Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
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martes, 20 de agosto de 2013

Pensamientos al margen de la sangre



Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Elías Khoury

Fecha: 19/08/2013

 

Se acabó el tiempo de la inocencia… Durante la guerra civil libanesa descubrimos que la revolución no es bella, y que el romanticismo de las fotografías del Che Guevara y los sueños del mayo del 68 se convierten, al chocar con la realidad, en pesadillas. La revolución no es un sueño, sino una pesadilla por la que hay que pasar.

Este determinismo del que sigo convencido me confunde, pero más me confunde la forma en que la revolución estalla en la gente y se vuelve en un momento histórico concreto en una opción ineludible. “No perderemos más que nuestras cadenas”, según Karl Marx. Y es cierto, pero ¿quién garantiza que no cambiaremos unas cadenas por otras? 

Pero antes de llegar al resultado -cuestión problemática y complicada-, está la propia senda revolucionaria, llena de sangre, decepciones, errores y sueños frustrados. Las revoluciones árabes han presentado una realidad en la que muchos no pensaban: la gente no hacen revoluciones, sino que se ven metidos en ellas. Es decir, que las revoluciones se parecen a fenómenos naturales como terremotos y volcanes, y no tenemos más opción que interactuar con y meternos en ellos, y dar con las ideas adecuadas para que pasen en el menor tiempo posible, y volver a lo que llamamos la vida normal. Nosotros no hacemos revoluciones porque las revoluciones nos levantan y nos crean.

Las revoluciones árabes que estallaron debido a la represión y la humillación se han encontrado sin liderazgo ni ideas y eso es lo que ha atraído a algunos a apoderarse de ellas y ponerlas a su servicio, desde los regímenes del Golfo a los islamistas takfiríes pasando por los Hermanos y los ejércitos. Y eso es lo que ha permitido a un régimen salvaje como el de Bashar al-Asad seguir destruyendo Siria, resguardándose en una alianza regional basada en el temor de que el Golfo fuera engullido por las revoluciones y que ha apoyado al régimen dictatorial en el marco de las luchas por el liderazgo de la región.

La revolución tal y como la vivimos ahora es triste y deprimente, y ha perdido su brillo romántico. Ello nos pone ante dos opciones: lavarnos las manos ensangrentadas con sangre y pretender ser inocentes, o seguir defendiendo los valores humanos y la necesidad de proteger a la sociedad del desplome y enfrentarnos al despotismo y las dictaduras del islam político como podamos, con palabras y/o hechos.

Se acabó el tiempo de la inocencia.

En Siria el Padre Paolo es secuestrado, y la gente de Raqqa se levanta contra el despotismo de Al-Qaeda y sus semejantes. Y en El Cairo, los Hermanos han decidido, en defensa de su autoridad, convertir Egipto en un baño de sangre.

Se acabó la inocencia, pues la lucha contra la dictadura de Asad el carnicero es una lucha contra toda dictadura y la defensa de los Derechos Humanos ha de comenzar por la defensa, en primer lugar, de la vida del Ser Humano y su dignidad.

Paradojas del destino, los revolucionarios que permanecen en la memoria son las víctimas y no los vencedores: la Comuna de París, no la Bolchevique, Mayakovski y no Gorki, Guevara y no Castro, Rosa Luxemburgo y no Stalin. A Arafat le salvó morir envenenado por Israel y a Abdel Nasser morir intentando reconstruir su ejército derrotado.

14 de agosto, en Aita

Aita ocupa un lugar especial en la memoria libanesa, allí comenzó la guerra de julio de 2006 y allí se dibujó la resistencia del pueblo libanés contra la destrucción israelí de la línea de libertad por medio de la sangre de las víctimas. Tras la retirada del monstruo israelí, fui a Aita el día en que se anunció el alto el fuego en medio de un río humano interminable que regresaba al sur del Líbano.

Allí, mi corazón se encogió ante las casas destruidas, y vi cómo los combatientes de Hezbollah creaban su leyenda de resistencia y defendían la vida con su muerte. Este año, el 14 de agosto Nasrallah nos llevó con él a Aita y le escuchamos a través de la pantalla de televisión. Me pregunté ingenua e inocentemente por qué una facción resistente libanesa ha de ir a luchar para defender al régimen dictatorial en Siria. ¿Por qué una resistencia que por primera vez en la historia de la lucha árabe-israelí impuso una retirada sin condiciones a Israel ha de participar en la guerra del régimen sirio contra su pueblo?

Es una pregunta ingenua que pertenece al tiempo de la inocencia que se va perdiendo entre la sangre que corre en el Levante árabe. Es una pregunta que nos lleva al lodo de las políticas de identidad que han pasado de ser políticas sectarias reducidas a Líbano a ser una política general en el Levante Árabe. El punto débil de la resistencia islámica en Líbano es su punto fuerte. Su debilidad es su identidad religiosa en un país multiconfesional, que la hace presa de dicha identidad, y por tanto pierde la capacidad de dirigirse a todos. Pero esta debilidad es, en contrapartida, la fuente de su fuerza, por dos razones: la primera es que ofrece un material ideológico que viene a cerrar el vacío de la caída de las ideologías nacionalistas y de izquierda, la segunda es el establecimiento de una alianza firme con Irán, que lo provee de armas, dinero y entrenamiento.

Este complejo compuesto de fuerza y debilidad lo convierte en parte de la lucha de identidades en la Siria histórica e Iraq, y traslada su principal contradicción de una contradicción con Israel a una interna en el corazón de Siria. ¿Podemos pedir inocentemente a Hezbollah que abandone Siria? Lo más probable es que ya no podamos. Fue posible, al menos en un principio, en el tiempo de la inocencia que ha quedado hecha trizas.

¿Existió en algún momento la inocencia?

Hago una elegía a la inocencia como si algún día hubiera existido, algo que no está confirmado, y lo más probable es que se trate más de una suposición literaria o cultural, nada más. Cuando me encontré con exiliados iraníes en Berlín el año pasado, recordé las verdades que la escoba de la historia había borrado, y vi imágenes de miles de detenidos y detenidas de izquierdas que fueron ejecutados entre vítores de revolución.

No, la inocencia no existió nunca, y eso es lo que revela la decadencia de los medios árabes, que han llegado a su nadir, por lo que hoy ya no hay medios, sino armas que luchan en medio de mares de sangre en el Levante Árabe. ¿Fueron libres alguna vez los medios árabes que nos sorprendieron por su libertad? ¿Cómo el libre se convierte en esclavo y vocero?

Lloramos a la inocencia para protegernos a nosotros mismos de la brutalidad de la historia e intentamos regresar a un tiempo ideal para no reconocer que nuestro idealismo fue un engaño. Esto no significa que debamos retirarnos del lodo de la historia, sino simplemente que hemos de ser conscientes de que nuestra defensa de los valores no puede ser inocente, sino que debe estar ligada a una visión política y social. Si no, su inocencia será ingenua y su defensa de los valores una humillación.

lunes, 22 de julio de 2013

Porque no se puede simplificar

Esta pintada reproduce la cita de un político y escritor kurdo: Marwan Uthman


"Traicionaría mi identidad kurda si negara mi identidad siria y traicionaría mi identidad siria si negara mi identidad kurda" 
(Coordinadora de la confraternidad)

viernes, 30 de marzo de 2012

¿Va el Mediterráneo hacia un nuevo Sykes-Picot?

Texto original: Al-Hayat

Autor: Bakr Sidqi

Fecha: 29/03/2012

El título hace referencia al acuerdo alcanzado 
entre Mark Sykes (Gran Bretaña) y Charles François Georges-Picot (Francia)
 en 1916 para repartirse los restos desgajados del Imperio Otomano,
  a espaldas de los árabes a los que se les había prometido un Estado Árabe
 bajo el reinado del Jerife Hussein.


Desde Turquía a Iraq, Siria, Líbano, Palestina y Jordania se extiende una amplia zona llena de culturas y problemas a un mismo tiempo: variedad cultural, nacional, religiosa y confesional por un lado, y problemas complicados y crónicos que se han acumulado durante más de un siglo por otro. En vez solucionarse con el tiempo, estos problemas han empeorado aún más por culpa de la política. Así, a los problemas árabes, judíos, kurdos, cristianos y armenios, se ha unido un nuevo problema chií, y hoy nos enfrentamos a lo que podría llamarse el problema alauí. 

Las últimas declaraciones del ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, sobre el miedo que le producía el posible establecimiento de un gobierno suní en Siria en la etapa post-Asad, son un mal presagio que no carece por ello de relevancia. Es como si nos hubiera llevado de nuevo a finales del siglo XIX, cuando la Rusia cesarista quería jugar el papel del protector de los ortodoxos en Oriente Medio en su enfrentamiento con las principales potencias europeas coloniales en aquel entonces. Es como recuperar las “paranoias de las minorías”, que no hay forma de tranquilizar si no es con las garantías de las grandes potencias.

Si Mustafa Kemal Ataturk hubiera recogido lo que quedaba del cuerpo del desvanecido Imperio Otomano en su forma de Estado-comunidad turca, habría terminado de purificar su república de griegos y judíos, después de hacer lo propio con los asirios y los armenios, y habría intentado turquizar a los kurdos y los árabes que quedaran. Sin embargo, las cuestiones kurda y  aleví[1] empeoraron a la sombra de su república laico-suní. Así, fracasó en sus intentos de turquizar a los kurdos , de sunificar a los alevíes y de laicizar a los turcos, a pesar de las duras medidas que adoptó.

Iraq, que se dirige imparablemente a un aumento de las luchas intestinas, es testigo hoy de una tensión que tal vez sea la más peligrosa hasta ahora entre la dictadura de Al-Maliki, apoyado por Irán, de un lado y los componentes suní y kurdo de otro. Puede que el problema de Tariq al-Hashimi[2], que se ha refugiado en la región federal del Kurdistán, sea equivalente al asesinato del heredero del Imperio Austríaco, que fue la causa inmediata de la balcanización de la zona de los Balcanes tras la Primera Guerra Mundial.  En las últimas declaraciones de Masud Barazani se trasluce un aviso y un desafío a la amplia dominación iraní que caracteriza a Iraq tras Saddam Hussein.

En Líbano, no se vislumbra en el horizonte solución política alguna para el problema de Hezbollah, que ha recuperado de una forma más peligrosa y complicada que antes el aislamiento maronita libanés de los años setenta, porque el partido chií armado hasta los dientes representa una prolongación directa de Irán en la costa mediterránea y la frontera norte del Estado de Israel. Y si la tensión suní-chií ha caracterizado la pasada década en Líbano, ha sido también un reflejo local de la tensión entre el Golfo árabe e Irán desde que tuviera lugar la Revolución Islámica de Irán a finales de los setenta. La pesadilla de las minorías chiíes en los países del Golfo ha ido a peor con las políticas de injerencia de la República Islámica de Irán nacida de tal revolución. Los países revolucionarios con sus recursos petroleros, han visto cómo el problema llegaba a su peurta, después de trabajar para deshacerse de Saddam Hussein: su lugar lo ha ocupado una influencia iraní sin precedentes en Iraq.

La esperada caída del régimen sirio descolocará la alineación actual de las potencias en la zona y la influencia iraní que se extiende hasta Líbano, Palestina y Yemen perderá a su eslabón más importante, quedando el destino de Hezbollah en la incertidumbre. Sin embargo, la crisis siria que ya dura más de un año, avisa hoy del nacimiento de un nuevo problema: “la cuestión alauí”, cuya influencia puede llegar hasta Turquía e incluso el norte de Líbano.

El código de conducta política sirio ha evitado hablar de la minoría alauí por miedo a ser acusados de sectarismo. Así, se suele separar entre el régimen dinástico inaugurado por Hafez al-Asad hace 42 años y entre esta minoría. El régimen de los Asad ha intentado cubrir su adscripción minoritaria con una nebulosa ideológica que habla de la unidad nacional, además de la creación de redes con la más extremista de las corrientes islamistas, por lo que Siria puede incluirse en el paraguas de la zona de Al-Qaeda en un sentido amplio. A diferencia de su homólogo baasista en Iraq, el sumo cuidado del régimen de Al-Asad padre para asentar las relaciones con Arabia Saudí y los países del Golfo, se ha agitado en la época del hijo tras el asesinato de Rafiq al-Hariri.

La cuestión alauí hoy, después de que el régimen haya logrado en gran medida unir el destino de esta minoría confesional al suyo, y a pesar de que muchos activistas alauíes se han implicado de lleno en las actividades de la revolución siria, la sombra del apoyo al régimen que se tambalea se extiende sobre esta minoría. Incluso algunos de ellos han pasado del apoyo a la participación activa en la cruenta represión sangrienta de los civiles en las zonas revolucionarias, formando parte de las milicias de los shabbiha a las que se les ha encomendado las más sucia de las misiones y la más apta para provocar la guerra civil, a la que el régimen ha dedicado todos sus esfuerzos desde la primera semana de la revolución. Dichos esfuerzos han fracasado hasta hoy gracias a la sorprendente conciencia nacional de los revolucionarios, pero nada garantiza que la situación no derive en lo peor debido a que el régimen no ha detenido el derramamiento de sangre.

Estamos hablando de cerca de tres millones de habitantes a los que el régimen ha puesto al otro lado de una profunda grieta nacional. Esa es la cuestión alauí en la que el régimen muy probablemente quiere invertir para usarla como última línea de defensa en un proyecto divisorio que recupere la conformación de la entidad siria de los años veinte[3]. Esta suposición viene reforzada por lo que está sucediendo en Homs tras la caída de Baba Amro y  la masacre y purga de Karam al-Zaytoun, además de las medidas individuales que lleva a cabo el PKK en las zonas del norte del país. El régimen lo ha animado a dominar por medio de las armas esas zonas, y a crear sus instituciones para “la autodeterminación”, algo que su líder encarcelado, Abdalá Ocalan, había sugerido en su origen para las zonas kurdas en Turquía. Recientemente, este partido ha amenazado con declarar la guerra contra Turquía si entra militarmente en Siria a raíz de las declaraciones de Ergogan sobre la zona aislada.

El mapa de Oriente Próximo no se completa si no se menciona a la entidad israelí, que ha fracasado en su integración en el tejido de esta zona y que sigue, tras más de medio siglo de su fundación, enfrentándose a su crisis existencial e intentando establecer el “Estado judío”.

La revolución popular en Siria no hará más que sacar a la luz el heterogéneo “mosaico” tan querido para los orientalistas. Es en él, tal vez, donde debamos buscar el secreto de la indiferencia de Occidente ante las atrocidades que comete el régimen de Al-Asad contra los sirios, mientras su portavoz dice: “Dejemos que la manzana siria madure y se pudra para volver a poner los mapas sobre la mesa”[4].

Esto no es el destino, la mesa puede volcarse si el régimen cae rápido.

[1] Es común la confusión entre los alevíes y los alauíes. Sin embargo, son dos comunidades diferentes. En Turquía hay representación de ambas, en gran parte debido a que la zona de Antakya fue concedida a Turquía por Francia y arrancada del territorio sirio.
[2]Vicepresidente iraquí (suní) que ha sido denunciado por corrupción, desencadenando un enfrentamiento suní-chií en el nivel político.
[3] El territorio sirio estuvo dividido durante un tiempo según criterios confesionales según un plan de la potencia mandataria francesa.
[4] Suponemos que el “portavoz” es una metáfora de EEUU.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Fadwa Solimán está fuera de Siria

A continuación una reproducción casi total de la entrevista realizada por el programa Al-Hiwar de la cadena de televisión France 24 el día 27 de marzo de 2012.



¿Qué traes contigo de Siria?

Traigo conmigo la esperanza que tiene todo el pueblo sirio de encontrar una solución a la crisis siria. Traigo conmigo el dolor del pueblo sirio, que ha sido abandonado ante la máquina de la guerra. Traigo conmigo la esperanza del pueblo sirio que salió con ramos de olivo en las manos, de forma pacífica, y fue abandonado frente a la máquina de la represión y la muerte. Traigo conmigo el dolor del pueblo sirio para el que incluso su oposición ha sido incapaz de alcanzar una solución. Traigo conmigo el dolor del pueblo sirio cuya oposición no ha estado nunca  a la altura de su valentía, de su heroísmo, ni de sus sacrificios en pos de su verdadera libertad. Traigo conmigo la voz del pueblo sirio que salió bien alta para pedir libertad. Hoy, el pueblo sirio acabará asesinado o se convertirá en un asesino

¿Por qué mandaste un mensaje a la gente de la costa desde Latakia?

La gente de la costa ya se sabe quiénes son. No me gusta dividir, utilizando la lengua y la lógica del régimen, pero la gente de la costa saben bien quiénes son, la gente de la costa que en ningún momento  ha estado fuera del tejido social sirio y que se han sacrificado exactamente igual que el resto de sirios por la libertad de su país y su nación. Les mandé un mensaje para que fueran conscientes de que hoy tienen una responsabilidad histórica. Todos nosotros en Siria tenemos esa responsabilidad, una responsabilidad que es mayor cada día porque el país se nos va. No importa que nosotros queramos o no democracia y libertad […]. Se lo dirigí no solo a la gente de la costa, sino a todos los partidarios del régimen en todas partes de Siria, porque los hay por todo el país: ‘Sed como queráis, apoyadlo, oponeos, sed libres, pero hay algo humano que nos une a todos, el amor por Siria. También nos une otra cosa y es que estamos en contra de los asesinatos, de los tanques, de la violencia’ […] (porque el régimen manda a otros a matarlos, matándose entre sí) ¿Queremos matarnos entre nosotros? La paz civil la protegemos nosotros […].

¿Puede haber hoy un discurso racional con las armas sobre el terreno?

El discurso racional no ha de darse solo hoy, sino todos los días, durante los próximos veinte años. Siempre ha de haber un discurso racional. Es cierto que hay armas en la oposición, pero todos tenemos que saber cómo analizar. La gente de la costa, como el resto del pueblo, sabe que el régimen es un régimen dictatorial represivo, que ellos son las personas a las que más ha castigado el régimen […] y que los ha usado para proteger a la familia Asad exclusivamente […]. Ni una sola vez el ejército sirio ha sido enviado a proteger las fronteras de Siria, ni en el Golán ni en ningún otro sitio. Por ello, han de comprender la realidad: recuperad a vuestros hijos del ejército y los servicios de seguridad porque vuestros hijos no son asesinos […]. Por muy en contra que esté del otro, no levantaré mi arma contra él. Si uno dice: ‘No te quiero Bashar al-Asad’, ¿vengo y lo mato? ¿Bajo qué legalidad?

¿Afirmas que estás en contra de usar un arma contra otra y que tú estás a favor de la libertad?

Sí, sí. Ningún arma le trae la libertad a nadie, solo trae más sangre, más asesinatos. ¿Pueden nuestras conciencias en Siria hoy soportar todas estas masacres que tienen lugar? Yo les he dicho a los revolucionarios en Siria: ‘Tengo miedo por vosotros. Queremos a Siria, no queremos que los jóvenes de Siria se vayan. El régimen es el que nos ha empujado, u os ha empujado a tomar las armas, ha empujado a la oposición a tomar las armas. ¿Por qué? Porque con ello puede justificar su presencia y que así siga habiendo asesinatos, incidiendo y reincidiendo en ello. Por tanto, tu arma te traerá aún más muerte. Calmémonos y descansemos un poco, pensemos de forma racional porque está Siria, está un país en juego’.

¿Ha podido el régimen recuperar su dominio militar?

Si hubiera logrado tenerlo todo controlado, habría detenido las matanzas y habría dicho que en Homs ya no hay revolucionarios, que la ciudad está liberada según su óptica […]. Pero va en beneficio del régimen hacer que estén divididos, que los revolucionarios tomen las armas para decirle a la comunidad internacional: ‘Hay armas en el país y tengo que enfrentarme a ellas’. Así, le darán la luz verde para que continúe.

¿Cargas parte de la responsabilidad de la prolongación de esta situación a la oposición?

Sí. […] A la oposición siria, como he dicho, les exigimos unirnos. Ello no significa que si alguien pertenece a un partido tenga que dejarlo, sino que debemos unirnos hasta que caiga el régimen y, después, las urnas darán su veredicto. Pero ante Siria, ante los asesinatos, ante la violencia, ¿es lógico que nadie proponga una solución política tras un año?

¿No hay solución militar?

Yo, yo personalmente, no quiero la solución militar, yo he estado delante de las balas del régimen y he dicho: ‘No a tus balas’. No puedo, mi corazón no me permite, ni mi pensamiento tampoco, decir: ‘tomad las armas’. No puedo decirle a nadie que se sacrifique por nadie. No me gusta eso. […] Comprendo que hay gente, a la que respeto y valoro, que puedan dar su vida. Si yo muero, no tengo problema, y ellos seguro que si mueren tampoco, pero morir con honor sin dejar tras de mí más violencia.

¿Han reforzado las prácticas del régimen el sectarismo?

Desde el principio el régimen ha jugado la baza sectaria y ha trabajado para dar versiones falsas de lo que sucede. La mitad de la secta que se encuentra en la costa está en contra del régimen, pero tienen miedo porque lo conocen y saben que si se levantan acabarán en una guerra civil entre ellos.

¿Qué mensaje le mandas a la oposición en Estambul?

Es hora, es hora de que os pongáis a la altura de los sacrificios del pueblo sirio, los pueblos siempre llevan a cabo revoluciones nobles con peticiones a las que tienen todo el derecho. Como resultado de nuestras diferencias y la falta de unidad, la calle se fragmenta de nuevo.

¿Qué le dices a Bashar al-Asad?

No sé qué decirle […]. Pero puedo decirle una cosa: tú como ser humano, cuando te metes en la cama y te duermes, ¿cómo puedes dormir, Bashar al-Asad, ¿cómo puedes cerrar los ojos, Bashar al-Asad? ¿Acaso por una silla eres capaz de llevar al país a la deriva?

viernes, 23 de marzo de 2012

Testimonio vivo de una de las zonas donde más se repiten las manifestaciones en Siria

Texto original: Kebreet

Autor: Manifestante en el corazón del suceso

Fecha: 21/03/2012

Aprovechando que el texto pide que se planten las semillas de la reconciliación nacional, porque una semilla es como una chispa o una llama, el origen de todo, hemos decidido incluir en esta entrada el logotipo del blog Kebreet (cerilla) 


Cuántas veces los hemos visto mis amigos y yo comprar café y té: uno de ellos saca el dinero del bolsillo, con cierta dificultad al extender la mano entre el protector de plástico y el traje. Algunos llevan casco y otros, solo algo enrollado a la cabeza. Los observo fijamente, no creo que el más mayor tenga más de dieciocho años, o quizá un pelín más. Observé detenidamente a uno una vez y me dije: “Debe de tener la misma edad que mi hermano pequeño, o incluso puede que sea más pequeño.  Pobres…” Son esos mismos que al terminar la manifestación corrieron tras nosotros para dispersarnos. Uno de ellos me disparó en la espalda. Les lanzan piedras, los llaman traidores, los veo desde el otro lado de la puerta de hierro. Me río a escondidas cuando se escapan corriendo. Imaginad… Estáis armados hasta los dientes de armas y garrotes y salís corriendo cuando os lanzan piedras. ¡Cómo vais a liberar el Golán, idiotas!

La manifestación de hoy terminó, nos separamos y seguimos nuestro camino. De pronto, unos veinte de ellos se dirigieron hacia nosotros. Mi amigo y yo seguimos caminando como si nada para que no sospecharan, a sabiendas de que el mero hecho de estar en esa zona, en ese momento, era suficiente para que detuvieran a uno de nosotros. Pasamos entre ellos jadeando, pero pasamos sin problema. Dije a mi amigo: “¡Qué bobos son! Se nos oía claramente jadear después de haber corrido. He saltado como no lo habría hecho de haberlo pensado y, sin embargo, no nos han visto”. Nos reímos de ellos.

Mis amigos y yo nos sentamos en una piedra a beber café y fumar. Un grupo de ellos entró para lavarse en un lugar cercano, mientras dos amigos suyos los esperaban fuera, cerca de nosotros.  “Las sabandijas vienen a provocar”. “Hola, ¿os habéis cansado hoy?” Dudaron si responder o no. “¿No tenéis calor?” Susurros… No recuerdo las expresiones que utilicé. Ofrecí a uno de ellos un cigarro. “Sí, llevamos 5 días sin tabaco”. Empezamos a hablar. “¿De dónde, chicos? ¿Sois de los servicios de seguridad o del ejército?”, etc.

Tenía bigote, la tez morena. Lo mirabas y lo insultabas una y otra vez a él y a quién a él se parecía. Se acerca a ti y le tienes miedo. Lo miras más atentamente y te cambia la perspectiva y a continuación, tu forma de caminar. Insultas, vuelves a insultar y maldices. “¡Sonríe!”. Le contamos un chiste y se rió. “¿Cuánto pesa este casco?” Algunos dijimos que dos kilos, otro que cinco… Se lo quitó de la cabeza y nos lo dio para que sintiéramos su peso. Su sonrisa no se me va de la mente y me hace llorar. Su inocencia… Insisto y reitero la palabra inocencia en todos sus sentidos. Su inocencia no erró en su camino hacia mi corazón. Sí, sí, no es un demonio ni un asesino, ni un…, ni un… 

Su amigo era un poco más valiente. Le pedimos su garrote de goma. Descubrimos que se curvaba y dolía. Su amor por su esposa, su familia, su ciudad, su trabajo, nos confesó todos sus amores. Segundo cigarrillo, tercero, cuarto y seguíamos hablando, mirando a ambos lados mientras sentíamos las miradas de repulsión de los que pasaban por allí o nos veían. Tal vez, a sus ojos, éramos de los partidarios del régimen, espías, soplones que delatan a los manifestantes… Todas las acusaciones posibles por solo sentarnos con ellos. Esperábamos volver y comprobar que en las páginas que revelan las identidades de los shabbiha y los soplones no estaban nuestra fotos, convirtiéndonos en objetivos de vete a saber qué. Ellos también se cuidaban de sus compañeros, no fuera que avisaran al responsable. 

Nosotros: “¿Por qué esta crueldad? Pegad, pero no a la cabeza”.

Ellos: “No queremos pegar a nadie, te lo juro, estamos obligados, os lo hemos dicho más de una vez: dispersaos. Pero no lo hacéis”. “Por favor, las próximas veces, si os lo pedimos, hacedlo. Mi compañero estaba golpeando a uno de los manifestantes con fuerza, se lo arrebaté para que nadie pudiera pegarlo y lo puse en el autobús: es lo máximo que puedo hacer”.

Nosotros: “Vuestro líder os dice que avancéis mientras él se queda detrás. ¿No avanza con vosotros?” “¡Ellos defienden a su líder, no es un escudo. Por eso tiene derecho a enviarlos donde él no se atreve a ir. Contadnos qué comen, cómo está y de qué calidad es. Habladnos de cómo duermen o no duermen”.
Nosotros otra vez: “¿Por qué tanta crueldad?”

Ellos: “Echamos de menos a nuestras familias, desearíamos que nos dieran un permiso aunque fuera un día, para despedirnos antes de morir. La mayoría de mis amigos en otra brigada han muerto. ¿Dónde iremos con tantas presiones? Vaciamos aquí nuestras municiones”.

“¿El Ejército Libre?”

“Maldito… Me tienen muy descontento. Hay quienes eran como nosotros y gente normal. Nos tienen como objetivo sin tener culpa alguna. A mí no me convencen. ¿Qué culpa tenemos nosotros? ”

 “Echo de menos a mi mujer. ¿Dónde estoy yo y dónde estáis vosotros? Quiero que acabe este año y medio, volver a mi trabajo, llevar pan y comida a mi casa. Esto no tiene sentido”.

“En nuestro dormitorio hay un hornillo eléctrico, pero llevo días deseando una taza de té. Maldita sea esta situación”. Le hice una taza de té y mi amiga le dio una galleta. Se lavó, descansó y se tomó el té. Quien nos conoce, se acercaba a saludarnos. Algunos se sorprendieron e intentaron cambiar de rumbo cuando ya era tarde, viéndose obligados finalmente a saludarnos forzadamente. Otros saludaban enfadados, y hubo quien llegó a pensar si nos habríamos cambiado de bando o si le habíamos estado engañando todo este tiempo. Algunos de los que estaban con nosotros se marcharon sigilosamente, por miedo a que los que miraban recordaran nuestras caras y nos convirtiéramos en objetivos. Por mi parte, no me había equivocado. Mi comunicación humana con aquellas personas, quitó mucho polvo del que cubría mi corazón. No sé qué hice moverse en el alma de esas personas, pero al menos nos conocimos porque, en resumidas cuentas, todos somos humanos. Sí, sí, esto está clarísimo, pero muchos de ambos bandos lo han olvidado. Entonces, me vienen a la mente las palabras de ese conocido hombre: “Soy un ser humano, no un animal”. Hoy he visto que, con sus ojos, nos dicen que son como nosotros en todo, todo, todo. Sí, incluso en esa idea que os ha venido a la mente ahora, son “como nosotros”.

“Tenemos banderas de tres estrellas[1]. ¿Queréis?”

“¿No tenéis miedo de los soplones?”

Pero, esas miradas no dejan de causar tristeza a mi corazón, tristeza porque los hijos de un mismo país, que son lo más parecido a los hermanos, se matan entre sí, de forma sistemática. Los hijos de un mismo país han sido empujados a matarse. Pero a pesar de la tristeza, hay una profunda alegría que me abruma, la alegría de que he percibido a ese ser humano en quien nos pintaban o veíamos como bestias salvajes. Seguro que ellos también han sentido que los queremos. Esas dos horas no son más que una semilla que hemos plantado hoy, y crecerá, así lo siento. Tiene que florecer. Os ruego que plantéis estas semillas. Os lo ruego…

[1] La bandera siria oficial es de tres bandas (roja, blanca y negra) y dos estrellas verdes. Los manifestantes comenzaron a utilizar hace meses las banderas del período de la independencia del Mandato francés que tiene tres bandas (verde, blanca y negra) con tres estrellas rojas.

domingo, 4 de marzo de 2012

Fadwa Solimán: "Solo tengo miedo de que me maten antes de que mi verdadero mensaje llegue"

A continuación algunos extractos de la entrevista de Fadwa Solimán en el canal Al-Hiwar el 1 de marzo de 2012.


Sobre su ubicación actual:
“Salí de Homs hace unos 20 días, me sacaron los revolucionarios que temían por mi seguridad. Fui a Damasco y desde allí a Latakia por unas razones que ayer conté en Al-Arabiya, pero que me gustaría contar si hay tiempo y es posible”.
Las razones de su salida de Homs:
“En primer lugar, el régimen difundió en Al-Duniya la noticia de que las bandas armadas me habían secuestrado y asesinado e informó de que ‘serán juzgados por su terrorismo sistemático contra el pueblo sirio y, concretamente, contra las minorías’ a las que dice proteger, pero bajo las que en realidad se protege. También ha extendido rumores de que las bandas armadas se dedican a matar y torturar y que solo buscan derrocar al régimen y matar a los alauíes hasta acabar con ellos. Yo les aseguro que los revolucionarios en Siria de norte a sur y de este a oeste, en todas las provincias del  país, están por encima de esa mentalidad terrorista, porque quien se dedica a asesinar son el régimen y sus secuaces. Es decir: las bandas de al-Asad y su aparato mediático conformado por hombres de negocios, comerciantes, políticos y militares, el aparato de seguridad, el servicio de inteligencia, los shabbiha, y sus colaboradores.
Informo a la banda de los Asad y los que lo apoyan, de todas las sectas, que ahora estoy en uno de los pueblos de la costa con revolucionarios de todas las provincias de Siria, no para que vengan a por mí y me maten, sino que lo digo para que se sepa que voy a salir en una manifestación con la gente de la costa para derrocar a vuestra banda. La gente de la costa sobre cuyas tierras ha impuesto su yugo vuestra banda, gentes de las que vivíais por la fuerza haciendo de nosotros vuestras fortalezas. Los revolucionarios de Siria están hoy con la gente de la costa, de entre los que escogisteis a los mejores para meterlos en el ejército y el aparato de seguridad, esos a los que, explotando su pobreza, convertisteis en soldados para que os defendieran e vez de defender el país, para que murieran por la banda de la familia Asad exclusivamente, creyendo que defendían el país. Estamos ahora con la gente de la costa a cuyas hijas violasteis y a cuyos hermanos matasteis y que, cuando sus padres os plantaron cara por las violaciones los matasteis. Estamos  con la gente de la costa a cuyos jóvenes convertisteis en soldados para que murieran, aprovechando su extrema pobreza, por vosotros en las fronteras sirio-libanesas mientras pasabais armas y drogas de contrabando. Yo estoy ahora con la gente de la costa a cuyos hijos metisteis en el ejército y les matasteis con vuestras manos asesinas en Yisr al-Shugur, Tel Kalaj, Yebel el-Zawiya, Daraa, Homs, Hama, Al-Rastan, Baniyas, Talbisa y Zabadani.
Estoy ahora con la gente de la costa que se ha desentendido de vosotros, esas personas a quienes les faltan sus hijos que están muriendo como mártires, ejecutados sobre el terreno por vosotros mismos porque les resultan revulsivas vuestras órdenes de asesinar a sus hermanos sirios en las provincias que he dicho antes. Más aún, estáis dejando que los entierren en silencio y sin difusión, como si fueran traidores que no merecen el honor del martirio o el mero respeto. Estoy ahora con la gente de la costa que ha cavado la tumba de sus hijos, estoy con la gente de la costa que han cavado las tumbas de sus hijos sabiendo que han sido asesinados, ejecutados por vosotros y cuyos cuerpos han sido después despedazados por vuestras asesinas manos. Los revolucionarios de Siria están ahora con los sheijs de la secta alauí que se ha desentendido de vosotros y de vuestra banda, considerándoos faltos de religión y de honor. Estoy ahora con los sheijs de la secta alauí que tienen el dogma de que es mejor morir asesinado que asesinando”.
Sobre si se encuentra bajo la protección alauí:
“No estoy bajo la protección de nadie, toda Siria me protege, los sirios se están protegiendo unos a otros, se reparten entre ellos el pan y la sal contra la banda de Bashar al-Asad. Estoy con los sheijs de la secta alauí que se han unido y quieren recuperar su dignidad. […] Ahora estoy con los revolucionarios de Siria esperándoos en uno de los pueblos de la costa, y será un honor para nosotros si tenemos que morir en vuestras manos, pero en la costa a la que ya no le honra que pertenezcáis a ella. Os esperamos en los pueblos de la costa, sin armas, solo tenemos ramas de los olivos de la costa [...]. Estamos ahora con los hijos de la costa que han dado vida en un millón de Saleh al-Ali[1], un millón de Badawi al-Yabal[2], un millón de Saad Allah Wannus[3] […] Hoy me dirijo a todos los revolucionarios de Siria, en todas las ciudades, recordad en vuestros lemas a los revolucionarios de Baba Amro, a los mártires de Baba Amro, a los mártires de toda Siria, a los mártires de la costa que han sido asesinados y enterrados en silencio sin dejar a sus familias verlos por última vez”.
Sobre el papel de los alauíes en la revolución:
“Tres cuartos de la secta alauí estaban desde antes en contra del régimen, pero por la fuerza se vieron sometidos a él como a todo ser humano en Siria, como le pasó a toda Siria, sometida al terrorismo de Bashar al-Asad y de Hafez al-Asad previamente[..] El mundo verá manifiestos de los sheijs de la secta alauí en los que se desentiendan y desliguen de Bashar al-Asad, no porque pertenezca a la secta, sino en su calidad de ser humano asesino, de ser humano terrorista […] Ni un ser humano al que le quede una mínima parte de humanidad puede aceptar que Bashar al-Asad sea sirio”.
Sobre cómo están los ánimos en Siria:
“Bashar al-Asad es débil y a ojos de los sirios ha caído. Ya no le queda más que la fuerza […]. Puede cortar las calles de Siria, puede aislar las ciudades sirias, puede hacer lo mismo con los barrios, pero no puede aislar ni coartar la libertad que se encuentra en el corazón de todo sirio”.
Sobre el papel internacional:
“Por desgracia, desde el principio de la revolución estoy diciendo que la solución está en manos de los sirios y no en manos de Occidente, incluso hice algunos llamamientos al Consejo Nacional Sirio insistiendo en que la solución era siria. La realidad es que todo el mundo nos ha dejado solos. ¿Por qué han tenido que pasar ocho meses para que la Liga árabe hiciera algo, después de convertirnos en números pacíficos que levantan ramas de olivo y son asesinados para instaurar y decorar otro régimen para este país y este pueblo? Las revoluciones de los pueblos son siempre verdaderas, buscan el verdadero cambio y la libertad, pero a veces los políticos dudan del derecho de los pueblos a la libertad y el cambio […] El interés está en la detención de la matanza y la violencia, podemos coger los unos de los otros lo que necesitemos, pero sin sangre ni guerras”.
Mensaje al pueblo sirio:
“Les pedimos que se mantengan pacíficos a pesar de los asesinatos, sé que muchos estarán en mi contra por estas palabras y me dirán ‘Nos están matando, Fadwa, ¿cómo nos pides que nos mantengamos pacíficos?’ Yo repito, pacíficos porque al régimen asesino no podremos derrocarlo más que con nuestro pacifismo, incluso a los partidarios del régimen podemos conseguir traerlos a nuestras filas con el amor y no con las armas”.
Su único miedo:
“No tengo miedo de morir, ni de ser detenida o asesinada, solo tengo miedo de que me maten antes de que mi verdadero mensaje llegue, que no es otro que es el pacifismo y la paz y digo: ‘Dueños de la paz, gran pueblo de siria, no dejéis que el asesinato os convierta en asesinos, vosotros que sois honrados. Lo que el asesino quiere de nosotros es convertirnos en asesinos como él para justificar su presencia y sumar pretextos para matarnos, y con ello solo aumentará el derramamiento de sangre. Parad el derramamiento de sangre aunque el asesino continúe, para que solo él sea el asesino y solo él a quien debamos liberar porque es preso de su rencor y su enfado, es esclavo del dinero y de Israel. Quiere que tomemos las armas para alargar su vida […]. Creen en el asesinato y el que cree en algo siempre vence sobre el que no, sea lo que sea aquello en lo que cree. Nos traerá una intervención exterior que provocará un mayor derramamiento de sangre […]. Quereos unos a otros, incluso a los partidarios del régimen ”.

[1] Un alauí que lideró las revueltas contra los franceses durante el Mandato en las montañas de la costa (1884-1950).
[2] Poeta sirio de renombre que también aprticipó en política durante el Mandato en el llamado Bloque Nacional (1905-1981).
[3] Importante dramaturgo sirio muy crítico con el régimen como puede verse en sus obras de teatro (1941-1997).

martes, 21 de febrero de 2012

El lenguaje político y el lenguaje revolucionario

Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Elías Khoury

Fecha: 21/02/2012


Tras los vetos ruso y chino en el Consejo de Seguridad, Siria se encuentra en un nuevo punto de inflexión. Es como si el régimen hubiera obtenido un permiso internacional para llevar la represión a límites de salvajismo sin precedentes por medio del bombardeo diario e incesante sobre Homs. Ha optado por la solución militar sin preocuparse por los resultados. Pero esta solución ha demostrado su inutilidad pues, exceptuando los ingentes números de víctimas mortales y heridos, y el gran destrozo que azota las ciudades, el régimen se encuentra ante una puerta cerrada y entre sus víctimas solo halla una mayor determinación para continuar con la resistencia. Aquello a lo que se enfrenta el régimen republicano hereditario en Siria no son fuerzas militares a las que pueda vencer y aplastar, sino que se enfrenta a una revolución popular verdadera muy arraigada, por lo que sus victorias militares carecen de sentido. Entra en Zabadani y estalla el Mezze en Damasco, bombardea Homs y Daraa se levanta, lo intenta en Hama y se da de bruces con Alepo. Ya no hay forma de acabar con ello y el veto y el apoyo ruso no servirán porque la revolución escapa ya a sus posibilidades de control.

Esta verdad que ya conocen todos no será, desgraciadamente, un momento para que el régimen eche la vista atrás. Bashar al-Asad ha perdido todas las oportunidades pensando que era capaz de repetir la lección que dio el régimen en Hama en 1982, olvidando que los tiempos han cambiado, y que lo que era posible en el pasado es hoy imposible. Por eso, se encuentra en un pozo de sangre en el que se ahoga sin saber que la revolución siria posee sus métodos y ha logrado un maridaje entre la manifestación pacífica y la protección de la misma. Esto es una experiencia única en su género si se compara con el resto de las revoluciones. Los sirios lo han conseguido a consecuencia de la locura del aparato de represión, que quería desde el principio de la revolución en Daraa optar por la solución militar y, por ello, sigue empujando a un enfrentamiento armado entre el aparato del régimen y el pueblo. Los sirios han sabido cómo evitar caer en la militarización total de su revolución y por ello merecen más que nuestra consideración. Tras el terrible bombardeo de Homs, Damasco ha encontrado la forma de llevar las manifestaciones al corazón del Mezze, dando a la dimensión popular de la revolución, que es su instrumento principal, su lugar como instrumento principal. Pero la revolución siria no se enfrenta solo al peligro de la militarización, sino que también se enfrenta al peligro de la separación de la política de la realidad sobre el terreno debido a los intentos de las fuerzas regionales e internacionales de utilizar Siria como un campo de lucha abierta.

A pesar de que algunas voces han pedido la internacionalización y la intervención militar, incluidos miembros de la oposición siria, tanto la internacionalización como la intervención extranjera las ha comenzado el régimen al apoyarse en Rusia e Irán. Las armas fluyen hacia el ejército del régimen y la apuesta total por la política rusa se ha convertido en su único eslogan político. Desgraciadamente, los que defienden la alianza con Rusia olvidan que los sueños zaristas de Rusia y que acarician la imaginación del señor Putin no tienen relación con el pasado, que se extinguió con la caída de la Unión Soviética. Y mientras el apoyo efectivo con dinero y armas lo recibe el régimen, el pueblo no ha recibido de sus nuevos supuestos amigos (EEUU, Europa y los estados del Golfo petrolero) más que promesas 

Tal vez hoy estemos ante un nuevo punto de inflexión conocido como “apoyo humanitario” por un lado y, por otro, apoyo limitado al Ejército Sirio Libre. Sin embargo, no se trata de más que de un apoyo limitado cuyo objetivo es contener la revolución. Y aquí es donde llega la gran paradoja de la revolución siria: el régimen es incapaz de acabar con ella, pero no ve ante sí más que le camino de la violencia, y con ello arrastra al país a convertirse en un campo de luchas regionales e internacionales. Por su parte, las fuerzas que ayudan a la revolución quieren contenerla, y eso no se logrará más que prolongando el sufrimiento en medio de un baño de sangre.
El lenguaje de la revolución que han creado los y las jóvenes de las coordinadoras, y que se ha convertido en un símbolo vivo del heroísmo que personifica Homs con su perseverancia legendaria, no tiene nada que ver con el lenguaje de esta política belicista internacional y regional, que no ve en el sufrimiento del pueblo sirio más que un medio para saldar cuentas. Rusia quiere que los cadáveres se amontonen para volver a ser un país poderoso y EEUU quiere aprovechar la muerte en Siria para dar una lección a Rusia y debilitar a Siria como nación. Por su parte, el Golfo petrolero no ve en la revolución siria más que una ventana hacia la lucha política y confesional con Irán. Esta realidad, al contrario de lo que muchos piensan, es la única salida del régimen, pues sabe que su tiempo está llegando a su ocaso y que no hay marcha atrás. Así, ve que solo prolongando la crisis y poniéndola al servicio de las luchas internacionales podrá alargar su vida. En consecuencia, seguirá su cruenta lucha y sus evasiones, con la esperanza de beneficiarse de la transformación de la nación siria en un campo, para procurarse un lugar en los acuerdos y apostando por la militarización demente en zonas rurales y urbanas, para destruir la revolución siria desde dentro.

Siria ya no puede sucumbir a la solución militar como imaginan los dirigentes del régimen dictatorial, un régimen que quiere ponerla hoy en el centro de las luchas regionales e internacionales y con ello, destruir el país como hicieron otros regímenes represivos árabes que se han desplomado después de llevar al país a la catástrofe.

La esperanza está, por tanto, fuera de las ecuaciones del lenguaje político que domina hoy, la esperanza está atada a los y las jóvenes de la revolución siria, a un pueblo que ha rechazado la humillación, que construye su libertad con sus manos y que funda una nación a partir de la voluntad de sus hijos. El lenguaje de la revolución es el que debe dominar, no el lenguaje de las políticas regionales e internacionales que conducen a Siria al matadero. La revolución vence con sus hijos, solo con ellos, con su voluntad de que Damasco vuelva a ser el centro de la arabidad y de que Siria vuelva a ser la nación de todos sus hijos, sin divisiones sectarias ni étnicas.

Cuando Siria vuelva, todos los jugadores internacionales y regionales descubrirán que las revoluciones árabes, a pesar de las dificultades a las que se enfrentan, son la puerta de entrada para que la zona recupere su soberanía y su decisión nacional, y son el umbral para que las cosas vuelvan a su sitio al terminar la larga era de la decadencia que ha dado al traste con las cuestiones importantes, a cuya cabeza está la cuestión palestina.