Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
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sábado, 7 de diciembre de 2013

Los difíciles momentos que vive Siria


Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Elías Khoury

Fecha: 18/11/2013



Siria vive hoy sus más difíciles días. Basta con leer la tristeza en los rostros de los sirios y las sirias desplazados dentro de Siria o en los países vecinos para ver el terror: un terror que va desde la hambruna, que se ha convertido en el arma del régimen despótico, hasta la destrucción absoluta del país que este régimen lleva a cabo superando incluso a los mismísimos israelíes. La dificultad de este momento que atraviesa Siria no solo se manifiesta en la dolorosa situación humanitaria producto del salvajismo de la dictadura, sino que también lo hace de forma muy clara en los niveles político y cultural.

En el ámbito político se ha cerrado claramente toda posibilidad de lograr una solución política, pues el régimen y sus aliados iraní y ruso siguen con su política de tierra quemada, mientras que las oposiciones sirias se ven desnudas internacional y regionalmente. En el nivel cultural, la cuestión es más complicada, porque la falta de horizonte político se refleja negativamente en la cultura y el discurso ético, por lo que se hace necesario retornar a las obviedades éticas, para que el discurso político dominante no nos aboque al silencio y la muerte. La falta de horizonte político ha quedado clara después de la caída de dos opciones por las que se había apostado, y que estaban destruidas desde el principio: la primera es haber creído en la intervención exterior y en la postura estadounidense de retirarse parcialmente de la zona tras el fracaso de la miserable invasión de Iraq. La segunda es haber creído que los países del Golfo serían capaces de dirigir la región, y saldar sus cuentas con Irán en Siria.

Estas dos míseras opciones no habrían recibido tanta atención si no hubiera sido por la dispersión y la falta de responsabilidad de las que han hecho gala las “instituciones” de la oposición siria en el exterior, que se han convertido en una especie de presentadores de televisión en las cadenas del Golfo. Hablar de la oposición exige mucho espacio, y tal vez el análisis que hizo Subhi Hadid en su artículo ‘La Coalición Siria está plagada de rebeldías (14/11/2013, Al-Quds al-Arabi), ofrezca al lector una introducción para comprender la crisis de la oposición y su desgracia a un tiempo. Pero el nivel cultural revela la profundidad de la crisis ética que vive nuestra cultura en el seguimiento del gran dolor sirio. Así, parece como si el aparato del régimen y sus aliados hubieran logrado presentar la situación en Siria como si fuera una elección entre dos dictaduras: el régimen que dice ser laico, pero es abominablemente sectario, y que está aliado con el fundamentalismo de los Mullahs, o bien las corrientes fundamentalistas desde el Estado Islámico de Iraq y Siria, pasando por Al-Nusra y llegando a aquello que pueda nacer aún fruto de la división de la sociedad siria por medio de la destrucción de sus ciudades y pueblos.



 "Abajo el Partido Socialista Árabe Da'sh" 
(juego de palabras con Da'esh, que sustituye a Baaz)
[En las camisetas] "Li-be-r-tad"

No quiero entrar en los derroteros del análisis conspiracionista, que se basa en el hecho de que el régimen liberó a los takfiríes que estaban en sus cárceles -aunque ya los había utilizado en Iraq-, ni me voy a centrar en la historia de la gran “evasión” que organizo Al-Qaeda  en Iraq en Abu Graib, para aumentar las filas de Da’esh (siglas en árabe del Estado Islámico de Iraq y Siria), ni tampoco en el papel del régimen del Partido Da’wa que gobierna Iraq hoy al dejar salir al monstruo de la botella. Si bien se trata de una lectura que puede ser correcta, ya que existe el precedente de Fath al-Islam en Líbano (que supuso la destrucción del campamento de Nahr al-Bared), la cuestión es más compleja aún, e indica que la presencia de los países del Golfo y de Turquía, que han llenado el vacío dejado por la irresponsabilidad de la oposición siria, ha llevado a la revolución siria a caminos tortuosos y ha convertido la acción armada de la revolución en un instrumento en manos del régimen y  sus aliados. La complejidad del asunto nace de las cuestiones cultural y ética que he señalado, y ahí es donde está el gran problema desde mi punto de vista. Para ser claro desde el principio, no pretendo humillar a ningún intelectual sirio o árabe que haya sido fiel a la larga relación entre la cultura y el poder dictatorial, porque el tema es mucho más importante que un simple comentario que convierte una posición cultural en soporte de la dictadura. Lo que me quita el sueño es cómo conformar una postura cultural y ética que se eleve por encima del discurso sectario dominante, y sea fiel a los grandes sacrificios que ha ofrecido y sigue ofreciendo el pueblo sirio.

A decir verdad, ya no me concierne un discurso izquierdista  pétreo que recurre al imperialismo que en el pasado le llevó a apoyar a un asesino como Milošević, y que hoy le lleva a encubrir los crímenes de Bashar al-Asad y los hombres de su séquito. La cuestión no tiene nada que ver con la resistencia al imperialismo estadounidense, como no tiene nada que ver con la justicia social que el fundamentalismo ha borrado para servir al capitalismo salvaje. Del mismo modo, dudo mucho del discurso liberal que olvida conscientemente la ocupación israelí y se rinde al liderazgo de un Golfo que no tiene nada de liberal.

La búsqueda debe comenzar por la cuestión ética: cómo ponerse de parte de la víctima, cómo defender la ética de esta víctima y evitar que se vea arrastrada a reacciones dictatoriales y sectarias que reproduzcan al régimen despótico con distinta forma.

Y dígase también que el dibujo dictatorial del artista Saad Hajjo, donde vemos una pancarta sobre el que se lee “Abajo el Partido Árabe Socialista Da’esh” resume esta postura ética, como una condición necesaria para poder entrar en cualquier discusión política. La cuestión comienza, pues, con nuestro compromiso ético ante los ingentes sacrificios que han ofrecido y ofrecen los sirios y las sirias, y en no olvidar en ningún momento que el levantamiento popular sirio es legítimo, necesario y justo, y que el lema de la libertad y la dignidad por cuya defensa han muerto miles de personas, es un lema justo que la opresión no puede ocultar.

Desde aquí comenzamos, de la justicia de este derecho, y las coyunturas políticas internacionales y la dificultad de la situación en Siria no nos deben hacer olvidar que la libertad y la resistencia a la dictadura es la base de toda ética y política. Ni el salvajismo del régimen ni la tendencia degenerante de Da’esh y Al-Nusra, ni la crisis de la oposición nos pueden hacer olvidar que estamos con la libertad de los sirios, pase lo que pase, y que ningún discurso está por encima del derecho humano de ser humano.

martes, 10 de septiembre de 2013

¿Cómo os va con la tristeza?



Texto original: Al-Quds al-Arabi 

Autor: Elías Khoury

Fecha: 09/09/2013



Durante las dos últimas semanas, hemos sufrido el dolor de la humillación y la tristeza, dolor que solo ha permeado un instante de ira ante la imagen de las víctimas del bombardeo químico sobre Al-Ghoutta, que no tardó en dar paso a la impotencia. Las dos partes de la ecuación política se sintieron frustradas. El primero porque el prometido golpe estadounidense no llegó y es dudoso que llegue; y si viene, no cambiará la ecuación. El segundo porque todos sus análisis sobre la conspiración occidental estadounidense ya no sirven, pues tras la retirada británica del proyecto del ataque, ha llegado el titubeo al cuartel occidental y Obama parece que dirigirse a ello obligado, en medio de una opinión general estadounidense que lo rechaza.
Los deseos de ambos se han desplomado ante una realidad más vil y salvaje: ni la oposición, algunos de cuyos miembros han mendigado que se ataque, ha sido considerada un agente occidental en el que poder confiar, ni las amenazas del frente del rechazo de responder se han tomado en serio, porque la discusión interna en Europa y EEUU no le dio la menor importancia, ya que estaba ocupada en sus propios cálculos sobre el efecto el día después de un ataque contra Siria. La situación es más complicada que lo que dan a entender los dos discursos dominantes, dos discursos que han perdido su credibilidad tanto en el interior como en el exterior, y la situación es mucho peor que lo que diga cualquier análisis en ese sentido.

El discurso de los amigos de Occidente, desde los liberales a los islamistas del Golfo y Turquía, ya sean los moderados o esos a quienes su “moderación” les obliga a enviar a luchadores de Al-Qaeda a reforzar el frente de la oposición militar, no tienen un plan claro para la etapa post régimen. Lo más probable es que no sean capaces de construir un régimen político cohesionada que pueda aferrarse al poder en Siria tras la caída de Asad. Cambiar las garantías efectivas que Asad da a la entidad sionista por otras garantías no seduce a EEUU que considera a Israel como un interés nacional estadounidense.

En cuanto al discurso “de rechazo”, que nos ha hartado de amenazas y promesas en las páginas de algunos periódicos y pantallas, nadie se lo traga, porque son palabras que se utilizan para consumo interno, y su objetivo no es más que reafirmar la doctrina repetida por el dictador sirio, cuando estalló la revolución hace unos dos años y medio y que dice: Asad o nadie. Es decir que la línea de defensa real del régimen es la amenaza con el caos que vendrá tras su caída, una vez esparcidas las semillas de la discordia social y el salvajismo en toda Siria.

¿Por qué la gloriosa revolución que rompió todos los muros del miedo ha llegado a esto? Una de las respuestas más probables, y que no me gusta ni a mí, ni a los de izquierdas, ni los demócratas, ni a los liberales, pero que nace de una lectura de la realidad es la ausencia del ejército.  En los dos países que iniciaron las revoluciones democráticas en el mundo árabe, Egipto y Túnez, el ejército jugó un papel central en “convencer” al dictador de que dimitiera y huyera porque se negaron a protegerlo. Y en los dos países en que el ejército se convirtió en una especie de milicia para defender al régimen, el Estado se partió de forma casi total. En Libia se zanjó el asunto con la intervención de la OTAN, mientras que en Siria la situación sigue estancada porque la intervención aquí es más complicada y no goza de un consenso en el Consejo de Seguridad. Además, Siria, roza la verdadera línea roja de Occidente: Israel. Esto no significa que los ejércitos hayan logrado resolver el problema de construir un Estado, y que no puedan atraer el modelo argelino, sino que simplemente significa que pudieron, como resultado de la debilidad de las fuerzas políticas civiles, garantizar el Estado y evitar su desintegración.

Esta es una realidad que provoca miedo y preocupación, porque significa que la política árabe sigue prácticamente en el punto de partida y que las revoluciones no han sido más que un primer paso para romper el muro de la dictadura, y que vivirán un largo y peligroso proceso lleno de sorpresas. Nadie esperaba de la oposición siria, después de que las protestas llegaran a puntos a los que no habían llegado en ningún lugar del mundo árabe, que fuera una oposición diferente a las otras oposiciones árabes, y que tuviera la respuesta adecuada para la incapacidad del ejército sirio de comportarse como un ejército nacional que protege la preservación del Estado. El precedente que han sentado los dos Asad (padre e hijo) no se parece sino a los precedentes de Saddam y Gadafi, que terminaron con la caída del Estado al caer el régimen.

Pero era de esperar que la oposición que adoptó el paso a la acción armada pasara a liderar esta acción, no que la dejara en manos del Golfo petrolero y las prioridades turcas, de forma que se extendiera el caos de las armas por un lado, y que, por otro, Al-Nusra y el Estado Islámico de Iraq y Siria ocuparan la escena mediática, mientras se dan ejecuciones salvajes, y que el Padre Paolo, hijo de Siria por adopción y uno de los inspiradores de la revolución de su pueblo, sea secuestrado. No he entendido en ningún momento por qué los miembros y líderes del CNS y después los de la CNFORS se instalaron en el exterior, ni por qué se han contentado con este juego saudí-catarí con ellos, ni por qué no han formado brigadas militares civiles combatientes, ni por qué se han rendido al discurso sectario dominante. Sé que su misión era difícil, y quizá imposible en medio de la represión descontroladamente irracional del régimen, pero no hemos visto ningún intento serio de controlar las ascuas de la revolución. Igual que las manifestaciones pacíficas en los inicios de la revolución estaban en un lugar y los líderes en otro, el desarrollo militar ha repetido esta vergonzosa realidad: los militares están en un lugar y sus líderes en otro.

La tristeza nace de nuestro conocimiento de estas realidades y de nuestro convencimiento de que el mantenimiento del régimen dictatorial que dirige  una banda de asesinos y carniceros es una perpetuación de la tragedia, porque lleva al embrutecimiento de la sociedad y a su destrucción después de vaciarla de sus élites. Es la continuación del Baaz que convirtió la idea árabe en un trapo bajo las botas de los militares y convirtió a los militares en defensores de la mafia. 

Ese es el verdadero drama sirio: una revolución que estalló en el pueblo, y que se convirtió en una boda de libertad mojada en la sangre de los libres, pero que no encontró quien la dirigiera. Resistió a una represión salvaje sin precedentes y perseveró hasta el límite de lo insospechado, pero se encontró entre dos monstruos: el monstruo del régimen y el monstruo de los regímenes del petróleo que vieron en ella un puente para pasar de una revolución democrática a una guerra suní-chií. Así es cómo los enemigos que el régimen tiene en el Golfo lograron salvarlo durante un tiempo, para salvarse a sí mismos de los vientos de la revolución que no quieren que llegue a la península Arábiga.

La cuestión no es si hay ataque o no, pues quien golpea, si es que lo hace, saldará sus cuentas con su influencia, sin tener en cuenta el dolor del pueblo sirio y sus deseos. Quien es golpeado, si así sucede, seguirá ofreciendo cartas a su atacante como garante de sus intereses. La cuestión es Siria y su revolución, ¿cómo salvamos la revolución de las garras de la impotencia y la ausencia? ¿Sigue siendo eso posible?

jueves, 17 de enero de 2013

La guerra contra los Hermanos divide al Golfo



Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Abdel Bari Atwan

Fecha:11/01/2013



Quien sigue los medios del Golfo, especialmente los saudíes, se da cuenta de la existencia de una campaña feroz contra el movimiento de los Hermanos Musulmanes y las corrientes islamistas en general, además de los grandes predicadores del Golfo cuya influencia ha aumentado en los últimos tiempos gracias a los medios de comunicación social como Facebook o Twitter, que hacen difícil a los estados y sus aparatos de seguridad especializados controlarlos y censurarlos como pueden hacer con los periódicos y sitios de internet. Si el teniente Dahi JalfanTamim, director de la policía de Dubai, es la vanguardia en esta campaña contra los Hermanos Musulmanes y ha sido de los primeros  en advertir seriamente de sus peligros, muchos artículos han comenzado a mostrar en la prensa saudí y emiratí ese mismo patrón, de una forma que sugiere que hay personas de alto nivel en el Estado que quieren abrir un frente contra ellos, ya sea en Egipto donde tienen ahora las riendas del poder, o en el Golfo mismo.

Esta campaña contra los Hermanos, y tal vez las corrientes salafistas después, supone una contradicción en relación con una alianza histórica entre los regímenes conservadores del Golfo y aquellos, una alianza que ha mantenido la estabilidad de estos regímenes y ha luchado contra todas las ideas de izquierdas y nacionalistas que suponían una amenaza para esta estabilidad a ojos de los gobernantes.

La pregunta que surge con fuerza estos días gira en torno a esta sorprendente rebelión del Golfo contra el pensamiento de los Hermanos, que había gozado de su apoyo, por no decir del control de la juventud de la zona durante los pasados ochenta años al permitírsele  a los pensadores y profesores de los Hermanos dominar el sector educativo y escoger los métodos de enseñanza, además de establecer asociaciones de prédica y beneficencia, no solo en los estados del Golfo, sino en todo el mundo. ¿Cómo se ha dado la vuelta a esta relación para pasar de ser una de amistad íntima y estratégica a una guerra abierta, por una de las partes al menos hasta ahora, es decir, entre los regímenes del Golfo y la organización de los Hermanos?

La respuesta a estos interrogantes y otros puede resumirse en los siguientes puntos:

Primero: Los gobiernos del Golfo se han dado cuenta de que los Hermanos Musulmanes son un movimiento “mundial” dirigido por una organización internacional, que exige fidelidad organizativa al Guía General en Egipto, y no a las autoridades locales, ni siquiera al líder de la organización en esos países.

Segundo: El dominio del movimiento islámico de los Hermanos del proceso de formación de las nuevas generaciones utilizándolo medios locales que han llevado a su dominio sobre el ejército y los servicios de seguridad, lo que les ha cualificado más que nunca para derrocar a los regímenes y acceder al poder, clave del miedo de los regímenes del Golfo.

Tercero: Debido a la debilidad de las corrientes liberales y de izquierdas en los países del Golfo, resultado de décadas de represión y persecución, las corrientes de los Hermanos, bien organizadas, se han convertido en la fuerza candidata para dirigir las revoluciones de la primavera árabe que piden un cambio político en los países del Golfo.

Cuarto: Las corrientes religiosas y de los Hermanos destacan especialmente por la independencia económica que las diferencia del resto de corrientes, debido a sus complejas redes organizativas y su acceso a importantes ingresos, pues dominan empresas y organizaciones financieras en los países del Golfo en concreto, lo que les ha hecho aunar las fuerzas política y económica.

Quinto: Los movimientos islámicos gozan de un gran apoyo en los centros populares porque su ideología se centra en la doctrina islámica y su dominio de las mezquitas, de forma directa o indirecta, lo que supone cinco pequeñas reuniones diarias y una gran reunión semanal cada viernes.

Sexto: Los movimientos islámicos no yihadistas y los Hermanos Musulmanes en concreto siguen una política de autocontrol y de evitar todo enfrentamiento con el Estado, lo que explica el silencio del movimiento de los Hermanos en Egipto de cara a los ataques en su contra y su insistencia en guardar la calma. También enviaron delegaciones a los Emiratos para solucionar la crisis de los detenidos por métodos pacíficos. No sorprende que los escritores saudíes acusen a los Hermanos de seguir el “principio del disimulo (taqiyya)” en sus prácticas organizativas.

Los Estados del Golfo, resumiendo mucho, están nerviosos por el dominio de los Hermanos en Egipto, Túnez y Sudán y sus intentos de dominar Jordania, Yemen y Siria, pues se sienten cercados y amenazados de caer en manos del nuevo eje de los Hermanos, según la teoría del efecto dominó político.

Esta campaña feroz saudí y del Golfo contra los Hermanos tiene ventajas y desventajas en lo que se refiere a los regímenes en la península Arábiga. Las ventajas se resumen en el intento de fortalecer el frente interior y reducir la influencia de los Hermanos Musulmanes, pero parece una solución tardía en nuestra opinión, por la falta de un aliado alternativo en que apoyarse, dada la ausencia de la izquierda y los liberales, y dada la debilidad de su arraigo en las sociedades conservadoras del Golfo. Todos los nuevos intentos de fortalecer a esta corriente liberal siguen teniendo una influencia limitada como demuestra el decreto emitido por el monarca saudí, el rey Abdalá ben Abdel Aziz, para introducir a treinta mujeres en el Consejo Consultivo, un paso que le va a crear más problemas que soluciones, especialmente en la institución wahabí que apoya al régimen y que se opone a cualquier papel de la mujer, en calidad de igualdad al hombre, en la sociedad.
El peligro de este ataque contra los Hermanos es el tener que enfrentarse a la institución religiosa y a un gran número de predicadores críticos, como los sheijs Salman Awda, Muhammad al-Arifi, Safar al-Hawali, Muhsin al-Awayi, A’id al-Qarani y algunos seguidores suyos en Twitter, que superan el millón y siguen creciendo.

El sheij Salman al-Awda, el destacado predicador saudí, se unió recientemente a la campaña que exige un que se establezca un Consejo Consultivo elegido, mientras que otros exigen que se rindan cuentas precisas de cómo se gasta el dinero público y que se controle el nuevo presupuesto del Estado, que es el más voluminoso (llega a 223.000 millones de dólares). Hay también una feroz campaña para apartar a los príncipes, que se han apoderado de millones de hectáreas de tierra sin derecho.

Los grandes responsables del Golfo creen que hay una alianza egipcio-turco-catarí tras esta oleada de los Hermanos que quiere dominar la zona y que ha de ser combatida. Ello explica la creciente brecha saudí-turca y la guerra que han declarado los Emiratos al régimen del presidente Mursi en Egipto apoyando al opositor Frente de Salvación Egipcio.

Debemos reconocer que el miedo de los estados del Golfo es legítimo, pues este nuevo triángulo es muy peligroso si se fortalece, se cohesiona y continúa, porque goza de las fuerzas militar (Turquía), financiera (Catar) y humana-estratégica (Egipto), y está ocupando poco a poco el lugar del histórico triángulo egipcio-saudí-sirio que ha dominado la zona durante los últimos cuarenta años, habiendo sacado a Iraq de la ecuación y habiendo preparado el camino para la paz con Israel.

Si el primer triángulo se basaba en la estrecha relación con Occidente y EEU, el nuevo triángulo camina en la misma dirección, y tal vez su relación con EEUU sea aún más estrecha, aunque sea temporalmente, mientras dure la presidencia de Barack Obama.

El régimen sirio será el más beneficiado de esta lucha explosiva en el seno del frente que se opone a que se mantenga en el poder y que apoya a la oposición armada que quiere derrocarlo. Los Hermanos Musulmanes son la espina dorsal de esta oposición (oficial) y el Frente yihadista de al-Nusra es el elemento con mayor presencia sobre el terreno, cuya independencia supone un gran peligro para el régimen sirio y los países del Golfo.

Ojalá los pasos que han dado las autoridades saudíes últimamente, como la decisión de prohibir los canales sectarios salafistas, o las palabras de su ministro de Exteriores Saúd al-Faisal sobre su apoyo a la solución pacífica y sobre que la cuestión de la salida de Asad deberían decidirla los sirios -él que era un halcón pidiendo que se armase a la oposición-, son todo indicios de que la postura saudí está cambiando y confirma los informes de que se han retomado los contactos secretos entre Damasco y Riad.

El flujo de predicadores saudíes y del Golfo hacia El Cairo, el último de los cuales ha sido el doctor Muhammad al-Arifi, que dio un discurso en la mezquita de Amr ben al-As en el corazón de la capital y en el que pidió que los empresarios del Golfo invirtieran en Egipto y no en Occidente, es uno de los más destacados aspectos de la nueva escena del Golfo: gobiernos que se oponen al régimen egipcio de los Hermanos con fuerza y predicadores críticos que están en su interior.

No podemos olvidar en este contexto el nuevo peregrinaje iraní a El Cairo, la visita de Ali Akbar Salehi, el ministro de Exteriores, la ovación que lo recibió, la invitación que traía para el presidente Muhammad Mursi de visitar Teherán, y el momento en que se produjo. El olfato iraní tiene una fuerte sensibilidad para oler los cambios que suceden en la región para ponerlo al servicio de sus intereses. Los próximos meses y semanas estarán cargados de sorpresas y no podemos hacer otra cosa que esperar y estar vigilantes, intentando entender las nuevas interacciones y alianzas que acechan, y los rápidos cambios, cambios que reconfigurarán la región radicalmente.