotros y nuestras causas, que son la libertad y la igualdad en Siria y los sirios, por la fuerza. No solo porque nadie nos va a defender, sino porque nuestra experiencia en la lucha que se está librando ahora concretamente dice que estaremos en el lugar de la víctima siempre, sin que el sacrificio tenga mucho valor y sin que nuestra causa avance demasiado, salvo que logremos aunar la cultura como factor influyente y la capacidad material, incluidas las armas, cuando la situación lo exija… Y lo hará.

Nos detuvieron, nos torturaron, nos asesinaron, nos echaron de nuestras casas, destrozaron nuestras vidas y nos maltrataron. Y seremos parte en el crimen contra nosotros mismos si la producción de significados, ideas, y valores estéticos y morales sigue siendo tan modesta, y se mantiene la dispersión e incapacidad de organizar nuestras fuerzas. Y lo mismo sucederá si nos mantenemos aislados y hacemos de la cultura una alternativa a la fuerza política y una justificación para abstenernos de la autodefensa y para aislarnos de la Siria trabajadora. Ambas cosas son necesarias y vivas por igual: la cultura de la liberación y los valores liberadores. Son lo que organiza la fuerza material para lograr el objetivo de la liberación general. Por su parte, la fuerza es la que sirve para la autodefensa cuando la ausencia de la misma supone el exterminio, el secuestro, la detención, la tortura, el asesinato y la emigración forzada, tal y como vamos aprendiendo de las experiencias vivas.

Ello exige un levantamiento contra las costumbres y la educación mental y política que se ha recibido durante treinta años, esas que indujeron la separación entre la cultura liberadora y la fuerza material, y que hicieron de tal separación su propia seña de identidad e identidad misma, sin ser conscientes de que con ello se hacía del abandono de la política una definición de sí mismas. El eslabón de unión es, nuevamente, la sociedad trabajadora siria. Una sociedad que exige que trabajemos para insertarnos en ella y organizarla para que defienda su vida y su patria. Nadie librará nuestra batalla si no lo hacemos nosotros mismos. Por su parte, los shabbiha (matones, secuaces) de la religión y el Estado solo verán en nosotros a aquellos a quienes humillar si no logramos defendernos e imponernos como una fuerza activa.

Eso es lo que creemos que necesita nuestra sociedad para romper esta polarización suicida entre dos fuerzas salvajes, ambas al margen de los valores humanos y patrióticos, para abrir la veda a otra opción, la opción de la liberación general, que a su vez limitará la dispersión de un amplio sector de los sirios que se han rendido hoy a la frustración y la ironía, esterilizándose a sí mismos y desaprovechando toda la fuerza que tienen y que no puede descartare para volver a ser dueños de nuestro país. El refuerzo de este sector y su conversión en un bloque o polo patriótico efectivo es la alternativa a la dispersión y la rendición, de las que solo se benefician los shabihha y los contra-shabbiha [1].

Somos conscientes de que ello necesita años de esfuerzo organizado y diligente y que es precisa una ruptura con el espíritu egoísta que ha definido a una generación entera de intelectuales y activistas. También exige una ruptura mental, emocional y política con las formas degeneradas de actividad pública, que solo atraen a los corruptos, los lacayos, los prevaricadores y los chaqueteros de la Coalición y el resto de formaciones opositoras.

Nuestro país está pasando por una tragedia histórica sin igual desde tiempos remotos, y no solo desde la creación de la entidad siria hace algo menos de un siglo. La mitad de los habitantes han tenido que abandonar sus casas y otros tantos,o incluso más, son refugiados fuera del país, mientras que las aguas del Mediterráneo se han tragado a cientos de ellos en los últimos meses. Cerca de 200.000 sirios han muerto y unos 15.000 de esos lo habrán hecho bajo tortura. Homs, Daraa, Alepo, Deir Ezzor, Raqqa, Dariya, Muaddamiyya y Al-Ghoutta Oriental han sufrido una ingente destrucción. 

Además el país en la trampa de una familia criminal que se lo ha entregado a Irán y sus secuaces sectarios en Líbano e Iraq, mientras que por otra parte se ha infestado de formaciones religiosas armadas, cuyas acciones carecen de toda dimensión liberadora o patriótica, entre las que destaca Daesh, como mezcla de colonialismo invasor, locura religiosa y purga étnica. El futuro inmediato no parece augurar más que nuevas masacres, una mayor división y odios mucho más profundos y determinantes.

Pero por encima de todo eso, el mundo y los organismos internacionales han permitido que la matanza continúe durante tres años ymedio, y parece que seguirán "gestionando la crisis" para que Siria se convierta en un desastre humano, y en un ejemplo elocuente que aclare a los ciudadanosde la zona y del mundo los peligros de las revoluciones y de rebelarse contra los gobernantes.

Esta última dimensión, la connivencia de las potencias internacionales con el asesino y el abandono de los sirios agredidos sin apenas armamento con que defenderse, habiéndosele reconocido al régimen la posibilidad de matar por todos los medios –excepto las armas químicas-  es una experiencia que los sirios no podrán olvidar u obviar en el proceso de conformación de fuerzas patrióticas que unan los valores liberadores, el peso social y la fuerza material por un lado, y la cultura y la mayoría de la gente por otro. Más aún, será necesario que pongamos énfasis en esta experiencia en nuestra cultura y la convirtamos en una energía positiva para el trabajo futuro, sin caer en un aislamiento resentido con el mundo. Al contrario, tenemos compañeros excepcionales en otros lugares, que son un apoyo muy importante para nuestra lucha, y tendremos que conseguir nuevos compañeros.

Si no queremos que nos vuelvan a aplastar, debemos ponernos a trabajar. Nuestros aliados son el pensamiento innovador, la independencia, la dignidad personal y patriótica y la dedicación al trabajo. Los islamistas tienen las armas, que cuentan a su vez con el sectarismo, el odio, el salvajismo y la desesperación; nosotros tenemos la innovación, la libertad y la esperanza. Con tal preparación, las experiencias pasadas de dos generaciones y la existencia de un sector sirio sin lazos organizativos que se mueve hacia la acción y la cohesión, se supone que hemos de ser capaces de formar un bloque socio-político en poco tiempo. La fuerza material vendrá después de la fuerza social y política.

Dentro de cuatro años exactamente nuestro país cumplirá un siglo. Es un momento perfecto para que hayamos progresado en la representación intelectual y cultural de nuestro país, y hayamos avanzado en el camino de su representación política, además de haber logrado dar pasos en el camino de la recuperación de nuestra causa de manos de dos tipos de asesinos.

[1] Los secuaces del régimen y los islamistas, enfrentados entre sí.