Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
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viernes, 31 de mayo de 2019

Oliver Atom o el "líder padre"

Texto original: Al-Hayat
Autor: Roger Asfar
Fecha: 15/05/2018

Anoche se celebró la gala de entrega en diferentes categorías del Premio Samir Kassir a la Libertad de Prensa en Líbano. Roger, un buen amigo, ganó el premio al mejor artículo de opinión con este texto, agradeciendo, en su discurso,a la revolución siria la inspiración, y recordando que, "a fin de cuentas, nosotros permaneceremos y él caerá". En homenaje a Roger, hemos decidido publicar la traducción del texto.



Cuando Asad, sin su cachorro, era “nuestro héroe” secreto también.

Hubo una época en que los personajes principales de los programas infantiles eran los héroes de muchos niños sirios: Oliver Atom, de la serie “Campeones”; Ícaro, de “Goleadores”, el pescador Sanpei; y Mowgli, el niño de la selva. No resultaba sencillo escoger a tu héroe particular de entre los dibujos animados que se emitían en Siria, pues muchas de las series parecían inspiradas en alguna novela trágica del ruso Máximo Gorki, en la que un niño deambulaba buscando a su familia perdida o una niña se quedaba huérfana y, sumida en la pobreza, se convertía en blanco de los abusos de la directora del colegio.

Los héroes de las historias que habían hecho las delicias de nuestras abuelas jugaron también un papel clave en el la conformación de la imaginación y el disfrute de los niños: el sabio Hasan, Antara ben Haddad, etc. Sin embargo, y a pesar de que ocupaban un lugar destacado en la educación de esos niños, los “héroes” religiosos, como los profetas, se perfilaban como seres al margen de la realidad, por lo que, tal vez, se situaban en una posición por encima de los héroes.

Por otra parte, en la vida real, lejos de los dibujos y los personajes imaginarios y sagrados, antes de esta era nuestra de las redes sociales, nuestras opciones, como niños en Siria, eran bastante poco variadas, pues la imagen del presidente luchador estaba en todas partes: en clase sobre la pizarra, en la calle, en los edificios gubernamentales, en tu casa entre tus libros y cuadernos escolares… No había escapatoria. Era el héroe que se te imponía por artículo 33. Poco después, se colaron en el imaginario de aquellos que nacimos a finales de los setenta y principios de los ochenta del siglo pasado las imágenes de Basel, el hijo del líder luchador, que nos miraba desde lo alto, a lomos de su caballo o con sus solemnes gafas de sol de tipo Ray-Ban y su atuendo militar moteado, muy distinto de la ropa arrugada de los soldados que veíamos a pie de carretera.

Mi tío materno, que era un obseso de la música y tenía una personalidad misteriosa a la par que cariñosa, tenía relación con Basel, al que se le añadía por aquel entonces el artículo determinado, que lo convertía, por el significado de su nombre en “El Valiente” (Al-Basel). Mi tío no dejaba de alabar su personalidad en casa, mientras que, en la escuela, en las clases de plástica, era habitual la tarea de dibujar al Líder y a Basel. Ha de reconocérsele al régimen del líder luchador que no nos reprendiera por deformar su aspecto en nuestros intentos, cargados de buena intención, de dibujarlo. Aún hoy recuerdo la letra y melodía de las canciones que llevo quince años sin escuchar, como si las hubiera escuchado ayer mismo: “Abu Basel (el padre de Basel) es nuestro líder, oh tú con tu frente alta, mantienes en paz y proteges nuestro país de los peligros de la noche”. Ahora bien, puedo decir con orgullo que mis intentos artísticos eran muy limitados, pues solían estrellarse al intentar dibujar la frente alta [1]. Digamos que las gafas Ray-Ban y el traje moteado eran más sencillos.

Basel “cayó mártir” en un accidente que conmovió a muchos. Creo que mi tío lloró mucho, mientras que nosotros, naturalmente, nos alegramos por no tener clase durante varios días de forma inesperada, aunque nos prohibieron cualquier expresión de alegría infantil. En el patio del colegio, entonamos melodías populares mientras nuestros dos compañeros, Basel y Bashar, se subían cada uno a hombros de otro compañero y lanzaban vítores, que repetimos con ellos: “No sufras, no dudes: Basel se ha marchado, pero aquí llega Bashar”. Apenas habían pasado tres días del “martirio” de Basel, y estábamos en cuatro de primaria.

Unas semanas después, se plantó un pequeño olivo en un rincón ciudadosamente preparado para ello, a cuyo lado se colocó una losa de mármol con la siguiente expresión: “El árbol de la eternidad del mártir Basel”.

Un tiempo después, durante un campamento de scouts en un pueblo cercano de Wadi al-Nasara (Valle de los Cristianos), fuimos a jugar al patio de la escuela pública y allí, como siempre, había una placa con la fecha de inauguración de la escuela y una alababa a semejante don del líder padre. Como de costumbre, en la placa se había incluido un perfil de metal en relieve del busto del líder padre, siempre omnipresente. No sé qué me empujó a destapar el marcador y dibujar una marca roja en el ojo del líder eterno… Tal vez fuera un intento de romper la dictadura del color gris en la cabeza que ya acusaba el paso del tiempo en el patio de la escuela. Volvimos a nuestro campamento base después de un largo día de salida por el valle. Al día siguiente, mi monitor me llamó temblando: “¿Qué has hecho?” Se me había olvidado por completo, y me lo tuvo que recordar: no supe cómo justificarlo.

En tercero de secundaria, mis profesores se dieron cuenta de que tenía una excelente dicción, por lo que siempre me encomendaban la tarea de escribir los discursos y leerlos en las festividades o conmemoraciones nacionales frente a los estudiantes de secundaria y bachillerato. Dichas festividades eran los aniversarios del “bendito Movimiento Correctivo”[2], “la guerra de liberación de octubre”[3], “el nacimiento del colosal partido”[4], etc. Solía leer el discurso subido a una especie de plataforma elevada sobre los estudiantes en una plaza a medio camino entre la arquidiócesis y la iglesia. Mientras yo leía desde la sombra, los demás estaban al sol, entre ellos, mi hermano mayor y sus amigos. Era habitual que los estudiantes me interrumpieran, cada vez que se mencionaba el nombre del líder eterno, con aplausos y vítores. Mi hermano y sus amigos, por diversión y ganas de armar barullo, me interrumpían prácticamente cada diez segundos, aunque no hubiera mencionado las palabras mágicas, gritando: “Sacrificamos nuestra sangre y nuestra vida por ti, Hafez; Hafez al-Asad es el símbolo de la revolución árabe”. Sabían que ningún profesor ni miembro de la dirección, ni siquiera el sacerdote encargado, se atreverían a reprenderlos.

Por mi parte, no tenía otra forma de vengarme más que alargando mi discurso todo lo posible con alabanzas al líder padre luchador y la enumeración de sus proezas y bondades para mantenerlos al sol el mayor tiempo posible.

Tres años después de ese campamento, fuimos a otro. Pasamos la noche en vela conversando sobre quién era el ejemplo a seguir de cada uno de nosotros y por qué. Cuando llegó mi turno, dudé unos instantes antes de decir: “Hafez al-Asad”. Justifiqué mi respuesta haciendo alusión al libro de Patrick Seale sobre la vida del líder luchador: cómo había salido de un entorno modesto en el que se privó de muchas cosas para llegar a lo más alto de la pirámide del poder en el país… Estaba de veras maravillado por él y era mi héroe, aun cuando tenía una vaga idea entonces de su “otra cara”.

Hafez al-Asad, y a veces Basel y Bashar, eran, consciente o inconscientemente, los héroes de muchos de nosotros, lo entendiéramos o no. Miro hoy a mi alrededor y observo a la mayoría de opositores al régimen sirio: instituciones y organismos de la oposición política, facciones y milicias militares opositoras, con toda su diversidad, las muchas –montones- de organizaciones e instituciones de “la sociedad civil” siria y nuestros comportamiento en las redes sociales… ¿Después de 7 años, se han creado o generado modelos de autoridad, gestión o trato distintos del asadiano baazista?

Aguerridos opositores que se vuelven asadistas en cuanto se menciona al otro, ya sea representante de un país como Líbano, por ejemplo, o de una etnia, como sus conciudadanos kurdos. Directores de organizaciones civiles que hablan en nombre de la revolución y no saben hacer otra cosa que sembrar ojos y oídos por todas partes para redactar informes, discriminar, provocar y exigir lealtades personales… Y muchas otras cosas que es mejor no mencionar.

Tanto Asad padre como sus hijos eran nuestros héroes, y parece que lo seguirán siendo –por mucho que nos empeñemos en negarlo y nos avergüence– hasta que llegue un día en que el cachorro que todos llevamos dentro salga de nuestro interior y entonces, solo entonces, nos liberemos de la carga de nuestros héroes.

[1] Puede tratarse de un chiste con la prominente frente de Hafez al-Asad y el tamaño desproporcionado de su cabeza
[2] Llegada de Hafez al-Asad al poder para “corregir” la deriva demasiado hacia la izquierda y pro-palestina del liderazgo anterior del Baaz.
[3] También conocida como guerra de Yom Kippur, contra Israel, en 1973.
[4] El Baaz se fundó 7 de abril de 1947. 


miércoles, 10 de julio de 2013

Carta a los líderes de opinión en Occidente

A continuación reproducimos la carta de Yassin Al Haj Saleh publicada en castellano originalmente en la edición digital del diario El Mundo, redactada el 28 de junio en la provincia de Damasco y aparecida en árabe en Al-Jumhuriyya con fecha 7 de julio tras publicarse varias traducciones a diversas lenguas.

Accediendo a la petición del autor, le damos la máxima difusión:



"Queridos amigos:

Hace unos tres meses me dirigí a la zona liberada de Al-Ghouta oriental, dejando atrás la capital, Damasco, donde la vida se había vuelto asfixiante. Fueron necesarias varias semanas y una minuciosa preparación para que pudieran sacarme con éxito de una ciudad dividida por cientos de controles y barreras, y que Bashar Asad quiere conservar como centro del poder que heredó de su padre a principios de este siglo. 

En Al-Ghouta oriental viven hoy cerca de un millón de personas, cuando antes de la revolución sus habitantes alcanzaban los dos millones. Durante los últimos tres meses ha pasado de ser el foco de partida de la revolución armada hacia la capital a ser una zona cercada por todas partes gracias al apoyo que ha recibido el régimen de las potencias internacionales radicales como Rusia e Irán, y de las milicias libanesas e iraquíes relacionadas con la última.

Durante ese tiempo, he sido testigo de la flagrante escasez de armas y municiones, e incluso de la falta de alimentos entre los combatientes. Muchos de los que se encuentran en el frente apenas comen dos platos al día, y si no se tratara de combatientes procedentes de la zona, que defienden sus pueblos y familias, y que viven de lo que viven los demás, la situación sería mucho peor.

Las ciudades y municipios por los que he pasado y en los que he vivido en estos meses son bombardeados a diario de forma indiscriminada con aviones, artillería, misiles y proyectiles, y cada día caen víctimas que son civiles en su mayoría. He estado durante un mes en un punto de defensa civil desde donde he podido ver a todos los que morían. Algunos se convertían en un montón de miembros y vísceras imposibles de distinguir, otros eran niños, y entre las víctimas estaba también un feto en el sexto mes de gestación, que su madre había perdido aterrorizada por lo cerca que estaban los bombardeos de su casa.

No ha pasado un solo día durante estos meses sin que haya habido víctimas, dos o tres generalmente, pero hubo nueve un día, 28 otro y 11 un tercer día. El número aumenta últimamente, y pocas veces se queda por debajo de la media docena diaria. Entre las víctimas, recientemente ha habido otro feto, cuyos rasgos ya se habían dibujado, y del cual se dice que estaba también en el sexto mes de gestación y que perdió otra madre asustada.

Además de los civiles, cada día caen muchos combatientes jóvenes alcanzados por las armas de una fuerza salvaje superior militarmente, y que además cuenta con un mayor apoyo.

Toda la zona está sin electricidad desde hace ocho meses, por lo que la gente ha tenido que recurrir a generadores, que fallan continuamente y que precisan de combustible cada vez de forma más acuciante debido al bloqueo impuesto. Ello implica que no se puede refrigerar ni conservar la comida en verano en una zona extremadamente calurosa. Las líneas móviles y de teléfono están cortadas también y desde hace unas semanas escasea la harina.

Durante unas dos semanas apenas hemos podido conseguir pan y nos apañamos con sémola de trigo y arroz, y generalmente comprando comida preparada de los pocos restaurantes que quedan. Yo personalmente tengo suficiente ya con dos platos. Pero de forma temporal, pues ya he perdido unos 10 kilos.

Nos comunicamos por medio de las redes por satélite que nos llegan de contrabando con muchas dificultades y que usamos para hacer llegar información y noticias a otros sirios y al mundo. Pero esto sólo lo pueden hacer unos pocos. Hace unos días, cayó un proyectil muy cerca de donde nos encontramos, e internet quedó cortado un tiempo. Podría haber pasado lo peor: el proyectil podría haber caído sobre nuestro tejado y haber destruido los esfuerzos de dos meses para asegurar el aparato.

Lo peor con diferencia, no obstante, sucede cada día con el creciente número de víctimas que son enterradas a toda prisa, acompañados por un mínimo grupo de personas, que se apresuran por miedo a que les caiga un proyectil encima. Eso ya ha pasado y de hecho, una vez fui testigo de cómo se enterraba al fallecido menos de una hora después de caer, sin que su mujer e hijos pudieran verlo por última vez. Su cuerpo estaba destrozado y había perdido partes del mismo. Los de mayor edad de la familia consideraron que no era la mejor imagen para permanecer en la memoria.

Nosotros, yo y unos amigos y amigas, seguimos vivos. En Damasco estábamos amenazados por la posibilidad de detención y tortura salvaje, de la que quizá no saliéramos con vida. Aquí estamos seguros en ese sentido, pero nada nos garantiza que un proyectil no caiga sobre nosotros en cualquier momento.

Compartimos con cerca de un millón de personas el hecho de que nuestro destino se nos ha escapado de las manos por completo y de que se ha abierto el abismo de las peores posibilidades. Cada vez que llego a la puerta de casa, siento que me he salvado de morir alcanzado por un proyectil o por fragmentos del mismo. Pero sigue siendo posible que la muerte llegue por la ventana o por la puerta.

Hoy, 28 de junio, han caído tres proyectiles entre las 12:00 y las 12:30 del mediodía en un lugar cercano a donde estamos, casi a la hora de la oración del viernes para los musulmanes creyentes. Entre lo que más me llamó la atención en los primeros días aquí fue que una semana la llamada a la oración del viernes se produjo a eso de las 9:30 de la mañana; es decir, tres horas antes de lo habitual. A esa mezquita, le siguieron otras con un intervalo de media hora entre cada una.

Cuando pregunté el porqué me dieron una explicación sorprendente: la idea era evitar que un gran número de fieles se concentraran en las mezquitas de la ciudad en un momento concreto, y no dar así oportunidad al régimen de provocar un mayor número de víctimas, como ya había sucedido. En la ciudad en la que me encontraba, cinco mezquitas habían sido destruidas.

Es mucho más doloroso que un tercio de los niños no puedan ir aquí a las escuelas, porque sus familias tienen miedo y porque no hay escuelas cercanas. Las pocas que siguen funcionando lo hacen en sótanos bajo tierra para evitar los bombardeos, pero con eso evitan que los niños jueguen y corran al aire libre. Los hospitales también están bajo tierra.

La gente aquí libra su lucha con una sonrisa, pues saben que una terrible masacre les espera si el régimen logra dominar la zona de nuevo. Quien no sea asesinado en el acto, será detenido y sometido a una tortura extremadamente salvaje. Las opciones de los habitantes se reducen: morir resistiendo la agresión fascista del régimen criminal o morir a manos del régimen mismo de la forma más horrible si dejan de resistir. Las almas de la gente se estremecen y mi propia alma se estremece en lo más profundo ante la idea de que este mismo régimen nos gobierne de nuevo. Imagino lo peor si dejan de resistir. 

Durante los seis largos meses que la revolución siria fue pacífica, la política de las potencias influyentes en el mundo fue dejar que los sirios fueran asesinados con un promedio diario creciente, y garantizar al régimen que podía hacer todo lo que quisiera con total impunidad.

Esto recuerda al comportamiento de las democracias occidentales frente a Hitler poco antes de la Segunda Guerra Mundial. La situación actual es resultado directo de que dichas potencias se hayan abstenido de apoyar a los revolucionarios sirios, no sólo mientras las potencias que apoyan al régimen no dejaban de proporcionarle armas, dinero y hombres, sino también mientras aumentaban ese apoyo e intervenían pública y directamente.

Finalmente, cuando el mundo entero supo que el régimen de la dinastía asadiana había utilizado armas químicas -algo que yo mismo pude constatar hace dos meses, como también otros amigos basándose en su propia experiencia-, y después de que se asegurara que el uso de armas aéreas y misiles de largo alcance contra las ciudades y barrios residenciales no tendría que enfrentarse más que a voces cada vez más tenues, tras todo eso, las potencias occidentales decidieron apoyar a los revolucionarios sirios con armas, cuyo objetivo no iba más allá del hecho de devolver el equilibrio que facilitó que la balanza se inclinara a favor del régimen.

No hay dos males iguales en Siria. La recuperación del equilibrio significa prolongar la lucha siria para que ambas partes pierdan, algo de lo que ya existen precedentes en la historia de las democracias occidentales, mientras que lo que se exige es algo que garantice el derrocamiento del régimen o, al menos, que se obligue a sus aliados a rectificar en su apoyo a la guerra criminal abierta.

Esta política no es sólo corta de miras, y no sólo llevará a la prolongación de la lucha, sino que también es inhumana en su máxima expresión. No hay dos males iguales en Siria, como lo pintan por desgracia muchos medios de comunicación occidentales, y al contrario de lo que dicen los informes de Naciones Unidas y las organizaciones internacionales, aunque la lucha en Siria no sea entre ángeles y demonios.

Hay un régimen despótico fascista que ha matado a cerca de 100.000 revolucionarios a los que gobernaba y hay un sector variado que se ha rebelado contra él, partes del cual se han radicalizado debido a la prolongación y crueldad de la lucha. Esta radicalización es cada vez más difícil de combatir para la sociedad siria. Cuanto más se abandone a los sirios a su suerte, más probable será que aumente el extremismo como el de estos grupos radicales y que se debiliten la lógica de la moderación y el racionalismo.

Por propia experiencia sobre el terreno, esto es lo que está pasando. Cuando caían nuevas víctimas, especialmente niños, me llegaban miradas interrogantes por parte de los imanes de los organismos de protección civil, que se preguntaban por el valor y utilidad de las palabras calmadas "racionales" que suelo emitir.

Sólo hay una cosa correcta hoy desde el punto de vista del interés general de los sirios y desde el punto de vista humanitario, que es ayudar a la sociedad a deshacerse del Gobierno de la dinastía asadiana, que se comporta como si fuera dueño del país. Como si los sirios fueran siervos suyos. Todo será difícil en Siria tras el asadismo, pero deshacerse del criminal incitará a la gente a interactuar de forma más moderada en la sociedad siria y a que los sirios se planten delante de los más radicales.

Mucho peor sin lugar a dudas es prolongar la lucha y su coste humano y material, como también es peor quedarse mirando cómo el pueblo sirio es asesinado con las armas de Rusia y a manos de asesinos locales, libaneses, iraquíes y de otras nacionalidades. Del mismo modo, es peor imponer un acuerdo que no castigue a los criminales y que no trate con seriedad los problemas del país.

En ocasiones oímos de los políticos estadounidenses y occidentales que no hay solución militar a la lucha siria, pero ¿dónde está la solución política? ¿Cuándo ha dicho Bashar Asad, tras cerca de 28 meses de revolución y 100.000 muertos, que está dispuesto de veras a entrar en negociaciones serias con la oposición y a repartir el poder? ¿En qué momento ha parado de matar desde hace unos 850 días?

Lo cierto es que no hay solución política si no es obligando al carnicero a dimitir, ahora y sin dilación, y con él a todos los líderes de los asesinatos en su régimen. Ello proporcionará a los revolucionarios sirios algo importante: lo que han pedido desde el principio por medios pacíficos. Y ello fortalecerá las posturas de los moderados y abrirá la puerta al aislamiento de los radicales y la firma de un pacto justo, que la zona y el mundo necesitan, y los sirios antes que nadie.

Queridos amigos, no nos habríamos dirigido a vosotros si la cuestión siria no fuera una de las grandes cuestiones del mundo y de las más peligrosas de las últimas décadas, pues ha provocado que cerca de un tercio de los habitantes hayan sido arrancados de sus casas para marcharse a otras zonas del interior o al exterior. Además, hay cientos de miles de heridos e inválidos y cerca de un cuarto de millón de detenidos son víctimas de terribles torturas. Las mujeres y niños arrestados son violados, tal y como han certificado los informes de Amnistía Internacional y Human Rights Watch, además de los organismos sirios más fiables.

Las fuerzas asadianas han perpetrado masacres colectivas, algunas de las cuales han sido certificadas por los informes de la ONU. Y todo ello para garantizar el mantenimiento de un gobernante que heredó el Gobierno sin derecho ni merecimiento de un padre que se hizo con el poder por la fuerza y que gobernó el país con sangre.

Nos dirigimos a ustedes hoy, como líderes de opinión en sus países, para que presionen a sus gobiernos con vistas a que adopten una postura firme contra el asesino, y que apoyen el cambio del régimen de la dinastía asadiana. Eso es lo único humano y progresista que se puede hacer, pues no hay nada más retrógrado y fascista en el mundo de hoy que un régimen que mata a su pueblo y que trae a los asesinos de países y organizaciones aliadas con él, provocando una guerra sectaria, que no es difícil hacer estallar, pero que tal vez sea imposible detener antes de llevarse por delante a cientos de miles de personas. 

Pedimos hoy su apoyo, mañana puede ser demasiado tarde". 

Traducción de Naomí Ramírez Díaz

miércoles, 11 de enero de 2012

Un discurso cargado de amenazas

Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Abd al-Bari Atwan

Fecha: 11/01/2012



Ayer el presidente sirio rompió una tradición establecida durante las revueltas árabes al pronunciar su cuarto discurso, que duró casi dos horas sin ninguna novedad, aunque algunos piensen que el haber añadido, como prioridad, la lucha contra el terrorismo al enfrentamiento con la conspiración exterior, es una hoja de ruta que llevará al aumento de los actos de violencia y las matanzas en las próximas semanas y meses. El presidente Bashar al-Asad quiso mandar un mensaje claro a los sirios y al mundo entero: que la restauración de la seguridad y la lucha contra el “terrorismo” están por encima de todo, así que no habrá reformas reales ni reconciliación nacional hasta que esos objetivos se cumplan.

El levantamiento sirio, que exige un cambio democrático, está a punto de completar su décimo mes y el desarrollo de los acontecimientos sobre el terreno indica que el país se dirige hacia una guerra civil sectaria, lo que significa que la lucha del régimen para acabar con el terrorismo y la conspiración exterior puede durar meses, o incluso años, si tenemos en cuenta que el índice de actos de violencia y enfrentamientos cruentos sigue in crescendo.

Su cuarto discurso ha sido distinto del primero y el segundo, en los que habló de reformas, el levantamiento del estado de emergencia, la total libertad de prensa y la pluralidad política, mientras que en este ha disparado contra todos sin excepción: contra la Liga Árabe, contra los estados del Golfo y sus medios engañosos, además de dudar de la pertenencia a la arabidad de casi todos, sin dejar títere con cabeza.

¿Atacar con esa fuerza es indicio de fuerza o de debilidad? Hay quien dice que el presidente vive aislado en medio de una acuciante crisis económica que cada vez es más grave debido al embargo impuesto por EEUU y Europa y algunos estados árabes, y que se ha hecho más profunda debido a que el fuerte aliado iraní, que podría constituir una alternativa a los árabes, está pasando por una situación económica difícil debido a las sanciones estadounidenses. De hecho, su situación puede empeorar si los estados de la UE imponen la prohibición de importar petróleo iraní.

En contrapartida, otros creen que el discurso del presidente Al-Asad reflejaba una cierta autoconfianza y sugería que su régimen ya había superado varias etapas de crisis, y que los apoyos ruso y chino le habían fortalecido, primero el chino y después el ruso con la llegada de los portaaviones y barcos rusos al puerto de Tartus para reforzarlo. Otros factores que han llevado a dicho fortalecimiento serían el fracaso de los proyectos de internacionalización con los que había amenazado la Liga Árabe y las graves divisiones en el seno de la oposición, sobre todo en la exterior.

Nadie discute que el presidente sirio se mostrara más entero y confiado si se le compara con los anteriores discursos, que pusieron de manifiesto una preocupación que fue incapaz de ocultar. Sin embargo, seguir apoyándose en sangrientas campañas militares y de seguridad, sin llevar a cabo paralelamente una política activa para buscar una salida, ni una diplomacia astuta para lograr el apoyo de algunos árabes indecisos y neutralizar o reducir a los más extremistas, pueden hacer que esta confianza desaparezca porque la conspiración internacional de la que habla el presidente Al-Asad es inmensa y los conspiradores implicados en ella son muchos y tienen mucho dinero.

Si el régimen se siente fuerte y capaz de resistir estos días debido a algunos logros en el ámbito de la seguridad resultado de su dura actuación, es el momento idóneo para hacer algunas concesiones ante su pueblo, siempre desde esa posición de fortaleza y no desde la debilidad, además de ponerse en serio a buscar soluciones políticas para salir de la crisis.



El presidente sirio reconoce que la oposición rechaza en su mayoría sentarse con él a dialogar y participar en un gobierno de unidad nacional, pero no ha explicado el porqué de esa postura. La respuesta es sencilla: la total desconfianza en la seriedad del diálogo y en el compromiso del régimen sirio de aplicar las medidas prácticas que se acordasen. Está claro que este rechazo irá en aumento después de que haya amenazado con aplastar el levantamiento, porque eso implica una cierta deficiencia en la inmunidad de su sistema de seguridad y crea el ambiente propicio para la infiltración de terroristas y, en consecuencia, la ampliación de sus campañas.

Además, ¿cómo es posible que la oposición se siente a dialogar con un régimen que la tacha de traidora y habla de su relación con fuerzas exteriores enemigas y de participar en la consecución de sus planes? ¿Cómo puede decir el presidente sirio que está dispuesto a dialogar incluso con los implicados en los enfrentamientos de Hama de 1982, es decir, los Hermanos Musulmanes, y después calificarlos en su último discurso como los Hermanos Endiablados?

El régimen sirio necesita pararse a reflexionar y repasar su discurso, y después también su política interior y exterior porque la docilidad en el trato con los observadores árabes y su protocolo, además de las dudas de la Liga y del comité de seguimiento, le han dado un margen para recuperar la respiración. Sin embargo, esta docilidad no ha durado mucho y hemos podido ver cómo algunos de esos observadores eran atacados de forma salvaje por grupos que se cree que dependen del régimen, lo que ha provocado la pérdida de los logros diplomáticos que esa docilidad había conseguido.

Estamos de acuerdo con el presidente Al-Asad en que los árabes no se han puesto del lado de Siria en los últimos diez años, y que incluso algunos de ellos han conspirado contra ella, pero se pusieron de su parte durante los treinta años anteriores, porque ¿qué reformas políticas y económicas llevó a cabo el régimen sirio durante ese tiempo, cuando las cosas estaban relativamente estables y el triángulo Egipto-Siria-Arabia Saudí conformaba una alianza regional que imperaba en la zona?

Queremos recordar que la toma del poder por parte del Partido Justicia y Desarrollo (AKP) en Turquía ha hecho de ese país la décimo-séptima potencia económica del mundo en diez años. Por su parte, el ex presidente Lula Da Silva convirtió Brasil en la cuarta potencia económica en el mismo período de tiempo sin tener ningún título universitario y siendo miembro de una pequeña familia que no tenía ni nevera ni televisión.

Exigimos a la oposición siria exterior, o más bien a algunas partes en concreto, que sean un poco más modestas, pues los ataques de algunos contra la Liga Árabe y sus amenazas con la espada de la internacionalización como si las campañas aéreas estadounidenses estuvieran dispuestas a dirigirse a las costas de Latakia, Tartus y Baniyas con un simple silbido suyo, es decir, de la oposición, no sirven a su estrategia y ni acercan la consecución de sus objetivos.

El presidente Recep Tayyep Erdogan fue muy incisivo cuando aseguró que Siria se precipitaba hacia una nefasta guerra civil sectaria que haría explotar a toda la zona. Es tremendamente triste que haya países árabes y extranjeros que avivan esa guerra con dinero y armas, como también es muy triste que el régimen sirio facilite dicha misión con su insistencia en seguir el camino en solitario apoyándose en las soluciones militares exclusivamente, atacando a todos, dudando de la arabidad de la mayoría de los árabes, y continuando con el ingente derramamiento de sangre.

La salida de la crisis siria es una solución política, porque la alternativa es catastrófica tanto para el régimen como para la oposición, pero también para el pueblo sirio que, a fin de cuentas, será la víctima que más sufra.

martes, 13 de diciembre de 2011

La Siria que está naciendo hoy

Texto original: Al-Quds al-Arabi


Autor: Elias Khoury


Fecha: 12/12/2011




Es como si Siria estuviera naciendo hoy, envuelta en la sangre de sus hijos. Ahora, bueno desde hace diez meses, los sirios y sirias construyen su nación de nuevo. Van hacia la luz de su muerte con las frentes altas, gritando para exigir libertad. Así nacen las palabras y la lengua, nacen del polvo de la tierra cubierta de la sangre de sus víctimas, del gemido de los heridos y del grito de los detenidos.

Las antiguas palabras ya no sirven, la política de los políticos ha perdido su significado y su utilidad, hoy estamos ante un fenómeno más amplio que todas las micro y macro políticas. Hoy es el día en que se fundamentan los significados y se crean los horizontes.

Basta con que presenciemos y seamos testigos de cómo nace la libertad en los labios, convirtiéndose en palabras y canciones; basta con que escuchemos al pueblo entrelazando sus brazos en las manifestaciones de la libertad mientras se enfrenta a la muerte; basta con que veamos cómo ilumina el ser humano su libertad desafiando a la muerte y cómo grita frente a un muro de represión sordo que se resquebrajará finalmente ante el terror de la matanza de los niños que prendió la mecha de la revolución siria.

Hoy la historia que escribe el ser humano devuelve el significado a la geografía. Hoy, es decir hace diez meses, los nombres de los lugares se llenan de significados; hoy, o sea hace diez meses, aprendemos la geografía de la libertad mientras paseamos con nuestras almas por las ciudades, pueblos y aldeas. Descubrimos a Daraa y sus niños, a Hama y su cantor asesinado, a Homs y su barrio Al-Wa’r, su heroicidad y su río Orontes, a Idleb, a Deir Ezzor, a Dariya, y al pueblo damasceno de Al-Ghutta que se ha cubierto de los jazmines de las víctimas.

Esta es una nación que nace del grito de sus niños transformado en el levantamiento de un pueblo que sueña con una única palabra: libertad. Se trata de un pueblo que lucha por recuperar su dignidad perdida bajo las botas del despotismo. Es una nación cuyo nacimiento anunció Daraa con los dedos desnudos de los niños para después encenderse a orillas del Orontes, y extenderse desde el barrio damasceno del Maydan hacia todas las plazas. En ellas, esta nación se perfuma con el olor de la sangre de las víctimas que han hecho de Homs una leyenda de desafío. Es un país que ha añadido a la memoria de Maysalun* y a la revolución siria contra el colonialismo francés un nuevo recuerdo, el creado por la revolución popular que lleva diez meses en pie. Es esta una revolución sin precedentes en la que el pueblo destruye la muerte valiéndose de ella y no se arrodilla ante el miedo, como tampoco retrocede ante el temor de la represión, la muerte, la tortura y la destrucción. Es una historia de sacrificios, pacienca y determinación, una historia sin parangón, una historia que hoy anuncia el nacimiento de una nueva nación creada por su pueblo, un pueblo que lucha en la soledad de la desesperación y la soledad de la esperanza, sin esperar nada de nadie.

Es un pueblo que sabe que el camino ya ha sido trazado y que no retrocederá porque ha bloqueado el camino de vuelta con dolor y sangre. No hay sitio en esta gran epopeya más que para los sueños. Es una epopeya en la que su héroe se dibuja como un mosaico formado por miles de pequeñas teselas, una epopeya en la que los individuos van a la muerte para entrar en el muro que la representa y allí se convierten en un único ser tanto en la imaginación como en la memoria. Allí dibujan su nueva nación sobre la imagen de sus grandes sacrificios.

Sobre ellos y para ellos debe escribirse porque lavan nuestra conciencia y nuestros ojos con la esperanza que sacan de la tristeza y con los ruegos que nacen del fondo de la desesperación. No temáis, habéis venido a la muerte y quien la vence y la desafía, muere victorioso y no teme a nada.

Esta es la lección de la libertad en las ciudades sirias y sus regiones y pueblos. Cada ciudad es ua historia compuesta por mil historias y cada vida es un resumen del sentido de la vida, del mismo modo que cada muerte es un comienzo. Nos inclinamos ante el miedo cuando este tapa nuestros ojos. Los cerramos y os vemos, queremos decir cosas, pero no nos ayudan las palabras. ¿Cómo se articula una lengua que abraza a la muerte y que acoge en su regazo una desesperación que ha llegado a su clímax en el cruce de la esperanza?


Pareque que la polémica política sobre la revolución siria y sus relaciones regionales futuras está fuera de contexto: las palabras del presidente del Consejo Nacional Sirio, Burhan Ghalioun, y las respuestas del Secretario General de Hezbollah han puesto sobre la palestra la cuestión en un momento y un lugar poco convenientes. La mayoría piensa que las declaraciones de Ghalioun sobre la futura relación con Irán y Hezbollah ha sido malinterpretada porque no estaba del todo clara. Fue Riad al-Turk quien corrigó la interpretación para poner las cosas en su sitio: Siria no tiene más enemigo que la ocupación israelí, la relación con los países del entorno y los partidos libaneses y no libaneses vendrá determinada por las posturas que estos tomen sobre la revolución del pueblo sirio. Son unas palabras sencillas y claras que cierran las puertas a las apuestas y, por ello, los discursos que quieren encubrir una postura de apoyo al régimen sirio no tienen sentido en las expresiones de la revolución y la resistencia. La revolución siria no ha de tranquilizar a nadie, sino que lo que se exige es la solidaridad con un pueblo que se expone a los más salvajes métodos de represión.

Es ese el examen que el régimen político libanés no ha aprobado y que muy probablemente tampoco aprobarán los regímenes árabes. Sin embargo, todas las discusiones inútiles se detienen hoy ante la imagen del médico de la revolución siria, Ibrahim Uthman, y la historia comienza de nuevo con la imagen de la desobediencia civil que abre las puertas de la libertad. 

*Batalla contra los franceses en 1920.

lunes, 12 de diciembre de 2011

El viaje de Razzan se detuvo en la frontera


El destino de la bloguera siria Razzan sigue siendo una incógnita desde que fuera detenida en la frontera con Jordania. La autora del blog Razzaniyyat* no dudó ni un día en seguir defendiendo a los detenidos políticos y a las protestas populares en su país.

Texto original: Al-Akhbar

Autor: Imad Astitu

Fecha: 12/12/2011



“Si me pasa algo, sabed que el régimen no teme a los detenidos, de quienes tiene miedo es de aquellos que no olvidan a los detenidos”. Estas palabras fueron las que escribió la bloguera Razzan Ghazawi en internet antes de dirigirse a Ammán para participar en el Encuentro de defensores de la libertad de prensa en el mundo árabe”, donde ella representaría al Centro Sirio de Medios de Comunicación y Libertad de Expresión. Pero en la frotera sirio-jordana terminó el viaje de Razzan al ser detenida por la policía de inmigración siria el pasado domingo y de ser llevada a un lugar desconocido.

Tal vez el blog de Razzan, llamado “Razzaniyyat” (2009), sea el que mejor hable de ella, pues contiene artículos sobre blogueros detenidos y puestos después en libertad, o de otros que aún están en las prisiones del régimen sin que sus familias sepan nada de ellos. La conocida activista no dudó en expresar su apoyo al movimiento popular que están presenciando las ciudades sirias desde hace meses. Tal vez la ironía del destino es la que ha hecho que Razzan escribiera su última entrada (1 de diciembre) sobre su amigo el bloguero Hussein Garir para celebrar su puesta en libetad: “Hussein estará en su casa esta tarde. Abrazará con ardor a su esposa y no dejará nunca a sus dos queridos hijos”. Pero lo que no sabía la bloguera rebelde era que no podría celebrar el regreso de su querido amigo durante mucho tiempo porque su lugar en la cárcel no quedaría vacío: ella lo ocuparía.

Así, Razzan Ghazawi, que insitió en publicar siempre con su verdadero nombre, fue detenida, lo que ha dado lugar a decenas de campañas exigiendo su liberación. Su amigo el periodista y bloguero saudí Hasan Mustafa dijo a Al-Akhbar: “Razzan seguía los acontecimientos en Siria con profesionalidad y en silencio. Siempre se inclinó hacia el ser humano sin pretender que ello fuera algo heroico o glorioso”. Por su parte, el activista y bloguero sirio residente en San Francisco, Anas Qutaysh, recuerda como Razzan le inspiró y le hizo no temer escribir con su verdadero nombre: “No hay palabras para describir su valentía”.

Los blogueros sirios han emitido un comunicado solidario en el que condenan la detención de su compañera con estas palabras: “Cuando estábamos a punto de respirar con tranquilidad tras la liberación de nuestro compañero Hussein Garir, reapareció la congestión de la ira y la tristeza para recordar a nuestros corazones la realidad de la represión, la humillación y la adoración del silencio que vivimos. Razzan Ghazawi es una siria excepcional: siria por su febril trabajo en defensa de la cuestión palestina y sus refugiados en las redes de comunicación social tanto en árabe como en inglés; siria por su compromiso con las cuestiones del progreso, la justicia social y la igualdad; siria por estar del lado de los libres en su camino para lograr la libertad y la dignidad. Razzan es una voz que solo quieren acallar los enemigos de la verdad, la dignidad, la justicia y la libertad”. El comunicado exige también a las autoridades sirias que ella y “todos los presos políticos, de conciencia y de la libertad” sean puestos en libertad de inmediato, cargando al régimen con la responsabilidad de cualquier daño al que pueda exponerse Razzan. Por otro lado, el Centro Sirio de Medios de Comunicación y Libertad de Expresión considera que esta detención supone una continuación de las acciones encaminadas a “encorsetar y asfixiar a la sociedad civil en Siria y es un intento miserable para poner fin a la libertad de expresión”. Además, la ONG “Reporteros sin fronteras” ha expresado su rechazo y reprobación ante la detención de Razzan Ghazawi “que ha luchado desde la fudación de su blog por la libertad de expresión y los derechos de los homosexuales”.

Algunos blogueros dijeron hace unos días que Razzan era la musa del americano Tom McMaster que se inventó al personaje de Amina Abd Allah “la bloguera lesbiana” y la convirtió en una heroína que se enfrentaba al régimen sirio. Pronto se descubrió que, en realidad, Amina era un personaje ficticio.

*En árabe, para referirse a las obra de un autor, lo que equivaldría a una antología de textos o a unas obras completas, se pone el nombre de la persona en forma de adjetivo y se pluraliza en femenino.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Asesinado a tiros el "médico de la revolución siria", cuando intentaba escapar del país

Texto original: Alarabiya.net
Fecha: 11/12/2011





Según fuentes sirias, Ibrahim Othman, uno de los principales médicos encargados de proporcionar recursos sanitarios a los hospitales de campaña, fundador de la Coordinadora de Médicos de Damasco, habría sido asesinado el sábado [10/12/2011] por disparos de las fuerzas de seguridad en la frontera sirio-turca.

Los Comités de Coordinación Local han señalado que los servicios secretos dispararon a Ibrahim cuando intentaba huir del país, tras haber sido perseguido por la seguridad siria a causa de sus declaraciones en los medios y su labor de coordinador entre los médicos que atienden a los manifestantes heridos en hospitales de campaña.


Ibrahim, al que los Comités de Coordinación Local han denominado “el médico de la revolución”, encontró la muerte en Khirbet el-Joz, un pueblo fronterizo con Turquía a través del cual intentaba huir del país.


Según detallaba la página de Facebook The Syrian Revolution 2011, el doctor Ibrahim Othman, al que consideran “héroe y símbolo de la revolución”, participó en la creación de muchos hospitales de campaña en Damasco y provincia, e incluso llegó a abandonar sus cursos en el Departamento de Cirugía Ortopédica de la Universidad de Damasco para dedicarse plenamente a atender a los heridos. Después, arrestaron a varios de sus compañeros e Ibrahim se vio obligado a huir al ser buscado por la seguridad siria.


Meses atrás, en declaraciones ofrecidas a Alarabiya.net, el doctor Ibrahim, oriundo de Hama, había hablado sobre los actos criminales de las fuerzas de seguridad contra los heridos de las manifestaciones.


Bajo el seudónimo de Khaled al-Hakim, por el riesgo que corría en aquel momento, Ibrahim Othman declaró a Alarabiya.net que las fuerzas de seguridad sirias no se bastan con disparar a los manifestantes, sino que después les siguen hasta los hospitales y una vez allí o bien les agreden o bien les matan, hecho que empujó a una parte del personal médico de Siria a atender voluntariamente a los heridos y levantar hospitales de campaña.

Añadía Ibrahim que varios médicos y enfermeros voluntarios empezaron a equipar quirófanos improvisados en diversas ciudades, si bien las operaciones urgentes carecían del material necesario, el cual era imposible de conseguir, así como los útiles necesarios para atender a los heridos.


Asimismo, aseguraba que siempre que enviaban a un herido al hospital público del barrio, terminaba siendo arrestado o asesinado por las fuerzas de seguridad, por lo que se vieron obligados a atender clandestinamente a los heridos en hospitales privados o a levantar hospitales de campaña a escondidas de la seguridad y las autoridades sirias.


El doctor explicaba que en un primer momento reunían ellos mismos el material sanitario que podían encontrar en las casas y las clínicas privadas, con el cual atendían a los heridos por los disparos de las fuerzas de seguridad.

Según Ibrahim, portavoz de la Coordinadora de Médicos de Damasco, cada viernes se organizaban ellos mismos en los barrios periféricos críticos, sabiendo que los manifestantes heridos no se arriesgaban a presentarse en los hospitales públicos por temor a ser víctimas de maltratos, torturas o asesinato.

jueves, 17 de noviembre de 2011

El grito de la muerte

Relato publicado como actualización de estado por distintos comités de coordinación local en Siria.

Reina* la noche y reina la incertidumbre sobre nuestras almas… Algunos hemos elegido apostarnos delante del televisor para no perdernos ninguna noticia que llegue sobre la situación en otras zonas que están sangrando en la herida de la patria. Otros, en cambio, se han sentado a soñar con una noche tranquila, aunque sea una sola, tras varias semanas. En cualquier caso, la espera habita en cada uno de nosotros aunque intentemos esconderlo. Pasa la noche, hora tras hora, y aquello a lo que nos habíamos acostumbrado cada noche no ha sucedido aún. En silencio intercambiamos una sonrisa que expresa nuestra esperanza de que esta noche dormiremos…


“Dormiremos”, nos repetimos a nosotros mismos en silencio. De pronto, levanto mi voz y rompo el muro del silencio: “Parece que hoy la noche será tranquila, gracias a Dios, podremos dormir esta noche”. Algunos nos vamos a la cama y otros parecen aún intranquilos. De pronto, se escuchan los silbidos de las balas y con ellos voces de dolor que salen de forma incontrolada de las gargantas y, de lo más profundo del sueño, en segundos, se despierta para decirnos con asombro y ojos llenos de tristeza: “Y pensábamos que dormiríamos esta noche...”

Los disparos no cesan y los ruidos de las explosiones se elevan. Algunos de nosotros rompemos a hablar para intentar saber el tipo de armas que emiten tales sonidos: "Shilka… No, es un PTR… Son cañones de mortero… No, los cañones de los tanques…" Los ruidos cada vez suenan más fuerte y comienza la silenciosa despedida. Nuestras miradas se cruzan: todos pensamos que puede ser nuestra última mirada.

El ruido se acerca cada vez más y más y con él aumentan las plegarias a Dios: “Dios, no somos nada, no te tenemos más que a ti. Ten piedad de nosotros, Dios”. Y en el instante en el que todos sienten que la muerte asoma por la ventana, decidimos salir de la habitación que da a la calle, a la que ya han llegado las balas en otras ocasiones, para trasladarnos a otro rincón de la casa en el que tal vez la muerte esté más lejos. Nos amontonamos en una habitación interior que no da a las calles de la muerte. Comenzamos a oír las voces de las casas vecinas, el llanto de los niños se mezcla con los gritos de “Dios es grande” que comienzan a elevarse por todo el barrio: “Dios es grande, Dios es grande, Dios es más grande que el opresor”. Suena el teléfono y alguien lo coge: es mi hermana desde el barrio de al lado para saber si estamos bien.

“Estamos bien”. La muerte aún no ha hecho acto de presencia, pero está a la misma distancia de todos. Continúan los disparos y se eleva el ruido ensordecedor de las explosiones y con él las plegarias de uno de mis vecinos, que se mezclan con los sollozos y el llanto. Tras cada plegaria, las voces de las casas cercanas repiten: “Amén”. Las voces de las plegarias llaman a las puertas del cielo en los momentos en que todos pensamos que el mundo entero conspira contra nuestra justa causa. La única voz que se escucha en Homs de noche es la voz de la muerte. Cuánto deseo que el mundo nos oiga en estos momentos, que escuche esas voces, las voces de la muerte, las voces del llanto, las voces de las madres que han perdido a sus hijos… Cuánto deseo hacer que mi voz llegue al mundo, contactar con el mundo y contarle nuestro sufrimiento. Gritar, gritar con todas mis fuerzas: “Nos estamos muriendo, ¿alguien se da cuenta?” Quiero llamar a todos los canales por satélite, a todos los medios, a todos los que conozco y a los que no, pero ¿alguien me creerá? Tal vez algunos piensen que he tomado alucinógenos y que he empezado a desvariar al final de la noche.

Sí, nadie nos creerá hasta que muramos, solo entonces saldrá a la luz la verdad a llorarnos en nuestros funerales, pero también puede resultar muerta en el camino y ser enterrada con nuestras almas. La muerte alcanza aquí a todos y la verdad es el mayor enemigo de los asesinos. De pronto, se corta la corriente eléctrica, tal vez por una bala perdida que ha dañado uno de los generadores del barrio o se trata quizá una vez más de la política de castigo colectivo (que sigue el régimen). Reina la oscuridad en la habitación y en ella se esconden los ojos amontonados en su interior. Ya no veo nada, pero he comenzado a escuchar sollozos y llantos en la habitación, como si hubiéramos elegido a la oscuridad para contarle nuestra desgracia. No podíamos mostrarnos unos a otros nuestra tristeza con luz, pero estaba escondida en lo más profundo de nosotros.

La tristeza habita en lo más profundo de nosotros mientras, durante los minutos de la muerte, decimos adiós a todos los bellos sueños que hemos dibujado a lo largo de nuestras vidas: decimos adiós al bello país con el que tanto hemos soñado, decimos adiós al amor, decimos adiós a todo lo bello en la vida, nos decimos adiós unos a otros y decimos adiós a la patria. Durante unos minutos, intento parecer ante los que estan a mi alrededor como alguien resuelto, que aguanta por él y por los demás. Pero en apenas unos segundos, mi resolución me traiciona y rompo en llanto junto a quienes me rodean, ocultos en la oscuridad de la noche, entre sollozos y gritos ensalzando a Dios que se elevan en cada barrio de la ciudad. 

Todo se difumina en la confusión del miedo y la muerte, no son el miedo y la muerte en sí, sino el miedo a tener que despedirte de todos aquellos a los que has amado en la vida a cuya cabeza está la patria. Mi corazón se pierde en el abismo y con él mi capacidad de pensar en algo que no sea la muerte. Espero que llegue por cualquier muro o caiga del techo. La espero porque sé que nos acecha en el exterior a apenas unos metros de nosotros. Mi único deseo es encontrármela en la puerta y decirle: “Llévame y deja al resto, déjalos que vean lo que sucede para que cuenten nuestra historia, para que vivan, para que hagan realidad sus sueños, para que completen su vida, para que después de mí vivan los felices, deja a la patria vivir y deja a Homs vivir”. 

Comienza a oírse la llamada a la oración del alba en los barrios más cercanos y casi pueden oírse los gritos de “Dios es grande” que antes iban precedidos por disparos de todo tipo de armas. Los disparos continúan, se detienen unos segundos, pero no tardan en volver. Cada vez que se paran, nos inunda la esperanza de que ses corazones se hayan ablandado ante los llantos de los niños y las mujeres. Confiamos en que aún haya restos de misericordia y humanidad en sus corazones, denominadores comunes que tal vez despierten sus almas como la patria o la humanidad… Pero lo han perdido todo.

Con los primeros rayos de sol, se detienen los disparos, como si los diestros en el arte de la muerte y el asesinato se hubieran cansado o como si temieran la luz del día, pues sus almas criminales no aman más que la oscuridad.

Esto es lo que sucedió en una noche de terror en Homs, cuando los platos del miedo se servían en cada barrio de Homs. Hoy se ha convertido en algo cotidiano para la gente de Homs, algo que viven día y noche. Homs es hoy una ciudad en la que solo vive la muerte.

*Aunque el texto original está en pasado, hemos decidio traducirlo en presente narrativo para darle mayor cercanía.