Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
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domingo, 3 de febrero de 2013

La bomba de Al-Jatib hace estallar el escenario sirio

Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Abdel Bari Atwan

Fecha: 30/01/2013



Moaz al-Jatib, presidente de la Coalición Nacional Siria hizo estallar una bomba política de gran impacto ayer cuando expresó su disposición a conversar con representantes del régimen del presidente Bashar al-Asad en Estambul, El Cairo o Túnez, para evitar un mayor derramamiento de la sangre de los sirios.

El sheij Al-Jatib puso como condición que se cumplieran dos condiciones entre las que no estaba la salida de Bashar al-Asad: la primera fue que se liberara a los 160 mil presos en las cárceles del régimen y que se prolongara la validez o renovaran los pasaportes de los sirios en el exterior durante dos años al menos.

Esta iniciativa de Al-Jatib recibió la feroz oposición del CNS que forma parte de la Coalición que lidera Al-Jatib, cuyo portavoz dijo que se trataba de opiniones personales que no representaban a la Coalición y que se oponían al Documento fundador de Doha que expresa el total rechazo a negociar con el régimen e insiste en la salida de todos los que lo representan. Otras partes de la oposición siria lo acusaron de alta traición, a lo que contestó que estaba siendo víctima de terrorismo de pensamiento, y que había quien quería oír ideas así a pesar de la negativa de muchos.

Las acusaciones de traición no son nuevas en el vocabulario de la oposición siria, por no decir que son una parte fundamental de la misma, que algunos lanzan contra todos aquellos que no piensan igual que ellos  y normalmente vienen acompañadas de acusaciones de ser agentes del régimen. Así, el sheij Al-Jatib ha pasado de ser un héroe al que ensalza la mayoría aplastante de los líderes de la Coalición a ser un cómplice del régimen en sus crímenes y masacres.

El sheij Al-Jatib no propuso esto partiendo de la ignorancia y la estupidez, sino que se basó en los datos y hechos que se le presentaron en la reunión en Londres bajo el paraguas del gobierno británico con el lema de crear un gobierno nacional alternativo al régimen hace dos semanas, y su en la reunión de los Amigos de Siria en París hace dos días, donde escuchó las opiniones de los invitados y convocantes, opiniones que frustraron sus esperanzas en torno a que se arme a la oposición con armas modernas
Hay varias causas que llevaron al sheij Al-Jatib a proponer esta iniciativa que tal vez le lleve a dimitir de la Coalición, debido a las vergonzosas acusaciones de las que ha sido víctima, o porque ello ocasione una división en el frente de la oposición siria, y tal vez la salida del CNS del paraguas de la Coalición. Estas causas pueden resumirse en los siguientes puntos:

Primero: Occidente y EEUU en concreto se han desentendido de la idea de armar al ESL y las otras facciones de la oposición armada y han mandado avisos claros a los países del Golfo para que no envíen armas ni dinero a los revolucionarios.

Segundo: El presidente Barak Obama afirmó en su discurso de segunda investidura que había terminado la década de las guerras y había comenzado la de la paz, basada en el diálogo, lo que supone un claro mensaje a la oposición siria que dice que su país no puede intervenir militarmente en el expediente sirio.

Tercero: La crisis siria ha llegado a un estadio de parálisis como resultado del fracaso del régimen en acabar con la oposición armada por medio de la solución securitaria militar y de la incapacidad de esta última de acabar con él por los mismos medios.

Cuarto: Los países árabes que apoyan a la oposición no han valorado bien la fuerza del régimen y el apoyo exterior que tiene, ruso e iraní especialmente, y su disposición a entrar en una guerra mundial para evitar su caída si es necesario.

Quinto: La fuerza de las organizaciones yihadistas ha crecido y se han implantado en la mayor parte de Siria, concretamente en el norte, teniendo éxito en reclutar a cientos, si no son miles, de jóvenes sirios en sus filas y en ofrecer servicios sociales y de subsistencia en las zonas donde ha caído la presencia del régimen, como hicieron los talibanes en Afganistán.

Sexto: La mayoría de países árabes que apoyan a la oposición armada se han rendido a la idea de que la solución política es la única salida a la crisis, lo que significa un reconocimiento y una aceptación de que el régimen continúe, aunque sea durante un breve período y se abran las puertas al diálogo.

Séptimo: La Liga Árabe y los ministros de Exteriores han abandonado el expediente sirio y quedó es curioso que el señor Nabil al-Arabi, su Secretario General, dijera que iría al Consejo de Seguridad para imponer el alto el fuego y no para acelerar la intervención militar occidental, como de costumbre.

El sheij Moaz al-Jatib se dio cuenta de estas cosas en conjunto y por separado, pero lo más peligroso de lo uno y lo otro es que se dio cuenta de que la comunidad internacional ha empezado a tratar la crisis siria como una cuestión de refugiados y no como la cuestión de un pueblo o una parte del mismo que exige reformas, un cambio democrático y que se ponga fin al régimen dictatorial. La reunión en Kuwait, durante la cual se logró recabar más de mil millones de dólares para ayudar a los refugiados sirios en el interior y el exterior no es más que una materialización de esa transformación.

El tratar los asuntos humanitarios olvidando las políticas por parte de los países árabes y extranjeros y bajo el patrocinio de Naciones Unidas y su Secretario General, nos recuerda al mismo tratamiento que se hizo hace 65 años con la cuestión palestina, considerando que se trataba de una cuestión de refugiados que merecían ayuda humanitaria y campamentos de refugio.

Las declaraciones de Lajdar Brahimi en las que dijo que el pueblo sirio está destrozando su país con sus propias manos y que el país se está dirigiendo rápidamente hacia el caos sangriento fueron un indicador de todos los desarrollos actuales, y parece que existe una solución negociada que están a punto de imponer dos grandes estados (Rusia y EEUU), y que puede que se materialice en su forma final durante la inminente reunión entre el presidente ruso Vladimir Putin y su homólogo estadounidense Barack Obama.

La oposición siria puede dividirse en tres grupos principales:

-El que aceptaría dialogar con el régimen para lograr una solución pacífica.

-El que rechaza el diálogo con el régimen y se aferra a la necesidad de que su cabeza y representantes se marchen, que podría ser el CNS en su forma antigua bajo el paraguas de la Coalición, donde los Hermanos Musulmanes son el componente principal.

-Los grupos yihadistas bajo el liderazgo del Frente de Al-Nusra que se niegan a dialogar con el régimen totalmente y exigen que sea derrocado y sus líderes y representantes asesinados para establecer un Estado islámico en su lugar donde se aplique la shari’a literalmente.
Después de que se calme la iniciativa de Al-Jatib y se aclaren las posiciones de la oposición siria y la comunidad internacional, concretamente la occidental, tal vez nos encontremos ante un nuevo escenario sirio totalmente distinto representado por la formación de “despertares sirios” que coincidan con el régimen sirio en su lucha contra los grupos yihadistas para erradicarlos, como sucedió en Iraq en el tiempo del general David Petraeus, líder de las fuerzas estadounidenses.

Occidente, tras la intervención francesa en Mali para enfrentarse a la organización de Al-Qaeda en el Magreb Islámico y sus ramificaciones, ha puesto el combate contra las organizaciones yihadistas a la cabeza de sus prioridades y no exageramos si decimos que Occidente considera a estas organizaciones más peligrosas que el régimen sirio de cara a sus intereses en la región e Israel en concreto.

El sheij Moaz al-Jatib resumió este nuevo escenario sirio en Facebook: “Hay países que prometen y no lo cumplen, y hay países que dicen a los sirios ‘irrumpid’ y después los dejan en mitad de la lucha, también hay quien prometió apoyar a los revolucionarios y después los dejó morir. Hay quien se sienta en su sillón y dice: ‘Atacad, no negociéis’. Hay un silencio internacional y un asfixio de la revolución, y cientos de miles de refugiados y desplazados. Lo más importante de todo es que hay quien planea que Siria desaparezca del mundo durante una guerra que dure varios años”.

Estas palabras relejan el más alto grado de realismo y de corrección en la lectura de la situación en Siria. Son las palabras del hombre que siente que el pueblo sirio y su país, Siria, son víctimas del mayor engaño de la historia moderna tanto de sus parientes como de los desconocidos, un engaño cuyas víctimas son 60 mil, y hay quien pide que se multiplique por diez ese número para saciar su sed de sangre siria. 

El régimen es el mayor responsable, sí, lo decimos sin dudar, pero ¿dejamos que el pueblo sirio se destruya a sí mismo y su país mientras intercambiamos acusaciones y reprimendas?


martes, 8 de enero de 2013

Una lectura pormenorizada del discurso de Asad



Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Abdel Bari Atwan

Fecha: 06/01/2012


Cinco acontecimientos principales pueden, mediante la profundización en ellos y la comprensión pormenorizada de sus matices y significados, llevarnos a inducir los elementos de la escena siria global, en los próximos meses del nuevo año.

El primero es el prolongado discurso que ha emitido el presidente Bashar al-Asad ayer en el que ofreció un plan, una salida pacífica a la crisis y su visión del futuro del país.

El segundo es la emisión de una fatua por parte del muftí general de Arabia Saudí, el sheij Abd al-Aziz al Sheij, en la que prevenía a los ulemas saudíes de llamar a la yihad en Siria y les pedía que se limitasen a orar por los luchadores y apoyarlos con dinero, pero por medios oficiales.

El tercero es el anuncio de Benjamin Netanyahu, el primer ministro israelí, de la intención de su gobierno de edificar un muro a lo largo de los Altos del Golán como medida de protección tras la llegada de la “yihad internacional” a las fronteras y la ocupación por parte de sus miembros del lugar del ejército sirio que se ha retirado de la zona.

El cuarto es el aumento de las quejas de la oposición armada sobre el terreno, liderada por el ESL, del cese de la llegada de ayuda tanto económica como militar, lo que refleja un cambio en las posturas de los Estados que les apoyan, árabes y occidentales, de forma temporal o permanente.

El quinto es la próxima celebración de una conferencia en Ginebra dentro de dos semanas con la participación de miembros sirios opositores que creen en el diálogo con el régimen bajo el lema de la preservación de la unidad geográfica y demográfica, y la prevención de la división del país y su desintegración. Lo que llama la atención es que esta conferencia, como dijeron sus organizadores, está apoyada por países europeos entre los que se encuentran Alemania, Suecia y Suiza.

Estos cinco acontecimientos están relacionados, por no decir que se completan entre sí, y definen parcial o completamente la forma que tendrá Siria, y tal vez algunos de sus vecinos también, en el nuevo año, como reflejan los cambios que han tenido lugar y las nuevas lecturas de la escena siria por parte de las fuerzas regionales e internacionales al mismo tiempo.


El discurso del presidente Al-Asad frustró las esperanzas de sus opositores puesto que no fue el discurso de una persona derrotada que vive bajo tierra, y que se traslada de un lado a otro, o de una piedra a otra, sino que fue más fuerte y elocuente que todos sus discursos anteriores desde el estallido de la intifada popular contra su régimen.

Es cierto que ha reconocido por primera vez que hay una “crisis” y que hay una falta de seguridad, pero a pesar de centrarse en la solución política y recibirla positivamente, ha lanzado un golpe preventivo a todas las soluciones políticas propuestas, incluida la iniciativa de Ginebra, que había aceptado su régimen, producto de un acuerdo EEUU-Rusia.

El presidente Asad, dijo con total claridad, que no negociará con la oposición del exterior a la que acusó de ser agentes de Occidente y dijo que si no tuviera más remedio que negociar, lo haría con sus maestros, es decir con el origen y no la imagen (según su expresión), y que se quedaría en sus sitio y no aceptaría ni siquiera que se le pida, aunque sea de forma momentánea, que renuncie.

Estamos ante un hombre, según se entiende de su discurso, que insiste en continuar por la vía actual hasta el final, sean cuales sean las pérdidas humanas.

El que el presidente Asad se centrara en luchar contra los grupos yihadistas y el Frente de Al-Nusra, que no nombró pero que se entendía que se refería a él, para marginar a la oposición exterior y sus prolongaciones interiores en primer lugar, y el reconocimiento del papel activo de estos grupos sobre el terreno en segundo lugar, fue un  intento de coquetear con Occidente y EEUU en concreto, que ha puesto a algunos de estos grupos en la lista de terrorismo.

...

Hay tres puntos que se mencionaron en el discurso y que descubren la situación de negacionismo del presidente que no se pueden ignorar:

El primero: Su propuesta de una iniciativa pacífica, que incluye nuevas elecciones, un nuevo parlamento, una nueva constitución y un diálogo nacional inclusivo, supone un reconocimiento de que todos los “pasos reformistas” que ha dado a trompicones en un intento de contener el enfado de la calle en su momento, y que se materializaron en elecciones parlamentarias y una constitución no han convencido y no han logrado ganarse a la calle ni interior ni exterior.

El segundo: Su descripción de la primavera árabe como una “burbuja” es demasiado simplificada, pues la primavera árabe, aunque discrepo con este término, ha derrocado a un régimen egipcio que había paralizado a la comunidad árabe durante más de cuarenta años y que estaba al servicio del proyecto sionista, del asesinato de la resistencia y la humillación de la comunidad. Además de que si la primavera árabe no hubiera tenido lugar, el presidente Asad no habría hablado de un diálogo inclusivo y un nuevo parlamento electo, ni habría reconocido la existencia de una oposición interior con la que se debe dialogar, ni las injusticias que habían acaecido al pueblo sirio durante los cuarenta últimos años. Tal vez sirva recordar que el presidente Asad incitó a la revolución contra los regímenes “no antiimperialistas” al inicio de esta “primavera”.

El tercero: Que dijera que no hay una oposición con la que se pueda dialogar, y expresara su total rechazo a hablar con la oposición exterior, pues la falta de presencia de una oposición en Siria se debe al rechazo del régimen a que existiera cualquier oposición más que en las cárceles y centros de detención. Incluso la oposición interior que acepta el diálogo, como los señores Hasan Abdel Azim, Aref Dalila y Louay Hussein, y antes que ellos Michel Kilo (la lista es más larga), habían estado en las cárceles y habían cumplido su tiempo de condena, siendo sometidos a torturas corporales, psicológicas o ambas.

Es difícil que el presidente Asad sea derrocado sin una intervención militar exterior, pero dicha intervención es ahora menos probable, si no es más descartable que nunca, pues la administración estadounidense teme sus consecuencias y no puede acarrear los resultados humillantes como sucedió en Iraq y Afganistán. Esto junto a la fatua del muftí saudí, las palabras del emir Saud al-Faisal ayer sobre el apoyo de su país a la solución política en Siria y la necesidad de dejar la cuestión de la salida de Asad a los sirios, y las quejas del ESL de la sequía de las fuentes de apoyo financiero y militar, son indicios que hacen que el presidente sirio esté menos nervioso por su destino que antes.

Muchos predijeron que Asad caería en 2012, incluso antes, y muchos han predicho que caerá este nuevo año, pero el “frío” estadounidense, la degradación de la polarización sectaria y la prolongación de los peligros de la crisis siria a los países vecinos (Iraq por ejemplo, el muro israelí en la frontera del Golán, la fatua del muftí de Arabia Saudí y la indiferencia del régimen egipcio, además de la desestabilización de algunos países de la primavera árabe) son factores que pueden alargar la vida del presidente Asad y su régimen durante otro año, si no es más.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Ninguna revolución en el mundo se parece a la siria


Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Samir Hijawi

Fecha: 11/09/2012




Los sirios siguen luchando solos sobre el terreno y todas las palabras vacías de los que “se preocupan” por la sangre siria no han salvado la vida de un solo sirio. Ni Turquía, ni los árabes ni Occidente han hecho nada palpable para empujar a la revolución hacia la victoria, lo que la convierte en una situación excepcional en el mundo de las revoluciones de las que ha sido testigo la humanidad a lo largo de la historia. Todos sin excepción engañan al pueblo sirio y lo dejan solo, exactamente de la misma manera que los árabes y la comunidad internacional permitieron a las fuerzas israelíes cercar Beirut en 1988 durante un día sin que nadie se moviera. Entonces todos intercambiaron “palabras vacías” mientras caían las bombas, los misiles y los proyectiles sobre cada pilar de Beirut, excepto en las zonas de sus aliados “aislacionistas” como a algunos les gusta definirlos, o sectarios, como les gusta a otros.

Hoy en Siria se repite el mismo escenario, pero el instrumento de muerte esta vez es el régimen terrorista de Asad y para ello se vale del Ejército Árabe Sirio, o los “defensores de la tierra” como le gusta llamarlos al régimen. El asesinado es el pueblo sirio en su conjunto, y mientras que las fuerzas israelíes bombardeaban Beirut, las fuerzas dictatoriales asadianas bombardean todas las ciudades de Siria. Esta ecuación supone que es necesario que continúe el “gobierno de la fuerza”, con el derramamiento de sangre y destrucción del potencial del país que ello conlleva. El ejército mata al pueblo al que debe proteger. La revolución siria ha hecho caer por su propio peso todas los falsos llamamientos de los árabes y del mundo por la ética, los derechos humanos y otras “palabras vacías” que no sirven de nada, pues el número de muertos en Siria se ha elevado de 50 o 70 muertos diarios, rompiendo la barrera de los 100 y hasta los 200 e incluso a 300, para llegar al record Guinness con unos 500 diarios. Esta es una situación excepcional entre los asesinatos en serie, sistemáticos, criminales y salvajes que se cometen sin descanso y ante la mirada de todos.

Esas ingentes cifras, que han alcanzado los 50 mil muertos, los 100 mil heridos, cerca de 20 mil desaparecidos, más de 150 mil detenidos y cerca de 350 mil desplazados fuera de Siria y más de 2 millones dentro del país, no ha empujado al mundo a intervenir para detener la masacre, y algunos siguen buscando soluciones “políticas” que garanticen la seguridad del liderazgo sirio, como dijo el presidente ruso Vladimir Putin en su última entrevista con el canal Russia Today. El emperador del Kremlin y la Plaza Roja busca la seguridad de “Bashar al-Asad”, su banda y sus shabbiha y no puede ver los 50 mil muertos que ha asesinado el régimen criminal y salvaje asadiano. Es decir, pide la protección del verdugo sin ver a la víctima.

Por otra parte, los “aliados de la oposición” siria juegan para dirigir sus movimientos y su fuerza, y dominar la articulación de sus decisiones de forma directa o indirecta. La mísera oposición siria se ha convertido en un “juguete” en manos de este Estado o aquel, pues trabaja según el principio de reacción y no de acción o de creación de hechos. Ello que la convierte en un instrumento en contra de la revolución de forma indirecta e involuntaria, pues no trabaja sobre la base de “tengo las balas que me bastan para que dialoguemos”, sino sobre la base del “equilibrio de fuerzas” desequilibrado, la propiciación y los llamamientos, y ese es un principio que no lleva más que a la derrota y al fracaso. Si este principio fuera bueno, les habría devuelto a los palestinos sus derechos arrebatados hace 64 años o al menos desde Oslo, hace dos décadas. Partiendo de esta base, esos “supuestos aliados” juegan con la sangre siria para mejorar sus cartas de negociación en cuestiones que nada tienen que ver con el pueblo sirio.

Estas verdades llevan al resultado siguiente: Los asesinatos aumentan en Siria para crear realidades sobre el terreno y seguir una nueva política que gira en torno al cese de todo “movimiento político baazista”, y que se niegue a perder el tiempo y a seguir con los viajes, las reuniones los “bufés libres”, los coches antibalas y la entrada por las salas de los invitados de honor, pues Siria no necesita entrar en las salas de los grandes invitados, sino de los grandes revolucionarios.

Sirios, aprended de los palestinos y no entréis en las madrigueras políticas en las que ellos entraron. Creed en vuestras armas, vuestra lucha y vuestras balas, pues no tenéis, os lo juro, ni un solo aliado más que las balas: todos los demás comercian con vosotros y vuestra sangre. Alejaos de las “palabras vacías” de los salones políticos de esos que no saben más que buscar promesas y darlas, y los que convierten la revolución en una “palabra” que no produce más que dolor, sangre, muertos, heridos, desplazados y destrucción total. 

La revolución siria es una revolución excepcional y las heroicidades de sus hijos también lo son. La perseverancia de su pueblo es excepcional, la criminalidad sectaria asadiana es excepcional y la sed de sus bandas y shabbiha de sangre también lo es. La oposición política siria es excepcional en su fracaso, y eso es lo que hace que la revolución necesite soluciones excepcionales que cimenten el principio de la sangre que quema las enemistades, desbarata las cuentas a rendir y crea las realidades que llevan a un único resultado, que es la victoria excepcional de esta revolución excepcional.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Lo que se sostiene y lo que no en el tratamiento de la "crisis siria"

Texto original: Al-Hayat

Autor: Yassin al-Hajj Saleh

Fecha: 16/09/2012




Si el señor Lajdar Ibrahimi quiere servir a “su único señor”, el pueblo sirio, como dijo en declaraciones hace unos días, debe volver primero a los orígenes de la cuestión siria. Los sirios salieron en contra de un régimen dictatorial muy agresivo que lleva gobernando 42 años el único país árabe en el que se ha implantado la sucesión familiar. La mayoría de las revoluciones árabes estallaron en países gobernados por déspotas que pretendían dejar en herencia sus puestos a sus hijos o a quien estaba en su gobierno, y lograron derrocar esa vergonzosa reincidencia.

Lo que hay en Siria es una revolución contra este despotismo, que se resume en el lema que escuchaba al principio de la revolución: “Dios, Siria, libertad y nada más”, contra el lema de los partidarios del régimen: “Dios, Siria, Bashar y nada más”.

Ello materializa la relación de negación mutua entre Bashar y la libertad: pues se trata de la libertad, no de Bashar, o de Bashar y no de la libertad para los sirios. Esta idea se ha reforzado en otro conocido lema que seguro que Ibrahimi conoce: “Al-Asad o nadie”, es decir que sin Bashar, Siria se convertirá en una tierra yerma, una tierra quemada como dice otro lema [1]. El programa intrínseco a este lema es lo que está teniendo lugar ahora mismo. Así que, si Siria quiere mantenerse como país y Estado, y eso es lo que se supone que el diplomático argelino quiere, Al-Asad debe marcharse.

Puede parecer que estas inferencias lógicas están en un ámbito en el que la lógica no sirve: la política. Pero sin disciplina en la lógica, la política no se sostiene y se convierte en un lugar abierto a las fuerzas desnudas y a la arbitrariedad, y esa es hoy la realidad en Siria y por tanto, lo que la misión de Ibrahimi necesita. No se sostiene que quien mata continuamente a los sirios desde hace un año y medio siga siendo su presidente, ni es correcto que el régimen bombardee los barrios de sus ciudades y municipios con aviones de guerra y siga gobernando. Si nos apoyamos en presupuestos y bases firmes, como no permitir que los aviones y tanques bombardeen ciudades, o criminalizar la violación de mujeres y niños en los centros de detención (y estos son hechos probados), nada se sostiene, y en consecuencia, llegaremos a la destrucción total. No hace falta que uno sea revolucionario para decir tal cosa. Solo es necesario aceptar que hay una lógica en las cosas, que es que hay cosas que se sostienen y cosas que no, y que insistir en levantar lo que no se sostiene abre necesariamente la puerta a la violencia. La república no se convierte en reino si no es por la fuerza, las leyes de excepción no duran décadas si no es por medio de la coerción, y el pequeño dictador no se convierte en el grande de su pueblo y en señor de su patria si no es reprendiendo los cuerpos y las almas. Al-Asad es el consorte de la violencia o quizá su equivalente, en la medida en que se erigió sobre situaciones continuas de excepción y por medio de la herencia en el corazón de una república, y de la elevación del ceceo prosaico por encima de la condición humana.

El albor político en nuestro país y en el mundo árabe nace de la separación de la política de la lógica general, y de toda lógica propia asociada a ella (el carácter público del Estado, la humanidad de los gobernantes y sus responsables, la igualdad entre los gobernados…), donde se establezca una conexión entre los resultados y los factores, regulados por los principios de lo que puede ser y lo que no. Sin ello, el progreso político es imposible.

En Siria hoy hay una amplia revolución geográfica y humanamente. Durante la misma han caído más de 25 mil sirios que parece que van a continuar con ella sin que nada los pare. Esto significa que la valentía del pueblo revolucionario y sus dolores son favorables a la lógica de que el señor Bashar al-Asad ha de marcharse y cuanto antes mejor.

Lo más probable es que Ibrahimi haya escuchado de los responsables sirios palabras sobre la conspiración exterior y sobre los terroristas locales y enviados y de que Siria (= el régimen) es un objetivo debido a sus posturas, etc. Puras mentiras. Si examina lo escuchado utilizando parámetros de la mera lógica y de la lógica del Estado moderno, tal vez encontrará que lo único verdadero en lo que ha escuchado y escuchará es que la voluntad de Bashar al-Asad y su equipo es mantenerse en el poder hasta la eternidad, sin rendir cuentas ni que se les pidan explicaciones. Esto es inhumano y no se sostiene.

La política no obstante tiene aún margen: la forma en que saldrá Bashar al-Asad, el diseño de los mecanismos de cambio político en el país, y la decisión de quién puede negociar con ellos por la parte del régimen. Pero la permanencia de Bashar y su grupo de principales responsables de asesinato no puede ser tema de negociación, si la misión quiere dar frutos y si se pretende salvar Siria. No se trata de una condición arbitraria ni de una preferencia personal, sino de una necesidad lógica para librar a Siria de la violencia, el punto principal de la misión de Ibrahimi. La violencia es Bashar al-Asad como persona y como nombre del régimen. La paz para Siria y la paz en Siria significa la marcha de Bashar al-Asad. Si se reconoce este principio, el obstáculo frente a la política y las iniciativas políticas desaparecerá, e Ibrahimi se convertirá en una persona en posición de fuerza para poner cualquier condición a los revolucionarios sirios.

Recordamos al diplomático argelino que su predecesor Kofi Annan reconoció sin ambages, tras liberarse de las presiones de su posición como enviado árabe e internacional, que Bashar al-Asad debía dimitir para solucionar la “crisis siria”. Ibrahimi se hará bien a sí mismo y a su misión si parte de aquí, y los sirios y la historia lo recordarán como el hombre valiente que dijo lo que debía decirse, y no mezcló entre la diplomacia como método blando y la lógica cruel que exige la salida de Bashar para salvar a Siria.

Puede decirse que no hay lógica en la política que esté por encima de los equilibrios de fuerzas. Es cierto desde el punto de vista de los analistas y los historiadores y no desde el punto de vista de la política como acción. 

Ibrahimi está llevando a cabo una misión política efectiva. Si su política refleja los equilibrios de fuerzas sin atender a ningún principio o base política y humana, Bashar al-Asad es quien refleja tal política, y su mantenimiento en la “deducción” desde hace año y medio es un reflejo de los equilibrios de fuerza. No es necesaria entonces su misión. El arma que hoy destruye Siria es el arma de guerra del régimen cuyo precio han pagado los sirios asesinados, y su caída es lo que puede salvar al país. No hay forma ética ni política para oponerse al armamento del “Ejército Libre” como ha hecho Ibrahimi, sin que se detengan los ataques de las fuerzas asadianas.

En Siria hay una revolución contra un régimen asesino apoyado por fuerzas regionales e internacionales salvajes. Ibrahimi necesita valentía e imaginación para no ser un mero mediador entre el régimen asesino y la revolución popular. Las oportunidades de éxito de su misión son más grandes si piensa con la lógica de la justicia, no con la de la burocracia internacional.


[1] Se refiere a "O Al-Asad o quemamos el país".