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miércoles, 2 de mayo de 2012

Nizar Qabbani y el hachís de la democracia

Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Subhi Hadidi

Fecha: 29/04/2012




A comienzos del pasado mes de febrero, recordé al gran poeta sirio Nizar Qabbani (1923-1998), cuando Bashar al-Yafari, el delegado del régimen sirio en la ONU, inauguró su discurso ante el Consejo de Seguridad con un verso de ese poeta, para sugerir que aquel glorificaba con su poesía a la ciudad de Damasco (símbolo del régimen, según el delegado del régimen), contra la traición de los árabes y la ingratitud de los árabes. Como es bien sabido, y como el propio Yafari sabe, el poema que citó no era otro que “Pensamientos de un enamorado de Damasco”, donde ataca a los regímenes árabes del despotismo y la corrupción en general, y al gobierno del partido Baaz en particular: 

“Oh Damasco, ¿dónde están los ojos de Muawiya[1],
dónde los que alcanzaron el éxito?
Los caballos de Hamdan[2] ya no bailan,
y al-Mutanabbi ya no llena Alepo[3].
La tumba de Jaled en Homs, al rozarla,
se agita enfadada”. 

Hoy, en el día en que se conmemora la muerte de Qabbani (30 de abril), vuelvo al poema “Pan, hachís y luna” y a un hecho relacionado con él, de corte político, gubernamental, y parlamentario, que refleja el ambiente sirio de los años cincuenta del siglo pasado. Además, este hecho lleva connotaciones sobre el pasado y el presente, y tal vez de cara al futuro, pues los sirios esperan que este su genuino levantamiento les lleve a una vida democrática, algunas de cuyas características ya han probado, sobre todo en los niveles de la tolerancia (religiosa, política y moral), la libertad de expresión, la separación de poderes y la particularidad de la expresión literaria y el poema. Un poema es aquí el ejemplo de esa tolerancia, y supuso un punto de inflexión claro en el recorrido poético de Qabbani, tal vez incluso en su pensamiento, porque, tras escribirlo, recibió el calificativo de poeta-crítico social, radical, que se quiebra en lo más profundo y se desploma comenzando por los cimiento.

No sorprende, por tanto, que el poema provocase la ira de los conservadores y los religiosos en primer lugar (como ya sucedió con el abuelo del poeta, el gran dramaturgo vanguardista Jalil Qabbani), pues no era común en absoluto que a principios de los cincuenta del siglo pasado que un poeta sirio, damasceno y musulmán escribiera:

¿Y qué ofrece el cielo
a los débiles y perezosos,
que se tornan muertos
cuando vive la Luna?
Sacuden las tumbas de los santos,
con la esperanza de que les den arroz e hijos…
Las tumbas de los santos…
Extienden alfombras de elegantes bordones, y se consuelan con el opio
que llamamos predestinación
y decreto divino
En mi tierra,
la tierra de los ingenuos.”.

 El poema era una especie de panfleto político-social, público y poético, un puente de significados y una seducción de la lengua, que invitaba a librarse de los grilletes de la herencia, el Estado y la tribu… Entonces ¿cómo pudo componerlo un alto funcionario del cinturón diplomático sirio, y uno de los empleados de mayor rango en la embajada siria de Londres?

Puesto que un parlamentario sirio podía pedir explicaciones al gobierno con libertad, el delegado Mustafa al-Zarqa (en su nombre y en nombre del bloque de los Hermanos Musulmanes al que pertenecía), fue a entrevistarse con el que por aquel entonces era el ministro de Exteriores Khaled al-Azm, que lógicamente se negó, siendo un veterano liberal, a sancionar a Qabbani o echarlo de su trabajo por su poema, fuera cual fuera su contenido.

Al-Zarqa, a continuación, ejerció el siguiente derecho: celebró una sesión parlamentaria para interrogar al gobierno, presidida por Nazim al-Qudsi, el presidente del Parlamento, y a la que asistió Sabri al-Asali, presidente del Consejo de ministros y ministro de Interior, Abd al-Baqi Nizam al-Din, ministro de Obras Públicas, Fajer Kialy, ministro de Economía Nacional, Leon Zamariya, ministro de Hacienda y Ma’mun al-Kazbari, ministro de Justicia. Al- Zarqa, que era un literato y un gramático, además de profesor en la facultad de Jurisprudencia Islámica de la Universidad de Damasco, dio un discurso excelente contra “un hombre que nos representa y pretende describirnos en un poema descarado y corrupto moralmente en el que muestra la peor cara del pueblo árabe, y lo hace a ojos de los extranjeros, dando una imagen que revuelve el estómago de todo árabe que tiene conciencia de su virilidad y dignidad”.

Según cuenta Shams al-Din al-Ajlana, la sesión terminó sin que se adoptase la sugerencia de llevar a Qabbani al comité de sanciones, por lo que Al-Zarqa fue de nuevo a ver al ministro de Exteriores, el cual había pedido al Secretario General del ministerio que preparase un informe detallado sobre el expediente laboral de Qabbani (no el poético, ni el político, ni siquiera el de los Servicios de Seguridad). La respuesta de Al-Azm fue: “Distinguidos parlamentarios, quiero decirles abiertamente que en el ministerio de Asuntos Exteriores sirio hay dos Nizares: Nizar Qabbani el funcionario, y Nizar Qabbani el poeta. Tengo el expediente del primero aquí, es bueno y demuestra que es de los mejores trabajadores de este ministerio. En lo que se refiere al segundo, Dios lo ha hecho poeta y yo como ministro de Exteriores no tengo poder sobre él, ni sobre su poesía. Si decís que os ha agredido con su poema, podéis devolverle el ataque con un contra-poema, Dios evite a los creyentes las maldades del enfrentamiento”.

Se esté de acuerdo o en desacuerdo con la posición de Al-Zarqa, y se apoye o no el poema de Qabbani, hay una serie de realidades esenciales innegables  que están detrás de esta historia: que la revista “Al-Adab” libanesa, que publicó el poema (y su jefe d edición, el difunto Suhayl Idris, quiso ponerla en primera página) no fue prohibida en Siria ni fue retirada del mercado tras el polémico episodio. Por otro lado, la pugna entre Al-Zarqa y Qabbani no fue discutida en las oficias de los servicios de inteligencia, ni arbitró en ella un oficial de seguridad. Además, los parlamentarios ejercieron su derecho de objeción, y el ministro en cuestión ejerció su derecho de respuesta a dicha objeción,  y que, al final, tal y como dijo Al-Azm, Dios evitó a los creyentes las maldades del enfrentamiento.

Ese hachís fue democrático, por tanto, ya que ni el poeta acabó en la cárcel, ni fue juzgado según las leyes penales, escribiendo así una nueva página dorada en el antiguo registro sirio… Ojalá que los sirios se alegren de volver a ella como alternativa.

A continuación, la traducción del poema completo de "Pan, hachís y luna" de Nizar Qabbani, ya que nos parece interesante incluirlo:

Cuando nace la Luna en Oriente
y las pálidas planicies dormitan
bajo mantos de flores,
dejan las gentes las tabernas… y marchan en grupos
para encontrarse con la Luna…
Llevan pan y palabras a la cima de la montaña,
y provisiones de narcóticos.
Venden y compran imaginación
e ilusiones
y mueren cuando la Luna vive.
¿Qué le hace el disco de luz
a mi tierra?
La tierra de los profetas,
la tierra de los ingenuos,
los que mascan tabaco, los que comercian con drogas.
¿Qué nos hace la Luna,
que perdemos la dignidad
y vivimos mendigando al cielo?
¿Y qué ofrece el cielo
a los débiles y perezosos,
que se tornan muertos
cuando vive la Luna?
Sacuden las tumbas de los santos,
con la esperanza de que les den arroz e hijos…
Las tumbas de los santos…
Extienden alfombras de elegantes bordones, y se consuelan con el opio
que llamamos predestinación
y decreto divino
En mi tierra,
la tierra de los ingenuos.
¿Qué debilidad y hastío
nos invaden cuando su luz se derrama?
Las alfombras, y miles de cestas,
y tazas de té… y niños…llenan las colinas,
En mi tierra,
donde lloran los ingenuos
que viven de una luz que no ven.
En mi tierra…,
donde viven las gentes sin ojos,
donde lloran los ingenuos,
y rezan, y fornican y viven resignados.
Como siempre…, viven resignados
e invocan a la Media Luna.
“Oh, Luna,
oh fuente de la que fluyen diamantes
y hachís…y sopor…
Oh señor marmóreo suspendido.
Oh cosa increíble,
Ojalá sigas siendo para Oriente… y para nosotros,
racimos de diamantes para los millones cuyos sentidos están entumecidos,
en las noches de Oriente…, cuando
la luna se hace llena
y se desnuda Oriente de toda su dignidad
y su ardor…
Y los millones que corren descalzos…
que creen en cuatro esposas 
y en el Día del Juicio.
Los millones que no ven el pan sino en sueños
y pasan sus noches en casas de tos
donde no se conoce el aspecto de una medicina…
Se desnudan…
cadáveres bajo la luz,
en mi tierra…
Donde lloran los ingenuos
 y mueren de llanto
cuando se les muestra la faz de la Media Luna.
Y siguen llorando
cuando les conmueven un vil laúd y “las noches”,
esa muerte que llamamos en Oriente
“noches” y canto.
En mi tierra,
la tierra de los ingenuos,
donde se rumian largas composiciones poéticas,
esa tuberculosis que asola Oriente,
las largas composiciones.
Nuestro Oriente que rumia la historia… los vagos sueños
y las leyendas vacías.
Nuestro Oriente que busca toda  su heroicidad
en Abu Zayd el Hilalí.

[1] Quinto califa del islam, que previamente fue gobernador de Damasco y fundó la dinastía Omeya.
[2]Dinastía que gobernó el que entonces era el Estado de Alepo en el siglo X.
[3] Poeta del siglo X conocido por sus poemas poco ortodoxos y conocido como “el que llena el mundo (de problemas) y mantiene las mentes ocupadas (en él)”.

2 comentarios:

  1. Magnífico recordar a Nizar en estos momentos... ayer leí un verso conmovedor que decía..

    Niños árabes,
    Lluvia de primavera,
    Panochas del futuro,
    Vosotros sois la generación que superará la derrota.

    Gran trabajo Na,
    Un beso

    Laila M.

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