Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
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martes, 12 de junio de 2012

Contradicciones...

A continuación un cartel con mucho ingenio, que es posible que se haya tomado de algún comentario en internet, pero que denota que los sirios están al tanto de lo que pasa en el mundo:


¿Es casualidad que...
El feo de Túnez sea su decoración [1]
El maldito de Egipto sea su bendito [2]
El destructor de Libia sea su constructor [3]
El corruptor de Yemen sea su corrector [4]
y que el cobarde de Siria sea su león [5]?
(Unión de Estudiantes libres de Siria, Qamishle)

[1] Zayn (Zayn el-Abidin ben Ali es su nombre completo) significa "decoración".
[2] Mubarak significa "bendito" o "bendecido".
[3] Muammar literalmente es el "construido", pero apenas hay que cambiar una letra para que pase a ser "constructor" (muammir).
[4] Saleh significa "corrector", "el que es y hace lo correcto", "el válido".
[5] Asad signifia "león".

viernes, 30 de marzo de 2012

¿Va el Mediterráneo hacia un nuevo Sykes-Picot?

Texto original: Al-Hayat

Autor: Bakr Sidqi

Fecha: 29/03/2012

El título hace referencia al acuerdo alcanzado 
entre Mark Sykes (Gran Bretaña) y Charles François Georges-Picot (Francia)
 en 1916 para repartirse los restos desgajados del Imperio Otomano,
  a espaldas de los árabes a los que se les había prometido un Estado Árabe
 bajo el reinado del Jerife Hussein.


Desde Turquía a Iraq, Siria, Líbano, Palestina y Jordania se extiende una amplia zona llena de culturas y problemas a un mismo tiempo: variedad cultural, nacional, religiosa y confesional por un lado, y problemas complicados y crónicos que se han acumulado durante más de un siglo por otro. En vez solucionarse con el tiempo, estos problemas han empeorado aún más por culpa de la política. Así, a los problemas árabes, judíos, kurdos, cristianos y armenios, se ha unido un nuevo problema chií, y hoy nos enfrentamos a lo que podría llamarse el problema alauí. 

Las últimas declaraciones del ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, sobre el miedo que le producía el posible establecimiento de un gobierno suní en Siria en la etapa post-Asad, son un mal presagio que no carece por ello de relevancia. Es como si nos hubiera llevado de nuevo a finales del siglo XIX, cuando la Rusia cesarista quería jugar el papel del protector de los ortodoxos en Oriente Medio en su enfrentamiento con las principales potencias europeas coloniales en aquel entonces. Es como recuperar las “paranoias de las minorías”, que no hay forma de tranquilizar si no es con las garantías de las grandes potencias.

Si Mustafa Kemal Ataturk hubiera recogido lo que quedaba del cuerpo del desvanecido Imperio Otomano en su forma de Estado-comunidad turca, habría terminado de purificar su república de griegos y judíos, después de hacer lo propio con los asirios y los armenios, y habría intentado turquizar a los kurdos y los árabes que quedaran. Sin embargo, las cuestiones kurda y  aleví[1] empeoraron a la sombra de su república laico-suní. Así, fracasó en sus intentos de turquizar a los kurdos , de sunificar a los alevíes y de laicizar a los turcos, a pesar de las duras medidas que adoptó.

Iraq, que se dirige imparablemente a un aumento de las luchas intestinas, es testigo hoy de una tensión que tal vez sea la más peligrosa hasta ahora entre la dictadura de Al-Maliki, apoyado por Irán, de un lado y los componentes suní y kurdo de otro. Puede que el problema de Tariq al-Hashimi[2], que se ha refugiado en la región federal del Kurdistán, sea equivalente al asesinato del heredero del Imperio Austríaco, que fue la causa inmediata de la balcanización de la zona de los Balcanes tras la Primera Guerra Mundial.  En las últimas declaraciones de Masud Barazani se trasluce un aviso y un desafío a la amplia dominación iraní que caracteriza a Iraq tras Saddam Hussein.

En Líbano, no se vislumbra en el horizonte solución política alguna para el problema de Hezbollah, que ha recuperado de una forma más peligrosa y complicada que antes el aislamiento maronita libanés de los años setenta, porque el partido chií armado hasta los dientes representa una prolongación directa de Irán en la costa mediterránea y la frontera norte del Estado de Israel. Y si la tensión suní-chií ha caracterizado la pasada década en Líbano, ha sido también un reflejo local de la tensión entre el Golfo árabe e Irán desde que tuviera lugar la Revolución Islámica de Irán a finales de los setenta. La pesadilla de las minorías chiíes en los países del Golfo ha ido a peor con las políticas de injerencia de la República Islámica de Irán nacida de tal revolución. Los países revolucionarios con sus recursos petroleros, han visto cómo el problema llegaba a su peurta, después de trabajar para deshacerse de Saddam Hussein: su lugar lo ha ocupado una influencia iraní sin precedentes en Iraq.

La esperada caída del régimen sirio descolocará la alineación actual de las potencias en la zona y la influencia iraní que se extiende hasta Líbano, Palestina y Yemen perderá a su eslabón más importante, quedando el destino de Hezbollah en la incertidumbre. Sin embargo, la crisis siria que ya dura más de un año, avisa hoy del nacimiento de un nuevo problema: “la cuestión alauí”, cuya influencia puede llegar hasta Turquía e incluso el norte de Líbano.

El código de conducta política sirio ha evitado hablar de la minoría alauí por miedo a ser acusados de sectarismo. Así, se suele separar entre el régimen dinástico inaugurado por Hafez al-Asad hace 42 años y entre esta minoría. El régimen de los Asad ha intentado cubrir su adscripción minoritaria con una nebulosa ideológica que habla de la unidad nacional, además de la creación de redes con la más extremista de las corrientes islamistas, por lo que Siria puede incluirse en el paraguas de la zona de Al-Qaeda en un sentido amplio. A diferencia de su homólogo baasista en Iraq, el sumo cuidado del régimen de Al-Asad padre para asentar las relaciones con Arabia Saudí y los países del Golfo, se ha agitado en la época del hijo tras el asesinato de Rafiq al-Hariri.

La cuestión alauí hoy, después de que el régimen haya logrado en gran medida unir el destino de esta minoría confesional al suyo, y a pesar de que muchos activistas alauíes se han implicado de lleno en las actividades de la revolución siria, la sombra del apoyo al régimen que se tambalea se extiende sobre esta minoría. Incluso algunos de ellos han pasado del apoyo a la participación activa en la cruenta represión sangrienta de los civiles en las zonas revolucionarias, formando parte de las milicias de los shabbiha a las que se les ha encomendado las más sucia de las misiones y la más apta para provocar la guerra civil, a la que el régimen ha dedicado todos sus esfuerzos desde la primera semana de la revolución. Dichos esfuerzos han fracasado hasta hoy gracias a la sorprendente conciencia nacional de los revolucionarios, pero nada garantiza que la situación no derive en lo peor debido a que el régimen no ha detenido el derramamiento de sangre.

Estamos hablando de cerca de tres millones de habitantes a los que el régimen ha puesto al otro lado de una profunda grieta nacional. Esa es la cuestión alauí en la que el régimen muy probablemente quiere invertir para usarla como última línea de defensa en un proyecto divisorio que recupere la conformación de la entidad siria de los años veinte[3]. Esta suposición viene reforzada por lo que está sucediendo en Homs tras la caída de Baba Amro y  la masacre y purga de Karam al-Zaytoun, además de las medidas individuales que lleva a cabo el PKK en las zonas del norte del país. El régimen lo ha animado a dominar por medio de las armas esas zonas, y a crear sus instituciones para “la autodeterminación”, algo que su líder encarcelado, Abdalá Ocalan, había sugerido en su origen para las zonas kurdas en Turquía. Recientemente, este partido ha amenazado con declarar la guerra contra Turquía si entra militarmente en Siria a raíz de las declaraciones de Ergogan sobre la zona aislada.

El mapa de Oriente Próximo no se completa si no se menciona a la entidad israelí, que ha fracasado en su integración en el tejido de esta zona y que sigue, tras más de medio siglo de su fundación, enfrentándose a su crisis existencial e intentando establecer el “Estado judío”.

La revolución popular en Siria no hará más que sacar a la luz el heterogéneo “mosaico” tan querido para los orientalistas. Es en él, tal vez, donde debamos buscar el secreto de la indiferencia de Occidente ante las atrocidades que comete el régimen de Al-Asad contra los sirios, mientras su portavoz dice: “Dejemos que la manzana siria madure y se pudra para volver a poner los mapas sobre la mesa”[4].

Esto no es el destino, la mesa puede volcarse si el régimen cae rápido.

[1] Es común la confusión entre los alevíes y los alauíes. Sin embargo, son dos comunidades diferentes. En Turquía hay representación de ambas, en gran parte debido a que la zona de Antakya fue concedida a Turquía por Francia y arrancada del territorio sirio.
[2]Vicepresidente iraquí (suní) que ha sido denunciado por corrupción, desencadenando un enfrentamiento suní-chií en el nivel político.
[3] El territorio sirio estuvo dividido durante un tiempo según criterios confesionales según un plan de la potencia mandataria francesa.
[4] Suponemos que el “portavoz” es una metáfora de EEUU.

martes, 13 de marzo de 2012

Un año de la revolución imposible

Texto original: Al-Hayat

Autor: Yassin al-Hajj Saleh

Fecha: 11/03/2012


La revolución siria es imposible. Estalló hace un año, ha continuado, pero es imposible. Ahí es donde radica su magnificencia, pero ello también es la fuente de su desgracia. Luchar contra lo imposible es muy caro. Pero, ¿por qué es imposible?

Durante cuarenta años se ha organizado a la sociedad siria para que implosionara en caso de salirse de su organización centralizada en torno a sus altezas los gobernadores en el plano político y humano. Se trata de un modelo de “sociedad bomba”, con un mecanismo de explosión doble: securitario, a través de un gran número de aparatos e informadores “dormidos” que “gritan” cuando es necesario; y en segundo lugar, por medio de una profunda crisis de confianza nacional que ha costado muchos esfuerzos y que separa a los sirios según criterios civiles, amenazando con convertir la “revolución” contra el régimen en una “escisión” social. Un ejemplo de esta crisis de confianza es la división crónica de la oposición siria, que no se comprende si no es haciendo una introspección política, psicológico y moral del régimen. Tal división parece contener los mismos niveles de terquedad que las propias divisiones sociales.

Incluso una revolución popular, de amplia base humana y de valores, como la revolución siria, es casi incapaz de abortar esa explosión doble, una explosión reforzada con una violencia sin límites que ha convertido a la sociedad siria durante medio siglo en un ideal de la sociedad violentada y triste.

Además, Siria es un mundo reducido que lleva en sí todas las contradicciones del mundo en su conjunto y cuya deficiencia en su conformación política aumenta por el hecho de haberse ganado la calificación de modelo reducido del gran mundo. El país es de reciente creación, apenas tiene 94 años, y es débil en su conformación nacional. Es un mundo reducido en el ámbito religioso, en el que hay un número de sectas islámicas que no se encuentra en otros países árabes y cuenta también con una antigua e importante comunidad cristiana. Además, aunque a día de hoy no cuente con judíos, estaban aquí hace nada. Y sin embargo aún parece que están aquí, pues Siria es vecina del Estado judío en Palestina y mantiene con él una relación que mezcla la sincera enemistad con la extraña seguridad. Es bien sabido que Israel prefiere la estabilidad de un régimen con el que no ha firmado la paz por lo que ello conlleva de seguridad en los Altos del Golán, algo que supera lo que obtuvo con la firma de la paz con Egipto y Jordania en lo que se refiere a zonas fronterizas. Israel prefiere esta estabilidad a un cambio político en un país que puede traer demonios desconocidos. El resto de posibilidades son malas israelímente, ya se trate de un gobierno nacional más sensible a las presiones de los sirios y sus exigencias, de un gobierno islamista o de una situación de caos e inestabilidad. Esta es una extraña coordinación entre dos países de los cuales uno ocupa la tierra del otro. 

El entorno israelí posee dos influencias que complican todo en Siria. La primera es que se trata de un régimen de excepción internacional al que se le permite y se le perdona todo. Ha actuado como un matón regional gozando de inmunidad e impunidad a lo largo de su historia, lo que refuta el discurso occidental sobre el gobierno de la ley, la justicia y la democracia. Por otro lado, Israel está establecido sobre una base religiosa aplastante que pertenece al pasado, lo que supone una excepción mundial también, excepción difícil de comprender para árabes y sirios que tantas veces han sido aconsejados sobre las virtudes de dejar el pasado atrás y alejar la religión de la vida pública. Esta doble excepción refuerza la tendencia a dudar de Occidente y sus objetivos, como también dificulta la posibilidad de aprender de él y mucho más de identificarse con él. Del mismo modo, refuerza las posturas de las fuerzas y corrientes menos liberales en nuestras sociedades y las que más tienden a la hegemonía, sobre todo los nacionalistas y los islamistas. 

Por ello, un número no desdeñable de opositores al régimen sirio, nacionalistas y socialistas especialmente, se han creído sus engaños y sienten una cierta culpa si rompen con él, como si fueran hijos de un padre cruel. Ello los ha convertido hoy en una carga para la revolución, son prácticamente soportes del régimen. Y junto a la maldición de Israel, Siria está en el epicentro de la principal cuenca de energía mundial de Iraq, la península Arábiga e Irán sin poseer ella misma más que lo que no se dice. Esta situación ha dado a la región una importancia internacional sin parangón, y ha elevado el valor de la estabilidad en ella en detrimento de la justicia y la libertad. De hecho, la zona ha conocido una estabilidad muerta durante cuatro décadas, una estabilidad esta, la de los fuertes, que nunca ha estado en contradicción con mucha de la violencia y la muerte que se han vivido en ella, cuyas víctimas han sido los débiles.

Siria era un modelo de esta estabilidad, hasta el punto de que la República Árabe de Siria era la vanguardia de los países árabes en el cambio hacia un gobierno hereditario de la familia asadiana, con un beneplácito árabe e internacional indudable.

En los años de presidencia del heredero, se conformó un ente político con dimensiones regionales que sobrepasan lo que eran meras alianzas en los días del padre fundador entre el régimen (en su núcleo político-securitario) e Irán y Hezbollah, hasta el punto de parecer un único régimen compartido. En este compuesto se entremezclan “el corazón latente de la arabidad”, con un estado no árabe y una organización sectaria armada en un país árabe. Es decir, elementos geográficos, políticos y estratégicos, con elementos religiosos y sectarios, sin olvidar los elementos económicos y financieros, todo ello con una dosis de terquedad e irracionalidad. Tenemos la firme sospecha de que en este compuesto se esconde el secreto de la lógica de la “lucha determinante” que parece que el régimen está llevando a cabo contra sus gobernados y de su disposición a asesinarlos y torturarlos, como si los ecos de la historia y sus fantasmas se extendieran por la antigua tierra de Siria.

En este sentido, se entrecruzan la estructura interna y las complicadas condiciones internacionales y las formaciones regionales clánicas, para hacer de Siria un mundo reducido, que lo tiene difícil para cambiar por sí mismo. Puede que haya un cambio en Siria, más bien, es algo seguro, pero un cambio liberador es un derecho que exige un cambio más amplio en los ambientes regional e internacional.

Esto no se aplica a Túnez y Egipto, que son dos países mucho mejor conformados y que no contienen potenciales explosivos internos además de que no están enredados en las formaciones regionales de la misma manera. Tampoco se aplica a la débilmente estructurada Libia, cuyos cambios apenas afectan a otros ni a Yemen y Bahrein.

La revolución imposible, a pesar de todo, ha ocurrido, pero el imposible enfrentamiento es tan desgraciado como la lucha contra el destino en las tragedias griegas. Lo que vemos no es más que una tragedia confluyente ante la que el mundo se detiene paralizado entre los factores que lo mandan avanzar y los que lo mandan abstenerse. Las divisiones internacionales y árabes, además de las divisiones de la oposición siria, se organizan de forma que no solo influye en la tragedia, sino que también se introduce en ella y conforma una parte de su escenario.

¿Acaso el mundo ha estado observando la tragedia siria durante un año porque en ella alcanza a ver sus luchas, contradicciones y demonios? ¿Tal vez teme una pequeña guerra mundial en torno a este mundo pequeño, salvaje?

martes, 24 de enero de 2012

El cerco a Al-Asad se estrecha

Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Abd al-Bari Atwan

Fecha: 23/01/2012



Si la Iniciativa del Golfo, cocinada en Riad y apoyada por Washington, logró obligar al presidente yemení Ali Abdallah Saleh a marcharse a EEUU vía Omán, los que están detrás de la iniciativa de la Liga Árabe acordada por los ministros de Exteriores árabes anteayer de madrugada, son nacionales del Golfo en primera instancia y quieren para el presidente Bashar al-Asad el mismo final, tarde lo que tarde. Esto se debe a que dichas personas tienen dinero, mucho dinero, a que gozan del apoyo estadounidense y occidental en general, y a que, por encima de estas dos cosas, están viviendo protestas populares que exigen legítimas reformas democráticas.

El presidente Bashar al-Asad está prácticamente solo en su enfrentamiento con la Liga Árabe en la cual su país ya no tiene ningún papel destacado, ni tampoco la capacidad de participar en la toma de sus decisiones. De hecho, ya no es miembro de la misma. Pero más importante aún es que sus más destacados aliados del Golfo a los que su padre apoyo vehementemente para sacar las fuerzas iraquíes de Kuwait ahora quieren sacarlo a él del poder, después de dar un golpe en su contra, como ya hicieron con el ex presidente iraquí Saddam Hussein, cuando hubo terminado su misión de derrotar a Irán y minimizar la amenaza que suponía a sus regímenes.

Cuando decimos que el presidente sirio está solo, nos referimos a la neutralidad de la que hacen gala sus amigos del eje antiimperialista ante esta iniciativa árabe que le pide dimitir: Argelia se ha abstenido, Iraq también, quedando solo Líbano como país que se ha desmarcado totalmente de la misma. Los rusos, por su parte, que le han apoyado durante los últimos meses, que han llevado sus portaaviones y barcos a sus bases navales en Tartus y que han hecho uso del veto para evitar la imposición de sanciones contra Siria, parecen estar cambiando su opinión: ni han apoyado ni se han opuesto a la iniciativa árabe y se han limitado a filtrar unas declaraciones de un responsable llamado Mijail Margelov, un jurista y uno de los más cercanos al presidente Dimitri Medvedev, en las que dice que Rusia no puede hacer más por el presidente Al-Asad de lo que ha hecho.

Este cambio en la postura rusa puede deberse a la coincidencia entre la iniciativa de la Liga Árabe y las propuestas rusas que han sido discutidas durante los últimos tres meses: el traspaso del poder por parte del presidente Al-Asad a su vicepresidente Faruq al-Sharaa, la creación de un gobierno de unidad nacional que prepare el camino para la celebración de unas elecciones parlamentarias y presidenciales y la introducción de reformas políticas globales. Dichas propuestas se hicieron mientras el líder ruso Vladimir Putin lanzaba una “amenaza implícita” al presidente Al-Asad al decir: “O comienzas con reformas verdaderas, o te vas”.
El régimen sirio ha rechazado la última iniciativa de la Liga Árabe considerando que se trata de una violación de la soberanía y una injerencia en los asuntos internos sirios. Este rechazo nos recuerda al rechazo del presidente yemení Ali Abdallah Saleh, que después se convirtió en una aceptación sujeta a una serie de cambios. Cuando llegó la plena aceptación, tardó en firmar, todo ello solo para ganar tiempo. No descartamos que se repita el mismo escenario en Siria.

Está claro que este ataque árabe contra Siria, que coincidido con la marcha del presidente Saleh quiere decir que nos hemos deshecho del dictador yemení y ahora queremos centrar nuestros esfuerzos para cambiar al presidente sirio de la misma manera y así poder dedicarnos a otros regímenes, como tal vez el argelino.
Probablemente no soprenda que las presiones de la Liga Árabe sobre la cabeza visible del régimen sirio hayan coincidido con la decisión de los ministros de Exteriores de la Unión Europea de imponer un embargo total al petróleo iraní y con la entrada de un nuevos portaaviones estadounidenses en el Golfo árabe por el estrecho de Ormuz, provocando claramente a Irán, cuyos líderes se han visto humillados y han tenido que decir que no permitirán que ningún portaaviones vuelva a la zona. También se pide la cabeza del régimen iraní, incluso aunque llegara a olvidarse de sus pretensiones nucleares. Lo que le sucedió a Gadafi es una moraleja que no ha de olvidarse.

Es el momento del Golfo claramente, porque los tres centros árabes que conformaron la historia de la zona durante decenas de siglos están totalmente perdidos: Siria se enfrenta a una revolución popular, Iraq está destrozado y puede decirse de él que se trata de un estado cuasi-fallido, gobernado por una dictadura sectaria y que se encuentra entre los cinco países más corruptos del mundo. Finalmente, Egipto, la tercera punta de este triángulo está enfrascado en una difícil etapa de transición que lo ha apartado de todas las esferas de influencia en la zona.

La entrada de Arabia Saudí en el expediente sirio con fuerza, o la salida a la luz desu otrora secreto papel, supondrá necesariamente un fuerte dolor de cabeza para el presidente Al-Asad y su régimen. Además, no sabemos si su sorprendente entrada en escena es para limitar el papel catarí o si se ha hecho en coordinación con el país vecino. El emir Saúd al-Faisal sorprendió a todos cuando acaparó la atención de los focos, tras un largo silencio, para anunciar que retiraba a los observadores de su país la delegación árabe porque el régimen sirio no había cesado de matar a sus ciudadanos y que ellos, es decir, los observadores saudíes, no podías ser “falsos testigos”. Lo más peligroso es que el emir saudí se ha precipitado a reunirse con el doctor Burhan Ghalioun, presidente del CNS, en un poco frecuente y rápido reconocimiento del Consejo, algo inusual en lo que al gobierno saudí se refiere, ya que no reconoció el Consejo Libio de Transición incluso tras la caída de Gadafi, al que guarda un absoluto odio por razones por todos conocidas.

El papel saudí para derrocar al presidente Bashar al-Asad puede ser determinante porque Arabia Saudí goza de una fuerte influencia en Líbano y dentro de Siria y más de 500 mil millones de renta de petróleo anual. Además, el reino se presenta a sí mismo como el líder de la secta suní y ocupa una posición destacada como el mayor aliado de Washington en la zona.

Han pasado diez meses desde que se inició el levantamiento en Siria y el régimen de Damasco no ha presentado ninguna iniciativa verdadera de reforma que sirva de alternativa a las soluciones apoyadas en los servicios de seguridad. ¿Qué daño le habría hecho detener la cruenta maquinaria de la muerte a tiempo, poner a todos sus símbolos a disposición de los tribunales, e invitar a la noble oposición siria a formar un gobierno de unidad nacional, convocar elecciones parlamentarias y presidenciales como en otros países árabes, o crear un nuevo gobierno con personas que no sean las de siempre que solo sirven para hacer la pelota al gobernante y elogiar sus defectos como si de auténticas virtudes se tratara?

 "Zona militar:
Prohibido acercarse o hacer fotos"

Es cierto que el informe del presidente de la delegación de los observadores árabes ha alabado la colaboración del régimen sirio y ha hablado de violencia y asesinatos por parte de ambos bandos, asegurando que los asesinatos descendieron con su llegada y que el régimen retiró sus aparatos militares de las ciudades, pero que también hay bandas armadas y soldados desertores que matan. Lo cierto es que todos estos pasos y esta buena disposición han llegado muy tarde desgraciadamente. Ir al Consejo de Seguridad a internacionalizar el expediente sirio no será una medida efectiva porque igual que el veto estadounidense está al acecho de cualquier proyecto de resolución árabe de condena a Israel, el veto ruso y el chino están también para evitar cualquier intervención internacional en Siria. Los chinos y los rusos no morderán de nuevo el anzuelo después de la trampa mortal en la que cayeron en Libia.

No sabemos cuál será el siguiente paso del régimen, pero lo que sabemos es que el cerco se cierra sobre el régimen y sus aliados iraníes y que puede necesitar un milagro para salvarse en un tiempo en que los milagros se han extinguido. Seguir optando por el empleo de la fuerza es un suicidio y someterse a las presiones árabes una humillación, al menos según su diccionario.

Y esto significa que estamos ante un callejón sin salida al menos a corto plazo. Puede que sirva de algo recordar que el señor Abd al-Rabbihi Mansur Hadi, vicepresidente yemení no está supervisando la transición en Yemen, sino que es candidato de consenso para las elecciones presidenciales. ¿Podemos imaginar a Faruq al-Sharaa, el vicepresidente sirio, jugar el mismo papel siendo oriundo de Daraa donde prendió la llama del levantamiento?

Hay quien habla de lanzarse a la desesperada, es decir, de una guerra con Israel, que dé la vuelta a todos los equilibrios en la zona, o una guerra irano-estadounidense o irano-israelí en el Golfo que haga lo mismo, pero lo más probable en caso de no darse ninguna de las anteriores posibilidades, es que Siria se deslice hacia una cruenta guerra civil, especialmente cuando las deserciones están creciendo y la revolución civil se está convirtiendo a gran velocidad en un golpe militar.

jueves, 3 de noviembre de 2011

La verdad del acuerdo entre la Liga Árabe y el régimen sirio

Texto original: Al-Hayat
Autor: Jalid al-Dajil*
Fecha: 03/11/2011



La comisión árabe designada por la Liga Árabe ha logrado que el gobierno sirio acepte el plan para acabar con la llamada crisis siria. Dicho plan consta de cuatro puntos: retirada de las armas de todas las ciudades y barrios del país, puesta en libertad de todos los detenidos, entrada de medios a todos los rincones de Siria y celebración de un diálogo entre la oposición siria y el régimen. El hecho de que Siria haya aceptado estos puntos sin reservas, según parece, tal vez nos haya sorprendido a todos. 

En principio, tal aceptación implica una importante renuncia por parte del régimen sirio, más si se tiene en cuenta que los cuatro puntos del acuerdo se oponen diametralmente al concepto que  este régimen tiene acerca de lo que está pasando. El régimen considera que lo que sucede no son más que acciones terroristas perpetradas por bandas armadas financiadas por actores extranjeros. Todo ello con el objetivo de poner en marcha la estrategia conspirativa que busca dividir el país y debilitarlo por el hecho de ser un país de resistencia y rechazo al proyecto estadounidense e israelí en la zona. Aceptando el plan de la Liga Árabe es como si el régimen hubiera renunciado a tal idea, en primer lugar, porque se considera parte responsable en la crisis, lo que implica que debe participar en la solución de la misma, algo que el régimen ha aceptado. 

En segundo lugar, con la aceptación del plan, el régimen ha reconocido a la oposición y la legitimidad de su postura ante la crisis. En consecuncia, ha aceptado dialogar con ella. En tercer lugar, al comprometerse a acabar con la presencia de armas se ha arriesgado a dejar la puerta abierta de par en par para que las manifestaciones y protestas terminen extendiéndose por todos los rincones de Siria. Esto se deduce porque la razón principal de que hasta hoy no hayamos visto manifestacioes multitudinarias es la crueldad en la actuación de los servicios de seguridad, que aplican la política del régimen en la represión de las manifestaciones, aunque ello implique recurrir al asesinato y la tortura. Pero fíjense en que el acuerdo no incluye en este punto una referencia concreta al compromiso del régimen de permitir que salgan manifestaciones pacíficas. Como tampoco recoge que el régimen haya aceptado que la retirada de las armas pueda llevar consigo la ampliación de los focos de las manifestaciones. Este es una importante brecha en el acuerdo de la que el régimen se servirá cuando la necesidad lo exija.


Frente a lo que parecen renuncias por parte del régimen sirio, existen algunas observaciones esenciales que descubren la realidad de estas renuncias. En primer lugar, el acuerdo considera lo que sucede una crisis política; es decir, una solución intermedia entre la teoría de la conspiración del régimen y la realidad de que lo que está teniendo lugar es una revolución popular. La negación del acuerdo de tal realidad mina las exigencias de los manifestantes y sus sacrificios. En segundo lugar, la iniciativa no establece límites ni objetivos más allá del cese de la violencia. ¿Y después qué? El acuerdo no delimita la naturaleza del diálogo, ni sus partes, ni sus objetivos, ni siquiera el lugar donde ha de celebrarse. El régimen no reconoce al Consejo Nacional Sirio, por ejemplo. ¿Quién va a representar entonces a la oposición? Tercero, el párrafo del acuerdo que versa sobre el cese de la violencia es ambiguo en todos sus puntos y se presta a interpretaciones. No recoge el hecho de que el régimen es la fuente principal, si no es la única, de la violencia y los disparos. La Liga Árabe reconoce implícitamente así la versión del régimen de que hay bandas armadas. ¿Qué va a hacer la Liga Árabe cuando el régimen venga y le diga que elementos armados y terroristas no han cumplido su promesa de poner fin a los disparos y que el régimen sirio no puede mantenerse cruzado de brazos ante “terroristas” que se han puesto como objetivos de sus intereses y sus vidas a los ciudadanos? No pasará mucho tiempo antes de que la Liga Árabe se encuentre ante prórrogas y deducciones lógicas arbitrarias interminables respecto a esta cuestión. 

Cuarto, ¿qué pasa con los que han muerto a manos de las fuerzas del régimen que, son, por lo menos, tres mil entre los que hay al menos cien niños? ¿Quién es el responsable de estos crímenes? ¿Y qué pasa con los desaparecidos, que también se estiman por miles? La comisión árabe no se ha preocupado más que por los detenidos y, según el texto publicado, parece que ha logrado que se les libere. Sin embargo quedan varias preguntas sin responder en torno a esta cuestión concreta: ¿Cuándo serán liberados? ¿Cómo? ¿En tandas? ¿Cuáles son los parámetros y las condiciones para liberar a cada tanda?  Y por último, ¿cuánto tiempo pasará entre una liberación y otra?

La aceptación por parte del régimen sirio del plan de la Liga Árabe sugiere que es totalmente consciente de la profundidad de la crisis y el peligro que supone para él. Sugiere también que está convencido de que la crisis se prolongará y de que puede desembocar en una situación parecida al caso libio. Del mismo modo, sugiere que la vía de la represión, a ojos del régimen, o no basta o necesita más tiempo. Pero mientras tanto, con el acuerdo de las sociedades árabe e internacional, gana tiempo. A ello ha de sumarse que el régimen se siente aislado regionalmente y y nota la presión del cerco económico. 

Por último, algo sugiere también que el régimen siente que sus partidarios dentro del país han comenzado a replegarse, especialmente la clase comerciante que hasta ahora ha estado de su parte, pero su apoyo tiene límites y estos llegarán tarde o temprano. Además, están los cuerpos del ejército y de la seguridad. ¿Han comenzado a notar la fatiga? ¿Hasta cuándo se les puede utilizar para reprimir y matar a los manifestantes? ¿Hasta cuándo podrán soportar enfrentarse a sus ciudadanos? En otras palabras, el acuerdo abre para el régimen un respiradero en la crisis, pero no la soluciona porque niega la revolución e ignora la responsabilidad del régimen en el derramamiento torrencial de sangre. El acuerdo es mucho menos exigente que la iniciativa del Golfo para Yemen que pedía a Saleh que dejara el poder. ¿Por qué la Liga Árabe no ha pedido al presidente sirio que lo abandone después de todos los crímenes que ha cometido su régimen? Sin unos mínimos, ¿cuál es entonces el fin de la iniciativa de la Liga Árabe?

*Escritor y académico saudí.