Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
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miércoles, 19 de marzo de 2014

Entrevista a Sadeq Jalal al-Azm


Texto original: Al-Modon 
Autora: Dima Wannus

Fecha:  13/03/2014

Han pasado tres años en Siria, tres años que no se cuentan en meses, sino en las almas que se han ido de 100.000 cuerpos o más: 1095 días y la muerte sigue. Y con ella, las detenciones y los bombardeos y la revolución también. Lo que ha sucedido y sucede en Siria no tiene precedentes ni en la historia oficial ni la relatada en libros de la literatura universal. Los analistas y observadores hablan de la gran desdicha del pueblo sirio después de que la política haya sido incapaz de analizar las razones de la permanencia del régimen asesino y del continuo asesinato de “su” pueblo ante la mirada de todos.
Sobre esos tres años y sobre el futuro de la revolución siria, Al-Modon ha entrevistado al pensador sirio Sadeq Jalal al-Azm. 
Tres años después, ¿cómo podemos describir mejor lo que sucede en Siria? ¿Es un levantamiento, una guerra civil, una lucha regional y mundial? 
Lo que hoy está sucediendo en Siria no es una guerra civil, especialmente cuando lo comparamos con la vecina guerra civil libanesa y la cercana guerra civil iraquí. En Líbano, las sectas que conforman la sociedad libanesa fueron movilizadas para entrar en una guerra feroz entre ellas (especialmente drusos y maronitas) sin que las autoridades tuvieran potestad alguna y quedando el Estado al margen. En Iraq, no había Estado o autoridad después de que la invasión estadounidense terminara, y por tanto, los componentes suní y chií entraron en una verdadera guerra civil entre ellos.
Hoy en Siria, no hay sectas movilizadas militarmente unas contra otras o preparadas para entrar en un conflicto armado, excepto la espina dorsal de las autoridades, el Estado y el aparato de seguridad -o sea la secta alauí- por un lado, y por otro la columna vertebral de la revolución: la mayoría popular suní. La lucha regional e internacional está presente sin duda, pero no puede identificar lo que sucede en Siria con ello. Al contrario, el estallido de la revolución en Siria es lo que ha provocado las luchas internacionales y regionales que se basan en ella. Es algo normal que ya vimos en otras zonas candentes del mundo y tendentes a la crisis.
Lo que sucede en Siria es un levantamiento, una intifada, que en muchos de sus rasgos y en su trayectoria se parece a las guerras de liberación populares de larga duración contra el poder opresor y brutal que la mayoría de los habitantes ya no podía soportar.
Lo que sucede en Siria es también una revolución porque el objetivo es acabar con el antiguo régimen que se tambalea y que ya no es sostenible. Las revoluciones de la época moderna siempre pretendían derrocar el antiguo régimen para instaurar uno nuevo que se desarrollara desde el interior del útero de la misma revolución del que no se pueden anticipar sus características. 
¿Advierte una dimensión sectaria en lo que sucede en Siria, por parte del régimen, de la oposición y de sectores del pueblo? ¿Ve una dimensión sectaria en la postura adoptada por los intelectuales sirios en los últimos tres años? ¿El intelectual sirio ha ido por delante o por detrás del pueblo? 
No hay duda de que existen varias dimensiones sectarias de lo que sucede en Siria hoy a pesar de los muchos intentos de negarlo u ocultarlo por diversos motivos. Todas las reuniones, conferencias y discusiones en las que he participado en estos años huían premeditadamente del reconocimiento claro de las dimensiones sectarias de la lucha en el país, como si mencionarlo lo aumentara y no mencionarlo lo evitara. En reuniones privadas o momentos de sinceridad, además de encuentros cerrados de intelectuales, la dimensión sectaria es la que domina el análisis, la discusión y los conceptos.
Es mejor para la revolución que se conciencie ella sola y que sea sincera consigo misma públicamente sobre lo que se dice a puerta cerrada. La revolución levantó la tapa del puchero (como decimos en dialecto) y aparecieron las divisiones sociales y la podredumbre sectaria que el régimen había dejado tras medio siglo. La lucha no puede concluir sin la total caída del alauismo político, del mismo modo que la guerra en Líbano no podía terminar sin la caída del maronismo político (no los maronitas) en el país. Reconozco que no esperaba que el régimen aguantara todo este tiempo, pero mi miedo principal era por el levantamiento en sí y su capacidad de resistir tanto y seguir enfrentándose a la represión cruenta y destructora cuya brutalidad y nihilismo ya conoce todo el mundo. No olvido en este sentido que el régimen militar securitario pensaba que no podrían pararlo y que era eterno. Mira lo que ha hecho la revolución con él y sus pretensiones a pesar de los sacrificios.

Hay quien dice que a pesar del dolor, el sufrimiento, la muerte y la emigración forzosa, los sirios son afortunados porque la solución en Siria será radical y no superficial como en otros países. 
La suerte de siria sería mucho mejor si el régimen hubiera renunciado a un poco de su prepotencia y su arrogancia para abrir un diálogo con la primavera de Damasco en vez de asfixiarla. No acepto de ningún modo que se diga que aquello a lo que ha llegado Siria sea afortunado aunque se justifique con la idea de una solución radical en nuestro país, al contrario de las soluciones superficiales en otros países. En estas circunstancias, no tiene sentido hablar de la fortuna, ni del horóscopo, ni de nada parecido. 
¿Dónde quedan los intelectuales en todo esto? ¿Juega un papel en la formación de un pensamiento equilibrado, adelantado o en cambio la iniciativa está en manos de los militares? 
En las situaciones de crisis, enfrentamiento y revolución, ¿por qué siempre se pregunta por el papel de los intelectuales y no el del resto de los sectores sociales, clases e individuos? El intelectual, como el resto, se alinea, es reticente, teme, se envalentona, reacciona, lucha y adopta la postura adecuada y realiza la acción conveniente para apoyar a la revolución (también puede no hacerlo), pero no dirige la revolución. Como dice mi mujer, Imán, si el intelectual intentara realizar dicha labor de liderazgo no caminaría junto a él ni le seguiría ni una sola persona porque la gente no necesariamente es aficionada a la cultura. 
¿Qué solución ve para Siria en años? ¿En qué espacio de tiempo y cuáles son sus características políticas y sociales? 
La revolución necesita ayuda exterior para deshacerse del régimen. Esto no tiene nada de sorprendente porque los movimientos de liberación nacional popular siempre han tenido amigos que les ayudaban. Esa es la experiencia del siglo XX. En Siria puede darse o no darse: es difícil pronosticar. Es imposible que la familia Asad gobierne Siria ya, así que no sirven de nada ni a los iraníes, ni a los rusos, ni a nadie. Puede que se produzca una intervención exterior una vez que el país esté totalmente agotado o más destrozado si cabe, lo que reduciría los costes. Israel es un escollo real contra la intervención exterior, y por ello se produjo el pacto en torno a las armas químicas y EEUU se retractó de su decisión de intervención en Siria. 
¿Le preocupa ISIS? 
ISIS me da miedo y hay que deshacerse de él. Para mí se trata de una extensión del régimen, y creo que se irá con él. Es una creación del régimen a partir de los islamistas que liberaron, los criminales y los mercenarios. Con ello no se puede negar la presencia de extranjeros atraídos por la yihad, que hace de ISIS el enemigo útil del régimen. Se ha beneficiado de él sin combatirlo. Se ha limitado hasta ahora a cazar a los activistas y los opositores, así que no ha hecho más que combatir a los enemigos del régimen.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Siria: ¿cultura o dilema ético?

Texto original: Al-Quds al-Arabi


Autor: Elías Khoury

Fecha: 16/10/2012


En un encuentro con un grupo de amigos sirios en Beirut, surgió la cuestión de la postura de los intelectuales árabes frente a la revolución siria. Comenzamos hablando de las posturas dudosas de los intelectuales y artistas libaneses y llegamos al punto de buscar justificaciones “intelectuales” y políticas para apoyar al régimen dictatorial asadiano, para terminar con una pregunta general sobre la postura ética de los intelectuales árabes ante el sufrimiento del pueblo sirio.

La pregunta no es en absoluto sencilla, y es un gran error discutirla bajo el prisma de la coyuntura que llevó al pueblo sirio a tomar las armas para enfrentarse al aparato militar y securitario del régimen. La pregunta ya surgió en los primeros días de la revolución, que se caracterizó por su naturaleza pacífica y heroica sin parangón. El pueblo desarmado se enfrentó durante largos meses a las balas y la muerte con pechos desnudos y gargantas que gritaban por la libertad. Con todo y con eso, y ante las imágenes de los zapatos y botas de los soldados  y los shabbiha que pisaban los cuerpos de los detenidos y sus rostros, hubo gritos de duda y crítica.

Con el inicio de la revolución, el poeta Adonis ofreció la primera excusa al rechazar que las manifestaciones salieran de las mezquitas. Cierto es que esta postura suya abrió la veda a las dudas, pero no puede atribuírsele el fenómeno, pues este pertenece al bagaje político y cultural bien implantado en una estructura “izquierdista” general que no conserva de su antiguo discurso de izquierdas más que la bandera del antiimperialismo, de la que ha hecho una percha de la que cuelga su caudal político y su apego voluntario a la dictadura.

Estamos ante un dilema intelectual y no ante fenómenos individuales de los cuales algunos aún llevan cierto porcentaje de inocencia, como la postura del poeta Sa’di Yusuf, y otras que muestran una preocupación nerviosa que causa lástima. Sin embargo, todas se reúnen en su apoyo al régimen dictatorial porque consideran las revoluciones árabes una conspiración estadounidense para lograr la hegemonía en la zona. Así, y con una lógica simplificada y vacía de raciocinio, EEUU se volvió contra sus aliados Hosni Mubarak y Zain El Abidin Ben Ali y su maleable amigo Muammar Gadafi para llegar finalmente a la fortaleza de la resistencia, representada por el gobierno de la familia Asad en Siria.

Es una lógica extraña, pero se basa en un abanico de ideas que sirvió de base a los carniceros serbios y de apoyo al genocidio checheno, además de provocar el llanto por la caída de las dictaduras en Europa del Este porque los que la siguen, continúan siendo presos de la mentalidad de la guerra fría, cuando no se trataba con los pueblos y con los Estados más que como figuras sobre un tablero de ajedrez internacional.

El entrecruce entre el discurso de los de la izquierda que siente nostalgia por el tiempo de la guerra fría (partidos del llamado Frente Nacional Progresista en Siria, que incluye dos partidos comunistas, además del ministro sirio Qadri Jamil, que financia un canal “de izquierdas” cuya dirección ha encomendado al Secretario General del Partido Comunista Libanés) y entre el discurso de Hezbollah ha supuesto un shock. Esta situación se ha visto empeorada con el ímpetu de algunos escritores y periodistas libaneses neoliberales que trabajan en los medios de comunicación petroleros en su defensa del levantamiento del pueblo sirio con un discurso retrógrado que lleva las semillas del odio al movimiento nacional árabe y a sus posturas contrarias al dominio imperialista y la ocupación israelí.

Esta es la compleja situación cultural que ha permitido al pensamiento justificativo encontrar cada día nuevas justificaciones para el salvajismo del régimen, centrándose en el miedo del asenso del islam político que destaca, al menos en la realidad siria, en los canales por satélite del Golfo mucho más que sobre el terreno.

Esto, que parece como si fuera la expresión de opciones políticas distintas, expresa en mi opinión una estructura cultural que encuentra sus raíces en lo que puede llamarse “superioridad cultural”; es decir, mirar las cosas entendiendo la cultura como autoridad. Y dicha estructura es en la que participan la izquierda tradicional y la derecha, porque vienen de una única raíz, la superioridad cultural y la elevación por encima de los detalles, llegando a resultados sin tener en cuenta los factores iniciales.

No voy a discutir suposiciones políticas ni entrar en una disputa sobre el papel colonial de Rusia, que no se diferencia en nada de ningún otro papel colonial, ni sobre la diferencia entre los fundamentalistas chiíes y los suníes, que se parecen más de lo que muchos piensan, sino que quiero discutir las posturas desde un prisma ético. ¿Es lógico equiparar a Ibrahim Qashoush, cuya garganta fue cortada para enmudecer su voz, con su asesino? ¿Puede los ojos quedarse totalmente ciegos ante las escenas de tortura, asesinato y ensañamiento con los cadáveres? La respuesta es que quien se negó a ver las imágenes de destrucción en Siria, se negaba a ver la realidad detallada sobre la que sacar sus conclusiones, y nos metió en el juego de las naciones, justificando los crímenes del asesino en nombre de una lucha internacional y regional que no significa nada para la gente de Daraa que se levantaron por su dignidad vejada.

El problema de las revoluciones árabes con este tipo de intelectuales es que vinieron por sorpresa y no tienen las características de las revoluciones a las que estaban acostumbrados o sobre las que habían leído en los libros. Son revoluciones que expresan la explosión de la sociedad contra la dictadura, pues la gente se despojó y liberó de la represión, la humillación, el empobrecimiento y el saqueo y salió a las calles para romper el miedo y ocupar la historia. Lo que se esperaba según la lógica era que la epidemia de la ruptura del muro del miedo se extendiera a los intelectuales, que no eran conocidos precisamente por su valentía, pero en vez de eso, amplios sectores de ellos se vieron asaltados por el terror, porque se habían acostumbrado a tenerle miedo al poder y se arrodillaron. Hoy tienen miedo de la gente porque nunca han intentado conocerla ni que les conozca.

La cuestión no es solo la traición de algunos intelectuales, sino el ambiente de traición general que golpea el muro con los sentimientos de la gente, su enfado y sus levantamientos porque no reconoce los detalles y piensa que la represión es una cuestión meramente pseudo-cultural, relacionada con la prohibición de libros por aquí y películas por allá.

El considerarse superior a la realidad es la traición que ha otorgado la indulgencia a los asesinos bajo el pretexto del antiimperialismo y la resistencia a la dominación occidental. Antes de tratar la política, debemos buscar las raíces de la política y si la política es el arte de dirigir la relación entre la sociedad y el poder, debemos preguntar por qué se rebeló la sociedad y de qué tipo es este poder que convirtió el país en una cárcel. Después viene el tratamiento de las políticas internacionales y regionales.

Ojalá la revolución siria se caracterice por trazar la línea divisoria entre la cultura de la dictadura y la cultura de la libertad, pues a pesar de las muchas dificultades, especialmente en la etapa de la resistencia armada, esta revolución da a la cultura árabe una lección de ética y pone de manifiesto la falsedad del conocimiento global, que ha terminado convertido en un papagayo que repite las mismas palabras y se identifica con los asesinos.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Sobre las oposiciones sirias

Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Elías Khoury

Fecha: 10/09/2012


Apenas había sugerido Laurent Fabius, el ministro de Exteriores francés, la idea de conformar un gobierno de transición en Siria, cuando comenzó el bullicio de las televisiones en el espacio lleno de palabras e imágenes, y se descubrió la amarga realidad que viven las élites políticas y culturales sirias en el exterior. 

¡Comenzaron a formarse y disolverse gobiernos y todos se convirtieron en ministros de gobiernos ilusorios que nacieron muertos! La escena era tristemente irrisoria. Lo gracioso era la ingenuidad de algunos miembros de las élites de la oposición del exterior, pues muchos pensaron que la mera aparición en las pantallas de televisión convertía a las personas en líderes. Lo triste es que se compare entre esta ligereza y el salvajismo del aparato de represión asadiano que reduce la civilización siria a escombros, y que se compare también con la resistencia épica del pueblo sirio contra la muerte, insistente en su petición de derechos.

Esta comparación puede hundir sus raíces en las cuatro décadas de dictadura del poder asadiano, que sacó a la sociedad de la política, y de la destrucción sistemática de los partidos, los sindicatos y las asociaciones, fundando una “eternidad asadiana” en el espacio político sin parangón, excepto en el caso de Corea del Norte. Así, el Baaz pudo convertir el idealismo, el sufismo y la ingenuidad de Michel Aflaq en un aparato despótico mameluquizado (en relación con los mamelucos), que reprimía a las sociedad, convirtiendo el régimen político en el Estado, y el Estado en una mafia.

Esta realidad explica parcialmente el asunto, pero no exime a las élites de la oposición siria de su responsabilidad moral. Pues quien dice dirigir tiene grandes responsabilidades morales y políticas a las que debe enfrentarse con una mezcla de valentía y sabiduría. Dieciséis meses después del estallido de la revolución siria, y tras las procesiones interminables de víctimas, nadie tiene perdón.

Ya es hora de que se materialice un liderazgo que comprenda el significado de la labor común y que esté dispuesto a sacrificarse, que sea capaz de consolidar unos horizontes políticos que saquen a la política de este túnel vergonzoso, que hiere los corazones y hace dudar a las mentes.

Esta claro que la llamada oposición exterior ha empezado a quedarse al margen de la cuestión y su influencia ha comenzado a desvanecerse. Casi seguro, no podremos encontrar datos sobre lo que sucede en Alepo si se los pedimos al Consejo Nacional Sirio, el Comité de Coordinación Nacional, el Foro Democrático, la Junta Directiva, los líderes del Ejército Sirio Libre en Turquía y un infinito etcétera de nombres y apodos. Si queremos saber lo que sucede en Alepo y los derroteros por los que avanza el enfrentamiento, debemos recurrir a las redes sociales y las páginas de los comités en Facebook. Lo más probable es que los líderes del exterior saquen sus datos de las mismas fuentes de las que los sacan los observadores. ¿Qué significa liderazgo en una situación así?

Lo que ha hecho Manaf Tlass es un indicador de este tipo de líderes. La deserción del  general hijo del coronel y el hermano del millonario ha provocado un precedente periodístico iniciado por el canal Al-Arabiya: desde el discurso, pasando por la peregrinación menor hasta el agradecimiento al rey saudí. Es decir, estamos ante quien espera al exterior y se encomienda a él. Naturalmente, el resto de líderes de la oposición no se han comportado con esta rudeza, pero sus estúpidas diferencias y su faccionalismo los ha convertido en un instrumento inútil  que espera que la Liga Árabe o Catar los unan bajo unos denominadores comunes en vez de unirse.

Pero lo que hace temer por el futuro de la revolución siria no es la situación de la oposición exterior, sino la división y desmembramiento que pueden resultar de los comportamientos de algunos sectores del Ejército Sirio Libre y algunos grupos armados que anuncian verbalmente su anexión a este ejército. A pesar de las heroicidades y la gran resistencia de las que hacen gala las unidades de este ejército, y de su capacidad, contando con armas tan modestas, de liberar zonas amplias de Siria, las prácticas erróneas de las que es testigo Siria dan la voz de alarma ante el peligro. Debe encontrarse un mecanismo para ponerle freno inmediato antes de que vaya a más y provoque huecos que el régimen securitario sirio pueda explotar. Esta claro que la revolución siria está hoy ante un nuevo punto de inflexión para materializar a sus líderes y es casi seguro que este liderazgo se está creando hoy entre los jóvenes de la revolución en sus comités que se enfrentan al aparato ciego de la muerte, y entre los dirigentes sobre el terreno del Ejército Sirio Libre, que aún no tiene la capacidad de conformar su estructura de liderazgo. El desafío hoy es la completa coordinación y la construcción de un liderazgo unido entre ambas formaciones, para que la revolución encuentre sus líderes y dibuje sus objetivos y sus tácticas políticas, de lucha y militares. ¿Es eso posible?
No sé, tal vez estábamos ante un camino revolucionario largo y complicado, pues el retorno de la política a la sociedad tras liberarse de la dictadura es un proceso histórico que puede llevar su tiempo, y que tendrá un precio muy alto, pues la recuperación del norte político es parte del proceso de reconstrucción cultural, social y de pensamiento, y ello es resultado de un registro ético nuevo, esencia de cualquier nueva construcción.

En este punto me hacen detenerme dos fenómenos luminosos en los que deseo detenerme, porque ambos ofrecen un modelo ético y político nuevo. El primero se llama Riad al-Turk. Este gran líder democrático que se enfrentó a la cárcel y la represión con perseverancia y fe en que el pueblo sirio sería capaz al final de derrumbar el reino del silencio, esta hoy en Siria, luchando con los luchadores, escondiéndose de los ojos de los hombres de los servicios de seguridad, para estar con los jóvenes de la revolución en su difícil y peligrosa labor diaria. Lo que llama la atención es que Al-Turk ha ofrecido un modelo diferente del líder político, al que no atrae al aparato mediático y que no habla más que para mandar mensajes palpables y posturas claras.

El segundo fenómeno lo ofrecen un grupo de intelectuales que trabajan con los jóvenes de los comités en el corazón de Siria, en medio de unas condiciones extremadamente difíciles, pero que no han caído en la trampa de los medios y no se han alejado de su convicción de que los líderes de la revolución los crea la revolución y no le viene caídos de cualquier parte. Esos, y con ellos cientos, por no decir miles de luchadores silenciosos, conforman un nuevo liderazgo pseudo-secreto para la revolución, al que debemos escuchar.

No quiero insinuar que estoy arrebatando el derecho o deber de cualquier ciudadano, sea dentro o fuera del país, de luchar por la victoria de la libertad en Siria, pero he querido ver las cosas como fenómenos relativos, para que no caigamos en la ilusión de los líderes virtuales que fabrican las imágenes.

 Un saludo a Yassin al-Hajj Saleh:

La recepción del premio Príncipe Claus holandés por parte del escritor y luchador sirio Yassin al-Hajj Saleh es un premio para el propio premio, pues el premio que ha podido ver por medio del dolor sirio cómo iluminan las palabras la oscuridad del miedo merece un saludo. Yassin, cuya pluma no se ha detenido desde que comenzara la revolución siria, ha ofrecido un modelo del intelectual libre e independiente, que juega su papel en la materialización de la revolución, en la crítica de sus errores y en la corrección de los mismos, desde dentro del proceso revolucionario que construye los horizontes de la libertad y la justicia.

Hoy, junto a un grupo de intelectuales sirios conforma una conciencia, en el sentido en que lo escribió Edward Said. Esa conciencia que escribe en circunstancias difíciles dentro de Siria merece más que un saludo, porque ha logrado crear una voz: cuando lo leemos y sabemos que mantiene su postura, sabemos que Siria sigue estando bien.

lunes, 13 de agosto de 2012

El régimen del exterminio: del exterminio político y moral al asesinato colectivo


Texto original: Al-Nahar

Autor: Yassin al-Hajj Saleh

Fecha:  11/08/2012

Dibujo de Yusuf Abdelki

El trato que da el régimen asadiano a los sirios revolucionarios muestra una firme tendencia a destruirlos y a destruir sus ambientes y condiciones de vida en ellos. En más de 18.000 ocasiones ha llegado a matarlos durante los cerca de 500 días de revolución, en los que además se ha provocado el desplazamiento de alrededor de un millón de sirios en el interior y 200 mil en los países aledaños, y se han visto formas extremadamente crueles y hostiles de tortura. Lo que se desprende de esta realidad confirmada es que el régimen no reconoce la existencia de quienes se oponen a él y trabaja para aniquilarlos y acabar con su existencia por todos los medios.

En la base de esta realidad, está el régimen que construyó Hafez al-Asad, fundamentado en el exterminio político y moral de los sirios y que pone los cimientos para su exterminación física cuando sea necesario, es decir cuando se rebelen contra él. Puede que no mate a todos, pero sí a muchos para que todos entiendan que su turno está cerca y que su vida es una excepción a la muerte. Es sabido que el su régimen ha matado a decenas de miles, pero ha exterminado a todos los sirios, política y moralmente.

Lo que quiere decirse con exterminio político es la negación del derecho de existencia de la actividad de cualquier grupo u orientación política independiente del régimen. Si se da el caso y existe, se desintegra y destruye por la fuerza. Si recurre a la autodefensa por la fuerza, se la extermina físicamente. Las raíces de este método de exterminio político se extienden en el pensamiento baasista que se basa en el principio de falta de nacionalismo. Es decir, en el hecho de que las personas no son “nacionalistas” si no cumplen varias condiciones que solo buscan convertirlos en copias similares de un nacionalismo originario correcto, que es el que el partido decide, y en la época asadiana, el que decide el presidente. Ello mientras la “traición”, que es la antesala de la exterminación política, es común y fácil y podemos caer en ella en cualquier momento, por falta de atención, ingenuidad, interés o debilidad. Ello va en contra de lo que se supone que ha de ser toda tendencia nacional, donde la gente es nacionalista de manera espontánea, mientras que la “traición” es algo poco común y no se aplica más que a quien tiene un comportamiento que se ajusta a determinadas condiciones que deciden los organismos específicos (un poder judicial independiente). La pena para la traición es, naturalmente, la exterminación de la vida, si no, el individuo debe su vida al presidente que lo “perdona”. La falta de nacionalismo funda el monopolio de los escasos nacionalistas del poder y la vigilancia de todos aquellos grupos cuyo nacionalismo es dudoso, que son tratados duramente.

Se sabe que el pensamiento baasista se conformó en ambientes atraídos por los sistemas de pensamiento totalitaristas y todos participan del principio de la escasez, la escasez de ciencia, o la escasez de bondad o la escasez de una política correcta. Estos regímenes comparten el hecho de que levantan altas barreras que evitan que el otro participe con ellos del conocimiento, la ética y la política, y uno no puede alcanzar ni un ápice de todo eso si no abraza dichos sistemas de pensamiento y se comportan según sus directrices. Fuera de tales barreras, solo está lo erróneo, la decadencia, la corrupción y la contaminación, cosas que permite la destrucción de este exterior, como sucedió también con los regímenes comunistas.

Hafez al-Asad es quien creó un equivalente sistémico para el principio de la escasez de nacionalismo baasista: el mujabarat, las clases destinadas especialmente a la exterminación de los “traidores”. La cárcel de Tadmor (Palmira), en concreto, fue una fábrica para el exterminio político de los sirios durante las dos últimas décadas del gobierno de Hafez.

La apuesta esencial del mujabarat es la tranquilidad que ofrece el haberse descubierto totalmente  a la sociedad siria, el ponerse frente a ella como un libro abierto del que sabes todo la ha descubierto, así gobierna toda interacción interna y arranca toda resistencia posible por parte de la población, evitando que se desarrolle cualquier cohesión interna. Cuántas veces han sido los aparatos terroristas del mujabarat el instrumento activo del desmembramiento de todos los grupos políticos independientes con todo lo que ello conlleva desde detenciones a torturas, encarcelamiento y continuas presiones durante largos años. Ciertamente ha logrado acabar por completo con los partidos políticos o los ha devuelto a lo que parecen pequeñas plantas del desierto, que apenas pueden mantenerse vivas teniendo que pagar el precio de la pequeñez.

Sin embargo, la exterminación política puede también manifestarse como la domesticación de algunos partidos, sin llegar a anular su existencia como tal, pero anulando su independencia y capacidad para tomar la iniciativa y le pone bajos techos bajo los cuales no puede vivir si no es tumbado. Esta es la situación de los partidos del “Frente Nacional Progresista”. Existe una forma intermedia de exterminación política que se manifiesta en el abandono de algunos partidos “opositores” a los que se da libertad para mostrar su interior al régimen y descubrirse ante él, pero sin enfrentarse a él en nada. Si ello sucede, les pega en la mano (detiene a alguno de sus miembros, entorpece el movimiento de sus líderes o los humilla). Eso es lo que sucedió con algunos partidos que se supone que son opositores y dio sus frutos, pues dichos partidos se dedicaron a su auto-exterminio político con una habilidad nada desdeñable.

Lo mismo que les pasó a los partidos les pasó a los intelectuales y ciudadanos que quisieron jugar papeles públicos independientes. El resultado fue el silencio o el hacer declaraciones generales sin mayor trascendencia, o incluso el verse obligados a vivir fuera del país. ¿Fueron libres allí? La libertad no tiene valor fuera del lugar al que uno pertenece, la tierra de la lucha por la que se lucha y uno no es feliz con ella si no es fruto de dicha lucha. Más que al exterminio político, la sociedad siria se ha visto expuesta a un exterminio moral. Ni un solo sirio puede comportarse como un actor moral en el ámbito público; es decir que su comportamiento público se complemente con los principios que hay en su conciencia. La base de todo ello es la privación radical de libertad, que es la base de la responsabilidad moral.

En la “Siria de Al-Asad” no solo estábamos privados de una forma simple de libertad como el tener prohibido hacer lo que creemos, sino que también sufríamos de una privación doble: se nos imponía el hacer mucho de lo que no creíamos para que nuestros intereses legítimos fueran más sencillos, o por el mero hecho en ocasiones de librarnos del castigo.

Los exterminios político y moral se intensifican en el caso de los presos políticos, que el régimen se ha afanado a conciencia en humillar para que no obtengan su libertad si no es desprendiéndose de su dignidad, conservando solo algo de ella exclusivamente en una cárcel sin libertad. Prácticamente no hay sirio alguno que no haya pasado por alguna de las muchas sedes del mujabarat y el total puede ser el mismo que el total de sirios mayores de edad, que han pasado negociándose para convertirse en soplones a cambio de que sus asuntos legales fueran más agilizados o para obtener prerrogativas, o simplemente para evitar un castigo arbitrario y cruel.

El “negociar” surge de una doctrina establecida que sirve para aumentar la traición, puesto que cualquiera de nosotros puede caer en sus redes y convertirse en un agente del enemigo, algo de lo que uno solo se salva colaborando con el mujabarat; o sea, convirtiéndonos en informadores o soplones de nuestra familia y amigos. El convertir a los ciudadanos en informadores es un exterminio moral y también una fábrica de traidores. ¿Quién es el traidor si no alguien que espía a quienes confían en él por miedo o por aspirar a algo? Por tanto, puede definirse al mujabarat sirio como fábricas de traidores, lo que ha hecho que más de una importante personalidad destruyera estos servicios criminales que han destrozado la vida de un número incontable de sirios.

Aquí también es poco común que los intelectuales y hombres de religión además de los ciudadanos destacados y actores morales se tomen como modelos. Igual que a los políticos, pocas veces han podido los intelectuales decir la verdad a la cara del régimen o decir “no” en público. La contradicción es la base de la libertad e independencia de conciencia. Algunos lo han hecho y se llevaron algo que disuadió a otros. Debe decirse en este punto que lo que han sufrido los intelectuales es moderado en comparación con lo que han sufrido el resto de ciudadanos y opositores políticos. No pocos se presentaron voluntarios para exterminarse a sí mismos políticamente (alejándose de todo lo político) y otros prefirieron colorearse (la moral más que la política, no permite ser coloreada) o la sumisión, o acatar las órdenes del régimen y sus prohibiciones.

También está, obviamente, el exilio ¿Han preservado los exiliados su conciencia? La conciencia solo se preserva cuando el compromiso moral es difícil; es decir en “la patria”, el lugar de las seducciones y el miedo, el lugar de floración del pecho y de la alegría moral también. Durante décadas hemos vivido a la sobra del miedo y la arbitrariedad. El miedo acaba con la confianza de la gente, sabiendo que la interacción de las personas entre sí es un ámbito de comportamiento moral. La arbitrariedad gobierna la abstención, uno deja de prevenir, calcular y planear. En tales situaciones no solo se abstiene el comportamiento moral, sino que se disculpa por el mero autocontrol o por caminar por el mundo. Tal vez las formas más extremas y obsesivas de religiosidad sean un modelo de dominio ilusorio de la realidad que se escapa, o de un golpe de necesidad de un modelo al que imitar, que al  obedecerse, reduce el nerviosismo y la falta de claridad mental. Tal vez nuestra carencia, me refiero a nosotros todos los no religiosos, de un ser a quien imitar es lo que nos impide conformarnos en un modelo general capaz de dominar.

Este extenso exterminio político y moral ha reducido el valor de la vida de los sirios y les ha convertido en un grueso humano sin valor, sin valores que protejan su vida y por tanto, no pasa nada si es exterminado físicamente, si se vuelve loco y se rebela contra las condiciones de reproducción del exterminio. Eso es lo que los sirios hacen hoy: el exterminio corporal es con lo que los confronta hoy el heredero de Hafez, el exterminio del ser humano y de todos los ambientes de la vida. 

La revolución hoy no se rebela contra este último exterminio, sino contra el exterminio político y moral que está bien fundamentado. Lo que protegerá la vida de los sirios en la Siria post Asad es el ser libres y capaces de elegir y vivir la vida moral y política que quieran. Lo que puede ayudar a proteger la vida de los sirios por parte de los intelectuales es poner de manifiesto las bases del exterminio de pensamiento y político. Nuestra objeción a ello precipita el asesinato colectivo de nuestro pueblo mientras que participamos en la filosofía política y moral del régimen.