Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
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lunes, 26 de noviembre de 2018

Dos hombres poseídos por la vida


Texto original: Al-Jumhuriya

Autor: Mustafa Abu Shams

Fecha: 25/11/2018 


Un día en Alepo a comienzos de 2012, antes de que un creciente número de trincheras acabaran enfrentadas unas a otras, las pancartas de Kafranbel y sus autores se convirtieron en el eje de una conversación. La mayoría de los presentes comentaron el “ingenio” y la ironía mordaz de los que hacían gala, y el hecho de que se salían de lo común. Uno de los participantes en la conversación dijo en tono satírico que las escribían los agentes de tráfico, en referencia a la profesión que ejercían la mayoría de habitantes de Kafranbel. Otro mencionó "el número de estudiantes de Medicina” fracasados y su papel en el diseño de las pancartas. El resto se mantuvieron en silencio y regresaron a Alepo oriental, reflexionando sobre dichos carteles, haciéndoles un guiño y adoptándolos.

En aquel momento era complicado determinar quiénes eran los “diseñadores” de dichas pancartas, pero poco tiempo después, el nombre de Raed Fares se hizo presente como uno de los más importantes activistas de la revolución siria, y como diseñador de las pancartas de Kafranbel junto a un grupo de amigos. Juntos, trasladaron el alegre espíritu de la ciudad y su gente en forma de pancartas, imágenes y canciones, que transmitían mensajes que traspasaban las fronteras de Siria para llegar al mundo entero, con la esperanza de que su voz llegara antes de morir.

Raed Fares nació en 1972. No completó sus estudios de medicina, sino que viajó a Líbano para trabajar allí. Quienes lo conocieron dicen que presenció el asesinato de Rafik Hariri y que siempre culpó por ello al régimen de Asad. Poco después, regresó a Kafranbel para trabajar en el sector inmobiliario. Al inicio de la revolución, fue de los primeros en sumarse a sus filas, lo que lo situó rápidamente en la lista de buscados por los servicios de seguridad. Por ello, junto a Hamoud Jnaid y otros activistas, abandonó Kafranbel para refugiarse en un campamento a las afueras y formar la Coordinadora de Kafranbel.



Por medio de dicha coordinadora, convocaban a la población de Kafranbel a manifestarse y se encargaban de redactar las pancartas y lemas, además de participar en las manifestaciones que en aquel momento quitaban el sueño al régimen. Rápidamente, esas pancartas y lemas se convirtieron en tema recurrente en la calle y colmaron las redes sociales, como señal de la “continuidad de la revolución, sus principios y su carácter pacífico”. La exposición de imitaciones y copias de sus pancartas durante las manifestaciones se convirtió en un “deber revolucionario”.

Hamoud Jnaid era “de naturaleza afable y de espíritu alegre y afectuoso”, lo que le permitió ser el punto de unión entre la gente de la ciudad y la coordinadora. Con la cámara de su móvil, comenzó a registrar las violaciones que las fuerzas del régimen perpetraban en Kafranbel, a la que se acercaba en secreto para realizar alguna misión, entregar un mensaje o preparar una manifestación.

Tras la liberación de la ciudad de las fuerzas del régimen a mediados de 2012, Raed Fares, Hamoud Jnaid y otros activistas de la ciudad fundaron lo que hoy se conoce como “Unión de Oficinas Revolucionarias”. Raed asumió la dirección de la oficina de prensa y comenzó a contar al mundo lo que sucedía en la revolución por medio de vídeos que grababa él mismo, intervenciones en canales de televisión, su presencia en conferencias internacionales y las pancartas que redactaba en inglés y que portaban mensajes políticos dirigidos al mundo entero.

Impulsado por su conocida “valentía”, según sus amigos, Hamoud Jnaid colaboró con la brigada “Caballeros de la Verdad” (Fursán al-Haqq) desde su fundación, “cubriendo las batallas y los bombardeos de los aviones”, pues creía firmemente en la importancia del papel de los medios y la necesidad de dejar constancia con su cámara de las manifestaciones de la ciudad y sus actividades revolucionarias. También grabó cientos de ataques contra la zona.

Pocas veces se perdía algún suceso. Su cámara siempre era la primera: un hombre cubierto de polvo salía de entre los escombros, portando la herida de su gente, los auxiliaba si seguían vivos y los revivía en el recuerdo con su lente si habían muerto. Fue el más importante testigo de los crímenes y los asesinatos perpetrados en la ciudad cuya gente lo amaba, y a quienes él amaba también. Sus amigos, que muchas veces le reprendían por su impusividad, cuentan que siempre respondía riendo: “No puedo evitarlo. Siento que ese es mi rol, que esos son mis hijos y tengo que ayudarlos”. Solía acompañar a los heridos a la sala de urgencias, preocupándose por ellos. “Tal vez esa fuera su misión más sublime: salvar a quien se pudiera”, olvidándose de grabar muchas cosas, poseído por su papel “humano”, sin quedarse en lo meramente mediático.

Pocas veces podía salir uno de Kafranbel sin sonreír. La gente allí se ríe de todo, hasta de la muerte. Si los rasgos de Raed por sí solos no bastaban para conocer “su geografía” sin revelarla, no tenías más que esperar unas palabras de Hamoud para “saber que estabas al ante un revolucionario de Kafranbel”. Ese “tono afectuoso”, sencillo, plagado de expresiones de sorna y groserías, expresiones soeces acompañadas de una sonrisa (como referirse a uno como “maricón”) eran la forma habitual de iniciar un comentario fugaz, una conversación o una mención a una muerte inminente y cercana.


Hamoud era un sencillo obrero de la construcción, nacido en 1980. Fue uno de los pioneros de los grafittis en las paredes al inicio de la revolución, y de los primeros activistas, manifestantes y periodistas también; sin embargo, su rasgo más destacado era que fue “el primero en entrar en los corazones de la gente y el que logró dominarlos”. Se reía como un niño, se mofaba de la muerte que se había llevado a muchos de sus amigos, hasta el punto de que algunos decían que “daba mala suerte”. La mayoría de aquellos con los que trabajó en su labor de certificación de hechos y cobertura mediática habían sido asesinados, pero ese hombre delgado seguía resurgiendo entre el polvo, farfullando insultos y riendo.

Con la ayuda de Hamoud, Raed fundó Radio Fresh[1] a mediados de 2013, como primera emisora que utilizaba en sus programas la lengua oral. Ahí comenzó a conformarse un aura de cohesión en la ciudad: al cmainar por sus calles o sus mercados, la voz del locutor cantaba los precios de los productos a través del altavoz. No hacías caso a los precios, sino que el dialecto te arrancaba una sonrisa con cada palabra, pues se alejaba de las voces roncas “con traje y corbata” que uno estaba acostumbrado a escuchar. Sin darte cuenta, te veías “liberado” con una “chilaba” o un “pantalón vaquero”. La emisión se interrumpía unos segundos, el emisor te informaba de que “un avión o un helicóptero viene hacia ti”, la gente se dispersaba, pasaban unos minutos, y se escuchaba una explosión, seguida de un breve silencio, interrumpido por “la vuelta de la emisión”.

Hamoud no era un “empleado” de la radio, sino que él era “Radio Fresh al completo”, como dice su amigo Mahmud al-Sweid (redactor y presentador de programas en la radio). No percibía ningún salario, ni buscaba fama, sino que dedicaba su tiempo a la revolución y la gente de su ciudad. “Cuando los corresponsales de la radio llegaban al lugar donde se había producido el bombardeo o al punto donde se precisaba ayuda humanitaria u otro tipo de servicio, la sonrisa de Hamoud, que había completado la misión, los sorprendía”.

Los aviones no lograron “callar la voz de Radio Fresh”, así que se ayudaron metafóricamente de sus compañeros en la opresión y la injusticia. Daesh emitió una fatua (edicto religioso) en la que declaraba la radio ilícita y sus integrantes confiscaron el equipo a finales de 2013, además de detener a Raed y Jnaid durante dos días. En la trayectoria de ambos, no había nada por lo que acusarlos o castigarlos.

No es que Daesh necesitara alegar una acusación firme, evidentemente, pero lo que está claro es que la organización en aquel momento no podía permitirse enfrentarse a una ciudad, por lo que intentó matar a Raed lejos de sus cárceles. La intentona fracasó. Tras la marcha de Daesh en 2014, aumentó la hegemonía del Frente de Al-Nusra en la ciudad y sus alrededores, para ñadir su “huella”, que en nada se diferencia ni en pensamiento ni en actuación, de su gemela daesh. Nuevamente, confiscaron el equipo de la radio e intentaron impedir que siguieran con sus trabajo. Volvieron a detener a Raed en la cárcel de castigo y, tras su liberación, se expuso a varios intentos de asesinarlo.

Con su habitual ironía, Raed y sus compañeros añadieron a la emisión sonidos de pájaros, animales, aficiones de fútbol y explosiones en susteitución de la “música pecaminosa”, y modificaron las voces de las mujeres para que parecieran más masculinas. Siempre vencían, gracias a su “ironía y sarcasmo”, a sus ejecutores, con la compañía inestimable de la “lengua hablada y el espíritu del chiste y el ingenio”. La radio y la oficina de medios se convirtieron en una colmena, un lugar de trabajo y un espacio donde pasar veladas al calor del laúd, contar chistes e intercambiar esas sonrisas en las que la revolución se mantenía más fuertemente presente. Esos lugares eran el refugio de todo aquel que pasaba por Kafranbel, de paso, para quedarse o para buscar trabajo y una vida.

Esta vez, la bala fue más rápida que Hamoud, y por primera vez, no pudo grabar lo que sucedió la mañana de ese viernes 23 de noviembre de 2018. En compañía de Raed y Ali Dandoush, había salido de la sede de la radio para prepararse para las manifestaciones que habían vuelto a celebrarse en la ciudad desde hacía unos meses. El sonido de una metralleta alertó a quienes rezaban en la mezquita cercana, mientras realizaban su segunda prosternación. Sin embargo, terminaron su rezo, pues ninguno pensó que “la ciudad había caído de nuevo”. El ruido del asesinato fue más alto que el sonido de la llamada a la oración, ya que, esta vez, los asesinos siguieron a Raed y sus compañeros hasta una calle secundaria al este de la ciudad. Salieron del coche para asesinar a los dos hombres, sin contar con que Ali Dandoush estaba en el asiento trasero y que se salvaría de la muerte. Decenas de balas atravesaron el coche de Raed y los cuerpos de ambos. La ciudad los despidió en silencio.

Dos hombres perseguidos que se negaron a dejar la ciudad, fueron asesinados por una mano traidora, porque alguien debía “silenciarlos”. Sus voces y sus sonrisas provocaron a los asesinos, las pancartas de la libertad, su crítica valiente contra todo aquel que perjudicara a la revolución siria y su lucha por medio de la palabra y la letra engendraron ese rencor contra ellos: eran los artífices de las pancartas y carteles encargados de corregir el devenir de la revolución que había sido robada. Quizá el esfuerzo por redireccionar el camino sea la acusación de la que no se librarán nunca los habitantes de Kafranbel.

[1] Accesible desde aquí.
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martes, 23 de diciembre de 2014

Los fundamentalismos y los valores morales



Texto original: Al-Quds al-Arabi
 
Autor: Elías Khoury

Fecha: 22/12/2014




El 29 de junio (de 2014) se anunció el nacimiento del Estado Islámico, y se rindió pleitesía a Abu Bakr al-Bagdadi, como primer califa de los musulmanes tras la desaparición del califato Otomano el 29 de octubre de 1923. El nuevo Califa, inauguró su era con un célebre discurso en la mezquita Nur al-Din al-Zangui de Mosul en que comenzaron a perfilarse los rasgos del nuevo Estado, que recuperaba “un legado” resucitado de entre los escombros de la historia y que nos ha devuelto a los días del cautiverio, la crucifixión y la decapitación, donde la sangre se mezcla con la jurisprudencia del matrimonio y el concubinato, y donde dominan nuevas costumbres, como la prohibición de fumar o la lapidación de adúlteras.

El Estado Islámico apenas tiene seis meses, pero nos parece que existe desde hace mucho. Es una de las pocas veces en que el tiempo de detiene y reduce su velocidad hasta el punto de desvanecerse. Y es así donde reside el atractivo del Estado de Al-Bagdadi: se trata de un Estado capaz de surcar el tiempo hasta el punto de que el pasado se convierte en presente, un presente que recupera un pasado que no pasa.

El Estado de Al-Bagdadi se enmarca en un contexto de expansión torrencial del fundamentalismo que comenzó con la guerra de los muyahidines afganos y su aliado estadounidense contra la ocupación soviética. Un fundamentalismo que llegó a uno de sus cúlmenes con la revolución iraní de Jomeini antes de asesinar los levantamientos populares árabes y vaciarlos de su sentido, para convertirse con sus dos ramas suní y chií en un instrumento de guerra abierta entre esos dos grupos, una guerra que aún está en sus terribles inicios.

Pero, ¿de dónde viene esa ‘magia’ que se inició con la conocida imagen de Osama Bin Laden sobre su caballo después de la matanza de las torres del World Trade Center en Nueva York, y que terminó con la imagen de Abu Bakr dando un discurso en el mihrab de la mezquita, con un reloj de Rolex? ¿Qué relación hay entre el caballo y los aviones que provocaron el derrumbe de las dos torres estadounidenses, y entre el Rolex y la imagen de la esclavización de las mujeres yazidíes?

En la compleja relación entre el caballo y los aviones, o entre los beduinos y la tecnología, se esconde solo la mitad de la historia, la historia del salto a un tiempo posmoderno, un tiempo en que se destruyen lo valores y los significados, y donde la tecnología moderna se convierte en un mero instrumento vacío de significados. En este sentido, podemos entender la serie de imágenes hollywoodienses de las películas propagandísticas que emite el Estado Islámico en el tiempo de la “administración del salvajismo” que están instaurando según los principios de Abu Bakr al-Nayi [1]. O también podemos entender esta obsesión sexual que mezcla la violencia de la decapitación y el derramamiento de sangre con la violencia de la violación, el cautiverio y la esclavitud femenina, como si estuviéramos ante una película pornográfica que cambia el desnudo por el niqab, y da rienda suelta a la obsesión sexual en medio de la violencia.

La destrucción de los significados es resultado del desplome del Estado civil que el despotismo convirtió en un Estado salvaje, como resultado de un neoliberalismo descontrolado que destruyó las clases medias y empobreció a la sociedad. Ello hizo que el nuevo conjunto de valores que domina en esta terrible y salvaje situación sea el recurso a una explicación más retrógrada de la religión, que mezcla a Ibn Taymiyya con un wahabismo renovado, bajo el manto del Califa, la otra cara del despotismo.

La otra mitad de la historia es la total decadencia del Estado securitario, al haber eliminado el Estado despótico los valores éticos y sociales en el festival de locura colectiva iniciado con el delirio de Gaddafi al declararse escritor y filósofo, pasando por la fuerza y crueldad dementes de Saddam -que además publicó novelas-, hasta desembocar en la obsesión asadiana con las estatuas del dictador que permanecerá “más allá de la eternidad”. Esto ha venido acompañado de la libertad de la que gozan las bandas relacionadas con el poder, carentes de escrúpulos morales, y que hacen que la ley pierda todo su sentido: las cárceles se han convertido en cementerios, y la sociedad en su conjunto ha sido violada: hombres y mujeres. Un vacío ético, y un empobrecimiento total que empujaron a los sirios y las sirias al inicio de su revolución a elevar el lema “Soy un ser humano, no un animal”.

Los nuevos fundamentalismos han llegado en la era de la posmodernidad y han vuelto a instaurar el vacío y el empobrecimiento en la forma de una hegemonía religiosa erigida sobre la idea de la erradicación total, pero que se enmarca en un imaginario que supone la resurrección del pasado de su largo letargo, considerando que las sociedades árabes son sociedades descreídas o herejes.

Cuando unimos ambas mitades de la historia, comenzamos a comprender esta trayectoria de decadencia absoluta que vive el Levante árabe hoy en la oscuridad de esta noche que solo ilumina un leve halo de luz tunecino, que ojalá no se apague, para que los árabes no se ahoguen en la oscuridad más absoluta. Pero el unir ambas mitades no exime a las élites culturales árabes de su responsabilidad en esta decadencia. Es cierto que la máquina de represión despótica ha golpeado a la sociedad civil sin piedad, y que ha logrado, por medio de la conjunción del despotismo y los petrodólares, dominar el ámbito mediático, antes de alargar su dominio hoy sobre el ámbito cultural. No obstante, también es cierto que las élites árabes, especialmente las de izquierdas y las democráticas, no han sido conscientes de la magnitud del peligro de esta etapa y no han podido desarrollar nuevos valores sociales, políticos y éticos.

Qué ingenua parece hoy la ola literaria que pretendía difundir la literatura de lo obsceno y el retorno al legado pornográfico árabe, insistiendo en la “ideología del cuerpo”, y a defender un erotismo tradicional, sin horizonte alguno de pensamiento o moralidad. Qué ingenuos parecen también los apresurados intentos de arraigar las artes visuales, cuyo objetivo era deslumbrar al público y a uno mismo. Al-Bagdadi ha traído en un único molde la violencia, el sexo y la religión, y los vídeos de asesinatos, decapitaciones, cautiverio y destrucción se parecen hoy a una serie de televisión que atemoriza y deslumbra, ofreciendo un aumento espiritual de los instintos.

La pregunta que me atormenta es cómo la gente puede soportar esta realidad que les ha sobrevenido. Algo increíble pero cierto: una vida insoportable que se soporta, y una humillación sin clemencia que se aguanta. Eso es lo que sucede cuando la historia se vuelve contra los pueblos y se ríe de ellos, pues la realidad es un monstruo que necesita quien lo eduque, porque si no, acaba con nosotros. Hoy nos acecha, y debemos despertar del letargo  del miedo y la impotencia, antes de que nos acostumbremos a esta oscuridad. 

[1] Véase este artículo para comprender el significado de esta expresión.

miércoles, 12 de junio de 2013

Latido del alma cuando un sirio es degollado por otro

Texto original: Souriatna

Autor: Dellair Youssef

Fecha: 09/06/2013



Sentía un sabor a náuseas cada vez que recordaba el suceso. Así describía Abu Muhammad al-Tayr, líder de uno de los grupos del ESL en Al-Ghouta oriental, a las afueras de la capital siria, Damasco, lo que sentía cuando le pregunté por la primera vez que vio a una persona ser degollada ante él. Se cayó un segundo y luego se levantó para decir: “Era un shabbiha que reconoció haber violado a cuatro mujeres y haber disparado a más de veinte civiles, además de robar las casas y violar los espacios privados. Merecía morir”. “¿Te atreviste a matar a alguno de ellos?”, le preguntó otro. “No”, respondió tajante.

Abu Qutayba también me contó la primera vez que vio cómo degollaban a uno de ellos: “Quien lo degolló no era sirio pero el degollado sí, y eso es lo que me apena, a pesar de que lo merecía. Debemos expandir nuestra religión, hermano, aunque ello exija utilizar el filo de la espada. ¿Es que Dios no nos ha ordenado eso?” Abu Qutayba es un combatiente de Jabhat al-Nusra.

Circulan muchas historias y versiones sobre los asesinatos entre los miembros del ESL y el ejército regular, pues cada vez que el ejército regular irrumpe en una zona, aparecen vídeos e historias que cuentan los activistas del lugar sobre las atrocidades que ha cometido, desde asesinar a niños hasta degollarlos, o pero aún. En el otro lado, siempre “se filtra” un vídeo que muestra a los miembros del ESL diciendo “Dios es grande” y degollando a un shabbiha

En medio de la locura de estos sacrificios, algunos que aún conservan la razón (en las filas del ESL, al menos según lo que he visto) intentan poner fin al fenómeno alegando razones humanas que no convencen a muchos “degolladores”, pues quien decide para ellos es la sharía, que permite degollar en algunos casos, según las palabras de un sheij tunecino con el que me entrevisté. Dicho sheij es líder de una brigada y gobierna a sus miembros según los preceptos islámicos con el objetivo de aplicar la sharía según sus bases salafistas.

La mayoría de “degolladores” pertenecen a grupos extremistas pequeños, y la mayoría de los mismos no son parte del gran núcleo que conforma el ESL. Algunos son extranjeros, de nacionalidades árabes o asiáticas, y otros son sirios. Pretenden establecer el gobierno del califato islámico en lugar del gobierno militar del dictador. Cabe señalar que no todo el que practica “el degüello” busca un califato islámico, sino que para lograr su objetivo, utilizan todos los medios posibles, apoyándose en algunos textos coránicos.

Son muy pocos y a ellos se enfrentan el resto de miembros del ESL en condiciones normales  (no después de que el ejército regular haya perpetrado una masacre, por ejemplo). Así, en un pueblo pequeño en la zona rural del sur de Homs, tras comenzar una discusión entre miembros de distintas brigadas, uno intentó pasar del tema de la oposición exterior al del sectarismo. Esta discusión tuvo lugar en paralelo con la celebración de la conferencia de los activistas alauíes en Egipto. Ese mismo hombre intentó justificar el deseo de algunos de matar a los alauíes en general: fue atacado por el resto de presentes. Por ello, bajo el tono de su discurso y ya no habló de degollarlos, sino de expulsarlos. Eso no gustó al resto, sobre todo cuando uno de ellos recordó que la mayoría de los shabbiha de la ciudad de Alepo –“la ciudad siria que ha sufrido más destrucción”- son suníes. Todos consensuaron que no habría sectarios en la Siria del futuro tras la marcha de Asad, sino que se juzgaría a los que hubieran cometido crímenes, fueran quienes fueran.

Situaciones y conversaciones semejantes se repiten a menudo, y me refiero con esto a hablar de suníes y alauíes, o sobre árabes y kurdos, pero el diálogo oculto sigue siendo el degüello. Nadie reconoce directamente su deseo de sacrificar a alguien, y es difícil encontrar a alguien que te diga: yo he degollado con mis manos a alguien. La pregunta que uno se hace es: ¿por qué aparecen estos vídeos, sin esconder los rostros, mientras todos se avergüenzan del hecho y no quieren hablar de él?

Me esforcé en encontrar una respuesta a mi pregunta mientras me movía por algunas zonas dominadas por las fuerzas del ESL, pero siempre recibía respuestas ambiguas o simplemente, mi pregunta se ignoraba. Así, hasta que encontré a Abu Qutayba, combatiente de Jabhat al-Nusra, que no me habló sobre su trasfondo religioso y social con la facilidad con la que esperaba.

Abu Qutayba está siempre tranquilo, no se ríe apenas, y fuma solo cuando no hay miembros de Al-Nusra presentes porque “fumar es pecado y el fumador debe ser enjuiciado según la ley islámica”. Cuando le pregunté por la primera vez en la que vio asesinar a alguien, sus ojos se iluminaron, a pesar de su aparente tranquilidad. Se calló un instante y luego dijo: “Tenía mucho miedo, pero lo que más miedo me daba era mostrar ese miedo ante el emir del grupo”. Siguió hablando del “degollado” sirio y el “degollador” no sirio, sobre las aleyas del Corán que leyeron antes de llevar el acto a cabo, sobre las tres veces que se repitió Dios es grande, sobre el pánico del “degollado” y sobre el éxtasis del “degollador”. Antes de concluir, le pregunté: “¿Has matado a alguien con tus manos?”, esperando que me contestara que no. Pero Abu Qutayba no me dio la respuesta que me había acostumbrado a oír de los demás, sino que dijo: “Me ordenaron asesinar a un líder shabbih un día. No podía controlarme, me eché a temblar, después solté el enorme cuchillo y dije: No puedo. Entonces uno de los líderes del grupo sacó un revólver propio pidiéndome que disparara a la cabeza de la víctima y lo hice”. Se mantuvo callado durante un buen rato y después dijo tembloroso: “Hermano, soy sirio, no puedo degollar a los sirios, hayan hecho lo que hayan hecho. Puedo dispararlos o participar en las batallas en los frentes, pero degollar con mis manos no puedo”.

A pesar del rechazo de la mayoría de los civiles y de los miembros del ESL al fenómeno de los degüellos, día tras día aumentan. Lo más probable es que siga siendo así y veremos cadáveres que los cuchillos habrán degollado y deformado llenando las calles del país. La pregunta incesante es: ¿Qué hacen los opositores políticos, los líderes del ESL y los activistas civiles para poner fin a este fenómeno? ¿Lo que hagan ahora salvará al país de la locura de la sangre en la que se ahoga?

miércoles, 31 de octubre de 2012

Entre el mortero coreano y el muro israelí



Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Elías Khoury

Fecha: 29/10/2012



-1-

El líder norcoreano, el joven Kim Jong Un, ordenó la ejecución del viceministro del Ejército, Un Kim Chol, lanzándole un proyectil de mortero. La cuestión no está en la razón de la ejecución, que es una causa insignificante, ya que el viceministro fue acusado de beber alcohol durante el tiempo de luto del presidente anterior de Corea del Norte, Kim Jong Ill, el padre del actual presidente e hijo del que le precedió. La cuestión está en la forma de matarlo, pues el presidente quería que no quedara ni rastro del viceministro tras su muerte. Así, el genio criminal ingenió un modo inusitado de ejecución, y se colocó al pobre acusado en un punto al que apuntaba el lanzamisiles de mortero. Dispararon y el hombre quedó destrozado por completo.
En Corea del Norte no hay ninguna revolución ni guerra civil, si no que hay una hambruna que soportan los coreanos con valentía para construir un escudo antimisiles y desarrollar armas químicas, en señal de fidelidad a la dinastía gobernante que conforma hoy el modelo más elevado de los regímenes dictatoriales en el mundo. Para traspasar el papel del abuelo, al padre y al hijo, no hay nada malo en lanzar un mensaje con un proyectil de mortero, a todos los que le han sugerido a él mismo en persona la posibilidad de superar los valores dictatoriales que cimentó Kim Ill Chol, centrados en torno a la idea de que el hombre fundador gobernará su país toda la eternidad.

Si un novelista coreano hubiera contado esta historia, algunos críticos habrían analizado la influencia del realismo mágico en la literatura en Asia, y los demás la habrían considerado como una exageración inverosímil.

Pero lo que parece una exageración es la realidad en sí misma, pues la imaginación del crimen no tiene límites, especialmente cuando se viste de despotismo divino y piensa que su poder absoluto sobre los vivos le da la capacidad de comportarse como quiera y excederse en el poder sobre la muerte que solo él posee. Lo que enloquece a los dictadores cuando tienen poder sobre la muerte es que no tienen poder para evitar la suya propia, por eso su poder se convierte en una pasión por la sangre de los demás, como si matar a otros les alejara el vaso del que al final no tendrán más remedio que beber.

En su película “Diluvio en el país del Baaz”, el difunto director de cine Omar Amiralay, apuntó que el autoritarismo en las escuelas públicas sirias se había instaurado al estilo norcoreano. Este dato aparecen de forma marginal en la película, cuando lo cuenta un profesor en un lejano pueblo del Éufrates. No descubrimos su importancia hasta que comenzaron a llegar las imágenes de represión y tortura en Siria, cuando los shabbiha ordenaban a los prisioneros decir: “No hay más dios que Bashar”. Es decir, el modelo norcoreano se ha trasladado a Siria con un nuevo toque, el toque de la divinización del dictador que mata: el dictador absoluto tiene las armas para aterrorizar y debe utilizarlas todas para salvaguardar su permanencia.

El eco de tal salvajismo lo encontramos en el coche bomba que acabó con la vida del coronel Wissam al-Hasan, pues el objetivo no era matarlo simplemente, sino también borrarlo de la faz de la Tierra y convertirlo en trizas. ¿Cómo lo concibió el presidente Kim Jong Un? No hablo de la ejecución en sí, sino de la forma en que se le ocurrió matarlo a la imaginación del joven hombre que heredó el poder.

Lo más probable es que los herederos sientan que deben superar a sus padres para merecer la herencia y eso es lo que ha sucedido en Corea del Norte, pues el presidente de ese país que heredó un régimen que logró sobornar al mundo con sus armas nucleares, quiso sobornar a su pueblo de una forma lo más parecida posible a las películas de terror. Así, filtró la noticia del proyectil de mortero  para decir que no permitirá a sus enemigos ninguna influencia, sino que los borrará.

En Siria, el joven heredero  se encontró en su confrontación con la revolución siria, ante una única elección, que era superar el crimen de su padre en Hama en 1982, y para ello ha convertido todas las ciudades de Siria en una nueva Hama, y ha utilizado barriles de TNT para bombardear a los civiles, considerando que con ello anuncia ser digno de su cargo y reafirma la eternidad del régimen.

-2-

En la otra cara de la moneda, parece que el fascismo israelí está en su mayor esplendor con la alianza electoral entre Netanyahu y Liebermann. La alianza de la extrema derecha racista que aquí adopta una “imagen civilizada” no se diferencia en su salvajismo del salvajismo de los barriles de TNT o de los proyectiles de mortero. No entraré en el análisis de la deriva fascista de la derecha en la sociedad israelí, basta con que leamos al periodista israelí Yadon Levy para comprender que Israel se está suicidando, sino que me detendré en ese ruso convulsivo el lema de cuya campaña electoral es que entiende árabe. Con ello, Lieberman quería decir que entiende a todos los árabes y entiende que no entienden más que el lenguaje de la fuerza.

Estas palabras van dirigidas a los palestinos en primer y último lugar, pues esta nueva alianza quiere sacrificar al cordero palestino que ha defendido a muerte la paz, y se ha despojado de todo, pensando que era socio del lobo israelí. El lobo le dice hoy al cordero que el juego se ha terminado y que es hora de cazar a la presa, y que “el boicot” que presenció el cerco a Yasser Arafat y su asesinato verá un nuevo capítulo que no será menos trágico que el anterior.

Los israelíes juegan con el salvajismo de quien tiene el poder del lenguaje y del asesinato al mismo tiempo. Y anuncian por boca de Yalon, el único candidato al puesto de ministro de Defensa en el gobierno que se formará tras las elecciones, que los palestinos deben olvidar Cisjordania, y conformarse con la Franja de Gaza cercada, a la que el Emirato de Catar ha enviado las migajas de sus excedentes de gas para que se mantenga viva, y para que lo que queda de Palestina acabe convertido en un pequeño emirato islámico bloqueado por la ocupación y sin capacidad de maniobra.

El juego del dúo Netanyahu-Liebermann se completará en Cisjordania, y su primera víctima será el cordero palestino rendido a su desesperación e impotencia. Y con ello, el Estado hebreo se convertirá en uno de apartheid en todos los sentidos, un Estado al que no rodearán más que los escombros que ha dejado el gobierno del Baaz en el Oriente árabe. Liebermann no recurrirá a la ejecución de su víctima palestina con mortero, pero hará de la “Tierra prometida”, la tierra de la muerte continua de los palestinos.

-3-

Dos fascismos salvajes que cercan a los árabes. El fascista israelí goza de la connivencia y la participación estadounidense, como también goza del apoyo de los judíos rusos en Israel que se han convertido en la punta de lanza del racismo, además del apoyo del lobby judío en Rusia, que cada vez tiene más influencia. El fascista sirio, por su parte, se basa en el apoyo zarista ruso y goza del beneplácito israelí ante sus acciones, que suponen la destrucción de Siria y del Bilad al-Sham (la Siria histórica) al completo. Dos cercos que no se romperán más que en Damasco. ¿Cuándo se abrirá la capital de los árabes como una claraboya en este último muro?