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lunes, 23 de enero de 2012

La identidad siria: de la marginación de las pertenencias identitarias a su enriquecimiento

Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Adi al-Zaabi

Fecha: 17/01/2012

 "No nos dirigiremos a los presidentes ni a los reyes, 
sino a las conciencias de los pueblos
para que se pongan de parte del pueblo sirio"
(Homs, Al-Wa'r)

La revolución siria postula una serie de interrogantes sobre la identidad siria y su futuro. En teoría, las corrientes imperantes de pensamiento tienen una visión ideológica estática que hace de la identidad algo esencial y eterno, presente en el ser humano desde el principio de los tiempos. Con esto no nos referimos solo al lema del Baaz sobre el mensaje eterno [1], sino también al mensaje de las corrientes islamistas y de izquierdas. Dichas corrientes consideran que la identidad es bien absolutamente islámica, bien absolutamente árabe, bien absolutamente de pertenencia a una clase. La visión de la izquierda es diferente, pero, a fin de cuentas, considera que la superestructura depende de la estructura económica, por lo que la clase a la que pertenece el individuo es su identidad.

Con la llegada del partido Baaz al poder, la identidad árabe fue la única reconocida. La generación que creció bajo el dominio del Baaz, especialmente la que se crió tras los sucesos de los ochenta[2] y sufrió la excesiva represión ejercida sobre todos los aspectos de la vida, se le exigía no declarar ninguna otra identidad complementaria o paralela a la identidad árabe. Las identidades religiosas y étnicas fueron totalmente apartadas, pagando por ello los islamistas y los kurdos en distintos grados según las circunstancias. Del mismo modo, la izquierda fue víctima de una represión injustificada.

Sin embargo, y este es el punto en el que quiero hacer hincapié, se excluyeron también las identidades locales, sectarias y regionales. En los ochenta era una lacra social proclamar que eras de Damasco, de Hawran o de Homs y, a nivel político era muy peligroso, gritar a los cuatro vientos que eras alauí, suní o druso.

Tal empobrecimiento del concepto de identidad hasta el punto de perder todo significado, y que suele referirse en exclusiva a Palestina, ha dado lugar a una idea un tanto extraña: Todo el que haga gala de su adscripción regional o religiosa está, inevitablemente, en contra de la arabidad y es, por tanto un retrógrado que busca el sufrimiento de Siria.

El error que comenzó con la llegada del ideológico Baaz al poder , un partido que se niega a reconocer que hay otros partidos con una visión diferente, se extendió también a las identidades secundarias. En consecuencia, las identidades más íntimas y menos ideologizadas fueron condenadas. ¿Por qué?
Reconocer las identidades regionales implica exigir una mejora de las condiciones de vida, luchar contra la corrupción de los hombres del gobierno y los servicios de seguridad en dichas zonas, y promover estudios y proyectos relacionados con dichas zonas, además de conllevar el intento por parte de los habitantes de colaborar o criticar a las autoridades locales hasta lograr una vida digna. Reconocer la identidad local y enorgullecerse de ella va, en consecuencia, en detrimento de la dictadura y no de la arabidad.

Al comenzar la revolución, los partidarios del régimen acusaron a los habitantes del Hawran literalmente de tener una naturaleza clánica propia. Para defenderles, otros insistieron en que no hay ningún trasfondo clánico en las revueltas de los sirios. Y la pregunta aquí es: ¿por qué se establece un nexo entre el sentimiento de clan y el retraso y una mentalidad retrógrada? Tal vez haya algo de clánico y religioso en las protestas de los sirios, pero eso no es malo siempre que tales protestas vayan encaminadas al establecimiento de un estado de Derecho basado en el respeto a los demás.

La mayoría de los niños torturados en Daraa pertenecen al clan Abu Zayd, pero las protestas han incluido a todos los clanes del Hawran. Por tanto el el clanismo no implica caer en partidismos de defensa de un clan sobre el otro y si es ese el elemento reprobable en dicho sentimiento de clan, claramente se ha exagerado su presencia, que no hemos notado, en las protestas.

El clanismo como el regionalismo son dos conceptos reprobables si se basan en la prepotencia y rechazo al otro, pero si se trata de algo que completa o acompaña a la identidad nacional no lo es. La gente de Homs grita a diario que mueren por Homs y de hecho lo hacen, pero eso no significa que los habitantes de dicha ciudad estén en contra de las identidades árabe y siria, sino que, al contrario, la identidad homsí secundaria, materializada en la lucha contra la dictadura, es el núcleo de la identidad siria global.

¿Cuál es el argumento teórico que justifica el rechazo a las identidades sectarias y regionales? ¿Qué hace a un individuo perteneciente a una zona concreta (Homs, Deir Ezzor, Hawran) o una secta (alauí, druso o suní) un retrógrado que no puede trabajar por la arabidad? ¿Dónde está el fallo en una persona que es está orgullosa de ser homsí o cristiana y es, a la vez, árabe? La justificación teórica para esto es la idea de la identidad excluyente. La identidad siria, según algunos, es una identidad eterna, que divide a los sirios en árabes y no árabes y dicha identidad, como el régimen, no deja que ninguna otra comparta su espacio. El régimen ha corrompido profundamente la identidad árabe, pero el propio concepto, tal y como se propuso a principios del siglo pasado, con el islam político y la izquierda, necesita ser reconsiderado y corregido.

Si algo ha probado la revolución siria es que las identidades locales y regionales no se contraponen a la identidad árabe ni a la siria y, desde este punto de partida, es necesario revisar las concepciones en torno al la idea de identidad, ya que la identidad no es un concepto metafísico sin manifestación real.

El ser humano vive, respira, come y realiza sus actividades diarias en un ambiente limitado en espacio y tiempo, un ambiente que tiene sus necesidades, problemas y reflejos. La pertenencia regional tiene siempre la prioridad, mientras que la ideología, o el pensamiento en general, que intenta explicar e interpretar la realidad, debe partir de la realidad que se vive y caminar paralela a ella. Por ello, la identidad siria, que incluye a todo el pueblo sirio al margen de sus diferentes pertenencias regionales, sectarias y sociales, debe acompañar y complementar siempre a la pertenencia regional. Por su parte, las identidades sectarias y étnicas pueden ser algo diferentes a la adscripción regional; sin embargo, la injusticia de la que han sido víctima islamistas y kurdos nace del mismo error: se ha presentado a la identidad árabe como una identidad totalmente excluyente. A todas estas identidades se les puede aplicar una misma idea: mientras que no sean excluyentes, no nieguen al otro y no se enfrenten a él por completo, serán identidades legítimas bajo el paraguas de la identidad siria. En Siria, la identidad árabe es la identidad excluyente en cuyo nombre gobierna el régimen, el resto de identidades están excluidas y reprimidas.

La revolución siria es la revolución del ser humano que vive en la Tierra. Por tanto, la existencia en la Tierra en distintas zonas y regiones de Siria y el trabajo a pie de calle han tenido un papel clave en la revolución contra la dictadura. Las supra-identidades, y la teorización tienen un papel secundario en la revolución. Esto es algo sano, ya que la revolución reordena las ideologías: primero el ser humano, y después las teorías y las ideologías. La revolución siria, desde una perspectiva filosófica, nos invita a reconsiderar los conceptos heredados. El régimen ha hecho uso del concepto de identidad árabe para justificar la represión y la dictadura. La revolución, en primera instancia, es una revolución contra este uso de la arabidad: que los que han sufrido por este uso lo reconsideren y abran debates en torno a la identidad siria y su futuro significa que la revolución va por el buen camino. Debemos colaborar con los kurdos, los islamistas, la izquierda y la derecha. Pero la pertenencia regional y sectaria necesita también una reconsideración. Si la dictadura ha despojado a Siria de toda adscripción o pertenencia, la revolución le ha devuelto su riqueza y pluralidad.

[1] El lema del Baaz en referencia a la Nación Árabe es “Una única nación portadora de un mensaje eterno”.
[2] Década en la que los enfrentamientos entre sectores islamistas y el régimen acabaron en la Masacre de Hama de 1982 de la que los Hermanos Musulmanes insisten en desligarse pero por la que muchos les han exigido una disculpa.

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