Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
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lunes, 19 de octubre de 2020

Siria, la olvidada

Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Ziad Majed

Fecha: 17/10/2020




A principios del presente año, múltiples sucesos dejaron la cuestión siria en un plano secundario en los ámbitos mediático y político en Europa occidental y Estados Unidos. Las crisis sanitaria, económica y social derivadas de la propagación del coronavirus y el intenso y continuo seguimiento diario de la pandemia, por una parte y, por otra, la sucesión de acontecimientos en Oriente Medio y África –en Iraq y Libia, después en Líbano, y antes de ello en Argelia y Sudán–, junto con las noticias de la normalización de las relaciones de Emiratos Árabes Unidos y Bahréin con Israel, han alejado a Siria de los “radares” de la cobertura y de los observatorios de aquellos asuntos que afectan a la región. Así, el conflicto en Siria y por Siria es hoy una “lucha” alejada ya del interés que suscitaba en muchos ámbitos periodísticos y políticos anteriormente. Si no fuera por algunas conversaciones dispersas y los escasos artículos que abordan el fenómeno de los mercenarios sirios que luchan en Libia y la nueva guerra que ha estallado entre los azeríes y los armenios en Nagorno Karabaj, podría decirse que recordar la cuestión siria ha pasado a ser algo que compete exclusivamente a algunos activistas que siguen la cuestión en las redes sociales y unos cuantos investigadores cuyo campo de especialización sigue siendo ese país.

Es muy probable que la situación siga siendo así durante un período nada desdeñable, dado que la atención hoy se centra en las elecciones estadounidenses, su posible resultado y los escenarios que puedan derivarse de ello, y, por otra parte, en los acontecimientos en la frontera de Europa oriental con Rusia.

No obstante, existen otras causas que explican la alienación “occidental” (y la árabe e internacional) respecto de la cuestión siria, que no siempre obedecen a prioridades: determinadas noticias y crisis apartan de la observación y el análisis las cuestiones relativas a Idleb, los y las detenidas y desaparecidas desde hace varios años y los escenarios en el sur, el este y el nordeste del país.

Que el conflicto sirio haya salido de su marco nacional, que las ocupaciones extranjeras se enfrenten por sacar provecho de la geografía siria y que se haya reducido el ritmo de los bombardeos y las operaciones militares suponen que hablar hoy de la revolución y el régimen, de la oposición y los partidarios de Asad y de las matanzas y violaciones sea como volver a poner un disco demasiadas veces reproducido entre 2011 y 2018 y que ya no interesa al público, independientemente de la calidad del contenido y lo actual que sea.

Del mismo modo, la intervención rusa, que modificó radicalmente los equilibrios de fuerzas a favor del régimen, después de que Irán (y la inacción árabe y occidental) hubiera logrado salvarlo y garantizar sus rutas aéreas y terrestres de suministro, creó una situación que llevó a los líderes y políticos de los distintos Estados, así como la mayoría de medios de comunicación de esos mismos países a considerar dicha situación como el hecho más firme, claro e inextricable al mismo tiempo. Para aquellos de entre ellos que son partidarios de Moscú, ¿qué puede hacerse contra este país al margen de las sanciones que evitan que pueda imponer una solución definitiva que refleje su superioridad militar? ¿Qué puede añadirse a lo que ya se ha dicho, repetido y fotografiado en la cobertura de esta tragedia humana desde hace años salvo señalar, de vez en cuando, que el coronavirus ha avanzado aquí o allá o poner de manifiesto un nuevo crimen cometido por la artillería o la aviación en tal o cual municipio? ¿Cómo se puede investigar alguna novedad que afecte a las políticas estadounidenses, turcas e iraníes (e israelíes) en relación con Siria cuando ya se ha dicho todo miles de veces y los hechos y su contexto se han repetido tanto que aburren a la mayoría de quienes están al tanto? ¿Se puede, a través de la denominada Comisión Constituyente, ofrecer algo nuevo sobre la trayectoria política y sus negociaciones olvidadas incluso por quienes debatieron sobre la conformación de las delegaciones y los preparativos para ello?

Todas estas consideraciones y dudas nos llevan, de ser así, a buscar vías para recuperar la presencia de la cuestión siria en los ámbitos político y mediático y evitar que las causas que representa desaparezcan del debate público, pero esto no será nada fácil. El desinterés por la cuestión siria, tras años planteándola, centrándose en ella y expresando opiniones contrarias en relación con la misma, el factor tiempo y el cambio de los rostros del conflicto, así como la división de las lealtades y las alianzas y el hecho de que la violencia sobrepasara desde el inicio los límites de la atrocidad que puede imaginar una mente, sin dar tregua a los traumas y la estupefacción, añade a las prioridades que hemos indicado crisis y “coberturas” mediáticas que no dejan mucho margen para influir en una opinión pública que se siente impotente y piensa que toda movilización es inútil, sobre todo, tras la caída de Alepo a finales de 2016, como consecuencia de los ataques de la maquinaria de guerra rusa. El hablar de negociaciones, trayectorias políticas y nombramientos de enviados de Naciones Unidas ha conducido a iniciativas poco claras y que han desvirtuado las responsabilidades internacionales, descargando a las comisiones y organismos occidentales del peso de un “expediente” espinoso en el que es difícil meterse de lleno o en cuyos acontecimientos es difícil influir directamente sin tener en cuenta que pueden darse los “peores” escenarios posibles, como se suele repetir.

No hay duda de que el repliegue de las organizaciones sirias, la reducción de los actos en los que han participado algunas de ellas en las capitales europeas durante un tiempo, la desaparición de las organizaciones opositoras oficiales y su discurso político y mediático y la transformación de la mayoría de ellas en portavoces de actores regionales enfrentados entre sí han empeorado esta ausencia siria. A pesar de que han comenzado algunos juicios en Alemania y Francia y que se han emitido órdenes de detención contra responsables del régimen sirio gracias al trabajo de asociaciones e individuos sirios, y a pesar de los esfuerzos judiciales en otros países para juzgar a los criminales de guerra, el desinterés se ha mantenido prácticamente en los mismos niveles. 

Todo ello supone que hoy es necesario proponer iniciativas y reanudar las campañas que vuelvan a situar la cuestión siria en el foco, y aprovechar las experiencias anteriores para recordar que abandonar Siria como escenario de muerte y de inmunidad de los asesinos durante años provocará, además de una profunda injusticia y una serie de violaciones ya conocidas, cambios en Oriente Medio y en todo el mundo: desde el hecho de que Al-Qaeda y Daesh explotan de la tragedia de los sirios y se afanan en utilizar las injusticias para atraer a jóvenes y convertirlos en yihadistas, hasta las crisis y sufrimiento de los refugiados, y las decisiones, disputas y explotación racistas que se han producido en relación con ese tema en todas partes. Además está el avance de Rusia frente al retroceso occidental en Siria y cómo lo ha aprovechado para avanzar en muchos otros frentes, o el fracaso político en el comportamiento internacional con Irán, que se expande por Iraq, Siria y Líbano, o las tensiones europeas con Turquía y el aumento de la injerencia de esta última en guerras de las que también sacan beneficio Estados (como Emiratos y Arabia Saudí) que buscan desempeñar “papeles relevantes” mientras los conflictos se mantengan abiertos y la impotencia occidental y de Naciones Unidas siga siendo patente a la hora de abordarlos. Por todo ello, se han producido múltiples mutaciones en los últimos años y no cabe duda de que Siria sigue siendo una de las causas más destacadas de ello.

Nada impide que se produzcan nuevas y peligrosas mutaciones a raíz de las anteriores, ni puede descartarse que se reanuden los episodios de asesinatos que devuelvan la cuestión de los refugiados al contexto de las tensiones y los chantajes, y que quienes habían olvidado a Siria recuerden que sigue produciéndose una matanza intermitente en ella.

Por todo lo que se ha dicho, por otras muchas cuestiones, por el recuerdo de las decenas de miles de detenidos y desaparecidos y por el hecho de que debe insistirse en que mantener a los criminales en el gobierno no pondrá fin al conflicto ni devolverá la estabilidad, incluso aunque el mundo olvidara las fosas comunes y la destrucción de casas, debe reanudarse la actividad y ampliar sus horizontes para impedir que el olvido, en un mundo en que los medios desempeñan una función determinante a la hora de provocar reacciones y generar causas que defender, se trague a Siria definitivamente.


domingo, 1 de marzo de 2020

Rusia se enfrenta al mundo a través de los cuerpos de los sirios

Texto original: Al-Jumhuriya
Autor: Sadek Abed Alrahman
Fecha: 28/02/2020

No resulta sencillo explicar lo que está sucediendo entre Turquía y Rusia, puesto que ninguna de ellas ha publicado claramente el contenido de los acuerdos y entendimientos que habían alcanzado entre ellas y que parecen estar derrumbándose; sin embargo, lo que parece seguro es que Rusia está violando hoy los pactos que había ofrecido a Turquía, puesto que Ankara no habría forzado a sus soldados a adentrarse tanto en territorio sirio si no hubiera habido un pacto con Rusia que estipulara que el régimen y sus aliados no les iban a atacar. Y he aquí que la propia Rusia se ha involucrado directamente en la tarea de atacar a dichas fuerzas.
Resulta útil volver un poco la vista atrás hasta el primer ataque directo y claramente intencionado por parte de las fuerzas del régimen sirio contra las fuerzas turcas, a las afueras de Saraqeb el 3 de este mes de febrero de 2020 y que concluyó con el asesinato de cuatro soldados turcos cuando las fuerzas turcas estaban intentando afianzar sus posiciones en todas las carreteras que conducen al centro de la ciudad para evitar que las fuerzas del régimen entraran en ella. No obstante, en una de las carreteras transitables en la que las fuerzas turcas no se habían apostado aún, un camino secundario hacia Saraqeb a través del pueblo de Tronba, situado al oeste de la anterior, las fuerzas del régimen se adelantaron a las turcas lanzando un ataque que allanó el camino para entrar en la ciudad y que acabó con la vida de varios soldados turcos.
Volviendo aún más atrás en el tiempo, las fuerzas del régimen sirio estuvieron un tiempo dando vueltas alrededor de los puntos de vigilancia turcos que bloqueaban su camino, sin llegar a hacerles nada, y sin que las fuerzas turcas, por su parte, intentaran evitar el avance de las del régimen. El primer ejemplo lo tenemos en el punto de Morek, en la zona rural septentrional de Hama, y después en Al-Surman, Tell Touqan y Maar Hitat. Cuando las fuerzas del régimen se aproximaron a Saraqeb, las fuerzas turcas intentaron desplegar sus posiciones a lo largo del perímetro de la ciudad para dificultar la posibilidad de moverse alrededor de la misma; sin embargo, el ataque del régimen contra las fuerzas turcas cerca de Tronba fue más rápido. Dicho ataque no pudo perpetrarse sin acuerdo, o tal vez instrucciones rusas, algo que confirma la plena participación de este país junto al régimen en la batalla para tomar el control de Saraqeb.
¿Qué significa esto? Sin duda significa que Turquía iba en serio en sus intentos de evitar la entrada del régimen en Saraqeb, pero ¿por qué Saraqeb en concreto? No lo sabemos con seguridad, pero lo más probable es que el avance de las fuerzas del régimen con apoyo ruso y a tal velocidad sin precedentes estuviera fuera de los acuerdos turco-rusos, por lo que Turquía se vio en una posición bastante incómoda, frente a cerca de millón y medio de desplazados cerca de sus fronteras, la mayoría de los cuales viven al raso y cuyo número aumenta cada día, y también de frente a los intentos de que la presencia de sus fuerzas en Idleb careciera de significado o utilidad.
Las fuerzas turcas no lograron evitar que el régimen entrara en Saraqeb y las operaciones de las fuerzas de este último han continuado hacia el norte en dirección a la zona rural de Alepo. También han ejercido presión sobre el eje de Qmenas, que precede inmediatamente a la ciudad de Idleb al oeste. Todo ello da la impresión de que las fuerzas del régimen tienen la firme intención de continuar su guerra hasta tomar el control de la provincia de Idleb, en su totalidad o su mayor parte, lo que supondrá la aglomeración de millones de desplazados en la frontera turca, un desprecio hacia el ejército turco y su gobierno. Esto ha llevado a Turquía a adoptar una postura más firme, que se ha traducido en una serie de operaciones militares contra las fuerzas del régimen, que han concluido con la nueva toma de control por parte de las facciones opositoras de la ciudad de Saraqeb y a un aumento de su efectividad frente a las fuerzas del régimen y sus aliados. También han provocado una respuesta asadiana y rusa que se ha cobrado la vida de más soldados turcos.
Pero, ¿por qué Rusia se afana en apoyar al régimen en una gran operación como esta que ha provocado una crisis en sus relaciones con Turquía hasta el punto de llegar casi a una guerra total, así como una crisis humanitaria de enormes dimensiones, vergonzosa para Turquía y Occidente y que pone a las facciones contrarias al régimen en una posición de defensa directa de su existencia, lo que supone un feroz enfrentamiento en el que el régimen sufre ingentes pérdidas de vidas y medios, según confirman los avances de las batallas en los últimos días?
En Idleb no hay ninguna fuerza que pueda suponer una verdadera amenaza para el régimen o Rusia, y nada en el comportamiento de Turquía y las facciones sirias aliadas con ella indicaba que tuvieran la intención de lanzar ningún ataque contra el régimen. En lo que respecta a Hay’at Tahrir al-Sham ya no es más que un extremadamente andrajoso proyecto autoritario local, cuya máxima aspiración es que le dejen una pequeña zona en la que pueda gobernar durante un tiempo. Idleb tampoco tiene ninguna importancia estratégica, pues no tiene riquezas ocultas ni está en una zona central de Siria de forma que pueda hacer tambalearse el dominio del régimen y sus aliados. El hecho de que haya carreteras internacionales que pasan por ella es mucho menos importante económicamente que la gran cantidad de dinero que se pueda gastar en controlarlas mediante crueles y costosas guerras. Los pretextos declarados por Rusia de proteger a los ciudadanos sirios del terrorismo, son demasiado estúpidos para siquiera debatirlos y basta con responder con las imágenes de cientos de miles de desplazados que prefieren vivir sin techo que volver a vivir bajo el gobierno del régimen de Asad, donde reinan la intimidación diaria, el asesinato bajo tortura y las políticas de castigo colectivo.
Los países de todo el mundo han dejado a Rusia proteger al régimen sirio como ha querido, y Turquía en concreto ha colaborado con ella en la contención de las facciones opositoras hasta dejarlas sin capacidad de enfrentarse al régimen por sí solas. Entonces, ¿qué quiere Rusia?
Probablemente quiera dos cosas: que todos los enemigos del régimen en Siria se rindan y acepten la solución rusa al estilo de los pactos de Daraa, la zona rural de Damasco y la zona rural septentrional de Homs; y, en segundo lugar, que el mundo colabore con ella en el afianzamiento del régimen de Asad y su financiación mediante proyectos de reconstrucción y ayudas internacionales. Si no logra estos dos objetivos, parece que no hay posibilidad de que Rusia recoja los frutos políticos y económicos de su guerra en Siria.
Sin embargo, el dilema ruso-sirio yace en la dificultad de hacer realidad ambas aspiraciones, porque la primera supone que Siria se mantenga como país exportador de refugiados que huyen del infierno de la represión y la venganza que siguen a los pactos de reconciliación, como ya hemos visto en Daraa, la zona rural de Damasco y otros lugares. La segunda exige lo contrario: que Siria deje de ser un país exportador de refugiados porque Occidente no aceptará pagar para financiar el régimen sirio mientras este siga exportando refugiados al exterior del país.
Parece que la solución a la que ha llegado Rusia en colaboración con su pequeño aliado en Damasco es llevar el problema al límite y poner a los países de todo el mundo frente a la realidad de facto: no existe otra solución que aceptar volver a normalizar las relaciones con el régimen y financiarlo, y que, en contrapartida, no hay ninguna solución política mínimamente lógica por la cual los sirios vayan a dejar de abandonar su país a la primera oportunidad que se les presente, salvo que el régimen y sus aliados dejen de matarlos. Esa es la situación actual: Bashar al-Asad le dice al mundo que va a seguir matando sirios hasta que se le acepte como gobernante legítimo y la reconstrucción se financie exclusivamente a través de él, y para ello cuenta con el apoyo firme de Moscú, a cuyos líderes no les tiembla la mano. 
Tal vez nos encontremos en una situación sin precedentes en la historia: un régimen político que presiona a los países del mundo para lograr su reconocimiento mediante el permanente asesinato de su pueblo. El mensaje ruso-asadiano es el siguiente: debéis reconocer nuestra victoria política y económicamente y, si no, seguiremos construyendo el infierno en forma de ingentes matanzas, guerras de exilio forzado y oleadas de refugiados. Una vez tengamos vuestro reconocimiento, seguiremos construyendo un infierno distinto en el que mataremos lentamente a los sirios que se han rendido, mientras vosotros financiáis las fábricas de muerte y humillación que nos esforzamos en poner en pie.

sábado, 24 de agosto de 2019

Ser vecinos del sarín

Texto original: Al-Jumhuriya

Autora: Walaa Saleh

Fecha: 22/08/2019



El Colectivo Al-Jumhuriya ha publicado un número especial sobre 2013, un año clave en los intentos de acabar con la revolución siria, por varias vías, y el año en que se produjo la matanza con armas químicas que acabó con la vida de más de 1.000 personas, con los observadores de la ONU en Damasco, a una veintena de kilómetros como máximo. Este texto es el testimonio de una de sus testigos, que lo comparte para evitar el silencio y el olvido asesinos.



“Tercer año de la revolución. Estoy en Saqba, tengo miedo estando en casa, cerca de la estación. Hemos intentado marcharnos de aquí, pero hemos fracasado en repetidas ocasiones. Ahora mismo, estoy escondida bajo la cama. Cada vez que reúno la valentía para salir de debajo de ella, me acerco a mi madre y la beso. Tengo miedo de que alguno de nosotros muera de repente. Tengo miedo de que a alguno de mis hermanos le pase algo. Mi amiga Muna ha muerto. No puedo creerlo. Quería ser profesora, le encantaban los niños… Dios mío”.
El fragmento anterior pertenece al pequeño cuaderno en el que comencé a escribir tras la tragedia de las armas químicas, que acabó con la vida de miles de personas.
Llevo seis años intentando borrar su imagen de mi memoria, pero el rostro de mi amiga Muna sigue viniéndome a la mente cada poco para recordarme lo que le sucedió. Intento decirle: No te he olvidado, y no os olvidaré nunca”. Su imagen se agolpa junto a las de otras personas conocidas que murieron asfixiadas el 21 de agosto de 2013 en la matanza de las armas químicas de Al-Ghuta oriental. Me siento muy pesada, como si llevara una gran losa sobre mi pecho, cada vez que intento recordar lo que vi y escuché.
Como testigo de aquella matanza, no tengo más que mi testimonio para contar. Fui parte de esa historia y cuando me di cuenta de que el silencio es otra herramienta para asesinar y seguir asesinando, intenté romper el muro del silencio y el miedo a un tiempo, para que creciera en mí la voluntad de contar la historia, por mucho miedo que tuviera.
En Saqba
Nos mudamos a vivir en Al-Ghuta oriental en 2009, aunque no sé muy bien qué nos trajo desde los confines del mundo a vivir allí, en concreto a Saqba, que se convertiría en el corazón y latido del mundo revolucionario en Al-Ghuta. Apenas contaba con treinta y seis mil habitantes antes de la revolución, por lo que era un municipio pequeño; sin embargo, era una de las más grandes ciudades dedicadas a la producción de muebles de todo tipo en Siria, un trabajo que suponía la fuente de ingresos principal para muchos de sus habitantes, además del cultivo de sus fértiles terrenos.
Al principio, no sentí que perteneciese a ese lugar. Lo sentía como un lugar angosto y a su gente extraña y muy distinta de las personas que vivían donde había nacido. No obstante, esas ideas y sentimientos se desvanecieron unos pocos meses después del inicio de la revolución. Saqba fue una de las primeras zonas de las que salieron las manifestaciones contrarias al régimen, y allí vivimos momentos muy bellos soñando con la libertad, la justicia y la venganza contra el opresor. Sentimos esa libertad durante días e incluso meses, y agradecí el golpe del destino que me había hecho parte de esa ciudad, una de sus hijas, testigo de la más maravillosa de las revoluciones, y del más atroz de los crímenes.
A los oriundos de Saqba, en concreto a las alumnas y profesores y profesoras del instituto de educación secundaria de Saqba, me unió un vínculo revolucionario que hizo que los sentimientos de nostalgia y de estar fuera de lugar se desvanecieran rápidamente. Tenía diecisiete años cuando salimos en las manifestaciones que organizábamos colectiva y clandestinamente. En aquel momento, no se trataba de simples concentraciones o gritos por el mero hecho de salir, sino que todos teníamos nuestra propia causa por la que manifestarnos: desde Nur, cuyo padre había sido detenido por el régimen, hasta Manal, que había tenido que pagar parte de la responsabilidad de sus dos hermanos, que se habían unido al Ejército Sirio Libre prácticamente desde sus inicios, a finales de 2011.
Recuerdo cómo nació en nuestras mentes la idea en la clase de Educación Nacional, a la que dejamos de asistir y que nos negamos a estudiar, además de no escuchar a la profesora, que sabíamos que apoyaba al régimen. Algunas de las jóvenes comenzaron a dibujar caricaturas y pegarlas en las paredes de las aulas, pero nuestras actividades no recibieron apoyo de la directora de la escuela, que incluso nos castigó a muchas e intentó prohibirnos que saliéramos en las manifestaciones. No sé si su postura era producto del miedo que sentía por nosotras o de su rechazo a la idea misma de revolución. No puedo saberlo, pero lo que recuerdo es que salimos en manifestaciones en que se elevaron las voces de las alumnas de secundaria y que cogí la mano de mi amiga Muna y salimos de la escuela en una manifestación que llegó hasta la plaza de la Asamblea. Después nos separamos, temerosas por nuestras familias, o por miedo a que nos sorprendiera un misil o nos asaltaran los servicios de seguridad del régimen que, al no poder ya moverse con libertad por el municipio revolucionario, recurrían a asaltos sorpresa con apoyo del ejército. Finalmente, tras el amplio despliegue del Ejército Sirio Libre en Saqba y sus alrededores, dejaron de poder ejecutar este tipo de asaltos.
La vida se volvió mucho más dura después de eso debido a los continuos bombardeos de los aviones y los Scud. También cabe señalar la matanza que cometió el avión MiG del régimen el 18 de noviembre de 2012, que se saldó con la vida de decenas de habitantes de Saqba y el derrumbe de ocho edificios sobre las cabezas de sus habitantes. Esa imagen es una de las más violentas que se mantienen más firmes en mi memoria. Fueron días repletos de horror, miseria y pérdida de vidas, y de esos momentos en que el ser humano siente que va a marcharse de este mundo: “Me va a volar la cabeza, me va a estallar el corazón, van a volar todos mis restos y me voy a disolver; quedarán solo mis huesos”. Esa fue la visión más atroz que me persiguió durante los últimos meses de mi estancia en Saqba, que abandoné, como abandoné toda Al-Ghuta oriental, gracias a un milagro del cielo en noviembre de 2013; es decir, dos meses después de la matanza química. Allí dejé nuestra casa, a nuestra familia y a nuestros seres queridos, que había reunido la tierra, y otros que morirían víctimas de los bombardeos, el hambre o el asedio. Dejé tras de mí un mundo que seguiría luchando hasta el último suspiro.
La matanza con el avión MiG era, en mi opinión, la más violenta y salvaje que había cometido el régimen, pues ¿hay algo más salvaje que la caída repentina de un edificio sobre las cabezas de sus habitantes? Eso me decía, hasta que llegó la matanza química, que me hizo entender que podía producirse un salvajismo mucho mayor del que la mente podía imaginar.
El jueves fatídico
Durante los días previos a la matanza, se produjo un aumento de los bombardeos sobre Al-Ghuta oriental, especialmente en Zamalke, Jobar, Saqba y Ain Turma. Las facciones opositoras dijeron que estaban haciendo frente a los intentos de avance del régimen, que pretendía desmembrar Al-Ghuta. Los frentes ardían y la situación humanitaria en Saqba se deterioraba poco a poco, debido a los cortes de electricidad y las comunicaciones, la extrema falta de alimentos y medicinas y el aumento de los precios, especialmente después de que el régimen bombardeara intencionadamente los hornos de pan de Al-Ghuta oriental, convirtiendo las bolsas de pan en un sueño casi inalcanzable para muchas familias.
Nos acostumbramos a cosas a las que pensábamos que el ser humano no podía acostumbrarse. A quien se escondía en los refugios de Al-Ghuta oriental y había probado el sabor de la amargura y el hambre no le parecía raro que cualquier día llegara un misil lleno de materias químicas.
No eran ni las cinco de la mañana y estábamos intentando dormir. Saqba estaba envuelta en el ruido de los misiles y los aviones que la sobrevolaban, en el ruido de los disparos cuyo eco atravesaba las paredes de nuestra casa. Escuchamos la voz de mi padre, gritando bien alto, nos apresuramos al exterior y lo encontramos con un aspecto agitado y con la respiración entrecortada. Ni su retórica lingüística ni sus frases habitualmente bien construidas le sirvieron para explicar lo que sucedía. Solo era capaz de decir: “Han muerto asfixiados, vamos a morir todos, ese criminal…” Finalmente, completó la frase: “Están aniquilando Zamalke”.
Aún no teníamos una imagen completa de la situación. Solo escuchábamos cosas sobre personas que morían de forma extraña y escuchábamos los movimientos habituales que se producían durante los bombardeos, para retirar los cuerpos de los mártires y salvar a quien se pudiera. Unas pocas horas después supimos que el régimen había lanzado misiles cuyas cabezas llevaban carga química sobre algunas zonas de Al-Ghuta oriental, especialmente en Zamalke y algunos puntos de Ain Turma.
No podíamos determinar qué había que hacer en una situación así: ¿esperábamos a la muerte, que parecía segura e inevitable, gritábamos o corríamos a ayudar? Escuché a un hombre mayor decir: “Saqba es la siguiente, nos vamos a asfixiar como animales, ¿quién va a preguntar por nosotros? Ni EEUU, ni…”
Sus palabras siguieron resonando en mis oídos. Mi madre me dice que abandoné la vida durante unos instantes cuando mi semblante y mis labios se volvieron azulados y se me heló la sangre; sin embargo, volví a ella después. A día de hoy, sigo sin saber qué me hizo aferrarme con tanta fuerza a la vida, a pesar de lo miserable que era. No había electricidad, ni televisión: estábamos totalmente aislados del mundo, hasta que algunos amigos de mi padre nos vinieron a contar lo que había sucedido. Uno de ellos nos dijo, con los ojos inundados en lágrimas: “Vestíos, queridos… Vestíos”. Estábamos vestidos, claro, pero se refería a que nos pusiéramos la ropa con la que íbamos a presentarnos ante nuestro señor.
Hicimos nuestras abluciones, nos vestimos y por encima nos pusimos la ropa para rezar.
Me senté con mi familia, algunos parientes cercanos y los vecinos en un ambiente de absoluto aturdimiento e impotencia. Podíamos escuchar los ruidos que venían de fuera: las sirenas de las ambulancias, las voces de los hombres reunidos en cada esquina, las distintas historias que cada uno contaba a su paso.
Recuerdo bien la cara de nuestra vecina del bajo, cuando cogió a su hija de la mano, junto con la comida que pudieran necesitar, y subió a la azotea para vigilar el cielo desde lejos. Era como si el peso y el salvajismo del mundo entero estuvieran en su rostro, como si hubiera perdido toda esperanza. Nos dijo: “No podré soportar ver a mi hija luchando por vivir y temblando. Si sucede, nos lanzaré a ella y a mí misma desde esta azotea”.
No éramos conscientes de la tragedia a pesar de todo lo que estábamos escuchando, hasta que la vimos en la pantalla del móvil. Grabar era una dura misión en ese momento, en el que no había redes de comunicaciones ni suficiente electricidad para cargar los aparatos continuamente. Enviar los vídeos por medio del Bluetooth era muy lento.
El tío Abu Fadi, que trabajaba en un hospital de campaña en Hammuriya, fue uno de esos amigos que vinieron a nuestra casa. No había ido a Zamalke, pero nos contó que había recibido cientos de casos de asfixia que procedían de las zonas que habían sido bombardeadas. Las zonas de Al-Ghuta habían quedado unidas por un vínculo de sufrimiento, injusticia, hambre, pérdida de seres queridos y el haberse acostumbrado a la muerte. Nos despedíamos cada día con el miedo a que fuera el último. Los centros médicos de Arbin, Hammuriya, Duma y Saqba acogían a miles de afectados por el gas sarín, que habían sido trasladados en coches desde Zamalke y Ain Turma.
Muchos de ellos no lograron sobrevivir y los que lo hicieron, debían mantenerse en observación para reducir los efectos de la inhalación del sarín asesino. Sin embargo, la espantosa situación no permitía mantenerlos en observación pues el volumen de la tragedia superaba las capacidades de los centros médicos de Al-Ghuta. Abu FAdi decía: “Os juro por Dios que parecen mataderos: los coches se llenan de personas en Zamalke, nos los lanzan y se marchan para traer a más”.
Los centros médicos de Al-Ghuta no estaban equipados para ese tipo de casos. Había escasez y, en ocasiones, directamente no había ninguna inyección de atropina ni los ventiladores necesarios para los afectados por el sarín. Lo máximo que podía hacerse en muchos casos era practicar primeros auxilios para intentar reducir el efecto del gas inhalado, como echar agua sobre los afectados y ponerles cebolla en la nariz. Esas medidas sirvieron para salvar muchas vidas, para las que la muerte, tal vez, habría sido más misericordiosa, como el anciano cuya familia entera, incluidos sus seis nietos, habían muerto, quedando él solo vivo después de quedarse ciego.
Escuchamos el testimonio de uno de los que habían sobrevivido de milagro, cuando iba con un equipo médico conformado por un conductor y cuatro técnicos de emergencias a uno de los puntos atacados justo después del ataque. Tres de ellos murieron por inhalación del gas venenoso y solo quedaron dos: él y otro. Nos habló de cientos de niños que no se habían despertado esa noche de su profundo sueño, de ancianos cuyos cadáveres habían sido retirados y que habían muerto de rodillas sobre sus alfombras de rezo, de madres que intentaron llevar a sus hijos corriendo a los pisos más altos para respirar aire, pero a quienes la muerte había sorprendido y les había secuestrado la vida. Nos habló de un día que parecía el Juicio Final en el que la gente corría hacia los caminos oscuros y caían de golpe como hojas de árboles sobre las aceras y las calles y de rescatadores que no lograban ni salvarse a sí mismos.
Los cementerios de Saqba no eran lo suficientemente amplios para todos los mártires que fueron trasladados para intentar auxiliarlos y que acabaron muriendo. Los niños de identidad desconocida eran muchos más que los que fueron enterrados junto a sus familias. Muchos fueron enterrados sin nombre ni identidad porque nadie los conocía. Por eso, les pusieron números en vez de nombres: la niña número 1, el niño número 3.
Las ventanas de las casas de casi todos los barrios de Saqba se mantuvieron cerradas durante muchas noches y los días vinieron cargados de nervios que nos hacían odiarlo todo: a nosotros mismos, al aire que respirábamos y al agua que bebíamos. Todo nos recordaba a los detalles de aquella horrible matanza; pero, a pesar de todo ello, la solidaridad que traspasaba las fronteras de la destrucción, el asesinato y la impotencia se mantenía presente, y las gargantas volvieron a gritar a los pocos días en las manifestaciones que salieron en Saqba condenando la matanza.
El miedo lo dominó todo durante los días siguientes a la matanza. No teníamos miedo de la muerte, sino que teníamos más bien miedo de convertirnos en cadáveres desconocidos. Todo el mundo pensaba en voz alta: ¿dónde me enterrarán? ¿A qué centro me trasladarán? ¿Quedará alguien para las tareas de salvamento en cualquier caso? Muchos pensaron en abandonar la zona, pero era extremadamente difícil y cercano al suicidio, debido a los bombardeos y las batallas que se libraban en los frentes de Al-Ghuta.
Nuestros corazones quedaron ensombrecidos por el miedo a lo desconocido y los días los dedicábamos a aprender a resistir ante la muerte y ante el gas salvaje que esperábamos, aunque temíamos que nos sorprendiera. Había rumores sobre indicios que apuntaban a que iban a acabar con lo que quedaba de Al-Ghuta oriental debido a la alegría y celebraciones de los miembros del ejército de Asad y sus partidarios cuando supieron que habían logrado matar a miles de personas. Ese tipo de noticias nos hicieron convencernos más de que se estaba preparando un nuevo bombardeo químico contra las zonas restantes, especialmente cuando supimos que nadie iba a castigar al régimen por haber traspasado las líneas rojas que había trazado Obama. Todos los llamamientos y las esperanzas que habíamos construido en nuestro interior se desvanecieron y comenzamos a entrenarnos sobre cómo recibir el castigo que pudiera infligirnos el régimen salvaje.
Muchas de las casas en los pisos más altos abrieron sus puertas a los habitantes de los sótanos y los bajos, después de todo lo que habíamos escuchado, y nuestras casas se llenaron de mascarillas protectoras, cebolla, vinagre y una fórmula cuyos ingredientes no recuerdo bien, pero que era una mezcla de vinagre y otras sustancias que hay en todas las casas. Los encargados de las tareas de rescate nos enseñaron cómo frenar los efectos del gas venenoso y cómo atender a una persona que estuviera sufriendo un ataque con algunos primeros auxilios que pudieran resultar útiles.
Por otro lado, nos unimos mucho más al enfrentarnos al fantasma de la muerte, tras el fatídico suceso. Las mujeres dejaron de dormir con camisón y comenzaron a hacerlo con la cabeza cubierta, preparadas para ver a Dios en cualquier momento. Recuerdo bien las plegarias de la gente, pidiendo a Dios que fuera una muerte clemente: sangre y no asfixia, sangre y no ver a los niños con nuestros propios ojos temblando y estremeciéndose. Rogaban a Dios morir a causa de un proyectil o un misil que no dejara a nadie con vida. Quizá no sea creíble, pero ese era el tipo de plegarias que se repetían con frecuencia.
Hoy escribo sobre una herida que sigue sangrando en el alma y la memoria, que emite estertores que se parecen a mis suspiros de aquellos días, mientras pienso en todos los que murieron asfixiados cerca de mí. Escribo a Muna, mi compañera de la escuela y los bancos de madera, escribo cada letra en honor a ella, su alma y sus sueños, que se enterraron junto a ella. Escribo a la valentía que aprendí de ella y a todas las víctimas de la horrible matanza. Escribo para que el olvido no se cuele en mi memoria, cargada de desgracias, para que no olvidemos al criminal ni los crímenes que ha cometido.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Dos hombres poseídos por la vida


Texto original: Al-Jumhuriya

Autor: Mustafa Abu Shams

Fecha: 25/11/2018 


Un día en Alepo a comienzos de 2012, antes de que un creciente número de trincheras acabaran enfrentadas unas a otras, las pancartas de Kafranbel y sus autores se convirtieron en el eje de una conversación. La mayoría de los presentes comentaron el “ingenio” y la ironía mordaz de los que hacían gala, y el hecho de que se salían de lo común. Uno de los participantes en la conversación dijo en tono satírico que las escribían los agentes de tráfico, en referencia a la profesión que ejercían la mayoría de habitantes de Kafranbel. Otro mencionó "el número de estudiantes de Medicina” fracasados y su papel en el diseño de las pancartas. El resto se mantuvieron en silencio y regresaron a Alepo oriental, reflexionando sobre dichos carteles, haciéndoles un guiño y adoptándolos.

En aquel momento era complicado determinar quiénes eran los “diseñadores” de dichas pancartas, pero poco tiempo después, el nombre de Raed Fares se hizo presente como uno de los más importantes activistas de la revolución siria, y como diseñador de las pancartas de Kafranbel junto a un grupo de amigos. Juntos, trasladaron el alegre espíritu de la ciudad y su gente en forma de pancartas, imágenes y canciones, que transmitían mensajes que traspasaban las fronteras de Siria para llegar al mundo entero, con la esperanza de que su voz llegara antes de morir.

Raed Fares nació en 1972. No completó sus estudios de medicina, sino que viajó a Líbano para trabajar allí. Quienes lo conocieron dicen que presenció el asesinato de Rafik Hariri y que siempre culpó por ello al régimen de Asad. Poco después, regresó a Kafranbel para trabajar en el sector inmobiliario. Al inicio de la revolución, fue de los primeros en sumarse a sus filas, lo que lo situó rápidamente en la lista de buscados por los servicios de seguridad. Por ello, junto a Hamoud Jnaid y otros activistas, abandonó Kafranbel para refugiarse en un campamento a las afueras y formar la Coordinadora de Kafranbel.



Por medio de dicha coordinadora, convocaban a la población de Kafranbel a manifestarse y se encargaban de redactar las pancartas y lemas, además de participar en las manifestaciones que en aquel momento quitaban el sueño al régimen. Rápidamente, esas pancartas y lemas se convirtieron en tema recurrente en la calle y colmaron las redes sociales, como señal de la “continuidad de la revolución, sus principios y su carácter pacífico”. La exposición de imitaciones y copias de sus pancartas durante las manifestaciones se convirtió en un “deber revolucionario”.

Hamoud Jnaid era “de naturaleza afable y de espíritu alegre y afectuoso”, lo que le permitió ser el punto de unión entre la gente de la ciudad y la coordinadora. Con la cámara de su móvil, comenzó a registrar las violaciones que las fuerzas del régimen perpetraban en Kafranbel, a la que se acercaba en secreto para realizar alguna misión, entregar un mensaje o preparar una manifestación.

Tras la liberación de la ciudad de las fuerzas del régimen a mediados de 2012, Raed Fares, Hamoud Jnaid y otros activistas de la ciudad fundaron lo que hoy se conoce como “Unión de Oficinas Revolucionarias”. Raed asumió la dirección de la oficina de prensa y comenzó a contar al mundo lo que sucedía en la revolución por medio de vídeos que grababa él mismo, intervenciones en canales de televisión, su presencia en conferencias internacionales y las pancartas que redactaba en inglés y que portaban mensajes políticos dirigidos al mundo entero.

Impulsado por su conocida “valentía”, según sus amigos, Hamoud Jnaid colaboró con la brigada “Caballeros de la Verdad” (Fursán al-Haqq) desde su fundación, “cubriendo las batallas y los bombardeos de los aviones”, pues creía firmemente en la importancia del papel de los medios y la necesidad de dejar constancia con su cámara de las manifestaciones de la ciudad y sus actividades revolucionarias. También grabó cientos de ataques contra la zona.

Pocas veces se perdía algún suceso. Su cámara siempre era la primera: un hombre cubierto de polvo salía de entre los escombros, portando la herida de su gente, los auxiliaba si seguían vivos y los revivía en el recuerdo con su lente si habían muerto. Fue el más importante testigo de los crímenes y los asesinatos perpetrados en la ciudad cuya gente lo amaba, y a quienes él amaba también. Sus amigos, que muchas veces le reprendían por su impusividad, cuentan que siempre respondía riendo: “No puedo evitarlo. Siento que ese es mi rol, que esos son mis hijos y tengo que ayudarlos”. Solía acompañar a los heridos a la sala de urgencias, preocupándose por ellos. “Tal vez esa fuera su misión más sublime: salvar a quien se pudiera”, olvidándose de grabar muchas cosas, poseído por su papel “humano”, sin quedarse en lo meramente mediático.

Pocas veces podía salir uno de Kafranbel sin sonreír. La gente allí se ríe de todo, hasta de la muerte. Si los rasgos de Raed por sí solos no bastaban para conocer “su geografía” sin revelarla, no tenías más que esperar unas palabras de Hamoud para “saber que estabas al ante un revolucionario de Kafranbel”. Ese “tono afectuoso”, sencillo, plagado de expresiones de sorna y groserías, expresiones soeces acompañadas de una sonrisa (como referirse a uno como “maricón”) eran la forma habitual de iniciar un comentario fugaz, una conversación o una mención a una muerte inminente y cercana.


Hamoud era un sencillo obrero de la construcción, nacido en 1980. Fue uno de los pioneros de los grafittis en las paredes al inicio de la revolución, y de los primeros activistas, manifestantes y periodistas también; sin embargo, su rasgo más destacado era que fue “el primero en entrar en los corazones de la gente y el que logró dominarlos”. Se reía como un niño, se mofaba de la muerte que se había llevado a muchos de sus amigos, hasta el punto de que algunos decían que “daba mala suerte”. La mayoría de aquellos con los que trabajó en su labor de certificación de hechos y cobertura mediática habían sido asesinados, pero ese hombre delgado seguía resurgiendo entre el polvo, farfullando insultos y riendo.

Con la ayuda de Hamoud, Raed fundó Radio Fresh[1] a mediados de 2013, como primera emisora que utilizaba en sus programas la lengua oral. Ahí comenzó a conformarse un aura de cohesión en la ciudad: al cmainar por sus calles o sus mercados, la voz del locutor cantaba los precios de los productos a través del altavoz. No hacías caso a los precios, sino que el dialecto te arrancaba una sonrisa con cada palabra, pues se alejaba de las voces roncas “con traje y corbata” que uno estaba acostumbrado a escuchar. Sin darte cuenta, te veías “liberado” con una “chilaba” o un “pantalón vaquero”. La emisión se interrumpía unos segundos, el emisor te informaba de que “un avión o un helicóptero viene hacia ti”, la gente se dispersaba, pasaban unos minutos, y se escuchaba una explosión, seguida de un breve silencio, interrumpido por “la vuelta de la emisión”.

Hamoud no era un “empleado” de la radio, sino que él era “Radio Fresh al completo”, como dice su amigo Mahmud al-Sweid (redactor y presentador de programas en la radio). No percibía ningún salario, ni buscaba fama, sino que dedicaba su tiempo a la revolución y la gente de su ciudad. “Cuando los corresponsales de la radio llegaban al lugar donde se había producido el bombardeo o al punto donde se precisaba ayuda humanitaria u otro tipo de servicio, la sonrisa de Hamoud, que había completado la misión, los sorprendía”.

Los aviones no lograron “callar la voz de Radio Fresh”, así que se ayudaron metafóricamente de sus compañeros en la opresión y la injusticia. Daesh emitió una fatua (edicto religioso) en la que declaraba la radio ilícita y sus integrantes confiscaron el equipo a finales de 2013, además de detener a Raed y Jnaid durante dos días. En la trayectoria de ambos, no había nada por lo que acusarlos o castigarlos.

No es que Daesh necesitara alegar una acusación firme, evidentemente, pero lo que está claro es que la organización en aquel momento no podía permitirse enfrentarse a una ciudad, por lo que intentó matar a Raed lejos de sus cárceles. La intentona fracasó. Tras la marcha de Daesh en 2014, aumentó la hegemonía del Frente de Al-Nusra en la ciudad y sus alrededores, para ñadir su “huella”, que en nada se diferencia ni en pensamiento ni en actuación, de su gemela daesh. Nuevamente, confiscaron el equipo de la radio e intentaron impedir que siguieran con sus trabajo. Volvieron a detener a Raed en la cárcel de castigo y, tras su liberación, se expuso a varios intentos de asesinarlo.

Con su habitual ironía, Raed y sus compañeros añadieron a la emisión sonidos de pájaros, animales, aficiones de fútbol y explosiones en susteitución de la “música pecaminosa”, y modificaron las voces de las mujeres para que parecieran más masculinas. Siempre vencían, gracias a su “ironía y sarcasmo”, a sus ejecutores, con la compañía inestimable de la “lengua hablada y el espíritu del chiste y el ingenio”. La radio y la oficina de medios se convirtieron en una colmena, un lugar de trabajo y un espacio donde pasar veladas al calor del laúd, contar chistes e intercambiar esas sonrisas en las que la revolución se mantenía más fuertemente presente. Esos lugares eran el refugio de todo aquel que pasaba por Kafranbel, de paso, para quedarse o para buscar trabajo y una vida.

Esta vez, la bala fue más rápida que Hamoud, y por primera vez, no pudo grabar lo que sucedió la mañana de ese viernes 23 de noviembre de 2018. En compañía de Raed y Ali Dandoush, había salido de la sede de la radio para prepararse para las manifestaciones que habían vuelto a celebrarse en la ciudad desde hacía unos meses. El sonido de una metralleta alertó a quienes rezaban en la mezquita cercana, mientras realizaban su segunda prosternación. Sin embargo, terminaron su rezo, pues ninguno pensó que “la ciudad había caído de nuevo”. El ruido del asesinato fue más alto que el sonido de la llamada a la oración, ya que, esta vez, los asesinos siguieron a Raed y sus compañeros hasta una calle secundaria al este de la ciudad. Salieron del coche para asesinar a los dos hombres, sin contar con que Ali Dandoush estaba en el asiento trasero y que se salvaría de la muerte. Decenas de balas atravesaron el coche de Raed y los cuerpos de ambos. La ciudad los despidió en silencio.

Dos hombres perseguidos que se negaron a dejar la ciudad, fueron asesinados por una mano traidora, porque alguien debía “silenciarlos”. Sus voces y sus sonrisas provocaron a los asesinos, las pancartas de la libertad, su crítica valiente contra todo aquel que perjudicara a la revolución siria y su lucha por medio de la palabra y la letra engendraron ese rencor contra ellos: eran los artífices de las pancartas y carteles encargados de corregir el devenir de la revolución que había sido robada. Quizá el esfuerzo por redireccionar el camino sea la acusación de la que no se librarán nunca los habitantes de Kafranbel.

[1] Accesible desde aquí.
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lunes, 2 de julio de 2018

Daraa: "La muerte antes que la humillación"


Texto original: Al-Jumhuriya 

Autor: Editorial de Al-Jumhuriya

Fecha: 02/07/2018



Los medios relacionados con el régimen de Asad y las milicias que combaten a su lado han informado de la firma de un acuerdo de “reconciliación” en la ciudad de Bosra, unas horas después de la celebración de una sesión de negociación entre los rusos y varios líderes de las facciones opositoras. Aunque hasta el momento los negociadores no han emitido ningún comunicado oficial que aclare lo sucedido, una fuente bien informada sobre lo acontecido durante la sesión ha explicado a Al-Jumhuriya que Ahmad al-Awda, líder de la facción Jóvenes de la Sunna en Bosra, ha accedido al acuerdo de reconciliación con los rusos mientras que los representantes de la Sala de Operaciones “Al-Bunyan al Marsus”, la Sala de Operaciones centrales en el sur y el Ejército de Yarmuk han rechazado el acuerdo. Al término de la reunión, el canal sirio de Telegram de la Sala de Operaciones centrales en el sur difundió una única frase entre sus seguidores: “La muerte antes que la humillación”. Esta se entiende como un rechazo de las facciones representadas por esta sala al acuerdo en su forma actual.

También se ha difundido por este medio una grabación en la que se ve a seguidores de Ahmad al-Awda entregando un tanque y armamento pesado a la policía militar rusa.

Al-Jumhuriya también ha tenido acceso a un mensaje de voz del doctor Muhammad al-Ammar, miembro del comité responsable de las negociaciones en Daraa, en el que decía: “Los rusos han intentado aislar a algunos líderes militares después de ver nuestra insistencia (en el comité civil) de que se cumplieran unas exigencias claras, y aunque hayan logrado arrebatar un acuerdo a Ahmad al-Awda, o cualquier otro, su principal petición, que es la apertura del paso fronterizo, en manos de la Sala de Operaciones Al-Bunyan al-Marsus, no será atendida, puesto que la batalla allí no ha sufrido ninguna brecha, y nosotros hemos dejado muy claras nuestras exigencias y condiciones. Ningún acuerdo que las obvie tiene cabida”.

El equipo interino de gestión de la crisis, representante de la parte civil del comité de negociación en Daraa, emitió un comunicado previo al final de la reunión en Bosra en el que insistía en que: “cualquier acuerdo que no cuente con el beneplácito de todos los miembros del comité de negociaciones, civiles y militares, solo representará a los firmantes a título personal, y no al conjunto”.

Desde el inicio el pasado mes de la campaña militar contra las provincias de Daraa y Quneitra, las fuerzas del régimen han logrado tomar el control de vastas extensiones de la zona rural oriental de Daraa, incluyendo las regiones de Al-Luja, Basr al-Harir, Al-Ghariyah oriental y occidental y Al-Hirak, mientras que las fuerzas de la oposición han conseguido recuperar el municipio de Saida. En lo que respecta a la parte rural occidental, se ha desmentido la toma de control por parte del régimen de Sheij Saad, que linda con la carretera que conduce a Quneitra, y que también da a las zonas donde se concentra el Ejército del Eterno, que ha rendido pleitesía a Daesh en la cuenca de Yarmuk. Además, se ha confirmado que el acuerdo alcanzado con el régimen incluye la entrada en las localidades de Ibta y Da’el tras los violentos bombardeos a los que han sido sometidas.

La acelerada caída de las localidades de la zona rural oriental, especialmente la zona de Luja, considerada geográficamente como una de las más difíciles en las que desarrollar operaciones militares dadas las complicadas condiciones y naturaleza rocosa del terreno, lleva a preguntarse si los líderes de las facciones militares en la región pretenden de veras combatir. Estos días se ha presenciado un aumento de los desplazamientos debido a los violentos bombardeos de la aviación rusa, que han reducido varias ciudades y municipios de la zona rural oriental a escombros, provocando el éxodo masivo y la entrada del régimen en dichos asentamientos. Sin embargo, grupos de combatientes del Ejército Sirio Libre han logrado recuperar algunas de esas localidades, especialmente aquellas donde el control del régimen no era sólido. A modo de ejemplo, algunos activistas difundieron ayer un vídeo de un grupo de miembros del ESL entrando en una amplia sala en el municipio de Saida donde destrozaron el retrato de Bashar al-Asad, y expulsaron a algunas personas que se encontraban allí, acusadas de colaboracionismo con el régimen. La grabación deja claro se trataba de la sala que hacía las veces de sede del comité de reconciliación en Saida. El fenómeno de los “comités de reconciliación” había crecido durante el pasado año en las zonas de la oposición en Daraa, con el objetivo de llegar a acuerdos individuales con los municipios de las zonas rurales de Daraa. Los miembros de estos comités han sido víctimas de purgas durante los dos últimos meses, especialmente en la zona rural occidental. Teniendo en cuenta las operaciones militares, parece que los líderes de esa región han dudado sobre si debían o no luchar, mientras que algunos grupos de combatientes de dichas facciones han comenzado a retornar a las líneas de combate y a recuperar algunas posiciones de las que se habían retirado o de aquellas que no habían sido cubiertas.

Un grupo de facciones en Daraa, que incluye al Ejército de la Revolución, el Regimiento de la Artillería y la sala de Operaciones al-Bunyan al-Marsus, emitió anoche un comunicado en el que anunciaban su “disposición hasta la muerte” a luchar contra las fuerzas del régimen y sus aliados. Las fuerzas del régimen, por su parte, no han podido abrir brecha en ninguno de los frentes de la ciudad de Daraa ni de la brigada de defensa aérea cercana al paso de Nasib.

La mayor parte de la población de la zona rural oriental se encuentra distribuida por la franja fronteriza con Jordania, en campamentos espontáneos e irregulares levantados tras la huida de los violentos bombardeos lanzados sobre sus municipios. Una parte de los desplazados se dirigió también al oeste hacia Quneitra; sin embargo, los bombardeos los persiguieron hasta la zona fronteriza.

Mientras Jordania mantiene cerradas las fronteras al paso de los desplazados sirios, las autoridades jordanas han accedido a recibir a una parte de los heridos en situación grave en los hospitales de las ciudades fronterizas. Una fuente consultada por Al-Jumhuriya ha informado de que ocho casos están siendo tratados de facto en el hospital de Ramza, pero que ninguna organización médica siria se ha movilizado hasta el momento para encargarse del traslado de estos pacientes a hospitales mejor preparados para sus necesidades.

Periodistas y activistas jordanos han publicado vídeos de la carga de autobuses que llevan alimentos para la población de Daraa que se encuentra en la franja fronteriza. En los vídeos se ve a jordanos llenando los autobuses y preparándolos para asistir a la población del Hawran.

Los bombardeos no han cesado y han afectado ya a un gran número de ciudades y localidades que siguen estando en manos de las fuerzas de la oposición a lo largo y ancho de la provincia. En lo que respecta al desenlace de las batallas, dependerá de la capacidad de las facciones de Daraa de mantener el paso de Nasib en la zona rural oriental cohesionado, y de que fijen sus frentes en la ciudad de Daraa, como hicieron en la batalla de “La muerte antes que la humillación” el año pasado. Esto llevará a la mejora de las condiciones de negociación con la máquina rusa de muerte, en un tiempo en que ha quedado claro que aliados y enemigos internacionales han tomado la decisión de acabar con la oposición siria en el sur.