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lunes, 31 de julio de 2017

Cartas a Samira (2)



Texto original: Al-Jumhuriya 

Autor: Yassin Al-Haj Saleh

Fecha: 16/07/2017
 

Libertad para Samira Khalil
(Diseño: El pueblo sirio conoce su camino)



Sammur, ¿piensas como yo en las casualidades del destino que hemos vivido? El régimen comenzó a buscarte apenas unos días después de mi salida de Damasco (nunca antes en dos años). Ahmad [1] fue secuestrado el día que salí de Duma el 10 de julio de 2013 y Firas [2] el 20 de julio, cuando yo iba camino de Raqqa. El cerco se impuso por completo en Al-Ghouta oriental el día que salí de Raqqa hacia Turquía, el día de la fiesta del sacrificio de 2013.

Meses después, con dinero, la llave maestra que abre cada puerta cerrada en el Estado asadiano, volvió a ser posible preparar tu salida hacia Damasco. Sin embargo, los meses no te esperaron, Sammur. En dos meses habías desaparecido.

Cuando vuelvo a pensar en lo sucedido, me parece, Sammur, que pensamos y nos comportamos con la lógica que impera en condiciones normales, cuando las cosas siguen su ritmo habitual, y no con la lógica de unas condiciones excepcionales, en las que sucede lo inesperado. Deberíamos haber tomado el doble de precauciones. Siento que ni siquiera medité cuando me informaron unas horas antes de que podría salir hacia el norte por la noche. Si lo hubiera pensado un poco, no me habría ido.

Supe que te habían secuestrado a través de Ziad Majed, que me llamó desde París. No había encendido el ordenador cuando me llamó Ziad a las diez u once de la mañana. No tenía Smartphone en aquel momento. Primero me informó de que Razan había sido secuestrada. Poco después, me llamó de nuevo y me dijo que tú estabas con Razan. No sé si Ziad quería prepararme para la mala noticia o de veras no sabía la primera vez que te habían secuestrado con Razan, Wael y Nazem [3].

Partiendo de mi conocimiento del Ejército del Islam gracias a mi estancia en Duma, del aumento de su autoridad y de sus amenazas a Razan cuando estabais juntas y yo en Raqqa (estaba convencida de que ellos estaban detrás de las amenazas), dirigí mis sospechas hacia ellos. No obstante, primero solicité ayuda de todos aquellos que pudieran ofrecerla, y después, dirigí la acusación al poder fáctico en Duma. Un crimen que ya era importante se volvió más importante porque los perpetradores se esforzaron mucho en negarlo. Lo más probable es que se asesinara a personas, al menos a Abu Ammar Jayba, por conocer demasiados detalles del crimen. También se intentó asesinar al Sheij Jaled Taffur porque era el juez encargado del expediente.

Tras la masacre química, el pacto químico y tu ausencia, el régimen recuperó la iniciativa y, junto con sus aliados iraníes, libaneses e iraquíes y mercenarios afganos reclutados por Irán (algunos eran presos y otros, refugiados pobres, a los que se les prometió la nacionalizad iraní), volvió a ocupar Nebek, Yabrud y otras zonas. Daesh formalizó su dominio total sobre Raqqa a principios de 2014, algo que le vino de perlas al régimen que se había esforzado en decir que lo único a lo que se enfrentaba eran radicales y terroristas.

El pacto químico fue, en mi opinión, el punto de partida de la política de crueldad y fuerza y el listo intentó imponerse sobre el terreno, además de asegurarse lazos políticos con potencias influyentes. Con ello, la dimensión política y moral de nuestra lucha quedó profundamente sepultada bajo una descarada capa de descaro internacional. A veces pienso, Sammur, que desde ese momento, ya no podíamos hacer nada. ¡Se acabó! No puedes hacer nada para enfrentarte a la alianza de enemigos salvajes repletos de odio que se han tomado el permiso internacional de hacer lo que les viene bien contra sus infelices gobernados.

En el verano de 2014, Daesh tomó el control por sorpresa de la ciudad de Mosul en Iraq, y se apoderó de las armas que parece que el ejército iraquí había abandonado en su huida, y también del dinero y muchos aparatos. Daesh proclamó el Califato y en su única aparición pública habló el nuevo califa, Abu Bakr al-Baghdadi, desde la mezquita de Mosul. Una escena de la cual el único recuerdo que ha quedado en la memoria de la gente es un caro reloj suizo en la muñeca del Califa. El Estado de Daesh, que se ha autodenominado Estado Islámico, se extiende desde el este de Homs, pasando por Hama, Alepo, Raqqa y otras zonas de Deir Ezzor, hasta Mosul. Nació en la guerra y está en guerra contra todos. Ha matado a cientos de personas en Deir Ezzor y Raqqa y ha lanzado a muchas de sus víctimas en un hueco natural al norte de Raqqa llamado Al-Huta. Entre los frentes en los que lucha están Ayn Arab/Kobani, una ciudad mayoritariamente habitada por kurdos al noreste de Alepo.

Aquí, Sammur, intervino EEUU, y lanzó armas y alimentos sobre la ciudad sitiada cuyos hijos, junto con otros kurdos de Turquía y otros países en el marco la Unión Democrática (PYD), relacionado con el PKK turco, se encargaban de defender. También tuvieron la ayuda de los peshmerga kurdos iraquíes. Tras cuatro meses, se rompió el cerco y Daesh fue derrotado, pero la ciudad quedó prácticamente destruida.

La intervención estadounidense fue el punto final en mi opinión, Sammur, de la etapa de lucha suní-chií y el inicio de una nueva etapa y otra capa que se lanzaba sobre la revolución siria: la capa y etapa imperialista y su doctrina justificativa de la “guerra contra el terrorismo”. Naturalmente, la lucha suní-chií siguió, y Hezbollah siguió ayudando al régimen en la guerra y el asesinato. Por suparte, el Ejército del Islam, el Frente al-Nusra y Ahrar al-Sham siguieron conformándose y expandiendo su discurso sectario suní. Sin embargo, en septiembre de 2014 los estadounidenses comenzaron a definir la orientación general de los acontecimientos en Siria. La página del derrocamiento del régimen que habían pasado junto con los rusos en el pacto químico en 2013 desapareció por completo con la intervención estadounidenses contra Daesh. El régimen abrazó la doctrina de lucha contra el terrorismo y siguió bombardeando con barriles y cloro, torturando, y haciendo todo lo que le parecía sin miedo a represalias.

Nos estuvieron exterminando en todo momento, y tras el pacto químico el exterminio recibió la garantía internacional. Hoy, tal vez, podamos hablar de genocidio.

En Al-Ghouta oriental, el régimen siguió bombardeando y hubo víctimas, pero otra lucha se estaba librando: una guerra entre el Ejército del Islam y otras formaciones. Había asesinatos continuos. ¿Recuerdas a Abu Adnan Flitani? Estaba con nosotros durante la campaña de limpieza (de calles). El Ejército del Islam lo asesinó a finales de abril de 2014, unos meses después de vuestro secuestro.

Generalmente, la situación se ha ido dirigiendo a un estancamiento cruento. Lo que sucede en el país sigue siendo violento, extremadamente violento, pero apenas sucede nada en el sentido político y estratégico. Mucha muerte, pocos acontecimientos. Sammur, todo sirve de aderezo continuo para internacionalizar las luchas de nuestra región.

Estamos en una situación a la que nos ha arrastrado la permisividad internacional: quien no tiene fuerza, ni dinero, ni contactos, no tiene nada que hacer. Es decir, que la mayor parte de los revolucionarios y la mayoría de los sirios no tienen peso político ni derechos. Siria se ha convertido en un foco de violencia alimentada por partes regionales e internacionales para que se mantenga; y las partes internacionales y regionales trabajan para que todo se mantenga dentro del marco sirio. La oposición no ha podido hacer nada: la dependencia de muchos de ellos de fuerzas regionales e internacionales ha debilitado su legitimidad y ha limitado su capacidad de actuar al unísono. A su primera línea han llegado personas de las que antes no habías oído hablar, Sammur, ni yo, ni nadie prácticamente.

Un año después de EEUU, intervinieron los rusos, Sammur, del lado del régimen. Las fuerzas de la oposición habían arrebatado Idleb de manos del régimen y habían logrado progresar hacia la zona de Al-Gab y la costa. La doctrina de la intervención rusa es también la lucha contra el terrorismo, pero Rusia ha hecho la guerra contra todas las fuerzas de la oposición, y apenas se ha ocupado de Daesh.

Antes de finales de 2015, Zahran Alloush [4] fue asesinado, tal vez a consecuencia de un bombardeo ruso. ¿No sabías que lo habían matado? Claro que sí. Su lugar fue ocupado por otra persona llamado Abu Humam al-Buyaidani, que se encargó de continuar la guerra civil en Al-Ghouta contra las otras formaciones, e intentar imponer el sistema de partido único en su emirato.

He olvidado contarte que, junto a EEUU, participan Francia y Gran Bretaña en la lucha contra Daesh, además de muchos países árabes, sin grandes capacidades por parte de nadie. Antes bien, hay una coalición internacional contra Daesh. China, por su parte, ha apoyado al régimen con tecnología y entrenamiento. Es decir, que los cinco países del Consejo de Seguridad han sido invitados. ¿Todo esto te resulta raro, difícil de creer o imposible? Así es, pero lo imposible es precisamente lo que ha sucedido, y lo que sigue sucediendo.

Sin embargo, tú sí sabías antes cómo iban las cosas. En tus folios dijiste: “Es una guerra mundial, pero contra el pueblo” [5]. Ahora bien, ya no se puede decir que “el mundo cerró su corazón y se fue de vacaciones”, como también dijiste en tus folios, Sammur, pues la realidad es que el mundo protege a un asesino bajo la bandera de la lucha contra un asesino más pequeño.

El mundo entero está unido contra el malvado Daesh cuyos combatientes vienen de 104 países diferentes, según dicen, y luchan contra él en nuestro territorio. De eso concluyo que Daesh es el deseo prohibido del mundo, el enemigo anhelado de múltiples partes, que incluso pueden ser rivales entre sí. Tal consenso asesino no deja lugar para otra cosa que no sea el terrorismo.

Lo que quiero decir, Sammur, es que nuestro mundo estaba en rápida decadencia ética, legal y política cuando despareciste y que eso no ha ido en beneficio de los desaparecidos. Gente como Al-Kaaka [6], Alloush, Al-Shadhili [7], Al-Golani [8] y el califa Al-Bagdadi, y por supuesto Bashar al-Asad, están en su mejor momento cuando el mundo es así de despreciable. Cuando todo está mal y destruido, su destrucción y vileza se ven menos. En un mundo en el que el mínimo de justicia y defensa de la justicia podía ejercer cierta presión sobre los muchos perpetradores, se reducían los crímenes. Un mundo de repugnantes crímenes proporciona a todo pequeño aspirante los pretextos necesarios para cometer crímenes y caminar con seguridad sobre el camino de la criminalidad.

El mundo al completo está siendo destruido y se desploma, Sammur. Se hace más sirio. Eso no lo digo yo solo ni es una exageración. Hay un sentimiento generalizado de que el mundo está descendiendo hacia una situación aún peor en todos los niveles. La democracia está en crisis, y también la justicia y la soberanía de la ley. La reserva de esperanza en el mundo está en mínimos históricos.

Te seguiré contando en la próxima carta. Como siempre, solo me importa que estés bien.

Besos, corazón mío,

Yassin

[1] Hermano de Yassin al-Haj Saleh.
[2] Hermano de Yassin al-Haj Saleh.
[3] Los conocidos como “los cuatro de Duma” o Douma Four.
[4] Fundador y ex líder del Ejército del Islam.
[5] Se refiere a los folios incluidos en el “Diario del asedio a Duma 2013” de Samira Khalil, en castellano gracias a Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.
[6] Jurista del Ejército del Islam.
[7] Miembro del Ejército del Islam que dirigió amenazas de muerte contra Razan Zaitoune en septiembre de 2013.
[8] Líder del Frente de Al-Nusra.

Cartas a Samira (1)



Texto original: Al-Jumhuriya

Autor: Yassin al-Haj Saleh

Fecha: 09/07/2017



Libertad para Samira Khalil
(Diseño: El pueblo sirio conoce su camino)


 
En tu oscuro y largo cautiverio, tal vez, Sammur [1], te preguntes cómo no he podido ayudarte en todo este tiempo. Pensabas que yo podría ayudarte, y ya han pasado tres años y siete meses y sigues rehén de tu celda, sin saber nada de mí, ni yo de ti. Intentaré responder aquí y en sucesivas cartas a todo eso. Tu marido sigue siendo el escritor que no tiene apenas otra “arma” que las palabras. Creías que yo, que nosotros juntos, y que Razan (Zaitoune) teníamos conocidos y contábamos con personas influyentes que quizá podrían haber ayudado. También contestaré a eso.
Pero déjame primero que te cuente lo que ha sucedido en tu ausencia, el porqué de que mi capacidad para ayudarte, y para ayudarme, en esta cruel adversidad, haya sido menor de la que yo mismo esperaba. Supondré, Sammur, que hoy sales de tu mundo de cautiverio y quieres conocer lo que ha sucedido en tu ausencia. Te escribo a fin de que estas cartas ayuden a entender lo sucedido. A la luz de esta intención, es como tú has de leerlas. Eres a quien me dirijo, y a ti te escribo, pero supongo que Razan también las podrá leer, y Wael y Nazem [2], o Fa’iq y Yihad [3], que también han desaparecido como tú en el Estado asadiano, o Firas [4] e Ismael, que siguen desaparecidos en manos de Daesh.

Sabes, Sammur, que llegué a Al-Ghouta a comienzos de abril de 2013. Días después sucedieron dos cosas. Apareció Daesh, tras disociarse de Al-Nusra, y logró atraer a muyahidines de países árabes. Yo mismo vi a uno en Al-Ghouta oriental en su momento, un saudí cuyo nombre he olvidado. Por otra parte, Hezbollah intervino sin ocultarlo para apoyar al régimen en Al-Quseir. Podemos convenir que ese mes comenzó a acumularse una capa de la lucha entre suníes y chiíes sobre la revolución siria. Nosotros -tú, Razan y yo- salimos de Damasco al inicio de una nueva etapa de la revolución siria, que se había convertido, al pasar por esta etapa, en una cuestión internacional llamada “la cuestión siria”, pero aquello no estuvo claro, como la mayor parte de acontecimientos históricos que la gente no ve, hasta un cierto tiempo después. Estaba en Raqqa cuando comencé a ser consciente de que el marco nacional de la lucha siria se había empezado a desvanecer en la segunda mitad de 2012; es decir, un año después de que comenzara dicha decadencia. Nadie hasta el momento había advertido de ello ni había intentado salvar la situación.

Estábamos en Al-Ghouta los tres, Sammur -tú, Razan y yo- cuando tuvo lugar el golpe de Al-Sisi contra el presidente elegido, Muhammad Mursi, de los Hermanos Musulmanes. Al-Sisi cfue aupado por un verdadero clamor popular, pero Egipto se ha convertido en una fortaleza de la contrarrevolución en la zona tras dicho golpe, y en un apoyo para el dominio asadiano.

Razan y tú estabais en Duma y yo en Raqqa cuando tuvo lugar la masacre química. Razan cubrió la masacre con dos informes emitidos por el Centro de Documentación de Violaciones y tú fuiste testigo directo que informaba mediante publicaciones en Facebook. Wael y Nazem estaban aún en Damasco. No hubo testigos como vosotras dos: dos mujeres laicas, de fuera de la zona, con una historia de oposición al régimen, que hablaban con gran claridad sobre el crimen, los acontecimientos, los responsables y las víctimas.

En su momento estaba escribiendo, por petición de un bufete de abogados egipcio, un largo artículo sobre la trayectoria de la revolución siria y su destino tras dos años y medio desde su inicio (el artículo, Sammur, está en mi libro “La revolución imposible”, que se publicó en la primavera de 2017, dedicado a ti y a Siria). Durante un tiempo, Sammur, pareció que el régimen por fin sería castigado por sus crímenes, e introduje dicha posibilidad como una de las que podían darse en aquel momento. Sin embargo, según iba escribiendo el artículo, las cosas fueron indicando cada vez menos que el régimen fuera a ser castigado. El entonces secretario de Estado estadounidense, John Kerry, declaró en Londres, durante la primera semana de septiembre, que si se atacaba, sería un ataque pequeño apenas perceptible. Aquello fue alucinante. ¡Los que se han autoproclamado defensores del Derecho Internacional estaban informando a un criminal que había violado ese derecho que tal vez se verían obligados a castigarlo, pero le tranquilizaban diciéndole que no le harían demasiado daño, ni afectarían a sus capacidades de seguir cometiendo crímenes! No había pasado ni una semana cuando se pusieron de acuerdo con los rusos para que el régimen entregara sus armas químicas a cambio de su seguridad. El régimen cuya seguridad, y especialmente la seguridad de su capacidad de matar, eran lo más preciado que tenía, entregó una gran parte de su arsenal. Los estadounidenses dieron fe de su buena disposición durante la entrega de esas armas. El problema del sistema internacional con el gobierno de Asad era la violación del derecho de los fuertes, y no del de los débiles. El régimen comprendió el trato, y acertó de pleno: podía matar a sus gobernados por cualquier medio, salvo las armas químicas. La verdad es que entendió que podía matarlos incluso con armas químicas (de las que se guardó cantidades que pueden ser grandes, a sabiendas de que EEUU querían engañarse en eso) a condición de que no hiciera demasiado ruido y avergonzara a los estadounidenses que sabían más que nosotros. 

Sammur, el régimen en efecto ha utilizado gas cloro en sus ataques a varias zonas desde el pacto químico que parece que fue una inspiración venida de Israel, según uno de sus ministros. No solo cloro, sino también sarín. El pasado mes de abril el régimen bombardeó Jan Sheijún con esa sustancia, dejando cerca de 100 víctimas. La administración Trump (Donald Trump es el presidente estadounidense elegido después de Obama, y es oficialmente un animal, aunque lo mejor que haya hecho hasta hoy sea describir a Asad como un animal) respondió. ¿Cuál fue la respuesta del animal estadounidense a nuestro animal? Bombardeó el aeropuerto de Shayrat desde donde habían despegado los aviones que bombardearon Jan Sheijún, no sin antes avisar a los rusos y que ellos, naturalmente, avisaran al régimen de inmediato. Seguro que te dan náuseas y no pasa nada: acabamos de empezar. Lo mejor es que consigas superar esa sensación, Sammur. Parece que las pérdidas del régimen tras el bombardeo estadounidense se han limitado a lo material.

Sabes, Sammur, que el régimen aumentó el uso de barriles explosivos tras el pacto químico, pero yo vi, con mis propios ojos, como se suele decir, barriles que caían desde helicópteros sobre Raqqa en agosto y septiembre de 2013. Dichos barriles tenían paracaídas que ralentizaban su caída. No sé para qué, ni sé si todos los barriles son así. Lo terrorífico de su caída es que no puedes adivinar dónde caerá, ni cómo protegerte.

Tú, como yo, Sammur, escuchabas -y muy probablemente leías antes de desaparecer- cosas sobre el grupo de Amigos de Siria, un grupo de países que se suponía que ayudarían a los sirios fuera del marco de la ONU que Rusia y China habían paralizado con su veto en el Consejo de Seguridad. Aquellos fueron los últimos días que escuchamos hablar de ellos. Los estadounidenses los llevaron a la muerte y su compromiso con el pacto químico de inspiración israelí fue más fuerte que cualquier compromiso con los sirios o los principios de justicia.

Poco después, antes de terminar septiembre de 2013, Sammur, sucedió otro acontecimiento: Liwa’ al-Islam (la División del Islam), la formación que conoces en Duma, subió de escala y pasó a ser un ejército. Tienen lazos con Arabia Saudí, que les proporciona apoyo económico; la misma Arabia Saudí que a finales de 2012 había intervenido, por orden de EEUU, para que los combatientes no entraran en Damasco cuando el ritmo liberador estaba en pleno auge y derrocar al régimen era posible. El Ejército del Islam era, en el mejor de los casos, un elemento de la lucha suní-chií, y no de la revolución siria; en el peor, una fuerza local de horizonte limitado que se piensa como algo libre en una república o emirato independiente, apoyado en un promotor regional que, a su vez, carece de independencia.

Estábamos preparando tu salida de Al-Ghouta a Damasco, Sammur, y teníamos a amigos trabajando en ello, entre ellos, el fallecido Mahmud Mudallal (Abu Murshid). ¿No sabías que lo habían matado? Desgraciadamente, se nos fue en abril de 2015, tras un ataque doble sobre Harasta (Damasco). El régimen bombardea la zona, y después, cuando los equipos de rescate se reúnen, lanza un segundo ataque. Abu Murshid se nos fue, y se reunió con su hijo mártir, Sammur.

¿No sabías que Abu Saíd también había muerto? ¿Te acuerdas de él? Pasamos una velada en su casa en Mliha poco después de que vinieras, en mayo de 2013. Abu Saíd fue quien me hizo un carné de identidad falso. ¿Recuerdas?

¿Tampoco sabías que Abu al-Izz había muerto? Tal vez no te acuerdes de él. Iba de camino a Jordania, y parece que cayó en una trampa con otros compañeros.

Se nos han ido los mejores jóvenes, Sammur.

Tenía intención de escribirte solo sobre lo sucedido desde que no estás, pero quizá era necesario recuperar estos acontecimientos como introducción.

Te contaré más en otra carta. Solo te ruego que te cuides.

Besos, corazón mío.

Yassin

[1] Sammur es el apelativo cariñoso que utiliza Yassin al-Haj Saleh para dirigirse a su mujer, autora del libro "Diario del Asedio a Duma 2013" editado por él mismo en su ausencia y disponible en castellano gracias a Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.
[2] Los cuatro conforman el grupo de secuestrados el 9 de diciembre de 2013 en Al-Ghouta, en los alrededores de Damasco. Se les conoce como los “Cuatro de Duma” o “Douma Four”.

[3] Amigos de la pareja.

[4] Firas es hermano de Yassin al Haj Saleh.

martes, 25 de julio de 2017

Crónica de cuatro días en Saraqeb



Texto original: Al-Jumhuriya

Autor: Sadeq Abd al-Rahman

Fecha: 24/07/2017

 
Hasta la tarde del 17 de julio de 2017, la vida transcurría con relativa calma en Saraqeb, provincia de Idleb, donde los preparativos para las primeras elecciones generales organizadas en una zona fuera de control del régimen continuaban como si la guerra no acechara en el horizonte.
O, quizá, debido a que una guerra acechaba en el horizonte, dichas elecciones eran necesarias. 

4.499 personas, el organismo elector en Saraqeb 

Ocho centros de votación -tres para las mujeres- tenían una cita la mañana del 18 de julio de 2017 con las elecciones que había organizado un comité de abogados y jueces de dentro y fuera de Saraqeb. Habían establecido un régimen interno para el desempeño de su labor y una ley electoral. A mediados de junio habían hecho un llamamiento general a los hijos de Saraqeb para que se dirigieran a centros concretos para solicitar carnés electorales. 4.499 personas, miembros del organismo elector, obtuvieron dichos carnés.

Cuatro candidatos se presentaron al puesto de presidente del consejo local. El requisito era estar en posesión de un título universitario. Otros se presentaron para ser miembros de la oficina ejecutiva. Ninguna mujer se presentó aunque la ley electoral no impedía las candidaturas femeninas.

Las candidaturas no tenían el formato de listas, sino que eran candidaturas individuales; sin embargo, los candidatos conformaron alianzas electorales entre ellos, aunque no eran vinculantes para los electores, que podían elegir a los candidatos al margen de las listas electorales.

Los candidatos celebraron encuentros masivos con los electores, y el club Puerta de Idleb en Saraqeb, que acoge la mayoría de actividades civiles en la ciudad, propuso un debate entre los candidatos a la presidencia del comité, que tuvo lugar el 13 de julio en la sede del club. Durante el debate, se plantearon diversas cuestiones a los candidatos, incluyendo preguntas sobre sus planes para los ámbitos de los servicios, la educación, las leyes y la relación con las facciones armadas y la Coalición.

Un día antes de las elecciones, dos candidatos se habían retirado, por lo que la competencia por la presidencia del comité había quedado reducisa al señor Muthanna al-Muhammad y al señor Ibrahim Barish, ex presidente del comité.

Muchos en Saraqeb hablan del papel en la sombra que jugaron las facciones en la promoción de unos candidatos frente a otros, pero su papel no fue explícito en cualquier caso. Tampoco están claros los factores que han llevado a los electores a elegir a unos candidatos frente a otros. Ahora bien, la propia trayectoria personal de los candidatos, los encuentros, los debates y los planes presentados para mejorar los servicios han sido importantes sin duda, junto con otros factores, como el faccionalismo o las relaciones familiares, entre otros.

A las ocho de la mañana en punto, comenzó el depósito de votos en Saraqeb. La jornada transcurrió sin problemas hasta las ocho de la tarde. Los medios de comunicación locales pudieron asistir después de obtener acreditaciones para acceder a los centros electorales. Se pasearon con libertad tanto por la ciudad como por dichos centros. Por otra parte, las organizaciones civiles y sindicatos ejercieron de observadores mediante representantes en los centros electorales. Nadie habló de falsificaciones ni violaciones de protocolo.

Fue un día excepcional en la historia de la ciudad. Muchos de los y las habitantes de la ciudad dicen que fue la primera vez que participaron en unas elecciones en sus vidas. Cuando finalizó la jornada electoral, a las ocho de la tarde, el comité electoral anunció que 2.475 hombres y mujeres habían votado; es decir, un 55,1% del total de miembros del organismo elector. Dicha media superaba lo estipulado legalmente para comenzar el recuento de votos, que era un 51%.

A las nueve de la noche comenzó el recuento. El comité anunció, sobre las cuatro de la mañana del 19 de julio, el resultado de las votaciones. Muthanna al-Muhammad resultó elegido presidente del comité local, con 1.265 votos, una diferencia de tan solo 91 votos con Ibrahim Barish. Para formar parte del ejecutivo, fueron elegidos Fawwaz Hammud, Abd al-Aziz Barish, Rawad Razzaz, Haytham Hassan, Abdallah Hilal, Yahya Mussafara, Hasan Qaddur y Ali al-Abud.

Fue un día de esperanza, y también de lucha. Por la tarde, se volvió a izar la bandera de la revolución siria en la famosa torre de la radio de Saraqeb y en otros puntos. En otras ocasiones, ello había provocado tensiones en la ciudad, que en general habían terminado con la bajada de la bandera. Los jóvenes que izaron la bandera de la revolución siria parecían confiados y listos para defender sus banderas, que esta vez habían adquirido un nuevo significado: el derecho de los hijos de Saraqeb de administrar su ciudad. 

El contexto de las elecciones y los acontecimientos posteriores

En Saraqeb hay un consejo de notables del que salía el consejo consultivo o de shura anteriormente, además de un consejo local. El camino hacia las elecciones generales había pasado por varios puntos de inflexión relacionados con todos esos consejos y la relación entre ellos, con las facciones armadas en la ciudad y con las organizaciones civiles, revolucionarias y sindicales.

El consejo de notables de Saraqeb reúne a las personas destacadas y miembros de las familias de la ciudad. En total son unos 163 miembros, elegidos por consenso entre los más influyentes de la ciudad, encabezados por las facciones armadas, los sindicatos y las organizaciones civiles y revolucionarias. Obviamente, también participan las familias según su volumen y capacidad de influencia.

Los miembros del consejo de notables solían escoger de entre ellos a los miembros del consejo consultivo, encargado de elegir a los miembros del consejo local y su presidente por consenso. A nadie en Saraqeb se le escapaba la capacidad de influencia de las facciones en estos consejos, las decisiones que tomaban y los nombramientos. Destacan los casos de Ahrar al-Sham, el Frente de Revolucionarios de Saraqeb, el Frente al-Nusra y Jund al-Aqsa antes de su expulsión de Idleb; sin embargo, la presión popular ante la mala calidad de los servicios y las quejas por negligencia, ajustes de cuentas y corrupción en los sucesivos consejos locales llevó hace cerca de un año a la elección por parte del consejo de notables de los miembros del consejo local, en vez de ser nombrados por consenso entre los miembros del consejo consultivo.

Tras la salida de las facciones de Alepo, su popularidad comenzó a descender en la mayor parte de la zona rural de Idleb, y perdieron cierta capacidad de dominio sobre lo que sucedía en Saraqeb. Después, llegó la tregua posterior a los acuerdos de Astana, que dio la oportunidad a la movilización popular y civil para volver con fuerza. Su rostro más visible fueron las manifestaciones y protestas por los cortes la electricidad y agua y por el asfaltado de caminos, entre otras cosas.

Así comenzaron algunos activistas civiles, organizaciones y sindicatos locales (entre los que destacan los sindicatos de abogados, de ingenieros y de profesores) a incitar a la discusión sobre la necesidad de que hubiera un consejo local elegido directamente por los hijos de la ciudad. Finalmente y bajo presión popular y de las organizaciones, se acordó eliminar el consejo consultivo, y que el consejo de notables se encargara de la formación de un comité que organizara las elecciones generales.

Sin embargo, la evolución local de Saraqeb que dio lugar a las elecciones no vino en un contexto aislado de lo que sucede a su alrededor, sino en el contexto de la lucha librada en la zona rural de Idleb, una parte de la cual se libraba en silencio, mientras se sucedían episodios cruentos. El más destacable, el librado en Maarrat al-Nu’man [1].

Es de sobra sabido que el Frente al-Nusrta, que ahora se llama Frente de Liberación del Sham, tras anunciar su ruptura de lazos con Al-Qaeda y de su alianza con otras facciones en Hayat Tahrir al-Sham, pretende imponer su dominio sobre la zona rural de Idleb. Para ello, se ha enfrentado con varias facciones del Ejército Sirio Libre y el resto de instituciones civiles revolucionarias; e intenta imponer su hegemonía, siempre que puede, sobre los consejos y tribunales de ciudades, municipios y pueblos.

También es de sobra conocido que su gran competencia para dominar Idleb es Ahrar al-Sham, la organización salafista que ha vivido y sigue viviendo grandes transformaciones, que han llegado al punto de adoptar la Ley Árabe Unificada en sus tribunales, además de adoptar la bandera de la revolución siria. Más aún, sus combatientes han ayudado a levantar dicha bandera en Saraqeb y otras zonas de Idleb, después de haber sido ellos mismos los responsables de su bajada y destrucción en varias ocasiones y en diversas zonas, incluyendo Saraqeb a principios de 2013.

Estaba claro que los pasos de Ahrar al-Sham para acercarse a las corrientes civiles y revolucionarias en Idleb es resultado de las transformaciones que en cualquier momento pueden provocar una guerra total apoyada internacional y regionalmente para deshacerse de Al-Nusra, y que viene en el contexto de su deseo de lograr una gran cuota de dominio sobre Idleb y sus alrededores, sobre los recursos de la revolución y los servicios, y sobre el paso fronterizo de Bab al-Hawa.

No se pueden separar las elecciones de Sarqeb de toda esta lucha, que se mueve en el ámbito en el que han ido naciendo todas las fuerzas revolucionarias y civiles y las facciones del Ejército Sirio Libre. Dichas fuerzas son las que Ahrar al-Sham quiere llevarse a su terreno, mientras Hayat Tahrir al-Sham intenta evitar un choque total con ellas, con un comportamiento claro en el que pretenden aprovechar toda oportunidad para ampliar su dominio.

Las tensiones en los días previos a las elecciones aumentaron alrededor de Saraqeb, en toda la zona rural de Idleb, entre Hayat Tahrir al-Sham y Ahrar al-Sham. Las razones aducidas eran las diferencias sobre el dominio de las líneas de alimentación de energía; sin embargo, sus razones profundas residían muy probablemente en los intentos de cada una de ellas de hacerse con toda la influencia posible antes de una batalla que parece inevitable y total.

A tenor de tales tensiones y los enfrentamientos dispersos que habían comenzado a producirse en los alrededores de Saraqeb, el Frente de Revolucionarios de Saraqeb emitió un comunicado el 15 de julio en el que exigían que la ciudad quedara al margen de los combates. Se dice que Muhammad Abu Trad, líder del frente, consiguió formalizar acuerdos con Hayat Tahrir al-Sham para que no entraran en la iudad bajo ningún concepto. 

El día del mártir Mus’ab al-Azu 

Al alba del 19 de julio, antes de que el comité organizador de las elecciones saliera de la sede del club Puerta de Idleb, donde se anunciaron los resultados, el ruido provocado por los combates comenzó a aumentar en los alrededores de Saraqeb, y a acercarse a sus barrios. Los miembros del consejo que venían de fuera de Saraqeb no pudieron abandonarla.

Los combates continuaron con violencia y, al mediodía, parecía que los combatientes de Ahrar al-Sham eran incapaces de contenerlos. Así que se retiraron de los ejes de los combates mientras largas filas de miembros de de Hayat Tahrir al-Sham comenzaban a perseguirlos por los barrios, contraviniendo el acuerdo con el Frente de Revolucionarios de Saraqeb.

Los combatientes de Al-Nusra insertos en Hayat Tahrir al-Sham irrumpieron en la ciudad y comenzaron a allanar las casas en busca de los combatientes de Ahrar al-Sham, algunos de los cuales se habían retirado fuera de Saraqeb, mientras se detenía a quienes quedaban en sus calles y casas. También tomaron el control de las sedes de Ahrar al-Sham y se confiscaron sus armas y municiones.

La gente de Saraqeb no parecía interesada en posicionarse con ninguna de las partes, pero la ira comenzó a aumentar en la ciudad después de que los combatientes de Al-Nusra irrumpieran en las casas y humillaran a sus inquilinos, y después de que obligaran a los jóvenes que habían izado las banderas de la revolución sobre la torre de la radio, las columnas y las sedes a que las bajaran ellos mismos. En ese momento, comenzaron las manifestaciones de enfado en la ciudad y los llamamientos a no rendir la ciudad a los combatientes de Al-Nusra y a no entregar tampoco a los propios combatientes y activistas.

Por la tarde, los combatientes de Al-Nusra habían rodeado la sede del Frente de Revolucionarios de Saraqeb, donde se habían refugiado los combatientes de Ahrar al-Sham, entre ellos, Abu Azzam Saraqeb, líder de la División Muthanna al-Mubayi’ de Ahrar al-Sham. Entonces comenzaron los llamamientos a la población para que defendieran la sede. Miles de hijos de la ciudad y activistas se acercaron a la sede y gritaron contra Hayat Tahrir al-Sham y Ahrar al-Sham, exigiendo que la ciudad quedara al margen, y que la presencia militar se redujera al Frente de Revolucionarios de Saraqeb. Los lemas se centraron contra Al-Nusra, cuyos combatientes abrieron fuego varias veces al aire, y después contra los manifestantes y la sede, resultando herido de bala en el pecho Mus’ab al-Azu, sobre las siete de la tarde. Murió poco después.

Una de las versiones más extendidas dice que Mus’ab se había quitado la camisa para enfrentarse a los miembros de Al-Nusra a pecho descubierto, y que quiso socorrer a uno de los combatientes, natural de Saraqeb, que había resultado herido. Cuando uno de los combatientes de Al-Nusra se lo impidió, Al-Azu insistió: “Es hijo de Saraqeb y lo voy a socorrer aunque me dispares”. El miembro de Al-Nusra, que según esta versión no era sirio, le disparó directamente al pecho.

Los manifestantes se dispersaron y los miembros de Al-Nusra entraron en la sede, donde detuvieron a los miembros de Ahrar al-Sham que se habían refugiado allí. Después, entraron en la sede del tribunal islámico de Ahrar al-sham y se atrincheraron ahí. Se trataba de una declaración simbólica de haber tomado el control de Saraqeb.

Por la noche, los hijos de Saraqeb organizaron el funeral del mártir Abul-Walid Mus’ab al-Azu, levantando banderas de la revolución siria y lanzando gritos llenos de ira que llamaban a la expulsión de Al-Nusra de su ciudad. 

El día de la ira 

Desde la mañana del 20 de julio, comenzaron las llamadas a manifestarse en Saraqeb, junto a la mezquita Al-Zawiya, donde solían reunirse los habitantes de la ciudad para manifestarse contra el régimen sirio en los primeros años de revolución, a las seis de la tarde. 

Más de tres mil manifestantes se reunieron junto a la mezquita a las seis de la tarde y comenzaron a gritar contra el régimen sirio y su presidente, Bashar al-Asad, y contra Hayat Tahrir al-Sham y el líder de Al-Nusra, Abu Muhammad al-Golani. Exigían que Hayat Tahrir al-Sham saliera de la ciudad, que entregaran la administración al consejo elegido y que la presencia militar se redujera al Frente de Revolucionarios de Saraqeb.

Los manifestantes se dirigieron a la casa de la familia del mártir Mus’ab al-Azu, a unos 100 metros de la sede del tribunal islámico donde las fuerzas principales de Al-Nusra se habían concentrado. Después fueron dirigiéndose hacia el tribunal, intentando irrumpir en él en medio de los disparos al aire que lanzaban quienes estaban en su interior y alrededor del mismo. Sin embargo, los elementos armados no fueron capaces de enfrentarse a los miles de jóvenes iracundos que consiguieron entrar en la sede del tribunal, tras lo cual los miembros de Al-Nusra se marcharon de la ciudad.
 



Saraqeb, sigue la lucha por la libertad 

En la ciudad ya no había presencia armada más que por parte del Frente de Revolucionarios de Saraqeb. Al día siguiente, el 21 de julio, volvieron las manifestaciones a la mezquita, esta vez con presencia de mujeres, donde los manifestantes se comprometieron a defender su ciudad y su derecho a administrarla.

Después, las reuniones entre las diferentes fuerzas de la ciudad continuaron y se confirmaron la necesidad de que el consejo local elegido comenzara su trabajo, y la exigencia de que los combatientes de Al-Nusra se quedaran fuera de la ciudad de forma permanente. Se habla ahora en Saraqeb de un proyecto para que el tribunal islámico y sus expedientes sean entregados a un consejo de la Unión de Abogados de Saraqeb y alrededores, a fin de que comience a trabajar como tribunal civil, según la Ley Árabe Unificada.

Los hijos de Saraqeb han seguido defendiendo sus logros, pero la lucha en todo Idleb entre Ahrar al-Sham y Hayat Tahrir al-Sham continúa con una violencia creciente, permeada por continuos rumores de acuerdos y pactos que no parecen verdaderamente firmes ni continuados, y que sigue yendo en detrimento de Ahrar al-Sham , pero no necesariamente en favor de Hayat Tahrir al-Sham.

Nadie puede predecir lo que deparará el futuro a Saraqeb y el resto de las zonas rurales de Idleb, pero lo que ha sucedido en Saraqeb es un signo de distinción en la historia de Siria: se trata de las primeras elecciones generales reales desde hace décadas, defendidas por quienes han participado en ellas y las han organizado, que también defienden lo que significan con sus gargantas, sangre y cuerpo. 

[1] Una interesante crónica puede encontrarse aquí.