Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
Mostrando entradas con la etiqueta Transición. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Transición. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de diciembre de 2024

La constitución, el gobierno constitucional y la historia siria: de la necesidad de una asamblea constituyente elegida que elabore la constitución del país

Texto original: Al-Jumhuriya
Autor: Yassin al-Haj Saleh
Fecha: 19/12/2024




El señor Ahmad al-Sharaa dijo hace unos días que un comité de expertos está trabajando en la elaboración de una nueva constitución siria. Esto no está bien: la constitución es la ley fundamental del Estado, el equivalente legal de la soberanía, el documento que prevalece sobre el resto y, por ello, debe emanar de una asamblea constituyente elegida, que responda ante sí misma por haber sido elegida y que no dependa de un comité de expertos dirigido por quien lo ha nombrado. Cualquier cosa que emane de un comité dirigido de esa manera no va a contar con más respeto general que las constituciones del difunto gobierno asadiano.

La idea de una constitución elaborada por un comité de expertos no es acorde a la gran transformación histórica que Siria está presenciando -la más grande de su historia desde la independencia- ni tampoco al principio de gobierno constitucional, que es un gobierno que está limitado y no es absoluto: todo lo contrario del gobierno asadiano. Tampoco es acorde con precedentes fundamentales de la historia siria anteriores a la eternidad asadiana. 

En primer lugar, el país está saliendo de un gobierno colonial interno, el gobierno de la tortura, las cárceles y las matanzas, en continuo estado de excepción, el gobierno de las instrucciones y las órdenes -y no de las leyes y la constitución-, de la política del "divide y vencerás" -y no del desarrollo de la confianza nacional entre la pluralidad siria-, del principio colonial de protección de las minorías, y no de la ciudadanía y la igualdad política y de derechos.

Todas estas son características coloniales, por lo que hacer uso de ese adjetivo no es para hablar mal del difunto gobierno dinástico. La estructura colonial interna fue lo que allanó el camino para que el régimen invocara a fuerzas coloniales externas para que vinieran a matar con él a sus gobernados: Irán, sus satélites y Rusia. Así, la misión que tienen hoy los sirios frente a sí, tras cerrar el capítulo del colonialismo interno, es la que se le impone a un país que se acaba de liberar del colonialismo: la construcción nacional. Es decir, la misión de construir un Estado y sus instituciones -particularmente, el ejército y las fuerzas de seguridad-, en cuya totalidad del territorio impere la seguridad, y en el que se desarmen todas las posibles milicias, quedando el monopolio de las armas en manos del gobierno estatal, como dijo Ahmad al-Sharaa con razón. Se trata también de unificar a Siria geográficamente. De esa construcción nacional, forma parte también la reforma de la infraestructura educativa, sanitaria y judicial y, naturalmente, la reparación de las infraestructuras públicas destruidas en gran medida. Asimismo, debe avanzarse en el expediente de la justicia transicional y el enjuiciamiento de los grandes delincuentes (que pueden ser varios centenares) y la inhabilitación política de sus colaboradores (que quizá sean varios miles) durante unos años determinados o de por vida. También debe descubrirse qué ha sido de los perdidos y desaparecidos forzosos, tanto en manos del régimen como de otras milicias que participaron en dicha tarea -de todos aquellos sirios que quedaron a su merced-, aprovechando que el país se había convertido en una selva o en un paraíso para el delito y la huida del castigo.

También forma parte de la construcción nacional todo el debate sirio previo que se ha producido en las redes sociales, en los periódicos, en las revistas, en los canales por satélite, en los seminarios electrónicos, etc., y que debe darse de forma menos espontánea y desordenada, logrando todo su alcance, aclarando sus problemas y materializando sus cuestiones. También forma parte de dicha construcción nacional la elección de una asamblea constituyente que elabore una constitución para el país, basándose en dicho debate público, la historia de la revolución siria y el conjunto de la historia del país como entidad política nacional moderna. No será una asamblea soberana si no se elige y la constitución no gobernará las leyes si no emana de una asamblea soberana. Dicha asamblea, tras la elaboración de la constitución, se transformará en un parlamento, o bien se disolverá y se elegirá un parlamento, asamblea nacional, consejo del pueblo…

Son muchas cosas que no pueden suceder de un día para otro: es necesaria una etapa de transición, un periodo de entre uno y dos años, durante los que se imponga la paz social, se calmen las reacciones, se relajen las almas, mejoren los servicios y se dé la oportunidad a las distintas sirias y sirios de organizar sus fuerzas y formar sus asociaciones y organizaciones políticas, sociales y profesionales, y permitir que la sociedad siria recupere algo de su carácter civil, de cara a las elecciones, la asamblea constituyente y la constitución.

Si tenemos en cuenta, vista nuestra experiencia histórica de la época poscolonial, que la piedra angular de la construcción nacional es la construcción ciudadana -es decir, invertir en la libertad de los sirios y la independencia de sus cerebros y mentes-, se verá que es necesario echar el freno y darnos a nosotros y nuestra sociedad la oportunidad de respirar y controlar el alma. Quizá, durante ese periodo de transición, se produzcan iniciativas para reforzar la paz civil: iniciativas civiles, pero también de las posibles fuerzas políticas y de la facción que actualmente domina.

Puede decirse que, en un año o dos, esta facción reforzará su posición e impondrá sus visiones y normas, por lo que no organizará un proceso electoral sin garantizar sus resultados previamente, algo que, en realidad, no es descartable si el ambiente le favorece. También puede existir, relacionada con el momento revolucionario actual, la idea de que es imperativo llevar a cabo la nueva fundación estatal ahora, tal vez en uno o dos meses, o quizá cuando termine el actual periodo de gobierno de Muhammad al Bashir el próximo mes de marzo, en lugar de dentro de uno o dos años. Pero es que simplemente eso no es posible. Geográficamente, el país sigue sin estar completo y las tres provincias de la zona de la Jazira, o importantes sectores de ellas, siguen fuera del control de la nueva autoridad. Además, celebrar elecciones generales sin ceñir las armas a la autoridad central deja a los potenciales electores bajo la autoridad de las milicias.

Si nos fijamos en las dinámicas que tenemos hoy ante nosotros, tal vez veamos que una nueva autoridad va tomando cada vez más forma, y que, al mismo tiempo, van apareciendo más y más resistencias. El ascenso y expansión de las resistencias sociales y su organización es en lo que debemos confiar de cara a un sistema político racional. La razón de un sistema político en un país es relacional y no es simplemente lo que está en las cabezas de los individuos que ocupan los puestos más altos del gobierno o sus agrupaciones. El sistema es menos racional cuando no se equilibra con algo que no sea la pluralidad religiosa y cultural, que es lo único en lo que piensan los islamistas, incapaces de superarla para llegar a la pluralidad política real, mucho más conectada con el mundo de hoy, las aspiraciones actuales de la gente y los intereses del presente. Más aún, solo esa pluralidad puede mantener el sistema político abierto a nuevas fuerzas y nuevas ideas. No nos ha faltado pluralidad religiosa y cultural en la era asadiana, sino que, por el contrario, se ha patrocinado de la forma más completa posible: lo que nos ha faltado es, específicamente, la pluralidad política y de organizaciones, programas y filosofías.

En lo que respecta únicamente a la pluralidad religiosa y confesional heredada, funciona la lógica de dar tranquilidad, que se adoptó durante los primeros días de la liberación de las grandes ciudades, pero está a punto de agotarse anticipadamente. Desde ahora, todo debe regularse con leyes y normas conocidas que remitan a la ciudadanía, los derechos humanos y las libertades generales. Hoy nos encontramos en un momento preconstitucional, el tiempo de la construcción de las organizaciones y los partidos, el tiempo de las experiencias y ejercicios de gestión de la vida pública en la nueva Siria, sobre bases fundamentadas en la pluralidad, el diálogo y la confianza.

Los sirios necesitan que un espíritu positivo domine en su país para recuperar su patriotismo (y sacarlo de las garras del sectarismo y las dependencias extranjeras). Hemos sido alienados y humillados durante décadas y la prioridad hoy es honrar ese sufrimiento terrible que la mayoría de sirios comparten de distintas maneras. La época de la humillación termina con la libertad y solo con ella, y no, claro, con un exceso de discursos sobre la dignidad. Y entre los significados de la libertad está que los sirios elegidos gobiernen su país y que exista alternancia en el poder por medio de elecciones libres celebradas periódicamente. Eso es lo que se supone que la constitución debe regular, una constitución que elaborarán quienes sean elegidos por el pueblo y no un comité de expertos desconocido, conformado quizá por personas como Obeida Arnaut [1], cuyos miembros sean escogidos por quienes ostentan la autoridad. 

Y no olvidemos, después de todo esto, que el objetivo de la constitución es que el gobierno sea constitucional: limitado y no absoluto. Y eso no se logrará si la constitución no emana de una estructura que solo responda ante sí, que en la historia de Siria se conoce como asamblea constituyente. Como expuso en su artículo de ayer en Al-JumhuriyaMuhammad Ali Atassi [2], ha de instaurarse un gobierno constitucional limitado en cuanto a competencias y a su tiempo de mandato, pues un gobierno no limitado lo más probable es que sea un monstruo abominable, un ogro. Y eso es lo que era hasta ahora. La idea de gobierno constitucional se basa en que no existen gobernantes que por su persona o creencia estén exentos de la corrupción y la tiranía, como demuestra más que de sobra nuestra historia y las de otros. Estar regulado por normas generales acordadas entre todos es lo único que protege a la sociedad de la tiranía. Dichas normas generales obligatorias son lo que llamamos constitución.

[1] Portavoz del gobierno de transición actual, que declaró que las mujeres no están capacitadas por su naturaleza biológica para determinados puestos, como el de Ministra de Defensa.

[2] Se trata de un artículo sobre la constitución siria de 1950. Puede leerse en árabe aquí.

sábado, 26 de junio de 2021

Despedida

Estimados lectores:

Como ya apuntábamos en la última entrada publicada, convendría cerrar este blog que lleva diez años intentando acercar Siria y su realidad al mundo, no sin recibir ataques por ello de quienes consideraron en todo momento que los sirios y las sirias no tenían derecho a levantarse y que solo una mano invisible podía dirigirlos para algo semejante. 

Cierto es que siempre habrá algo que transmitir o contar, pero desde esta modesta página creemos que ha llegado el momento de centrar los esfuerzos de divulgación, transmisión y comunicación en aspectos que son herederos en gran medida de la revolución de 2011, pero que se perfilan diferentes habida cuenta de la derrota de la misma, independientemente de que el espíritu se mantenga.

Por ello, hoy damos por cerrada esta etapa y dejamos a vuestra disposición, si tenéis la posibilidad y ganas de leerlo (aunque sea con ayuda de herramientas de traducción en línea), este texto publicado en árabe que transmite una reflexión sobre estos diez años, este blog, la traducción, la lengua árabe y el crecimiento personal de quien durante todo este tiempo ha estado al otro lado de la pantalla.




Gracias a todos por seguirnos.

Hasta pronto.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Es nuestra esperanza y no tendremos miedo

Texto original. Al-Quds al-Arabi

Autor: Elías Khoury

Fecha: 10/12/2012

Este texto parece una continuación de este otro.





No habrá más miedo a partir de hoy: el muro del miedo ha caído en la plaza de Tahrir en la calle Habib Burguiba y en las plazas y calles de Siria. ¿De qué tenemos miedo y qué tememos?

¿Acaso nos dan miedo las palabras del Guía Supremo (de los Hermanos Musulmanes) y su segundo a bordo, Al-Shater, sobre la conspiración? ¿Nos dan miedo los grupos de Al-Nahda que atacan a los trabajadores de Túnez? ¿O quizá las alucinaciones criminales de Asad? ¿El qué? Tras tanto sacrificio ya no hay lugar para el miedo.

Los islamistas deben saber que la revolución no permitirá a nadie que la robe en un segundo, y lo que queda del partido Baaz debe saber que ha llegado con creces el momento de irse, que la era de la eternidad asadiana no la salvarán los barriles de explosivos y que el meter miedo a los revolucionarios con que el régimen puede destruir el país no tendrá efecto.

Lo que sucede en el triángulo de las revoluciones árabes, en Egipto, Túnez y Siria no es un golpe autoritario, sino una revolución que estalló en los pueblos antes de que los pueblos la hicieran estallar.
Por ello, ya no tendremos miedo.

Muhammad Mursi y la Oficina de Dirección de los Hermanos en Egipto han de entender que la revolución no se rinde por miedo o por temor, y que el jugar con las constituciones que deben ser un punto de consenso nacional que conformen las fuerzas revolucionarias no les llevará más que a la destrucción. Egipto no se toma así.

Si los Hermanos y sus semejantes en Al-Nahda quieren participar en el devenir democrático, bienvenidos, pues es su derecho y su deber. Pero si lo que piensan es que la democracia es un juego para cazar el poder y que basta con llegar a un acuerdo con los estadounidenses para ello, entonces es una estupidez que solo conducirá al precipicio.

El miedo a los islamistas era el espantajo del dictador que el pueblo ha destruido en su revolución. ¿Por qué y en nombre de qué los Hermanos Musulmanes y sus homólogos en Al-Nahda adoptan la imagen que dibujó el dictador, pensando que pueden ocupar su lugar y comportarse como él?

El señor Mursi se va pareciendo más parece,mientras se va dictatorizando, a un guiñol movido por el Guía Supremo y su segundo a bordo, Al-Shater: amenaza y promete, se crece insinuando que retrocederá pero no lo hace. Se muestra como un cordero para acercarse a su presa y después se convierte en lobo para cazarla.

El juego no engañará a nadie.

Mursi posee una milicia, pues vale. ¿Qué puede hacer la milicia? La gente ya no teme a nada. Quien derrocó a Mubarak, su séquito, su policía y sus camellos no temerá a una nueva milicia que amenaza y promete, pero que no tiene capacidad real. A su alrededor hay un puñado de hombres de negocios barbudos que quieren heredar la influencia de Ahmad Izz[1] con un discurso que utiliza la religión para justificar el dominio sobre el mundo.

La revolución se está renovando hoy. ¿Quien dijo que la revolución había terminado con la simple celebración de elecciones y que la democracia se había realizado en el momento de la huida de los dictadores de la ira del pueblo?

La revolución y la democracia son dos procesos complejos y largos y hoy vemos un nuevo capítulo de la misma que no será el último naturalmente. Las plazas que la gente ha ocupado anunciando su ira no deben pasar a ser un recuerdo. Son instrumentos del continuo proceso revolucionario hasta que lleguemos a la libertad, la democracia y la justicia social.

En las plazas nace la relación entre el pueblo y la política, y entre la política y la cultura, y los que pensaron en el momento de su alianza oportunista con los militares, que podían cazar Egipto, descubren hoy que las plazas de la revolución pueden renacer, que no hay vuelta atrás y que la voluntad de los revolucionarios la forjan las dificultades y todo a lo que han de enfrentarse.

En Siria, la testarudez del dictador y su salvajismo han hecho de la revolución siria una escuela de heroísmo y desafío. Aquí en las ciudades sirias y sus aldeas el régimen cuasi-mongol ha impuesto formas de lucha diversas, que comenzaron con manifestaciones pacíficas y adoptaron después formas militares variadas. No temeremos la realidad de que los líderes políticos no están al nivel de la revolución, ni nos asustarán los regímenes del despotismo petrolero que pretenden utilizar la revolución para saldar cuentas regionales con Irán. La cuestión es mucho más grande, es el inicio de una nueva etapa que construye el Estado nacional y establece una distinción entre el Estado y el poder político cuya labor política se reduce a la administración del Estado y no puede dominarlo o secuestrarlo.

En Siria se intensifica sangrientamente lo que sucede en Túnez y Egipto, salvando las grandes diferencias en la estructura política de los tres países. Pero a pesar de las diferencias en los detalles de los mecanismos, el objetivo es uno: construir un Estado sobre bases democráticas sólidas y hacer del pueblo de Egipto fuente de todos los poderes y que sea él quien los supervise.

Si el régimen familiar mafioso en Siria convierte el país en escombros, los sirios deben reconstruirlo de nuevo. Así, las misiones en Egipto y Túnez concuerdan con la siria en la reconstrucción del Estado como régimen de instituciones y poderes independientes, que colaboran entre sí y fundamenten el Estado de la Ley.

El triángulo de las revoluciones árabes en Egipto, Túnez y Siria es el triángulo de la esperanza real de la salida de los árabes de la decadencia que provocó la dictadura.

Y es un triángulo que se enfrenta hoy a grandes puntos de inflexión, anunciando con toda claridad que la revolución es un esforzado proceso político, social e intelectual y que a lo que se enfrenta estos días es a las dificultades de liberarse de las huellas de la dictadura y de construir un horizonte con el cual llenar el horizonte.

[1] Conocido hombre de negocios muy próximo a Gamal Mubarak, hijo del depuesto Hosni Mubarak.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Cuestiones en el tiempo de las cuestiones

Texto original. Al-Quds al-Arabi

Autor: Elías Khoury

Fecha: 03/12/2012






1. La cuestión palestina:

Las dos victorias palestinas son contradictorias. En Gaza la “Columna de nube” israelí ha acabado convertida en una columna de fuego, pero en vez de alumbrar, el fuego sigue la trayectoria del “pueblo de Israel” como viene en la Torá. El fuego de Gaza ha sido la prueba de que la nube de la leyenda no ha podido enfriar el fuego de la resistencia, la invasión de Gaza ha acabado fracasando y los invasores han probado su fracaso y se han visto obligados a retroceder después de haber cometido todos los crímenes que han podido. En Naciones Unidas, Palestina ha tenido éxito, a pesar de las enormes presiones estadounidenses, y ha adquirido el estatuto de Estado observador. Con ello se ha dado un cambio cualitativo en la situación política que los israelíes pretendían imponer y a la que llamaron negociación sin condiciones; es decir, la previa aceptación de las directrices israelíes. Palestina se ha convertido, según la legislación internacional, en un Estado ocupado, y ya no hay territorios disputados, lo que da la vuelta a la situación que los israelíes y estadounidenses conformaron desde la derrota de la Segunda Intifada.

Las dos victorias palestinas no son victorias más que en el nivel simbólico; es decir en el nivel de la confrontación de voluntades. Su importancia recae en el hecho de que ambas suponen una nueva base que permite retomar la lucha palestina contra la ocupación en mejores condiciones en el marco del enfrentamiento con una derecha israelí hegemónica que sigue pensando que su fuerza militar le permite disfrutar del deleite colonial sin límites.

Dos victorias contrapuestas que no se complementarán hasta que se completen y se conviertan en parte de la estructura política y del proyecto de lucha unida, que posee una estrategia y la capacidad de unir la resistencia política a las resistencias popular y armada.

Tras la muerte de Arafat, la política palestina se dividió en dos cantones, pues el liderazgo palestino que trabajaba en dos niveles complementarios (la diplomacia y la resistencia) se dividió cuando vio que los horizontes de los Acuerdos de Oslo, de tan mala reputación, no permitían que se mantuviera dicha complementariedad, sino que acabaron con ella y produjeron meras ilusiones.

Hoy, tras la muerte clínica y práctica de Oslo, la acción nacional palestina no puede huir  de la unidad nacional sobre una única base llamada resistencia a la ocupación por todos los medios convenientes. Y ello exige que las dos victorias simbólicas se unan en un único crisol y que comience la unidad nacional y se supere la época negra de la división.

Los palestinos no pueden seguir perdiendo toda esta sangre, todo este sudor y todas estas lágrimas.

Es el tiempo de la unidad y la resistencia.

2. La cuestión de los Hermanos egipcios:

No sé cómo los Hermanos Musulmanes han conformado su proyecto constitucional. ¿Es que de veras piensan que pueden controlar la revolución del 25 de enero por medio de un anuncio constitucional dictatorial y un referéndum de una constitución que han redactado los islamistas en solitario? El problema de los Hermanos es que piensan que pueden comportarse como un partido único, que la victoria de Mursi en las elecciones presidenciales con un margen muy estrecho le da unos poderes absolutos y que el intercambiar una dictadura militar por una de los Hermanos es posible.

Se vislumbra una confusión entre los Hermanos que parece ser parte de un plan claro para aislarse en el poder, pues no han cumplido ninguna de sus promesas y en vez de comportarse como una fuerza de la revolución se comportan hoy como si fueran la única fuerza.

La condición para escribir una nueva constitución es un amplio consenso social y nacional. Una constitución no es el sitio para librar batallas ideológicas y de pensamiento, sino que ha de ser la base común que organiza esas batallas y construye los medios para solucionarlas de forma democrática y pacífica. Lo lógico es que la nueva constitución de Egipto sea punto de consenso entre todas las fuerzas políticas que derrocaron la dictadura, un marco para la cuestión de la alternancia en el poder y la fuente que determine que la idea de ciudadanía ha de ocupar el lugar de la idea de los “súbditos”.

La revolución egipcia ha dado esperanzas de que el cambio es posible, de que hay un lugar para todos, de que las corrientes islamistas pueden inspirarse en el modelo turco para sumergirse en un provecto de construcción democrática, y que las plazas de la revolución conforman un punto de encuentro entre los laicos y los islamistas para construir un nuevo modelo de equilibrio social que no esté basado en la opresión.

Pero lo que está claro es que las huellas de la larga época de la dictadura, además del ambiente intelectual cerrado en el que viven los Hermanos de Egipto, les han llevado a tomar esas decisiones tan temerarias. Decisiones que provocarán extremas polarizaciones en el seno de la sociedad egipcia y puede que supongan que los Hermanos sean las primeras víctimas de su experiencia en el poder.

El proyecto de Mursi debe ser derrocado en la calle, pues ese es el único camino para salvar a la democracia egipcia recién nacida, y ello es responsabilidad de los jóvenes de la revolución en primera instancia, de las fuerzas políticas civiles, liberales y de izquierdas en segundo lugar, y de los jóvenes de los Hermanos que participaron en la revolución e impusieron a su organización el participar en ella en tercer lugar.

El anuncio constitucional y con él el proyecto de Constitución deben ser derrocados en la calle. Pero si la Hermandad insiste en jugar al juego de la calle contra la calle llevará a Egipto por el camino del caos, que puede significar una sola cosa: el preludio del retorno de la dictadura militar.
3. Siria, la hora de la caída:

Ha llegado el momento de la caída del régimen de los asesinos en Damasco. El pueblo sirio vencerá sin el “favor” de nadie. Los sirios han luchado solos como un pueblo que posee la voluntad y que puede desafiar, rebelarse contra y resistir frente al aparato de represión más salvaje. Pero la hora de la caída debe ir acompañada de la construcción y ello es responsabilidad de las fuerzas políticas sirias en la Coalición Nacional.

Ya no se puede retrasar la creación de un marco político y legal para la Siria post-Asad. Lo que hace falta hoy es más importante que la creación de un gobierno provisional, a pesar de lo importante que es eso. Lo que se exige hoy es la conformación de una visión democrática que organice las relaciones políticas y sociales en una sociedad que ha sufrido mucho tiempo la dictadura. La Siria democrática debe estar al nivel de los sacrificios que ofrece. Y ello exige a las fuerzas revolucionarias y los intelectuales la redacción de un proyecto de ley político-moral que se erija como la fuente de autoridad para la etapa de fundación del nuevo sistema democrático.

No hay excusa para las fuerzas políticas sirias opositoras, pues la revolución en el momento de la victoria deberá enfrentarse a los escombros del horror y los intelectuales de la revolución deberán ser conscientes de que su papel intelectual ha pasado a ser una conditio sine qua non para la construcción de una nación democrática que borre la sangre y las lágrimas de la faz de la Tierra.

viernes, 27 de julio de 2012

Pensamientos sobre el Ejército Sirio Libre

Actualización de estado de la activista siria Maryam Jandali reproducido por la página "HOMS" en Facebook

"Si vives, vive libre,
o muere, como los árboles, en pie"*
(21/02/2012, Kafranbel ocupada)
*Frase de Mohammad al-Maghout, 
escritor sirio que fue muy crítico con los regímenes árabes



A quienes se preguntan si el Ejército Sirio Libre será capaz de contener y organizar el país tras la caída del régimen:

Sí, lo será. ¿Por qué? Por los motivos siguientes:

Primero: Porque las fuerzas principales del Ejército Sirio Libre están conformadas por soldados y oficiales que desertaron y que ahora son la élite ético-moral que estaba presente en el ejército sirio regular. Ello es resultado de su valentía moral y física al haber desertado de dicho ejército cuando no se visumbraba indicio alguno en el horizonte de que el régimen fuera a caer. Ellos son la élite del ejército sirio y todo lo que de él queda son bien corruptos que apoyan al régimen, bien personas demasiado débiles moralmente o de personalidad como para llevar a cabo cualquier proceso de reforma o transición en un país como Siria, excepto los que se han quedado con conocimiento de causa y colaboran con el Ejército Sirio Libre.

Segundo: En el plano práctico, como es el caso de las competencias de dirección, han demostrado que en las zonas que controlan como Homs o Idleb, tiene gran capacidad de organización y dirección.

Tercero: Sabemos perfectamente que no son parte en el juego o juegos regionales.

Concluyendo: el Ejército Sirio Libre no solo está capacitado para dirigir la etapa de transición en Siria, sino que es también la única esperanza y el firme escudo para preservar los objetivos de la revolución siria porque ellos y solo ellos son y han sido parte de la revolución del pueblo sirio.