Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
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jueves, 4 de julio de 2019

Su Santidad Papa Francisco, esto es lo que me gustaría que supiera antes de reunirse con el presidente Putin.

Texto original: Al-Jumhuriya

Autor: Roger Asfar

Fecha: 03/07/2019

Reproducimos aquí la traducción que nos han enviado y hemos retocado en la medida de lo posible dada la premura de la carta enviada por Roger Asfar al Papa Francisco ante su inminente encuentro con Putin.




Su Santidad Papa Francisco,

Permítame, en primer lugar, que me presente. Mi nombre es Roger y soy un joven sirio cristiano de Alepo. Durante muchos años, he seguido una vida monástica, durante la que he estudiado filosofía y teología católica. Actualmente, trabajo como periodista e investigador y estoy terminando la especialidad en relaciones cristiano-musulmanas en la Universidad de Saint Joseph en Beirut (USJ).

Tras abandonar voluntariamente la vida monástica, estuve unos años trabajando con refugiados sirios en el Líbano, además de participar en proyectos humanitarios dirigidos a las personas más necesitadas en el interior de Siria, especialmente aquellas que viven bajo los bombardeos y el asedio y que sufren más directamente las consecuencias del conflicto. Lo he hecho sin atender a sus creencias religiosas o sus opiniones, lo que me ha permitido hacerme una idea mucho más realista de todo lo que ha sucedido y sucede en mi país.

Su Santidad, quienes obran con buena voluntad no se alejan de lo que entendemos que es un adecuado comportamiento cristiano ni de las decisiones éticas correctas en tiempos de crisis; sin embargo, a día de hoy nos enfrentamos a un problema mayúsculo: el desacuerdo en torno a lo que realmente sucede en Siria y la difusión de noticias falsas y propaganda destinada a distorsionar y ocultar la realidad.

Sé muy bien que pueden llegar a oídos de Su Santidad noticias alejadas de la realidad directamente de fuentes locales e, incluso, de fuentes de la propia Iglesia. Sin embargo, confío plenamente en que es consciente de la presión y los peligros a los que se expone quien dice la verdad, tal y como es, en una situación como la que atraviesa mi país, Siria. 

Quisiera agradecerle a Su Santidad, en primer lugar, que mencionase el sufrimiento de la población de Idleb el 2 de septiembre de 2018, advirtiendo sobre los peligros de una catástrofe humanitaria en ciernes, y que parece que hoy está aconteciendo. Los civiles en Idleb, sus alrededores y los alrededores de Hama llevan semanas siendo blanco directo de los bombardeados con artillería, misiles y aviones, ataques que se producen a diario y de forma sistemática. Incluso los hospitales, los centros médicos y los paramédicos han sido bombardeados deliberadamente, algo que, por desgracia, se ha convertido en la norma en todas las operaciones militares.

Se calcula que 3 millones de civiles viven a día de hoy en Idleb y sus alrededores, incluyendo una gran cantidad de niños. Muchos de ellos huyeron allí expulsados desde distintas regiones de Siria tras la destrucción de sus ciudades y aldeas. Además, entre los miles de civiles que vienen en Idleb, se encuentran unos cuantos centenares de cristianos que seguramente sienten que su sufrimiento y el sufrimiento de otros sirios preocupan especialmente a Su Santidad, su referencia espiritual. 

Durante los últimos dos meses, alrededor de 300.000 civiles se han visto obligados a huir debido a los bombardeos sistemáticos y deliberados, que han llegado al punto de hacer de la búsqueda de un refugio seguro algo extremadamente difícil, y han puesto de manifiesto que los esfuerzos de las organizaciones humanitarias son claramente insuficientes para atender, en unos mínimos aceptables, las necesidades de estos civiles.

Su Santidad, la Iglesia siempre me ha enseñado que nadie debería sufrir una situación semejante, independientemente de su postura, opinión, creencias religiosas y lugar de residencia, y que las victorias que se construyen sobre la violencia contra los civiles y la destrucción injustificada solo pueden desembocar en una nueva espiral infinita de violencia.

Rusia desempeña un papel fundamental, tanto militar como político, en el conflicto sirio, por no decir que es un actor clave. Independientemente de quién sea el responsable de las violaciones que se están produciendo, Rusia podría, si así lo desea, detener el ataque a civiles, centros médicos y paramédicos.

Como ser humano y como cristiano, ruego encarecidamente a Su Santidad que tenga presente en sus oraciones el atroz sufrimiento de los sirios y el crimen que se está cometiendo contra ellos al bombardearlos y destruir sus centros médicos; pero más allá de esto, le pido que en su próxima reunión con el señor Vladimir Putin le exija directamente que actúe de inmediato para mantener a los civiles alejados del conflicto, y que ceje en sus ataques contra ellos y contra los centros médicos, ataques con los que solo busca, bien lograr sus objetivos militares, bien ejercer presión política.

Espero que mi carta le llegue y que encuentre un hueco en la mente y el corazón de Su Santidad, pues el sufrimiento de mi pueblo ya se ha prolongado demasiado. Confío en que la voz de la razón que le caracteriza sirva para que se produzca algún cambio en este crimen que se sigue cometiendo.

sábado, 30 de abril de 2016

Bombardeo de un almacén de medicinas en Alepo

Autor: Hadi al-Abdallah

Fecha: 30/04/2016

Se reproduce a continuación un breve vídeo de Hadi al-Abdullah (hemos dejado la mera parte informativa inicial porque el resto del vídeo y el entrevistado repiten las mismas ideas), que desde Alepo está realizando crónicas de lo que está sucediendo en estos días.

Puesto que consideramos que las imágenes de muertos y heridos de poco parecen servir, nos limitamos a una crónica en la que se explica el bombardeo sistemático de puntos vitales de la ciudad.

 

viernes, 17 de agosto de 2012

Las puertas de la tierra de la nada


Texto original: Al-Hayat

Autor: Samar Yazbek

Fecha: 17/08/2012
(A Abu Shawk: espina de mi corazón, mi niño)

La primera puerta:

-“Y queremos un Estado civil”

Era el último día, unas horas antes de los suspiros de la partida, en el control de la brigada Al-Faruq, mientras el pequeño joven, en cuyos ojos brillaban las estrellas contaba, tragando saliva, cómo había desertado de las “unidades especiales” porque se negaba a matar gente: “Esto es, ¿cómo voy a lanzarme a la muerte?, ¿quién quiere morir? ¡Nadie! Pero estábamos muertos y queremos vivir”.

El cielo estaba azul. Nada embarraba nuestra pureza. No estábamos lejos del municipio de Sarmada, al que habíamos dejado atrás con sus muros pintados con la bandera revolucionaria.-“Y queremos un Estado civil”, el más mayor 
repitió su frase. Y el otro me dice: “Maldito sea el padre de estos oficiales, todos son alauíes”. El otro me mira y dice: “No, no todos”.

Lo escucho mientras me cuenta la historia de su deserción por segunda vez. Entonces su amigo se le acerca y le susurra algo al oído. El más pequeño, el de los ojos brillantes y el iris color miel, me mira sorprendido y deja su arma en el suelo. Después aparta su mirada, le miro fijamente a sus ojos inquietos mientras su arma permanece en el suelo. Finalmente, gira el rostro.

El cielo seguía estando azul y el monte de piedra que habíamos dejado atrás nos vigilaba en silencio, pero pude escuchar unos leves ruidos cuando el joven redirigió su rostro hacia mí. Se estaba mordiendo los labios y me dijo, con la voz temblorosa- era el mismo joven que estaba en el puesto armado, que llevaba su arma y que mostraba al cielo su rabia: “Perdóneme señora, por Dios que no lo sabía”.

Su cara de niño recuperó su dulzura primigenia mientras los jóvenes armados bajo los árboles nos miraban con curiosidad. Una bandera blanca ondeaba cerca de ellos y a lo largo de ella se leía: “No hay más dios que Dios y Mahoma es su Profeta”.

El cielo seguía siendo azul, pero el soldado que se había vuelto niño se acercó y dijo a trompicones: “Yo no odio a nadie pero son perros que quieren que matemos a la gente. Perdóneme, señora”.

El más mayor se puso de pie a su lado. Sus ojos acechaban con enojo. Entonces repitió su frase: “Queremos un Estado civil, estoy en la brigada Al-Faruq y quiero un Estado civil. Soy estudiante de segundo de Comercio”.
No nos quedamos demasiado, les escuché y dije: “No pasa nada, todo está bien”. Pero el joven cuyos ojos habían perdido parte de su brillo insistía en explicarme que no había querido humillarme. Entonces le dije antes de irnos con otros tres jóvenes: “Pero yo no soy alauí, y tú no eres suní. Yo soy siria y tú eres sirio y punto”.

Me miró con sorpresa y le dije: “¿Es que no lo ves?” Y señalé mi cara.
Iba despotricando en el coche mientras salíamos del control de la brigada de Al-Faruq: “¿Quién necesita aquí seguridad? ¿Quién quiere construir una nación de sangre y fuego, ese joven soldado que se ha vuelto niño? ¿O esos asesinos?” Los jóvenes me miraban sorprendidos, sin entender nada de lo que decía.

Se reían. ¿De dónde sale su fuerza? ¿Quién de nosotros está alejado del significado de la vida? ¿Quién está más pegado a la esencia de la vida, nosotros o ellos? Los que viven en el regazo de la muerte y la devoran como un bocado fácil en sus risas, que en un momento puede borrar el olor de su muerte o sus entrañas esparcidas, son una mera ilusión en las mentes de las personas. Decir “el Ejército Sirio Libre” significa imaginar un fantasma, pero ellos mismos son quienes pueden sorprenderlos en las calles. Son grupos que se diferencian en su orientación y características, en su crueldad y su misericordia, y distintos en cuando a su armonía con la ética de la revolución o en su alejamiento de la misma. No se parecen entre sí ni tienen un liderazgo unificado al contrario de lo que sale en los medios. El problema es que no se comprende bien la naturaleza de la resistencia armada que se ha creado en las ciudades y el campo, donde cada ciudad ha conformado una resistencia a su manera, un instrumento que se ha generalizado en las ciudades revolucionarias. Las brigadas no las integran solo soldados o militares, sino también civiles que han tomados las armas para defender sus casas del asesinato y la destrucción.

Las brigadas del “Ejército Sirio Libre” son una copia de nuestra vida y en su diversidad, que es vastísima, la única diferencia es que el muerto, como una pluma, se desvanece. Así la forma más correcta de denominarlas es brigadas de “la resistencia popular armada”.

No sé que me llevó a empezar a escribir sobre las puertas de la tierra de la nada, hablando del último control armado antes de mi marcha, y del joven soldado que se transformó en niño, pero cada vez que cierro mis ojos, la imagen del pequeños soldado desertor estalla, ese soldado que lanzó al suelo su arma para disculparse ante mí por una culpa que no lo abandonó en realidad,  que no es otra que el hecho de que la “señora” que tenía delante, era de la misma secta que sus oficiales en el ejército.

La primera puerta pasaba por el hospital paralelo a la frontera entre Siria y Turquía. Hay un piso especial para los sirios, que son atendidos tras los bombardeos en habitaciones contiguas, pero que tienen el mismo olor de los que están extendidos en las sábanas blancas, con los pies amputados, los brazos cortados y la mirada soñadora. Sus miembros vuelan nadando en el aire. Uno de los jóvenes me pidió que me contuviera mientras entrábamos en la habitación de dos niñas: Diana de cuatro años y Shima de once.

Diana, a la que se le había alojado una bala en la espina dorsal provocándole una parálisis de por vida, estaba tumbada, rendida, como un conejo blanco asustado. ¿Cómo no destrozó la bala su pequeño cuerpo tembloroso? Es un milagro. ¿En qué estaba pensando el francotirador cuando disparó su bala a la espalda de una niña que cruzaba la calle para comprar dulces para la ruptura del ayuno?

Las mujeres del municipio me dijeron después que el mismo francotirador había disparado a una mujer en su órgano reproductor, y que era el mismo que había matado a una niña de doce años el mismo día que yo me marché. Era también el francotirador que obligó a los jóvenes a que yo entrara por entre las casas para evitar pasar por las calles a las que se asoma.

Las puertas de las casas estaban abiertas para nosotros, saltábamos por las ventanas, después a las escaleras de la parte baja y finalmente entrábamos en el patio de otra casa, llevando nuestros zapatos en la mano mientras entrábamos en las casa de extraños. Saludamos a la anciana por cuya casa pasamos, mientras cruzábamos el salón. Ella nos devolvió el saludo desde su posición recostada, sin moverse. Estaba acostumbrada a que la gente del pueblo pasase por allí. Habían abierto sus puertas y habían hecho de sus casas calles para evitar a ese francotirador. La miré mientras saltaba por la ventana, me sentí algo aturdida, ni se inmutó con mi presencia y siguió mirando al techo, como si no nos viera a ninguno de los tres.

Junto a Diana estaba la cama de Shima, cuya pierna había sido amputada por un proyectil que la sorprendió junto a su familia cuando estaban sentados frente a su casa. Nueve de ellos, incluida su madre, murieron. Al lado de la cama estaba su tía. Shima miraba con ojos extraños en los que se veía una mezcla de ruego y enfado. Finalmente sonrió cando puse mis dedos en su frente. A su mano izquierda la había alcanzado un fragmento que la había roto. Tenía una venda blanca que llegaba hasta lo alto de su muslo. El vacío llenaba el lugar de la pierna amputada: los vacíos delimitan la forma del miembro que falta, somos defectuosos en la perfección. Somos la perfección de la defectuosidad. No hay palabras para esta pequeña niña de ojos que embrujan. Su otro pie también estaba herido, y había heridas en cada parte de su cuerpo.

Nada que decir más que mis dedos sobre su frente y una sonrisa sorda entre nosotras. Shima y Diana no eran las únicas en ese piso, en la habitación de al lado había un joven que esperaba que le amputaran la pierna tras destrozársela un proyectil. Se ríe con los ojos antes que con su rostro. También había otro joven que esperaba que su pierna se curara de un fragmento (que le había herido) para volver a Siria y luchar. Era un dirigente de grupo, pero su cara se parecía más a la de un modelo.

¿Qué problema tienen los proyectiles con los jóvenes y la belleza?

En el pasillo, todos los miembros de los sirios estaban abandonados por error en su tierra, les faltaba el vacío. Los jóvenes que están tumbados como mitades de cuerpos destrozados, miran por las ventanas del hotel, cercanas al olor del país. Allí, hacia ese país donde di el primer paso para entrar a la tierra de la nada y donde dentro de poco veremos al cielo encenderse con proyectiles sobre las cabezas de los municipios dormidos, y donde tomaremos nuestra primera cena con una de las brigadas. Allí, detrás de Taftanaz, allí donde miraré sorprendida a los rostros de los jóvenes mientras se ríen al pasar los proyectiles sobre nuestra cabezas.