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miércoles, 11 de enero de 2012

Las falsedades económicas del régimen sirio

Texto original: Al-Iqtisadiyya 
Autor: Muhammad Karkuti

Fecha: 30/08/2011

Aunque este texto ya tiene unos meses, nos ha parecido interesante retomarlo para descubrir las falsedades que rodean a la economía siria. 



“Las peores mentiras, y las más frecuentes, son las que sirven para que el individuo se engañe a sí mismo. Mentir a los demás no es sino la excepción”
(Nietzsche)

Junto con las mentiras políticas y policiales pergeñadas constantemente por el poder en Siria tenemos las mentiras económicas, abundantes desde que la familia de los Asad se hizo con el mando del país hace ya más de cuarenta años. Y puesto que el pueblo sirio nunca se las creyó, ni las políticas ni las policiales ni las económicas, al-Asad padre y su hijo se vieron obligados a imponerlas por la fuerza, por medio de un sistema represivo basado en el asesinato, la coerción, la tortura, la detención arbitraria y la depuración física. Si hasta las verdades a medias, en el caso de existir, se convierten, en manos de los Asad, en una verdadera mentira colosal qué podría decirse de aquellas que apenas lo son en una cuarta o décima parte. Si antes de iniciada esta revolución pacífica e incontenible en Siria, las mentiras económicas se urdían a través de estadísticas ficticias, números ignotos, datos sospechosos, estudios irrisorios, investigaciones sin citas ni referencias y proyectos sin autoría, incluyendo la falsificación de las cifras referentes al desarrollo, el paro, las inversiones, el déficit, la inflación, la deuda, el producto interior y las fuentes de ingresos, ahora, en pleno hervor revolucionario, se aderezan en forma de respuestas precocinadas a una serie de evidencias expuestas no por los revolucionarios sino por instancias internacionales independientes y de solvencia que antes de la revuelta gozaban del crédito y la máxima consideración por parte del régimen sirio. Respuestas que igualmente se aducen ante un corolario de indicios que han terminado siendo contrastados por los acontecimientos. Y es que estos, del tipo que sean, constituyen siempre la fuente más fiable y robusta para extraer las verdades, sea cual sea su naturaleza y por muy angustiosas y amargas que resulten.

Así, en función de esta falsificación continuada de la realidad, resultaba conveniente que apareciera el primo de Bachar al-Asad, Rami Majluf, el cual controla el 60% de la economía siria, diciendo que había decidido ¡“consagrarse” a la beneficiencia y abandonar los negocios! Sólo un intento mezquino, desesperado y nauseabundo, por revestirse de una súbita honradez; pero muy adecuado. Por lo mismo, convenía que un grupo de hombres de negocios se lanzara, por encargo de al-Asad, a proclamar por aquí y por allá la inmunidad de la economía nacional a cualquier peligro de colapso, como si nadie en el mundo supiera que nada hay en Siria digno de llamarse “economía nacional”. Lo que hay es una economía clánica basada en el clientelismo, el mercenarismo y el “matonismo”, más cercana al bandolerismo que a cualquier otra cosa. Por ello, también se hacía preceptivo que el presidente del Banco Central de al-Asad esparciese por doquier frases tranquilizadoras, que ni él mismo se cree, en torno a la fortaleza de la lira y la capacidad de la reserva monetaria del banco para sustraerse a cualquier tipo de efecto negativo derivado de la revolución popular masiva. O que insistiese en que los iraníes no habían aportado ayudas financieras para salvar a la familia gobernante o que Iraq, con su gobierno dominado por los iraníes, no había intensificado, con alevosía y premeditación, el ritmo de su cooperación económica con Siria para, tras el estallido de las protestas, proteger a esta misma familia.

En artículos anteriores he hablado ya de las ayudas iraníes a al-Asad, por valor de 5,8 mil millones de dólares, y de cómo se han distribuido y expendido para satisfacer las prioridades del régimen, a saber, la compra de más armas para permitir que el poder y sus estructuras mafiosas sigan matando al pueblo sirio; la financiación de las bandas de mercenarios, incluidas las cuadrillas de los libaneses (iraníes) de Hezbolá; el refuerzo de unidades militares determinadas en lugares concretos en previsión de una eventual caída de al-Asad en Damasco; una inyección de liquidez temporal para costear los sueldos de los funcionarios y los militares, con el objeto de retrasar la inevitable rebelión civil; repartir sobornos entre aquellos sirios, si es que los hay, dispuestos a defender al régimen hasta el final, incluidos los nuevos hombres de negocios favorecidos por este sistema o los empresarios de toda la vida, obligados a aclimatarse a los mecanismos de esta economía fantasma para salvaguardar su propia integridad y beneficiarse de las migajas de un dinero tan ilícito como inmoral.

Centrémonos ahora pues en el apoyo recibido desde Iraq. Quizás resulte de utilidad referir aquí la declaración emitida por la oficina del ministro de Finanzas iraquí, Rafi al-Isawi, donde se desmienten las noticias referentes a que su país había librado pagos por valor de diez mil millones a Siria. El caso es que el desmentido contiene una confirmación explícita del apoyo oficial iraquí al gobierno de al-Asad, pues su extracto literal reza del modo siguiente: “La oficina del ministro Rafi al-Isawi niega de forma tajante las noticias acerca de una posible libranza de cantidades cifradas en diez millones de dólares a favor del gobierno hermano de Siria. Ahora bien, el ministro confirma una vez más el deseo de Iraq de sustentar a sus hermanos sirios, su gobierno y su pueblo, y, así, el ministerio de Finanzas comunica que ha llegado a un acuerdo con su par sirio para unificar los aranceles entre ambos países y aportar asistencia financiera, valorada en seis mil millones de dólares, a completar en tres partidas a lo largo de los próximos nueve meses a contar a partir del 27 de julio de 2011, fecha de la firma del acuerdo. Por todo lo anterior, consideramos de todo necesario que se asegure la veracidad de cualquier dato aportado a este respecto contactando con esta oficina y contrastando las informaciones”. Un vistazo a la fecha en que se rubricó el pacto permite hacerse una idea palmaria del episodio en su conjunto.

Resulta asimismo notorio que los seis mil millones de dólares “iraquíes” y los otros casi seis mil millones de dólares “iraníes”, no han aportado ningún rayo de esperanza económica al pueblo sirio, excluido como está del círculo de distribución de estos pagos o “asistencia” a decir del comunicado del ministro iraquí. En virtud de lo anterior, nos será más fácil entender las terroríficas declaraciones del gobernador del Banco Central “Sirio” según las cuales “los sirios deberán apretarse el cinturón como consecuencia de las crueles sanciones impuestas por europeos y estadounidenses al país, cuya economía se ha debilitado notablemente. Así, pues nos vemos obligados a afrontar mayores dificultades a causa de las sanciones y los sucesos actuales, no quedará más remedio que imponernos restricciones”. ¡Dios mío, sí, está pidiendo a los sirios, que llevan cuatro décadas apretándose los cinturones, que se los ajusten más aún, a pesar de que ya no quedan agujeros en los que insertar la hebilla! En otro intento repugnante y burdo de hacernos rumiar uno de esos bulos históricos de autenticidad dudosa, este mismo gobernador afirmó: “Digo lo contrario de lo que afirmara María Antonieta cuando pidió al pueblo que se conformara con comer galletas si no encontraba pan; creo que habremos de prescindir de las galletas y conformarnos con pan negro”. Dejando a un lado lo deslucido de su alarde literario, las medidas punitivas occidentales contra los Asad, su familia y colaboradores se han retrasado porque las grandes potencias querían imponer sanciones inteligentes al dirigente ilegítimo de Siria impidiéndole el acceso a sus fuentes básicas de financiación (incluido el veto a las exportaciones de petróleo, cuyos réditos no han engrosado jamás las arcas públicas en los últimos cuarenta años), las cuales no se invierten para desarrollar el país y mejorar el nivel de vida de la población, algo impensable, sino para financiar un combate inusual que enfrenta a un poder enrocado en sus tanques, carros blindados, cazas, fragatas y milicias locales e importadas contra una población sin mayor arma que su dignidad y orgullo. El latrocinio y el saqueo de las riquezas del país echarán a perder de forma definitiva lo que pueda quedar de ese “pan negro”, de igual manera que ya en su momento arramblaron con las posibilidades económicas del país. Han sido las pautas económicas corrosivas aplicadas durante esta dilatada etapa, empezando por la economía de la pobreza, siguiendo por la del empobrecimiento y terminando en la economía de la virtualidad, las que han consumido todos los agujeros del cinturón y han devorado cualquier espacio accesible para insertar un nuevo orificio.

Al-Asad sénior ansiaba el “auxilio” de las sanciones para poder justificar la corrupción y el saqueo; al-Asad júnior ha terminado haciendo lo mismo pero con una salvedad: los crímenes de aquel se perpetraron sin que ningún medio los retransmitiera; los del segundo se han retrasmitido de todas las maneras posibles.

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