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martes, 17 de julio de 2012

Testimonio de alguien que vio lo que sucedió en Damasco el 15 de julio de 2012


Texto original: Facebook

Autor: Anónimo

Fecha: 16/ 07/2012

"A los desplazados sirios:
Las casas de los refugiados palestinos
están esperando el honor de recibiros y hospedaros"
(Palestinos de Siria)

Salí en taxi del Mezze hacia Al-Zahira, junto al centro comercial de Kafarsousseh justamente. De pronto vinieron dos coches, uno de la seguridad y el otro con shabbiha, ambos salían de las ventanas y disparaban al aire para abrir el camino y tras ellos venía una ambulancia.

Las calles estaban muy atascadas. Bajé del taxi en mitad de la antigua Al-Zahira y eché a andar. Se oían explosiones y bombardeos por todas partes. En el último semáforo de Al-Zahira vi unos jóvenes de pie junto a la entrada de la calle, que estaban organizando el tráfico y observando los coches. Cuando pasó la ambulancia (y creo que muchos pensaron que quién estaría dentro, si manifestantes o alguien de la seguridad), se reunieron y echaron a correr para adelantar al coche y abrirle camino. Me detuve y miré sonriendo: esos son los jóvenes que construirían la nación.

Mientras estaba de pie mirando, me sorprendió que esos jóvenes no estuvieran contentos de sí mismos mientras organizaban el tráfico, salieron unos jóvenes que estaban disponiendo los coches y girando en torno a las familias venían refugiadas desde Al-Tadamun y Dif al-Shawk, y se quedaron ahí hasta que se fueron a sus casas. A uno de los jóvenes le oí gritar a una mujer que iba en un Suzuki con su hija y otras mujeres además de unos cuatro niños montados en la parte de atrás: Señora, si no caben ustedes en nuestras casas, les llevamos en nuestros corazones.

Un segundo coche de recogida llevaba lo que parecían dos familias y más de seis jóvenes corrieron hacia él para llevar a la gente cerca de las entradas al Midan.

El ruido de las balas y los bombardeos era cada vez más fuerte, y más de una bomba cayó en la plaza Battikh (en Yarmuk). Entonces comenzó el alboroto. Caminé en dirección al campamento (una hora y media después) y como era de esperar todas las tiendas del zoco estaban cerradas. El camino hacia el campamento estaba cortado en todas las direcciones y los callejones por los que la gente salía  hacia Al-Tadamun y Dif al-Shawk , nos llevaban a la calle central de Yarmuk. El terror y el miedo que se veía en las caras era indescriptible. Además la gente que huía se sentía perdida y que no sabían qué hacer.

Poco después los jóvenes del campamento comenzaron a dar vueltas en los coches recogiendo a las familias. Una parte importante de ellas se quedó en las casa de las familias del campamento y el resto en las escuelas. Abrieron todas las escuelas de la UNRWA en la calle de las escuelas y llevaron a las familias allí, mientras otros jóvenes daban vueltas alrededor de las casas y locales. 

Una imagen que no olvidaré en mi vida: 

En un coche Suzuki caminaban lentamente y en él había tres o cuatro jóvenes, la gente lanzaba desde las terrazas mantas y colchones y de las casas salían cazuelas y comida. Los locales también sacaban botellas de agua, latas y pan, incluso galletas y chocolate para los niños. Llenaron los coches con eso y las tiendas de fruta y verdura sacaron todo el género que tenían y lo pusieron en los coches. Todo iba a las escuelas y se conformó un comité para cada una de ellas de tres jóvenes que organizaban todo lo que concernía a la gente que allí estaba. Había una unidad de Suzukis en la que los jóvenes buscaban y reunían las cosas. Dos horas después, escuché que salió un joven junto con otros, con el mismo coche, hacia la entrada de la del campamento e intentaó asegurar la entrada a las familias que venían refugiadas. Le alcanzó la bala de un francotirador y murió en el acto: era Hamada Abu Rashid. 

Desde las tres y media de la noche, los jóvenes trabajaban y recogían cosas para llevarlas a las escuelas hasta el punto de que decían a los jóvenes del comité de la escuela: Por Dios, ¿qué más queréis, qué os falta? Por supuesto, los golpes, bombardeos y disparos no se detuvieron en toda la noche, y todas las entradas al campamento estaban cerradas, excepto la calle 30.

 Mi opinión personal: 

Después de lo que vi ayer, estoy convencido más y más de que Siria permanecerá. Pase lo que pase, a pesar de los golpes y la obligación a emigrar, volverá a ser construida, no mejor que antes, sino que se construirá un Estado correcto y verdadero.

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