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jueves, 21 de julio de 2011

La rosa damascena de la libertad

Autor: Elias Khoury
Fecha: 18/07/2011

Hoy Damasco nace en Damasco, la ciudad de los siete ríos, como un día escribiera Nizar Qabbani, se levanta exigiendo libertad y espacio para respirar. Todo un pueblo se desangra ante nuestros ojos mientras deja escapar un grito de libertad que sale de gargantas, pechos y manchas de sangre.
Este es el Damasco que amamos, un corazón que late y un latido que recorre nuestras venas, una tierra que se levanta y un sueño que nace cada día.

Valentía, nobleza, perseverancia… a niveles que el mundo desconocía. Del Houran del trigo a la costa donde el pez se tiñó de los colores del arco iris para huir de la tiranía. De Hama, ciudad de mártires, a Homs, ciudad de Khaled Ben Walid y de Dik al-Yinn. Cada esquina de esta tierra esconde una historia, que la historia esconde.

Hoy Damasco despierta en nosotros, y su despertar tiene un solo nombre: valentía. ¿Dónde estaba esa energía que hoy mana con rebeldía? ¿Acaso éramos incapaces de verla? ¿O será que los pueblos se sorprenden a sí mismos primero, siendo sorprendidos  por su sorpresa?

Hemos visto los rasgos de este comienzo en los rostros de muchos escritores e intelectuales sirios. Yasin al-Haj Saleh nos relató la experiencia en la terrorífica prisión de Tadmur para mirar hacia alante, Faraj Birqadar nos relató en forma de testimonio y poesías la tragedia grabada en sus carnes, Mustafa Khalifa nos llevó al Caparazón, Samar Yazbek mostró los espejos de la represión para fabricar los espejos del espíritu, Michel Kilo vivió el milagro de la resistencia moral que creó, y así un largo etcétera… No puedo olvidar la cara de Riad al-Turk y el optimismo de su espíritu en la película de Muhammad Ali al-Atassi, u Omar Amirlay con su énfasis en dejar constancia dibujando la historia de la represión y la miseria. Primero fueron los “Sueños de día” según la visión poética de Muhammad Malas, después vinieron las “Estrellas del día” con su delirante y sorprendente ambiente en la película de Usama Muhammad.

Fuisteis, y con vosotros un gran grupo de intelectuales de Damasco, herederos de Antun Muqaddasi, Yassin al-Hafez y Saad Allah Wannus, herederos de la verdad, hijos e hijas de la realidad. En el ardor de vuestras palabras y vuestras obras vimos el espejo de la represión desvanecerse para fundar la cultura de la libertad. Esa valiente cultura que crearon los y las intelectuales que vivieron desplazados, en las cárceles y bajo la represión, se une hoy al latido del pueblo sirio para anunciar la caída del despotismo y su desaparición a nivel político y moral, antes de caer de forma total.

Sé y sabéis que hay voces que dudan sobre vuestro pueblo y su revolución y que los restos de la cultura del despotismo pueden filtrarse en el discurso de la libertad para vaciarlo de su contenido; pero también sé que vuestra perseverancia, visión y sabiduría aborrecen la sabionda charlatanería y miran hacia el horizonte para construir un horizonte de libertad, justicia y dignidad para Siria.

Hace unos pocos días, varios intelectuales salieron a manifestarse en el barrio del Maydan: rompieron el estúpido muro de la élite y decidieron aprender del pueblo en vez de levantarse ante ellos como profesores de una lengua que ha perdido su significado. Cuando May Skaf fue detenida, se dibujó la línea que separa a los intelectuales de la libertad de los intelectuales del régimen.

La cultura de la libertad que nace hoy en Siria extiende sus raíces desde el gran al-Kawakibi hasta Antun Makdisi y se encuentra a sí misma hoy enraizada en un país que los tiranos creían haber convertido en propiedad privada. Hela aquí levantándose con un pequeño manifiesto en sus manos que se publicó en los setenta con el título de “Manifiesto por la democracia”, escrito por un intelectual exiliado en París llamado Burhan Ghalioun. Esta cultura está inmersa hoy en una dura batalla en cada ciudad y pueblo de Siria a sabiendas de que vencerá porque el despotismo ha perdido su legitimidad y su lengua. Ya no es más que un instrumento sordo que utilizan los ricos en el poder y los dirigentes de los servicios de represión para robar y dominar.

La lucha de la cultura de la libertad en Damasco es en realidad la lucha de toda la cultura árabe. El pueblo hoy escribe su crítica sobre la derrota de junio [1967], como soñó Sadeq al-Azm hace cuarenta años. Hoy también, todos los pueblos árabes declaran, los que se levantan y los que esperan, que ha llegado el momento de escribir un nuevo amanecer que sirva de base para el despertar del letargo de la represión, la lengua muerta y la cultura del sinsentido.

Es imposible no leer las cicatrices de la libertad en el cuerpo de la cultura siria, desde Nizar Qabbani hasta Muhammad al-Magut… Un legado de rechazo, de sueños y de resistencia contra la pesadilla se manifiesta hoy a través de un nuevo amanecer y de una luz que vemos grabada en las frentes de los muertos en el momento de caer sobre el asfalto, para consagrar su país con su sangre y para que la gente recupere su patria mediante el sacrificio y la perseverancia.

Después de tanta sangre derramada y de esta valentía para enfrentarse en rebeldía al mecanismo de represión en la zona, y tras cuatro meses de una realidad que nadie era capaz de imaginar puesto que la represión dominaba cada célula del espíritu, los y las intelectuales sirios se han dado hoy cuenta de que no hay marcha atrás.

El pueblo ha gritado un lema y ese lema debe hacerse realidad antes de tratar ninguna otra cuestión: el pueblo quiere echar abajo el régimen. Simple y llanamente y con total espontaneidad, todos los pueblos árabes han descubierto que un verso puede sacudir todos estos tronos y sillones y que el grito de al-Shabbi puede convertirse en el grito de todo el mundo y ser una guía que dibuje el horizonte si un día el pueblo quiere vivir*.

El pueblo quiere vivir echando abajo el régimen. Es aquí donde comienza el discurso y donde descubre la revolución que no sólo recupera el significado de las palabras, sino que las palabras tienen una historia modelada por los significados y que los albores del despertar árabe contra el despotismo se recuperan hoy como un proyecto histórico para sacar al mundo árabe de la sumisión, la humillación y las derrotas.

Hoy Mahmud Darwish descubre que “el collar de la paloma damasceno” cubre el espacio árabe con el sueño de libertad, y el río Barada vendrá hasta sus dedos para anunciar el fin de la desunión… Pues Damasco será la primera de todas las capitales.


* “Si un día el pueblo quiere vivir” es el título del poema más famoso de Abu-l-Qasim al-Shabbi, poeta tunecino de principios del siglo XX, que llamó a los pueblos árabes a despertar y a decidir su destino, en vez de conformarse.

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