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miércoles, 20 de julio de 2011

Las familias Khalifa y Al-Asad: la hermandad de la tiranía

Texto original: Al-Quds al-Arabi
Fecha: 01/05/2011
Autor: Subhi Hadidi



Tal vez no nos apartemos mucho del tema sirio si hablamos del levantamiento del pueblo en Bahréin, sobre todo porque comparten la misma indiferencia de los medios de comunicación, tanto árabes como extranjeros.


Hay aquí, más allá del sentido de la solidaridad natural, y de los deberes políticos y morales, una necesidad de apoyo mutuo: al igual que se unen los tiranos (en secreto o públicamente), también tienen que unirse los pueblos que buscan la libertad, de manera pública si es posible, y con independencia de las particularidades de sus acuerdos y de las diferencias en cuanto a los detalles.


No voy a comentar los hechos del glorioso “Viernes de la ira”, y me desplazaré a Bahréin. Con lo cual no creo alejarme mucho de Siria, ya que el discurso de Khalifa allí es idéntico al discurso de Al-Asad aquí, en tanto que ambos evocan al mismo tiempo la “conspiración”, los “traidores” y la “sedición”.


El elemento común más importante en el levantamiento actual en Bahréin, así como en el caso de las protestas populares a lo largo de la historia del país, es que las diferencias sectarias religiosas no impidieron su unión en una coalición nacional exigiendo reformas. El segundo elemento común es que el poder no ha reprimido los levantamientos populares porque amenacen al régimen y a los privilegios e intereses de los príncipes locales, sino también para servir a los programas y los intereses de las potencias regionales y internacionales.


Quizás muchos no sepan que la celda de Napoleón Bonaparte en la isla de Santa Elena, también recibió (pero más de 140 años después) a activistas de Bahréin que reclamaban reformas constitucionales, y que fueron reprimidos con violencia por la policía del príncipe de la isla, junto a las fuerzas del Mandato Británico.


En el año 1938, el gobernador británico Sir Charles Dalrymple Belgrave (¡que escogió para sí el título de Belgrave de Bahréin!) expulsó a la India a una serie de intelectuales, comerciantes y sindicalistas de los trabajadores del petróleo, después de que hubieran participado en la huelga convocada para pedir elecciones libres y reformas constitucionales.


En el año 1922, estalló una intifada popular contra los impuestos discriminatorios, exigidos solo a algunos sectores de la cuidadanía, y para suprimir el sistema de “trabajo gratuito” que hasta entonces se consideraba como un derecho de la dinastía real.


La actual intifada se ha desatado, por tanto, para plantear demandas sociales, políticas y constitucionales que no tienen nada que ver con lo que presentan las autoridades, repiten la mayoría de los países del Golfo y sugieren numerosos analistas y gobiernos de Occidente; que se trata de una tensión entre chiítas y sunitas. La gran mayoria de los ciudadanos de Bahréin, independientemente de su filiación religiosa, son víctimas de la extendida corrupción, el autoritarismo absoluto, y la conversion del país en una finca privada de inversión al servicio de la dinastía real. Además de un trágico dato que señala que el 54% de la población (1,2 millones) son trabajadores extranjeros, asiáticos sobre todo, muchos de los cuales están siendo reclutados para el ejército, la seguridad, y los diversos aparatos de represión.


Una de las paradojas de la gran corrupción, es que Bahrein, que está compuesto por 33 islas, ¡ya no tiene prácticamente playas! El 20 % del territorio actual del país ha sido ganado al mar (con la consiguiente destrucción de la vida acuática y natural) con el fin de establecer complejos comerciales, e instalaciones turísticas, que a menudo son propiedades de la familia real. Hay, por ejemplo, contratos de arrendamiento entre el Estado y los inversionistas, con plazos de hasta 100 años, con un valor de 30 fils (menos de 1$ EE.UU.) por año. Como ejemplo, citamos el edificio central de correos en Manama, que ha sido alquilado como parking para coches de cinco estrellas, por el valor de 50 dinares (unos 130 dólares) al año!


Bahréin tambien alberga la base de la Quinta Flota de la Armada estadounidense, y es una zona de amortiguación entre Arabia Saudí e Irán, lo que explica la gran preocupación de Estados Unidos ante la evolución de la intifada popular, así como explica también la intervención militar saudí directa, aprobada por el Consejo de Cooperación del Golfo, bajo el nombre de “Fuerza del Escudo de la Península” (considerada legitima por Walid al-Moallem, el ministro sirio de Relaciones Exteriores). También explica la posición de Teherán, que no deja de recordar que Bahréin es territorio iraní, no ahora, bajo el régimen islámico, sino desde la dinastía del Imperio Safávida. Fue en el año 1957 cuando el Parlamento aprobó una decisión que considera a Bahréin como el estado número 14 de Irán.

En esta situación, la familia Khalifa aplicó una doble estrategia que combinaba el uso de la fuerza con medidas dilatorias hasta la intervención militar de Arabia Saudí, que optó ya sólo por la política de “Puño de Hierro”. Así, el príncipe anunció el estado de emergencia y detuvo a varios dirigentes de la oposición, asimismo las unidades militares utilizaron munición de guerra, y causaron decenas muertos y cientos de heridos entre los manifestantes. No fue una sorpresa que la hermandad de la tiranía y la corrupción, que ha unido las familias Khalifa, Asad, Gadafi, Saleh, y a todas las familias tiránicas árabes en un mismo bando, unificara también sus opciones de seguridad militar en la represión de los levantamientos, sin abolir el derecho de los tiranos a la variedad en cuanto a los métodos de tortura y de barbarie.

No sin diferencias, por supuesto, como en la posición ante la “influencia de los símbolos”: si las autoridades de Bahréin desmantelaron el monumento en “la rotonda de la Perla”, las autoridades sirias, por su parte, no han podido evitar que los manifestantes rompan los ídolos del régimen (estatuas del padre y su heredero). Ambas posiciones, en cualquier caso, recuerdan y confirman el dicho árabe: “no necesita argumentos lo que podemos ver con los ojos”.

*Subhi Hadidi, crítico, ensayista, traductor, especialista en la obra de Edward Said, es un conocidísimo intelectual sirio perseguido por el régimen de Al-Assad y exiliado desde hace años en Francia.

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