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martes, 24 de enero de 2012

Golpe árabe contra Al-Asad

Texto original: Al-Hayat

Autor: Elias Harfush

Fecha: 24/01/2012





Con la elección del vicepresidente sirio Faruq al-Sharaa como figura para dirigir la transición en el país, los países árabes intentan llevar a cabo un golpe desde dentro haciendo que el presidente se marche, pero asegurándose de que el régimen mantenga sus apoyos militares, políticos y de seguridad y dándole la oportunidad de participar en la planificación de la supuesta nueva etapa.

Esta es una solución que puede parecer ideal desde la óptica de un régimen que siente que se acerca a su desplome y en cuyo interés va salvar lo que se pueda, aferrándose a cualquier salvavidas. Sin embargo, ¿acaso el régimen del presidente Bashar al-Asad considera que está en dicha situación? O mejor dicho, ¿acaso piensa en la posibilidad de que su régimen se mantenga lejos del gobierno de la familia cuyo nombre se ha ligado de forma indivisible al nombre del Estado (“la Siria de Al-Asad”) desde hace más de cuatro décadas?

La teoría de la “conspiración” no permite al régimen sirio observar su situación desde el ángulo que indica que sus últimos días o meses se acercan. Al contrario, el régimen siente que “la conspiración” es la que está llegando a su fin, como quedó patente en el discurso del presidente sirio en la plaza de los Omeyas hace dos semanas. Es difícil, frente a una postura como esta, convencer al régimen de que más vale conservar una parte y renunciar al todo que viceversa, porque piensa que sigue siendo capaz de tomar la iniciativa tras la derrota de los “conspiradores”.

Esto por un lado. Ahora bien, la etapa de transición, tal y como la ha propuesto la Liga Árabe, es decir, manteniendo a Al-Asad como presidente formal, asumiendo Faruq al-Sharaa su cargo y prerrogativas, tal y como reza el comunicado, no es más que un intento de la Liga Árabe de engañar al régimen sirio, una empresa complicada por varios motivos. En primer lugar, porque no hay ningún personaje alternativo, sea Sharaa u otro, que pueda soportar los costes de aceptar y poner en marcha este plan golpista, y en segundo lugar, porque el claro simbolismo sectario de esta propuesta de traspaso de poder amenaza a Siria con una verdadera guerra civil que ya se vislumbra en algunas ciudades. Por tanto, en dicha situación, el golpe contra Bashar no tendría solo un carácter meramente reformista, sino que el gobierno sirio lo condenará aduciendo su carga sectaria, sectarismo que dividiría a Siria horizontalmente.

Es difícil imaginar que los líderes árabes que propusieron este tipo de solución no se dieran cuenta de la reacción automática que provocaría su propuesta en el régimen de Damasco. Como Damasco no ha sido capaz de exponer las verdaderas razones de su rechazo, que son las que hemos expuesto,  no ha tenido más remedio que recurrir al pretexto de “la injerencia en los asuntos internos”. La Liga por su parte es consciente, o debería serlo, de que tal pretexto ya no sirve, porque, por un lado, Damasco aceptó la presencia de observadores árabes en su territorio para observar “su comportamiento hacia sus ciudadanos” y, por otro, porque Damasco fue una parte “que injirió”, en todos los sentidos, en los asuntos de su vecino libanés durante muchos años, nombrando a sus presidentes y extendiendo su mandato o deponiéndolos cuando así lo deseaba, precisamente bajo la misma cobertura árabe e internacional de la que hoy se queja. Esto se suma a su continua injerencia en los asuntos palestinos desde la época de Yasser Arafat hasta hoy, bajo el lema de la responsabilidad nacional que Siria tiene en lo referente a esta cuestión, llegando a considerar traidores a los líderes palestinos y dudar de su capacidad para ocuparse de la cuestión.

Pero todo esto no impide que el golpe árabe contra Al-Asad vaya a tener la misma suerte que el resto de ofertas que han intentado solucionar la crisis siria, porque Damasco apuesta por el hecho de que la decisión árabe carece no es tan fuerte como para verse obligado a aplicarla. Y mientras, la alternativa a la internacionalización sigue siendo un misterio mientras los costes no sean pagados a los “antiimperialistas” de la mesa del Consejo de Seguridad.

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