Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
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viernes, 23 de febrero de 2018

Sobre la utilidad de los gritos contra la guerra de exterminio sobre Al-Ghouta oriental



Texto original: Al-Jumhuriya 

Autor: Sadek Abed Al-Rahman

Fecha: 16/02/2018



Cuando el Ministerio de Asuntos Exteriores francés emite un comunicado que dice que lo que está pasando en Al-Ghouta supone una violación del Derecho Internacional Humanitario, cuando una de las instituciones de la ONU, UNICEF, emite un conciso comunicado que dice que “No hay palabras que puedan hacer justicia a los niños asesinados”, tal vez eso signifique que gritar no sirve de nada.

¿Por qué tenemos que gritar en árabe, inglés, francés y todas las lenguas del mundo? La respuesta es sencilla: para que el mundo sepa lo que sucede y se movilice para detener el exterminio. Sin embargo, el mundo lo sabe y no hace nada: así se completa el círculo de sensación de impotencia, y parece incluso que los gritos están vacíos de significado.

De Mistura dice que lo que sucedió en Alepo puede repetirse en Al-Ghouta, y la propia ONU considera que las operaciones de evacuación forzada en Siria pueden considerarse crímenes de guerra. De Mistura es el enviado de la ONU; y por lo tanto, la ONU lo sabe. ¿Por qué tenemos que gritar? ¿¡De qué sirve!?

¿Gritamos para que las fuerzas populares activas en el mundo se movilicen y presionen a sus gobiernos? No parece que eso tenga utilidad alguna, porque que los pueblos del mundo sepan lo que pasa en Siria es extremadamente complicado, especialmente desde que los periodistas, académicos, empresas mediáticas y partidos políticos de todo el mundo, han inundado el espacio mediático con mentiras, desinformaciones y verdades alternativas que dicen que lo que sucede en Siria es una guerra del gobierno legítimo contra grupos terroristas. Eso si suponemos que hay fuerzas populares capaces de presionar para cambiar las políticas de los países. Pero, ¿de qué países hablamos? Si Rusia no cambia sus políticas, el resto de países del mundo no puede hacer nada si no es al margen del pacto de Naciones Unidas, y no parece que nadie vaya a hacerlo. La sangre de los sirios y sus vidas no lo valen, según parece.

Ni siquiera las fotos de las víctimas revuelven a nadie: ya nadie quiere verlas, ni les interesan. Una mujer que vive en EEUU me dijo ayer, después de enviarle un vídeo en que se veía cómo rescataban a niños de debajo de los escombros en Hamuriya: “¿Y cómo sé yo que en el mismo edificio no había miembros del Freente de Al-Nusra? ¿Y cómo lo sabes tú? Nada certifica que el régimen se haya puesto a los civiles como objetivos”.

En años anteriores, le habría contestado con ira y gritos, pero esta vez fue diferente. Intenté no gritar, e intenté decirle que la presencia del Frente de Al-Nusra o de cualquier otro grupo en la zona que sea no justifica los bombardeos indiscriminados, y que el uso de misiles no dirigidos contra zonas donde hay civiles es un crimen que va en contra de las leyes internacionales de la guerra. Intenté decirle que quien asedia Al-Ghouta y quien ha provocado toda esta guerra es el régimen sirio, y que los bombardeos y el asedio en Al-Ghouta constituyen “un asesinato de miembros de un colectivo humano, un ataque de graves consecuencias físicas contra miembros de un colectivo humano y el sometimiento de un colectivo humano, a propósito, a condiciones de vida con las que se pretende destruirlos físicamente total o parcialmente”. Eso es literalmente un crimen de exterminio según la legislación internacional. Pero todo esto no sirvió de nada, porque dijo que las facciones de Al-Ghouta lanzaban misiles no dirigidos contra los barrios residenciales en Damasco también, y que eso era un crimen según lo que yo mismo había dicho. Le contesté que estaba de acuerdo con ella en ese punto, pero le dije que el hecho de que una facción armada cometiera infracciones de la legislación internacional no justificaba la comisión de crímenes de exterminio contra la población de la zona en la que se concentra dicha facción. Además, ¿cómo se puede equiparar una infracción de la legislación de guerra con un crimen de genocidio sistemático, cometido a la vista de todos? ¿Podemos olvidar que el hecho de que la guerra continúe se debe a que el régimen se ha negado a cumplir las resoluciones internacionales, mediante su continuo rechazo a discutir la transición política?

El hilo de la conversación siguió su curso y se ramificó, y nos sumergimos en innumerables detalles, hasta que quedó claro que hablar era totalmente inútil. Así, terminó diciendo que se solidarizaba con todas las víctimas civiles, y que condenaba a todas las partes que estaban asesinando civiles sistemáticamente, incluido el régimen dictatorial en Damasco, y que rezaba para que esta maldita guerra terminara pronto.

Ese fue solo un ejemplo de la inutilidad y la incapacidad, pero son innumerables. Entonces, ¿para qué seguimos hablando y gritando? ¿Hay algo que podamos hacer para detener el exterminio de Al-Ghouta oriental? Nada más que esperar que la presión internacional contra el régimen lo obliguen a detener los bombardeos, y lo más probable es que nuestros gritos no provoquen esa presión. Tampoco sirve la perseverancia militar de las facciones opositoras en Al-Ghouta frente a las campañas terrestres, porque pueden evitar que el régimen domine el terreno, pero no detendrán la devastación provocada desde el aire, ni el asedio, ni la muerte debido a la falta de medicinas y alimentos. Tal vez semejante perseverancia pueda obligar al régimen a cambiar sus cálculos, pero nuestro grito tampoco tendrá mucho efecto aquí, pues los factores influyentes serán los equilibrios militares, las posturas de las partes que apoyan a las facciones y el liderazgo de las propias facciones y sus políticas.

¿Tenemos que pedir a las fuerzas militares y civiles activas en Al-Ghouta que se rindan? Es una pregunta que resuena en las mentes de muchos, sin saber cómo responderla, debido en primer lugar a que no sabemos a ciencia cierta si tienen esa opción siquiera, ni cuáles son las condiciones y exigencias de dicha rendición. ¿Éxodo forzoso o someterse totalmente y rendirse a lo que el régimen decida hacer con ellos como sucedía entre vencedores y vencidos en oscuros tiempos inmemoriales? ¿Hay alguna parte internacional que haya dicho estar dispuesta a garantizar la seguridad de los civiles si los combatientes se rinden? ¿Tenemos derecho a pedir a los combatientes que se rindan a un régimen que sigue matando sistemáticamente bajo tortura en las cárceles? Nosotros, los que estamos fuera del asedio y la guerra, no podemos hacer otra cosa que respetar la decisión de los asediados, sea la que sea.

¿Nos callamos, entonces, y esperamos al resultado de los equilibrios de fuerzas internacionales y los equilibrios militares? Esa opción tampoco existe. No podemos aceptar la muerte de nuestra gente en silencio.

Los que residimos fuera del territorio bélico y el asedio no sabemos qué tienen que hacer los que están en su interior, pero no debemos callarnos. Se pueden certificar los crímenes con el objetivo de buscar la justicia, se puede gritar, se puede escribir y se puede tomar la palabra para que el crimen siga vivo en la memoria del mundo. También está la solidaridad con nuestra gente asediada y expuesta a la muerte, y está también el hecho de escribir la historia para no dejar que esos “vencedores” la escriban como quieran.

Tal vez no tengamos forma de detener el exterminio, pero tenemos que apuntar claramente a él y a sus patrocinadores. También podemos pensar en qué lo ha hecho posible a plena luz del día y en qué puede servir como base para que no se repita.

Y más importante, si estamos fuera de la batalla, el asedio y la muerte, no estamos fuera del relato. Si sentimos culpa, incapacidad o que no hacemos lo suficiente, y nos castigamos por no haber hecho cosas que hoy creemos que teníamos que haber hecho antes, hoy podemos hacer lo que toca hacer, que es no permitir que se anonimice a los perpetradores y asesinos y se normalice su presencia, ni que se acepte la versión de una “guerra civil de la que todos son responsables”. La guerra siria hoy es el resultado de la represión de una maravillosa revolución popular con todo tipo de armas. Esa es la historia que hay que defender por todos los medios, porque solo ella puede hacer justicia a las víctimas y preservar su dignidad.

Debemos seguir gritando, y pensando en lo que ha sucedido y sucede. Solo así podemos defendernos de cara a las autoridades corruptas del mundo, y solo así podemos participar en la salvación de las vidas que aún se pueden salvar.



domingo, 25 de noviembre de 2012

Comunicado sobre el Frente de al-Nusra

Texto original: Facebook 

Autor: Coalición de la Izquierda Siria

Fecha: 25/11/2012

Coalición de la Izquierda Siria


Los medios han hecho circular durante la semana pasada textos de comunicados y contra-comunicados de grupos armados en Siria en relación al anuncio de algunos de estos grupos, concretamente el dudoso Frente de al-Nusra, del establecimiento de un Estado islámico en Siria.

La Coalición de la Izquierda Siria es consciente de que este tipo de fuerzas fascistas no podrán imponer sus sospechosas agendas, ligadas a fuerzas retrógradas conocidas en el exterior, sobre la revolución de nuestro pueblo, y condena esta deformación de nuestra revolución y el menosprecio a la sangre de decenas de miles de víctimas. También anuncia su intranquilidad frente a algunos comunicados posteriores que han sido emitidos por grupos armados que gozan de las mismas características y que son igualmente condenables por tener las mismas orientaciones y tener agendas exteriores idénticas, incluso aunque hayan anunciado su rechazo a lo dicho en el comunicado arriba indicado, puesto que no podemos apoyarnos en comunicados y contra-comunicados emitidos por las fuerzas del islam político que intentan pasar por alto los objetivos de la revolución.


El aferrarse a los objetivos de la revolución que se materializan en el derrocamiento de la mafia fascista gobernante y la construcción de una Siria que sea una nación libre de toda dependencia y cuyos hijos e hijas participen en la construcción de su futuro con libertad, exige enfrentarse a toda dictadura que las fuerzas neofascistas intenten imponer y levantar un necesario cerco a esas fuerzas, trantando con ellas exactamente igual que con el régimen fascista, para acabar con ellas del todo.

Este frente, debido a su buen armamento y el apoyo que recibe de grupos takfiríes, ha logrado atraer a algunos jóvenes revolucionarios que creen en la acción militar para deshacerse del régimen. A esos no los criticamos aquí, pues no se han unido a ese grupo más que por el hecho de que tiene armas, y forman parte de la revolución para derrocar al régimen.

El pueblo que ha acabado con el poderíodel régimen fasista, ha derribado el muero del miedo y se ha liberado de las cadenas de la dictadura, ofreciendo decenas de miles de víctimas al altar de la libertad y la justicia, no permitirá a nadie, bajo ningún lem, que le robe su revolución o que la desvíe de sus objetivos. No se le permitirá a ningún otro fascismo, sea religioso o no, que se erija como déspota. Todos verán que el futuro de Siria no lo construirán más que los héroes de las calles y plazas que se han liberado de todas las agendas sospechsas y las dependencias del exterior.