Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
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martes, 6 de octubre de 2015

¿Dónde esta Asad y dónde la inmunidad nacional?



Texto original: Al-Quds al-Arabi 

Autor: Elías Khoury

Fecha: 05/10/2015



Desde que comenzaron los bombardeos rusos sobre Siria, Bashar al-Asad ha desaparecido. Que desaparezca no es noticia, pues desde que su ejército comenzó a desplomarse en Idleb, solo aparece para luego desaparecer. Sin embargo, esta desaparición, en un momento clave, con la entrada del ejército ruso como parte de la guerra siria, plantea más de una cuestión. Los rusos que han venido tras quedar claro lo limitadas que eran las posibilidades de la intervención iraní en todas sus formas y milicias, anuncian hoy la incapacidad del aliado iraní de proteger al régimen de la dictadura, y su necesidad de entregar el liderazgo a una nueva parte, a fin de que llene el vacío del desplome.

Bashar al-Asad sabe que no es más que un muñeco, y que los muñecos no hablan si no es por medio de la voz de quien los mueve, y hoy recibe clases para acostumbrarse a la voz rusa tras años de entrenamiento iraní.

Putin sueña con un estado zarista mezclado con el “enorme” peso que antes ocupaba la Unión Soviética, que las oraciones de unos cuantos chalados de la Iglesia rusa no pueden revivir. Del mismo modo, la influencia rusa comenzó como el soporte de la idea internacionalista antes de que la dictadura acabara con la idea y la experiencia soviéticas por completo.

Que Putin sueñe lo que quiera, porque no es a él a quien va dirigida la cuestión, sino al momento en que se perdió la inmunidad nacional que Siria vive desgraciadamente. La verdadera cuestión es la inmunidad y no la leyenda del antiimperialismo, que nunca fue más que un método para añadir a la dictadura baazista una dictadura religiosa.

El pueblo libanés ya ha vivido durante mucho tiempo la pérdida de inmunidad nacional, desde que se implantó la estructura sectaria al convertir Líbano en un campo de luchas regionales y al destruir nuestra tierra una cifra incalculable de ejércitos, hasta terminar bajo el paraguas del régimen dictatorial sirio.

No hay duda de que los oficiales y líderes del ejército y los servicios secretos sirios conocen bien el significado de que un ejército extranjero ocupe y/o dirija la guerra en otro país. Lo saben porque sus prácticas en Líbano fueron el preludio de su dominio, y hoy deben pasar por una experiencia similar de humillación, al margen de que se hable de una alianza estratégica de 4+1 (Rusia, Irán, Iraq, Siria y Hezbollah).

Esta realidad tiene un nombre: la pérdida de la inmunidad nacional. Y a esta pérdida no le sigue más que la derrota de las naciones. Rusia, Irán y Siria responderán echando la culpa sobre los demás: sobre Daesh, Al-Nusra, Turquía y los estados del Golfo. Y dirán que la pérdida de la inmunidad nacional comenzó con la intervención abierta de diversas potencias en la lucha siria.

Este tipo de excusas nos lleva a transformar las palabras en palabrería, porque su respuesta está preparada. Y si la dictadura no hubiera recurrido a la destrucción de las manifestaciones y al aplastamiento del gran levantamiento popular contra él, Siria no habría llegado a este terrorífico abismo. Sin embargo, esta respuesta no es más que otra sarta de palabrería que pretende excusar a las oposiciones sirias para que no asuman su responsabilidad en la militarización del conflicto, o advertir de los peligros de dicha militarización. Del mismo modo, las fuerzas de la oposición no pueden librarse de su responsabilidad al echarse en brazos de las fuerzas regionales e internacionales, que vieron en el estallido sirio una oportunidad para destruir e iraquizar el país y humillar a su pueblo.

La dictadura ha llevado a Siria a caer bajo las ocupaciones, ocupaciones que van desde Latakia a Raqqa y que se comportan como si la patria siria no existiera, y como si el país fuera un mero campo. Y quizá la expresión más clara de cómo Siria se ve como un campo de batalla se encuentre en el artículo del periodista estadounidense Thomas Friedman en el New York Times, en el que pedía a la administración estadounidense que se conformara con las imágenes de la afganización de Siria y el desgaste ruso en territorio sirio.

La afganización, tras la somalización y la iraquiación: ¿es a esto a lo que ha de llegar el sueño de la libertad que ha cubierto Siria de la sangre de sus hijos en uno de los más nobles levantamientos populares de la historia contemporánea?

¿Es que los sirios y sirias, y junto a ellos todos los árabes del Levante, han de pagar el precio de la libertad en muertes, cárceles, genocidios y desplazamientos forzados? Es como si estuviéramos en una pesadilla, por no decir en el momento más atroz de la pesadilla que vivimos despiertos, y no mientras dormimos. Debemos poner las cosas en su sitio a pesar de la oscuridad.

La realidad dice que hoy Siria está bajo más de una ocupación, y que resistir contra todas las ocupaciones es una condición para recuperar la inmunidad nacional. Comenzamos a conocer la naturaleza del despotismo, como nos enseñó Al-Kawakibi [1], pues la dictadura de la mafia dominante que fundó Hafez al-Asad ha llevado a la dictadura del dominio takfirí, fundado por los “muyahidines afganos” y sus señores, que nos han invadido por medio de sus herederos en Siria e Iraq. La relación entra ambos despotismos es complicada, pues ambos retroceden a los orígenes y destruyen el presente en nombre del pasado, ambos pretenden la resurrección en cierto modo, ninguno da valor al concepto de patria y ambos están dispuestos a lanzarse en brazos de las fuerzas extranjeras.

En Líbano tenemos una copia reducida de la amarga experiencia de desplome de la inmunidad nacional, y a pesar de que oficialmente la guerra civil terminó, seguimos frustrados buscándola, y quizá la movilización popular de los jóvenes sea el inicio de un largo camino hacia ella. La Palestina ocupada también vive otra forma de desplome, con la división, la incapacidad de los líderes y el desplome de los valores. Y tal vez la resistencia de Jerusalén sea un indicio de que se puede salir de esta caída.

Sin embargo, el desplome sirio es el más peligroso, porque Siria es el corazón y pulso de la región, y si no construye su inmunidad nacional, Palestina y Líbano permanecerán bajo la guillotina.
Desde 2003, el Levante vive en una “tormenta del desierto” que se renueva con el cambio de jugadores. EEUU destruyó Iraq y lo dejó en manos de los rellena-huecos radicales: Irán y Daesh, y ahora han llegado los rusos para completar el tablero.

Sin embargo, el juego no habría tomado estos derroteros salvajes si no hubiera sido por los regímenes dictatoriales, que establecieron un precedente de destrucción de patrias y de humillación de la gente, facilitando la misión a las fuerzas exteriores que no esconden su naturaleza salvaje ni el hecho de que se han dejado arrastrar a las estupideces de la fuerza y al juego complejo. Después del envalentonamiento de Bush, llegó el acobardamiento del mentiroso de Obama y el pavoneo irrisorio de Putin. Y tras Al-Qaeda y el salvajismo de Al-Zarqawi, llegó Al-Bagdadi, con el salvajismo de la imagen y el brutal genocidio de las minorías, y llegaron también la Guardia Revolucionaria iraní y Hezbollah con un discurso de guerra abierta y proyectos de destrucción.

Nuestros países se han convertido en el escenario de la guerra de los salvajismos, se ha expulsado a su gente de la ecuación, y se ha perdido la inmunidad nacional. El camino para que termine este sacrificio abierto no se iniciará si la gente no recupera su destino, sin atender a absurdas ideologías apocalípticas y erigiéndose sobre los escombros del despotismo y las ocupaciones. 

[1] Abd al-Rahman al-Kawakibi (1855-1902) fue un intelectual sirio autor de "La naturaleza del despotismo", en el que analiza este fenómeno.

lunes, 20 de octubre de 2014

Daesh y los abismos de la resurrección



Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Elías Khoury

Fecha: 18/08/2014


Reconozco que todos mis intentos de comprender el fenómeno de Daesh han fracasado. Nadie sabe, o el conocimiento está tan desperdigado, que es casi imposible recomponer el puzle de Daesh. Sin embargo, existen cuatro cuestiones relacionadas con el rápido ascenso de Daesh:

La primera es el hecho de que Al-Qaeda, que se enfrentó por medio de un salvaje terrorismo a EEUU y los estados occidentales, ha desaparecido o se ha desmembrado. El escenario de guerra se ha trasladado de Occidente a Oriente: las guerras hoy se libran en los países árabes y las víctimas son iraquíes, sirios y yemeníes, mientras Occidente mira y ofrece alguna ayuda humanitaria. Por su parte, el prudente ministro francés Laurent Fabius ofrece a los cristianos de Iraq que emigren a Francia. Daesh, o el Estado del Califato que va desde Mosul a Deir Ezzor, ha zanjado la lucha armada con Occidente, y ha pasado a luchar contra los árabes con el objetivo de imponer la sharía, o lo que considera que es la sharía, a nuestros pueblos devastados crucifixión, latigazos, lapidación, pillaje y captura.

La segunda cuestión indica que el régimen sirio dictatorial, que teme el enfrentamiento con Daesh y no ha enviado sus barriles a las zonas que domina, ha encontrado en Daesh una justificación para existir. Así, el discurso asadiado había daeshizado la revolución popular siria mucho antes de que las fuerzas de Al-Bagdadi llegaran a Siria. Con la llegada de Daesh, el ejército del Califato se encargó de destrozar lo que quedaba de las fuerzas armadas de la oposición siria. Y entonces, las guerras sirias entraron en una nueva etapa llamada la lucha/complementariedad de los dos despotismos: el Baaz y el Daash [1].

La tercera cuestión es que los países petroleros que vieron en la revoluciones de la primavera árabe una amenaza a sus regímenes de injusticia y despotismo, aprovecharon sus capacidades mediáticas para subirse al carro de las revoluciones, antes de ayudar a destrozarlas desde dentro por medio de la ayuda financiera y de armamento a las fuerzas islamistas -entre ellas Daesh-, en el marco de la reconfiguración de la zona al ritmo de la lucha suní-chií. Y aquí Turquía ha jugado un papel principal, como abanderado del sueño de los Hermanos Musulmanes que tanto apreciaba.

La cuarta es que Irán se benefició, igual que su aliado sirio del la daeshización creciente, para justificar su injerencia en Siria, e imponer su hegemonía total sobre Iraq.

En otro contexto, habría sido posible hablar del papel de Israel o las aspiraciones israelíes, pero la resistencia heroica de Gaza ha devuelto ese papel a su lugar natural. El juego se ha escapado de la manos de los brokers más pequeños, y hoy se encuentran en una situación similar a la de Izzat Ibrahim al-Duri  [2] y la organización del Baaz-cofradía nakshbandiyya, que se desintegró rápidamente tras el dominio de Daesh en Mosul.

Si leemos la situación en el Bilad al-Sham e Iraq desde la perspectiva de Daesh, nos encontramos con que todos los jugadores regionales han caído ante el huracán daeshí, similar al huracán talibán que arrasó Afganistán tras la derrota soviética, y que la daeshización se ha convertido en un diluvio en el país del Baaz, utilizando la expresión del gran director de cine sirio Omar Amiralay [3], y que la lucha entre Al-Nusra y Daesh se parece –salvando las distancias- a la lucha entre los partidos Baaz iraquí y sirio.

Esta equiparación entre el Baaz y el Daash [3] no nace de la casualidad, ni es resultado de una conspiración, sino que es el resultado histórico del declive provocado por los regímenes de la modernidad militarocrática, que encontraron en la ideología fascista romántica -que creó partidos como el Baaz y sus hermanos-, un marco de reclutamiento de élites en un proyecto de “resurrección” cuyo objetivo era despertar el pasado “glorioso” de su letargo. Nadie preguntó qué pasado era ese, ni por qué había que despertarlo.

Sa’id ‘Aql, el poeta del “nacionalismo libanés”, que el tiempo acabó colocando a la puerta de Sharon, había pasado por dos experiencias de resurrección, por lo que escribió el himno del “Lazo indisoluble” [4] antes de unirse al Partido Nacionalista, y después saltar a los Guardianes del Cedro. En el himno del Lazo Indisoluble, encontramos la primera expresión del significado de esta resurrección: el “relincho del caballo desde la India a Al-Ándalus”.

El grito de Sa’id ‘Aql fue simultáneo a la fiebre de las leyendas babilonias y cananeas que inundaron la poesía árabe moderna, convirtiendo la nueva experiencia en una recuperación delirante del pasado que posee la llave para la lectura del presente.

Este pasado que solo algunos pensadores se han atrevido a poner en su contexto histórico y criticarlo, se convirtió en un bloque gelatinoso de sentimientos que justificaron las prácticas fascistas y que hicieron del despotismo oriental el leitmotiv de la modernidad de los modernizadores. Cuando se elevaron la voces críticas de Ali Abd al-Raziq [5] o Nasr Hamid Abu Zayd [6], fueron acalladas, marginadas y perseguidas, para que la era dorada pasara a ser la época del Estado despótico árabe, de principio a fin del Califato.

La cima del arribismo intelectual llegó con el revestimiento confuso de la dhimma [7] con variados ropajes, desde el islam de Michel Aflaq (que era cristiano), impuesto por el fatalismo del enfrentamiento, a las Qubaysiyyat de los Asad (un grupo bastante opaco, patrocinado por el régimen laico).

El desplome del despotismo moderno con su melancolía del pasado, abrió la puerta de par en par al pasado, que recurrió al wahabismo saudí antes de que dominara con la soberanía de la cultura petrolera y sus medios de comunicación.

Daesh representa la reconciliación entre el pensamiento “progresista” que revive, y que no ha originado más que textos ambiguos, y el pensamiento salafista wahhabi, que se refugió en el desierto árabe antes de encontrar en la riqueza petrolera, desatada tras la derrota de los árabes en 1967, un instrumento efectivo de hegemonía.

El Califa daeshi es la materialización de esta reconciliación sangrienta, pero es una reconciliación depredadora, pues igual que Abu Bakr al-Bagdadi depredó a Izzat a-Duri y los restos del Baaz iraquí, se prepara para depredar los restos del Baaz sirio como antesala de la depredación del wahabismo en la península Arábiga. Al-Bagdadi ha eliminado las fronteras como soñaban los baasistas, y ha instaurado el código penal islámico como quieren los saudíes [8]. Ha encendido la llama extendida desde la India a Al-Ándalus, tal y como predijo Sa’id ‘Aql, pero muchos piensan que no sabe que carga con la misma enfermedad que sus enemigos, a los que ataca y cuyas cabezas corta.

Su enfermedad es el pasado, y su futuro no es otro que ser un peón en el juego de autodestrucción al que incita la debilidad de Occidente y/o su cinismo, que ve cómo ha logrado crear un gran espantajo que hará de sus aliados y enemigos meras marionetas que le piden auxilio.

La condición para la victoria de los combatientes de Daesh con su variedad de nacionalidades, es que saben jugar dentro de las líneas rojas que los EEUU han puesto, por eso los aviones estadounidenses bombardearon cuando se acercaron a Erbil, pero no hicieron nada cuando cayeron Mosul y Sinjar, cuando los cristianos fueron perseguidos, y cuando los yazidíes fueron amenazados con el exterminio.

El Califa ha de jugar dentro de los límites de la lucha suní-chií, asustar a los iraníes en lo referente a su situación en Iraq, hacer temblar la confianza de los saudíes en su petróleo y sus riquezas, y quedarse en los límites de la destrucción de la región árabe. Así, Occidente no se enfrentará a él, ni se enfrentará a lo que se enfrentó Saddam Husein cuando cruzó las líneas rojas e invadió Kuwait. La “cuestión de Oriente” ya no tiene en la protección de las minorías su puerta de acceso a la hegemonía, sino que hoy se refiere a la destrucción de la zona. Y en el seno de esta destrucción se encuentran el Baaz, el Daash y el wahabismo en un proceso de reparto de roles no acordados, pero donde todos coinciden en la necesidad de asesinar a las sociedades árabes, como condición para el renacimiento del pasado, que no renacerá más que como un fantasma sin vida, que convierta nuestros países en un cementerio. 

[1] Juego de palabras con el título de su película de crítica social y política “Diluvio en el país del Baaz”.

[2] Información sobre él aquí

[3]  Utiliza el mismo esquema de palabra en árabe para ambos.

[4] Literalmente: el nudo más firme.

[5] Pensador del siglo XX que cuestionó la unidad entre autoridad política y religiosa en “El islam y los fundamentos del poder”.

[6] Crítico literario del siglo XX que propuso la crítica literaria y textual del texto coránico, entre otras coas, por lo que fue de excomulgado y tuvo que abandonar Egipto, donde el matrimonio con su mujer ya no era válido por ser él un no musulmán, según la legislación del país.

[7] Para información sobre el término, véase este enlace.
[8] En árabe e produce un juego de palabras, pues ‘hudud’ significa frontera y se aplica también al sistema de penas islámicas que ‘limitan’ los castigos a razón de los crímenes cometidos.

domingo, 20 de julio de 2014

La construcción de la causa siria



Texto original: Al-Quds al-Arabi 

Autor: Yassin Al Haj Saleh

Fecha: 18/07/2014



Cerca de 200 mil víctimas, la destrucción de un cuarto de las viviendas del país y la emigración forzada de un 40% de la población no bastan para confeccionar una “causa siria”. La causa siria no es la suma del dolor de los sirios, sino que ese es tan solo el significado humano que los sirios sacarán de su dolor o que relacionarán con él, el significado que quedará unido a su lucha, haciendo de su nombre y su tragedia un símbolo que otros puedan recuperar para su propia lucha.

Tampoco basta que los datos y la información identifiquen como responsable de esta gran tragedia histórica al régimen asadiano. Ciertamente, podría haberse evitado la tragedia humana, material y psicológica que se ha cernido sobre el país, si los líderes del Estado asadiano hubieran tenido la tibieza de Hosni Mubarak. Pero durante estos 40 meses, en la lucha siria han entrado grupos islamistas suníes que ni hicieron estallar la revolución ni participaron en ella durante meses, pero que hoy conforman una parte importante de las fuerzas armadas enfrentadas. Y junto a ellas y en su contra, hay fuerzas islamistas chiíes no enfrentadas entre sí y que además están del lado del régimen. En su conjunto, estos grupos suníes y chiíes dan lugar a dos problemas interconectados: el problema sectario y las posturas que adoptan los grupos religiosos y confesionales en los diversos países, y después, el problema religioso islámico y la situación del islam en los estados y sociedades donde domina. Y parece que esos dos problemas son anteriores a la revolución siria, aunque hayan aparecido con especial fuerza a raíz de esta.

En un segundo plano de la lucha y camuflándose con ella, e incluso pasando a primer plano en ocasiones, está el papel estructural israelí y estadounidense, continuo y firme. Su papel no puede eliminarse, ni tampoco puede reducirse su importancia, aunque no siempre se vea o participe directamente en la lucha. Súmese a ello que la situación de nuestro país y nuestra región no puede entenderse sin tener en cuenta la larga alianza entre los señores internacionales y regionales. Los escasos datos que tenemos nos dicen que la administración estadounidense ha adoptado la visión israelí de cara a la revolución siria, según se puede dilucidar de las memorias de Hillary Clinton publicadas recientemente. Israel prefiere un régimen cuya política hacia él sea tan predecible como si de un libro abierto se tratase. Si eso no es posible, entonces que se prolongue la lucha en Siria hasta que quede desangrada material, política y psicológicamente (la versión israelí de “Asad o quemamos el país”).

Este papel que tampoco podemos exagerar ha aumentado la complejidad y podredumbre de la lucha siria. Los dos aliados están apoyando al asesino y las fuerzas de destrucción contra todos los sirios que se han levantado contra él. Así, se encuentran en el mismo bando que Irán, con quien intentan lograr acuerdos a costa del cuerpo sirio lacerado. Esta realidad no puede ignorarse, ni desde el conocimiento de la situación, ni desde la política y la efectividad de la acción política, ni tampoco desde los valores y los principios de la justicia.

La situación actual de la lucha en Siria está conformada por el conjunto de la interacción de tres fuerzas sin ley: el estado asadiano y sus aliados, los grupos islamitas combatientes y enfrentados y la alianza israeli-estadounidense. Todo ello hace de esta lucha algo trágico, porque la cuestión no tiene que ver con un único enemigo de la liberación de los sirios, que sería el régimen, ni con dos enemigos –el régimen y los islamistas-, sino que se les une el dúo hegemónico internacional y regional: EEUU e Israel. Y de una lucha de liberación en el marco nacional, la cuestión siria hoy tiene una dimensión regional básica, pero también internacional. Ello es lo que hace de esta causa, en principio, una causa de liberación regional y mundial.

Las tres dimensiones tienen sus prolongaciones internacionales e históricas, pues el régimen sirio forma parte de la alianza regional sectaria que engloba a Irán y su séquito, como Maliki o Hezbollah, que se retrotrae a una dimensión histórica y mitológica que llega hasta los primeros tiempos del islam. Mientras, las fuerzas políticas islámicas y militares están unidas por una red regional suní que engloba a estados del Golfo, grupos y organizaciones, y se trata de una red que también se retrotrae a su propia dimensión histórica y mitológica que llega hasta los inicios del islam. En cuanto a EEUU e Israel, son dos fuerzas hegemónicas internacional y regional con una extensa y amplia prolongación internacional dominante en Occidente, y una prolongación histórica de las antiguas doctrinas apocalípticas y promesas legendarias. Se trata de dos fuerzas donde la conciencia sectaria propia de sus élites no se debilita nunca, sobre todo si se trata de nuestra región. El sectarismo, en cualquier nivel ideológico es autoridad y clase, y no una religión o una ideología identitaria.

Pero esta triple condición es lo que hace de la construcción de un significado claro de la lucha algo muy complicado. Hablábamos con razón de una revolución contra un régimen dictatorial y despótico. Con la aparición de los grupos islamistas que ejercen la autoridad sobre el terreno y repiten las acciones del régimen contra la población, nos encontramos ante una lucha compleja, que supone una mezcla entre la liberación política y la liberación religiosa. Pero nos sigue faltando un concepto para llamar a esta lucha, y la cosa se complica más cuando se tiene en cuenta el papel estadounidense e israelí, como una especie de destino funesto e inevitable que gobierna sobre nuestras vidas. Así, al no poderse construir la cuestión siria sin tener en cuenta esta realidad tridimensional, la calificación de tragedia para una lucha en tres frentes dificulta enormemente la construcción de su significado.

El concepto o valor que puede unir esta lucha es la adopción de la liberación política, de la que parten después la liberación espiritual y la independencia de la voluntad de todo individuo de la de la voluntad general. Nuestra lucha en Siria es una mezcla de un movimiento de liberación nacional en lucha con una nueva generación de colonialistas -Irán y sus instrumentos, e ISIS y sus semejantes-, y no solo los antiguos colonialistas, una revolución democrática y un movimiento de liberación religiosa.

Pero mientras podría ser posible enfrentarse a un solo enemigo mediante la guerra, enfrentarse a dos exige ejercer la política también, y enfrentare a tres enemigos exige una cultura de partida. O tal vez lo que exige sea una refundación: refundarnos a nosotros mismos de forma que no nos aislemos del mundo ni nos situemos en un enfrentamiento absurdo con él, como hacen hoy los islamistas, una posición que no esté por debajo de nuestras aspiraciones de jugar un papel a nivel mundial que esté a la altura de nuestra sed por la dignidad colectiva. Decir que la cultura es donde hemos de refundarnos no supone que esa refundación sea un acto de meditación, sino que es un acto de lucha, aunque no esté dirigido exclusivamente hacia la efectividad política. Todo lo que tiene valor cultural en nuestra era ha venido de la participación directa en la lucha y no de meditaciones proféticas desde la distancia. La cultura es una política intensiva según el dicho de Lenin de que la política es una economía intensiva.

La construcción de nuestra causa como una de emancipación humana general puede constituir una respuesta seria contra la destrucción de nuestro país.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Diálogo con Bakr Sidki 2

A continuación la segunda parte de la entrevista cuya parte inicial puede encontrarse aquí





¿Qué te parece el reciente paso dado por Mas’ud Barzani hacia el PYD en Siria? 

Me sorprendió el durísimo comunicado de Barzani contra el PKK, comunicado que emitió justo antes de ir a Diyarbakir para encontrarse con Erdogan. Desde hace dos años, los partidos kurdos cercanos a él le han pedido que los protegiera de la ferocidad del PKK, especialmente los partidos Azadi y Al Parti, cuyos miembros han sido detenidos, y en ocasiones eliminados también. En una ocasión, por ejemplo, miembros del PKK detuvieron a Mustafa Yum’a, secretario del partido Azadi mientras se dirigía al Kurdistán iraquí, y lo tuvieron retenido durante cerca de 24 horas hasta que varias mediaciones e intervenciones de alto nivel lograron liberarlo. Barzani se ha comportado con excesiva diplomacia con el PKK hasta ahora, pues conoce su fuerza y no quiere entrar en una lucha con él.

La cuestión principal en lo referente al PYD es que se trata de la única parte con verdadera presencia sobre el terreno, pues la mayoría de los demás partidos están solo presentes sobre el papel, y los pocos partidos con presencia están dentro de la línea general del PYD, sea de forma tácita o pública. Barzani conoce bien la fuerza del PKK en Siria, y no tiene interés en enfrentarse a él. ¿Por qué emitió entonces un comunicado de confrontación como este cuando iba a encontrarse con Erdogan en Turquía? Erdogan está intentando restablecer los puentes con el gobierno de Al-Maliki y con Irán, e intenta cambiar su postura de cara a Egipto, tras adoptar una postura claramente contraria al el golpe militar. Incluso sus relaciones con EEUU están pasando por una etapa de turbulencias, a sabiendas de que esta relación, sea con el AKP o con otro partido, es una prioridad mayúscula puesto que Turquía es un miembro de la OTAN.

Erdogan lamenta hoy la magnitud de sus errores en la política siria. Tal vez, su política hacia Siria mueva nuestros sentimientos como opositores al régimen sirio, pues el hombre ha abierto las puertas a la oposición, a los refugiados y a las armas, pero ha ido muy lejos y ha sido poco prudente si pensamos en el asunto desde el punto de vista de la institución gobernante en Turquía. La forma de cortar relaciones con el régimen sirio, pasando de ser íntimos amigos a romper con todo, no fue saludable desde el punto de vista de la política turca, especialmente porque vino como resultado de que Asad no escuchase los consejos de Erdogan, como si escucharle fuera una obligación.

Aun con la falta de ética de Bashar al-Asad y su política de destruir el país, este no está obligado a escuchar a Erdogan. Al margen de eso, la policía de Erdogan ha obviado el hecho de que hay unos 20 millones de alauíes en Turquía que están a favor del régimen de Bashar al-Asad y que creen a pies juntillas su versión de los hechos, inventando las historias necesarias para justificar sus crímenes. Eso al margen del gran problema kurdo en Turquía y el influyente papel del PKK, además de su importante presencia a través del PYD en Siria. Se trata de un factor político muy importante, especialmente cuando el gobierno turco va encaminado a negociar con Ocalan en su celda.

Mientras Erdogan intenta mejorar su relación con Al-Maliki, y antes de recibir a Barzani, tiene en cuenta la importancia de su relación con el PKK, ¿cómo, pues, emite Barzani un comunicado tan duro contra el PKK según se dirige a Diyarbakir? Creo que fue un error político, aunque esté totalmente de acuerdo con el contenido de su mensaje. Dice, con razón, que lo que dice el PKK no tiene sentido, incluido lo que dicen sus representantes en el parlamento turco sobre la revolución de Rojava (Kurdistán occidental), pues no hay ninguna revolución en el hecho de que el régimen se retire a favor de las fuerzas del PYD, coordinando con estas, de las zonas kurdas. Señala, también, con razón, el cruel comportamiento del PKK contra el pueblo kurdo y contra las otras fuerzas políticas en la zona. Todo lo que dice es cierto al cien por cien, pero no debería haberlo dicho él. Como intelectual independiente, yo puedo decir eso, porque tras de mí no hay un partido, ni una región, ni un Estado, por lo que no tendría consecuencias. Pero Barzani está en un puesto de responsabilidad y debe tener un discurso unificador, no segregador, sea desde el punto de vista exclusivamente kurdo, o desde el punto de vista de la revolución siria, si es que de veras la apoya. Barzani no gana nada diciendo que el PKK es un agente del régimen y que coordina con él contra los kurdos y los sirios, aunque sea cierto. Debería haber reafirmado los puntos comunes. Ciertamente, no había que elogiar al PKK, pero atacarlo es un craso error, especialmente cuando se dirigía a Diyarbakir, bastión del PKK en Turquía.

Por su parte, Erdogan demostró una inteligencia política mayor, pues se dirigió al ayuntamiento de Diyarbakir, sede del Partido de la Paz y la Democracia (la cara política autorizada del PKK). Era la primera vez que el primer ministro turco visitaba el ayuntamiento de Diyarbakir, lo que provocó la ironía de Uthman Bayidmir, el alcalde, sobre la misma, diciendo que era de agradecer, pero que llegaba justo cuando estaba a punto de cumplirse el mandato, por lo que no servía para negociar proyectos de desarrollo con la administración local. Y es que hay una gran competencia política entre el Partido Justicia y Desarrollo y el de la Paz y la Democracia en esa zona, por lo que hay competencia por los votos. La visita de Erdogan al bastión de su rival político antes de reunirse con Barzani fue un paso político extremadamente inteligente de cara a las próximas elecciones locales, mientras que el anuncio de Barzani de su enemistad con el PKK antes de dirigirse a Diyarbakir no fue inteligente.

En la celebración común con Barzani, Erdogan emitió un discurso político muy importante en el que despertó muchos sentimientos, siempre con la mirada puesta en las urnas, y hace bien. Cierto es que no ha ofrecido aún apenas nada palpable en lo que se refiere a la cuestión kurda, pero la relación con Barzani tiene una importancia estratégica máxima. 

¿En qué se basa el reciente estrechamiento de las relaciones entre Barzani y Erdogan? 

Hay una base económica en la relación entre Turquía y el Kurdistán iraquí, centrada en las ingentes reservas de petróleo y gas del Kurdistán iraquí. Se estima que estas riquezas, si se invierten bien, pueden llevar a Iraq a encabezar la lista de productores de petróleo en el mundo.

Eso solo es razón suficiente para iniciar una lucha y crear alianzas. Los turcos no tienen riqueza petrolera alguna, y hay una gran dependencia del gas para la calefacción, lo que explica que los turcos tengan tanto interés en estrechar las relaciones con los líderes del Kurdistán iraquí. Se ha filtrado a algunos medios que existe la posibilidad de que empiecen a llegar gas y petróleo del Kurdistán iraquí a Turquía en unas semanas. Y ello es precisamente el origen de la disputa y la tensión con el gobierno central de Iraq de Al-Maliki. Por ello, Erdogan, se adelantó a la llegada de Barzani a Turquía enviando a Davutoglu, el Ministro de Exteriores, a Bagdad, donde visitó santuarios chiíes y se entrevisto con Al-Sistani y Muqtada al-Sadr. Se puede esperar que la visita de Barzani a Diyarbakir y el inicio de la colaboración petrolera provoquen tensiones con el gobierno central en Iraq. Pero también esta visita afianza el acercamiento entre las posturas en lo referente a la situación en el Kurdistan occidental y de cara a la revolución siria.

Para comprender la postura de Barzani, debemos intentar ponernos en su lugar. Barzani está rodeado de enemigos: el gobierno central en Iraq –no solo por estar presidido por Al-Maliki, sino por las diferencias históricas con el gobierno de Bagdad-, Irán –a quien Barzani teme con razón porque Irán puede interferir por medio de los partidos kurdos islámicos partidarios de la República Islámica-, el régimen sirio –con quien su relación se ha deteriorado desde la ocupación estadounidense de Iraq tras años de relación pragmática con el régimen asadiano contra Saddam Hussein-; y añadamos Turquía a esos enemigos. Por tanto, la región está totalmente amenazada de asfixia.

Parece que Barzani, a partir de la experiencia, ha visto que la relación con el norte es productiva debido a una serie de factores: Ankara siempre está bajo la presión del PKK, y por tanto, necesita tener en cuenta el factor kurdo, sea dentro de Turquía o en el Kurdistán iraquí; y Turquía necesita petróleo y gas. Por tanto, Turquía obtiene las materias energéticas que necesita y se beneficia de cara a su país de la posición que ocupa Barzani; a cambio de eso, ofrece al Kurdistán iraquí un importante espacio para abrirse al mundo, y un importante soporte.

Históricamente, los turcos han sido los que se han mostrado fríos hacia Barzani, pues cuando se creó el Kurdistán iraquí, los kurdos vieron que podía constituir una experiencia a emular para los kurdos de Turquía, por lo que comenzaron una serie de campañas militares en la zona para combatir contra los luchadores del PKK, sin permiso ni aprobación del gobierno regional. La aproximación turca a las relaciones con el Kurdistán iraquí cambiaron poco antes de la ocupación estadounidense de Iraq y pasaron de ser relaciones de trato humillante, como el que recibió Barzani en su primera visita a Ankara cuando lo trataron como un líder espiritual sin más, a relaciones en las que Erdogan se dirigió a él en su visita a Diyarbakir como “mi hermano Mas’ud Barzani, presidente de la región del Kurdistán iraquí”.

Fue la primera vez que un Primer Ministro turco habló del “Kurdistán”, lo que supuso muchas críticas por parte de algunos grupos políticos turcos, mientras que muchos kurdos lo recibieron muy positivamente. Ahora estamos viendo el clímax de la luna de miel entre Erdogan y Barzani. 

¿Cómo influyen los hechos en el escenario regional kurdo en el difícil proceso de paz entre el PKK y el gobierno turco, y cómo se ve influida por ello la escena siria? 

Temo, partiendo de experiencias previas, que Erdogan está intentando sacar provecho de las diferencias intra-kurdas entre la corriente de Barzani –que va desde Iraq, pasando por Turquía y Siria hasta Irán- y la corriente de Ocalan, que tiene mucha presencia en Siria. Temo también que Barzani pueda tragárselo, lo que sería muy sorprendente. En el PKK hay un sentimiento de enfado por el comunicado emitido por Barzani antes de visitar Diyarbakir, y hay responsables del partido que han declarado que “Barzani es más listo que para ser un mero instrumento en manos de Erdogan”, y esa es una forma diplomática de humillar a Barzani. No sé si Bärzani tiene algún plan para arreglar la situación con el PKK o si, por el contrario, ve que dicho partido se ha unido al eje de Irán y el régimen sirio sin posibilidad de retroceder.

En caso de que la segunda posibilidad fuera la correcta, tengo una opinión algo diferente. Es cierto que el PKK, desde el inicio de la revolución, ha formado parte del eje entre Irán y el régimen sirio frente al eje formado por Arabia Saudí, Qatar, Turquía y Barzani (se trata de una realidad objetiva, haya o no pactos escritos), pero teniendo en cuenta el punto al que ha llegado hoy la revolución siria, donde no parece que haya solución, la postura del PYD es la correcta en lo que se refiere a la protección de sus zonas. Salvando eso, gobierna sus zonas a hierro y fuego, algo con lo que obviamente no puedo estar de acuerdo. En cuanto a la forma y lógica de gobernar, el PYD no se diferencia en nada del régimen de Asad o de Saddam Hussein. Su forma de pensar es partidista y estrecha, y es un partido sin principios salvo uno que constituye su esencia: Ocalan, y lo que se llama “pensamiento de Ocalan”, un pensamiento muy superficial. Miran hacia Ocalan como lo hacen los alauíes con Hafez al-Asad, el líder que los sacó de la marginación y la total ausencia de la escena.

En Turquía, la situación de los kurdos oscila entre dos posturas: la total negación turca de la existencia kurda o el hecho de considerar a los kurdos turcos, pero con otro idioma, e incluso hay quien inventa extrañas historias para el origen de la palabra “kurdo”, como por ejemplo, que viene del ruido de las pisadas en la nieve sobre las montañas. Esa es la lógica que ha dominado en los genocidios desde la época de Ataturk.

Hay un aeropuerto en Estambul que se llama Sabiha Gokcen, la hija adoptiva de Ataturk, y primera mujer turca que pilotó un avión de guerra, avión que pilotó en una campaña contra los kurdos de Dersim. Ahora que Erdogan ha entrado en un proceso pacífico con los kurdos, estaría bien, por ejemplo, cambiar el nombre de dicho aeropuerto, con un matiz tan negativo; pero Erdogan no se atrevería aunque quisiera, pues se enfrentaría a una violenta resistencia por parte de sus opositores nacionalistas y de izquierdas.

La segunda postura comenzó a mediados de la pasada década, cuando Erdogan inauguró el camino de reconciliación con los kurdos, y durante su discurso electoral en Diyarbakir reconoció la existencia de una “cuestión kurda” en Turquía que prometió solucionar, hablando también de la política de “aperturismo interior”. Simultáneamente, abrió un canal televisivo gubernamental en kurdo y adoptó otras medidas similares. Medidas que pueden parecer simbólicas, pero que son más que eso para los kurdos, pues vienen tras un largo sufrimiento político y una total negación de su existencia, además de campañas de detención y genocidios. Junto con el aperturismo hacia los kurdos, Erdogan comenzó una campaña de formación psicológica y educación de la otra parte, la parte nacionalista radical que se niega a reconocer a los kurdos. Por fin, se eliminaron los tabúes en las discusiones internas sobre los kurdos y sus derechos, convirtiéndose en temas de debate, enfrentamiento y diálogo.

Posteriormente, se inauguró una etapa de negociaciones directas con Ocalan en su celda, por parte de altos dirigentes de los servicios secretos turcos en nombre del gobierno, de las que nada ha trascendido a los medios. Estos esfuerzos culminaron en el envío de una carta por parte de Ocalan a la celebración del Noruz en Diyarbakir en la que anunció claramente el fin de la etapa de “lucha armada”, y expresó su deseo de que el gobierno turco cumpliera sus promesas de mejorar la situación de los kurdos en Turquía. No ha habido grandes avances en el terreno político desde ese momento, a pesar de la gran importancia del proceso político y el hecho de que supone cerrar las heridas abiertas en ambos lados desde hace décadas, y que han provocado la muerte de más de cuarenta mil personas.

No sé si la última aparición de Erdogan en Diyarbakir acompañado de Barzani y, lo que es más importante, Shevan, el cantante kurdo símbolo de la lucha que llevaba 37 años en el exilio, puede ser un indicio simbólico de que se ha retomado la acción política en lo que se refiere a la cuestión kurda en Turquía. Hasta ahora, se han dado muchos pasos simbólicos, pero las acciones son lo que cuenta. El PKK ha implementado muchos de sus pactos en lo que se refiere a retirar a sus luchadores de territorio turco y en cambio tenemos un historial de sistemática traición turca en la implementación de los pactos con los kurdos. Hasta este momento, Ocalan ha anunciado el alto el fuego unilateral más de 12 veces, y siempre han sido los turcos los que lo han incumplido.

El pasado mes de septiembre, tras una congelación de varios meses en el proceso pacífico, y después de que los cambios constitucionales necesarios no lograran levantar la presión que había sobre los kurdos (hay miles de detenidos, por ejemplo, incluidos parlamentarios, periodistas y abogados), Ocalan amenazó con retirarse del proceso. Ante esto, Erdogan respondió como es obvio que deseaba continuar con el trabajo para lograr la paz y prometió un paquete de reformas constitucionales, reformas que de hecho se publicaron poco después, pero que se centraban en el eje ideológico de Erdogan principalmente, como la decisión de levantar la prohibición de que las mujeres veladas pudieran acceder a determinadas instituciones públicas. Fueron reformas democráticas, importantes y necesarias de veras, pero no iban encaminadas a progresar en la cuestión kurda. Como resultado de tales experiencias, no puede confiarse en Erdogan en lo que respecta a sus promesas a los kurdos. El discurso en Diyarbakir fue magnífico, y su pronunciación fue muy simbólica, pero la trayectoria de Erdogan no permite confiar en él.

En cuanto a Siria, el progreso en el proceso pacífico en Turquía se refleja de forma positiva: la postura del PYD, que por cierto, no habla de independencia y no la quiere, está cambiando. Practica la independencia de forma efectiva sobre el terreno y protege sus zonas y posiciones, pero no quiere un Estado independiente, sino una autonomía basada en el hecho de que es la fuerza dominante en las zonas kurdas. “A nuestros kurdos los protegemos nosotros”, esa es su lógica. Las otras partes turcas dudan entre el federalismo y la “autonomía política”, que es en realidad un federalismo deformado, pero no pueden lograrlo. La fuerza sobre el terreno la tiene el PYD.