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lunes, 13 de agosto de 2012

El régimen del exterminio: del exterminio político y moral al asesinato colectivo


Texto original: Al-Nahar

Autor: Yassin al-Hajj Saleh

Fecha:  11/08/2012

Dibujo de Yusuf Abdelki

El trato que da el régimen asadiano a los sirios revolucionarios muestra una firme tendencia a destruirlos y a destruir sus ambientes y condiciones de vida en ellos. En más de 18.000 ocasiones ha llegado a matarlos durante los cerca de 500 días de revolución, en los que además se ha provocado el desplazamiento de alrededor de un millón de sirios en el interior y 200 mil en los países aledaños, y se han visto formas extremadamente crueles y hostiles de tortura. Lo que se desprende de esta realidad confirmada es que el régimen no reconoce la existencia de quienes se oponen a él y trabaja para aniquilarlos y acabar con su existencia por todos los medios.

En la base de esta realidad, está el régimen que construyó Hafez al-Asad, fundamentado en el exterminio político y moral de los sirios y que pone los cimientos para su exterminación física cuando sea necesario, es decir cuando se rebelen contra él. Puede que no mate a todos, pero sí a muchos para que todos entiendan que su turno está cerca y que su vida es una excepción a la muerte. Es sabido que el su régimen ha matado a decenas de miles, pero ha exterminado a todos los sirios, política y moralmente.

Lo que quiere decirse con exterminio político es la negación del derecho de existencia de la actividad de cualquier grupo u orientación política independiente del régimen. Si se da el caso y existe, se desintegra y destruye por la fuerza. Si recurre a la autodefensa por la fuerza, se la extermina físicamente. Las raíces de este método de exterminio político se extienden en el pensamiento baasista que se basa en el principio de falta de nacionalismo. Es decir, en el hecho de que las personas no son “nacionalistas” si no cumplen varias condiciones que solo buscan convertirlos en copias similares de un nacionalismo originario correcto, que es el que el partido decide, y en la época asadiana, el que decide el presidente. Ello mientras la “traición”, que es la antesala de la exterminación política, es común y fácil y podemos caer en ella en cualquier momento, por falta de atención, ingenuidad, interés o debilidad. Ello va en contra de lo que se supone que ha de ser toda tendencia nacional, donde la gente es nacionalista de manera espontánea, mientras que la “traición” es algo poco común y no se aplica más que a quien tiene un comportamiento que se ajusta a determinadas condiciones que deciden los organismos específicos (un poder judicial independiente). La pena para la traición es, naturalmente, la exterminación de la vida, si no, el individuo debe su vida al presidente que lo “perdona”. La falta de nacionalismo funda el monopolio de los escasos nacionalistas del poder y la vigilancia de todos aquellos grupos cuyo nacionalismo es dudoso, que son tratados duramente.

Se sabe que el pensamiento baasista se conformó en ambientes atraídos por los sistemas de pensamiento totalitaristas y todos participan del principio de la escasez, la escasez de ciencia, o la escasez de bondad o la escasez de una política correcta. Estos regímenes comparten el hecho de que levantan altas barreras que evitan que el otro participe con ellos del conocimiento, la ética y la política, y uno no puede alcanzar ni un ápice de todo eso si no abraza dichos sistemas de pensamiento y se comportan según sus directrices. Fuera de tales barreras, solo está lo erróneo, la decadencia, la corrupción y la contaminación, cosas que permite la destrucción de este exterior, como sucedió también con los regímenes comunistas.

Hafez al-Asad es quien creó un equivalente sistémico para el principio de la escasez de nacionalismo baasista: el mujabarat, las clases destinadas especialmente a la exterminación de los “traidores”. La cárcel de Tadmor (Palmira), en concreto, fue una fábrica para el exterminio político de los sirios durante las dos últimas décadas del gobierno de Hafez.

La apuesta esencial del mujabarat es la tranquilidad que ofrece el haberse descubierto totalmente  a la sociedad siria, el ponerse frente a ella como un libro abierto del que sabes todo la ha descubierto, así gobierna toda interacción interna y arranca toda resistencia posible por parte de la población, evitando que se desarrolle cualquier cohesión interna. Cuántas veces han sido los aparatos terroristas del mujabarat el instrumento activo del desmembramiento de todos los grupos políticos independientes con todo lo que ello conlleva desde detenciones a torturas, encarcelamiento y continuas presiones durante largos años. Ciertamente ha logrado acabar por completo con los partidos políticos o los ha devuelto a lo que parecen pequeñas plantas del desierto, que apenas pueden mantenerse vivas teniendo que pagar el precio de la pequeñez.

Sin embargo, la exterminación política puede también manifestarse como la domesticación de algunos partidos, sin llegar a anular su existencia como tal, pero anulando su independencia y capacidad para tomar la iniciativa y le pone bajos techos bajo los cuales no puede vivir si no es tumbado. Esta es la situación de los partidos del “Frente Nacional Progresista”. Existe una forma intermedia de exterminación política que se manifiesta en el abandono de algunos partidos “opositores” a los que se da libertad para mostrar su interior al régimen y descubrirse ante él, pero sin enfrentarse a él en nada. Si ello sucede, les pega en la mano (detiene a alguno de sus miembros, entorpece el movimiento de sus líderes o los humilla). Eso es lo que sucedió con algunos partidos que se supone que son opositores y dio sus frutos, pues dichos partidos se dedicaron a su auto-exterminio político con una habilidad nada desdeñable.

Lo mismo que les pasó a los partidos les pasó a los intelectuales y ciudadanos que quisieron jugar papeles públicos independientes. El resultado fue el silencio o el hacer declaraciones generales sin mayor trascendencia, o incluso el verse obligados a vivir fuera del país. ¿Fueron libres allí? La libertad no tiene valor fuera del lugar al que uno pertenece, la tierra de la lucha por la que se lucha y uno no es feliz con ella si no es fruto de dicha lucha. Más que al exterminio político, la sociedad siria se ha visto expuesta a un exterminio moral. Ni un solo sirio puede comportarse como un actor moral en el ámbito público; es decir que su comportamiento público se complemente con los principios que hay en su conciencia. La base de todo ello es la privación radical de libertad, que es la base de la responsabilidad moral.

En la “Siria de Al-Asad” no solo estábamos privados de una forma simple de libertad como el tener prohibido hacer lo que creemos, sino que también sufríamos de una privación doble: se nos imponía el hacer mucho de lo que no creíamos para que nuestros intereses legítimos fueran más sencillos, o por el mero hecho en ocasiones de librarnos del castigo.

Los exterminios político y moral se intensifican en el caso de los presos políticos, que el régimen se ha afanado a conciencia en humillar para que no obtengan su libertad si no es desprendiéndose de su dignidad, conservando solo algo de ella exclusivamente en una cárcel sin libertad. Prácticamente no hay sirio alguno que no haya pasado por alguna de las muchas sedes del mujabarat y el total puede ser el mismo que el total de sirios mayores de edad, que han pasado negociándose para convertirse en soplones a cambio de que sus asuntos legales fueran más agilizados o para obtener prerrogativas, o simplemente para evitar un castigo arbitrario y cruel.

El “negociar” surge de una doctrina establecida que sirve para aumentar la traición, puesto que cualquiera de nosotros puede caer en sus redes y convertirse en un agente del enemigo, algo de lo que uno solo se salva colaborando con el mujabarat; o sea, convirtiéndonos en informadores o soplones de nuestra familia y amigos. El convertir a los ciudadanos en informadores es un exterminio moral y también una fábrica de traidores. ¿Quién es el traidor si no alguien que espía a quienes confían en él por miedo o por aspirar a algo? Por tanto, puede definirse al mujabarat sirio como fábricas de traidores, lo que ha hecho que más de una importante personalidad destruyera estos servicios criminales que han destrozado la vida de un número incontable de sirios.

Aquí también es poco común que los intelectuales y hombres de religión además de los ciudadanos destacados y actores morales se tomen como modelos. Igual que a los políticos, pocas veces han podido los intelectuales decir la verdad a la cara del régimen o decir “no” en público. La contradicción es la base de la libertad e independencia de conciencia. Algunos lo han hecho y se llevaron algo que disuadió a otros. Debe decirse en este punto que lo que han sufrido los intelectuales es moderado en comparación con lo que han sufrido el resto de ciudadanos y opositores políticos. No pocos se presentaron voluntarios para exterminarse a sí mismos políticamente (alejándose de todo lo político) y otros prefirieron colorearse (la moral más que la política, no permite ser coloreada) o la sumisión, o acatar las órdenes del régimen y sus prohibiciones.

También está, obviamente, el exilio ¿Han preservado los exiliados su conciencia? La conciencia solo se preserva cuando el compromiso moral es difícil; es decir en “la patria”, el lugar de las seducciones y el miedo, el lugar de floración del pecho y de la alegría moral también. Durante décadas hemos vivido a la sobra del miedo y la arbitrariedad. El miedo acaba con la confianza de la gente, sabiendo que la interacción de las personas entre sí es un ámbito de comportamiento moral. La arbitrariedad gobierna la abstención, uno deja de prevenir, calcular y planear. En tales situaciones no solo se abstiene el comportamiento moral, sino que se disculpa por el mero autocontrol o por caminar por el mundo. Tal vez las formas más extremas y obsesivas de religiosidad sean un modelo de dominio ilusorio de la realidad que se escapa, o de un golpe de necesidad de un modelo al que imitar, que al  obedecerse, reduce el nerviosismo y la falta de claridad mental. Tal vez nuestra carencia, me refiero a nosotros todos los no religiosos, de un ser a quien imitar es lo que nos impide conformarnos en un modelo general capaz de dominar.

Este extenso exterminio político y moral ha reducido el valor de la vida de los sirios y les ha convertido en un grueso humano sin valor, sin valores que protejan su vida y por tanto, no pasa nada si es exterminado físicamente, si se vuelve loco y se rebela contra las condiciones de reproducción del exterminio. Eso es lo que los sirios hacen hoy: el exterminio corporal es con lo que los confronta hoy el heredero de Hafez, el exterminio del ser humano y de todos los ambientes de la vida. 

La revolución hoy no se rebela contra este último exterminio, sino contra el exterminio político y moral que está bien fundamentado. Lo que protegerá la vida de los sirios en la Siria post Asad es el ser libres y capaces de elegir y vivir la vida moral y política que quieran. Lo que puede ayudar a proteger la vida de los sirios por parte de los intelectuales es poner de manifiesto las bases del exterminio de pensamiento y político. Nuestra objeción a ello precipita el asesinato colectivo de nuestro pueblo mientras que participamos en la filosofía política y moral del régimen.

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