Blog dedicado a publicar traduccionesal español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.
El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
A continuación un cartel con mucho ingenio, que es posible que se haya tomado de algún comentario en internet, pero que denota que los sirios están al tanto de lo que pasa en el mundo:
¿Es casualidad que...
El feo de Túnez sea su decoración [1]
El maldito de Egipto sea su bendito [2]
El destructor de Libia sea su constructor [3]
El corruptor de Yemen sea su corrector [4]
y que el cobarde de Siria sea su león [5]?
(Unión de Estudiantes libres de Siria, Qamishle)
[1] Zayn (Zayn el-Abidin ben Ali es su nombre completo) significa "decoración".
[2] Mubarak significa "bendito" o "bendecido".
[3] Muammar literalmente es el "construido", pero apenas hay que cambiar una letra para que pase a ser "constructor" (muammir).
[4] Saleh significa "corrector", "el que es y hace lo correcto", "el válido".
A continuación, presentamos la traducción de una entrevista realizada por el canal catarí Aljazeera que solo se ha publicado doblada al árabe con el intelectual Noam Chomsky, grabada en EEUU el 24 de marzo de 2012.
La última pregunta se ha omitido por no responder al tema de este blog que es la revolución siria. Las demás preguntas están reformuladas parahacerlas más breves, mientras que las respuestas se han reproducido literalmente.
¿Cómo ves la situación en Siria?
Que está muy mal. Es una masacre y aún no he escuchado
ninguna propuesta constructiva sobre lo que debe hacerse y parece que las
opciones que se barajan ahora son, bien que la situación acabe en una guerra
civil más cruel y salvaje y con resultados mucho más destructivos sobre la
sociedad siria, bien que se produzca algún tipo de negociación que desemboque
en una solución diplomática que pueda suponer el apartar a la familia Asad del
poder de forma pacífica y permitir algún tipo de reconstrucción. Ahora bien, si
hay una tercera alternativa, yo no he oído hablar de ella.
¿Qué opinas que fue lo que prendió la mecha de la revolución
en Siria en primera instancia: causas internas o externas?
Creo que en primera instancia se trata de razones internas y
por supuesto hay injerencia extranjera de Arabia Saudí, Occidente y otros. Pero
según muestran los hechos, creo que es un levantamiento interno contra la
dictadura, la situación de represión y la pobreza, como sucede en el resto de
países de la región en gran medida
¿Ves alguna solución política a la situación en Siria?
Bueno, no creo mucho en esa posibilidad e incluso creo que
la probabilidad va descendiendo, pero la única salida política que veo es lo
que he dicho antes; es decir, las negociaciones y la diplomacia que lleven a la
desintegración y desaparición de la dictadura y protejan los derechos de las
minorías y los de los que apoyan a ambas partes. Esto no es fácil, pero sin
duda es mejor que la otra alternativa.
¿Aún crees que es posible una salida política?
Eso siempre es posible. Creo que si miramos a los
levantamientos que tuvieron lugar el año pasado, el que se parece a este en
cierta medida, pero no demasiado, es el caso libio. En el caso de Libia,
revisando lo que sucedió, vemos que se adoptó la Resolución de la ONU 1973 y
los países imperialistas tradicionales (Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos)
con apoyo de otros, implementaron lo que decía la resolución durante unos
minutos, pero después lo dejaron de lado y en vez de hacer lo que exigía la
resolución (alto el fuego, imposición de una zona de exclusión aérea y protección),
esos países se unieron al ejército de los rebeldes, convirtiéndose en su fuerza
aérea. Como sabemos, gran parte del mundo se opuso a ello y el continente africano
empezó a exigir que un alto el fuego y un inicio de la senda de la diplomacia y
las negociaciones. Esa fue la postura que también adoptaron los BRICS (Brasil,
India y Sudáfrica, fundamentalmente).
¿Tienes miedo de que eso mismo suceda en Siria?
Si hubiera una intervención extranjera, y yo lo dudo, creo que
podría pasar. Pero hubo también esfuerzos internacionales para intentar
encontrar un camino diplomático, entre los que estuvo la creación de un grupo
internacional para impedir una catástrofe humanitaria, que sucedió de hecho en
Libia. En el caso sirio, creo que la situación es aún peor, pero que puede
darse una situación similar si hay una intervención, que es algo que no espero.
En Siria, pueden darse grandes acontecimientos, porque la situación ya es
bastante negativa, pero una guerra civil entre dos partes cuya enemistad vaya en
aumento puede ser destructivo para la sociedad de la misma manera que lo ha
sido en Libia.
Hay quien dice que el pueblo hoy está entre un régimen
dictatorial y la amenaza de una intervención extranjera, ¿qué piensas de ello?
No creo que la amenaza de la intervención exterior sea
grande, puede que haya más apoyo para el Ejército Sirio Libre proveyéndole de armas,
por ejemplo, y creo que eso llevará a una guerra civil. No parece que vaya a
haber una intervención extranjera, no hay nadie que lo quiera y de hecho creo
que en Washington y Londres estaban deseando el veto de Rusia y China porque
eso les dio un pretexto para hacer lo que iban a hacer de todas formas: nada.
Hacen lo que les viene en gana al margen de la ONU, pero pueden hacer
declaraciones nobles sobre la libertad y otras cosas sin hacer mucho.
"El pueblo sirio deserta del mundo por habernos abandonado"
(Kafaranbel ocupada)
Entonces Noam Chomsky cree que hay una conspiración por
parte de Washington Londres, París, Moscú y Pekín para no hacer nada en lo que
respecta al expediente sirio…
No creo que haya ninguna conspiración. Todos ven que va en
su interés el no hacer demasiado, porque ¿qué pueden hacer? No puede imponerse
una zona de exclusión aérea habiendo un ejército en Siria. La situación no es
como la que había en Libia: si hay una intervención militar, habrá verdaderas
batallas, y no hay ningún país que quiera entrar en una guerra terrestre en
Siria, ni Turquía, ni Francia, ni Rusia ni ninguno de ellos.
¿Qué piensas de la llamada del senador John McCain al uso de
la fuerza para establecer zonas de seguridad en las zonas fronterizas?
Tenemos que tener en cuenta que John McCain no tiene ni idea
de lo que está diciendo en este tema ni en otros. Se le considera un experto en
asuntos exteriores porque estuvo encarcelado en el Vietnam del Norte, pero la
cárcel en Vietnam del Norte no te hace un experto en los asuntos exteriores.
¿Cómo pueden los especialistas militares encontrar una zona aérea segura? No
creo que eso sea posible. Tal vez fuera posible para las fuerzas terrestres,
tal vez el ejército turco podría hacerlo, pero no lo harán porque no quieren
una guerra con Siria.
¿Entonces no piensas que haya ninguna fuerza extranjera que
trabaje con el ESL dentro de Siria?
Claro, claro que los hay. Hay quien habla de ellos, sobre gente como
ellos, y estoy convencido de que reciben armas del exterior. No me sorprendería
saber que Arabia Saudí y Catar se encargan de ello y hasta cierto punto,
algunas fuerzas occidentales. Pero con total sencillez, Arabia Saudí no habla
de o pretender enviar fuerzas armadas a intervenir, como sucedió en Bahréin: la
situación aquí es diferente.
Si no apoyas la declaración de McCain, ¿estás entonces a
favor de las declaraciones de Obama de no usar la fuerza?
Todo el mundo que sabe algo de esto piensa así. No soy un
experto en Siria ni lo pretendo, pero me fijo en lo que dicen los que conocen
bien el caso como Patrick Seale y Charles Glass[1] y otros. Entre lo que he
leído de ellos no hay ninguna sugerencia de cómo llevar a cabo una intervención
internacional más allá de en el terreno de la ayuda humanitaria. Con ello me
refiero a que la sugerencia que puede ser lógica y posible y que merece ser
intentada es intentar llegar a un acuerdo sobre cómo crear corredores para
hacer llegar la ayuda humanitaria. Pero creo que lo que debe hacerse es
descubrir cómo llegar a la opción de la negociación y la diplomacia, algo que
no es fácil. Si otros tienen una alternativa, yo no la he oído.
Mirando al futuro, a la futura Siria y a los intereses de
EEUU allí, ¿ves a Bashar al-Asad como parte de la ecuación?
Creo que no tardará mucho en salir del mapa. Terminará de
una forma u otra. En lo referente a la política de EEUU, es una política clara,
una política que no difiere de las de Francia o Gran Bretaña. EEUU tiene dos
intereses fundamentales en la zona que vienen desde los años cuarenta del siglo
pasado, cuando EEUU ocupó el lugar de Gran Bretaña como potencia hegemónica en
el mundo. Dichos intereses son: en primer lugar, dominar las fuentes de
energía, no solo llegar a ellas, sino dominarlas. En los cuarenta del siglo
pasado, EEUU no veía como un interés el mero hecho de llegar a las fuentes de
energía, pero los objetivos estaban claros y de hecho, uno de sus más altos
responsables dijo que “si podemos controlar el petróleo de Oriente Medio,
podremos prácticamente dominar el mundo”. El segundo interés es impedir que se
implante la democracia. Es importante para EEUU y sus aliados que no haya
democracia en la zona.
¿Por qué?
Mira al canal Aljazeera. Hace un par de días, Aljazeera publicó
la primera encuesta profunda sobre la opinión pública árabe, realizada por Marwan
Bishara, y ahí obtendrás la respuesta: la democracia, si es un sistema
efectivo, supone que la opinión pública tenga influencia en la poítcia y si no,
no es democracia. ¿Quiere EEUU que la política de los Estados de la región esté
dominada por la opinión del pueblo? La mayoría de la población ve en EEUU e
Israel una amenaza principal mientras solo un 5% considera a Irán una amenaza.
De hecho creen que si Israel tiene armas nucleares, todos pueden tenerlas. ¿Es
eso lo que quieren los Estados occidentales?
Habrá quien lo comparta y quien no…
No creo que haya nadie que esté en contra de lo que digo.
¿Hay en Occidente alguien que quiere que estos países sigan una política como
esa?
Habrá gobiernos que difieran contigo en eso, pero ¿tengo que
entender que lo que EEUU quiere es que Bashar al-Asad se quede para que no haya
democracia?
No, eso no tiene sentido, Tampoco quieren democracia en
Egipto y por eso apoyaron a Mubarak hasta el final. No obstante, cuando el
Ejército se puso en contra de Mubraak, les pareció bien encontrar un camino
para mantenerse en el poder sin Mubarak. Esta es la regla de trabajo. Tengo que
volver a lo que has dicho antes. No creo que haya nadie en los gobiernos de
Occidente que quiera que los gobiernos de Oriente Medio expresen la opinión
pública, como sucedió y como decía la encuesta, que además ha dado los mismos
resultados que encuestas estadounidenses que se hicieron en la región. Por
supuesto que no quieren eso. Esa es la razón de su oposición a la democracia,
algo que se ha repetido históricamente.
"Solo en siria: la única zona segura
de los bombardeos de los tanques
y los ataques de los soldados
es el Golán"
(Zabadani)
¿Cómo crees que es la relación futura que EEUU quiere con el
futuro régimen en Siria?
Quieren una relación de subordinación y dependencia como
ahora sucede en todas partes del mundo. No es un secreto que todas las grandes
potencias, sean las que sean, quieren una relación de subordinación y
dependencia de sus intereses. Así es como funcionan las relaciones
internacionales.
Define mejor los mecanismos para establecer relaciones de
EEUU y el régimen que sucederá al de Bashar al-Asad.
Ello no depende de la esencia de ese gobierno, pues si se
trata de una dictadura militar de algún tipo, se dedicarán a organizarse con
dicha dictadura militar y la apoyarán, como hacen en todas partes. Si se trata
de un régimen gobernado por los intereses comerciales, estará todo claro: harán
pactos con los que tienen los intereses comerciales. Y si se diera un milagro
que me encantaría ver, pero que no espero; es decir, que haya un gobierno
democrático y popular, Occidente estará en problemas.
¿Cuál será la relación entre EEUU y un gobierno en Siria
dominado por los islamistas?
EEUU puede tratar con los movimientos islamistas con
facilidad. EEUU y Gran Bretaña, dos fuerzas principales en la región, han
apoyado desde hace tiempo a los movimientos islamistas más extremistas. EEUU y
Gran Bretaña no tienen ningún problema con el islam radical, sino que de hecho
lo apoyan, excepto si se vuelve contra ellos, como Khomeini, por ejemplo. El
tema es cuál es la postura de los movimientos islamistas de los objetivos e
intereses de EEUU Y Gran Bretaña. En lo referente al norte de África (Túnez y
Egipto), EEUU puede tratar con un régimen en Egipto en que dominen el
parlamento los Hermanos Musulmanes e incluso puede tratar con un régimen en el
que haya elementos salafistas y militares de un modo u otro. Creo que e en eso
en lo que están trabajando ahora y de hecho, los Hermanos Musulmanes pueden
adaptarse a los programas de Occidente, los programas neo-liberales y otros
programas y opciones políticas.
Por otra parte, si el régimen en Egipto expresase la opinión
general popular, sería un problema. Hay que recordarlo, ya que es lo que salió
en la encuesta de Aljazeera. Las encuestas occidentales hace un año tenían unos
resultados aún más duros y ello se ve en políticas concretas como sucedió
cuando Egipto viró levemente hacia el acuerdo con Irán y eso no gustó a EEUU.
Tras la caída de la dictadura en Egipto, el régimen militar permitió a una
flota iraní pasar el canal de Suez. Eso tampoco gustó a EEUU.
¿Cuáles son los rasgos de la postura israelí sobre lo que
sucede en Siria?
Israel tiene ocupado el Golán sirio y quiere conservarlo. De
hecho lo ha anexionado pasando por alto las resoluciones del Consejo de
Seguridad y cuando los sirios o los palestinos intentan entrar a los Altos del
Golán son expulsados por la fuerza. Israel lo que quiere en primera instancia
es un régimen que deje que Israel conserve los Altos del Golán y se adapte a
los intereses israelíes y los proteja. Por ejemplo, si Israel decide invadir
Líbano y volver a ocuparlo, no quiere un régimen en Siria que apoye a la
resistencia contra la ocupación y la invasión. Al-Asad estaba en gran medida
aclimatado a esto y era, por tanto, en gran medida visto con buenos ojos por
Israel.
¿Crees que Israel tiene algo que ver en lo que sucede en
Siria?
No lo sabemos con certeza, pero los indicios apuntan a que
es poco probable que haya una mano israelí en todo esto. Creo que no están simplemente
a la espera de lo que venga después de Bashar al-Asad y, al margen de sus
relaciones con EEUU, creo que trabajan para y esperan que Bashar al-Asad se
mantenga en el poder. Creo que esperan que así sea, o que lo que venga tenga la misma relación con
Israel, que es en gran medida el aceptar la situación actual.
¿Crees que Israel tiene más miedo que nadie de un gobierno
islamista en Siria o cómo ves la situación?
Ello depende del tipo de gobierno islamista. Israel no tiene
miedo del gobierno islamista radical en Arabia Saudí porque son complacientes
con los intereses israelíes. La cuestión de los islamistas no es la que debe
plantearse, sino que se trata de la dependencia y la aclimatación, se trate de
regímenes islamistas o no.
¿Crees que Siria es una carta que usa Occidente para
presionar a Irán?
Se pueden decir muchas cosas sobre Irán. Está claro que EEUU
e Israel quieren ver un gobierno sirio que se deshaga de su estrecha relación
con Irán por diversas razones entre las que se encuentra el hecho de que ello
supondrá que se detenga el envío de armas a Hezbollah, lo que logrará que
Israel se deshaga de ese factor disuasorio. Sea cual sea la opinión que se
tenga de él, es el único factor de disuasión frente a una nueva invasión
israelí de Líbano y claramente quieren deshacerse de él. Pero si en Siria se da
un gobierno salafista, algo que puede suceder, y corta sus relaciones con Irán,
los israelíes estarán felices.
¿Ves posible una guerra Israel-Irán o EEEUU e Israel contra
Irán?
No creo que sea mero ruido porque si lees la prensa israelí
verás que lo mencionan y Benjamin Netanyahu en un discurso anunció la guerra de
facto: “No dejaremos que Irán enriquezca uranio”. Irán amenaza con un nuevo holocausto
y al mencionarlo, no hay más que decir. No hay nada peor que eso. Se metió a sí
mismo en callejón que solo desemboca en la guerra. EEUU no quiere que Irán
enriquezca uranio, pero no pone una línea roja a Israel aunque puede detenerlo
si quiere. Ahora bien, tampoco le ha dado luz verde. Creo que Israel quiere
encontrar una situación de enfrentamiento en
la que EEUU haga el trabajo sucio y no sé si pueden hacerlo o no o si
EEUU aceptará algo así. Lo que debemos preguntarnos es qué derecho tiene EEUU o
Israel para hablar de atacar a Irán. El amenazar de guerra es una violación de
la Carta de Naciones Unidas y del Derecho Internacional. ¿Qué derecho tienen
para hablar de atacar a Irán? ¿Cuál es la amenaza que ven en Irán? Es una pregunta
comprometida, pero hay una respuesta dada por la Secretaría de Estado
estadounidense y la CIA, que mandan informes al Congreso anualmente sobre la
seguridad internacional. Si los lees, lo verás claro, y puedo contar aquí que
dicen: la gran amenaza iraní es la capacidad de disuasión
[1] Ambos periodistas. En el caso del primero, se le
considera un autor de referencia sobre Siria ya que, entre otras cosas, conoció
a Hafez al-Asad al que entrevistó en varias ocasiones, así como a líderes de la
Siria post-independencia.
La revolución siria es imposible. Estalló hace un año, ha continuado, pero es imposible. Ahí es donde radica su magnificencia, pero ello también es la fuente de su desgracia. Luchar contra lo imposible es muy caro. Pero, ¿por qué es imposible?
Durante cuarenta años se ha organizado a la sociedad siria para que implosionara en caso de salirse de su organización centralizada en torno a sus altezas los gobernadores en el plano político y humano. Se trata de un modelo de “sociedad bomba”, con un mecanismo de explosión doble: securitario, a través de un gran número de aparatos e informadores “dormidos” que “gritan” cuando es necesario; y en segundo lugar, por medio de una profunda crisis de confianza nacional que ha costado muchos esfuerzos y que separa a los sirios según criterios civiles, amenazando con convertir la “revolución” contra el régimen en una “escisión” social. Un ejemplo de esta crisis de confianza es la división crónica de la oposición siria, que no se comprende si no es haciendo una introspección política, psicológico y moral del régimen. Tal división parece contener los mismos niveles de terquedad que las propias divisiones sociales.
Incluso una revolución popular, de amplia base humana y de valores, como la revolución siria, es casi incapaz de abortar esa explosión doble, una explosión reforzada con una violencia sin límites que ha convertido a la sociedad siria durante medio siglo en un ideal de la sociedad violentada y triste.
Además, Siria es un mundo reducido que lleva en sí todas las contradicciones del mundo en su conjunto y cuya deficiencia en su conformación política aumenta por el hecho de haberse ganado la calificación de modelo reducido del gran mundo. El país es de reciente creación, apenas tiene 94 años, y es débil en su conformación nacional. Es un mundo reducido en el ámbito religioso, en el que hay un número de sectas islámicas que no se encuentra en otros países árabes y cuenta también con una antigua e importante comunidad cristiana. Además, aunque a día de hoy no cuente con judíos, estaban aquí hace nada. Y sin embargo aún parece que están aquí, pues Siria es vecina del Estado judío en Palestina y mantiene con él una relación que mezcla la sincera enemistad con la extraña seguridad. Es bien sabido que Israel prefiere la estabilidad de un régimen con el que no ha firmado la paz por lo que ello conlleva de seguridad en los Altos del Golán, algo que supera lo que obtuvo con la firma de la paz con Egipto y Jordania en lo que se refiere a zonas fronterizas. Israel prefiere esta estabilidad a un cambio político en un país que puede traer demonios desconocidos. El resto de posibilidades son malas israelímente, ya se trate de un gobierno nacional más sensible a las presiones de los sirios y sus exigencias, de un gobierno islamista o de una situación de caos e inestabilidad. Esta es una extraña coordinación entre dos países de los cuales uno ocupa la tierra del otro.
El entorno israelí posee dos influencias que complican todo en Siria. La primera es que se trata de un régimen de excepción internacional al que se le permite y se le perdona todo. Ha actuado como un matón regional gozando de inmunidad e impunidad a lo largo de su historia, lo que refuta el discurso occidental sobre el gobierno de la ley, la justicia y la democracia. Por otro lado, Israel está establecido sobre una base religiosa aplastante que pertenece al pasado, lo que supone una excepción mundial también, excepción difícil de comprender para árabes y sirios que tantas veces han sido aconsejados sobre las virtudes de dejar el pasado atrás y alejar la religión de la vida pública. Esta doble excepción refuerza la tendencia a dudar de Occidente y sus objetivos, como también dificulta la posibilidad de aprender de él y mucho más de identificarse con él. Del mismo modo, refuerza las posturas de las fuerzas y corrientes menos liberales en nuestras sociedades y las que más tienden a la hegemonía, sobre todo los nacionalistas y los islamistas.
Por ello, un número no desdeñable de opositores al régimen sirio, nacionalistas y socialistas especialmente, se han creído sus engaños y sienten una cierta culpa si rompen con él, como si fueran hijos de un padre cruel. Ello los ha convertido hoy en una carga para la revolución, son prácticamente soportes del régimen. Y junto a la maldición de Israel, Siria está en el epicentro de la principal cuenca de energía mundial de Iraq, la península Arábiga e Irán sin poseer ella misma más que lo que no se dice. Esta situación ha dado a la región una importancia internacional sin parangón, y ha elevado el valor de la estabilidad en ella en detrimento de la justicia y la libertad. De hecho, la zona ha conocido una estabilidad muerta durante cuatro décadas, una estabilidad esta, la de los fuertes, que nunca ha estado en contradicción con mucha de la violencia y la muerte que se han vivido en ella, cuyas víctimas han sido los débiles.
Siria era un modelo de esta estabilidad, hasta el punto de que la República Árabe de Siria era la vanguardia de los países árabes en el cambio hacia un gobierno hereditario de la familia asadiana, con un beneplácito árabe e internacional indudable.
En los años de presidencia del heredero, se conformó un ente político con dimensiones regionales que sobrepasan lo que eran meras alianzas en los días del padre fundador entre el régimen (en su núcleo político-securitario) e Irán y Hezbollah, hasta el punto de parecer un único régimen compartido. En este compuesto se entremezclan “el corazón latente de la arabidad”, con un estado no árabe y una organización sectaria armada en un país árabe. Es decir, elementos geográficos, políticos y estratégicos, con elementos religiosos y sectarios, sin olvidar los elementos económicos y financieros, todo ello con una dosis de terquedad e irracionalidad. Tenemos la firme sospecha de que en este compuesto se esconde el secreto de la lógica de la “lucha determinante” que parece que el régimen está llevando a cabo contra sus gobernados y de su disposición a asesinarlos y torturarlos, como si los ecos de la historia y sus fantasmas se extendieran por la antigua tierra de Siria.
En este sentido, se entrecruzan la estructura interna y las complicadas condiciones internacionales y las formaciones regionales clánicas, para hacer de Siria un mundo reducido, que lo tiene difícil para cambiar por sí mismo. Puede que haya un cambio en Siria, más bien, es algo seguro, pero un cambio liberador es un derecho que exige un cambio más amplio en los ambientes regional e internacional.
Esto no se aplica a Túnez y Egipto, que son dos países mucho mejor conformados y que no contienen potenciales explosivos internos además de que no están enredados en las formaciones regionales de la misma manera. Tampoco se aplica a la débilmente estructurada Libia, cuyos cambios apenas afectan a otros ni a Yemen y Bahrein.
La revolución imposible, a pesar de todo, ha ocurrido, pero el imposible enfrentamiento es tan desgraciado como la lucha contra el destino en las tragedias griegas. Lo que vemos no es más que una tragedia confluyente ante la que el mundo se detiene paralizado entre los factores que lo mandan avanzar y los que lo mandan abstenerse. Las divisiones internacionales y árabes, además de las divisiones de la oposición siria, se organizan de forma que no solo influye en la tragedia, sino que también se introduce en ella y conforma una parte de su escenario.
¿Acaso el mundo ha estado observando la tragedia siria durante un año porque en ella alcanza a ver sus luchas, contradicciones y demonios? ¿Tal vez teme una pequeña guerra mundial en torno a este mundo pequeño, salvaje?
Los amigos del pueblo sirio (y me refiero a los de verdad, no a los hipócritas mentirosos) han empezado a declamar con lenguaje poético los peligros de los derroteros hacia los que se dirige el levantamiento. Cuando se cumple un año de su inicio tienen más miedo que en los primeros meses.
En un 90% de lo que dicen sobre la lista de errores, tropiezos e incluso desvíos se pretende una corrección que siga la buena lógica, pero, que no será del todo correcta si no se somete a un polémico examen cada detalle de la lista, de forma que se llegue a un mínimo justo que no les ponga ni a favor ni en contra de la revolución, sino en un punto medio. No es paradójico, porque no deja de ser el espíritu del equilibrio polémico y su característica definitoria, que algo de lo que se dice al criticar el levantamiento pueda en otro nivel de discusión convertirse en una glorificación de la misma. Lo contrario puede también darse.
La impresión más destacada y extendida, incluso si confesarlo puede suponer vergüenza, o un intento de evasión o negación, es esa que pretende que el levantamiento se convierta en un elevado ideal de esos que escasean en la historia y, a poder ser, que sirva como ideal supremo de la lucha, la ética, la política, la sociedad y la cultura, un ideal que ninguna nación ha conocido antes. El pueblo sirio debe hoy conseguirlo y entrar por ello en la historia por la puerta grande (y también la más cruenta, salvaje, violenta y criminal).
Nadie, como era de esperar, reconocerá que esa es la petición que hace al levantamiento sirio, pues es obvio que comienza a ser una petición imposible y es ahí donde aparece la vergüenza. Se exige un imposible muy detallado, casi un deseo, que no se apoya en la realidad efectiva sobre el terreno. Ahí es donde uno evita hacer declaraciones o directamente niega tales pretensiones.
Pero el levantamiento es un hecho popular complejo, mucho más de lo que piensan los amigos y mucho más dependiente de procesos muy complicados, a los que no sirve aplicar ningún principio maniqueo, que no ve más que el blanco o el negro, el pacifismo o la militarización, la independencia de las fuerzas extrajeras o el encomendamiento a ellas, el aferramiento a la unidad nacional o el desvío hacia los atrincheramientos sectarios, religiosos, etnicos o regionales. Y precisamente por ser un hecho popular complejo se trata de un hecho social con diferencia, que supera las complejidades de todo y cualquier “trazado” ideal que se haya elaborado. También puede decirse que se trata de un hecho que puede contradecir, en mucho o poco, cualquier “descripción” prefabricada o preconcebida, totalmente desprovista de los tropiezos, errores y desvíos de la realidad. Este levantamiento es hijo de la utopía y no de la realidad y su carácter utópico no se rebela contra la idea de la puesta a prueba, de la investigación por medio de sencillos experimentos durante un breve espacio de tiempo. ¿Qué pasa si se prueba durante un año entero? ¿Qué sucederá si se utilizan en la prueba todo tipo de armas , desde el tanque al aerodeslizador, los lanzamisiles y los barco militar, pasando por los lanzacohetes, los carros de combate, las bombas de racimo y los gases prohibidos internacionalmente?
Así, el levantamiento, entendido como hecho social popular específicamente, no es el fruto de la total adecuación entre los intereses, los objetivos, los medios y las creencias, incluso si su lema principal (“derrocar al régimen”, después de convencerse finalmente de que el aparato securitario-militar-inversor gobernante no tiene ninguna intención real de reforma ni es capaz de ello tampoco, y la aspiración a una “Siria libre democrática plural y civil para todos sus hijos con sus diferentes adscripciones doctrinales, religiosas y étnicas”) goza de un consenso prácticamente absoluto. Por ello, una misma manifestación puede incluir a gente de izquierdas, de derechas, a islamistas, a cristianos, a liberales, a politizados partidistas, a independientes que acaban de meterse en política, a moderados, a extremista, a personas de término medio, a los que creen en el pacifismo del levantamiento, a los que llaman a una guerra de guerrillas, al que está convencido de que EEUU conspira contra nosotros y al que lo considera el tronco a lque agarrarse para salvarse.
Esta es la verdadera sociedad del levantamiento, y no sirve ninguna alquimia utópica que la depure hasta dejarla monolítica (suponiendo que la historia lograra en algún momento crear dicha alquimia). Tampoco se la puede dividir en distintos “colores”, opresión oscura aquí y cerrazón clara por allá, de forma que se reduzca el complejo conglomerado popular (nunca debe dejarse de insistir en su complejidad) a “clases”, “calles” y “partes” sometidas todas ellas a la misma regla maniquea, que opone el blanco al negro, y sitúa al que cree en el pacifismo del levantamiento frente al que lleva un kalashnikov. Tanto si esto es un error y aquello lo correcto y viceversa, así como si lo uno no es mejor que lo otro, las reglas maniqueas son el peor de los parámetros para medir el sentimiento nacional de Zayd o Amro y el que se centra en el espíritu de la polémica, mirando al levantamiento de una forma totalmente abstracta, aislada del tiempo y sus cambios y sin poner las políticas defensivas del régimen en el corazón del la ecuación, ni en el platillo de la balanza.
¿Quién, entre los amigos del levantamiento que hoy tiene miedo de su desarrollo, niega que el recurso de algunos a las armas y el pago desorbitado por ellas (la bala cuesta 180 libras sirias, imagina lo que vale un fusil o un revólver), es en defensa propia, y en defensa del honor, de los niños, de las mujeres y de los ancianos, y no para asesinar a los criminales de la Cuarta División y la Guardia Republicana? ¿Quién tiene el valor y se otorga a sí mismo el lujo de aconsejar a la gente que no se defiendan a sí mismos contra los crueles y salvajes bestias destructoras con otros medios que no sean los pechos desnudos, los lemas nacionales y los eslóganes pacíficos? ¿Quién es ese que olvida que esta opción no ha nacido al tiempo del estallido del levantamiento, sino que ha sido el resultado lógico de la brutalidad del régimen y su paso del (programático, organizado y planeado) promedio de 10 víctimas al día, a un promedio de 20, 30 o 40 llegando a superar las 100, 200 y 300?
¿Acaso desde el principio no pretendía el régimen empujar al levantamiento pacífico hacia alguna forma de militarización a modo de defensa en el nivel estratégico, y no táctico, y así demostrar su teoría sobre las “bandas armadas” y atemorizar a Occidente con las consecuencias del cambio democrático?
¿Es acaso la violencia contraria, incluso en el significado que adopta el luchador teórico como Franz Fanon[1] en el contexto de la guerra de liberación argelina, una opción unilateral a la que recurren los movimientos de resistencia popular directamente y no para establecer un equilibrio (militar, al igual que hacen con el político) con la mafia dictadora? Es cierto que desearíamos que el régimen no hubiera llegado a ese extremo de salvajismo en el uso de la violencia, y por tanto no haber obligado a algunos a tomar las armas en defensa propia, pero ¿cómo es posible que se lance a los ciudadanos sirios al mar atados de pies y manos y se les pida después que no se mojen? ¿Acaso al mojarse, como es lógico ya que poco pueden hacer para evitarlo, nadar supone un desvío de la ética?
Además de las cuestiones de la militarización y el armamento, muchos amigos del levantamiento plantean el problema de la división de la oposición siria en diversas agrupaciones, lo que indica que si se uniera el régimen se debilitaría más o se disiparían sus fuerzas, y que el levantamiento, por su parte, se haría más fuerte, se elevaría y progresaría en su programa político y de lucha. Ciertamente, según la simple lógica, la unidad es mejor que la división, pero ¿acaso la oposición o las oposiciones sirias han sido los iniciadores de dicho levantamiento como para ahora convertirse en quienes lo eleven? ¿Acaso los dirigentes del levantamiento efectivo son el Consejo Nacional Sirio (CNS) con sus ventajas y desventajas, ya en el nivel organizativo, ya a título personal, especialmente en lo que se refiere a las “estrellas” de los canales por satélite, los valientes de las peleas de gallos y los que se pavonean cual pavos reales?
La respuesta es negativa, naturalmente, pues la mayoría de los opositores se han apresurado a correr tras el levantamiento una vez iniciado. Así hay quien ha logrado alcanzarlo y se ha unido a él, de forma sincera o no, y quien ha tropezado, o se le ha cortado el camino y se ha quedado atrás. Sin embargo, se ha subido al carro de todos modos porque se ha negado a reconocer su incapacidad. Por otro lado, hay una cuestión a tener en cuenta:¿por qué es necesario que se una la oposición o las oposiciones en el sentido organizativo o institucional, de forma que coincidan sus métodos de trabajo, se asemejen sus opciones tácticas y se unifiquen sus posturas?
Deberían al menos estar de acuerdo, si son de verdaderos opositores claro, en la necesidad del cambio democrático, ya sea por medio del derrocamiento del régimen o su caída por sí mismo. ¿Cuál es la diferencia a fin de cuentas, entre un grupo opositor cercano a Turquía o EEUU o Francia o Gran Bretaña, y otra cercana a Irán, Rusia o China? ¿Cuándo ha tenido el acercamiento, por parte de ambos, algún efecto real y directo en la determinación del ritmo del movimiento popular, como cuando se manifestaron seis millones de sirios en un solo día no hace tanto? Aquí también se pide al levantamiento sirio que sea puro, limpio, claro y que diga a una sola, única y unificada voz, como si fuera un loro: “No a EEUU, no al Consejo de Seguridad, no a la protección árabe, no a Rusia y no a Irán”.
Ni que decir tiene que la sociedad no es así y que la política está bien lejos de tan falsa pureza. La pluralidad que distingue al movimiento popular da lugar, por su parte, a una amplia pluralidad en los objetivos, las visiones y los medios, y puede que los intereses se entrecrucen y que las creencias se opongan entre sí. Así es la vida y los protagonistas del levantamiento no son menos inteligentes que el régimen en la forma de absorber los acuerdos y desacuerdos e invertirlos de la mejor manera, como se demuestra sobre el terreno, y ello es lo más importante, en el marco de los ingentes sacrificios y de las víctimas que gotean por decenas a diario.
Las armas son un dilema, la militarización sectaria y los temores que se infunden en torno a la posibilidad de que se dé una guerra civil es otro dilema. Existe también un tercer dilema, que es la debilidad de las organizaciones que dicen ser los dirigentes. Por otro lado, poner las esperanzas en los enemigos del régimen hoy, sus amigos hasta ayer supone un cuarto dilema. Finalmente, la específica y delicada posición geoestratégica de Siria es el quinto dilema. Pero, ¿quién esperaba que un levantamiento en este país en concreto contra este régimen específicamente, en medio de todas estas dificultades iba a ir como la seda?
Queda por recordar que los que se concentraron frente a la embajada de Libia en Damasco[2], hace un año y medio, y después se manifestaron en el corazón de la mezquita de los Omeyas, antes de que Daraa construyera la revolución con la sangre de las primeras víctimas, y que continúan su victoria sobre la maquinaria del régimen a cada instante y no a cada hora, esos se levantaron antes de que se creara el CNS y antes de la sofistería de los “noes”[3] del Comité de Coordinación Nacional. También lo hicieron antes de que se mezclaran las oposiciones exteriores con su prolongación en las oposiciones interiores, y de que aumentaran el cacareo, el graznido y el balido sobre las “mediaciones” políticas, sobre la “reforma” del régimen sin derribar sus soportes, sobre las diferencias entre la “negociación” y el “diálogo”, sobre el “sectarismo” del Ejército Sirio Libre y sobre la protección de la “soberanía” del estado, que no son más que palabras que se lleva el viento a diario porque la sangre de las víctimas pesa mucho más y es un mensaje mucho más elocuente e influyente. Los amigos del levantamiento de Siria deben reflexionar sobre lo que queda para que sirva a los sirios sobre el terreno, en los países del entono, y a lo largo y ancho de la Tierra.
[1] Revolucionario filósofo francés que apoyo la revolución argelina (1925-1961)
[2] La primera concentración en Damasco fue a mediados de febrero en protesta por la represión de Gadafi en Libia
[3] "No a la intervención militar, no a la violencia y no al sectarismo".
Si la Iniciativa del Golfo, cocinada en Riad y apoyada por Washington, logró obligar al presidente yemení Ali Abdallah Saleh a marcharse a EEUU vía Omán, los que están detrás de la iniciativa de la Liga Árabe acordada por los ministros de Exteriores árabes anteayer de madrugada, son nacionales del Golfo en primera instancia y quieren para el presidente Bashar al-Asad el mismo final, tarde lo que tarde. Esto se debe a que dichas personas tienen dinero, mucho dinero, a que gozan del apoyo estadounidense y occidental en general, y a que, por encima de estas dos cosas, están viviendo protestas populares que exigen legítimas reformas democráticas.
El presidente Bashar al-Asad está prácticamente solo en su enfrentamiento con la Liga Árabe en la cual su país ya no tiene ningún papel destacado, ni tampoco la capacidad de participar en la toma de sus decisiones. De hecho, ya no es miembro de la misma. Pero más importante aún es que sus más destacados aliados del Golfo a los que su padre apoyo vehementemente para sacar las fuerzas iraquíes de Kuwait ahora quieren sacarlo a él del poder, después de dar un golpe en su contra, como ya hicieron con el ex presidente iraquí Saddam Hussein, cuando hubo terminado su misión de derrotar a Irán y minimizar la amenaza que suponía a sus regímenes.
Cuando decimos que el presidente sirio está solo, nos referimos a la neutralidad de la que hacen gala sus amigos del eje antiimperialista ante esta iniciativa árabe que le pide dimitir: Argelia se ha abstenido, Iraq también, quedando solo Líbano como país que se ha desmarcado totalmente de la misma. Los rusos, por su parte, que le han apoyado durante los últimos meses, que han llevado sus portaaviones y barcos a sus bases navales en Tartus y que han hecho uso del veto para evitar la imposición de sanciones contra Siria, parecen estar cambiando su opinión: ni han apoyado ni se han opuesto a la iniciativa árabe y se han limitado a filtrar unas declaraciones de un responsable llamado Mijail Margelov, un jurista y uno de los más cercanos al presidente Dimitri Medvedev, en las que dice que Rusia no puede hacer más por el presidente Al-Asad de lo que ha hecho.
Este cambio en la postura rusa puede deberse a la coincidencia entre la iniciativa de la Liga Árabe y las propuestas rusas que han sido discutidas durante los últimos tres meses: el traspaso del poder por parte del presidente Al-Asad a su vicepresidente Faruq al-Sharaa, la creación de un gobierno de unidad nacional que prepare el camino para la celebración de unas elecciones parlamentarias y presidenciales y la introducción de reformas políticas globales. Dichas propuestas se hicieron mientras el líder ruso Vladimir Putin lanzaba una “amenaza implícita” al presidente Al-Asad al decir: “O comienzas con reformas verdaderas, o te vas”.
El régimen sirio ha rechazado la última iniciativa de la Liga Árabe considerando que se trata de una violación de la soberanía y una injerencia en los asuntos internos sirios. Este rechazo nos recuerda al rechazo del presidente yemení Ali Abdallah Saleh, que después se convirtió en una aceptación sujeta a una serie de cambios. Cuando llegó la plena aceptación, tardó en firmar, todo ello solo para ganar tiempo. No descartamos que se repita el mismo escenario en Siria.
Está claro que este ataque árabe contra Siria, que coincidido con la marcha del presidente Saleh quiere decir que nos hemos deshecho del dictador yemení y ahora queremos centrar nuestros esfuerzos para cambiar al presidente sirio de la misma manera y así poder dedicarnos a otros regímenes, como tal vez el argelino.
Probablemente no soprenda que las presiones de la Liga Árabe sobre la cabeza visible del régimen sirio hayan coincidido con la decisión de los ministros de Exteriores de la Unión Europea de imponer un embargo total al petróleo iraní y con la entrada de un nuevos portaaviones estadounidenses en el Golfo árabe por el estrecho de Ormuz, provocando claramente a Irán, cuyos líderes se han visto humillados y han tenido que decir que no permitirán que ningún portaaviones vuelva a la zona. También se pide la cabeza del régimen iraní, incluso aunque llegara a olvidarse de sus pretensiones nucleares. Lo que le sucedió a Gadafi es una moraleja que no ha de olvidarse.
Es el momento del Golfo claramente, porque los tres centros árabes que conformaron la historia de la zona durante decenas de siglos están totalmente perdidos: Siria se enfrenta a una revolución popular, Iraq está destrozado y puede decirse de él que se trata de un estado cuasi-fallido, gobernado por una dictadura sectaria y que se encuentra entre los cinco países más corruptos del mundo. Finalmente, Egipto, la tercera punta de este triángulo está enfrascado en una difícil etapa de transición que lo ha apartado de todas las esferas de influencia en la zona.
La entrada de Arabia Saudí en el expediente sirio con fuerza, o la salida a la luz desu otrora secreto papel, supondrá necesariamente un fuerte dolor de cabeza para el presidente Al-Asad y su régimen. Además, no sabemos si su sorprendente entrada en escena es para limitar el papel catarí o si se ha hecho en coordinación con el país vecino. El emir Saúd al-Faisal sorprendió a todos cuando acaparó la atención de los focos, tras un largo silencio, para anunciar que retiraba a los observadores de su país la delegación árabe porque el régimen sirio no había cesado de matar a sus ciudadanos y que ellos, es decir, los observadores saudíes, no podías ser “falsos testigos”. Lo más peligroso es que el emir saudí se ha precipitado a reunirse con el doctor Burhan Ghalioun, presidente del CNS, en un poco frecuente y rápido reconocimiento del Consejo, algo inusual en lo que al gobierno saudí se refiere, ya que no reconoció el Consejo Libio de Transición incluso tras la caída de Gadafi, al que guarda un absoluto odio por razones por todos conocidas.
El papel saudí para derrocar al presidente Bashar al-Asad puede ser determinante porque Arabia Saudí goza de una fuerte influencia en Líbano y dentro de Siria y más de 500 mil millones de renta de petróleo anual. Además, el reino se presenta a sí mismo como el líder de la secta suní y ocupa una posición destacada como el mayor aliado de Washington en la zona.
Han pasado diez meses desde que se inició el levantamiento en Siria y el régimen de Damasco no ha presentado ninguna iniciativa verdadera de reforma que sirva de alternativa a las soluciones apoyadas en los servicios de seguridad. ¿Qué daño le habría hecho detener la cruenta maquinaria de la muerte a tiempo, poner a todos sus símbolos a disposición de los tribunales, e invitar a la noble oposición siria a formar un gobierno de unidad nacional, convocar elecciones parlamentarias y presidenciales como en otros países árabes, o crear un nuevo gobierno con personas que no sean las de siempre que solo sirven para hacer la pelota al gobernante y elogiar sus defectos como si de auténticas virtudes se tratara?
"Zona militar:
Prohibido acercarse o hacer fotos"
Es cierto que el informe del presidente de la delegación de los observadores árabes ha alabado la colaboración del régimen sirio y ha hablado de violencia y asesinatos por parte de ambos bandos, asegurando que los asesinatos descendieron con su llegada y que el régimen retiró sus aparatos militares de las ciudades, pero que también hay bandas armadas y soldados desertores que matan. Lo cierto es que todos estos pasos y esta buena disposición han llegado muy tarde desgraciadamente. Ir al Consejo de Seguridad a internacionalizar el expediente sirio no será una medida efectiva porque igual que el veto estadounidense está al acecho de cualquier proyecto de resolución árabe de condena a Israel, el veto ruso y el chino están también para evitar cualquier intervención internacional en Siria. Los chinos y los rusos no morderán de nuevo el anzuelo después de la trampa mortal en la que cayeron en Libia.
No sabemos cuál será el siguiente paso del régimen, pero lo que sabemos es que el cerco se cierra sobre el régimen y sus aliados iraníes y que puede necesitar un milagro para salvarse en un tiempo en que los milagros se han extinguido. Seguir optando por el empleo de la fuerza es un suicidio y someterse a las presiones árabes una humillación, al menos según su diccionario.
Y esto significa que estamos ante un callejón sin salida al menos a corto plazo. Puede que sirva de algo recordar que el señor Abd al-Rabbihi Mansur Hadi, vicepresidente yemení no está supervisando la transición en Yemen, sino que es candidato de consenso para las elecciones presidenciales. ¿Podemos imaginar a Faruq al-Sharaa, el vicepresidente sirio, jugar el mismo papel siendo oriundo de Daraa donde prendió la llama del levantamiento?
Hay quien habla de lanzarse a la desesperada, es decir, de una guerra con Israel, que dé la vuelta a todos los equilibrios en la zona, o una guerra irano-estadounidense o irano-israelí en el Golfo que haga lo mismo, pero lo más probable en caso de no darse ninguna de las anteriores posibilidades, es que Siria se deslice hacia una cruenta guerra civil, especialmente cuando las deserciones están creciendo y la revolución civil se está convirtiendo a gran velocidad en un golpe militar.
Los sirios están solos, así ha sido, así es y así seguirá siendo. Las palabras consagradas a pedir una intervención exterior o a justificarla han caído por su propio peso: el régimen es el único que recibe apoyo exterior, que hace venir a la flota rusa y que saca fuerzas de las armas importadas de Moscú y su aliado iraní. En cambio, los jóvenes sirios, cuya sangre cubre el cielo, están solos. Solos se manifiestan y solos mueren., solos construyen esperanzas y solos caen en la desesperación. Ellos solos, con sus lemas, sus canciones, su resistencia y su heroísmo, están escribiendo la página del mayor amanecer de la historia de su país y de los árabes. Solos, abandonados a su destino, ni EEUU hará nada por ellos ni los árabes de ese país quieren hacerlo ni pueden.
Están solos porque llamaron a la puerta de lo imposible, considerando que el corazón de los árabes debía volver a latir, y se encontraron de bruces con un tremendamente violento aparato militar fascista que se ensañó en matarlos mientras el mundo observaba. Los observadores no han sido más que el resultado de la miseria árabe, que ha convertido al mundo árabe en el campo en el que juegan las potencias regionales y extranjeras. La Liga Árabe dice lo que no hace y cubre los desgarrones de su incapacidad con palabras, sin medios efectivos para ejercer presión y detener la masacre.
En cuanto al mundo occidental, si hemos vivido décadas de complicidad con el dictador, al que intentó reconocer como hijo tras la caída de Ben Alí, un Occidente a quien no le interesaba de la revolución egipcia más que apoyar un golpe militar que garantizara el mantenimiento del tratado de Camp David, y un Occidente cuyos aviones participaron en el derrocamiento de Gaddafi en su aspiración al paraíso del petróleo, ese mismo Occidente se mantiene dubitativo ante la revolución siria, algo de lo que estábamos convencidos desde el principio. Esto se debe a que EEUU no quiere más que garantizar los intereses de Israel, unos intereses que residen en la debilidad de Siria como nación hasta dejarla exhausta, de forma que su dictador sea una mera marioneta sin poder alguno de decisión.
Las discusiones en las que se han enfrascado los intelectuales sirios fueron ilusiones. Cada palabra sobre la intervención extranjera ha sido en vano. La diferencia no está entre quien quiere una intervención que no sucederá y quien no la quiere, esas son disputas imaginarias: la pregunta es cómo puede salir victoriosa la revolución siria.
Diez meses después de su estallido, la revolución siria se encuentra amenazada. Se han perdido mucho tiempo y esfuerzos en pos de alianzas árabes y extranjeras, y lo óptimo habría sido invertir dichos esfuerzos en construir instituciones revolucionarias, para que el pueblo logre su objetivo de derrocar al régimen. Esa y solo esa es la pregunta: cómo puede resultar victoriosa la revolución.
La pregunta parte de una realidad que ya es hora de que todo el mundo comprenda: el pueblo sirio está solo en su enfrentamiento con el aparato de represión. Es de esta realidad de la que hay que partir. De hecho, se trata de algo que la realidad misma puso de manifiesto desde los primeros días de la más grande revolución de la historia contemporánea de los árabes: el enfrentamiento entre un pueblo desarmado y un régimen fascista, que ha erigido un aparato militar aterrador que se mantiene a la espera de la derrota final el pueblo.
El presidente sirio fue claro en sus últimos dos discursos, donde anunció con toda claridad, sin ambigüedades, que había decidió vencer sobre el pueblo. Se agrupó a la gente al estilo baasista para que el presidente apareciera entre ellos y lanzara un discurso en el que dijo que les vencería y que nadie le importaba. Dijo al mundo entero que vencería a su pueblo, valiéndose de palabras ambiguas en lo que a las reformas se refería, amenazando con todo, pero no cediendo en nada, y manteniéndose bien sujeto al fusil para dejar claro que no daría marcha atrás en su decisión de zanjar el asunto.
El juego del régimen ha quedado claro, se trata de empujar a la revolución hacia una solución militar, escenario en el que el hijo podrá recuperar las “glorias” del padre, convirtiendo toda Siria en una nueva Hama. Este es el peligro del que todos han de ser conscientes. El régimen puede refugiarse en la solución militar ocupando ciudades y pueblos.
Pero el juego de la solución militar, a pesar de lo evidente y claro del peligro que conlleva, ya no asusta a los sirios porque tienen un ejército paralelo que puede resistir ante el ejército del régimen. Más aún, no temen porque poseen algo ante lo que ningún ejército puede vencer: la voluntad y la unidad.
La coordinación entre el Ejército Sirio Libre y el consejo Nacional no será el factor que incline la balanza (a favor del pueblo), a pesar de lo necesario de tal coordinación, tampoco la hasta ahora infructífera búsqueda de denominadores comunes entre las filas de la oposición será la solución, aunque estos esfuerzos han de continuar. La respuesta está en los logros populares en Homs, Idleb, Deir Ezzor, los alrededores de damasco, Hama, el barrio del Midan o los estudiantes de Alepo. La respuesta está la decisión de que no hay vuelta atrás y de que ninguna fuerza militar en el mundo, por potente que sea, puede reprimir la voluntad de un pueblo que ha decidido luchar hasta el final. La respuesta está en los comités locales de la revolución, que se levantan tras cada campaña de detenciones y asesinatos, y en la valentía de la gente mientras miran por encima del hombro a la humillación sin miedo. La solución está en las manos levantadas, los pies que pisan con fuerza la tierra y las lágrimas que se han teñido de sangre.
La respuesta era, es y seguirá siendo siria, La lucha es larga, la revolución siria es la más difícil, más radical y más costosa. No veremos aquí un ejército que se mantendrá neutral como en Túnez, tampoco veremos un ejército que se capturará la revolución en una especie de golpe como en Egipto, ni aviones de la OTAN, que destruyeron (el país) más que protegieron a los civiles como en Libia. En Siria hay una larga lucha inserta en un contexto complicado y que conlleva un elevado coste y enormes sacrificios. La revolución no puede ser derrotada o retroceder, su única opción es continuar hasta derrocar al régimen. Los sirios están solos y saben que su misión es de máxima importancia, porque el destino de su revolución determinará el futuro de su país y el futuro de los árabes.
Este texto es una reflexión del autor sobre las revoluciones árabes en general en la que nuevamente considera que Egipto y Siria son el corazón del mundo árabe y cuya liberación es conditio sine qua non para que la primavera árabe triunfe.
Un amplio sector de los intelectuales y los que les imitan se ha visto sorprendido por lo que se conoce como la “primavera árabe”, pues el proceso histórico que comenzó en Túnez, se ha adentrado en caminos serpenteantes y se reinventa continuamente.
El régimen dictatorial egipcio aún no ha caído y el despertar de los jóvenes de la plaza de Tahrir en su segunda revolución es un claro indicio de que el camino de la revolución no terminó el 11 de febrero. Más bien, la fecha de la caída de Mubarak y su familia gobernante fue un punto de inflexión en una revolución que continuará durante un largo período de tiempo hasta que construya su nueva sociedad democrática.
El régimen hereditario sirio no ha caído aún tras nueve meses del heroico levantamiento y del derramamiento de sangre que cubre ciudades y aldeas. El camino de la revolución siria no se parece al que han seguido las revoluciones árabes más que en su noble objetivo, ya que es un camino en el que se entrometen distintos aparatos de represión y alianzas regionales e internacionales que solo buscan alargar la vida de un régimen que ya no es posible salvar.
La escena democrática tunecina indica una cierta estabilidad, pero aún es pronto para contestar a los difíciles interrogantes que ha dejado abiertos la revolución, como la relación entre el ejército y el poder civil y el significado del predominio de Al-Nahda en una sociedad civil con un legado laico.
En cuanto a la Libia post dictadura, todo es muy confuso y se plantean interrogantes sobre la relación entre el Estado central y las diferentes regiones o el significado del discurso islámico del que ha hecho gala el consejo Nacional de Transición, por no hablar del la gran duda que plantea el papel de la OTAN y sus agentes en los regímenes del Golfo, que no pueden enseñar a los libios el camino hacia una democracia inexistente en los emiratos y reinos del petróleo.
No debemos olvidar la poca claridad con la que se ha procedido al acuerdo yemení bajo patrocinio del rey saudí y el aplastamiento de la movilización bahreiní por medio de la Fuerza del Escudo de la Península. Tampoco debemos olvidar lo abstruso de la situación libanesa, que parece al borde de un enfrentamiento sectario en el marco del enfrentamiento regional saudí-iraní ahora que el régimen sirio ha dejado de ser un jugador para convertirse en el campo de juego.
Entre todos los interrogantes planteados, destaca la pregunta de por qué el liderazgo en el caso sirio ha sido delegado a la Liga Árabe, un liderazgo que se le ha otorgado después de que el Consejo de Cooperación del Golfo jugara su papel en Yemen y después de que el Consejo de Seguridad fuera incapaz de evitar el veto ruso.
La cuestión del liderazgo del Golfo es sin duda la más destacada y la que más intriga al observador porque parece un intento de situar a la primavera árabe en la lucha regional contra la influencia iraní, tomando una forma que parece insinuar que Occidente, con EEUU a la cabeza, está detrás de dicha primavera, hasta el punto de que algunos han llegado a decir que se trata de una conspiración americana.
Estas cuestiones son resultado de una situación compleja que tiene dos características fundamentales:
La primera es la erupción espontánea de las revoluciones árabes. Estas revoluciones comenzaron sin ningún plan preestablecido y, en ellas, el pueblo rompió el miedo y fue descubriendo su fuerza de manera gradual. Cuando decimos eso, queremos decir que las revoluciones nacieron sin liderazgo ni vanguardias revolucionarias organizadas. La opinión mayoritaria es que tal cualidad de espontaneidad refleja la crisis de la intelligentsia árabe, que no ha podido materializar su proyecto alternativo tras la derrota de junio de 1967 y ha entrado en múltiples discusiones sin llegar a proponer ningún proyecto político nuevo. De hecho, algunos sectores de este grupo se pusieron de parte del dictador con el pretexto de estar luchando contra los islamistas en el ambiente de represión salvaje al que las oposiciones árabes se han visto expuestas.
Esta ausencia de una vanguardia y un proyecto claros son dos características relacionadas con la erupción espontánea de las revueltas, pero tal espontaneidad, que ha sorprendido a todos, ha comenzado, especialmente con el inicio de la segunda revolución de Tahrir, a adoptar características más maduras y a hacer demandas más claras. Las revueltas han entrado en el campo de la batalla política para limpiarlo del lenguaje vacío y seco que ha dominado el discurso de la Cúpula Militar y sus dos grandes aliados: los Hermanos Musulmanes y el Wafd.
La segunda característica de las revoluciones árabes es la incapacidad de EEUU y sus aliados occidentales de enfrentarse a la oleada popular, algo que quedó claro con las posturas que adoptó ante las revoluciones tunecina y egipcia. Tras perder toda esperanza en la posibilidad de salvar a Hosni Mubarak, los estadounidenses decidieron apoyarse en su alianza con el ejército como solución que parecía dar la victoria a la revolución, pero que, en esencia, suponía que el ejército recuperase el poder por medio de una contra-revolución.
Partiendo de esas dos características es como debemos interpretar el papel jugado por Catar y Arabia Saudí, sin olvidar, claro está, la ardiente lucha regional, con claros tintes sectarios, en la que Arabia Saudí está enfrascada con Irán en un momento en que EEUU está a punto de retirarse de Iraq.
Este análisis no significa que las revoluciones, especialmente en Egipto y Siria, deban retroceder o detenerse con el pretexto de que la regresión árabe y el colonialismo las utilizan, ya que esta utilización solo es posible en un único caso: el triunfo de la contra-revolución. Pero si las revoluciones árabes en los centros egipcio y sirio logran derrotar a la contra-revolución y comenzar a construir una sociedad civil democrática, ello conformará el inicio de una nueva etapa que supere esta polarización impuesta por la falta de un centro árabe que sirva de contrapeso al centro del Golfo.
Las revueltas árabes nacieron de una necesidad imperiosa de cambio y son revoluciones que construyen sus liderazgos políticos e intelectuales a lo largo del propio proceso revolucionario. Esto es algo insólito en la zona y quizá en el mundo. No hay un modelo que pueda imitarse, sino que han de adentrarse en el fango de la historia porque, quizá, la primera lección que hemos aprendido es que la revolución no algo momentáneo, sino un largo proceso. Es esto último lo que la diferencia de un golpe militar, golpes a los que la memoria política árabe está acostumbrada.
El camino exige fundar una nueva cultura política que se aleje de los aires de grandeza de las vanguardias y se fundamente en la modestia, la solidez y la identificación con las plazas y calles de la revolución. La sangre de Ghiath Matar[1], Mina Daniel[2] y sus compañeros son las señas y la brújula a seguir.
Esta fundación no significa dejar para más adelante las difíciles cuestiones antes mencionadas ni ignorarlas, sino que debemos buscar las respuestas en el campo de batalla con un único objetivo: hacer desaparecer la pesadilla de los regímenes dictatoriales como condición necesaria para la construcción de un nuevo horizonte árabe.
[1] Joven de Dariya, en las afueras de damasco, que fue un firme defensor de la resistencia pacífica al régimen y fue asesinado.
[2ِ] Activista egipcio asesinado por las fuerzas de seguridad egipcias.