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jueves, 4 de octubre de 2012

El poema que mató a Hasan al-Jayyer



Texto original: Al-Mundassa

Autor: Lili Mar

Fecha: 24/11/2011


Tal vez muchos no hayan oído nunca hablar de Hasan al-Jayyer debido a la invisibilidad que fue impuesta a su historia y su poema, y por la sensibilidad que supone a la familia Asad el hecho de que pertenezca a una de las más grandes familias de Qardaha[1].

Hasan al-Jayyer era un poeta “sirio” que en su juventud perteneció al partido Baaz y, entusiasmado por dicho partido, llamó a su hijo Baaz, pero tras la toma del poder por parte de Hafez al-Asad en Siria, la corrupción fiscal y moral se extendió hasta límites insospechados en los sesenta. Entonces, este poeta comenzó a escribir muchos poemas contrarios al poder al que atacaba debido a la ingente corrupción. No fue atacado en ningún momento porque Hafez al-Asad en sus inicios no quería ponerse a su ciudad ni a su secta como enemigas, por lo que hizo caso omiso de sus poemas. La gota que colmó el vaso llegó en 1979.
A finales de los setenta, Siria fue testigo de muchos asesinatos y muertes de cuya mayor parte el régimen era responsable, mientras que acusaba a la Vanguardia Combatiente[2] de la otra parte. Lo cierto es que muchos fueron asesinados sin que supieran por qué, como sucede hoy. Entre los que murieron estaba un amigo del poeta, muy inteligente y que había  conseguido un doctorado en EEUU recientemente. A pesar de que se acusó a la Vanguardia por ser la víctima un alauí, el poeta vertió todo su enfado en el partido Baaz y Rifaat al-Asad[3] en concreto, y trató el tema de Hama y lo que allí sucedió, igual que en Alepo y Latakia.
El poema se difundió entre la gente, que lo repetía y conservaba oralmente. Eso fue demasiado para el régimen, que lo asesinó ante su casa ese mismo año. Su familia no volvió a verlo vivo ni muerto. Las noticias que se filtraron a través de algunos detenidos eran que ellos habían visto su ejecución y que los servicios de seguridad le habían cortado la lengua previamente.

A continuación el poema:

¿Qué digo si la verdad conlleva latigazos y cárceles húmedas y oscuras?
Si miento, la mentira me aplastará. No quiera Dios que me la atribuyan.
Si me callo, el silencio es defectivo si tras él se esconde la luz de la verdad.
Pero, con el destino del pueblo a mis espaldas, la verdad diré quieran o no.
Dos bandas: Una que gobernó en nombre de la arabidad, no del Baaz ni de los árabes.
Otra que se vistió de religión mientras la religión censuraba sus palabras y actos.
¿De dónde lo trajeron de veras, carente de educación?
Sus palmas no se agrieta sobre el azadón ni los reduce el cansancio
Sin objetivos manifiestos ni el Golán ni el Néguev liberados.
¿Acaso el cielo lloró de alegría sobre ellos y cayeron torrentes de dinero y oro?
No mintáis, ese es el dinero de nuestra tierra y de la comida de nuestros hijos saqueado.
¿Cuántas veces hemos oído hablar de organismos de control para que el pueblo recupere lo robado?
Palabras sin hechos, qué extraño es todo.
Llegó a los más altos escalafones (un ladrón), pero su puesto se devaluó por su falta de valores.
Vergüenza siento de contar sus pecados al ver el mal estado en que todo se encuentra.
Dijeron: Los sindicatos. Dije: Son una mentira. Cuántos juegos con el destino del pueblo.
Para cada sector, un jugador astuto, mandado por un capitán de pobres lanzamientos.
El Consejo del Pueblo todo el pueblo lo conoce y se sabe si vinieron o fueron elegidos.
Dijeron: ¿Y nuestro Frente? Se tragaron lo que dijeron y escribieron.
Cuando dicen “Somos agentes”, caminamos como exigen la oferta y la demanda.
No creyeron las palabras de otros nunca, todos excepto él mienten.
Verán el final el Día del Juicio y harán balance de lo que hicieron.
Dijeron que a Hama la cegó el rencor y se perturbó. Qué increíble que la madriguera del Baaz se perturbase.
Si recordasen lo que la Hama hizo ayer con injustos y latifundistas, habrían sollozado.
Los que la construyeron fueron mejores que quienes elevaron los estandartes del Baaz.
Cuando os vieron desviaros de vuestros principios, por honor, de vuestro amor se desviaron.
¿No era Alepo vuestra plaza? ¿No tembló el mundo contigo, Alepo?
¿No te rebelaste contra la división y no soportaron tus nobles hijos la vergüenza?
¿Y Latakia, cuna del Baaz, qué hiciste para que en tus plazas se despertara un motín?
Los malintencionados quisieron que allí estallara fuego de la divergencia, atraídos por llamas.
Les dijo, herida del dolor de la tristeza: No soñéis con las diferencias, somos todos árabes.
La familia de la víctima recibió las condolencias: vuestra desgracia es la del pueblo. De nada sirven las palabras.
Y aúnque os desviasteis de un mar sincero y astuto, según vosotros todos se desviaron.
Al que ha muerto le agrada un camino que nos une y no que el pueblo se pierda en él.
Caerá la lluvia en la tierra sedienta y la noche y las nubes se dejarán ver.
Queda para siempre un lema insustituible: “Dios es grande, todos somos árabes”.

[1] Lugar de nacimiento de Hafez al-Asad.
[2] Organización armada con relaciones poco claras con los Hermanos Musulmanes que perpetraron asesinatos sectarios en los setenta y principios de los ochenta.
[3] Hermano de Hafez al-Asad y responsable primero de la masacre de Hama de 1982.

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