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sábado, 12 de octubre de 2019

La operación turca y el origen de las guerras que están por venir

Texto original: Al-Jumhuriya
Autor: Colectivo Al-Jumhuriya
Fecha: 11/10/2019


A pesar de las intensas declaraciones internacionales y árabes de rechazo a la operación militar turca lanzada el miércoles pasado por la tarde, y a pesar de las múltiples declaraciones estadounidenses sobre las duras sanciones a las que se enfrentará Ankara en caso de traspasar unas líneas rojas que nadie ha delimitado con exactitud, la magnitud y la naturaleza de las operaciones militares que lleva a cabo el ejército turco, con el apoyo de facciones sirias que dependen de él, sugieren que Turquía ha obtenido la aprobación tácita de los países que dominan la geografía siria, empezando por EEUU y Rusia, para arrebatar el dominio sobre ciudades y municipios sirios de manos de los combatientes de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) en la franja fronteriza con Turquía.
La forma en que Trump anunció la retirada de las fuerzas estadounidenses de Siria el pasado lunes dio la impresión de que EEUU daba luz verde al ejército turco para hacer lo que se le antojara, y que EEUU iba a retirarse totalmente de la zona de la Yazira siria; sin embargo, las declaraciones posteriores del propio Trump, de responsables del Pentágono y de congresistas redujeron esa impresión y llevaron a pensar que la operación militar turca sería muy limitada y que se limitaría quizá a la zona comprendida entre Ra’s al Ayn/Serê Kaniyê y Tal Abyad, sin adentrarse demasiado en territorio sirio.
No obstante, la operación turca se inició con el bombardeo con misiles y artillería, además de bombardeos aéreos, sobre todo el territorio fronterizo, a lo largo de unos 400 km entre Ayn Diwar, cerca del río Tigris en el extremo oriental de Siria, hasta la zona rural de la ciudad de Ayn al-Arab/Kobane, cerca del Éufrates, pasando por Al-Malikiya/Dêrika, Qamishle, Amuda, Derbasiya, Ra’s al-Ayn y Tal Abyad. También se produjeron bombardeos aéreos sobre las posiciones de las FDS en el interior de la provincia de Raqqa, cerca de Ayn Issa. Debido a la extensión de las zonas afectadas, resulta complicado vaticinar cuál será la magnitud de la operación y sus límites sobre el terreno, pero los ejes principales en los que se han centrado las batallas e irrupciones terrestres que comenzaron la noche del miércoles al jueves se mantienen, hasta el momento de escribir estas líneas, limitadas principalmente a los alrededores de las ciudades de Tal Abyad y Ra’s al-Ayn, donde han avanzado las fuerzas turcas y las sirias que dependen de ellas y tomado el control de varios pueblosy colinas al este y oeste de ambas ciudades, tras librar enfrentamientos más o menos violentos con los combatientes de las FDS.
Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, los bombardeos turcos durante los dos primeros días han provocado diez víctimas civiles en varias zonas, mientras que los enfrentamientos y ataques recíprocos han provocado la baja de cuarenta combatientes de ambos bandos. Además, han provocado el desplazamiento de setenta mil civiles, en su mayoría habitantes de Tal Abyad, Ra’s al-Ayn y Derbaya, la mayoría de los cuales se han dirigido a zonas alejadas de las operaciones, particularmente en la provincia de Hasake. Los efectivos de las FDS han respondido a los bombardeos turcos con proyectiles de mortero y cohetes Katyusha sobre Jarabulus y sus alrededores, en la zona rural nororiental de Alepo, donde dominan las facciones de la operación Escudo del Éufrates, partidarias de Turquía, lo que ha provocado muertes y ha dejado también heridos entre los civiles. También han alcanzado las ciudades turcas de Akçakale y Nísibis, sumando allí también muertos y heridos entre los civiles.
Parece que las fuerzas turcas pretenden rodear las ciudades de Tal Abyad y Ra’s al-Ayn para obligar a los combatientes de las FDS a retirarse por miedo a quedar totalmente cercados, lo que facilitaría a las fuerzas agresoras la entrada en ambas ciudades. Las operaciones terrestres parecen indicar que pretenden también tomar el control de ambas ciudades y la franja fronteriza entre ambas, adentrándose hasta una distancia desconocida en territorio sirio.
Teniendo en cuenta las declaraciones de Trump y de los responsables estadounidenses sobre la retirada de las fuerzas estadounidenses de la zona de las operaciones, y sobre los límites que Ankara no debe traspasar, lo más probable es que la incursión terrestre no supere los treinta kilómetros, que es la profundidad hasta la que, a día de hoy, han llegado las fuerzas estadounidenses frente a Tal Abyad y Ra’s al-Ayn y la franja que las une. Este análisis se corresponde con las declaraciones ayer del Secretario de Estado estadounidense sobre le hecho de que la primera etapa de la operación solo se centraría en una franja de 120 kilómetros de largo y 30 de profundidad. Sin embargo, la falta de claridad de la postura estadounidense y la ampliación de las zonas de bombardeos más allá de esos límites, así como la insistencia de los responsables turcos de que esta es solo una etapa de la operación, dejan la puerta abierta a la posibilidad de que las incursiones terrestres lleguen a incluir toda la franja fronteriza al este del río Éufrates más adelante.
الخريطة نقلاً عن موقع liveuamap
Fuente: Liveuamap
En el plano árabe, Egipto, Arabia Saudí, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin han condenado la operación y han llamado a su detención inmediata. Egipto, además, ha hecho convocado una reunión urgente de la Liga Árabe el sábado para abordar la cuestión. Qatar, de forma individual, ha emitido un comunicado apoyando la operación. Por otra parte, en el plano internacional, Francia, Alemania y Gran Bretaña han rechazado la operación y han llamado a su detención inmediata, mientras que la postura rusa ha sido ambigua y no determinante, como la de EEUU, aunque de forma distinta. El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, dijo ayer que su país comprende “la legítima preocupación de Turquía en lo relativo a la seguridad de sus fronteras”, indicando a Turquía que debía abordar sus temores por medio del Acuerdo de Adana y anunciando que su país “tratará de establecer el diálogo entre Ankara y Damasco, así como entre Damasco y los kurdos”. Añadió también que la operación turca era la consecuencia natural del comportamiento de EEUU en la región. Por su parte, Teherán, aunque ha reiterado que comprende los temores de Ankara en lo referente a la seguridad, hizo ayer un llamamiento, emitido por su Ministerio de Asuntos Exteriores, a la inmediata detención de la operación y a la retirada de las fuerzas turcas de Siria.
Las distintas posturas internacionales y la indeterminación de Rusia y EEUU provocaron una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU el jueves, que concluyó sin que se adoptara ninguna resolución ni se anunciara ninguna postura determinante sobre la operación. Parece claro que las únicas partes internacionales que pueden influir en el devenir de la operación de veras son EEUU en caso de que prosiga o no con la retirada de sus soldados de otras regiones, y después Rusia, cuyo papel será determinante en caso de que las fuerzas estadounidenses continúen con su retirada y se desentiendan de las Fuerzas Democráticas Sirias. Parece evidente que Moscú intentará reconducir la cuestión para transferir el control de la mayor cantidad posible de territorio a manos de las fuerzas del régimen sirio y sus aliados, lo único que puede hacer que EEUU decida no retirarse de más zonas, por miedo a que las tropas iraníes se desplieguen en ellas, ya que ello debilitaría su postura en su punga con Irán.
Aún no están claros cuáles son los puntos fuertes en los que las FDS pueden apoyarse en esta batalla. Frente a la determinación turca de disolver las “Unidades de Protección Popular” (YPG, según sus siglas en kurdo), el ala militar siria del Partido de los Trabajadores del Kurdistán, columna vertebral de las FDS y quien domina de facto las zonas bajo su dominio, y frente a su clara intención de cambiar el equilibrio demográfico en la zona por medio de la repoblación con cientos de miles de refugiados, según ha declarado Erdogan más de una vez, las FDS, en caso de que EEUU prosiga con su retirada, solo podrán ampararse en Rusia y el régimen sirio, lo que conllevará su disolución y la eliminación de su proyecto, tal y como confirmó ayer el viceministro de Asuntos Exteriores del régimen sirio, Faisal Mekdad. Como declaró, el ejército sirio estaría dispuesto a trasladarse a la zona y protegerla, a condición de que se acordaran las “reconciliaciones necesarias”. Es bien sabido que el concepto de reconciliación, según lo entiende el régimen sirio, implica la disolución de las fuerzas armadas y las organizaciones políticas que no dependen de él y el sometimiento incondicional de sus miembros y de la población de las zonas en que se despliegue al ejército y fuerzas de seguridad del régimen. Eso mismo es lo que dijo Faysal Mekdad claramente cuando confirmó su rechazo al diálogo con “quienes hablan desde la lógica secesionista o considerando que son una fuerza de facto que debe imponerse”.
El Partido de la Unión Democrática (PYD, por sus siglas en kurdo) y sus combatientes carecen de alianzas reales en las que apoyarse en la región, puesto que su comportamiento a la hora de gobernar e imponer su control hará que todos, salvo un sector de la población kurda que lo apoya, se desentiendan de él rápidamente en caso de que pierda el amparo estadounidense. Este partido ha reprimido todas las voces opositoras entre los kurdos y ha perpetrado innumerables violaciones y crímenes contra muchos de los componentes de la región. Muchos de los habitantes confían en que la operación turca sirva para volver a sus pueblos y casas de los que fueron expulsados por las FDS.
No obstante, aunque esta operación permita a algunos desplazados forzosos recuperar su derecho de retorno a sus hogares, el objetivo no es ese, sino que tiene que ver con la defensa de la seguridad nacional turca tal y como la ve su Estado y pondrá los ingredientes para una nueva catástrofe que se cierne sobre todos los habitantes de la Jazira siria. Una zona esta que ya ha sufrido una serie de desgracias como resultado del salvajismo del régimen sirio y su comportamiento genocida, posteriormente por haber caído muchos de ellos en manos del criminal Daesh y, finalmente, como consecuencia de las operaciones de la destructiva Coalición internacional y el dominio de las FDS sobre toda la región, un domino que ha conllevado todo tipo de violaciones, represión, y exilio forzado y que exacerbará la tensión en las ya de por sí complicadas relaciones entre los componentes de la región: árabes, kurdos, siriacos y asirios.
La operación turca empeorará y complicará estas relaciones al introducir en la memoria de la población más elementos de enemistad, derramamiento de sangre y exilio forzoso, provocando durísimas consecuencias humanitarias para los sirios que viven en las zonas bombardeadas de la Jazira, sobre todo, debido al hecho de que estas zonas ya han recibido un número nada desdeñable de desplazados al haberse mantenido, en su mayoría, cuasi seguras durante los últimos años. La operación en Afrin sirve para vaticinar el posible futuro que espera a la región en caso de que la operación continúe y se expanda. Dicha operación ya provocó el exilio de decenas de miles de kurdos de sus municipios y pueblos en Afrin y sus alrededores, y la toma del control por parte de facciones que se comportan como bandas armadas, deteniendo, secuestrando, confiscando salarios e imponiendo su lógica, doctrinas y fundamentalismo siempre que podía. De ello dan cuenta la destrucción de muchos santuarios religiosos y la imposición de la vestimenta marcada por la jurisprudencia religiosa sobre las mujeres en muchas regiones de Afrin.
No hay nada que nos permita pensar que el comportamiento de estas facciones será diferente en las zonas de la Yazira. Más aún, todos sabemos que su toma del poder implicará el desplazamiento de decenas de miles de kurdos de sus casas por miedo a la venganza y las represalias con la excusa de su relación con las YPG kurdas. En el menos malo de los escenarios, esta operación supondrá una modificación en el equilibrio demográfico en Tal Abyad y Ra’s al-Ayn y sus alrededores, que abrirá nuevas heridas profundas en el tejido social de la zona. En el peor de los casos, una total retirada estadounidense supondrá el dominio de Turquía y sus aliados sobre la mayor parte de la franja fronteriza; es decir, sobre la mayoría de las ciudades que históricamente han tenido una alta densidad de población kurda. Será una gran catástrofe cuyos efectos permanecerán durante generaciones. Por otra parte, también supondrá el retorno del dominio del régimen y sus aliados a las restantes zonas de la Yazira, como Raqqa, la zona rural septentrional de Deir Ezzor y amplias zonas de la provincia de Hasake, con sus catastróficos resultados para la población de esas regiones y para la causa siria en su conjunto. Todo ello será la antesala de la inevitable naturalización de las relaciones entre el régimen y Turquía, bajo patrocinio ruso, lo que supondrá la aniquilación de la causa siria en el ámbito político, una vez aniquilada sobre el terreno.
Puede darse otro escenario menos terrorífico, que es que las tropas estadounidenses se retiren de todas las regiones de amplia presencia kurda y permanezcan en las de densidad poblacional árabe en el sur de la provincia de Hasake, la zona rural septentrional de Deir Ezzor y Raqqa, que implicará literalmente el intercambio de una parte de su población y será una trágica farsa en la que las fuerzas árabes tomen el control, con apoyo turco, de las zonas históricamente kurdas, mientras que las fuerzas kurdas, con apoyo estadounidense, tomarán el control de las zonas históricamente árabes, repitiendo así lo sucedido en Afrin y Tal Rifaat. En dichas operaciones, las facciones opositoras participantes en la batalla utilizaron el pretexto de la toma del control por parte de las fuerzas kurdas sobre la árabe Tal Rifaat y el exilio forzoso de su gente, para terminar expulsando a todos los combatientes kurdos del resto de zonas kurdas y dejarlos al mando de Tal Rifaat, cuya población árabe sigue en el exilio.
Además de las consecuencias militares y humanitarias de la operación turca, cuya dimensión aún no está clara, y ante la gran diferencia en el equilibrio de fuerzas entre las fuerzas atacantes y las defensoras, las FDS tienen una carta que todos temen que pongan en juego como venganza y forma de darle la vuelta a la partida: vaciar sus cárceles abarrotadas con más de catorce mil combatientes de Daesh, entre ellos extranjeros cuyos Estados se niegan a reacoger, y que estos se unan a los últimos reductos de la organización en el desierto y sus células aún operativas en zonas de la Yazira. Ello supondría el renacimiento de Daesh y su capacidad de amenazar a todas las regiones del este de Siria.
Los efectos de la operación turca no se limitarán a la geografía siria, porque la muerte de soldados turcos durante las operaciones y las víctimas civiles en territorio kurdo debido a los proyectiles que lanzan las FDS no tendrán un efecto positivo para los refugiados sirios en Turquía, y podrán abrir la puerta a una nueva ola de racismo que los acuse nuevamente de pasividad y cobardía, mientras que los turcos libran en su lugar su batalla de liberación del “terrorismo”. Esta operación, según se desprende de las declaraciones oficiales turcas, puede también provocar la deportación forzosa de más de un millón de refugiados sirios desde Turquía a las zonas sobre las que tome el control la operación militar.
Las anteriores consecuencias que puede tener la operación turca por sí solas no son lo único que ha provocado que una gran parte de los opositores sirios se opongan a ella, sino que también se debe, en los ámbitos sentimental y político, al hecho de que “el ejército nacional” haya borrado el estandarte de la revolución siria y lo haya mostrado como un estandarte dependiente de Turquía y las exigencias de su seguridad nacional. También han contribuido a ello la realidad de que esta operación no servirá más que para hundir la causa siria aún más en el lodo de las violaciones y crímenes cometidos en su nombre por parte de aquellos a quienes se presupone como parte de ella y de que esta operación no se encuadra en el contexto de la lucha contra el régimen de Asad, por mucho que quienes la apoyan digan lo contrario: lo cierto es que quizá sirva para reforzar su posición y la de sus aliados. Por último, el rechazo proviene del hecho de que esta operación inaugurará una serie de nuevas guerras y conflictos en la región y que se trata de un nuevo episodio en la serie de nuestra violación como sirios y la utilización de nuestra sangre para beneficio de potencias y Estados extranjeros a quienes no les importan nuestros derechos, nuestra dignidad ni nuestras causas.

viernes, 14 de junio de 2019

El tiempo de Abdelbasit

Texto original: Al-Jumhuriya

Autor: Al-Jumhuriya

Fecha: 13/06/2019


Diseño de Tamar al-Omar

En el luto por Abdelbasit Sarut confluyen tres formas de duelo, que pueden darse conjunta o separadamente, según la postura de partida. Por un lado, está la tristeza inmediata que se genera por un joven de veintisiete años que ha caído mártir en una batalla contra el avance del régimen en la zona rural septentrional de Hama tras ocho años de inmersión total en la revolución: una tristeza que se multiplica entre quienes lo conocieron en persona. Por otro, un público más amplio siente la tristeza derivada de un retorno traumático y triste a los momentos fundacionales de la revolución siria y sus etapas más multitudinarias de los años 2011 y 2012, una etapa impregnada de la voz de Sarut cantando en las manifestaciones de diversos barrios de Homs. Muchos no tenían ni idea de qué había sido de Sarut después de Homs, y otros simplemente no habían sido capaces de seguir las noticias en general, pero el año 2011 fue tan fundacional como doloroso para ellos, además de necesario. Finalmente, se ha generado también un duelo furioso por la guerra que se ha lanzado contra Sarut desde prácticamente el momento mismo del anuncio de su muerte por parte de una narrativa asadista obsesionada con destruir todo significado, memoria o pensamiento que difiera de las acusaciones rabiosas de “terrorismo”: una guerra que se ha reforzado con medios electrónicos perfectamente coordinados y que ha logrado eliminar muchas fotos y publicaciones que lamentaban la pérdida de Sarut en Facebook, además de bloquear muchas cuentas que insistieron en seguir publicando sobre Sarut en las redes sociales. Esta guerra no constituye un debate sobre el simbolismo y significado de Sarut, ni un examen de las posturas problemáticas en relación a él, ni siquiera una condena, sino que se trata de una guerra contra toda narrativa que contradiga la versión del régimen sobre el “terrorismo” y los “crímenes” cometidos por todos, absolutamente todos los que se levantaron contra él.
Ante semejante realidad, hemos considerado que lo mejor que podíamos ofrecerle, en este nuevo capítulo de nuestro continuo luto, es intentar reunir todos los episodios de la historia de Sarut de la forma más completa posible en apenas unos pocos días, sin pretender abarcarlo todo. Al contrario, ojalá nos hayamos dejado puntos sin tratar que sirvan de aliciente para que otros los cuenten y que así se conserven lejos de la fragilidad de las publicaciones temporales de Facebook o las efímeras conversaciones orales. La mejor forma de ser justos con Sarut es intentar contar su historia y analizarla sin excedernos en las alabanzas, evitando imparcialidades subjetivas y garantizando que nosotros, los de la revolución, somos dueños de ella, para recuperarla, examinarla, criticarla, revisarla, protegerla y protegernos a nosotros mismos de la hostilidad exterminadora que se ha vertido sobre ella y nosotros.
Al margen del aspecto personal, directo y específico sobre la vida, elecciones y decisiones de Sarut, y la mala o buena opinión que nos merezcan, en su historia encontramos rasgos de nuestra historia común: esos somos nosotros, esa es nuestra historia, esas son las dimensiones de nuestra preocupación, dudas y dilemas, ese es nuestro asedio y ese es nuestro duelo. Por otra parte, los rabiosos ataques asadistas de los que ha sido blanco Sarut, y que han alcanzado incluso a las publicaciones de Facebook, con el fin de eliminarlas y bloquear a sus autores, son un episodio más de la guerra contra todos nosotros (incluidos quienes tienen opiniones negativas de Sarut o dudas sobre si debe convertirse en un icono no susceptible de crítica), contra nuestro presente, contra nuestra memoria y contra nuestra historia; es decir, contra nuestro futuro.

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Abdelbasit Sarut nació en 1992 en el barrio de Al-Bayada, una de los muchos asentamientos pobres e irregulares de Homs, y que proliferaron también en las ciudades principales de Siria y sus alrededores hasta el punto de que la mitad de la población de Alepo y Damasco vivía en ellos poco antes de 2011: barrios desorganizados o totalmente carentes de planificación, que hacían de la vida diaria de sus habitantes una continua pesadilla.
Homs sufrió en gran medida la mala gestión y el fracaso gubernamental durante los años de gobierno de Asad padre, lo que provocó el aumento de las zonas periféricas empobrecidas desde mediados de los ochenta, cuando los pequeños barrios que construían los recién llegados sin ninguna planificación gubernamental iban creciendo de forma gradual, entre ellos, el barrio de Al-Bayada, al este de la Ciudad Vieja, inaugurado por miembros de los clanes del oeste de Homs. Ante la ausencia de planificación, la negligencia gubernamental y las políticas de empobrecimiento, que aumentaron después de que Asad hijo heredara el poder a principios de este siglo, el barrio se fue ampliando.
El barrio de Al-Bayada fue víctima de mayores negligencias si cabe durante los años inmediatamente anteriores al inicio de la revolución, pues el gobernador de Homs intentó detener el crecimiento del barrio paralizando la concesión de licencias de instalación de contadores de luz y agua. Sobre esto en concreto, Mazen Gharibah, activista de la sociedad civil y natural de Homs, dice lo siguiente: “En Al-Bayada había edificios habitados enteros sin electricidad, cuyos vecinos almacenaban la comida en el balcón para que no se echara a perder”.
Estas son las condiciones en que Sarut vivió su infancia y el inicio de sus años jóvenes, cuando no pudo continuar sus estudios y se vio obligado a trabajar en el transporte de ladrillos y hierro. Simultáneamente, se inscribió en el club homsí Al-Karama (Dignidad), en el que destacaría como portero, lo que le valdría ser elegido portero del equipo juvenil de fútbol Al-Karama y portero de la selección juvenil de Siria. No obstante, eso no era suficiente para tener una vida digna y garantías de estabilidad económica en Siria, pues el salario que Sarut recibía del club Al-Karama no superaba las 1.500 libras sirias, unos 30 dólares en aquel momento, como comenta Mazen Gharibah, que recuerda a la perfección que los jóvenes de Al-Bayada, y entre ellos Sarut, fueron un motor fundamental de las manifestaciones que comenzaron a extenderse a finales de marzo de 2011 por diversos barrios de la ciudad, como Al-Khalidiya, Deir Baalba y el propio Al-Bayada.
Quizá el primer vídeo que se hizo viral de Sarut fuera ese en que aparecía en el barrio de Al-Bayada a comienzos de junio de 2011, subido a hombros, cantando a las ciudades de Siria, una por una, anunciando la expansión de la revolución. En ese momento, se decidió difuminar el rostro de Sarut para protegerlo de la brutalidad del mujabaratsirio, pero pronto todo el mundo supo que el de la voz melodiosa y rasgada a partes iguales era Abdelbasit, el portero de la selección juvenil de fútbol de Siria.
Posteriormente, siguieron apareciendo vídeos de Sarut, ya sin difuminar, cantando en las calles de Homs contra el régimen. En un momento en que la mayoría de los manifestantes seguían evitando mostrar su rostro ante las cámaras, para no ser víctimas de las campañas de detención que llevaba a cabo el aparato de seguridad del régimen, el rostro de Sarut se convirtió en el de todos los manifestantes, y su voz, un refuerzo de todas sus voces.
Cuando los manifestantes se enteraban de que Sarut cantaría en alguna de las manifestaciones, iban directamente a esa. “El número de manifestantes se multiplicaba con su mera presencia”, cuenta Mazen Gharibah sobre el efecto que producía Abselbasit en las manifestaciones de la ciudad. Resulta imposible desligar la amplia popularidad que alcanzó desde bien temprano del hecho de que era jugador del club Al-Karama, en una ciudad, Homs, en que el fútbol, y en concreto el equipo Al-Karama, gozaban de un amplio apoyo popular. Wael Abd al-Hamid, homsí y forofo del equipo Al-Karama, cuenta lo siguiente: “La forma que tenía Abdelbasit Sarut de jugar al fútbol era clara y era uno de los mejores porteros jóvenes de Siria, que se estaba preparando para ser el portero principal de Al-Karama y, probablemente, también de la selección siria, sobre todo si tenemos en cuenta la historia del equipo, que ha dado al fútbol sirio a muchos de sus mejores porteros. La participación de Abdelbasit en la revolución fue para mí, como seguidor del club, extremadamente importante, porque la pertenencia al club Al-Karama era parte de nuestra identificación personal y la presencia de algunos de sus jugadores en las plazas de la revolución fue un elemento vital para nosotros”.
Tampoco puede separarse la popularidad de Abdelbasit de su conmovedora voz y los himnos y proclamas que improvisaba, ni de su valiente aceptación de la misión de ir subido a hombros, convirtiéndose directamente en objetivo del régimen y sus aparatos de seguridad. De hecho, los medios de comunicación del régimen sirio y las páginas leales a él en Facebook no tardaron en difundir el nombre de Sarut y calificarlo de terrorista salafista, lo que le obligó a negar en un vídeo de mediados de julio de 2011 semejantes acusaciones y confirmar su rechazo al sectarismo, insistiendo en que él era uno más de los manifestantes pacíficos del país. Desde ese momento, su nombre se consagró como uno de los líderes de la revolución en la ciudad, y también como uno de los más buscados por el aparato de seguridad del régimen en ella.
En otoño de 2011, Abdelbasit Sarut se encontraba en el corazón de los barios parcialmente asediados en los que comenzaron a proliferar algunos grupos armados bajo el paraguas del Ejército Sirio Libre, cuya misión era proteger los callejones de los que salían las manifestaciones de los cruentos ataques del régimen, que ya había comenzado a fragmentar la ciudad y colocar controles militares en las carreteras y entradas a los barrios. Abdelbasit también se vio en medio de una severa polarización sectaria por la cual la ciudad quedó dividida entre barrios de mayoría alauí partidarios del régimen y otros de mayoría suní opositores a él. Paralelamente a la trayectoria de la revolución que fue poco a poco tomando las armas para defenderse contra la cruenta e inmisericorde maquinaria del régimen y en la que poco a poco también iban apareciendo lemas religiosos con tintes sectarios, se dio una trayectoria de enfrentamiento sectario creciente y asesinatos y secuestros mutuos. 
La vida de Sarut adquirió una de las facetas más excepcionales de aquellos días, cuando comenzó a aparecer en noviembre de 2011 junto a la difunta actriz siria Fadua Suleimán, de origen alauí, cantando juntos contra el régimen, enviando un claro mensaje contra la polarización sectaria. Al mismo tiempo, ahí se inició una trayectoria en la que Sarut se vería en el exilio, en todos sus dichos, hechos y cantos.
A finales de 2011, Sarut ya había presenciado el entierro de muchos de sus compañeros e hijos de Al-Bayada, y también había perdido a su hermano mayor, así como a varios familiares y amigos en una de las incursiones violentas de los miembros de la seguridad del régimen en el barrio. Los primeros meses del año 2012 fueron los de la transformación definitiva hacia la militarización y los que presenciaron una combinación de enfrentamientos armados que lograron liberar muchos barrios de Homs de las manos del régimen, y de multitudinarias manifestaciones que parecían más bien celebraciones carnavalescas, en las que solía aparecer Sarut con canciones y cantos que se convirtieron en hitos fundamentales de la revolución, como los famosos “Janna, ya watanna” (Querida patria, eres un paraíso) y “Hanin lil-hurriya hanin” (Añoro la libertad, la añoro), que quedaron ligadas a su nombre.
Homs se convirtió progresivamente, pues, en un escenario de guerra abierta en muchos de cuyos barrios las milicias leales al régimen cometieron matanzas sectarias horribles, en las que utilizaron armas blancas para ejecutar a los civiles. El ejército del régimen también lanzó ataques e incursiones violentas contra los barrios rebeldes utilizando misiles, artillería y tanques, y posteriormente, aviones, logrando así dominar parte de ellos, entre los que se encontraba Al-Bayada, que había sufrido la destrucción de amplias zonas y la mayoría de cuyos habitantes se habían visto obligados a marcharse. En paralelo, se iba imponiendo un asedio gradual sobre el resto del barrio mediante el corte de carreteras y las vías de evacuación naturales, ya fuera de forma directa o por medio de francotiradores.
En la primavera de 2012, quedó claro que el régimen pretendía, por medio de la violencia generalizada, matar y forzar el desplazamiento del mayor número de habitantes posibles de los barrios revolucionarios y aislar y asediar las zonas que no podía controlar militarmente. En algún momento en aquellos cruentos días, mientras continuaba cantando y lanzando proclamas en las manifestaciones, Sarut tomó las armas en las filas de un grupo militar que se denominó “Brigada de los mártires de Al-Bayada”, y tomó parte en los intentos de recuperar el barrio de manos del régimen, recibiendo un tiro en el pie.
A mediados de junio de 2012, el régimen había logrado prácticamente rodear todos los barrios de la Ciudad Vieja, que solo permanecían unidos al mundo exterior gracias a unos pocos caminos blanco de los francotiradores y que no servían para garantizar un suministro suficiente de alimentos, medicinas y munición. Así comenzó lo que pasó a llamarse el asedio de la Ciudad Vieja de Homs, ciudad que había perdido a centenares de sus hijos e hijas en la violenta represión y las batallas, y decenas de miles de cuyos habitantes de los barrios centrales se habían desplazado a otras zonas de Homs, Siria y el mundo, bajo el peso de las bombas. Asediados quedaban algunos miles de civiles y varios centenares de combatientes.
Abdelbasit y sus compañeros intentaron romper el asedio en repetidas ocasiones sin éxito, tomando posteriormente la decisión de salir de Homs con algunos de sus compañeros a través de los túneles y redes de alcantarillado, rumbo a la zona rural al norte de la ciudad, esperando conseguir allí la ayuda necesaria para romper un asedio que era cada vez más firme. Khaled Abu Salah, activista político homsí, dice que Sarut “quería lograr la ayuda militar suficiente para romper el asedio en el mejor de los casos o, al menos, conseguir la comida y munición necesarias para enfrentarse a él, pero sus intentos fueron en vano y ni logró la ayuda necesaria, ni parecía que hubiera nada que él pudiera hacer desde el exterior para romperlo”.
En otoño de 2012, Sarut decidió, junto a unos compañeros, que era necesario romper el asedio de la forma que fuera o, al menos, regresar al interior de Homs para participar en la resistencia al mismo, en un momento en que el régimen había descubierto todos los túneles y los había cerrado. Abdelbasit libró con algunas decenas de compañeros una batalla suicida en la que no pudieron lograr romper el cerco. Muchos combatientes cayeron y Sarut tuvo que vivir el duelo de su segundo hermano, además de resultar él mismo herido de bala en el pie nuevamente. La película “Regreso a Homs” de Talal Derki da testimonio de esos días. Al final de la misma, Sarut aparece tumbado en una cama, despertándose de la anestesia tras una operación. En ese limbo entre la consciencia y la inconsciencia debido a la anestesia, grita de forma trágica pidiendo a quienes lo rodean que no dejen que la sangre de los mártires se derrame en vano y repitiendo que no quiere nada más en esta vida que romper el asedio: “Matadme en cuanto abráis el paso a la gente”.
Terminado el invierno y después de que su pie se curara, Sarut y sus compañeros volvieron a intentarlo, logrando en la primavera de 2013 romper el cerco y regresar al corazón del asedio, pero sin poder abrir camino al traslado de personas, alimentos y munición. Después de eso, el asedio se volvió más firme y duro, hasta el punto de que los asediados se alimentaban de hojas de árboles y carne de gatos.
Sarut no dejó de cantar y combatir en ningún momento y desde el interior de la Homs asediada se difundían múltiples vídeos en los que se le veía cantar durante las veladas junto a sus compañeros de armas. Quizá el más famoso sea el de la canción “Li-ajl oyunek ya Homs” (En honor a tus ojos, Homs”). En ese período también empezaron a aparecer más y más en sus canciones y conversaciones expresiones relacionadas con el universo simbólico del salafismo yihadista y expresiones con dimensiones claramente sectarias, en lo que parecía un acercamiento a los círculos yihadistas que estaban en ascenso en todo el país, especialmente tras la decepción general posterior a la matanza con armas químicas en Al-Ghouta y el colapso del marco nacional de la lucha en Siria.
Desde finales de 2013, comenzó a hablarse de una negociación que sacaría a los combatientes y civiles asediados de Homs por medio de un acuerdo con el régimen, idea a la que Sarut y sus compañeros de la brigada de los Mártires de Al-Bayada se oponían. Sin embargo, su rechazo no fue meramente verbal, sino que se materializó claramente en la conocida como “batalla de los molinos a finales de diciembre de 2014 cuando los combatientes cavaron un túnel en dirección a los molinos” cuyo objetivo era romper el asedio o, al menos, transportar bolsas de harina al corazón de los barrios asediados.
Dicha intentona suicida acabó en gran tragedia: la operación fracasó y cayeron más de sesenta jóvenes combatientes de los Mártires de Al-Bayada, entre ellos, otros dos hermanos de Sarut, que había perdido en total a cuatro de ellos a manos del régimen. Así fracasó el último intento de romper el asedio, sobre el que se hicieron muchos comentarios relativos a traiciones en el interior de los barrios asediados de Homs y entre las facciones de la zona rural septentrional de Homs, a las que se acusaba de no haber hecho lo suficiente para romper el asedio. Sarut apareció posteriormente en un vídeo rechazando acusar a nadie e invitando a superar unos errores que no especificaba, así como llamando a la unidad de filas.
Posteriormente, Abdelbasit apareció en muchos vídeos en los que rechazaba la idea de salir de Homs, considerando que todo ello era resultado de la traición del mundo entero, incluidas las facciones opositoras que estaban negociando las condiciones de la salida. A mediados de febrero de 2014, apareció en un vídeo rodeado de un grupo pequeño de gente gritando contra la idea de la negociación, la salida de Homs o la firma de cualquier pacto con el régimen. Dicho vídeo sirve como síntoma de los grandes cambios que estaba experimentando el joven, en permanente duelo por su ciudad, sus hermanos y sus compañeros. En el vídeo solo aparecen banderas salafistas blancas y negras y todos se encomiendan al cielo exclusivamente para salvar a Homs de la caída y el exilio forzado. Además, se insiste en que Homs no debe seguir el camino de otras zonas que habían firmado treguas con el régimen, como Berzeh y Moaddamiya, cerca de Damasco.
En mayo de 2014, menos de tres meses después de ese vídeo, los autobuses verdes del régimen ejecutaban la primera operación de exilio forzado en Siria y vaciaban Homs de aquellos combatientes y civiles que aún quedaban en ella, enviándolos a la zona rural de Homs más al norte. Sarut no aparece en ninguna imagen ni vídeo de los muchos que se grabaron durante la salida de civiles y combatientes, y parece claro que finalmente había capitulado obligado ante la idea de marcharse, una vez que la mayoría de los asediados lo había hecho, no teniendo otra alternativa que la muerte por inanición, o por impacto de bala o proyectil.
Unas horas antes de la salida, Sarut había hablado en un vídeo publicado posteriormente, con una tristeza y devastación que no se habían visto antes, diciendo que tenía un reproche que hacer al Frente de Al-Nusra y Daesh. Aun considerando que tenían los mismos objetivos que los asediados, les afeaba que algunos sectores de ambas organizaciones tachasen a los revolucionarios de Homs asediados de “drogadictos e infieles”, utilizando expresiones como que Homs no debía abandonarse para que la habitaran “los alauíes, los cristianos, los chiíes, los libaneses y los iraquíes”.
Este vídeo dice muchas cosas sobre las que conviene detenerse. La primera es que, si Al-Nusra y Daesh acusaban a Sarut y sus compañeros de infieles, eso significa que no se habían unido a dichas organizaciones, y que Sarut tenía un objetivo central, que era derrocar al régimen por la fuerza, algo que expresó en ese y otros vídeos, diciendo que rechazaba “la politización”, refiriéndose con ello a su rechazo a unirse a cualquier facción que tuviera un proyecto distinto de luchar contra el régimen. Sin embargo, en contrapartida, parece claro que Sarut estaba inmerso en el discurso de las fuerzas islamistas y salafistas, incluidos los esfuerzos por hacer prevalecer la legislación de Dios sobre la tierra, según dijo en el mismo vídeo. Del mismo modo, quedó claro que había comenzado a percibir el conflicto con el régimen como uno religioso y sectario, en el que todos “los musulmanes” debían aliarse y apoyarse, incluidos Al-Nusra y Daesh, como también expresó en dicho vídeo.
Durante su estancia en la zona rural septentrional de Homs, pasó por varias localizaciones: Al-Dar al-Kabira, Rastan, etc. Puesto que la zona rural también estaba asediada, la situación de las facciones en su interior era especialmente complicada. Samer al-Homsi, activista de comunicación en la región de Al-Houla, en esa zona de Homs, comentó a Al-Jumhuriya que: “Los combatientes sufrían una enorme carencia de armas: no tenían suficiente armamento pesado para enfrentarse al del régimen, mucho más numeroso, que nos asediaba por todas partes. La toma del control por parte de Daesh de la zona de Aquirbat, en el desierto al este de la zona rural septentrional de Homs, le permitió introducir dinero y armas a sus pocos miembros allí”.
Poco antes de eso, Abdelbasit había participado en la fundación del Batallón de Homs, una facción que portaba la bandera de la revolución y carecía de orientaciones ideológicas, según Khaled Abu Salah, activista político de Homs y amigo de Sarut, que añadió que en aquel momento el objetivo de este último era: “Regresar para liberar Homs, pero las difíciles condiciones y la inefectividad de las facciones de la zona rural en este sentido lo obligaron a él y su grupo a actuar en solitario y lanzar operaciones relámpago contra las fuerzas del régimen en las afueras de la región para apoderarse de armamento y continuar la lucha”.
En ese momento, según Khaled Abu Salah, alguien se puso en contacto con Sarut y le prometió armas a cambio de rendir pleitesía al “Estado” (Islámico), algo a lo que Sarout se mostró dispuesto, tal y como él mismo confirmó en más de una ocasión, a condición de que ello fuera exclusivamente para enfrentarse al régimen, algo que se conoció como “pleitesía de la lucha”, un concepto que se extendió entre las facciones sirias y que significaba que dicha pleitesía se limitaba exclusivamente a la colaboración en la lucha contra el régimen, sin integrarse en el cuerpo de la organización ni en su proyecto político.
La relación entre ambos bandos no duró más que unas semanas, tras las cuales Sarut rompió su relación totalmente con esa persona y todas las partes que habían anunciado su disposición a rendir pleitesía a la organización del Daesh en la zona rural septentrional. A esto, añade Khaled Abu Salah: “Cuando los juristas de la organización del Estado (Islámico) entraron en dicha zona posteriormente, exigieron a Sarout que rindiera pleitesía a la organización, pero él se negó y adoptó una postura muy dura contra ellos”. Posteriormente, anunció la independencia de la brigada Mártires de Al-Bayada de cualquier organización o facción en un vídeo grabado en agosto de 2015. Más adelante, y mientras estaba en Estambul tras su salida de la zona y de Siria, Khaled Abu Salah grabó un largo encuentro con él en el que esclarecía todos los puntos grises de la historia. En él dijo que se había retractado de la idea de rendir pleitesía cuando hubo comprendido que el proyecto del Daesh era gobernar a los habitantes de la región y no enfrentarse al régimen, y cuando vio cómo se excedían y cometían errores (no especificados) miembros cercanos a la organización o considerados pertenecientes a ella. También comentó en un encuentro con el canal Orient TV a comienzos de 2018 que se había retractado después de saber que la organización venía a “luchar contra los revolucionarios, los musulmanes y las personas que estaban conmigo bajo asedio”.
Aunque negó haber rendido pleitesía, Sarut tuvo que enfrentarse al hostigamiento de las facciones de la zona, especialmente el Frente de Al-Nusra, que desembocaron en una campaña contra su brigada en la que murieron nueve de sus compañeros en noviembre de 2015 y culminaó con la salida de Sarut de la zona rural septentrional de Homs, y finalmente de Siria hacia Turquía, a principios de 2016. 
En Turquía, Sarut estuvo entre Gaziantep y Estambul donde participó en manifestaciones de apoyo a Alepo, cuyos barrios orientales habían sido cercados por el régimen, que también había iniciado los ataques contra ella y el exilio forzoso de su población a finales de 2016. Khaled Abu salah dice que Abdelbasit no quería quedarse en Turquía, pero que las amenazas de Al-Nusra de detenerlo le impedían volver. “Tras la caída de Alepo en manos del régimen, las manifestaciones volvieron al norte y Abdelbasit y yo regresamos a Siria y participamos en ellas. Aunque muchas personalidades conocidas de Homs me ayudaron a mediar con las facciones, Ahrar al-Sham y el Frente de al-Nusra estaban obcecados en detenerlo”. Y de hecho, unos meses después de su retorno a Siria, una ronda de Tahrir al-Sham (anteriormente Al-Nusra) lo detuvo y lo mantuvo en régimen de aislamiento durante 37 días, hasta que lo pusieron en libertad gracias a una mediación, según Abu Salah.
A su salida del centro de detención de Al-Nusra, Abdelbasit decidió viajar con algunos de sus compañeros del primer grupo, la brigada de los Mártires de Al-Bayada, a la zona rural septentrional de Hama, para establecer cuarteles en los frentes, el punto más cercano a Homs al que podía llegar. Abdelbasit y sus compañeros participaron en muchas batallas junto a otras facciones, pero de forma independiente, hasta que en los últimos días de 2017 se unieron al Ejército de Al-Izza (el orgullo, la dignidad), una de las facciones del Ejército Sirio Libre activa en la zona rural septentrional de Hama. Abu Salah explica a Al-Jumhuriya que: “Abdelbasit decía que esta facción no tenía sedes de seguridad ni cárceles (…). Nosotros no gobernamos a los civiles, sino que los defendemos”.
Parece que la decisión de Sarut de unirse al Ejército de al-Izza suponía una continuación de su trayectoria marcada fundamentalmente por el objetivo de derrocar al régimen sirio. El Ejército de Al-Izza es conocido por haberse negado a luchar contra las otras facciones contrarias al régimen, incluidos Daesh y el Frente de Al-Nusra, y por no pretenderdominar a la población o gobernarla en las zonas en que está o ha estado desplegado. Si bien tiene una tendencia y un discurso islamista claro, se ha mantenido comprometido con la bandera y la denominación de Ejército Libre hasta el momento. Además, se trata de una facción que ha insistido en múltiples ocasiones en su rechazo a los acuerdos de Astaná y Sochi entre Rusia y Turquía, aunque en la práctica los haya acatado.
Los cantos y las proclamas no abandonaron nunca la vida de Sarut, pues unas veces aparecía recitando poesía para animar a sus compañeros de armas en los frentes, y otras, cantando o lanzando proclamas entre los manifestantes de Ma’arrat al-Nu’man y otros lugares. Hasta los últimos instantes de su vida, no dejó de hacer todo lo posible para enfrentarse al régimen.
Durante las últimas batallas que se libraron en las zonas rurales septentrionales y occidentales de Hama, Sarout estuvo en el frente junto al Ejército de al-Izza y apareció en un vídeo hablando de los avances de las facciones opositoras en Tell Malah. Khaled Abu Salah cuenta que: “Tras la liberación de la región entre Tell Malah y Al-Jabbin, Sarut recibió, mientras estaba en el frente, la noticia de que un grupo había sufrido los bombardeos contra la retaguardia, por lo que decidió coger el coche para auxiliarlos. Cuando puso el motor en marcha, un proyectil impactó contra el lugar, aunque nadie resultó herido. Al ponerlo de nuevo en marcha, llegó otro proyectil, que hirió a Sarout en el vientre, la pierna y el brazo, por lo que fue atendido en el punto médico de Khan Sheijun”.
Quienes lo auxiliaron quisieron trasladarlo al hospital de Al-Dana, en la zona rural al norte de Idleb, pero sufrió una grave hemorragia que les obligó a detenerse en Ma’arra, insistiendo en transfundirle sangre y después llevarlo a Al-Dana. Abu Salah dice que se pudo controlar la hemorragia en el hospital y se le pudo estabilizar, por lo que lo trasladaron el jueves 6 de junio, a través del paso fronterizo de Bab al-Hawa al hospital de Rihaniya, y después a Antakia, en Turquía. Sin embargo, su situación empeoró, algo que Abu Salah atribuye a sus continuos traslados y su fuerte hemorragia.
La mañana del 7 de junio de 2019, Abdelbasit Sarut caía mártir a causa de las heridas, concluyendo con su muerte una corta y épica vida plagada de transformaciones, batallas y sangre. Su cuerpo fue trasladado al interior de Siria y enterrado en Al-Dana, en la zona rural de Idleb. Los dolientes cargaron el cuerpo del mártir Sarut sobre sus hombros, acostumbrados a llevar su cuerpo vivo para que dirigiera las proclamas y cánticos de los manifestantes. En vez de gritar a su lado, como de costumbre, lanzaron proclamas por él mientras lo enterraban lejos de Homs, ciudad cuyo asedio había luchado por romper durante los últimos años de su vida, con el deseo de volver a ella después del exilio. 
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A pesar de que la vida de Sarut muestra una fuerte impulsividad y una eterna disposición a enfrentarse a la muerte sin pensarlo dos veces, su misma vida nos indica también que los últimos años de su vida no fueron una precipitación a ciegas hacia la muerte, sino que todo fue fruto de una decisión consciente de aceptar el desafío hasta el final. Su revolución tenía un camino marcado y no se trataba de una mera explosión de emergencia. En este sentido, Sarut fue dueño de su destino y caminó por los derroteros que lo hizo partiendo de una combinación de pensamiento e impulsos, y la prueba de ello son los largos meses que pasó herido, por ejemplo, en la zona rural de Homs, para regresar de nuevo y hacer lo mismo que había provocado sus heridas.
Lo que pretendemos con esto es señalar que muchos de los argumentos de defensa de Sarut y su vida se han basado en su “simpleza”, y en decir que las circunstancias lo llevaron, obligado y no por elección, por el camino que siguió. Sarut no era simple, si con ello nos referimos a que no comprendía el significado ni las dimensiones de lo que hacía y decía, y tampoco es cierto que no eligiera su camino, pues a pesar de la tremenda dureza y dificultad de las circunstancias objetivas, la voluntad interacciona con ellas y elige su camino de entre las opciones disponibles, sean muchas o pocas. Las condiciones en las que vivió Sarut no eran solo las suyas, pero su destino y su camino no fueron el destino y el camino de todos los que vivieron con él las mismas circunstancias.
No obstante, también es cierto que Sarut carecía de la preparación teórica y de pensamiento suficiente que le ayudara a expresar sus ideas, o a pensar de forma sistemática sobre sus circunstancias y tomar las decisiones en base a ello. Incluso cuando se acercó al discurso salafista, el núcleo de sus palabras siguió girando en torno a las ideas del “valor”, el “honor”, la “autodefensa y la defensa del honor y la sangre”. La carencia de preparación mental se muestra también en su continuo “rechazo a la politización” y otras expresiones del tipo “a nosotros nadie nos va a politizar”. La vida del mártir y sus dichos indican que se refería al rechazo a la negociación con el régimen y a insertarse en cualquier proyecto de gobierno y administración de la vida de las personas antes de derrocar al régimen. Sin embargo, en el núcleo de esta postura suya hay una política clara, que es a fin de cuentas lo contrario del “rechazo a la politización”, cuando se muestra como una disposición a identificarse con cualquier parte que considere al régimen un enemigo también, independientemente de lo ostentosamente claro que sea su proyecto político, como en el caso de Daesh y Al-Nusra. La “politización” para Sarut era considerar todo lo que no fuera el único objetivo -destruir el régimen asadiano- “caminos tortuosos”, en un radicalismo unidireccional, en el cual solo había una batalla claramente definida y justificada y un único enemigo completa y definitivamente determinado, mientras que todo lo demás eran “distracciones” que había que rechazar. Se trata de una forma de pensar similar a las teorizaciones de la mayoría de movimientos radicales contemporáneos en toda su variedad, que ven en EEUU, Israel o el capitalismo mundial al “Leviatán”.
¿Es esta una justificación o apología velada del discurso, las expresiones o las posturas adoptadas o expresadas por Abdelbasit Sarout, cuando muchos revolucionarios sirios rechazan –entre ellos, quienes escriben estas líneas- su discurso transigente o positivo sobre Daesh y el Frente de Al-Nusra en algunos momentos, y sus expresiones insufladas de sectarismo? De ninguna manera, del mismo modo que no supone criminalizar a quienes consideran que tales aspectos no pueden pasarse por alto, o quienes creen que el posterior esclarecimiento por parte de Sarut de todas las ambigüedades no es suficiente. Ese es “nuestro problema” con él y ojalá no estuviéramos sometidos a la criminalidad asadiana y Abdelbasit estuviera vivo entre nosotros, para discutir con él un día estos temas a fin de que se retractara y disculpara o, simplemente, no hubiera entendimiento alguno. Nos han privado, tanto a nosotros como a Abdelbasit de esto también.
Para ser justos con la historia y el país, con la muerte, la destrucción y el dolor, debemos rechazar centrarnos en esas etapas aisladas de su coyuntura y su contexto y negarnos a repetirlas compulsivamente como si se tratara de la historia de Sarut al completo o incluso toda la historia de la revolución siria según la presentan Asad y sus apologistas. ¿Es el problema de los asadistas, del periódico libanés Al-Akhbar, de los medios de Putin o de los que han dirigido la campaña electrónica para borrar todo contenido positivo sobre Sarut en Facebook que Sarut hiciera una declaración extremista en un momento determinado o que izara esta u otra bandera o que soltara ese insulto sectario? Claro que no. Su problema con él es que se levantó contra Bashar al-Asad, que es el mismo problema que tienen con todos nosotros, los activistas pacíficos y los combatientes, los sectarios y los patriotas demócratas. Y ese es su problema con la revolución siria en su conjunto, con todo lo que comprende y todo lo que conlleva.
Parece que el martirio de Sarut ha abierto hoy una ventana hacia nuestra memoria del 2011, de nosotros mismos y de nuestras percepciones de aquel entonces, un entonces que nos cambió a todos, un entonces en que sentimos que éramos dueños de nuestro destino y de nuestras elevadas y roncas voces. Y precisamente por eso, porque Sarut es un símbolo de ese entonces, los asadistas y sus protectores intentan privarnos de él y de ello. La campaña del régimen y sus aliados para borrar la vida de Sarut y las publicaciones sobre él es indicativa de su pánico ante la revolución al completo, y de que son plenamente conscientes de la importancia de librar la batalla de la narrativa. Frente a eso, no podemos más que seguir insistiendo en librar esa batalla y certificar sus detalles con todo el amor y la imparcialidad que podamos, para proteger nuestra memoria, a nosotros, al 2011 y a la revolución siria contra el régimen asadiano, y para proteger a Siria.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Dos hombres poseídos por la vida


Texto original: Al-Jumhuriya

Autor: Mustafa Abu Shams

Fecha: 25/11/2018 


Un día en Alepo a comienzos de 2012, antes de que un creciente número de trincheras acabaran enfrentadas unas a otras, las pancartas de Kafranbel y sus autores se convirtieron en el eje de una conversación. La mayoría de los presentes comentaron el “ingenio” y la ironía mordaz de los que hacían gala, y el hecho de que se salían de lo común. Uno de los participantes en la conversación dijo en tono satírico que las escribían los agentes de tráfico, en referencia a la profesión que ejercían la mayoría de habitantes de Kafranbel. Otro mencionó "el número de estudiantes de Medicina” fracasados y su papel en el diseño de las pancartas. El resto se mantuvieron en silencio y regresaron a Alepo oriental, reflexionando sobre dichos carteles, haciéndoles un guiño y adoptándolos.

En aquel momento era complicado determinar quiénes eran los “diseñadores” de dichas pancartas, pero poco tiempo después, el nombre de Raed Fares se hizo presente como uno de los más importantes activistas de la revolución siria, y como diseñador de las pancartas de Kafranbel junto a un grupo de amigos. Juntos, trasladaron el alegre espíritu de la ciudad y su gente en forma de pancartas, imágenes y canciones, que transmitían mensajes que traspasaban las fronteras de Siria para llegar al mundo entero, con la esperanza de que su voz llegara antes de morir.

Raed Fares nació en 1972. No completó sus estudios de medicina, sino que viajó a Líbano para trabajar allí. Quienes lo conocieron dicen que presenció el asesinato de Rafik Hariri y que siempre culpó por ello al régimen de Asad. Poco después, regresó a Kafranbel para trabajar en el sector inmobiliario. Al inicio de la revolución, fue de los primeros en sumarse a sus filas, lo que lo situó rápidamente en la lista de buscados por los servicios de seguridad. Por ello, junto a Hamoud Jnaid y otros activistas, abandonó Kafranbel para refugiarse en un campamento a las afueras y formar la Coordinadora de Kafranbel.



Por medio de dicha coordinadora, convocaban a la población de Kafranbel a manifestarse y se encargaban de redactar las pancartas y lemas, además de participar en las manifestaciones que en aquel momento quitaban el sueño al régimen. Rápidamente, esas pancartas y lemas se convirtieron en tema recurrente en la calle y colmaron las redes sociales, como señal de la “continuidad de la revolución, sus principios y su carácter pacífico”. La exposición de imitaciones y copias de sus pancartas durante las manifestaciones se convirtió en un “deber revolucionario”.

Hamoud Jnaid era “de naturaleza afable y de espíritu alegre y afectuoso”, lo que le permitió ser el punto de unión entre la gente de la ciudad y la coordinadora. Con la cámara de su móvil, comenzó a registrar las violaciones que las fuerzas del régimen perpetraban en Kafranbel, a la que se acercaba en secreto para realizar alguna misión, entregar un mensaje o preparar una manifestación.

Tras la liberación de la ciudad de las fuerzas del régimen a mediados de 2012, Raed Fares, Hamoud Jnaid y otros activistas de la ciudad fundaron lo que hoy se conoce como “Unión de Oficinas Revolucionarias”. Raed asumió la dirección de la oficina de prensa y comenzó a contar al mundo lo que sucedía en la revolución por medio de vídeos que grababa él mismo, intervenciones en canales de televisión, su presencia en conferencias internacionales y las pancartas que redactaba en inglés y que portaban mensajes políticos dirigidos al mundo entero.

Impulsado por su conocida “valentía”, según sus amigos, Hamoud Jnaid colaboró con la brigada “Caballeros de la Verdad” (Fursán al-Haqq) desde su fundación, “cubriendo las batallas y los bombardeos de los aviones”, pues creía firmemente en la importancia del papel de los medios y la necesidad de dejar constancia con su cámara de las manifestaciones de la ciudad y sus actividades revolucionarias. También grabó cientos de ataques contra la zona.

Pocas veces se perdía algún suceso. Su cámara siempre era la primera: un hombre cubierto de polvo salía de entre los escombros, portando la herida de su gente, los auxiliaba si seguían vivos y los revivía en el recuerdo con su lente si habían muerto. Fue el más importante testigo de los crímenes y los asesinatos perpetrados en la ciudad cuya gente lo amaba, y a quienes él amaba también. Sus amigos, que muchas veces le reprendían por su impusividad, cuentan que siempre respondía riendo: “No puedo evitarlo. Siento que ese es mi rol, que esos son mis hijos y tengo que ayudarlos”. Solía acompañar a los heridos a la sala de urgencias, preocupándose por ellos. “Tal vez esa fuera su misión más sublime: salvar a quien se pudiera”, olvidándose de grabar muchas cosas, poseído por su papel “humano”, sin quedarse en lo meramente mediático.

Pocas veces podía salir uno de Kafranbel sin sonreír. La gente allí se ríe de todo, hasta de la muerte. Si los rasgos de Raed por sí solos no bastaban para conocer “su geografía” sin revelarla, no tenías más que esperar unas palabras de Hamoud para “saber que estabas al ante un revolucionario de Kafranbel”. Ese “tono afectuoso”, sencillo, plagado de expresiones de sorna y groserías, expresiones soeces acompañadas de una sonrisa (como referirse a uno como “maricón”) eran la forma habitual de iniciar un comentario fugaz, una conversación o una mención a una muerte inminente y cercana.


Hamoud era un sencillo obrero de la construcción, nacido en 1980. Fue uno de los pioneros de los grafittis en las paredes al inicio de la revolución, y de los primeros activistas, manifestantes y periodistas también; sin embargo, su rasgo más destacado era que fue “el primero en entrar en los corazones de la gente y el que logró dominarlos”. Se reía como un niño, se mofaba de la muerte que se había llevado a muchos de sus amigos, hasta el punto de que algunos decían que “daba mala suerte”. La mayoría de aquellos con los que trabajó en su labor de certificación de hechos y cobertura mediática habían sido asesinados, pero ese hombre delgado seguía resurgiendo entre el polvo, farfullando insultos y riendo.

Con la ayuda de Hamoud, Raed fundó Radio Fresh[1] a mediados de 2013, como primera emisora que utilizaba en sus programas la lengua oral. Ahí comenzó a conformarse un aura de cohesión en la ciudad: al cmainar por sus calles o sus mercados, la voz del locutor cantaba los precios de los productos a través del altavoz. No hacías caso a los precios, sino que el dialecto te arrancaba una sonrisa con cada palabra, pues se alejaba de las voces roncas “con traje y corbata” que uno estaba acostumbrado a escuchar. Sin darte cuenta, te veías “liberado” con una “chilaba” o un “pantalón vaquero”. La emisión se interrumpía unos segundos, el emisor te informaba de que “un avión o un helicóptero viene hacia ti”, la gente se dispersaba, pasaban unos minutos, y se escuchaba una explosión, seguida de un breve silencio, interrumpido por “la vuelta de la emisión”.

Hamoud no era un “empleado” de la radio, sino que él era “Radio Fresh al completo”, como dice su amigo Mahmud al-Sweid (redactor y presentador de programas en la radio). No percibía ningún salario, ni buscaba fama, sino que dedicaba su tiempo a la revolución y la gente de su ciudad. “Cuando los corresponsales de la radio llegaban al lugar donde se había producido el bombardeo o al punto donde se precisaba ayuda humanitaria u otro tipo de servicio, la sonrisa de Hamoud, que había completado la misión, los sorprendía”.

Los aviones no lograron “callar la voz de Radio Fresh”, así que se ayudaron metafóricamente de sus compañeros en la opresión y la injusticia. Daesh emitió una fatua (edicto religioso) en la que declaraba la radio ilícita y sus integrantes confiscaron el equipo a finales de 2013, además de detener a Raed y Jnaid durante dos días. En la trayectoria de ambos, no había nada por lo que acusarlos o castigarlos.

No es que Daesh necesitara alegar una acusación firme, evidentemente, pero lo que está claro es que la organización en aquel momento no podía permitirse enfrentarse a una ciudad, por lo que intentó matar a Raed lejos de sus cárceles. La intentona fracasó. Tras la marcha de Daesh en 2014, aumentó la hegemonía del Frente de Al-Nusra en la ciudad y sus alrededores, para ñadir su “huella”, que en nada se diferencia ni en pensamiento ni en actuación, de su gemela daesh. Nuevamente, confiscaron el equipo de la radio e intentaron impedir que siguieran con sus trabajo. Volvieron a detener a Raed en la cárcel de castigo y, tras su liberación, se expuso a varios intentos de asesinarlo.

Con su habitual ironía, Raed y sus compañeros añadieron a la emisión sonidos de pájaros, animales, aficiones de fútbol y explosiones en susteitución de la “música pecaminosa”, y modificaron las voces de las mujeres para que parecieran más masculinas. Siempre vencían, gracias a su “ironía y sarcasmo”, a sus ejecutores, con la compañía inestimable de la “lengua hablada y el espíritu del chiste y el ingenio”. La radio y la oficina de medios se convirtieron en una colmena, un lugar de trabajo y un espacio donde pasar veladas al calor del laúd, contar chistes e intercambiar esas sonrisas en las que la revolución se mantenía más fuertemente presente. Esos lugares eran el refugio de todo aquel que pasaba por Kafranbel, de paso, para quedarse o para buscar trabajo y una vida.

Esta vez, la bala fue más rápida que Hamoud, y por primera vez, no pudo grabar lo que sucedió la mañana de ese viernes 23 de noviembre de 2018. En compañía de Raed y Ali Dandoush, había salido de la sede de la radio para prepararse para las manifestaciones que habían vuelto a celebrarse en la ciudad desde hacía unos meses. El sonido de una metralleta alertó a quienes rezaban en la mezquita cercana, mientras realizaban su segunda prosternación. Sin embargo, terminaron su rezo, pues ninguno pensó que “la ciudad había caído de nuevo”. El ruido del asesinato fue más alto que el sonido de la llamada a la oración, ya que, esta vez, los asesinos siguieron a Raed y sus compañeros hasta una calle secundaria al este de la ciudad. Salieron del coche para asesinar a los dos hombres, sin contar con que Ali Dandoush estaba en el asiento trasero y que se salvaría de la muerte. Decenas de balas atravesaron el coche de Raed y los cuerpos de ambos. La ciudad los despidió en silencio.

Dos hombres perseguidos que se negaron a dejar la ciudad, fueron asesinados por una mano traidora, porque alguien debía “silenciarlos”. Sus voces y sus sonrisas provocaron a los asesinos, las pancartas de la libertad, su crítica valiente contra todo aquel que perjudicara a la revolución siria y su lucha por medio de la palabra y la letra engendraron ese rencor contra ellos: eran los artífices de las pancartas y carteles encargados de corregir el devenir de la revolución que había sido robada. Quizá el esfuerzo por redireccionar el camino sea la acusación de la que no se librarán nunca los habitantes de Kafranbel.

[1] Accesible desde aquí.
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