Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
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domingo, 1 de marzo de 2020

Rusia se enfrenta al mundo a través de los cuerpos de los sirios

Texto original: Al-Jumhuriya
Autor: Sadek Abed Alrahman
Fecha: 28/02/2020

No resulta sencillo explicar lo que está sucediendo entre Turquía y Rusia, puesto que ninguna de ellas ha publicado claramente el contenido de los acuerdos y entendimientos que habían alcanzado entre ellas y que parecen estar derrumbándose; sin embargo, lo que parece seguro es que Rusia está violando hoy los pactos que había ofrecido a Turquía, puesto que Ankara no habría forzado a sus soldados a adentrarse tanto en territorio sirio si no hubiera habido un pacto con Rusia que estipulara que el régimen y sus aliados no les iban a atacar. Y he aquí que la propia Rusia se ha involucrado directamente en la tarea de atacar a dichas fuerzas.
Resulta útil volver un poco la vista atrás hasta el primer ataque directo y claramente intencionado por parte de las fuerzas del régimen sirio contra las fuerzas turcas, a las afueras de Saraqeb el 3 de este mes de febrero de 2020 y que concluyó con el asesinato de cuatro soldados turcos cuando las fuerzas turcas estaban intentando afianzar sus posiciones en todas las carreteras que conducen al centro de la ciudad para evitar que las fuerzas del régimen entraran en ella. No obstante, en una de las carreteras transitables en la que las fuerzas turcas no se habían apostado aún, un camino secundario hacia Saraqeb a través del pueblo de Tronba, situado al oeste de la anterior, las fuerzas del régimen se adelantaron a las turcas lanzando un ataque que allanó el camino para entrar en la ciudad y que acabó con la vida de varios soldados turcos.
Volviendo aún más atrás en el tiempo, las fuerzas del régimen sirio estuvieron un tiempo dando vueltas alrededor de los puntos de vigilancia turcos que bloqueaban su camino, sin llegar a hacerles nada, y sin que las fuerzas turcas, por su parte, intentaran evitar el avance de las del régimen. El primer ejemplo lo tenemos en el punto de Morek, en la zona rural septentrional de Hama, y después en Al-Surman, Tell Touqan y Maar Hitat. Cuando las fuerzas del régimen se aproximaron a Saraqeb, las fuerzas turcas intentaron desplegar sus posiciones a lo largo del perímetro de la ciudad para dificultar la posibilidad de moverse alrededor de la misma; sin embargo, el ataque del régimen contra las fuerzas turcas cerca de Tronba fue más rápido. Dicho ataque no pudo perpetrarse sin acuerdo, o tal vez instrucciones rusas, algo que confirma la plena participación de este país junto al régimen en la batalla para tomar el control de Saraqeb.
¿Qué significa esto? Sin duda significa que Turquía iba en serio en sus intentos de evitar la entrada del régimen en Saraqeb, pero ¿por qué Saraqeb en concreto? No lo sabemos con seguridad, pero lo más probable es que el avance de las fuerzas del régimen con apoyo ruso y a tal velocidad sin precedentes estuviera fuera de los acuerdos turco-rusos, por lo que Turquía se vio en una posición bastante incómoda, frente a cerca de millón y medio de desplazados cerca de sus fronteras, la mayoría de los cuales viven al raso y cuyo número aumenta cada día, y también de frente a los intentos de que la presencia de sus fuerzas en Idleb careciera de significado o utilidad.
Las fuerzas turcas no lograron evitar que el régimen entrara en Saraqeb y las operaciones de las fuerzas de este último han continuado hacia el norte en dirección a la zona rural de Alepo. También han ejercido presión sobre el eje de Qmenas, que precede inmediatamente a la ciudad de Idleb al oeste. Todo ello da la impresión de que las fuerzas del régimen tienen la firme intención de continuar su guerra hasta tomar el control de la provincia de Idleb, en su totalidad o su mayor parte, lo que supondrá la aglomeración de millones de desplazados en la frontera turca, un desprecio hacia el ejército turco y su gobierno. Esto ha llevado a Turquía a adoptar una postura más firme, que se ha traducido en una serie de operaciones militares contra las fuerzas del régimen, que han concluido con la nueva toma de control por parte de las facciones opositoras de la ciudad de Saraqeb y a un aumento de su efectividad frente a las fuerzas del régimen y sus aliados. También han provocado una respuesta asadiana y rusa que se ha cobrado la vida de más soldados turcos.
Pero, ¿por qué Rusia se afana en apoyar al régimen en una gran operación como esta que ha provocado una crisis en sus relaciones con Turquía hasta el punto de llegar casi a una guerra total, así como una crisis humanitaria de enormes dimensiones, vergonzosa para Turquía y Occidente y que pone a las facciones contrarias al régimen en una posición de defensa directa de su existencia, lo que supone un feroz enfrentamiento en el que el régimen sufre ingentes pérdidas de vidas y medios, según confirman los avances de las batallas en los últimos días?
En Idleb no hay ninguna fuerza que pueda suponer una verdadera amenaza para el régimen o Rusia, y nada en el comportamiento de Turquía y las facciones sirias aliadas con ella indicaba que tuvieran la intención de lanzar ningún ataque contra el régimen. En lo que respecta a Hay’at Tahrir al-Sham ya no es más que un extremadamente andrajoso proyecto autoritario local, cuya máxima aspiración es que le dejen una pequeña zona en la que pueda gobernar durante un tiempo. Idleb tampoco tiene ninguna importancia estratégica, pues no tiene riquezas ocultas ni está en una zona central de Siria de forma que pueda hacer tambalearse el dominio del régimen y sus aliados. El hecho de que haya carreteras internacionales que pasan por ella es mucho menos importante económicamente que la gran cantidad de dinero que se pueda gastar en controlarlas mediante crueles y costosas guerras. Los pretextos declarados por Rusia de proteger a los ciudadanos sirios del terrorismo, son demasiado estúpidos para siquiera debatirlos y basta con responder con las imágenes de cientos de miles de desplazados que prefieren vivir sin techo que volver a vivir bajo el gobierno del régimen de Asad, donde reinan la intimidación diaria, el asesinato bajo tortura y las políticas de castigo colectivo.
Los países de todo el mundo han dejado a Rusia proteger al régimen sirio como ha querido, y Turquía en concreto ha colaborado con ella en la contención de las facciones opositoras hasta dejarlas sin capacidad de enfrentarse al régimen por sí solas. Entonces, ¿qué quiere Rusia?
Probablemente quiera dos cosas: que todos los enemigos del régimen en Siria se rindan y acepten la solución rusa al estilo de los pactos de Daraa, la zona rural de Damasco y la zona rural septentrional de Homs; y, en segundo lugar, que el mundo colabore con ella en el afianzamiento del régimen de Asad y su financiación mediante proyectos de reconstrucción y ayudas internacionales. Si no logra estos dos objetivos, parece que no hay posibilidad de que Rusia recoja los frutos políticos y económicos de su guerra en Siria.
Sin embargo, el dilema ruso-sirio yace en la dificultad de hacer realidad ambas aspiraciones, porque la primera supone que Siria se mantenga como país exportador de refugiados que huyen del infierno de la represión y la venganza que siguen a los pactos de reconciliación, como ya hemos visto en Daraa, la zona rural de Damasco y otros lugares. La segunda exige lo contrario: que Siria deje de ser un país exportador de refugiados porque Occidente no aceptará pagar para financiar el régimen sirio mientras este siga exportando refugiados al exterior del país.
Parece que la solución a la que ha llegado Rusia en colaboración con su pequeño aliado en Damasco es llevar el problema al límite y poner a los países de todo el mundo frente a la realidad de facto: no existe otra solución que aceptar volver a normalizar las relaciones con el régimen y financiarlo, y que, en contrapartida, no hay ninguna solución política mínimamente lógica por la cual los sirios vayan a dejar de abandonar su país a la primera oportunidad que se les presente, salvo que el régimen y sus aliados dejen de matarlos. Esa es la situación actual: Bashar al-Asad le dice al mundo que va a seguir matando sirios hasta que se le acepte como gobernante legítimo y la reconstrucción se financie exclusivamente a través de él, y para ello cuenta con el apoyo firme de Moscú, a cuyos líderes no les tiembla la mano. 
Tal vez nos encontremos en una situación sin precedentes en la historia: un régimen político que presiona a los países del mundo para lograr su reconocimiento mediante el permanente asesinato de su pueblo. El mensaje ruso-asadiano es el siguiente: debéis reconocer nuestra victoria política y económicamente y, si no, seguiremos construyendo el infierno en forma de ingentes matanzas, guerras de exilio forzado y oleadas de refugiados. Una vez tengamos vuestro reconocimiento, seguiremos construyendo un infierno distinto en el que mataremos lentamente a los sirios que se han rendido, mientras vosotros financiáis las fábricas de muerte y humillación que nos esforzamos en poner en pie.

martes, 8 de marzo de 2016

Siria y la voz de la libertad



Texto original: Al-Quds al-Arabi 

Autor: Elias Khoury

Fecha: 07/03/2016



No sé cómo leer las señales que vienen de Siria. Leamos; es decir, callémonos, escuchemos, y dejemos de dar lecciones.

Venid a ver cómo las calles recuperan su voz poco a poco, desde detrás del velo de la muerte para así entender que la cuestión es mucho más compleja de lo que suponen el régimen, Daesh, o las fuerzas regionales e internacionales, que creen que el dolor, la tristeza y la destrucción han transformado la idea de libertad en escombros, y han sacado al pueblo sirio de la ecuación.

Bastaba con un alto el fuego parcial para que la voz siria volviera a las calles, anunciando una sencilla y clara verdad, de que al pueblo sirio no se le humillará. Parece un milagro, pues en apenas un segundo que nos ha sorprendido a todos, la voz de Ibrahim Qashush ha vuelto a elevarse por encima de los escombros de las ciudades y municipios, y con él, ha vuelto a elevarse la voz de la lucha por la libertad por encima de la represión, la traición y falta de lealtad.

No quiero exagerar las cosas, pues tras la migración forzosa y la destrucción, volver a la inocencia del principio es casi imposible. El levantamiento popular sirio se ha enfrentado a lo que no podía enfrentarse por sí solo: al salvajismo y bestialidad del régimen, se han unido la indiferencia internacional y un “apoyo” regional que han convertido a Siria en un campo de batalla, y han tratado de abortar la revolución de su pueblo, y destruir el sueño democrático con modelos dictatoriales alternativos.

Las modestas manifestaciones que han tenido lugar tienen una simple y clara implicación, que no es otra que el hecho de que lo que ha sucedido en el Levante árabe desde los inicios de la “primavera árabe” no puede ignorarse o pasarse por alto. Hay un pequeño éxito en el hecho de que la gente se ha rebelado y ha aprendido el significado de expresarse y de que su voz sea escuchada. Por tanto, nadie podrá devolverla a la mansión de la obediencia.

La contrarrevolución ha tomado múltiples formas, desde el golpe en Egipto, a la destrucción de Siria, pasando por la locura de la petrocracia cruenta y fundamentalista, el proyecto expansionista iraní, la obsesión otomana y la vileza israelí y estadounidense. Así vive el pueblo sirio su larga noche. Los carniceros de las autoridades baazistas y los estúpidos de la “jurisprudencia de la sangre” se han turnado para someter a Siria a la humillación, han obligado a la gente a desplazarse, y han destruido las ciudades y pueblos. La noche solo la iluminan los barriles explosivos, los aviones de la muerte y las lanchas de los refugiados que huyen hacia el vientre de la ballena.

Tal vez la primavera árabe sea un invierno cruento, como algunos han escrito, pero su carácter sanguinario ha sido contra las personas, para derrotarlos y destruir la voluntad de vivir que hay en ellos. Los sirios han sido abandonados a su destino en manos de las bestias que campan a sus anchas por el país. Cada bestia se ha creído con derecho a la exclusividad de la víctima, y las bestias de esta convulsa etapa árabe se han unido al baile colectivo de la muerte, que terminará acabando con ellos.

Ha bastado con que las balas y los proyectiles se callaran para que se levantara de nuevo el grito de “El pueblo quiere derrocar al régimen”, y para que las pancartas de Kafranbel volvieran a ocupar su lugar en el mapa de la resistencia al dolor con paciencia, perseverancia e ironía.

Los rusos han llegado con sus aviones para apoyar a un régimen que se tambalea, creyendo que al ser ellos la última oleada de invasores en el Bilad al-Sham, son capaces de domesticar a un pueblo al que la muerte ha agotado. Sin embargo, al iniciarse el alto el fuego parcial, han descubierto que nada puede proteger a un régimen que ya no es más que una sombra de lo que fue. No sé qué concluirán los carniceros del régimen y los asesinos de las organizaciones de la “jurisprudencia de la sangre” de esta media tregua. Está claro que esto les ha dejado atónitos, porque esperaban un pueblo de fantasmas y bloques humanos a la deriva pidiendo ayuda. ¿Concluirán que la guerra en sí misma es su única forma de mantenerse? ¿No fueron acaso las décadas de dictadura de Hafez al-Asad guerras interminables contra todos los sectores del pueblo sirio?

El único foco de poder del régimen era el hecho de que había traído la “estabilidad” a Siria, y de pronto se descubre que esa pretendida estabilidad no era más que una cortina para tapar una guerra cruenta y feroz en las calles, casas y cárceles, que destrozaban los huesos de la misma forma que intentaban destrozar las voluntades. El levantamiento popular sirio ha sido entre otras cosas un intento de detener la guerra de exterminio contra el pueblo y acabar con el autoritarismo de la mafia y el pillaje, y la respuesta no ha sido otra que una guerra global contra la gente que se ha extendido rápidamente, convirtiendo a Siria en un territorio de destrucción.

Las manifestaciones que nos han devuelto algo de esperanza no son el final del camino, por desgracia. Si hubiera un final, el ejército sirio se habría cuidado de matar al pueblo, como hace todo ejército en el mundo, salvo en caso de que la lógica de la milicia se haya apoderado de la lógica del Estado. La situación discurre por un camino terrible que no sabemos cuándo ni cómo se va a estabilizar, pero el precio que paga la gente es insoportable, y el horizonte sigue cerrado.

No obstante, lo que Siria nos ha dicho en los últimos días es que la gente no será humillada aunque la humillación la asedie por todos lados, y que los que están interesados en los asuntos públicos deben dejar de malgastar palabras y dar lecciones. Ponerse de parte de los manifestantes, trabajar en los campos de refugiados y ayudar a los desplazados e identificarse con las lágrimas de un niño sirio, es más honroso que todo lo que se dice pretendiendo saber, cuando realmente no se sabe nada. Siria ha dicho desde detrás del velo de la tristeza que su libertad no morirá, y yo la creo.

jueves, 18 de febrero de 2016

La guerra contra el terrorismo como paradigma internacional



Texto original: Al-Hayat

Autor: Yassin al-Haj Saleh

Fecha: 16/02/2016


Lo más parecido a un foco de atención mundial tras los atentados del 11-S y en cierto modo desde el fin de la guerra fría es "la guerra contra el terrorismo". Y lo que plantea este artículo es que se trata de una cuestión altamente peligrosa, pues la situación en el mundo hoy va a continuar yendo de mal en peor, a no ser que se produzca un cambio rápidamente.

Para empezar, el mundo necesita un foco, un punto al que dirigirse, o que sea omnipresente en la actividad de las instituciones internacionales y las de las grandes potencias, con el surgimiento de una estructura mundial de pensamiento que ello conlleva. Algunos pensadores en Occidente han observado "el fin de las grandes narrativas" y el fin del "progreso" y la “modernidad". De sus análisis, cargados de etnocentrismo, brota un enorme sentimiento de impotencia. Las cosas siguen ese curso y el mundo (entiéndase Occidente) no da más de sí, y solo puede describirlo y observar los cambios, sin hacer nada. Como mucho,se puede denunciar la situación por medio de utopías aun cuando ya no queda utopía en la que todos estén de acuerdo en el mundo actual. Todo esto sucede mientras el mundo se vuelve más mundo que antes, debido a la caída de las barreras políticas e ideológicas que antes lo dividían, el avance irrevocable de un capitalismo sin competencia y la revolución de las comunicaciones.

En el vacío del proyecto mundial, se ha colado el proyecto de los internacionalistas más poderosos: "la guerra contra el terrorismo". Este proyecto se ha presentado desde el inicio de la guerra, sea cual sea esa guerra, como un proyecto para el mundo. La guerra significa violencia, asesinato y destrucción de recursos. También significa invertir en la industria armamentística y dedicar mucho dinero a ello. Significa, por otra parte, declarar la alarma y provocar la movilización por razones de odio, además de la producción de ideologías y doctrinas que justifican tanto la guerra y como el odio, dando preferencia siempre a los poderosos de la industria bélica y armamentística, y a los ricos y aquellos que controlan la información.

La guerra contra el terrorismo fue la prioridad estrella de la administración de Bush hijo, que provenía de una familia petrolera acaudalada. Su padre había sido presidente antes que él, y previamente, director de la CIA. Él mismo se rodeó de los máximos representantes neoconservadores, que creían firmemente en las virtudes de la violencia para hacer un mundo más seguro para los estadounidenses y para que el siglo XXI fuera su siglo. La guerra contra el terrorismo es también muy útil para Israel, armado hasta los dientes y apoyado de forma escandalosa a la par que rastrera por EEUU. La guerra permite a Israel abrir un paréntesis en la lucha palestina y despojar a los palestinos de su lucha, habiendo sido ya despojados de su patria ocupada. Desde que EEUU decidió inmiscuirse en la lucha siria hace aproximadamente año y medio, quedó patente que lo que hacía era insertar la cuestión siria en la guerra contra el terrorismo. Con ello, los revolucionarios sirios fueron despojados de su causa y, a cambio, se les dio una a los semejantes de Bashar al-Asad. "La guerra contra el terrorismo" conviene mucho al régimen de la dinastía asadiana cuyo imponente ministro de Asuntos Exteriores dijo hace unos días que un terrorista es "todo aquel que se levanta en armas contra el Estado". Esto le permite, igual que a Israel, convertir toda resistencia en una forma execrable de terrorismo, a fin de que las potencias internacionales se posicionen a su favor. La guerra contra el terrorismo es también muy conveniente para la Rusia de Putin, por ejemplo, porque permite echarle el guante a Siria. Así, hoy, "la pobre Siria parece un hueso entre los colmilos de un perro", tal y como dijo el gran poeta sirio que murió joven, Riad al-Salih al-Husayn [1]. Por último, la guerra contra el terrorismo es muy útil para los gobernantes de todos los países árabes sin excepción, porque les permite despojar a sus gobernados de armas y de política, y ponerlos bajo las órdenes de los poderosos que gobiernan. 

Se dice que Rifaat al-Asad, hermano de Hafez al-Asad y vicepresidente suyo en su momento, además de tío de Bashar y dirigente de las Brigadas de Defensa, la formación militar-securitaria responsable de las masacres de Tadmor en 1980 y Hama en 1982, dijo: "Di Palestina y erige las horcas". Parece una frase demasiado inteligente como para que la dijera Rifaat, pero una similar sirve como lema para la guerra contra el terrorismo: "Di terrorismo y prepara las horcas". O "Di terrorismo y ocupa países, inaugura cárceles como Guantánamo o Abu Guraib, o destruye países como Chechenia, Afganistán, Iraq, Gaza y Siria. Los islamistas tienen su propio equivalente: "Di islam y degüella a quien quieras" o "Di que Dios es grande y confisca todos los bienes públicos y privados que gustes".

"La guerra contra el terrorismo" es un asunto central en el Estado, que debido a que se encuentra luchando contra el terrorismo, no puede considerarse terrorista. Ni EEUU, ni la Rusia de Putin, ni Israel, ni los Asad han sido nunca fuerzas terroristas. Ello a pesar de que la última de ellas ha provocado una ingente crisis internacional que a día de hoy se ha cobrado la vida de 470.000 sirios según publicaba The Guardian hace unos días, y ha dejado un total de muertos, impedidos y heridos, que ronda los dos millones, lo que supone más del 11% de la población siria. Eso no es terrorista, porque los terroristas son aquellos que se resisten a su gobierno, y al hombre que tiene en su historial la destrucción de Grosny. Todo aquel que tiene un Estado no es terrorista, y de hecho conviene que sea nuestro aliado en la lucha contra el terrorismo, aunque sea un despreciable asesino como Bashar al-Asad.

La lucha contra el terrorismo como una cuestión internacional no implica que una cuestión claramente securitaria con la que deben tratar los cuerpos policiales se convierta en aquello a lo que aspiran las políticas de los estados y las corrientes de pensamiento, sino que es mil veces peor. Lo que permite es que los poderosos se erijan sobre los cuellos de los débiles, y que los poderosos y ricos ejerzan la autoridad en un mundo que nunca había visto tal concentración de riqueza y poder, ni tal falta de sentimientos por parte de los poderosos y ricos que gobiernan, ni tal salvajismo por su parte.

Pero si hemos aprendido qué es la guerra y cuál es su sistema, ¿qué es, pues, el terrorismo y quiénes son los terroristas? Lo cierto es que la autoridad conoce el terrorismo, y el terrorismo, por tanto, está en manos de quienes llevan a cabo la guerra contra el terrorismo, y quienes la escogen como punto de focalización global. El terrorista es quien yo, el poderoso y rico dueño del ‘Estado’, decido que representa una amenaza para mí. Toda revolución y toda oposición armada es terrorismo, según dicha lógica.

Los terroristas de hoy tienen dos características claras: la primera es que son débiles, pues en su mayoría no son estados. La tendencia general es considerar que todos los estados son algo bueno (esa ha sido la evolución de Bush hijo a Obama), y los no-estados son todos malos, siendo la resistencia al “Estado” lo peor de todo. En contrapartida, la guerra contra los terroristas es buena, pues da trabajo a la industria armamentística y sus empresas, y permite probar las nuevas armas y entrenar a las fuerzas armadas, sin ser una carga para los presupuestos, tal y como dijo el luchador contra el terrorismo, Putin, sobre su guerra del lado de los asadistas. La segunda característica de los terroristas es que a día de hoy, el 100% de ellos son musulmanes. Esta es una característica cada vez más acentuada que, o bien nos llevará a un sectarismo internacional que regresará a la Edad Media sobre las bases de la ultra-modernidad, o bien a una gran masacre contra los musulmanes. No es necesario que la masacre tome la forma de cámaras de gas en cuarteles de detención según el precedente nazi, pues nada impide que se trate de una masacre química (el primer ensayo fue la masacre de Bashar al-Asad en Al-Ghouta oriental en agosto de 2013) o nuclear (a la que Putin hizo referencia hace dos meses). La realidad es que probablemente veremos un primer capítulo de esta masacre en Siria donde las posibilidades de que Bashar al-Asad se mantenga como gobernante son cada vez mayores, aun cuando el número de sus víctimas llega al medio millón.

Los islamistas, y especialmente la corriente salafista yihadista, están verdaderamente preparados para el terrorismo, pues no diferencian entre lo civil y lo militar, lo que refuerza la debilidad de su sentimiento humano y social, y ha provocado un daño alarmante en Siria, Iraq y Afganistán. Sin embargo, la guerra contra el terror no es una guerra contra terroristas habituales, sino un enfrentamiento mundial para que los poderosos dominen e impongan su autoridad mundial sobre los pobres y débiles en todas partes. Si uno mira desde la perspectiva internacional, verá que esos terroristas apenas suponen un problema de seguridad, y que enfrentarse a ellos no debería haber sido principal objetivo en un mundo que insiste en alejar la paz y la política y que precisa continuamente de la guerra.

Queda decir que la guerra contra el terrorismo, como punto de referencia global es lo que explica el acuerdo estadounidense-ruso que sigue sorprendiendo a muchos. No es que los estadounidenses, que han inventado esa guerra, no sepan qué decir cuando Rusia se adentra en el escenario sirio bajo el amparo de su propia invención, sino que, más bien, ello obedece a cuestiones estructurales más profundas: el mundo de los poderosos y los estados contra los débiles desperdigados. La guerra contra el terrorismo es el terrorismo de los poderosos contra los combatientes desperdigados y desorganizados, más que la guerra de los poderosos contra los débiles.

El Estado de hoy es un terrorismo organizado, o bien, el monopolio del proyecto del terrorismo y la definición del mismo y de la legalidad. Se trata de un terrorismo organizado contra toda resistencia. Putin, Obama, Bashar y Netanyahu están muy próximos entre sí en este sentido, que es mucho más importante que cualquier otro, pues es el de la guerra interminable.

[1] Poeta sirio nacido en Daraa en 1954 que murió en circunstancias sospechosas en 1982.

sábado, 18 de julio de 2015

Y el caballero se bajó del caballo



Texto original: Al-Modon 

Autor: Lamis Farhat

Fecha: 10/07/2015


Hace cinco años, te celebré, y hoy, en el mismo mes, te lloro. La última vez que escribí sobre ti [1] dije que eras un caballero que decoraba el mundo de felicidad e iluminaba la oscuridad e injusticia de la vida con el brillo incesante de sus ojos [2]. Hoy, en cambio, te lloro, como un niño al que la crueldad de la vida no fue capaz de destruir y que, por tanto, fue llevado por el fantasma de la muerte.

Faris se bajó de su caballo y dejó sus rosas rojas. Desapareció de la calle Hamra en Beirut durante mucho tiempo, y la gente que solía verlo a diario pensó que se había trasladado a otra calle, o que quizá había decidió dejar el oficio y abrazar la niñez.

Pero Faris se había ido a Siria, y nadie lo supo hasta que murió allí.

Faris ha muerto. Quiso volver con sus amigos del barrio, y jugar con ellos, a fin de recuperar algo de su vida como un niño normal, pero no sabía que la muerte en Siria se había convertido en la vida cotidiana.

Lo conocí hace años, con su corte de pelo brillante y elegante, sus grandes ojos y su risa, cuya inocencia no había contaminado la vida en la calle. Su ropa siempre estaba decente y limpia, y siempre estiraba las mangas cuando el aire las descolocaba o el calor las arrugaba. “Mamá siempre dice que soy el chico más guapo del mundo”.

Es horrible hablar de un niño diciendo que “era”, pues en niño siempre “es” y no se recupera del pasado. Pero un avión de metal, de ojos malvados y corazón oxidado, decidió eliminar su existencia… Así, con total impudencia.

Los niños mueren a diario en Siria, a manos de diversos fantasmas de la muerte. Ya no importa para qué diablo trabajan, porque el resultado es el mismo. Nos entristece y nos retorcemos de dolor por su inocencia cada día, pero cuando la pérdida se mezcla con el conocimiento de la persona, es más cruel. Le ponemos cara a la muerte, y ojos, y sonrisa, y una voz que cantaba: “¿Quieres una flor, guapa?”

Cinco años que comenzaron cuando me ofreciste una flor roja y no quise pagarla. Entonces sacudiste tus hombros y me dijiste con una bondad y una timidez a las que no estaba acostumbrada: “Da igual, te la quiero dar”.  Te abracé, te di las gracias y nos hicimos amigos. Celebré nuestra amistad con una pequeña historia en la que te nombré caballero de todo lo que amo en el mundo, y hoy te lloro en despedida, sin poder creerlo.

¿Por qué no levantaste tu rosa roja frente al avión, Faris, por qué? Quizá su corazón de hierro habría sentido los latidos de tu pequeño corazón y te habría librado de la muerte.

¿Por qué te fuiste a Siria? ¿No sabías que se había convertido en la tierra de la muerte y que los niños en ella no tienen ya casas? No estoy enfadada contigo, perdóname, pero el dolor es insoportable. Viviste una vida corta que no supera siquiera el estúpido espacio de tiempo entre dos artículos. Ojalá te hubieras quedado… Ojalá te hubieras quedado en Hamra o en Hassake, y no te hubiera visto el malvado piloto.

En mi interior se acumulan miles de preguntas: ¿Qué pasó antes de que te marcharas? Estos pequeños instantes, ¿tuviste miedo? ¿Tembló tu corazoncito? ¿Te dolió mucho? ¿Te fuiste con miedo, Faris, o solo, o cómo?

Cuéntame qué pasó, no hagas  que tu ausencia sea más larga que tu vida. Intenta volver en algún sueño y abrázame si puedes.

Esperaré a verte de nuevo, y que me cuentes que el brillo sigue en tus ojos, y que has logrado tu sueño de aprender a leer. Y hasta que nos encontremos, reparte rosas en Hamra a todos los niños que se fueron antes que tú.

[1] Artículo original en árabe aquí.
[2] Faris significa “caballero”.