Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
Mostrando entradas con la etiqueta Gaza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gaza. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de mayo de 2018

Siria y Palestina: la excepción, la eternidad y la masacre

Texto original: Al-Jumhuriya

Autores: Sadek Abed Al-Rahman y Yassin Swehat

Fecha: 15/05/2018

 Resultado de imagen de guernica


En el aniversario del establecimiento de Israel y de la Nakba de Palestina, se ha inaugurado, en la ciudad ocupada de Jerusalén, la embajada de EEUU en Israel, una escena que concentra siete años de continuas y recurrentes agresiones desde 1948, y que incluyen un incesante desprecio diario por la justicia, y la consagración de la excepción representada por Israel como portadora del “derecho” garantizado internacionalmente de allanar territorios y violar los pactos en cuya ratificación han participado quienes lo protegen.

El ejército de ocupación israelí ha reafirmado este mismo día que el derecho de Israel a matar palestinos sigue estando garantizado de facto, y no ha dudado en cometer atroces masacres en la periferia de la Franja de Gaza. Dichas acciones han dejado decenas de mártires y más de 2.500 heridos. Las víctimas de la matanza son las mismas víctimas del establecimiento de Israel, o sus hijos, o sus nietos. Quienes viven en la gran cárcel que es la Franja de Gaza no han nacido por sorpresa en esta cárcel, sino que viven en ella porque las grandes potencias que salieron victoriosas en la Segunda Guerra Mundial permitieron el establecimiento de Israel hace setenta años. Desde ese momento, no han hecho otra cosa que emitir resoluciones internacionales y garantizar que Israel pueda violarlas.

En cualquier caso, la legalidad internacional parece una estupidez, pues otorga a los palestinos el derecho de retorno mientras les prohíbe todo lo que obliga a Israel a respetar ese derecho. Incluso, permite a su ejército asesinarlos si intentan cruzar las fronteras hacia sus hogares a los que tienen el derecho de regresar.

Puede parecer que lo que los palestinos de Gaza hacen es inútil en lo que respecta a los resultados positivos tangibles y directos que puede obtener, y quizá vaya en beneficio, en cierta medida, de la hegemonía de Hamas en la Franja de Gaza, e incluso de Irán y el régimen de Asad. No bostante, el origen de la cuestión no está ahí, pues se trata de una aproximación éticamente estéril, porque más de cincuenta palestinos no han muerto en las marchas del 14 de mayo ni por Irán ni por Hamás, sino que han muerto porque están asediados por Israel y por la legalidad internacional que lo respalda. Es también una aproximación políticamente estéril, porque no es lógico que se exija a un pueblo que se rinda ante unas condiciones terribles, que no parece que vayan a mejorar, solo para evitar que su resistencia vaya en beneficio de otros. Pedir eso no solo no es racional políticamente, sino que es contrario a la política en sí misma.

En cualquier caso, no es cierto que lo que hicieron ayer los palestinos en la frontera de la Franja de Gaza sea inútil, porque si lo fuera, Israel no habría matado a cincuenta personas ni habría herido a más de dos mil, ni las autoridades ocupantes habrían tratado el tema con semejante nerviosismo. Mientras los palestinos viven hoy en Cisjordania donde se les expropian las tierras y sus activos a diario; mientras viven en los territorios del 48 sin ser ciudadanos de pleno derecho; mientras viven en Gaza asediados en condiciones deplorables; y mientras viven como refugiados carentes de derechos en el resto del mundo, cada año se suceden largas negociaciones políticas que no llevan a nada. ¿Qué otra cosa puede generar este tipo de situaciones, si no es la resistencia por todos los medios disponibles, y de qué otra forma pueden calificarse sino como acicate de la violencia y las incesantes guerras?

Avichay Adraee, el portavoz del ejército israelí, ha calificado las marchas de la Franja de Gaza de actos obscenos, algo que inevitablemente nos recuerda a las declaraciones del Ministro del Interior sirio en 2011, cuando dijo: “Qué vergüenza, chicos, esto es una manifestación”. La mayor parte de las expresiones de Adraee en un vídeo que retransmitió en Facebook [1] son prácticamente equivalentes a las del régimen sirio sobre las manifestaciones que salieron en su contra en 2011: saboteadores y terroristas que violaban la ley y enfrentaban a los civiles a la muerte, escondiéndose tras ellos. 

Es imposible obviar la similitud entre la situación de los palestinos y la de los oriundos de algunas regiones de Siria que se rebelaron contra el gobierno de Asad, pues la legalidad internacional es la que ha garantizado su asesinato durante cerca de siete años, y se ha comportado como la comadrona que supervisa el nacimiento de su tragedia. Un nacimiento en el que han participado todo tipo de violaciones de la legalidad internacional, desde los bombardeos indiscriminados sobre las zonas habitadas por civiles, hasta el desplazamiento forzoso, pasando por el asesinato bajo tortura y el asesinato colectivo con armas químicas. De su tragedia, ha formado parte también la explotación que han hecho países regionales y grandes potencias de su lucha, de una forma arribista muy corta de miras, así como la decadencia del liderazgo político y militar de dicha lucha, de la que, para muchos, debía culparse a la revolución de los sirios, antes incluso de culpar al régimen que los asesina.

El contexto regional e internacional empuja a situar la causa de los sirios y la causa de los palestinos en posiciones enfrentadas, y parece que las recientes incursiones israelíes sobre posiciones iraníes en Siria van en esa línea. De hecho, la justificación “pragmática” ha sido doble: por un lado, desde el eje del rechazo (al imperialismo y a Israel) se dice que “toda bala lanzada contra Israel es buena, aunque la dispare el Diablo mismo” para justificar el apoyo al régimen de la masacre en Siria, sin olvidar colocarse la kufiya [2]. Desde el eje de rechazo invertido, se dice que unir la cuestión siria a la palestina es una forma de nihilismo resultante de los “restos de la educación baazista” de la que aún no nos hemos “liberado”, o de cualquier otra apuesta culturalista.

Podemos hablar largo y tendido, y eso es generalmente lo que hacemos, sobre el papel activo que han jugado las organizaciones palestinas en su apoyo al régimen de la masacre, y sobre la falsedad e hipocresía del antiimperialismo internacional que no se avergüenza al utilizar el eslogan palestino, mientras apoya a asesinos como Bashar al-Asad. La crítica a este discurso debe continuar, pero lo que no puede suceder es que la oposición a ese antiimperialismo y la criminalización de su falsedad sean el punto de partida y focal del pensamiento sobre la cuestión palestina. Esto se debe a que el exceso de oposición, sobre todo si se mezcla con el sentimiento de decepción es la forma perfecta para convertirse en una versión invertida del otro; es decir, de producir el mismo comportamiento con otros colores. En Siria tenemos, en lo que respecta al comportamiento criminal de las facciones islamistas, un buen ejemplo de cómo se han generado “regimencillos asadianos” a partir de la enemistad radical hacia el régimen asadiano original.

En el mundo de hoy, extremadamente entremezclado e interconectado, no se puede hablar de cuestiones humanitarias alejadas entre sí que puedan ignorarse unas a otras. Si se habla de una cuestión que no solo está pegada a nosotros, y de cuyos detalles tenemos copias locales, sino que además está entrelazada con nuestras causas, geográfica y humanamente y en lo que respecta a los valores, ¿cómo vamos a imaginar un paradigma para la cuestión siria, sin una dimensión palestina clara en su estructura, o una cuestión palestina que pueda pedir a la cuestión siria que se calle, o que se aleje de ella, mucho o poco?

Palestinos y sirios son sacrificados hoy bajo la sombra de la eterna y permanente “excepción”, y no resulta sorprendente que Israel sea similar al régimen asadiano desde el punto de vista de su obsesión con la “eternidad”. La excepción se está recuperando gracias al extremadamente negativo contexto internacional, que nos asedia y nos impide ejercer nuestra humanidad, ser naturales; vivir nuestra vida política fuera del asedio de los conceptos de traición y nacionalismo, de conformación fascista; ser diversos, discrepar, dividirnos, negociar y reconciliarnos; en resumen: ¡ser humanos! Una excepción que no puede politizarse pragmáticamente, ni contra la que se puede ejercer ninguna resistencia local. Para empezar, ¿de qué sirve hablar de lo “local” entre Gaza y Yarmouk, o entre los campamentos sirios y los palestinos en Líbano y Jordania, y en la propia Siria?

Acabar con la ocupación excepcional de nuestras vidas y muertes, y no ser aniquilados… Ni es mucho, ni es un eslogan.

[1] Disponible aquí.
[2] Pañuelo tradicionalmente denominado “palestino”, generalmente blanco y negro.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Siria y Palestina: una única escuela, dos pueblos unidos



Texto original: Facebook 

Autor: Iyad Kallas
 
Fecha: 22/11/2012



 “Qasim”, el pequeño desplazado a una de las escuelas de Gaza, estaba tumbado sobre el borde de una plataforma, mirando la árida tierra sobre la que apoyaba su tripita en este día gris y frío.

Uno, dos, tres… Contaba las huellas de las sillas de estudio que cubrían el suelo de la clase antes de que lo cubrieran las “pisadas” de decenas de desplazados…

Comenzó a arrastrarse para contar los restos negros y oscuros que pudo, y después comenzó a preguntarse mientras se arrastraba si el número de sillas en la clase antes de que la gente se trasladara era mayor que el número de refugiados de cara pálida o no.

Las preguntas de Qasim y su incapacidad para superar una cuenta que implicara un número mayor que el de los dedos de una mano llevó a su pequeña imaginación a volar lejos, a un mundo que no comprenden más que los niños. El sueño rosado al despertar no se había borrado en sus ojos aún cuando esos ojos color aceituna encontraron una tiza azul del color que tiene el cielo cuando su pureza no la empañan los misiles.

Qasim agarró la tiza con amor mientras sus ojos brillaban. Se levantó como los luchadores y caminó hacia la pizarra verde, se subió a la plataforma y se puso a grabar con la tiza la frase: “Palestina libre” sobre el mural, gigante comparado con su manita. Esa frase que conocen los niños de Palestina, incluso los que tienen siete años como Qasem.

“F”[1], como en Fadwa, el nombre de la hermana de Jaled, que murió en 2009 tras el bombardeo de Gaza. Aún recuerda su imagen con su vestido de flores lleno de sangre.

“L”, como en “no” [2], la palabra más repetida por Abu Qasim, acostumbrado a mirar a Qasem  mientras habla a la televisión cada día y dice: “No nos rendiremos”, “no nos arrodillaremos”, “no nos engañarán”, “no dejaremos nuestra tierra”.

“S” como en la palabra “Siria”. “El vecino antes que la casa”[3], dijo para sí mismo.

“T”, como en “tambor” [4], el único juguete que Qasim recibió en la fiesta del Sacrifico este año, junto a sus deportivas blancas que, según dice, convierten a quien las lleva en el ser más rápido de toda Palestina.

“I” como en “Por favor, Señor” [5], el himno de esperanza que Umm Qasim suspira cada mañana antes de ponerse a amasar el pan con su mantilla morada que lleva en verano e invierno.

“N”… Qasim pensó por un instante, pero no encontró ninguna letra en su diccionario que empezara por “n”, así que decidió empezar por el final de las palabras para no rendirse, como le decía su padre: “No digas no sé”. Y entonces: “Ya sé: “N” como en “olivo” [6].

La tiza tenía un bulto que no dejaba escribir esa palabra sagrada, pero en cuanto dividió la palabra Palestina en dos, la tiza comenzó a bailar rápidamente con la melodía de la palabra “libre” cuyo color parecía brillar más.

En el momento en que Qasim terminó de escribir la expresión, la tiza se rompió y abrió un agujero en la pizarra, un agujero muy atractivo para la curiosidad de Qasim, de siete años y cubierto del polvo del suelo del aula y el pijama de Bob Esponja que habría traído a la escuela.

Qasim miró por la pequeña abertura para ver muchos niños en otra clase jugando y cantando “Soy sirio, qué suerte. Siria libre, libre. Bashar fuera, fuera”.

Qasim respiró hondo y uno de los niños al otro lado, lo oyó.

“¿Quién eres?”, dijo el niño.

“Soy Qasim, ¿y tú?” dijo Qasim.

“Me llamo Hamza” -dijo- “y tengo todos estos años”. Extendió su mano en la cara de Qasim.

“Tengo envidia. No tengo amigos con los que jugar y no voy al colegio”, se quejó Qasim con una voz tan triste que acongojaba.

“Yo tampoco voy ya al colegio, sino que vivo en él con toda mi familia y mis vecinos”.

“¿Por qué vivís en el colegio?”, preguntó Qasem olvidando y haciendo que olvidaba que él también vivía en un colegio.

“Porque tenemos una revolución y hay muchos misiles fuera”. “No podemos salir”.

“¿En serio? Nosotros también”. Qasim sonrió por su similar situación durante un instante a pesar de la tristeza de la realidad que acababa de verbalizar.

En esos momentos, la madre de Qasim comenzó a hablar de pactos, alto el fuego y otras cosas que Qasim no comprendió, para terminar con: “Venga, vamos a casa”.

“Pero, mamá, hay misiles en la calle”.

“No cariño, ya no”.

En ese momento se oyó  el sonido aterrador de un misil, que sonaba como si hubiera devorado el cielo durante el vuelo, pero Qasim se dio cuenta de que el ruido llegaba a través de la pared,  a través del pequeño agujero que lo separaba de sus amigos sirios.

Qasim hizo acopio de todas sus fuerzas e ideas y tejió una cuerda mágica con los colores del arco iris, todos los colores que habían visto sus ojos desde el momento en que nació y lo extendió a través del agujero.
“Hamza, trae a tus amigos, agarraos a la cuerda y venid conmigo. Aquí ya no hay guerra…”

Pero la madre de Qasim no prestó atención alguna a Qasim, ni al agujero, ni a la cuerda mágica, ni a Hamza, ni a los misiles al otro lado, y agarró a Qasim y se lo llevó a casa sin vacilar.

Las palabras se ahogaron en la garganta de Qasim y no supo qué decir más que la canción que había aprendido de su amigo sirio: “Siria libre, libre; Siria libre, libre”…

[1]Palestina, en árabe, se dice “Falastin”, pero las vocales cortas (las dos “aes”) no se escriben en árabe.
[2] En árabe, “la”
[3] Refrán árabe que enfatiza la importancia de rodearse bien de gente por encima del lugar donde se viva.
[4] Así se ha llamado a uno de los “voceros” del régimen sirio: Taleb Ibrahim, que ha pasado a ser “Tabl (Tambor) Ibrahim”.
[5] En árabe “Ia rabb”
[6] En árabe “Zaytun”.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Desde Alepo a Gaza



Texto original: Al-Quds al-Arabi 

Autor: Elías Khoury

Fecha: 19/11/2012



No sé cuál es la filosofía de los nombres que Israel pone a sus guerras. ¿Hay un aparato especial que se encarga de escogerlos o son meras coincidencias? Desde las “Uvas de la Ira” en Líbano a la “Columna de Nube” en Gaza (y muchos otros), parece que hay una constante insistencia en mezclar la imaginación frustrada con la delincuencia cruenta y que el Ejército de Defensa siempre intenta cubrir el crimen con literatura.

En la guerra de julio de 2006 los líderes israelíes olvidaron poner nombre a su guerra porque pensaron que sería un paseo de aviones sobre Líbano, pero se dieron cuenta del error en su guerra sobre Gaza en 2008-2009 y escogieron un nombre deficiente que nacía de una falta de imaginación. El “Plomo Fundido” fue un desastre político y ético para Israel, que hoy quema Gaza bajo el poético nombre de “Pilar Defensivo”, como si la nube, al convertirse en pilar, cubriese el fuego con el agua de las palabras.

Al margen del nombre que intenta tapar los hechos, Israel, cuando se acercan sus elecciones, ha entrado en una guerra más parecida a una encuesta con fuego sobre los cambios que lo rodean, para poner tempranos límites al efecto que las revoluciones árabes puedan ejercer sobre la lucha en Palestina. La simultaneidad entre la ignición del sur palestino en Gaza y la ignición en el norte de Siria indica que el destino del Oriente árabe está delimitado por el arco que dibuja el Bilad al-Sham mientras se libera de la dictadura en Siria, y se conforma al ritmo de los nuevos equilibrios de fuerzas cuyos primeros rasgos han comenzado a perfilarse en Egipto.

Es pronto para sacar conclusiones precipitadas, pero la primera lectura de la guerra de la “Columna de Nube” indica que ambas partes en la lucha intentan dibujar las reglas del juego de nuevo. Los israelíes quieren hacer comprender a los egipcios y al islam político emergente que las reglas fijadas en Camp David no pueden cambiarse. Hamás, y con él la corriente islámica, quiere imponer nuevas reglas, comenzando por el rechazo a la situación actual que supone la podredumbre de los palestinos y árabes, siguiendo por el rediseño de los rasgos de los equilibrios internos palestinos, terminando con la recuperación de Egipto de la capacidad de decisión sobre la guerra y la paz.

Partiendo de esto, la guerra de Gaza toma varios caminos: negociaciones desde el primer día que dirigen los egipcios, la sugerencia de una destrucción terrestre a la que podría recurrir Israel para llevar a la guerra a un punto cuyos resultados cree que Egipto con su actual liderazgo de los Hermanos Musulmanes no podría soportar. La importancia del actual enfrentamiento es que dibuja el futuro de la región, expresado en la llegada del Primer Ministro turco a Egipto, su anuncio de la importancia de la alianza turco-egipcia y su insistencia en la implicación turca que sigue estando poco clara y difusa.

La resistencia, por medio de su perseverancia y capacidad de rechazo, ha logrado imponer una nueva agenda capacitada para dar la vuelta al concepto del eje moderado acuñado en la etapa de Hosni Mubarak con su alianza con Arabia Saudí y que buscaba marginalizar la lucha árabe-israelí y cambiarla por la prioridad de la lucha contra Irán. Ello dio rienda suelta a Israel en Palestina y destrozó la capacidad del mundo árabe de decidir su destino. En la práctica provocó que la cuestión palestina quedara unida al llamado eje de rechazo y resistencia.

Sean cuales sean los resultados de la guerra, no salvará a Israel de su injerencia ocupante y descubrirá que el exceso de fuerza sionista no puede lograr una victoria contra un pueblo que ha decidido resistir.

¿Qué tiene que ver el norte sirio insurrecto contra la dictadura con lo que sucede en el sur de Palestina? Naturalmente hay una relación existencial entre la sangre palestina y la sangre siria, desde el campamento de Yarmuk a los campamentos de Gaza. Pero también hay algo más, pues que los sirios recuperen su libertad acabará con la posibilidad de que la calma en el Golán continúe, y que la liberación del mismo es parte de la lucha de los palestinos y los sirios contra la ocupación. Una vez más, descubrimos el acierto del argumento de la revolución palestina cuando comenzó en 1965, pues Palestina es la brújula árabe y la libertad de las sociedades árabes es el camino a Palestina.

No quiero hacerme ilusiones con que la nueva situación árabe ha quedado dibujada, pues el Oriente árabe aún se encuentra al comienzo del nuevo camino que comenzaron las revoluciones árabes y que está plagado de obstáculos, pero tampoco quiero disminuir la importancia de las señales que envían los enfrentamientos en Gaza hoy. Estas señales dicen que una nueva página de la lucha contra la ocupación es posible, una página que no tiene nada que ver con el tiempo oscuro resultante de las ilusiones de hacer pactos con el ocupante, que no se sacia con la sangre de sus víctimas. Los rasgos de esta nueva página no se perfilarán hasta la caída del régimen de la dictadura en Siria y el aferramiento de la revolución egipcia a la ecuación política equilibrada interiormente. Entonces, podrá conformarse un nuevo centro árabe que recupere el liderazgo y lo ponga donde debe, anunciando que el dicho mundo puede recuperar su capacidad de decisión.

El Bilad al-Sham es el escenario de esta guerra y en él se dibujan los rasgos de esta etapa. Los pueblos palestino y sirio son las víctimas y los héroes. En Gaza emerge la necesidad de un nuevo horizonte palestino que supere la ilusión que siguió a Oslo, la debilidad que llegó tras la derrota de la segunda Intifada y la destrucción resultado de la división palestina. En Siria se materializa el sentimiento de que la revolución debe tomar las riendas de su destino para acelerar la caída del régimen y reducir los efectos de la destrucción que ha dejado tras de sí el aparato asadiano de la muerte.

Ahora las cosas vuelven a su cauce, pues el ocupante se beneficia del dictador al que no le importa más que conservar su autoridad y el dictador se beneficia del ocupante para justificar su represión con las exigencias del enfrentamiento con el enemigo.

Dos máscaras que caen juntas en el sur y el norte. Los israelíes no han aprendido nada de sus guerras previas y se verán de nuevo incapaces de comprar la seguridad de su ocupación con sangre. Lo importante es que los palestinos sean conscientes de la nueva lección de Gaza, que tenga lugar el milagro de la unión cuya carencia se ha convertido en un escándalo político, y que Fatah se despierte de su letargo autoritario antes de que sea demasiado tarde. En cuanto al dictador, por mucho que mate y destruya se dirige hacia su caída, dejando tras de sí la memoria de la vergüenza y el crimen.