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miércoles, 4 de enero de 2012

El sujeto paciente a la siria

Texto original: Al-Quds al-Arabi
Autor: Elias Khoury
Fecha: 03/01/2012



No sé cuál es la filosofía que se esconde detrás de la creación de la función sintáctica del sujeto paciente [1] en la lengua árabe, puesto que el sujeto paciente es de facto el complemento directo, pero declinado como un sujeto[2], siendo tratado como tal cuando el sujeto agente es desconocido o se ha ocultado.

Decir que el hombre ha sido asesinado, declinando a la víctima como si del sujeto se tratase no hace de dicha víctima un asesino, pero se le coloca en el lugar del asesino porque los gramáticos árabes no podían imaginar una acción sin sujeto. Por eso, se inventaron la función de sujeto paciente o “delegado del sujeto”, convirtiendo, al menos de forma gramatical, al complemento directo en un sujeto temporal, a la espera de la aparición del sujeto real.

No estoy seguro de por qué los gramáticos árabes consideraron que la oración podía sostenerse sin complemento directo, pero de ninguna manera sin sujeto. Lo más probable es que supusieran que la ausencia del sujeto negaba el propio hecho. Por eso, se hizo necesario eliminar el complemento directo y colocarlo en el lugar del sujeto. Sibawayhi [3], en “Al-Kitab” señaló este fenómeno diciendo: “Cuando se desconoce el sujeto, el verbo transitivo eleva el complemento directo a la posición del sujeto. Al elevar a dicho complemento al lugar del sujeto los hace equivalentes poque además, se queda sin complemento directo” (Sibawayhi, Al-Kitab, Dar al-Yil, Beirut, pág. 33).

Los grandes gramáticos árabes no buscaron las razones políticas, sociales o culturales de este fenómeno y según Sibawayhi, el complemento declina como sujeto porque el verbo se ha dedicado por completo a él. Además, es muy probable que estas cosas no le preocupasen demasiado, por eso no quiero suponer que estas antiguas formas gramaticales tengan que ver con las “características del despotismo”, tomando prestada la famosa expresión de nuestro maestro Abd al-Rahman al-Kawakibi [4]. Lo más probable es que el asombroso paralelismo entre las características del despotismo y el sujeto paciente sea moderno y guarde relación con los regímenes instaurados por medio de golpes militares, que encontraron en la supresión del sujeto un medio lingüístico y gramatical para ocultar sus crímenes. Con ello, dieron lugar al más peligroso fenómeno de nuestra lengua: la separación entre el significante y el significado, entre la forma y el contenido, haciendo que la lengua se ahogue en el sinsentido.

Los dictadores árabes y no árabes que gobernaron nuestro mundo árabe durante siglos no necesitaron de este juego del sujeto paciente porque el sujeto se enorgullecía de su acción al tomar el poder públicamente de forma victoriosa. De hecho, la historia que cuenta cómo Sufiyan ben Muawiya, el valí de Basora, cortó el cuerpo de Ibn Al-Muqaffa [5] y lanzó sus trozos al fuego mientras aún seguía vivo por orden del segundo califa abasí Al-Mansur no es más que un ejemplo del orgullo que siente el asesino por el salvaje crimen que ha cometido y para el que no necesita un sujeto paciente que lo purifique de la maldad de su acción.

Pero nuestra era moderna, sobre todo en la época de los baasistas iraquíes y sirios, ha sido testigo de nuevas realidades que se han manifestado en la prostitución de la lengua por medio del crimen. Saddam Hussein, antes de dar el golpe contra Ahmad Hasan al-Bakr y proclamarse presidente, se llamaba a sí mismo el vicepresidente (recuérdese el vice sujeto). Rifaat al-Asad, líder de las Brigadas de Defensa y responsable de la masacre de Hama, se convirtió en delegado de su hermano (ídem) hasta que las luchas de palacio y las conspiraciones hereditarias acabaran con él. Ambos “delegados” son ejemplos del camino seguido por la lengua en su proceso de baazificación, cuando los lemas nacionalistas se convirtieron en una mera concha que encubría la reproducción de un modelo monárquico basado en la humillación de los significados y la destrucción de la dignidad del ciudadano.

Los dos Baaz convirtieron la conspiración que les llevó al poder por medio de un golpe seguido de un golpe contra dicho golpe, en una forma de gobierno. La mentalidad golpista basada en la fidelidad clánico-familiar interpreta la historia y los hechos como conspiraciones que se tejen en la oscuridad y ven en todo el fantasma de la conspiración, pues no saben comportarse más que como fuerzas conspirativas: si no hay conspiración, se la inventan y se creen su propia mentira. El que ordenó la detención y posterior tortura salvaje de los niños de Daraa para después humillar a sus familias estaba convencido de que esos niños eran la tapadera de una conspiración. Fue incapaz de suponer que los niños hubieran escrito los lemas de las revoluciones árabes en las paredes para expresar la impresión que en ellos había causado lo que habían visto en la pequeña pantalla y que les llevó, inocentemente, a derrumbar lo que el régimen consideraba imposible de derrumbar. Con la caída del muro del miedo, la revolución fluyó como un líquido.

Tal vez el colmo del pensamiento conspiracionista sea la invención de una conspiración de la que luego acusan a los demás. La interminable lista comienza con el asesinato de los líderes del partido Baaz a manos de Saddam para llegar a la invención de los emiratos salafistas y las bandas armadas en Siria.

No sé cómo va a justificar el régimen la salida de miles de personas a las calles ante los observadores árabes, cómo les van a convencer de que la víctima es el asesino y de que los manifestantes se matan a sí mismos. Tal vez se encomiende al presidente de la comisión de observadores de quien se dice que está implicado en las historias criminales de los Janjaweed[6]. Lo más probable es que el régimen pensase que las salvajes operaciones militares que precedieron a la llegada de los observadores árabes disuadirían cualquier movimiento, de forma que la situación de destrucción quedara como un decorado con el que poder vender su historia del sujeto paciente (el delegado del sujeto) que no se cansa de repetir[7].

Sin embargo, Homs ha demostrado lo contrario y ha salido desde debajo de los escombros a la luz de las manifestaciones que se ha encendido en sus barrios. Lo mismo han hecho Idleb, Daraa, Hama, Deir Ezzor, Alepo y los alrededores de Damasco. La manifestación en Duma fue un claro indicio de que al régimen ya no le sirven sus engaños. Después llegó la voz de los intelectuales y los artistas sirios libres para anunciar que la revolución continúa.

En tiempos del Baaz, que se dirige inexorablemente a su ocaso, el cinismo en el trato a la víctima ha llegado a su cénit al ser acusada del crimen y convertida así en criminal o “vice criminal”. Pero una de las características del levantamiento popular sirio es su capacidad de romper el embrujo del verbo en pasiva, llamando a la detención del crimen porque el complemento directo ha decidido liberarse de su estado como sujeto paciente y se ha convertido en escritor de la historia al enfrentarse al crimen con el grito de la libertad.

[1] En árabe, sujeto paciente (el sujeto de la oración pasiva) se dice literalmente “delegado del sujeto” o “vice sujeto”. Este apunte es importante para comprender el texto.
[2] La declinación del sujeto en árabe se dice “elevar” la palabra, otro apunte necesario para comprender los paralelismos establecidos en el texto.
[3] Gramático de origen persa que redactó la primera gramática de la lengua árabe titulada Al-Kitab (“El libro”) en el siglo VII dC.
[4] Pensador sirio del siglo XIX natural de la ciudad de Alepo que escribió una obra en la que criticaba el despotismo y la dictadura titulada precisamente “Características del despotismo”.
[5] Escritor de origen persa del siglo VIII que fue ejecutado por haber criticado el comportamiento político del califa Al-Mansur.
[6] Los Janjaweed o Yanyawid son grupos armados implicados en las masacres de Darfur.
[7] Es decir, que “a los manifestantes no los mata el régimen” sino que “los manifestantes son asesinados”. Si se tiene en cuenta que en árabe el verbo solo cambia su vocalización (que no se escribe) para ponerse en pasiva, una frase como “un hombre ha sido asesinado” podría leerse como “un hombre ha asesinado”.

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