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lunes, 20 de febrero de 2012

Vaga en su mente por Homs, la imagina como una ciudad esplendorosa

Texto original: Al-Hayat

Autora: Ninar Hassan*

Fecha: 20/02/2012


Soy de Siria, donde la infancia ha olvidado sus antiguos sueños, el juego, las vacaciones de verano, el helado que compras a escondidas con el aguinaldo de la abuela, las Navidades, las cortas visitas a los parientes duren lo que duren…
Y donde también esa infancia ha olvidado sus preocupaciones diarias: la mañana de colegio, hacer los deberes, la comida que no nos gusta, la hora en que terminan los programas infantiles…

Soy de Siria, donde una niña, apostada en el balcón de su casa ahora, no sabe por qué observa el cielo, ni le importa lo lejano que esté. Mira hacia la casa de los vecinos de enfrente y no repara en el columpio que hay en su terraza, ni se pregunta cómo alguien que tiene un columpio tan grande como ese no lo utiliza nunca.

Observa en silencio al hombre que vende maíz, que nunca abandona el barrio, ni vende nada a nadie y del que nada quiere comprar. No sabe por qué se ausenta constantemente del colegio ni por qué no va a casa de su abuela en otra ciudad. No entendió la explicación de sus padres: “el camino está cortado”.

¿Cómo se corta el camino? ¿Dónde llevan el corte? ¿Con qué lo cortan? ¿Cuándo crece otro camino en su lugar? Vaga por su imaginación buscando razones para que el camino esté cortado: ¿Lo ha cortado algún niño travieso que conducía su bicicleta a gran velocidad, quedándose el camino enganchado entre sus ruedas hasta romperse? ¿Lo golpeó el director del colegio con un gran palo y lo cortó? Tal vez la ceñuda profesora de dibujo lo cortó a lo largo con su enorme tijera para decorar la pared… La última idea la convenció de lo mucho que odiaba a la profesora de dibujo que siempre estaba enfadada.

Recuerda cuando no le dejó dibujar a Mickey Mouse, aquel día que se celebraba el aniversario del Movimiento Correctivo[1] y debía escribir “16 de noviembre” con letras bonitas sobre la bandera de Siria y la bandera del Baaz. “Pero yo quiero dibujar, no escribir. ¿Qué es el Movimiento Correctivo? ¿Por qué el director pronuncia un discurso en árabe clásico[2] hoy? ¿Qué dice? ¿Por qué hoy se acuerda de llamarnos ‘hijos míos’? ¿Por qué no podemos no asistir a la celebración ni dibujar y escribir más que sobre temas relacionados con el Movimiento Correctivo?”

Recordaba cómo aquel día le pidió a su padre que le escribiera algo sobre el Movimiento Correctivo y cómo su padre se rió de esos deberes y cómo su madre la regañó cuando le preguntó: “Mamá, ¿por qué no quieres a Hafez al-Asad? Toda Siria lo quiere, eso nos ha dicho hoy el director”.

No le gusta el colegio, ni le gusta el color gris de las paredes, tiene miedo de la verja de hierro que cubre las ventanas y odia el alto muro que le impide ver el barrio durante el recreo. Odia también la gruesa vara del director, los viejos y estrechos asientos y el color de su uniforme azul. Odia haberse quedado sola en el asiento después de que se amiga viajara a su pueblo. ¿Dónde está su pueblo? ¿Y por qué el camino a su pueblo no está también cortado? Recuerda cuando su amiga le susurró al oído: “Papá dice que el pueblo es más seguro para nosotros ahora”. ¡Más seguro!

Envidiaba a su amiga porque la bruja que se comía a los niños maleducados no podría llegar a su pueblo y porque “el ladrón” que secuestra a los niños que se acuestan tarde no sabía dónde estaba su nueva casa.

Odia el invierno, no le gustan el frío y la lluvia, pero prefiere quedarse en la calle, porque se ha hartado de ver a la familia siempre mirando las noticias y no entiende por qué su madre no le deja escuchar cuando la presentadora habla de Siria. Tampoco sabe por qué llora su madre cuando lo ve y lo escucha… “Los mayores son muy raros a veces, ¿por qué mamá se empeña en ver algo que le hace llorar?”

Hace un tiempo que le prohíben ver los programas infantiles: en casa no se ven más que noticias. Nadie les visita desde hace mucho, por lo que la niña se siente más sola y perpleja. El silencio a su alrededor lo interrumpen de pronto las sirenas de las ambulancias y los coches de bomberos, seguidos de ruido y estrépito, además de canciones que se parecen a las que oye en su colegio, mientras los cláxones de los coches hacen más ruidosa la escena. Escucha a su padre insultando desde dentro. No sabía que su padre decía “palabras feas” y eso le molesta mucho. El frío aumenta.

Recuerda su chaqueta de lana roja que su abuela le había tejido. “Me quedaba pequeña, por eso mamá se la mandó a la hija de su amiga en Homs, porque a su amiga le gustaba el color, pero con ella envió también un jersey negro y otras prendas y abrigos de colores. ¡Dios! La buena de mamá quiere mucho a su amiga de Homs, pero nunca nos la ha presentado”.

Se imagina Homs llena de lugares de recreo, parques zoológicos, puestos de helados y tiendas de juguetes. No hay duda, esa es la única razón para que todos amen esa ciudad y hablen de ella siempre. Vaga en su mente por Homs, la imagina como una ciudad esplendorosa en la que las escuelas no tienen muros ni ventanas de hierro, donde los estudiantes llevan ropas normales y la profesora de dibujo les deja dibujar lo que quieran.

El hilo de sus pensamientos se interrumpe con el ruido de una fuerte explosión. Su madre sale corriendo, la abraza y la mete en el frío comedor. Mira hacia la televisión desde el regazo de su madre y antes de que se corte la electricidad aparece la imagen de un niño dormido sobre el suelo cuyo cuerpo y cuyas ropas se han coloreado con esmalte rojo. Entonces lee “H, O, M, S”: ¡Homs!

Y se va la luz…

*Escritora siria que firmó el "Manifiesto en pro de la ciudadanía"
[1]Así se llama el golpe de estado de Hafez al-Asad contra su propio partido, cuya deriva demasiado "izquierdista"  no le convencía.
[2] El árab clásico es un nivel de lengua culto en el que a diario nadie se expresa, utilizándose en su lugar los dialectos de cada zona y país.

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