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miércoles, 1 de febrero de 2012

Las sirias y el futuro tras la caída del régimen

Texto original: Al-Hayat

Autora: Samar Yazbek

Fecha: 07/01/2012




Aún es pronto para valorar la democracia tras la caída de los regímenes (dictatoriales) y juzgar aquello a lo que se tendrán que enfrentar las mujeres del mundo árabe en lo referente a sus derechos y libertades, en caso de que los partidos islamistas tomen el poder. Sin embargo, no hay duda de que una furiosa guerra ha comenzado en Egipto, Túnez y Libia entre estos partidos y las mujeres que han dado un paso al frente con valentía y coraje para preservar sus derechos una vez desaparecidas las dictaduras revestidas de un laicismo fracasado.

En Siria parece que la situación es diferente a pesar del aumento de tintes islámicos porque una rápida ojeada a lo que las mujeres han hecho durante la revolución hace que la situación sea menos negra de lo que parece. Este relativo optimismo sigue dependiendo de cómo termine la experiencia revolucionaria en Siria que busca instaurar una democracia y cuya primera etapa comienza con la caída del régimen y con un claro viraje del mapa político de la zona hacia un islamismo moderado de corte turco.

El levantamiento sirio desde su inicio ha llevado las semillas que aseguran su salvaguarda, no por constituir una excepción del resto de revoluciones árabes, sino por el hecho de que la sociedad siria lleva en su interior los genes de su propia diversidad y multiplicidad, incluso en el marco de la situación de esclavitud en la que vive este pueblo que se levantó para exigir la libertad y la dignidad. Los cambios en los lemas de los manifestantes dan una idea del humor general variado, a pesar de que han aumentado los signos de islamización, comprensibles dentro de la lógica del derecho del ser humano de pertenecer a una religión como fuente de vida. Eso es lo que se manifiesta en las canciones, los dibujos y los bailes durante las manifestaciones. La más reciente sorpresa fue en Nochevieja, una noche llena de cantos, bailes y fuegos artificiales en la mayoría de vídeos de las manifestaciones. Allí, las mujeres que irrumpían entre las filas de los observadores de la Liga Árabe llevaban velo, no niqab (velo que cubre la cara), lo que implica que no hay una comprensión extremista salafista de la religión, y sugiere un deseo firme del pueblo de lograr una vida digna en el marco de la autoridad religiosa.
Esto será así siempre que no se comercialice dicha autoridad tras la caída del régimen en pro de programas políticos islamistas.

Antes de que se conformaran los comités locales, y comenzaran las protestas, cuando Egipto  y Túnez estaban en plena ebullición, los jóvenes sirios se movían en silencio y pensaban en la manera de salir a la calle contra el régimen dictatorial. Entonces, en aquellos primeros movimientos, las mujeres tuvieron un papel. Lo que llama la atención es que dicha presencia femenina se combinaba también con la presencia de una amplia pluralidad sectaria y de clase, panorama que pronto se trasladó a las actividades de protesta en las distintas ciudades sirias. Se observa con fuerza la presencia de la mujer en la composición de los comités, en las manifestaciones, en la redacción de los manifiestos revolucionarios, en la grabación de vídeos y su transmisión a los medios, en el socorro a los manifestantes, en la formación de comités de apoyo a la revolución, en la colecta de donaciones económicas y en el estrechamiento de lazos de unidad nacional concienciando a la gente. Lo más importante es la visible actividad que han llevado a cabo en el socorro a los heridos y el papel que han jugado en la coordinadora de médicos. Las mujeres también tuvieron un papel activo en la formación de la unión de comités locales y, en el terreno cultural, las mujeres han mostrado una cara más valiente e influyente que los hombres. En más de una ocasión hemos visto a mujeres activistas dirigir las manifestaciones de forma pública, eso sin mencionar a las dirigentes de comités  y de la unión de comités que se han convertido en iconos de la revolución. Del mismo modo, las mujeres han recibido también sus dosis de detenciones, persecución y tortura.

Lo importante es que mujeres activistas pertenecientes a las minorías han salido también a la calle, incluidas las mujeres de confesión drusa y alauí, y ello a pesar de la dependencia que se dice que estas dos sectas tienen del régimen y el miedo que se les ha imbuido. Si por un lado un importante porcentaje de activistas de estas minorías en concreto han salido a la luz, por otro, encontramos que un importante porcentaje de miembros anónimos de estas sectas se han callado por miedo o, en gran medida, se han unido al sistema. Eso significa que el levantamiento no pertenece a una secta en concreto, echando por tierra la versión del régimen, y que de hecho, estas minorías gozan de la libertad social suficiente para que sus mujeres salgan así de concienciadas y libres de las constricciones religiosas, familiares y sectarias.

La mujeres no han estado solo al lado de los hombres en los inicios del levantamiento, sino que han dado lugar a una situación que debe ser estudiada con profundidad cuando los activistas puedan hablar con libertad de su experiencia: hablar de ello sacará a la luz una serie de verdades y nos hará preguntarnos si, habiendo participado en el movimiento de forma numerosa, las mujeres lo pagarán volviendo a situaciones inhumanas.  ¿Se verán en la difícil situación, como sucedió tras la revolución iraní en 1979, de que la revolución se invierta y las primeras víctimas sean las libertades y derechos de las mujeres?

Según ha transcurrido hasta hoy la revolución siria es difícil decir que los derechos de la mujer quedarán en la situación adecuada, no por el advenimiento de la corriente islámica, porque se trataría de una corriente moderada que establece una separación entre los derechos del individuo y los de la nación, entre la libertad de sus ritos y sentimientos religiosos. Pero el miedo viene de adónde puede ir la revolución en caso de que la situación continúe en el estadio en el que ahora se encuentra y que la calle se dirija más y más hacia la religiosidad y el extremismo, más aún cuando algunos focos aquí y allá llamen a la islamización del estado y se nieguen a hablar de los presupuestos mínimos del estado moderno, que se resumen en “La religión para dios y la patria para todos”. Puede que en el momento en que caiga el régimen se aleje a las mujeres de los centros de toma de decisiones y que veamos otra casa aún poco nítida entre los sectores extremistas. Así, a pesar de la amplia presencia femenina, está clara la tendencia a adoptar determinadas posturas políticas en beneficio del proyecto islamista, y eso es sobre lo que debe advertirse.

La mujer durante la época del régimen dictatorial vivía bajo una libertad enmascarada, de forma pero no de contenido en lo que al derecho del ser humano a la libertad y a la ciudadanía se refiere, exactamente igual que el hombre. Esto se reforzaba con las tradiciones y costumbres heredadas y, últimamente, más con la intensificación del sentimiento religioso. Las mujeres sufrirán más y deberán superar muchas pruebas tras la caída de la dictadura que han ayudado a eliminar, viéndose obligadas a luchar en el frente más difícil y complicado: cavar los cimientos de una sociedad lejos del marco de la anterior dictadura revestida de laicismo, abierto a un extremismo y una religiosidad que excluyen a las mujeres de la participación en la vida general y política.

Que haya una constitución civil y un cambio en el Estatuto Personal, y que se creen y funden organizaciones de derechos civiles desde ahora que se preocupen por la cuestión de la mujer y la exigencia de sus derechos, es el paso complementario a la caída de la dictadura en el camino hacia la adquisición por parte de las mujeres de sus libertades.

La dictadura es defectiva por necesidad, pero su caída también porque seguirá llevando durante largo tiempo las semillas del retraso y las mujeres serán el frente más expuesto al peligro si no se advierte de ello. Las mujeres no deben quedarse calladas frente a los planes y programas políticos de los partidos islamistas que quien volver con ellas a tiempos pasados, para que salgan de un yugo para meterse en otro, pasando de una injusticia a otra. Ellas se encuentran ahora verdaderamente entre la espada y la pared.

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