Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
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sábado, 2 de febrero de 2019

Cartas a Samira (12)


Texto original: Al-Jumhuriya
Autor: Yassin Al-Haj Saleh
Fecha: 02/02/2019

El único día que celebro desde tu desaparición es el día de tu cumpleaños. Lo paso solo, contigo.
Llevo pensando desde unas semanas antes de tu cumpleaños, Sammur, que siempre nos ha unido el amor por la experiencia, la voluntad de caer en la experiencia, arriesgarnos y vivir nuevos comienzos. Los principios siempre son difíciles, y las experiencias pueden ser catastróficas. Tú y yo lo sabemos.
En los ochenta del siglo pasado, te hiciste comunista y te uniste a una organización opositora, a sabiendas de que podían detenerte y torturarte, y cuando eso sucedió, gritaste en la calle para que la gente se percatara de lo que estaba sucediendo a su alrededor y de lo que les podía suceder a ellos. Te hicieron callar y mandaron dentro a los curiosos que habían salido a mirar lo que sucedía desde sus balcones. La organización secreta especial con monopolio sobre las armas llamada “Estado” quería que todo les fuera visible, que los gobernados fueran libros abiertos, en los que no hubiera secretos ni privacidad. El espionaje y la tortura eran sus métodos para lograrlo.
Al igual que tú, quizá unos pocos años antes, me hice comunista, y me uní a otra organización opositora. También me detuvo la organización secreta, que se afanó en hacer de mí un libro abierto, mientras que ella permanecía bien sellada, sin revelarnos su contenido. ¿Recuerdas lo que dijo Rifaat al-Asad [1] sobre la necesidad del “mantener en secreto la razón securitaria” en la conferencia del partido Baaz de 1979 y la propuesta que hizo de que sus agentes vivieran en zonas privadas para que la gente común no supiera cómo pensaban? Unos años después, Rifaat perdió la batalla por el poder contra su hermano, pero el tratamiento que se le dio a dicho conflicto fue “familiar y local”: ni detenciones, ni torturas, ni asesinatos, y el perdedor disfruta del dinero robado a los sirios hoy en la democrática… Europa. Ahora bien, el “carácter secreto de la razón securitaria” y la vida de los altos cargos del aparato de seguridad del régimen en mundos a los que no se envía al común de los sirios ni donde se les pide rendir cuenta alguna se han mantenido como una norma intacta hasta hoy día.
Nos hicimos comunistas en un momento en que el comunismo significaba cambiar la realidad, cambiar el mundo y, junto a ello y ante todo, cambiar uno mismo. No pudimos cambiar la realidad de nuestro país, pero nosotros sí cambiamos y deseamos cambiar, como si quisiéramos ver ese cambio en el mundo, según la máxima de Ghandi. Al salir de la cárcel ya no éramos las mismas personas. Aceptamos que la cárcel era una parte integral de nuestra vida, como queríamos que lo fuera la libertad.
Unos años después de la cárcel, comenzaste una nueva experiencia. Te trasladaste a Damasco y viviste de forma independiente. Yo también hice lo propio unos años después de salir de la cárcel. Habías decidido trasladarte a otra ciudad y dar origen a un nuevo comienzo, algo que seguía siendo mucho más difícil en nuestro país para una mujer que para un hombre. Sin embargo, tomaste tu decisión y la llevaste a cabo, una acción muy valiente. La ex presa política quería ser libre en el ámbito personal, si la liberación general no se podía lograr. El ex preso político no necesitaba una valentía especial para hacer exactamente lo mismo en nuestro país.
En el año 2000, nuestros caminos se cruzaron en Damasco: dos ex presos, independientes, residentes en la capital que apenas habían conocido antes de la cárcel, y que vivían de su trabajo, tú de mecanografiar textos en el ordenador, que empezaba a llegar en aquel entonces, y yo de la escritura y la traducción.
Nuestro matrimonio, con nuestros diferentes orígenes y tempranos inicios, fue también un acto de libertad, y de valentía, más por tu parte que por la mía. Este nuevo inicio fue la continuación de lo anterior, de la lucha, la cárcel y la vida independiente. Teníamos dos historias que, en septiembre de 2002, se transformaron en una.
El cuarto inicio y la cuarta experiencia llegaron con la revolución. Me escondí para decir y escribir lo que consideraba correcto, y tú quisiste que nuestra casa se mantuviera abierta en la medida de lo posible. Tú hiciste de una casa alquilada un hogar, y para ti, salir de ahí era equivalente a salir del país. Lo dijiste en tu libro Diario del asedio a Duma 2013 [2]. Entonces no era consciente de ello, Sammur. Solo hoy comprendo que preservar la casa era tu forma de aferrarte a nuestro espacio común, nuestro puerto seguro al que volver tras una larga ausencia, pero siempre temporal. Tu forma de expresarlo en el libro recuerda a las grandes experiencias de desarraigo y éxodo forzado, Sammur, pero esas experiencias se ríen de la amargura de tu expresión: nos esperaba algo más duro y amargo.
Cuando salí de Damasco hacia Al-Ghuta oriental y fueron pasando los días, quisiste vivir la experiencia y unirte a ella. Lo deseabas tanto que en tu libro me “agradecías” por “haberte traído a ese lugar”, y ello después de que yo me hubiera marchado a otro lugar. Ojalá, Sammur, por una sola vez, no hubieras venido y no me lo hubieras agradecido. Ojalá, por una vez, yo hubiera insistido en que no vinieras, aunque hubiera tenido que cargar con tu enfado durante un tiempo.
En nuestras experiencias de vida, de más de medio siglo antes de tu desaparición, se habían mezclado el peligro y el cambio, el enfrentarse al miedo sin la seguridad de que nos salvaríamos, y la salida del enfrentamiento totalmente cambiados. Tú y yo somos hijos de las experiencias que nos han creado y formado, y yo no podía decidir por ti en ese momento crucial, ni escoger para ti unas experiencias más seguras. Ojalá lo hubiera hecho.
Tu capacidad de aceptar las experiencias que venían siempre hizo más fácil vivir con las dificultades. A pesar de la dureza de las descripciones de tu libro, la aceptación supera al dolor, el dolor de lo que veías a tu alrededor y que tú misma padecías. No negabas el sufrimiento, pero tus palabras se centraban más en la observación.
Te esforzaste en transformar las experiencias en palabras, y las convertiste en sentimientos y vida. Las representaste en tu forma de ser, y yo las representé en mis acciones. Te curtiste en distinguir entre personas, Sammur, y tu juicio en ese sentido era mucho más certero que el de tu marido, poco precavido. Ambos tenemos en mente más de un ejemplo. Por mi parte, me dediqué a saber cómo distinguir entre ideas, entre lo real y lo falso, entre lo que abre puertas a otras  realidades y lo que simplemente da vueltas alrededor de sí mismo. Lo que nos acercaba en este sentido es que queríamos distinguir y decantarnos por algo: diferenciar entre lo que vive y lo que muere, y ponernos de parte de la vida.
Tu política era la empatía, la implicación y la expresión del dolor de quienes lo padecían. Tus palabras en el Diario están impregnadas de esa política de implicación. No pusiste tu propio dolor por encima del de otros, y llegaste a la conclusión, clara y simple, de que el asedio que compartías con la gente de Duma era mucho más duro que la cárcel que ya habías experimentado como presa, y en la propia Duma. Mi política era la de decir la verdad sobre las autoridades a la gente. Alteraba a propósito alguna expresión recurrente en inglés sobre la necesidad de decir la verdad al poder o frente a él, y la encontrabas prácticamente igual en los libros de muchos otros. Nadie se dirigía al poder en ningún caso, aunque el discurso fuera desafiante, ni aunque se entendiera el poder en un sentido amplio que englobara a los poderosos, dueños de la influencia económica, social y religiosa, pero también la simbólica, como es el caso de artistas, pensadores y literatos. El poder era tal vez el objeto del discurso, pero este se dirigía a la gente en su diversidad, aquellos afectados por las acciones de quienes detentan la autoridad, y quienes pueden ser partícipes en acciones o palabras que lo cambien.
Tras tu desaparición a manos de una autoridad religiosa que roba mucho, mata mucho y miente mucho, como su homóloga asadiana, he adoptado una nueva política que lleva tu nombre y de la que eres el símbolo. En este sentido, tengo un recuerdo poco feliz, Sammur. En abril de 2016, solo unos días antes de nuestra supuesta cita, me llegó una invitación de un miembro de la Coalición Nacional a un “taller de evaluación de la trayectoria de la revolución a lo largo de sus cinco años” en Estambul. En ese momento, me encontraba en esa ciudad, pero era otra Estambul. Respondí a la invitación diciendo que no me interesaban ni la Coalición ni su gente, y que “mi política se llama Samira Khalil”. No me contestó, ni tampoco expresó solidaridad alguna, como no se le ocurrió decir, por ejemplo, que podría asistir al taller de evaluación para hablar de “mi política”.
Evito constantemente contarte cosas de esta experiencia vital incompleta, pero cuánto deseo que llegue el día en que estés a mi lado, para hablar de muchas “experiencias vitales”, como solíamos hacer, aunque fuera solo durante unos minutos, cuando alguno de los dos llegaba de algún recado o de un viaje.
Hoy tienes una historia terrible de una experiencia terrible y larga, cuya carga no consiguen aliviar nuestras experiencias pasadas. Lo que estás viviendo tú, lo cuentas tú y lo contamos juntos.
Todas nuestras experiencias la lucha, la cárcel, la independencia y el amor, y después esta larga ausencia muda─ son dimensiones de las dolorosas experiencias del país cuyo trágico origen no fuimos capaces de ver en su formación, historia, ambiente y mundo, o bien lo vimos y no lo creímos. Tu ausencia está unida al coma del país y a las catástrofes que han afectado a innumerables personas.
Hoy, lejos de mí, no puedo cuidarte; y yo, lejos del país en llamas, que nos han dejado claro que se está quemando para que el pirómano perdure, intento ser quien cuente la historia interminable de Samira/Siria.
Esa es mi política.
Esa es mi lucha.
A pesar de la fragilidad de los instrumentos, el antiguo luchador sigue luchando, buscando nuevas formas de mantenerse en la batalla, en muchas batallas.
Hemos vivido una vida de lucha, Sammur, y nos marcharemos de ella combatiendo.
En el día de tu cumpleaños, ¡estate bien!
[1] Hermano de Hafez al-Asad y tío de Bashar al-Asad.
[2] Disponible en castellano gracias a Ediciones del Oriente y del Mediterráneo. Para más información, puede consultarse esta página.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Comunicado de la revista “Nos levantamos por la libertad”




Fecha: 08/03/2017

La revista طلعنا عالحرية lleva trabajando en la zona de Damasco prácticamente desde el inicio de la revolución, gracias a la incansable labor de activistas civiles con sede en la zona de Al-Ghouta. Ayer, 8 de marzo de 2017, su sede fue cerrada y la revista denunciada por orden de la Fiscalía General de Duma -organismo establecido por el poder fáctico en la zona, el Ejército del Islam-, debido a que en su revista se había publicado un artículo en la sección de colaboraciones externas “con expresiones humillantes contra la divinidad”. Al margen del contenido del artículo, arrogándose el derecho de representar a dicha divinidad, dicha Fiscalía ordenaba el cierre no solo de la sede de esta revista, sino de las sedes de organizaciones relacionadas como ella (según su criterio), como entre otras, Los Guardianes del Niño (حراس الطفل), encargados de proteger la infancia en la zona, y el Centro de Documentación de Violaciones, puesto en marcha años atrás por Razan Zaituneh, secuestrada junto con Samira Khalil[1], Wael Hammada y Nazem Hamadi por desconocidos, a pesar de que todos los indicios apuntan al Ejército del Islam. Ante esta situación, los responsables de edición de la revista emitieron el siguiente comunicado. 



Consejo editorial de Nos levantamos por la libertad

A la luz de los recientes acontecimientos posteriores a las protestas por la publicación del artículo “Papá, cógeme” [2] de Shawkat Garazaldin en el número 86 de la revista Salimos por la libertad, la dirección de la revista ha decidido paralizar su actividad dentro de Siria y no continuar con la distribución en papel hasta que el tribunal decida sobre la cuestión.

Aunque la revista ha expresado sus disculpas por este error accidental, después de eliminar el artículo -que solo expresa la opinión de su autor- de todas sus páginas, y de detener la distribución en papel del número que lo contenía, la revista reitera su respeto absoluto a las creencias de todo el mundo y al derecho de las personas de manifestarse y protestar, pues lo consideran parte de los valores que defiende y por los que trabaja.

En este contexto, la revista insiste en que es una institución independiente que no está ligada a ninguna otra institución de las que han sido incluidas en la orden emitida por la Fiscalía hoy en la zona de Al-Ghouta oriental.

Estas organizaciones (la red de Los Guardianes del Niño, el Centro de Documentación de Violaciones, la Organización El día después y los Comités de Coordinación Local) ofrecen importantes servicios sociales a un amplio sector de los sirios de Al-Ghouta, y realizan actividades imprescindibles en el contexto actual de la guerra que el régimen está librando contra la zona, con sus consecuencias económicas y sociales. No es correcto sancionarlas por un error que no han cometido y en el que no tienen potestad alguna. Además, dichas instituciones en su conjunto están en contra del contenido del artículo y consideran que está en total contradicción con sus valores y principios.

Reafirmamos nuestra conformidad con las decisiones de la Fiscalía y con el juicio pendiente y reiteramos nuestro respeto por los sentimientos de los que se han sentido ofendidos por el contenido del artículo. En este sentido, exigimos a la Hisba[3] y al poder judicial que se centren en el artículo como un asunto que concierne exclusivamente a la revista y emitan un fallo en base a ello. También exigimos a los organismos de seguridad y del poder judicial de la ciudad de Duma que asuman su responsabilidad de preservar la seguridad de los trabajadores de la revista y las instituciones anteriormente mencionadas.

[1] En el Diario del asedio a Duma 2013, publicado por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, se pueden leer las notas que Samira Khalil escribía desde Al-Ghouta antes de su secuestro.
[2] Este fue el grito viral del niño Abdo Taan al-Sattuf tras un bombardeo en la región de Idleb que le arrancó las piernas. Desde el suelo, llamaba a su padre, que, conmocionado, no podía cogerlo.
[3] Cuerpo encargado de asegurarse del que se cumple la aplicación del principio: “Ordenar lo correcto y condenar lo reprobable”.

jueves, 29 de diciembre de 2016

2013: El año de los viles y el punto de inflexión



Texto original: Al-Hayat 

Autor: Yassin al-Haj Saleh

Fecha: 27/12/2016

  "2011, 2012, 2013, 2014, 2015, 2016, y aún queremos libertad"
(Revolucionarios de Alepo, 4 de marzo de 2016)

Escribir sobre un año ya pasado con motivo del final de un año posterior requiere algún tipo de justificación; justificación que intenta proporcionar este artículo que, todo ha de decirse, se centra en Siria y, en cierto modo, en mi persona.

He escogido de los muchos sucesos que presenció ese año de inflexión una serie de hechos a los que nuestro presente está indisolublemente unido. El primero de ellos es el anuncio de la intervención del Hezbollah libanés en Siria, que ya llevaba un tiempo realizando intervenciones menos evidentes. La intervención militar de este partido dependiente de la autoridad del jurisconsulto (velayat-e faqih) en Qom (Irán), por orden iraní, comenzó en Al-Qusair, que limita con la frontera libanesa. En aquel momento, Hassan Nasrallah dijo que sus milicias habían intervenido en Siria cuando los opositores estaban a punto de anunciar su victoria en Damasco, algo que habría sido posible, en mi opinión, a finales de 2012 y principios de 2013; sin embargo, EEUU intervino para evitarlo por medio de sus seguidores regionales, los “Amigos de Siria”. La intervención del partido chií, que no encontró oposición alguna de sus enemigos declarados, llegó en ese preciso contexto. No es habitual en el sistema de Oriente Medio que pase nada a espaldas de los grandes actores regionales e internacionales, como Israel, que no ha dejado de atacar Siria de vez en cuando, siendo el objetivo de sus ataques en todo momento las fuerzas del partido divino.

Tras la intervención, llegó la expansión por Siria en favor del proyecto iraní y se pasó de argumentos defensivos como los utilizados en las Cruzadas (por ejemplo, la protección de “los santuarios de la familia del Profeta (por la línea de su hija Fátima)”), a la adopción literal del pretexto estadounidense durante la invasión de Afganistán e Iraq: los atacamos en su territorio para que no nos ataquen a nosotros en el nuestro. Antes bien, la pretensión estadounidense tenía algo más de credibilidad tras el atentado del 11 de septiembre de 2001.

En realidad, la intervención se enmarca en la aspiración iraní de expandir su dominio en la región árabe, instrumentalizando a suníes y chiíes como memorias inflamadas, fuentes simbólicas e ideologías justificativas. La gestión de este nuevo conflicto no presenta un reto para los estadounidenses y su socio israelí, pues sigue el esquema de la doble contención en la que se basó la Administración estadounidense durante la guerra irano-iraquí. 

El segundo hecho es el ascenso de Daesh, o el fruto del vientre fértil de Al-Qaeda: un ente aún más monstruoso que el Estado Islámico de Iraq, y su líder Abu Musab al-Zarqawi, que degollaba a sus víctimas con sus propias manos. Tras nueve meses de vida, Daesh tomó el control absoluto de Raqqa y otras zonas de Siria, y unos meses después, tomó el control de Mosul en Iraq. Mientras eso sucedía, logró dominar en gran medida a las sociedades locales y los recursos en las zonas que controlaba, mostrando una capacidad asombrosa de puesta en escena en sus asesinatos. Daesh no tiene futuro político, pero su mera aparición en nuestro tiempo plantea duros interrogantes sobre la transformación de la bondad general de los musulmanes en fuerzas de mal, violencia y odio, y sobre la abrupta transformación de la autoridad del Mas Allá derrotado en un Demonio, como ha sucedido en la historia de todas las religiones y las creencias.

Su ascenso también plantea interrogantes a los musulmanes y sus sociedades, sobre su capacidad para enfrentarse a las fuentes del mal que habitan en ellas, e invita a la introspección. Daesh puede ser la forma más extrema del islamismo contemporáneo, en cuyo seno se atrofian otras formas, que delegan la respuesta a la dura pregunta que se les hace en la respuesta a este fenómeno al completo. Pero Daesh también puede ser un punto de ruptura y división incurable de nuestras sociedades. Solo una revolución en la religión puede ser la respuesta a Daesh.

No hay una conexión causal entre la intervención armada chií, dependiente del jurisconsulto iraní, y la aparición y ascenso de Daesh, pero lo que indican ambos sucesos simultáneos es la desviación de la lucha por el cambio en Siria y el fin de la retórica de la eternidad [1], hacia un conflicto suní-chií extremadamente retrógrado y sumamente costoso, que parece que durará mucho tiempo.

El tercer suceso fue el golpe de Al-Sisi en Egipto aprovechando las poderosas protestas populares contra el gobierno de los Hermanos Musulmanes. Los intentos de “hermanización” del Estado habían provocado un sentimiento de humillación entre muchos egipcios, y estimulado el aumento de puntos de resistencia. Lo cierto es que hay un elemento patriótico en la resistencia a la islamización en Egipto (y otros países) que no parece que los islamistas puedan adoptar: nuestros países, y especialmente Egipto, son menos islámicos de lo que piensan, y más “nacionalistas” y terrenales. No obstante, se ha aprovechado la resistencia nacional al universalismo islámico en beneficio de un golpe que ha impuesto un gobierno militar, y que se ha autorizado a sí mismo, sin ponerse límite alguno, a enfrentarse a la sociedad egipcia y no solo a los islamistas. El capítulo de la revolución quedó rápidamente cerrado, con una amplia connivencia de parte de la clase media egipcia, presa del pánico; sin embargo, el nuevo gobierno no ha podido establecer relación con ninguna causa general egipcia, o ayudar a resolver cualquiera de sus problemas sociales y económicos. El gobierno de Al-Sisi ha causado una verdadera derrota a los Hermanos y se ha afanado en poner fin al capítulo de la revolución y su recuerdo. En el nivel regional, el golpe supuso un cambio cualitativo en favor de la contrarrevolución, algo muy conveniente para el poder asadiano en Siria.

El cuarto suceso es la matanza con armas químicas en la zona de Al-Ghouta en Damasco, y el vergonzoso acuerdo que la sucedió. Es difícil encontrar algún suceso más vil en la historia del sistema internacional contemporáneo. Tras el asesinato de 1.466 seres humanos en una hora y tras haber traspasado la línea roja de Obama, él mismo se afanó en rehabilitar al asesino internacionalmente para que continuara asesinando por otros medios. Fue Israel quien inspiró el acuerdo apañado entre EEUU y Rusia, como bien es sabido, algo que sirve de recordatorio, para quien lo haya olvidado, de que tenemos una fuente caudalosa de maldad que se ha dedicado durante toda su historia a acabar con nuestra vida y asolarla, y que ha servido de modelo de destrucción y genocidio a los espectadores regionales, entre los que destaca el Estado de los Asad.

El gran milagro que han logrado las políticas del acuerdo químico ha sido que las mismas armas químicas estuvieran entre las otras armas que los químicos del mundo permitieron usar al químico local. El portavoz del acuerdo dijo: el Estado de los Asad ha entregado sus armas químicas prohibidas internacionalmente, y nosotros, “el mundo”, no podemos hacer nada, a cambio de este compromiso, si utiliza contra quienes se han rebelado en su contra otro tipo de armas, incluidas las armas químicas prohibidas que le hemos arrebatado. Tras despojarlo de sus armas químicas, el Estado asadiano ha utilizado de hecho armas químicas en decenas de ocasiones, pero en puntos que no avergüencen a los Obamistas y sin cruzar el umbral que sonroje sus mejillas (o sus líneas).

Una década antes de la matanza asadiana con armas químicas, se ocupó y destruyó un país con el pretexto de unas armas químicas inexistentes. Una década después, se renueva el mandato de una mafia sobre sus gobernados a pesar de haber usado armas químicas en su contra. “Oriente Medio” es un mundo que gobiernan dioses de humor cambiante.

2013 fue también el año en que se terminó de mutilar la revolución democrática siria por parte de los diversos tipos de islamistas que han completado el trabajo del Estado asadiano en ese sentido. Daesh en Raqqa y Deir Ezzor y algunas zonas de Alepo; el Frente de Al-Nusra en zonas de Alepo e Idleb; y el Ejército del Islam en Al-Ghouta oriental. El suceso más representativo de todo esto es el secuestro de Samira Khalil, Razan Zaitouneh, Wael Hammada y Nazem Hamadi la noche del 9 de diciembre de 2013, a manos de la formación salafista llamada “Ejército del islam” en Duma, en Al-Ghouta oriental, una zona que había sido testigo de la matanza química. Samira y Razan la habían presenciado. Ese mismo año, y en relación con lo anterior, fue el año de la destrucción de las coordinadoras locales, las nuevas y novedosas formas de trabajo revolucionario, que reunían la actividad de protesta, la política y la humanitaria, entre las que destacaban los Comités de Coordinación Local.

Antes de 2013 y durante casi dos años, se hablaba de revolución y guerra civil en Siria. Nuestra guerra civil terminó, pero no comenzó, en Al-Qusair en la primavera de 2013, donde se inauguró en el ámbito sirio la era de los guerreros religiosos del odio, suníes y chiíes. Desde la intervención estadounidense en septiembre de 2014, y la rusa un año después, el tiempo de los guerreros de la religión se insertó en el tiempo de los nuevos controladores imperialistas.

El denominador común de los cinco sucesos es la flagrante mezquindad de todos ellos: la participación del partido dependiente de Irán en el asesinato de los sirios que habían recibido y apoyado a sus refugiados en el enfrentamiento a Israel en todo momento; la flagrante mezquindad de la violencia de Daesh y su modelo social y político -mezcla de la criminalidad del colonialismo, de una organización terrorista y de un sistema totalitario-; la vileza del golpe de Al-Sisi contra la revolución de los egipcios y el cierre de dicho capítulo; la excepcional vileza del acuerdo químico y de los socios ruso y estadounidense; y por último, la mezquindad de los grupos salafistas que son la continuación de la destrucción por parte del Estado asadiano de la lucha democrática de los sirios.

2013 fue el año de inflexión. 

[1] Se refiere a la pretensión de los Asad de ser líderes eternos.

martes, 20 de agosto de 2013

Pensamientos al margen de la sangre



Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Elías Khoury

Fecha: 19/08/2013

 

Se acabó el tiempo de la inocencia… Durante la guerra civil libanesa descubrimos que la revolución no es bella, y que el romanticismo de las fotografías del Che Guevara y los sueños del mayo del 68 se convierten, al chocar con la realidad, en pesadillas. La revolución no es un sueño, sino una pesadilla por la que hay que pasar.

Este determinismo del que sigo convencido me confunde, pero más me confunde la forma en que la revolución estalla en la gente y se vuelve en un momento histórico concreto en una opción ineludible. “No perderemos más que nuestras cadenas”, según Karl Marx. Y es cierto, pero ¿quién garantiza que no cambiaremos unas cadenas por otras? 

Pero antes de llegar al resultado -cuestión problemática y complicada-, está la propia senda revolucionaria, llena de sangre, decepciones, errores y sueños frustrados. Las revoluciones árabes han presentado una realidad en la que muchos no pensaban: la gente no hacen revoluciones, sino que se ven metidos en ellas. Es decir, que las revoluciones se parecen a fenómenos naturales como terremotos y volcanes, y no tenemos más opción que interactuar con y meternos en ellos, y dar con las ideas adecuadas para que pasen en el menor tiempo posible, y volver a lo que llamamos la vida normal. Nosotros no hacemos revoluciones porque las revoluciones nos levantan y nos crean.

Las revoluciones árabes que estallaron debido a la represión y la humillación se han encontrado sin liderazgo ni ideas y eso es lo que ha atraído a algunos a apoderarse de ellas y ponerlas a su servicio, desde los regímenes del Golfo a los islamistas takfiríes pasando por los Hermanos y los ejércitos. Y eso es lo que ha permitido a un régimen salvaje como el de Bashar al-Asad seguir destruyendo Siria, resguardándose en una alianza regional basada en el temor de que el Golfo fuera engullido por las revoluciones y que ha apoyado al régimen dictatorial en el marco de las luchas por el liderazgo de la región.

La revolución tal y como la vivimos ahora es triste y deprimente, y ha perdido su brillo romántico. Ello nos pone ante dos opciones: lavarnos las manos ensangrentadas con sangre y pretender ser inocentes, o seguir defendiendo los valores humanos y la necesidad de proteger a la sociedad del desplome y enfrentarnos al despotismo y las dictaduras del islam político como podamos, con palabras y/o hechos.

Se acabó el tiempo de la inocencia.

En Siria el Padre Paolo es secuestrado, y la gente de Raqqa se levanta contra el despotismo de Al-Qaeda y sus semejantes. Y en El Cairo, los Hermanos han decidido, en defensa de su autoridad, convertir Egipto en un baño de sangre.

Se acabó la inocencia, pues la lucha contra la dictadura de Asad el carnicero es una lucha contra toda dictadura y la defensa de los Derechos Humanos ha de comenzar por la defensa, en primer lugar, de la vida del Ser Humano y su dignidad.

Paradojas del destino, los revolucionarios que permanecen en la memoria son las víctimas y no los vencedores: la Comuna de París, no la Bolchevique, Mayakovski y no Gorki, Guevara y no Castro, Rosa Luxemburgo y no Stalin. A Arafat le salvó morir envenenado por Israel y a Abdel Nasser morir intentando reconstruir su ejército derrotado.

14 de agosto, en Aita

Aita ocupa un lugar especial en la memoria libanesa, allí comenzó la guerra de julio de 2006 y allí se dibujó la resistencia del pueblo libanés contra la destrucción israelí de la línea de libertad por medio de la sangre de las víctimas. Tras la retirada del monstruo israelí, fui a Aita el día en que se anunció el alto el fuego en medio de un río humano interminable que regresaba al sur del Líbano.

Allí, mi corazón se encogió ante las casas destruidas, y vi cómo los combatientes de Hezbollah creaban su leyenda de resistencia y defendían la vida con su muerte. Este año, el 14 de agosto Nasrallah nos llevó con él a Aita y le escuchamos a través de la pantalla de televisión. Me pregunté ingenua e inocentemente por qué una facción resistente libanesa ha de ir a luchar para defender al régimen dictatorial en Siria. ¿Por qué una resistencia que por primera vez en la historia de la lucha árabe-israelí impuso una retirada sin condiciones a Israel ha de participar en la guerra del régimen sirio contra su pueblo?

Es una pregunta ingenua que pertenece al tiempo de la inocencia que se va perdiendo entre la sangre que corre en el Levante árabe. Es una pregunta que nos lleva al lodo de las políticas de identidad que han pasado de ser políticas sectarias reducidas a Líbano a ser una política general en el Levante Árabe. El punto débil de la resistencia islámica en Líbano es su punto fuerte. Su debilidad es su identidad religiosa en un país multiconfesional, que la hace presa de dicha identidad, y por tanto pierde la capacidad de dirigirse a todos. Pero esta debilidad es, en contrapartida, la fuente de su fuerza, por dos razones: la primera es que ofrece un material ideológico que viene a cerrar el vacío de la caída de las ideologías nacionalistas y de izquierda, la segunda es el establecimiento de una alianza firme con Irán, que lo provee de armas, dinero y entrenamiento.

Este complejo compuesto de fuerza y debilidad lo convierte en parte de la lucha de identidades en la Siria histórica e Iraq, y traslada su principal contradicción de una contradicción con Israel a una interna en el corazón de Siria. ¿Podemos pedir inocentemente a Hezbollah que abandone Siria? Lo más probable es que ya no podamos. Fue posible, al menos en un principio, en el tiempo de la inocencia que ha quedado hecha trizas.

¿Existió en algún momento la inocencia?

Hago una elegía a la inocencia como si algún día hubiera existido, algo que no está confirmado, y lo más probable es que se trate más de una suposición literaria o cultural, nada más. Cuando me encontré con exiliados iraníes en Berlín el año pasado, recordé las verdades que la escoba de la historia había borrado, y vi imágenes de miles de detenidos y detenidas de izquierdas que fueron ejecutados entre vítores de revolución.

No, la inocencia no existió nunca, y eso es lo que revela la decadencia de los medios árabes, que han llegado a su nadir, por lo que hoy ya no hay medios, sino armas que luchan en medio de mares de sangre en el Levante Árabe. ¿Fueron libres alguna vez los medios árabes que nos sorprendieron por su libertad? ¿Cómo el libre se convierte en esclavo y vocero?

Lloramos a la inocencia para protegernos a nosotros mismos de la brutalidad de la historia e intentamos regresar a un tiempo ideal para no reconocer que nuestro idealismo fue un engaño. Esto no significa que debamos retirarnos del lodo de la historia, sino simplemente que hemos de ser conscientes de que nuestra defensa de los valores no puede ser inocente, sino que debe estar ligada a una visión política y social. Si no, su inocencia será ingenua y su defensa de los valores una humillación.