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jueves, 15 de septiembre de 2011

Muerte en Venecia

Texto original: Al-Hayat
Fecha: 12/09/2011
Autor: Usama Muhammad[1]
 
Este texto fue leído en el Festival de Cine de Venecia, en el seminario "El cine y los Derechos Humanos" en el que participaron cineastas de todo el mundo.

Imagen: Mana Neyestani

Para poder leer los nombres de las víctimas sirias, teníamos que comenzar con una fiesta de inauguración, ya que la inauguración de una “fiesta” ha estado matando a los manifestantes pacíficos “permanentemente” y sin descanso.

La masacre convierte a las víctimas en números y se traga sus sentimientos. Los sentimientos son mágicos: la materia no se puede abarcar en los periódicos ni en los foros. Las últimas sensaciones al despedir la vida de los hijos… La última taza de café… La adrenalina, el último grito por la libertad... Después, el instante en que la bala atraviesa el corazón. Ese es un momento secreto y grandioso que las víctimas ceden a la imaginación humana, que lo guarda en un depósito.

Temo que mi profesión acabe siendo dar discursos sobre el asesinato de sirios en los festivales. Temo que penséis que soy valiente porque estoy aquí subido a la tarima, tengo miedo de mi sonrisa y de mi ceño fruncido. Tengo miedo de mi connivencia con vosotros sobre el hecho de que el cine que he producido es el que me ha hecho situarme detrás de este micrófono.
Ha sido la sangre de los civiles sirios la que ha hecho que yo esté aquí presente, y aquí estoy, presentando una película en vivo producida por el asesino y su víctima.

Todo se repite: muerte y tortura, muerte y tortura… “Sólo las víctimas son nuevas”.
Así viene uno a la vida y así la abandona. Una nueva persona, en singular. La víctima siria X después de los tres mil anteriores hace que hoy la idea de los Derechos Humanos sea más perseverante y despierte al político de su sueño hipócrita. La idea de los Derechos Humanos está sitiada.

Las ciudades están sitiadas, los hospitales están sitiados, los callejones son salas donde se tratan las urgencias, las aceras sirven para proporcionar cuidados intensivos. Hipócrates ha muerto bajo tortura, vestido con la camisa blanca de un médico sirio que juró su profesión y asistió a los heridos, siendo después arrestado y torturado. 

Entonces Hipócrates lloró. El agente de seguridad secuestró al médico que estaba junto al herido, y también al herido que estaba junto al médico. El herido es un manifestante pacífico que está totalmente desnudo, tan sólo le cubren dos balas a la altura de la cintura. Un agente de seguridad no disfruta de un dolor que él no ha creado: las dos balas no las considera signos de tortura, las ve como un tatuaje antiguo, como si el manifestante hubiera nacido con dos balazos y sangrando. “Naturaleza muerta”. Los agentes de seguridad golpean la “naturaleza”, la naturaleza muere, y ríe y mata. Ríe como en el cine vil y directo.

Existen el cine realista, el surrealista, el del absurdo y el poético.

1. Toma general-Amanecer: Cien botellas de agua fría sobre el asfalto entre ambas aceras. Junto a cada botella hay una flor. En el fondo, tras las botellas y las rosas, out of focus, hay cien hombres y cien fusiles entre las mismas aceras. La distancia que separa los objetivos de las botellas está libre. Una voz camina a través del agua y las flores para decir a los soldados: “Somos hermanos, queremos libertad, no nos matéis”.

2. Agencia de noticias Sham-toma intermedia de televisión: Un cargo oficial describe a los manifestantes como grupos armados.

3. Agencia de noticias Counter Sham-Imagen completa y general: Cien mil manifestantes gritan “Mentiroso, mentiroso, mentiroso”.

4. Toma intermedia: La cámara está detrás del hombro del francotirador. Carga, silencio, “pam, pam”,… Mira al objetivo: “Jajajaja”, y levanta su dedo índice y corazón en señal de victoria.

5. Toma general desde arriba: Es de día y brilla el sol. Una plaza de cemento en blanco y negro. Un hombre con una camisa blanca cruza los límites de la imagen. Su sombra le precede. Blanco y negro. Balas. El hombre cae sobre su sombra, blanco y negro. Corte. 

6. Cámara estática-móvil: Una sombra nada sobre el asfalto. La sombra llega al cuerpo del hombre e impide que le dé el sol. El color rojo comienza a salir del orificio de la bala derramándose sobre el cuepo en blanco y negro: la víctima.

7. Toma general-de noche: Miles de personas pasan por debajo del objetivo en dirección a lo más profundo de un barrio pobre, cantando: “Qué bella es la libertad”. De pronto, un folio DIN A-4, como este que estoy leyendo, aparece ante el objetivo con el siguiente mensaje: “La gente de Jobar exige a la comunidad internacional que proteja a los manifestantes 9-9-2011”. El folio recuerda a las descripciones de imágenes del cine mudo. El folio no describe la escena, sino que dice lo que viene antes y después, sugiere el escenario anterior. El mensaje está escrito a mano.

Sí, proteger a los manifestantes, pero ¿cómo? Quien sostiene el folio no lo sabe, yo tampoco lo sé.

Hace meses que los cineastas sirios lanzaron su petición de que se detuviera la matanza de manifestantes desarmados. Hace seis meses que se dispara a los manifestantes: el festejo de inauguración continúa. Los asesinatos continúan y también los funerales. Se dispara contra los funerales, se los mata. El clima de humanidad es asesinado y los funerales crecen. Un funeral sirio supone una manifestación y una matanza.

Estamos en un tiempo de salvajismo que muerde al tiempo de la humanidad.
Miles de sirios han desaparecido bajo tierra agujereados con balas. Aquí también, bajo tierra, descubrió la humanidad el primer alfabeto. Con cada una de sus letras comienzan sus nombres. Para decirlos, necesitamos miles de años, años que constituyen su memoria y sus recuerdos.

La comunidad internacional no puede devolvérles la vida. Con sus letras, comienzan miles de nombres de detenidos. Aquí estoy yo hablando de miles, “números”: esa es la astucia del asesino en la matanza de los Derechos Humanos.

Los detenidos sirios son secuestrados en las calles, las manifestaciones, las casas y los hospitales. Puede que no regresen o que regresen mañana muertos bajo una tortura rápida. Fast food salvaje.

El compás del tiempo se ahoga entre nombres.Ayer fue detenido Yahiya Yarbayi, el chico al que se le ocurrió representar el carácter pacífico de la revuelta con las flores y el agua en Dariya. Se marchó y no ha vuelto. ¿Regresará vivo?

También están Amer Matar, Jouan Ahu, Hanadi Salhuta, Omar al-As’ad y Tareq Abd al-Hajj, esos pacifistas amantes de Tarkovski[2] y Visconti[3], ¿volveran vivos? Y el abogado Nayati Tayyara...

Y Shadi Abu Fajr, protagonista de “Paraíso sirio”[4], cuyo padre trabajaba en la fábrica de revelado cinematográfico y murió de cáncer. Los fotogramas revelados transmitieron a su hijo dos enfermedades: el cine y la libertad. Shadi fue  secuetrado hace dos meses. ¿Sigue vivo? No lo creo. Queremos a Shadi entre nosotros. La Cruz Roja no lo encontró en medio del escenario de ciencia ficción de las cárceles y las celdas provistas de internet y ordenadores. Nadie preguntó por él. 

Ayer pregunté a mi amigo de Damasco: "¿Cómo ves la situación?"
Dijo: “Libertad”.
Y añadió: “Las imágenes que vemos de asesinatos son reales y el criminal se siente orgulloso de su imagen como tal.
Llanto.
Llanto.
Llanto.
Miles de madres preguntan: '¿Dónde está mi hijo?'
Los sirios no piden ayuda para sí mismos, la piden para el resto de pueblos, para ayudarles a recuperar su humanidad".

Cuando no comenté su respuesta, me dijo: “¿Dónde estás? ¿Has salido?”

“Estoy en Venecia”.

Los sirios no piden ser protegidos de la muerte para salvarse ellos únicamente. Si fuera al contrario, no se dirigirían a ella en las manifestaciones. Piden protección humanitaria, piden a la comunidad internacional que proteja al ser humano, al menos mediante envío de comisiones de observadores, y una prensa que presencie su muerte y su libertad...

La imaginación del pueblo sirio es un nuevo abecedario inteligente, mágico e irónico que pide protección.

[1] Cineasta sirio.
[2] Andrei Tarkovski, directo de cine ruso (1932-1386).
[3] Luchino Visconti, dierctor de cine italiano (1906-1976).
[4] El autor hace referencia a la película italiana Cinema Paradiso.

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