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lunes, 31 de julio de 2017

Cartas a Samira (1)



Texto original: Al-Jumhuriya

Autor: Yassin al-Haj Saleh

Fecha: 09/07/2017



Libertad para Samira Khalil
(Diseño: El pueblo sirio conoce su camino)


 
En tu oscuro y largo cautiverio, tal vez, Sammur [1], te preguntes cómo no he podido ayudarte en todo este tiempo. Pensabas que yo podría ayudarte, y ya han pasado tres años y siete meses y sigues rehén de tu celda, sin saber nada de mí, ni yo de ti. Intentaré responder aquí y en sucesivas cartas a todo eso. Tu marido sigue siendo el escritor que no tiene apenas otra “arma” que las palabras. Creías que yo, que nosotros juntos, y que Razan (Zaitoune) teníamos conocidos y contábamos con personas influyentes que quizá podrían haber ayudado. También contestaré a eso.
Pero déjame primero que te cuente lo que ha sucedido en tu ausencia, el porqué de que mi capacidad para ayudarte, y para ayudarme, en esta cruel adversidad, haya sido menor de la que yo mismo esperaba. Supondré, Sammur, que hoy sales de tu mundo de cautiverio y quieres conocer lo que ha sucedido en tu ausencia. Te escribo a fin de que estas cartas ayuden a entender lo sucedido. A la luz de esta intención, es como tú has de leerlas. Eres a quien me dirijo, y a ti te escribo, pero supongo que Razan también las podrá leer, y Wael y Nazem [2], o Fa’iq y Yihad [3], que también han desaparecido como tú en el Estado asadiano, o Firas [4] e Ismael, que siguen desaparecidos en manos de Daesh.

Sabes, Sammur, que llegué a Al-Ghouta a comienzos de abril de 2013. Días después sucedieron dos cosas. Apareció Daesh, tras disociarse de Al-Nusra, y logró atraer a muyahidines de países árabes. Yo mismo vi a uno en Al-Ghouta oriental en su momento, un saudí cuyo nombre he olvidado. Por otra parte, Hezbollah intervino sin ocultarlo para apoyar al régimen en Al-Quseir. Podemos convenir que ese mes comenzó a acumularse una capa de la lucha entre suníes y chiíes sobre la revolución siria. Nosotros -tú, Razan y yo- salimos de Damasco al inicio de una nueva etapa de la revolución siria, que se había convertido, al pasar por esta etapa, en una cuestión internacional llamada “la cuestión siria”, pero aquello no estuvo claro, como la mayor parte de acontecimientos históricos que la gente no ve, hasta un cierto tiempo después. Estaba en Raqqa cuando comencé a ser consciente de que el marco nacional de la lucha siria se había empezado a desvanecer en la segunda mitad de 2012; es decir, un año después de que comenzara dicha decadencia. Nadie hasta el momento había advertido de ello ni había intentado salvar la situación.

Estábamos en Al-Ghouta los tres, Sammur -tú, Razan y yo- cuando tuvo lugar el golpe de Al-Sisi contra el presidente elegido, Muhammad Mursi, de los Hermanos Musulmanes. Al-Sisi cfue aupado por un verdadero clamor popular, pero Egipto se ha convertido en una fortaleza de la contrarrevolución en la zona tras dicho golpe, y en un apoyo para el dominio asadiano.

Razan y tú estabais en Duma y yo en Raqqa cuando tuvo lugar la masacre química. Razan cubrió la masacre con dos informes emitidos por el Centro de Documentación de Violaciones y tú fuiste testigo directo que informaba mediante publicaciones en Facebook. Wael y Nazem estaban aún en Damasco. No hubo testigos como vosotras dos: dos mujeres laicas, de fuera de la zona, con una historia de oposición al régimen, que hablaban con gran claridad sobre el crimen, los acontecimientos, los responsables y las víctimas.

En su momento estaba escribiendo, por petición de un bufete de abogados egipcio, un largo artículo sobre la trayectoria de la revolución siria y su destino tras dos años y medio desde su inicio (el artículo, Sammur, está en mi libro “La revolución imposible”, que se publicó en la primavera de 2017, dedicado a ti y a Siria). Durante un tiempo, Sammur, pareció que el régimen por fin sería castigado por sus crímenes, e introduje dicha posibilidad como una de las que podían darse en aquel momento. Sin embargo, según iba escribiendo el artículo, las cosas fueron indicando cada vez menos que el régimen fuera a ser castigado. El entonces secretario de Estado estadounidense, John Kerry, declaró en Londres, durante la primera semana de septiembre, que si se atacaba, sería un ataque pequeño apenas perceptible. Aquello fue alucinante. ¡Los que se han autoproclamado defensores del Derecho Internacional estaban informando a un criminal que había violado ese derecho que tal vez se verían obligados a castigarlo, pero le tranquilizaban diciéndole que no le harían demasiado daño, ni afectarían a sus capacidades de seguir cometiendo crímenes! No había pasado ni una semana cuando se pusieron de acuerdo con los rusos para que el régimen entregara sus armas químicas a cambio de su seguridad. El régimen cuya seguridad, y especialmente la seguridad de su capacidad de matar, eran lo más preciado que tenía, entregó una gran parte de su arsenal. Los estadounidenses dieron fe de su buena disposición durante la entrega de esas armas. El problema del sistema internacional con el gobierno de Asad era la violación del derecho de los fuertes, y no del de los débiles. El régimen comprendió el trato, y acertó de pleno: podía matar a sus gobernados por cualquier medio, salvo las armas químicas. La verdad es que entendió que podía matarlos incluso con armas químicas (de las que se guardó cantidades que pueden ser grandes, a sabiendas de que EEUU querían engañarse en eso) a condición de que no hiciera demasiado ruido y avergonzara a los estadounidenses que sabían más que nosotros. 

Sammur, el régimen en efecto ha utilizado gas cloro en sus ataques a varias zonas desde el pacto químico que parece que fue una inspiración venida de Israel, según uno de sus ministros. No solo cloro, sino también sarín. El pasado mes de abril el régimen bombardeó Jan Sheijún con esa sustancia, dejando cerca de 100 víctimas. La administración Trump (Donald Trump es el presidente estadounidense elegido después de Obama, y es oficialmente un animal, aunque lo mejor que haya hecho hasta hoy sea describir a Asad como un animal) respondió. ¿Cuál fue la respuesta del animal estadounidense a nuestro animal? Bombardeó el aeropuerto de Shayrat desde donde habían despegado los aviones que bombardearon Jan Sheijún, no sin antes avisar a los rusos y que ellos, naturalmente, avisaran al régimen de inmediato. Seguro que te dan náuseas y no pasa nada: acabamos de empezar. Lo mejor es que consigas superar esa sensación, Sammur. Parece que las pérdidas del régimen tras el bombardeo estadounidense se han limitado a lo material.

Sabes, Sammur, que el régimen aumentó el uso de barriles explosivos tras el pacto químico, pero yo vi, con mis propios ojos, como se suele decir, barriles que caían desde helicópteros sobre Raqqa en agosto y septiembre de 2013. Dichos barriles tenían paracaídas que ralentizaban su caída. No sé para qué, ni sé si todos los barriles son así. Lo terrorífico de su caída es que no puedes adivinar dónde caerá, ni cómo protegerte.

Tú, como yo, Sammur, escuchabas -y muy probablemente leías antes de desaparecer- cosas sobre el grupo de Amigos de Siria, un grupo de países que se suponía que ayudarían a los sirios fuera del marco de la ONU que Rusia y China habían paralizado con su veto en el Consejo de Seguridad. Aquellos fueron los últimos días que escuchamos hablar de ellos. Los estadounidenses los llevaron a la muerte y su compromiso con el pacto químico de inspiración israelí fue más fuerte que cualquier compromiso con los sirios o los principios de justicia.

Poco después, antes de terminar septiembre de 2013, Sammur, sucedió otro acontecimiento: Liwa’ al-Islam (la División del Islam), la formación que conoces en Duma, subió de escala y pasó a ser un ejército. Tienen lazos con Arabia Saudí, que les proporciona apoyo económico; la misma Arabia Saudí que a finales de 2012 había intervenido, por orden de EEUU, para que los combatientes no entraran en Damasco cuando el ritmo liberador estaba en pleno auge y derrocar al régimen era posible. El Ejército del Islam era, en el mejor de los casos, un elemento de la lucha suní-chií, y no de la revolución siria; en el peor, una fuerza local de horizonte limitado que se piensa como algo libre en una república o emirato independiente, apoyado en un promotor regional que, a su vez, carece de independencia.

Estábamos preparando tu salida de Al-Ghouta a Damasco, Sammur, y teníamos a amigos trabajando en ello, entre ellos, el fallecido Mahmud Mudallal (Abu Murshid). ¿No sabías que lo habían matado? Desgraciadamente, se nos fue en abril de 2015, tras un ataque doble sobre Harasta (Damasco). El régimen bombardea la zona, y después, cuando los equipos de rescate se reúnen, lanza un segundo ataque. Abu Murshid se nos fue, y se reunió con su hijo mártir, Sammur.

¿No sabías que Abu Saíd también había muerto? ¿Te acuerdas de él? Pasamos una velada en su casa en Mliha poco después de que vinieras, en mayo de 2013. Abu Saíd fue quien me hizo un carné de identidad falso. ¿Recuerdas?

¿Tampoco sabías que Abu al-Izz había muerto? Tal vez no te acuerdes de él. Iba de camino a Jordania, y parece que cayó en una trampa con otros compañeros.

Se nos han ido los mejores jóvenes, Sammur.

Tenía intención de escribirte solo sobre lo sucedido desde que no estás, pero quizá era necesario recuperar estos acontecimientos como introducción.

Te contaré más en otra carta. Solo te ruego que te cuides.

Besos, corazón mío.

Yassin

[1] Sammur es el apelativo cariñoso que utiliza Yassin al-Haj Saleh para dirigirse a su mujer, autora del libro "Diario del Asedio a Duma 2013" editado por él mismo en su ausencia y disponible en castellano gracias a Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.
[2] Los cuatro conforman el grupo de secuestrados el 9 de diciembre de 2013 en Al-Ghouta, en los alrededores de Damasco. Se les conoce como los “Cuatro de Duma” o “Douma Four”.

[3] Amigos de la pareja.

[4] Firas es hermano de Yassin al Haj Saleh.

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