Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
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miércoles, 22 de octubre de 2014

Para que no nos vuelvan a aplastar

Texto original: Al-Jumhuriyya

Autor: Editorial de Al-Jumhuriyya

Fecha: 05/09/2014


"Asad y Daesh son lo mismo"



Nosotros, los opositores laicos al régimen asadiano y rivales de los islamistas, fuimos aplastados dos veces a lo largo de dos generaciones. No pudimos defendernos en ninguna de esas ocasiones, y fue muy fácil para los agresores -el régimen primero (durante los ochenta del siglo pasado), y después el régimen y los islamistas-, aplastarnos y destruir nuestra causa. La falta de capacidad económica y el hecho de estar desarmados no hizo las cosas más fáciles, como tampoco nos las facilitó el no invertir en nuestros puntos fuertes: la innovación cultural y social. La realidad es que nuestra innovación fue limitada, ya que nos limitamos a abrazar doctrinas ya preparadas, nos entretuvimos con imitaciones improductivas, tratamos con la cultura como un campo secundario al que dedicábamos solo parte de nuestro tiempo y nuestra pasión, la convertimos en un signo de distinción frente a otros ciudadanos, y nos desprendimos de los valores liberadores en favor de los partidismos y las consideraciones dependientes cortas de mira.

En definitiva, no logramos apenas renovar la cultura o hacer de la nueva cultura una fuerza social llamativa, que se dirigiera a las fuerzas sociales que hoy están desperdigadas: la “sociedad trabajadora”, esa que se levantó en revolución y se expuso más que nadie a las detenciones, los asesinatos y los desplazamientos forzados, desligándose aquellos que quedaron por falta de una visión de conjunto. La sociedad trabajadora la conforman los amplios sectores de sirios que viven de su trabajo, su producción y su conocimiento, y no del pillaje, la extorsión, las rentas o su relación con partes extranjeras. Son los sectores que se han expuesto al pillaje y la explotación sistemática por parte del régimen asadiano y sus semejantes islamistas. También son los sectores cuyos intereses se corresponden con la liberación social y política, y con una nueva Siria liberada.

La sociedad trabajadora no pudo defenderse solo con las armas de la cultura frente a los agresores armados del régimen asadiano y los grupos salafistas armados esparcidos hoy por el territorio sirio. No se puede dejar de defenderse a uno mismo y a la sociedad con armas. Nos aplastaran siempre si no logramos defendernos a nosotros y nuestras causas, que son la libertad y la igualdad en Siria y los sirios, por la fuerza. No solo porque nadie nos va a defender, sino porque nuestra experiencia en la lucha que se está librando ahora concretamente dice que estaremos en el lugar de la víctima siempre, sin que el sacrificio tenga mucho valor y sin que nuestra causa avance demasiado, salvo que logremos aunar la cultura como factor influyente y la capacidad material, incluidas las armas, cuando la situación lo exija… Y lo hará.

Nos detuvieron, nos torturaron, nos asesinaron, nos echaron de nuestras casas, destrozaron nuestras vidas y nos maltrataron. Y seremos parte en el crimen contra nosotros mismos si la producción de significados, ideas, y valores estéticos y morales sigue siendo tan modesta, y se mantiene la dispersión e incapacidad de organizar nuestras fuerzas. Y lo mismo sucederá si nos mantenemos aislados y hacemos de la cultura una alternativa a la fuerza política y una justificación para abstenernos de la autodefensa y para aislarnos de la Siria trabajadora. Ambas cosas son necesarias y vivas por igual: la cultura de la liberación y los valores liberadores. Son lo que organiza la fuerza material para lograr el objetivo de la liberación general. Por su parte, la fuerza es la que sirve para la autodefensa cuando la ausencia de la misma supone el exterminio, el secuestro, la detención, la tortura, el asesinato y la emigración forzada, tal y como vamos aprendiendo de las experiencias vivas.

Ello exige un levantamiento contra las costumbres y la educación mental y política que se ha recibido durante treinta años, esas que indujeron la separación entre la cultura liberadora y la fuerza material, y que hicieron de tal separación su propia seña de identidad e identidad misma, sin ser conscientes de que con ello se hacía del abandono de la política una definición de sí mismas. El eslabón de unión es, nuevamente, la sociedad trabajadora siria. Una sociedad que exige que trabajemos para insertarnos en ella y organizarla para que defienda su vida y su patria. Nadie librará nuestra batalla si no lo hacemos nosotros mismos. Por su parte, los shabbiha (matones, secuaces) de la religión y el Estado solo verán en nosotros a aquellos a quienes humillar si no logramos defendernos e imponernos como una fuerza activa.

Eso es lo que creemos que necesita nuestra sociedad para romper esta polarización suicida entre dos fuerzas salvajes, ambas al margen de los valores humanos y patrióticos, para abrir la veda a otra opción, la opción de la liberación general, que a su vez limitará la dispersión de un amplio sector de los sirios que se han rendido hoy a la frustración y la ironía, esterilizándose a sí mismos y desaprovechando toda la fuerza que tienen y que no puede descartare para volver a ser dueños de nuestro país. El refuerzo de este sector y su conversión en un bloque o polo patriótico efectivo es la alternativa a la dispersión y la rendición, de las que solo se benefician los shabihha y los contra-shabbiha [1].

Somos conscientes de que ello necesita años de esfuerzo organizado y diligente y que es precisa una ruptura con el espíritu egoísta que ha definido a una generación entera de intelectuales y activistas. También exige una ruptura mental, emocional y política con las formas degeneradas de actividad pública, que solo atraen a los corruptos, los lacayos, los prevaricadores y los chaqueteros de la Coalición y el resto de formaciones opositoras.

Nuestro país está pasando por una tragedia histórica sin igual desde tiempos remotos, y no solo desde la creación de la entidad siria hace algo menos de un siglo. La mitad de los habitantes han tenido que abandonar sus casas y otros tantos,o incluso más, son refugiados fuera del país, mientras que las aguas del Mediterráneo se han tragado a cientos de ellos en los últimos meses. Cerca de 200.000 sirios han muerto y unos 15.000 de esos lo habrán hecho bajo tortura. Homs, Daraa, Alepo, Deir Ezzor, Raqqa, Dariya, Muaddamiyya y Al-Ghoutta Oriental han sufrido una ingente destrucción. 

Además el país en la trampa de una familia criminal que se lo ha entregado a Irán y sus secuaces sectarios en Líbano e Iraq, mientras que por otra parte se ha infestado de formaciones religiosas armadas, cuyas acciones carecen de toda dimensión liberadora o patriótica, entre las que destaca Daesh, como mezcla de colonialismo invasor, locura religiosa y purga étnica. El futuro inmediato no parece augurar más que nuevas masacres, una mayor división y odios mucho más profundos y determinantes.

Pero por encima de todo eso, el mundo y los organismos internacionales han permitido que la matanza continúe durante tres años ymedio, y parece que seguirán "gestionando la crisis" para que Siria se convierta en un desastre humano, y en un ejemplo elocuente que aclare a los ciudadanosde la zona y del mundo los peligros de las revoluciones y de rebelarse contra los gobernantes.

Esta última dimensión, la connivencia de las potencias internacionales con el asesino y el abandono de los sirios agredidos sin apenas armamento con que defenderse, habiéndosele reconocido al régimen la posibilidad de matar por todos los medios –excepto las armas químicas-  es una experiencia que los sirios no podrán olvidar u obviar en el proceso de conformación de fuerzas patrióticas que unan los valores liberadores, el peso social y la fuerza material por un lado, y la cultura y la mayoría de la gente por otro. Más aún, será necesario que pongamos énfasis en esta experiencia en nuestra cultura y la convirtamos en una energía positiva para el trabajo futuro, sin caer en un aislamiento resentido con el mundo. Al contrario, tenemos compañeros excepcionales en otros lugares, que son un apoyo muy importante para nuestra lucha, y tendremos que conseguir nuevos compañeros.

Si no queremos que nos vuelvan a aplastar, debemos ponernos a trabajar. Nuestros aliados son el pensamiento innovador, la independencia, la dignidad personal y patriótica y la dedicación al trabajo. Los islamistas tienen las armas, que cuentan a su vez con el sectarismo, el odio, el salvajismo y la desesperación; nosotros tenemos la innovación, la libertad y la esperanza. Con tal preparación, las experiencias pasadas de dos generaciones y la existencia de un sector sirio sin lazos organizativos que se mueve hacia la acción y la cohesión, se supone que hemos de ser capaces de formar un bloque socio-político en poco tiempo. La fuerza material vendrá después de la fuerza social y política.

Dentro de cuatro años exactamente nuestro país cumplirá un siglo. Es un momento perfecto para que hayamos progresado en la representación intelectual y cultural de nuestro país, y hayamos avanzado en el camino de su representación política, además de haber logrado dar pasos en el camino de la recuperación de nuestra causa de manos de dos tipos de asesinos.

[1] Los secuaces del régimen y los islamistas, enfrentados entre sí.

domingo, 20 de julio de 2014

La construcción de la causa siria



Texto original: Al-Quds al-Arabi 

Autor: Yassin Al Haj Saleh

Fecha: 18/07/2014



Cerca de 200 mil víctimas, la destrucción de un cuarto de las viviendas del país y la emigración forzada de un 40% de la población no bastan para confeccionar una “causa siria”. La causa siria no es la suma del dolor de los sirios, sino que ese es tan solo el significado humano que los sirios sacarán de su dolor o que relacionarán con él, el significado que quedará unido a su lucha, haciendo de su nombre y su tragedia un símbolo que otros puedan recuperar para su propia lucha.

Tampoco basta que los datos y la información identifiquen como responsable de esta gran tragedia histórica al régimen asadiano. Ciertamente, podría haberse evitado la tragedia humana, material y psicológica que se ha cernido sobre el país, si los líderes del Estado asadiano hubieran tenido la tibieza de Hosni Mubarak. Pero durante estos 40 meses, en la lucha siria han entrado grupos islamistas suníes que ni hicieron estallar la revolución ni participaron en ella durante meses, pero que hoy conforman una parte importante de las fuerzas armadas enfrentadas. Y junto a ellas y en su contra, hay fuerzas islamistas chiíes no enfrentadas entre sí y que además están del lado del régimen. En su conjunto, estos grupos suníes y chiíes dan lugar a dos problemas interconectados: el problema sectario y las posturas que adoptan los grupos religiosos y confesionales en los diversos países, y después, el problema religioso islámico y la situación del islam en los estados y sociedades donde domina. Y parece que esos dos problemas son anteriores a la revolución siria, aunque hayan aparecido con especial fuerza a raíz de esta.

En un segundo plano de la lucha y camuflándose con ella, e incluso pasando a primer plano en ocasiones, está el papel estructural israelí y estadounidense, continuo y firme. Su papel no puede eliminarse, ni tampoco puede reducirse su importancia, aunque no siempre se vea o participe directamente en la lucha. Súmese a ello que la situación de nuestro país y nuestra región no puede entenderse sin tener en cuenta la larga alianza entre los señores internacionales y regionales. Los escasos datos que tenemos nos dicen que la administración estadounidense ha adoptado la visión israelí de cara a la revolución siria, según se puede dilucidar de las memorias de Hillary Clinton publicadas recientemente. Israel prefiere un régimen cuya política hacia él sea tan predecible como si de un libro abierto se tratase. Si eso no es posible, entonces que se prolongue la lucha en Siria hasta que quede desangrada material, política y psicológicamente (la versión israelí de “Asad o quemamos el país”).

Este papel que tampoco podemos exagerar ha aumentado la complejidad y podredumbre de la lucha siria. Los dos aliados están apoyando al asesino y las fuerzas de destrucción contra todos los sirios que se han levantado contra él. Así, se encuentran en el mismo bando que Irán, con quien intentan lograr acuerdos a costa del cuerpo sirio lacerado. Esta realidad no puede ignorarse, ni desde el conocimiento de la situación, ni desde la política y la efectividad de la acción política, ni tampoco desde los valores y los principios de la justicia.

La situación actual de la lucha en Siria está conformada por el conjunto de la interacción de tres fuerzas sin ley: el estado asadiano y sus aliados, los grupos islamitas combatientes y enfrentados y la alianza israeli-estadounidense. Todo ello hace de esta lucha algo trágico, porque la cuestión no tiene que ver con un único enemigo de la liberación de los sirios, que sería el régimen, ni con dos enemigos –el régimen y los islamistas-, sino que se les une el dúo hegemónico internacional y regional: EEUU e Israel. Y de una lucha de liberación en el marco nacional, la cuestión siria hoy tiene una dimensión regional básica, pero también internacional. Ello es lo que hace de esta causa, en principio, una causa de liberación regional y mundial.

Las tres dimensiones tienen sus prolongaciones internacionales e históricas, pues el régimen sirio forma parte de la alianza regional sectaria que engloba a Irán y su séquito, como Maliki o Hezbollah, que se retrotrae a una dimensión histórica y mitológica que llega hasta los primeros tiempos del islam. Mientras, las fuerzas políticas islámicas y militares están unidas por una red regional suní que engloba a estados del Golfo, grupos y organizaciones, y se trata de una red que también se retrotrae a su propia dimensión histórica y mitológica que llega hasta los inicios del islam. En cuanto a EEUU e Israel, son dos fuerzas hegemónicas internacional y regional con una extensa y amplia prolongación internacional dominante en Occidente, y una prolongación histórica de las antiguas doctrinas apocalípticas y promesas legendarias. Se trata de dos fuerzas donde la conciencia sectaria propia de sus élites no se debilita nunca, sobre todo si se trata de nuestra región. El sectarismo, en cualquier nivel ideológico es autoridad y clase, y no una religión o una ideología identitaria.

Pero esta triple condición es lo que hace de la construcción de un significado claro de la lucha algo muy complicado. Hablábamos con razón de una revolución contra un régimen dictatorial y despótico. Con la aparición de los grupos islamistas que ejercen la autoridad sobre el terreno y repiten las acciones del régimen contra la población, nos encontramos ante una lucha compleja, que supone una mezcla entre la liberación política y la liberación religiosa. Pero nos sigue faltando un concepto para llamar a esta lucha, y la cosa se complica más cuando se tiene en cuenta el papel estadounidense e israelí, como una especie de destino funesto e inevitable que gobierna sobre nuestras vidas. Así, al no poderse construir la cuestión siria sin tener en cuenta esta realidad tridimensional, la calificación de tragedia para una lucha en tres frentes dificulta enormemente la construcción de su significado.

El concepto o valor que puede unir esta lucha es la adopción de la liberación política, de la que parten después la liberación espiritual y la independencia de la voluntad de todo individuo de la de la voluntad general. Nuestra lucha en Siria es una mezcla de un movimiento de liberación nacional en lucha con una nueva generación de colonialistas -Irán y sus instrumentos, e ISIS y sus semejantes-, y no solo los antiguos colonialistas, una revolución democrática y un movimiento de liberación religiosa.

Pero mientras podría ser posible enfrentarse a un solo enemigo mediante la guerra, enfrentarse a dos exige ejercer la política también, y enfrentare a tres enemigos exige una cultura de partida. O tal vez lo que exige sea una refundación: refundarnos a nosotros mismos de forma que no nos aislemos del mundo ni nos situemos en un enfrentamiento absurdo con él, como hacen hoy los islamistas, una posición que no esté por debajo de nuestras aspiraciones de jugar un papel a nivel mundial que esté a la altura de nuestra sed por la dignidad colectiva. Decir que la cultura es donde hemos de refundarnos no supone que esa refundación sea un acto de meditación, sino que es un acto de lucha, aunque no esté dirigido exclusivamente hacia la efectividad política. Todo lo que tiene valor cultural en nuestra era ha venido de la participación directa en la lucha y no de meditaciones proféticas desde la distancia. La cultura es una política intensiva según el dicho de Lenin de que la política es una economía intensiva.

La construcción de nuestra causa como una de emancipación humana general puede constituir una respuesta seria contra la destrucción de nuestro país.

sábado, 19 de abril de 2014

Yo soy Alepo y Alepo soy yo

Texto original: Global Voices

Autora: Marcel Shehwaro

Fecha: 12/03/2014



Durante mucho tiempo he considerado que la pregunta más difícil de responder o sobre la que escribir es ¿quién soy? Una pregunta especialmente difícil hoy, tras tres años de revolución, cuando ya no sé a ciencia cierta cuánto queda de esa joven que era antes. Sin embargo, escribir para vosotros puede ser una verdadera oportunidad para volver a definirme a mí misma, o al menos, volver a recordarme cómo veo a este ser con el que vivo, y que soy yo. 

Hoy tengo veintinueve años. Me llamo Marcel, que significa el pequeño luchador, y vengo de una familia “pequeña”. Mi padre, que Dios lo tenga en Su gloria, era un hombre de religión cristiano y mi madre, que Dios la tenga también en Su gloria, era ama de casa y una gran madre.
  
Estudié odontología en Alepo hasta que me di cuenta de que estaba muy interesada en los asuntos públicos y, por ello, reorienté mis estudios hacia las ciencias políticas, concretamente las relaciones internacionales y diplomáticas. No sé cómo voy a escribir sobre mí si no os hablo de mi ciudad, Alepo, a la cual me parezco muchísimo: cansada, agotada, llena de incendios, movida por el deseo de vivir y dividida. 

Alepo es la segunda ciudad más grande de Siria, en la que solía haber, según las estadísticas, cinco millones de habitantes, de los cuales no sé bien cuántos quedan hoy en su interior, ni cuantos se han refugiado en ella desde otras ciudades. 

Desde muy temprano, descubrí mi habilidad para utilizar la lengua, ya sea como expresión oral o escrita. Quizá se trate de una característica que heredé de mi padre. El caso es que no tardé en disfrutar los ejercicios de expresión en el colegio que a la mayoría le parecían aburridos. Del mismo modo, me acostumbré a leer todo lo que caía en mis manos y a escribir en todo soporte que encontraba y sirviera para ello: facturas, servilletas de papel de un restaurante, en los márgenes de los libros que leía… Lo natural pues, era que comenzara un blog donde poder encontrar todos los soportes y posibilidades abiertos a mi alcance. Y así comencé y lo primero que hice en 2008 fue publicar una canción revolucionaria de Majida al-Rumi. En aquel entonces, tenía amigos que pagaban el precio de la palabra en los centros de detención del régimen sirio, un hecho suficiente para hacer que la cuestión de la libertad de opinión en mi mente se reflejara en una serie de rostros que exigía recuperar. Así, desde temprano, me posicioné en contra del régimen sirio como represor de las libertades públicas y de la vida civil. 

Entonces, comenzó la revolución en Egipto y todas nuestras capacidades de movilización se paralizaron salvo en la esperanza de que en Siria también estallara una revolución, que es lo que sucedió y a ella me uní sin pensarlo. En primer lugar, me sumé por medio de la escritura y después por medio de las manifestaciones, pero en mi mente se mantiene aquel éxtasis asustado y tímido, aquel débil e inseguro tono de voz cuando gritaba “El pueblo quiere derrocar al régimen”, tras el cual las balas comenzaban a caer sobre nosotros, disparados por los agentes de seguridad del régimen. Entonces, los que estaban a mi alrededor comenzaban a correr, y fue entonces cuando descubrí que yo era una de esas personas a las que el miedo les impide correr y se convierten en un obstáculo en el camino de aquellos que corren. Finalmente, un amigo me agarró de la mano para protegerme. Desde ese primer día, he vivido muchas historias sobre la relación con la muerte, las heridas y las detenciones en las que uno de los héroes más razonable que yo intervenía para salvarme. 

Tardé un poco en tener mi propio dosier en las oficinas de seguridad sirias, sobre todo si se tiene en cuenta que por cada diez ciudadanos, el régimen tiene uno o más informadores. En aquel entonces, tras un año de manifestaciones y de escuchar consejos de mi familia, de mi entorno o de mis amigos sobre cómo ser más racional, llegó el momento determinante en el que perdí una parte de mí para siempre. Mi madre murió en un punto de control de la seguridad siria en Alepo, y a raíz del gran apoyo que recibí de los revolucionarios, que llevaron consigo mi dolor y rosas rojas durante el funeral, me llamaron para interrogarme semanalmente acerca de mis actividades revolucionarias. 

A partir de ahí, la revolución armada comenzó a acercarse a mi ciudad. Yo estaba en contra de las armas en todas sus formas y soñaba con un cambio pacífico que garantizara los derechos de los sirios con los mínimos sacrificios. La verdad es que grandes sectores de la ciudad fueron liberados, quedando mi casa, mi calle y la zona que conocía en las zonas controladas por el régimen sirio. 

Cuando los interrogatorios se volvieron más serios y el peligro de detención planeaba sobre mí, decidí aceptar una beca de estudios en Inglaterra para estudiar un máster de Derechos Humanos. Como cualquier superviviente de los acontecimientos sangrientos que había vivido, me veía una y otra vez durante ese año empujada por el sentimiento de culpa a volver a Alepo, donde iba de casa en casa cuando el regresar a mi casa se hizo demasiado peligroso. Con ello, mis amigos también se expusieron al peligro debido a mis actividades y a mi presencia entre ellos. Así que tomé la decisión correcta de irme a las zonas liberadas de Alepo a vivir, dejando tras de mí amigos, familiares, recuerdos, una casa, las tumbas de mis padres y muchos aspectos de la vida que había conocido. 

Allí comenzaron los nuevos desafíos, como la vida de una activista en la guerra, sola su familia ni su entorno, en un nuevo contexto del que no sabía más que no había sedes de la seguridad y que contenía en sí todas las demás caras de la muerte. Además, era una de las pocas que no llevaba velo en un entorno conservador, sencillo y amable a pesar de la violencia. Por tanto, me enfrentaba a los desafíos de la terrible soledad a la posibilidad de ser secuestrada, desafíos a los que unas veces me enfrentaba y en otras estaba agotada para ello, siempre rodeada de historias de héroes que podían inspirar a uno a cambiar. 

Por todo eso, y porque en la vida diaria hoy se experimentan más sucesos de los que se pueden llegar a experimentar en una vida, he decidido escribiros un diario, o a veces unos recuerdos, sobre la vida que seguimos amando a pesar de todo lo que hemos vivido. 

Podéis leerme y empatizar conmigo, o leerme y juzgarme duramente según la ocasión, pero lo que os ruego es que todo lo que os escribo se transmita, una distancia entre el sueño y el deseo de cambio y la confianza de que ello está al alcance de la mano, aunque el sueño esté lejos o duela.   

viernes, 27 de septiembre de 2013

Entrevista a Razan Zaytoune, recientemente amenazada por extremistas



Texto original: NOW

Autora: Doha Hasan

Fecha: 24/09/2013




Razan Zaytoune, la activista de Derechos Humanos y escritora siria, es coordinadora general del Centro de Documentación de Violaciones en Siria, que pretende ser una base desde la que se hagan públicas las violaciones de los DDHH por parte del régimen de Bashar al-Asad. Con el inicio de la revolución, Zaytoune se vio obligada a esconderse a causa de su actividad en los medios, y a día de hoy sigue de cerca lo que sucede sobre el terreno en Siria.

Zaytoune, miembro fundador de los Comités de Coordinación Local en Siria, ganó el premio Anna Politkóvskaya de las defensoras de los DDHH, además del premio Sajarov del Parlamento Europeo junto al caricaturista sirio Ali Ferzat. Recientemente se ha visto amenazada y ha sido objetivo de campañas que la consideran una traidora, no por parte del régimen como era costumbre, sino por otra parte que no puede concebir la idea de lo que ella hace.

NOW realizó con ella, que es compañera además, esta entrevista: 

¿A qué amenazas te has enfrentado recientemente?

Estamos en una revolución. Hay caos y vacío securitario. En otras zonas, los activistas se han visto sometidos a cosas mucho peores que las amenazas y las campañas que tachan a la gente de traidora. Lo que diferencia a la zona de Al-Ghoutta oriental es que aún hay un movimiento civil activo, y que es de las zonas liberadas que presencian menos casos de caos o falta de seguridad, debido a la cohesión de las brigadas y porque la mayoría de los combatientes son hijos de las propias ciudades y las aldeas liberadas, además de que apenas hay extranjeros (y me refiero al Estado Islámico de Iraq y Siria y sus semejantes).

A pesar de los errores, Al-Ghoutta oriental sigue siendo el más bello ejemplo de la faceta más brillante de la revolución siria. Por eso hemos dicho y decimos que no se abandone a Al-Ghoutta, porque necesita reforzar sus puntos fuertes para poder enfrentarse a todo lo malo a lo que se ha enfrentado el resto de zonas liberadas. En cualquier caso, siempre hay quienes no han aprendido de las lecciones de la revolución, y creen que pueden copiar la experiencia monocromática y monofónica del régimen. Eso es imposible, porque el pasado no volverá y esos caerán como caerá el régimen. Que el régimen amenazara a los activistas, los detuviera o los asesinara no hizo retroceder ni detenerse a la revolución. Entonces, ¿por qué algunos creen que con tales prácticas pueden imponer su visión, planes y color? 

¿Constituye la protección que te brinda la población civil una garantía suficiente contra las amenazas que recibes? 

El tema de la protección en un ambiente de revolución para un civil que no tiene sostén militar no es real, pero lo importante es la amplia y sorprendente solidaridad de las actividades civiles sobre el terreno. Siento una fuerza “simbólica” que tal vez no pueda enfrentarse a amenazas físicas, pero sí enfrentarse a las frustraciones y que es capaz de garantizarnos que podamos continuar hasta el último momento. Los civiles son el apoyo de los civiles, y la fuerza de la solidaridad entre los activistas civiles, y entre ellos y la gente, es una garantía básica para el mecanismo de reforma desde dentro de la revolución contra lo negativo y los errores momentáneos. Y en primer instancia, esa una fuerza y una garantía para esas actividades mismas.

Incluso en el nivel militar, ha habido solidaridad por parte de los batallones y brigadas a lo largo y ancho de Al-Ghoutta. A nivel personal, estoy muy agradecida a todos mis amigos que iniciaron la campaña de solidaridad conmigo en el interior y el exterior. No puedo agradecérselo lo suficiente. También se lo agradezco a todos los consejos locales, a las oficinas y a los activistas que se han implicado en ella. Estoy en deuda con ellos por la esperanza que me han dado y el cariño con el que me han arropado. 

¿Hay facciones extremistas en la zona de Al-Ghoutta oriental como el Estado Islámico de Iraq y Siria (EIIS), Al-Nusra u otros? 

Hay presencia del Frente de Al-Nusra y últimamente ha comenzado una tímida presencia del EIIS. No he oído nada sobre reacciones por parte de las brigadas hacia el EIIS en la zona de Al-Ghoutta oriental y no sé cómo se va a tratar el tema, sobre todo ante los recientes acontecimientos en Azaz y otras zonas. Creo que la gente confía en su ESL para que trate el tema pronto y antes de que sea demasiado tarde.

No es fácil para las brigadas dejar sus frentes e iniciar batallas secundarias. Eso se entiende perfectamente, sobre todo porque todos ellos sufren de falta de apoyos, especialmente las brigadas y batallones que no tienen una agenda, excepto derrocar al régimen. La mayoría no pueden ni siquiera pagar los sueldos de sus miembros. Quien teme el caos y el terrorismo de EIIS debe hacer algo para ayudarles a seguir, en vez  dañar, condenar, y llorar por la revolución. 

¿Qué trabajo realizas actualmente en Al-Ghoutta? 

Lo primero que hago yo es “vivir” en Al-Ghoutta oriental, como ciudadana en un territorio liberado de mi país. En cuanto al trabajo, me centro en dos aspectos: el Centro de Documentación de las Violaciones en Siria, donde preparo informes sobre el terreno de la situación en la zona, como hicimos con el ataque químico y otros distintos; y colaborar en las tareas de provisión de servicios en la zona, para ayudar a la gente a superar el bloqueo que impone el régimen para someterlos.

Al-Ghoutta se está marchitando. La revolución floral y animal está camino del desastre. El hambre y las enfermedades nos amenazan a todos. Algunas cosas pueden aliviar en parte los efectos del bloqueo y ayudar a la gente a resistir y soportar una parte de la carga de los combatientes en el frente. El resto de zonas liberadas han sido poco atendidas hasta que al final los problemas se han fosilizado antes de que se intentara superarlos, lo que ha llevado a una prácticamente total impotencia.

Hoy la oportunidad llega desde Al-Ghoutta, el portal de Damasco, para trabajar por solucionar en la medida de lo posible esos problemas, para que la zona sigua siendo capaz de enfrentarse a lo peor. La Coalición Nacional debe proponer un proyecto completo en la zona de Al-Ghoutta… Los donantes deben consolidar una parte tangible de sus actividades a ayudar a esta zona a resistir. Encontrar una solución para la basura, por ejemplo, aunque sea materialmente costoso, costará menos que tratar las plagas, las enfermedades y la pérdida de vidas. Ayudar a los consejos locales a administrar los asuntos de sus zonas será mucho menos costo que resolver el caos que conllevará la ausencia de dichos consejos, y así con el resto de cosas. 

¿Sientes miedo? ¿Piensas en marcharte? 

Nunca he sentido miedo, pero al principio sentí mucha amargura. Durante un instante pensé en marcharme a un lugar que me apartara pero que me permitiera seguir trabajando en lo que comencé. Solo fue un momento de frustración. No estoy en  una “misión”, sino que como he dicho, “vivo”, y cuando no tenga nada que hacer, cerraré la puerta de mi casa y me quedaré dentro, en mi casa en la zona liberada de mi país. Además, me une una relación estrecha con decenas de amigos a los que no soy capaz de expresarles cuánto los quiero, y cómo veo a Siria en sus ojos… Civiles, activistas y revolucionarios en los frentes.

A nadie se le ocurre pescar en aguas estancadas e intenta condenar a nuestra revolución por lo que le ha sucedido –entre lo que hay verdaderas desgracias como sucede en Raqqa y Azaz. Dos años y medio de revolución huérfana es un milagro, por su perseverancia y sus múltiples detalles y héroes, tanto los que han muerto como los que siguen detenidos o en los frentes o en sus actividades civiles, humanitarias y de servicios.