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miércoles, 27 de junio de 2012

El noble monje sirio



Autor: Elías Khoury

Fecha: 25/06/2012


 Me encontré con él en Beirut, vino con mi amiga Giselle Khoury a la cafetería Chais en Al-Ashrafiyyeh, o Al-Jabal al-Sagir. Desde el primer momento, sentí que estaba ante una experiencia teológica de liberación que se materializaba en Siria y el mundo árabe. El padre Paolo me recordó la cara de algunos sacerdotes en los que supe que Jesús el cristiano es el extraño entre los extraños, el pobre entre los pobres y el que camina por la tierra buscando la justicia y la libertad. Vi en sus ojos a mis amigos sacerdotes trabajadores que trabajaron en Burj Hammud y al-Nabga (barrios de Beirut) a finales de los setenta portando la antorcha de la justicia y la revolución, y que eran un modelo de pobreza y sacrificio. También vi en él la cara del obispo de Líbano George Khadar, cuando recuperaba Palestina con palabras y amor, así como recordé la aparición del monje Elías Marcos en su monasterio convirtiendo el cuerpo en un contenedor del espíritu.

El padre Paolo Dall’Oglio es un monje jesuita italiano, el director del monasterio de Mar Musa al-Habshi en Nebek. Restauró el antiguo monasterio y lo convirtió en una célula de diálogo, haciendo de él parte del nuevo tejido sirio que los jóvenes crearon mientras construían con palabras, coraje y razón el sueño democrático y humano que preparó el camino hacia la revolución. Lo han echado de Siria porque dijo la verdad sobre la crueldad y la injusticia, y participó en la restauración de los corazones que rompió la represión.

Habla árabe como los árabes y habla de Siria como quien habla de su país, habla de sus nuevas raíces que han nacido en la tierra del Bilad Al-Sham. Dijo que es sirio y escuché en mi corazón las voces de los y las jóvenes que vinieron a Mar Musa donde rezaron por el mártir cineasta Bassel Shehada (que cayó en Homs y a cuya familia no se le permitió celebrar un funeral en la iglesia de San Killis en al-Qusaa en Damasco). Escuché las voces de los jóvenes diciendo al monje italiano de nacimiento que a Siria y a toda la tierra de los árabes le honra usted, sirio noble.

Me encontré con el padre Paolo para descubrir una amistad que comenzó hace tiempo y la vi dibujándose en la cara de otro monje sirio, que es Nibras Shehayed, que trabaja en Beirut como profesor de seminario en la universidad jesuita, y que es quien me habló sobre su amigo el padre Paolo. Con estos dos monjes y otros como ellos se levanta la voz de la nación por encima de las voces de los radicalismos sectarios que fabrican los shabbiha y los mercenarios, que no solo les basta con matar y robar sino que han establecido un mercado público de lo que han robado en Homs, llamado el mercado suní, según Reuters. El objetivo es llevar a Siria a un conflicto sectario, proyecto criminal en que el régimen dictatorial que está llegando a su caso cree que puede implicar a las minorías.

El crimen del padre Paolo que llevó a su expulsión de Siria es que está en contra de los crímenes. Es un hombre de unos cincuenta años alto e increíblemente modesto. Sorprende su identificación con las víctimas de la represión, tanto musulmanes, como cristianos y alauíes. Es un hombre que llama a la justicia, la libertad y la paz, y que advierte de la posibilidad de que los efectos de la violencia salvaje que practica el régimen con su ejército y sus vándalos destruyan el tejido social y político sirio, como preludio a la destrucción que prometió Al-Asad padre con su eternidad y que lleva a cabo el hijo para ganarse la eternidad prometida del padre.

El padre Paolo dijo que un crimen enorme se está cometiendo en Siria y lo echaron de su país, porque su voz vino a contradecir la voz de la institución religiosa oficial que se inclinó ante la represión y fue cómplice de la misma. Aquí no hablo de una personalidad dudosa como el obispo Lucas Al-Khoury o la monja Mary Anis, que trabajan como portavoces securitarios. No entiendo cómo se callan la iglesia ortodoxa y el patriarca Ignacio Hazim ante un delegado patriarcal en Damasco que no tiene mayor interés que defender al régimen, o cómo la institución católica está conforme con que la monja siga trabajando como mediadora entre los shabbiha de la seguridad siria y la Iglesia…

La vergüenza que anuncia la posturaoficial de las iglesias sirias no puede justificarla el miedo solo, sino que deben desenterrarse sus profundas raíces que vienen de un nuevo sentimiento de inferioridad o de estar protegidos que la dictadura ha creado, y que es más salvaje que el proteccionismo antiguo, porque impone el silencio no solo a las minorías, sino también a la mayoría.

Esta es una vergüenza que supone un preludio de la desgracia, y es de una magnitud que no reduce el hecho de argumentar la postura oficial de todos los líderes espirituales en Siria desde los sheijs Hassun y al-Buti hasta el patriarca Lahham, que es resultado de la injerencia de las autoridades en todas las instituciones de la sociedad, incluida la religiosa. Una vergüenza cuya responsabilidad es de los individuos que se han puesto al servicio del demonio.

Nada justifica el silencio porque callarse ante un crimen es participar en él y argumentar miedo es irrisorio en un tiempo en que el miedo a los bombardeos, los asesinatos y los degüellos es generalizado.

Pregunté al padre Paolo por Homs y sus desgracias, y vi cómo este monje que se ha convertido en un “padre para todos los sirios”, como escribió Muhammad Ali Atassi, dibujaba su patria siria como un clúster de lágrimas en mis ojos.

El modelo que ha creado este monje sirio ha acabado con la vergüenza que la institución oficial de la Iglesia ha hecho cargar a los cristianos sirios, recuperando los instantes honorables de la historia siria moderna cuando los sirios, en sus distintas confesiones se unieron en su lucha nacional contra el colonialismo francés.

El padre Paolo nos lleva al espiritualismo honroso hundiéndonos en las profundas raíces en la sociedad árabe e islámica, haciendo de su vida un testimonio y de su testimonio una vida. Con él descubrimos cómo las palabras se convierten en cuerpo y el cuerpo en palabra, y con su experiencia que une la modestia y la heroicidad, conocemos la nueva Siria que nace del vientre del dolor, la sangre y el martirio.

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