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jueves, 20 de septiembre de 2012

Ninguna revolución en el mundo se parece a la siria


Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Samir Hijawi

Fecha: 11/09/2012




Los sirios siguen luchando solos sobre el terreno y todas las palabras vacías de los que “se preocupan” por la sangre siria no han salvado la vida de un solo sirio. Ni Turquía, ni los árabes ni Occidente han hecho nada palpable para empujar a la revolución hacia la victoria, lo que la convierte en una situación excepcional en el mundo de las revoluciones de las que ha sido testigo la humanidad a lo largo de la historia. Todos sin excepción engañan al pueblo sirio y lo dejan solo, exactamente de la misma manera que los árabes y la comunidad internacional permitieron a las fuerzas israelíes cercar Beirut en 1988 durante un día sin que nadie se moviera. Entonces todos intercambiaron “palabras vacías” mientras caían las bombas, los misiles y los proyectiles sobre cada pilar de Beirut, excepto en las zonas de sus aliados “aislacionistas” como a algunos les gusta definirlos, o sectarios, como les gusta a otros.

Hoy en Siria se repite el mismo escenario, pero el instrumento de muerte esta vez es el régimen terrorista de Asad y para ello se vale del Ejército Árabe Sirio, o los “defensores de la tierra” como le gusta llamarlos al régimen. El asesinado es el pueblo sirio en su conjunto, y mientras que las fuerzas israelíes bombardeaban Beirut, las fuerzas dictatoriales asadianas bombardean todas las ciudades de Siria. Esta ecuación supone que es necesario que continúe el “gobierno de la fuerza”, con el derramamiento de sangre y destrucción del potencial del país que ello conlleva. El ejército mata al pueblo al que debe proteger. La revolución siria ha hecho caer por su propio peso todas los falsos llamamientos de los árabes y del mundo por la ética, los derechos humanos y otras “palabras vacías” que no sirven de nada, pues el número de muertos en Siria se ha elevado de 50 o 70 muertos diarios, rompiendo la barrera de los 100 y hasta los 200 e incluso a 300, para llegar al record Guinness con unos 500 diarios. Esta es una situación excepcional entre los asesinatos en serie, sistemáticos, criminales y salvajes que se cometen sin descanso y ante la mirada de todos.

Esas ingentes cifras, que han alcanzado los 50 mil muertos, los 100 mil heridos, cerca de 20 mil desaparecidos, más de 150 mil detenidos y cerca de 350 mil desplazados fuera de Siria y más de 2 millones dentro del país, no ha empujado al mundo a intervenir para detener la masacre, y algunos siguen buscando soluciones “políticas” que garanticen la seguridad del liderazgo sirio, como dijo el presidente ruso Vladimir Putin en su última entrevista con el canal Russia Today. El emperador del Kremlin y la Plaza Roja busca la seguridad de “Bashar al-Asad”, su banda y sus shabbiha y no puede ver los 50 mil muertos que ha asesinado el régimen criminal y salvaje asadiano. Es decir, pide la protección del verdugo sin ver a la víctima.

Por otra parte, los “aliados de la oposición” siria juegan para dirigir sus movimientos y su fuerza, y dominar la articulación de sus decisiones de forma directa o indirecta. La mísera oposición siria se ha convertido en un “juguete” en manos de este Estado o aquel, pues trabaja según el principio de reacción y no de acción o de creación de hechos. Ello que la convierte en un instrumento en contra de la revolución de forma indirecta e involuntaria, pues no trabaja sobre la base de “tengo las balas que me bastan para que dialoguemos”, sino sobre la base del “equilibrio de fuerzas” desequilibrado, la propiciación y los llamamientos, y ese es un principio que no lleva más que a la derrota y al fracaso. Si este principio fuera bueno, les habría devuelto a los palestinos sus derechos arrebatados hace 64 años o al menos desde Oslo, hace dos décadas. Partiendo de esta base, esos “supuestos aliados” juegan con la sangre siria para mejorar sus cartas de negociación en cuestiones que nada tienen que ver con el pueblo sirio.

Estas verdades llevan al resultado siguiente: Los asesinatos aumentan en Siria para crear realidades sobre el terreno y seguir una nueva política que gira en torno al cese de todo “movimiento político baazista”, y que se niegue a perder el tiempo y a seguir con los viajes, las reuniones los “bufés libres”, los coches antibalas y la entrada por las salas de los invitados de honor, pues Siria no necesita entrar en las salas de los grandes invitados, sino de los grandes revolucionarios.

Sirios, aprended de los palestinos y no entréis en las madrigueras políticas en las que ellos entraron. Creed en vuestras armas, vuestra lucha y vuestras balas, pues no tenéis, os lo juro, ni un solo aliado más que las balas: todos los demás comercian con vosotros y vuestra sangre. Alejaos de las “palabras vacías” de los salones políticos de esos que no saben más que buscar promesas y darlas, y los que convierten la revolución en una “palabra” que no produce más que dolor, sangre, muertos, heridos, desplazados y destrucción total. 

La revolución siria es una revolución excepcional y las heroicidades de sus hijos también lo son. La perseverancia de su pueblo es excepcional, la criminalidad sectaria asadiana es excepcional y la sed de sus bandas y shabbiha de sangre también lo es. La oposición política siria es excepcional en su fracaso, y eso es lo que hace que la revolución necesite soluciones excepcionales que cimenten el principio de la sangre que quema las enemistades, desbarata las cuentas a rendir y crea las realidades que llevan a un único resultado, que es la victoria excepcional de esta revolución excepcional.

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