Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
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sábado, 2 de agosto de 2014

Escribir sobre Da'esh (ISIS)

Texto original: Global Voices

Autora: Marcell Shehwaro

Fecha: 31/07/2014





Cuando me pidieron que escribiera sobre Da’esh, abrí un nuevo documento en el ordenador que dejé blanco durante días. ¿Cómo escribimos sobre Da’esh para que lo lean otros que no han sufrido tales niveles de violencia y caos? ¿Cuánta es nuestra responsabilidad como sirios en comparación con la responsabilidad del mundo en la conformación de eso que hemos llamado Da’esh?

En primer lugar, debo aclarar que el pueblo sirio no fue al supermercado “Al-Nasr” y que no tenía estanterías llenas de opciones, como que Asad se marchara como Ben Ali, o dimitiera como Mubarak. No tenía el petróleo necesario para comprar la opción de la OTAN como Libia y no tenía el suficiente bienestar como para elegir. Sin embargo, insistió en comprar a al-Qaeda porque la vio envuelta con las etiquetas amarillas que indican ofertas en el rincón de las “Rebajas”. Sencillamente, no teníamos el suficiente bienestar como para elegir, mientras que los demás soñaban con deshacerse de “la mercancía corrupta” mandándola a nuestra tierra y a costa de la sangre de nuestros jóvenes. La revolución siria que lucha desde hace cuatro años ya lanzó su grito de auxilio el viernes “de la protección internacional” apenas seis meses después de comenzar, para pedir después un bloqueo aéreo, que se pusiera fin a las oportunidades al régimen, que los embajadores fueran expulsados, que se apoyara al ESL y una protección internacional.

Hicimos llamamientos a todo el mundo para que ejercieran su responsabilidad para con la Humanidad, fue un llamamiento general, pero Al-Qaeda, por desgracia, fue la que atendió nuestra llamada. Por tanto, ¿somos, como sirios, los únicos responsables de su aparición? Al-Aqeda no se formó en nuestras calles, ni en nuestras conversaciones. No la necesitábamos para provocar el pánico de nadie ni necesitó nuestro permiso para llegar por medio de sus aeropuertos “cerrados”. Llegaron a través de fronteras abiertas de par en par a pesar de que algunos digan que no. Llegaron a través de los aeropuertos de otros con sus pasaportes en la mano. Llegaron por el racismo “temeroso” que provoca la barba de un hombre y el racismo que aparta la mirada de la sangre del niño sollozante que ese mismo hombre lleva en sus brazos.

En ningún momento estoy pretendiendo minimizar nuestra propia responsabilidad como sirios de que este ente “cancerígeno” permanezca en nuestro país. A fin de cuentas, algunos de los nuestros le han rendido pleitesía por pobreza, y también están los antiguos hombres de Asad que amaban el poder y hacían la pelota, que les rindieron pleitesía aspirando a alcanzar el poder de nuevo: ser autoritario en nombre de Asad o de Da’esh no es muy diferente.

Siguieron así por la ingenuidad de nuestros revolucionarios que pensaron que Da’esh había venido a apoyarnos y que no estaba bien hablar de sus errores, que terminaron por convertirse en crímenes. Se mantuvieron gracias a miles de hipócritas, abusones y mercaderes de religión y guerra. Se mantuvieron por la cobardía que provocaron en muchos hombres de religión que no fueron capaces de prevenir a nuestros jóvenes para que no rindieran pleitesía a Da’esh. Se mantuvieron depertando el asombro que le provocaba a un “pobre” combatiente del ESL su artillería semejante a lo que había visto en los juego de Counter Strike y que nada tenía que ver con su triste pólvora. Se mantuvieron porque algunos renunciaron a su pertenencia a la patria y porque algunos se adscribieron al carnicero. Se apoyaron en nuestra dura y cruenta división política, y nuestra división ideológica. Se apoyaron en la destrucción que provocó en la mayoría de nosotros el olor de la sangre hasta estar dispuestos a una alianza con el Diablo para que pusiera fin a la batalla. Y eso es lo que sucedió: nos aliamos con el Diablo. Se mantuvieron porque ocultamos nuestro laicismo para no “romper la unidad de filas”, porque ocultamos nuestros sueños de un estado civil democrático para mantener la prioridad de la lucha (contra Asad). En todo esto es en lo que se han apoyado.
Si bien todo eso es culpa nuestra, también somos nosotros los que hemos pagado “toda” la sangre para luchar contra este ente. Y  “al menos hasta el momento”, sufrimos los efectos de su radicalismo y su ocupación de nuestro territorio, y sufrimos su intento de ideologizar a nuestros jóvenes y menores. Nosotros, que en un momento determinado nos convertimos en revolucionarios buscados por ambo estados, rogamos a las alta esferas de los demás países que se preocupen por lo que creemos que será en el futuro un crimen, no solo contra nosotros como pueblo, sino uno en contra de toda la Humanidad. Pues, ¿qué traerá este radicalismo en el futuro? ¿A qué inocentes en el mundo se pondrá por objetivo?

Este ente es una ocupación que se cree que los sirios no tienen patria y que donde están es una “creación del Occidente infiel”, un ente que anunció que invadiría nuestra tierra en el canal Aljazeera el 9 de abril de 2013. Desde entonces, lo único que ha hecho ha sido luchar contra nosotros. Combate contra nosotros como una revolución que no reconoce, como una bandera que insiste en quemar, como revolucionarios a los que secuestra para hacer desaparecer. Al contrario que otros, a ellos nadie los busca. Aún recuerdo aquella vez en la que viajaba por un camino rural que llevaba a Turquía desde Alepo, ya que había muchos controles de Da’esh en la carretera principal. La dolorosísima imagen que más llamó nuestra atención fue que habían borrado lo nombres de nuestros pueblos: nada indicaba que eso fuera territorio sirio. Todas las banderas de la revolución las habían teñido de negro, habían borrado lo nombres de los pueblos y los habían cambiado por grandes piedras negras que decían: el Estado Islámico de Iraq y Siria os da la bienvenida. Tengo miedo de reírme de su sucia ocupación, porque me da miedo el hecho de que los palestinos en su momento también se rieron de lo que consideraban un proyecto de Estado que no podría erigirse sobre su tierra, y el hecho de que los revolucionarios iraníes se rieron también del proyecto de Estado religioso que podría tragarse su revolución. Temo reírme y temo también entrar en la primera etapa de la tristeza, que es la negación, para terminar aceptando y mendigando.

En mis oídos resuenan aún las palabras del conductor de autobús cuando notó mi tristeza mientras observaba cómo la pintura negra cubría la tierra siria: “Pronto lloverá y el negro se irá”. Puede que llueva en Raqqa, y Al-Bab, y Minbej y Mosul, y todas las regiones ocupadas por Da’esh, pero lo primero, primerísimo, para que las nubes lleguen allí, es que llueva en Damasco.

domingo, 20 de julio de 2014

La construcción de la causa siria



Texto original: Al-Quds al-Arabi 

Autor: Yassin Al Haj Saleh

Fecha: 18/07/2014



Cerca de 200 mil víctimas, la destrucción de un cuarto de las viviendas del país y la emigración forzada de un 40% de la población no bastan para confeccionar una “causa siria”. La causa siria no es la suma del dolor de los sirios, sino que ese es tan solo el significado humano que los sirios sacarán de su dolor o que relacionarán con él, el significado que quedará unido a su lucha, haciendo de su nombre y su tragedia un símbolo que otros puedan recuperar para su propia lucha.

Tampoco basta que los datos y la información identifiquen como responsable de esta gran tragedia histórica al régimen asadiano. Ciertamente, podría haberse evitado la tragedia humana, material y psicológica que se ha cernido sobre el país, si los líderes del Estado asadiano hubieran tenido la tibieza de Hosni Mubarak. Pero durante estos 40 meses, en la lucha siria han entrado grupos islamistas suníes que ni hicieron estallar la revolución ni participaron en ella durante meses, pero que hoy conforman una parte importante de las fuerzas armadas enfrentadas. Y junto a ellas y en su contra, hay fuerzas islamistas chiíes no enfrentadas entre sí y que además están del lado del régimen. En su conjunto, estos grupos suníes y chiíes dan lugar a dos problemas interconectados: el problema sectario y las posturas que adoptan los grupos religiosos y confesionales en los diversos países, y después, el problema religioso islámico y la situación del islam en los estados y sociedades donde domina. Y parece que esos dos problemas son anteriores a la revolución siria, aunque hayan aparecido con especial fuerza a raíz de esta.

En un segundo plano de la lucha y camuflándose con ella, e incluso pasando a primer plano en ocasiones, está el papel estructural israelí y estadounidense, continuo y firme. Su papel no puede eliminarse, ni tampoco puede reducirse su importancia, aunque no siempre se vea o participe directamente en la lucha. Súmese a ello que la situación de nuestro país y nuestra región no puede entenderse sin tener en cuenta la larga alianza entre los señores internacionales y regionales. Los escasos datos que tenemos nos dicen que la administración estadounidense ha adoptado la visión israelí de cara a la revolución siria, según se puede dilucidar de las memorias de Hillary Clinton publicadas recientemente. Israel prefiere un régimen cuya política hacia él sea tan predecible como si de un libro abierto se tratase. Si eso no es posible, entonces que se prolongue la lucha en Siria hasta que quede desangrada material, política y psicológicamente (la versión israelí de “Asad o quemamos el país”).

Este papel que tampoco podemos exagerar ha aumentado la complejidad y podredumbre de la lucha siria. Los dos aliados están apoyando al asesino y las fuerzas de destrucción contra todos los sirios que se han levantado contra él. Así, se encuentran en el mismo bando que Irán, con quien intentan lograr acuerdos a costa del cuerpo sirio lacerado. Esta realidad no puede ignorarse, ni desde el conocimiento de la situación, ni desde la política y la efectividad de la acción política, ni tampoco desde los valores y los principios de la justicia.

La situación actual de la lucha en Siria está conformada por el conjunto de la interacción de tres fuerzas sin ley: el estado asadiano y sus aliados, los grupos islamitas combatientes y enfrentados y la alianza israeli-estadounidense. Todo ello hace de esta lucha algo trágico, porque la cuestión no tiene que ver con un único enemigo de la liberación de los sirios, que sería el régimen, ni con dos enemigos –el régimen y los islamistas-, sino que se les une el dúo hegemónico internacional y regional: EEUU e Israel. Y de una lucha de liberación en el marco nacional, la cuestión siria hoy tiene una dimensión regional básica, pero también internacional. Ello es lo que hace de esta causa, en principio, una causa de liberación regional y mundial.

Las tres dimensiones tienen sus prolongaciones internacionales e históricas, pues el régimen sirio forma parte de la alianza regional sectaria que engloba a Irán y su séquito, como Maliki o Hezbollah, que se retrotrae a una dimensión histórica y mitológica que llega hasta los primeros tiempos del islam. Mientras, las fuerzas políticas islámicas y militares están unidas por una red regional suní que engloba a estados del Golfo, grupos y organizaciones, y se trata de una red que también se retrotrae a su propia dimensión histórica y mitológica que llega hasta los inicios del islam. En cuanto a EEUU e Israel, son dos fuerzas hegemónicas internacional y regional con una extensa y amplia prolongación internacional dominante en Occidente, y una prolongación histórica de las antiguas doctrinas apocalípticas y promesas legendarias. Se trata de dos fuerzas donde la conciencia sectaria propia de sus élites no se debilita nunca, sobre todo si se trata de nuestra región. El sectarismo, en cualquier nivel ideológico es autoridad y clase, y no una religión o una ideología identitaria.

Pero esta triple condición es lo que hace de la construcción de un significado claro de la lucha algo muy complicado. Hablábamos con razón de una revolución contra un régimen dictatorial y despótico. Con la aparición de los grupos islamistas que ejercen la autoridad sobre el terreno y repiten las acciones del régimen contra la población, nos encontramos ante una lucha compleja, que supone una mezcla entre la liberación política y la liberación religiosa. Pero nos sigue faltando un concepto para llamar a esta lucha, y la cosa se complica más cuando se tiene en cuenta el papel estadounidense e israelí, como una especie de destino funesto e inevitable que gobierna sobre nuestras vidas. Así, al no poderse construir la cuestión siria sin tener en cuenta esta realidad tridimensional, la calificación de tragedia para una lucha en tres frentes dificulta enormemente la construcción de su significado.

El concepto o valor que puede unir esta lucha es la adopción de la liberación política, de la que parten después la liberación espiritual y la independencia de la voluntad de todo individuo de la de la voluntad general. Nuestra lucha en Siria es una mezcla de un movimiento de liberación nacional en lucha con una nueva generación de colonialistas -Irán y sus instrumentos, e ISIS y sus semejantes-, y no solo los antiguos colonialistas, una revolución democrática y un movimiento de liberación religiosa.

Pero mientras podría ser posible enfrentarse a un solo enemigo mediante la guerra, enfrentarse a dos exige ejercer la política también, y enfrentare a tres enemigos exige una cultura de partida. O tal vez lo que exige sea una refundación: refundarnos a nosotros mismos de forma que no nos aislemos del mundo ni nos situemos en un enfrentamiento absurdo con él, como hacen hoy los islamistas, una posición que no esté por debajo de nuestras aspiraciones de jugar un papel a nivel mundial que esté a la altura de nuestra sed por la dignidad colectiva. Decir que la cultura es donde hemos de refundarnos no supone que esa refundación sea un acto de meditación, sino que es un acto de lucha, aunque no esté dirigido exclusivamente hacia la efectividad política. Todo lo que tiene valor cultural en nuestra era ha venido de la participación directa en la lucha y no de meditaciones proféticas desde la distancia. La cultura es una política intensiva según el dicho de Lenin de que la política es una economía intensiva.

La construcción de nuestra causa como una de emancipación humana general puede constituir una respuesta seria contra la destrucción de nuestro país.