Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
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viernes, 1 de marzo de 2019

Hijo de puta


Texto original: Al-Jumhuriya 

Autora: Muna Rafei

Fecha: 01/03/2019 




Ahí está el sonido de las golondrinas repicando en las ventanas anunciando que se acerca la primavera 

Suena el despertador. Son las siete de la mañana. Insomnio que se deriva del sueño del que me ha privado durante horas. Aparto la oscuridad de mis ojos y veo la luz. La aparto también de mis oídos, y escucho a la golondrina que me recuerda que, hace unos dos años, el régimen inició la etapa de “purificación” final de mi ciudad; que, desde que llegué aquí, después de vivir en un barrio “liberado”, todo es diferente; y que, hasta ahora, no he podido asumir del todo que en algún momento estuve en la ciudad denominada “cuna de la revolución”, para terminar siendo una mera testigo muda que lucha contra su muerte. 

Y mi día comenzó con el deprimente camino al trabajo 

Más o menos a las ocho de la mañana, o después, o quizá antes, pasa cada día el coche de la cárcel, que es más bien como un camión de color gris, escoltado por delante y por detrás por vehículos militares, y con un claxon horrible cuyo sonido seré incapaz de olvidar mientras viva. Al principio, no sabía que era el coche de la cárcel. La mujer que esperaba a mi lado al service  [1] se apresuró y dijo que era el coche de la cárcel. El hombre que también estaba esperando suspiró y dijo que era el coche de la cárcel, y dijo que quizá iban de camino a Damasco para ser juzgados. El conductor del service nos dijo con amargura: “¿Habéis visto sus manos?” Elevó la voz buscando nuestra complicidad, y volvió a repetir, una vez nos hubimos apretujado dentro del service: “¿Habéis visto cómo agitaban sus manos hacia nosotros?” Todos nos quedamos callados y solo yo respondí que no los había visto: “Ojalá los hubiera visto”. El conductor del service nos explicó con amargura contenida que el coche de la cárcel era muy grande y se dividía en dos mitades ‒una para hombres y otra para mujeres‒ y que algunas manos solían hacer aspavientos desde la parte de arriba. Intenté seguir conversando con él, pero los ojos escrutadores, los oídos bien grandes y las narices apretujadas en el service nos obligaron a mantener silencio. El conductor siguió murmurando y subió el volumen de la radio, por lo que ya no pudimos seguir escuchando lo que decía. 

Y los ojos vigilantes nos acompañan al trabajo 

Un hombre moreno, esbelto, con un hoyuelo en el mentón, ayudaba a algunos funcionarios a llevar pesados bultos al interior, mientras sonreía a todos con un afecto que los demás le devolvían con profusión. Pensé si sería un nuevo trabajador, o amigo de alguno de ellos.

Al final del turno, encontré una hoja sobre mi mesa:

-Rellena todos los datos.

-Son muchos detalles.

-Rellena todos los datos.

Por ejemplo: ¡¿¿hay alguien en tu familia condenado??! ¿A qué colegio fuiste en primaria? ¿Y secundaria? ¿Has participado en algún pacto [2] antes?

-Rellena todos los datos.

¿Has viajado fuera del país?

-Rellena todos los datos.

¿Ha huido alguno de tus familiares del ejército? ¿Alguien de tu familia ha participado en este tipo de pactos?

-Todos los datos.

El hombre moreno y esbelto espera mientras nos recogen las hojas a los funcionarios, que debemos rellenar todos los datos. 

Y los niños crecen muy rápido 

Una mujer viuda, muy orgullosa de su hija de trece años, me contó que su hija tenía un don para dibujar y que se pasaba largas horas diseñando decoración. Le dije: “Inscríbela en Diseño Interior cuando crezca”. Sin embargo, tras retirarse una parte del velo negro que le cubría la cara, y dándome golpecitos con la mano, respondió: “Shh… La niña me ha dicho que no quiere estudiar, sino que quiere ir a la escuela militar y ser oficial como su tío”.

Después, llegó un silencio que se prolongó un año, hasta que le dije, sintiendo que los dientes se me rompían en la boca: “Que Dios la proteja”. “Que así sea, si Dios quiere”. 

Y la lluvia caía a mares, como si el cielo estuviera culpando a alguien que ni se inmutaba 

El service se retrasó a la vuelta y la lluvia no cesaba. Me detuve en el bordillo roto de la acera a esperar, y la lluvia seguía cayendo a mares. Las hojas que llevaba en la mano se empaparon, y la lluvia seguía cayendo.

Cogí un taxi.

A los pocos metros, nos paró un agente de tráfico, que reprendió al conductor por haberse parado en una zona prohibida; sin embargo, este sonrió con confianza, lo saludó y le entregó unos papeles. El agente los recogió y se los devolvió. Seguimos el camino. El conductor, que claramente no era taxista, me dijo que había trabajado en la inteligencia política, pero que se había pasado a labores administrativas en el ejército y que, por tanto, nadie podía, por imperativo legal, oponerse a él o ponerle una multa. También comentó que su tío paterno era subdirector de una de las sedes de seguridad e inteligencia, y su cuñado, oficial de la Guardia Republicana, así que conducía por diversión. Entonces me preguntó dónde trabajaba. Le contesté servicial: “En una organización local que se llama X”. “Perros, cab…nes: todos los que trabajan en ella son unos diablos islamizados. Merecen ser pisoteados y machacados. Son todos unos traidores. Si yo te contara.

No quise que me contara. Me mantuve callada.

-¿Dónde vives? ¿Cuántos hermanos tienes? ¿Dónde están? ¿Fuera? Pero, ¿de forma legal o…? ¿En qué trabaja tu padre? ¿Y tu madre? ¿La casa es alquilada o en propiedad? ¿Estás casada o soltera? Dame tu número.

Me negué, pero insistió. Me dijo: “Simplemente dame un toque”. Le dije que no tenía saldo, pero que me diera su número, que yo le llamaría. Accedió a regañadientes. Guardé su número con el nombre de “Hijo de puta”.

-Esta tarde me llamas, ¿me lo prometes?

-Te lo prometo.

-Los libres siempre cumplen su promesa. Espero tu llamada.

-…

Y, en efecto, alguien “libre” siempre cumple sus promesas. 

Y la noche del largo invierno no termina 

A veces pienso que, si la llama de la vela pudiera hablar, nos culparía por haberla abandonado y sustituido por luces de led, que funcionan con electricidad.

Mi hermana me ha dicho que cortaron la luz a las cuatro. Son las siete, las ocho, ya las nueve y nos acercamos a las diez. Los led están tan apagados que apenas iluminan. La oscuridad nos come las cabezas enterradas en los teléfonos móviles. Una amiga me escribe que en su edificio se sienten movimientos extraños, que “ellos” han irrumpido en la casa de sus vecinos por la fuerza, rompiendo la puerta, que hay toda una patrulla repartida por la parte de abajo y que ha visto a través de la mirilla (¿mirilla?) a un joven con los ojos tapados bajar acompañado con los efectivos, algunos vestidos de militares y otros, de civiles.

Dice que su familia está temblando. Miro a la mía, que también tiembla, pero de frío. Yo también, pero no solo de frío, sino también de miedo. 

Y me digo que el ayer se fue, y que hoy es un nuevo día en el que el sol luce de forma poco habitual 

Alguien me dijo que quería abrir un nuevo negocio y me ofreció trabajar con él. Dado que mi trabajo era temporal y se me acababa pronto, me pareció una idea perfecta, pero después de seducirme con castillos de naipes, me dijo que tenía que hacer una pequeña entrevista con un agente de la seguridad, que vendría a hablar con los interesados en el proyecto, para realizar los trámites para la autorización que debía emitirse en Damasco.

Me dijo que era algo rutinario para todo el que quiere empezar un nuevo trabajo y me informó de lo que debía y no debía decir, insistiendo en que Abu Majd, el hombre de la seguridad, me llamaría porque le había dado todos mis datos. Me aseguró que era muy “humano y adorable” y que era un trámite sencillo del que nada había que temer.

Se me quitaron todas las ganas de conseguir el trabajo y me arrepentí de haberlo aceptado.

Y apareció Abu Majd.

Abrió su gran cuaderno y empezó a escribir:

-¿Tu nombre?

-Muna.

-¿Miembro activo o simpatizante del partido? (Había olvidado el significado de ambas palabras [3]).

-Responde: ¿miembro activo o simpatizante?

-Miembro activo.

-Muy bien. ¿Cuándo fue la última vez que fuiste a una reunión del partido? ¿Pagas cuotas?

-… No… No recuerdo… En el instituto… No sé.

-Por Dios, entonces eres simpatizante.

-Como usted diga.

-¿Ha estado tu padre alguna vez en la cárcel? ¿Tu hermano? ¿Tus tíos? ¿Y sus hijos? Bueno, ¿y el resto de la familia? ¿En qué trabajan tus hermanos y tíos que viven en el extranjero? ¿Desde cuándo? ¿Y cómo… por qué… dónde…?

El empresario me llamó de pronto, interrumpiendo el “interrogatorio”, para recordarme que le diera a Abu Majd “un detallito”. ¡En la vida se me habría ocurrido!

-Tome.

-No, no, por Dios.

-No es mucho: usted merece más.

-Por favor.

-Por la molestia.

-No puedo aceptarlo.

-Usted lo merece: no hay más que hablar.

-Bueno, vale.

Palpa el dinero y, antes de salir, se acerca un poco y me susurra: “Cualquier cosa que necesites en relación al trabajo, me llamas. Si no te dan la autorización, yo mismo hablaré con otros empresarios aquí, que son todos amigos míos. Puedo ayudarte para que te den trabajo”. 

Salgo para respirar y el camino se alarga 

Me subo al service y opto por el camino más largo. Los conductores ya me conocen. Al pasar por una rotonda recién renovada, vi a un hombre tirado en el suelo en la otra parte de la calzada, que parecía víctima de un accidente y estaba medio muerto. Los coches que venían en la dirección contraria pasaban sin inmutarse. El service se detuvo junto a él un instante y una mujer asustada dijo: “Salvadlo, está sufriendo”. Un hombre dijo con tono dubitativo que no nos incumbía, otra mujer comentó que llegaba tarde a su cita y el conductor del service dijo que ojalá lo pudiera salvar, pero que, si lo hiciera, el asunto lo salpicaría y la policía lo interrogaría, y que él no quería problemas. La mujer asustada gritó de nuevo: “¿Cómo vais a dejarlo ahí? ¡Salvadlo!” Nadie contestó y el conductor prosiguió su camino en la misma dirección, aunque a mí me pareció que íbamos “para atrás”, puesto que los ojos, las narices y las orejas aplastadas se giraban para ver el cadáver del hombre medio muerto tirado en la esquina de la calle.

Sentimos por un instante que era el cadáver de todos nosotros y que lo habíamos dejado tirado en el suelo agonizando.

[1] Medio de transporte colectivo urbano e interurbano que consiste en una pequeña furgoneta con sitio para unas 15 personas.

[2] Pactos entre la oposición y el ejército mediante los cuales algunas personas pueden retornar a zonas bajo control del régimen, con garantías teóricas de no sufrir represalias.

[3] En la etapa escolar, prácticamente se obliga a los alumnos a ser simpatizantes. Para ser miembro activo, ha de asistirse a reuniones semanales y pagar cuotas y es requisito para ser funcionario.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Dos hombres poseídos por la vida


Texto original: Al-Jumhuriya

Autor: Mustafa Abu Shams

Fecha: 25/11/2018 


Un día en Alepo a comienzos de 2012, antes de que un creciente número de trincheras acabaran enfrentadas unas a otras, las pancartas de Kafranbel y sus autores se convirtieron en el eje de una conversación. La mayoría de los presentes comentaron el “ingenio” y la ironía mordaz de los que hacían gala, y el hecho de que se salían de lo común. Uno de los participantes en la conversación dijo en tono satírico que las escribían los agentes de tráfico, en referencia a la profesión que ejercían la mayoría de habitantes de Kafranbel. Otro mencionó "el número de estudiantes de Medicina” fracasados y su papel en el diseño de las pancartas. El resto se mantuvieron en silencio y regresaron a Alepo oriental, reflexionando sobre dichos carteles, haciéndoles un guiño y adoptándolos.

En aquel momento era complicado determinar quiénes eran los “diseñadores” de dichas pancartas, pero poco tiempo después, el nombre de Raed Fares se hizo presente como uno de los más importantes activistas de la revolución siria, y como diseñador de las pancartas de Kafranbel junto a un grupo de amigos. Juntos, trasladaron el alegre espíritu de la ciudad y su gente en forma de pancartas, imágenes y canciones, que transmitían mensajes que traspasaban las fronteras de Siria para llegar al mundo entero, con la esperanza de que su voz llegara antes de morir.

Raed Fares nació en 1972. No completó sus estudios de medicina, sino que viajó a Líbano para trabajar allí. Quienes lo conocieron dicen que presenció el asesinato de Rafik Hariri y que siempre culpó por ello al régimen de Asad. Poco después, regresó a Kafranbel para trabajar en el sector inmobiliario. Al inicio de la revolución, fue de los primeros en sumarse a sus filas, lo que lo situó rápidamente en la lista de buscados por los servicios de seguridad. Por ello, junto a Hamoud Jnaid y otros activistas, abandonó Kafranbel para refugiarse en un campamento a las afueras y formar la Coordinadora de Kafranbel.



Por medio de dicha coordinadora, convocaban a la población de Kafranbel a manifestarse y se encargaban de redactar las pancartas y lemas, además de participar en las manifestaciones que en aquel momento quitaban el sueño al régimen. Rápidamente, esas pancartas y lemas se convirtieron en tema recurrente en la calle y colmaron las redes sociales, como señal de la “continuidad de la revolución, sus principios y su carácter pacífico”. La exposición de imitaciones y copias de sus pancartas durante las manifestaciones se convirtió en un “deber revolucionario”.

Hamoud Jnaid era “de naturaleza afable y de espíritu alegre y afectuoso”, lo que le permitió ser el punto de unión entre la gente de la ciudad y la coordinadora. Con la cámara de su móvil, comenzó a registrar las violaciones que las fuerzas del régimen perpetraban en Kafranbel, a la que se acercaba en secreto para realizar alguna misión, entregar un mensaje o preparar una manifestación.

Tras la liberación de la ciudad de las fuerzas del régimen a mediados de 2012, Raed Fares, Hamoud Jnaid y otros activistas de la ciudad fundaron lo que hoy se conoce como “Unión de Oficinas Revolucionarias”. Raed asumió la dirección de la oficina de prensa y comenzó a contar al mundo lo que sucedía en la revolución por medio de vídeos que grababa él mismo, intervenciones en canales de televisión, su presencia en conferencias internacionales y las pancartas que redactaba en inglés y que portaban mensajes políticos dirigidos al mundo entero.

Impulsado por su conocida “valentía”, según sus amigos, Hamoud Jnaid colaboró con la brigada “Caballeros de la Verdad” (Fursán al-Haqq) desde su fundación, “cubriendo las batallas y los bombardeos de los aviones”, pues creía firmemente en la importancia del papel de los medios y la necesidad de dejar constancia con su cámara de las manifestaciones de la ciudad y sus actividades revolucionarias. También grabó cientos de ataques contra la zona.

Pocas veces se perdía algún suceso. Su cámara siempre era la primera: un hombre cubierto de polvo salía de entre los escombros, portando la herida de su gente, los auxiliaba si seguían vivos y los revivía en el recuerdo con su lente si habían muerto. Fue el más importante testigo de los crímenes y los asesinatos perpetrados en la ciudad cuya gente lo amaba, y a quienes él amaba también. Sus amigos, que muchas veces le reprendían por su impusividad, cuentan que siempre respondía riendo: “No puedo evitarlo. Siento que ese es mi rol, que esos son mis hijos y tengo que ayudarlos”. Solía acompañar a los heridos a la sala de urgencias, preocupándose por ellos. “Tal vez esa fuera su misión más sublime: salvar a quien se pudiera”, olvidándose de grabar muchas cosas, poseído por su papel “humano”, sin quedarse en lo meramente mediático.

Pocas veces podía salir uno de Kafranbel sin sonreír. La gente allí se ríe de todo, hasta de la muerte. Si los rasgos de Raed por sí solos no bastaban para conocer “su geografía” sin revelarla, no tenías más que esperar unas palabras de Hamoud para “saber que estabas al ante un revolucionario de Kafranbel”. Ese “tono afectuoso”, sencillo, plagado de expresiones de sorna y groserías, expresiones soeces acompañadas de una sonrisa (como referirse a uno como “maricón”) eran la forma habitual de iniciar un comentario fugaz, una conversación o una mención a una muerte inminente y cercana.


Hamoud era un sencillo obrero de la construcción, nacido en 1980. Fue uno de los pioneros de los grafittis en las paredes al inicio de la revolución, y de los primeros activistas, manifestantes y periodistas también; sin embargo, su rasgo más destacado era que fue “el primero en entrar en los corazones de la gente y el que logró dominarlos”. Se reía como un niño, se mofaba de la muerte que se había llevado a muchos de sus amigos, hasta el punto de que algunos decían que “daba mala suerte”. La mayoría de aquellos con los que trabajó en su labor de certificación de hechos y cobertura mediática habían sido asesinados, pero ese hombre delgado seguía resurgiendo entre el polvo, farfullando insultos y riendo.

Con la ayuda de Hamoud, Raed fundó Radio Fresh[1] a mediados de 2013, como primera emisora que utilizaba en sus programas la lengua oral. Ahí comenzó a conformarse un aura de cohesión en la ciudad: al cmainar por sus calles o sus mercados, la voz del locutor cantaba los precios de los productos a través del altavoz. No hacías caso a los precios, sino que el dialecto te arrancaba una sonrisa con cada palabra, pues se alejaba de las voces roncas “con traje y corbata” que uno estaba acostumbrado a escuchar. Sin darte cuenta, te veías “liberado” con una “chilaba” o un “pantalón vaquero”. La emisión se interrumpía unos segundos, el emisor te informaba de que “un avión o un helicóptero viene hacia ti”, la gente se dispersaba, pasaban unos minutos, y se escuchaba una explosión, seguida de un breve silencio, interrumpido por “la vuelta de la emisión”.

Hamoud no era un “empleado” de la radio, sino que él era “Radio Fresh al completo”, como dice su amigo Mahmud al-Sweid (redactor y presentador de programas en la radio). No percibía ningún salario, ni buscaba fama, sino que dedicaba su tiempo a la revolución y la gente de su ciudad. “Cuando los corresponsales de la radio llegaban al lugar donde se había producido el bombardeo o al punto donde se precisaba ayuda humanitaria u otro tipo de servicio, la sonrisa de Hamoud, que había completado la misión, los sorprendía”.

Los aviones no lograron “callar la voz de Radio Fresh”, así que se ayudaron metafóricamente de sus compañeros en la opresión y la injusticia. Daesh emitió una fatua (edicto religioso) en la que declaraba la radio ilícita y sus integrantes confiscaron el equipo a finales de 2013, además de detener a Raed y Jnaid durante dos días. En la trayectoria de ambos, no había nada por lo que acusarlos o castigarlos.

No es que Daesh necesitara alegar una acusación firme, evidentemente, pero lo que está claro es que la organización en aquel momento no podía permitirse enfrentarse a una ciudad, por lo que intentó matar a Raed lejos de sus cárceles. La intentona fracasó. Tras la marcha de Daesh en 2014, aumentó la hegemonía del Frente de Al-Nusra en la ciudad y sus alrededores, para ñadir su “huella”, que en nada se diferencia ni en pensamiento ni en actuación, de su gemela daesh. Nuevamente, confiscaron el equipo de la radio e intentaron impedir que siguieran con sus trabajo. Volvieron a detener a Raed en la cárcel de castigo y, tras su liberación, se expuso a varios intentos de asesinarlo.

Con su habitual ironía, Raed y sus compañeros añadieron a la emisión sonidos de pájaros, animales, aficiones de fútbol y explosiones en susteitución de la “música pecaminosa”, y modificaron las voces de las mujeres para que parecieran más masculinas. Siempre vencían, gracias a su “ironía y sarcasmo”, a sus ejecutores, con la compañía inestimable de la “lengua hablada y el espíritu del chiste y el ingenio”. La radio y la oficina de medios se convirtieron en una colmena, un lugar de trabajo y un espacio donde pasar veladas al calor del laúd, contar chistes e intercambiar esas sonrisas en las que la revolución se mantenía más fuertemente presente. Esos lugares eran el refugio de todo aquel que pasaba por Kafranbel, de paso, para quedarse o para buscar trabajo y una vida.

Esta vez, la bala fue más rápida que Hamoud, y por primera vez, no pudo grabar lo que sucedió la mañana de ese viernes 23 de noviembre de 2018. En compañía de Raed y Ali Dandoush, había salido de la sede de la radio para prepararse para las manifestaciones que habían vuelto a celebrarse en la ciudad desde hacía unos meses. El sonido de una metralleta alertó a quienes rezaban en la mezquita cercana, mientras realizaban su segunda prosternación. Sin embargo, terminaron su rezo, pues ninguno pensó que “la ciudad había caído de nuevo”. El ruido del asesinato fue más alto que el sonido de la llamada a la oración, ya que, esta vez, los asesinos siguieron a Raed y sus compañeros hasta una calle secundaria al este de la ciudad. Salieron del coche para asesinar a los dos hombres, sin contar con que Ali Dandoush estaba en el asiento trasero y que se salvaría de la muerte. Decenas de balas atravesaron el coche de Raed y los cuerpos de ambos. La ciudad los despidió en silencio.

Dos hombres perseguidos que se negaron a dejar la ciudad, fueron asesinados por una mano traidora, porque alguien debía “silenciarlos”. Sus voces y sus sonrisas provocaron a los asesinos, las pancartas de la libertad, su crítica valiente contra todo aquel que perjudicara a la revolución siria y su lucha por medio de la palabra y la letra engendraron ese rencor contra ellos: eran los artífices de las pancartas y carteles encargados de corregir el devenir de la revolución que había sido robada. Quizá el esfuerzo por redireccionar el camino sea la acusación de la que no se librarán nunca los habitantes de Kafranbel.

[1] Accesible desde aquí.
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sábado, 9 de diciembre de 2017

Ecos

Texto original: Al-Arabi

Autor: Faraj Bayrakdar

Fecha: 15/09/2015

Con motivo del cuarto aniversario del secuestro de Samira Khalil y sus compañeros, publicamos este poema que se publica hoy simultáneamente en inglés en la página de Al-Jumhuriya.


[Dibujo de Emad Obeid
 incluido en el libro de Samira Khalil, Diario del asedio a Duma 2013, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo]

(A Samira Khalil[1])

Su voz desciende ligeramente, 
por los escalones del sótano, mientras el dolor sigue
en la sala de interrogatorios.
Y ligeramente, yo bajo
esa manta cargada entre dos
que se desvían del camino.
¿Está ella dentro o estoy yo?
Su voz cansada revive con mi cuerpo.
Mi cuerpo cansado revive con su voz.
¿Cómo se reaviva un incendio?
No era ni un estado ni una descripción,
pero yo la invoco de varias maneras.
El eco choca con su aleteo a mi alrededor:
Samira...ra. Samira...ra. Samiraaa.
Un nombre no oprime a su portador si no se quiere,
pero el espacio
es angosto en las salas de tortura de la sede de Palestina.
¿Le habrá oprimido a ella
(es decir, a ellos y ellas, a todos),
la planicie libre de Duma, de párpados rotos?
Su voz se aproxima.
Diviso palomas,
como si: Érase una vez.
 Su voz se aproxima.
 Advierto nubes oscuras.
Como si: Siria vivirá, como sueño y como pueblo, oh tiempo.
Vivirá, oh tiempo.

[1] Samira Khalil es una opositora siria, antigua presa política y activista por la democracia. Fue detenida durante cuatro años (1987-1991) por oponerse al régimen de los Asad. El 9 de diciembre de 2013, fue secuestrada por una facción militar islamista en la ciudad de Duma, cerca de Damasco. Diversos indicios apuntan a que el Ejército del Islam es el principal acusado del secuestro de Samira y otros tres trabajadores en el Centro de Documentación de Violaciones de Siria. Esos tres son: Razan Zaituneh, Wael Hammada y Nazem Hamadi. Se cumplen cuatro años de su secuestro y seguimos sin noticias [N. del autor].