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domingo, 15 de enero de 2012

Encuentro con Bashar al-Asad

Entrevista publicada con el sheij de Homs Anas Suweid en Al-Jazeera

Fecha: 13/01/2011



¿Podría hablarnos de cómo se inició la revolución en Homs?
Cuando comenzó la revolución en Daraa, la gente de Baba al-Sibaa y de todo Homs comenzó a inquietarse porque no podían soportar una reacción tan cruel y violenta por parte del régimen.

Pero antes de eso, la gente de Homs ya había sido víctima de fuertes presiones por parte del gobernador de la provincia de Homs, Iyad Gazzal, un familiar de Bashar al-Asad, que les cortaba el suministro de electricidad y agua, y dificultaba cualquier tipo de acción o acceso a servicios. Así, convirtió el “sueño de Homs” en la destrucción de Homs.

¿Qué es el sueño de Homs?
“El sueño de Homs” es un proyecto para echar a los suníes del zoco y traer a nuestros hermanos alauíes para que se ocupen de los centros principales de la ciudad, lo que provocó que los comerciantes de Homs escribieran: “Sí a Bashar al-Asad y no al sueño de Homs”, porque dicho “sueño” ideado por el gobernador conllevó la destrucción de muchos edificios y ejerció una presión indescriptible sobre la gente. La gente llegó a decir que Bashar al-Asad dominaba toda Siria, excepto Homs, que estaba bajo el mando de Iyad Gazza.
La primera manifestación, antes de los sucesos de Daraa, fue para exigir la caída del gobernador, y cuando Daraa salió en su primera manifestación, se organizó también una en Bab al-Sibaa cuyo lema fue: “Con nuestra sangre y nuestra alma morimos por ti, Daraa”. Yo di un sermón en la mezquita en el que traté de calmar a la gente y me centré en el significado del dicho de Omar ben al-Jattab (segundo Caliga del islam): “¿Cómo pretendéis convertir a las gentes en esclavos si sus madres los han traído al mundo libres?”. Por ello tuve que visitar unas cuantas sedes de la seguridad.

Después, las manifestaciones se extendieron a Baba Amro, Jalidiyya, etc., hasta que llegaron a todos los rincones de Homs. El factor que más alimentó las manifestaciones y provocó su extensión por la ciudad fue la negativa actitud del régimen, su represión y sus ataques.

¿Es cierto que la incitación al sectarismo es una de las causas del aumento de las manifestaciones?
Antes quiero responder a otra cosa: ¿Hay sectarismo en Homs?: Hay un destacado sectarismo ejercido por el régimen en contra de los suníes de Homs de formas inimaginables. En cada barrio suní de Homs, se corta la electricidad ocho horas diarias y si en esos barrios salen manifestaciones, se impide la entrada de un alimento básico como es el pan durante días. Entonces, los otros barrios se ven obligados a meterlo de contrabando. También se cortan las comunicaciones.

Ahora bien, he de señalar que nuestra relación, por ejemplo, con nuestros hermanos cristianos, en el barrio, es una relación de tipo fraternal y nos ha apenado enormemente la pérdida de algunos de ellos por lo que hemos presentado  nuestras condolencias. Sin embargo, en lo referente a nuestros hermanos alauíes, es cierto que con algunos de ellos nos une una hermandad de leche, pero el régimen ha destruido eso al armar sus barrios. De hecho, cuando detienen a un revolucionario alauí, lo torturan el doble que al resto para que se mantenga al margen de la revolución.

¿Qué puede decir de sus encuentros con Bashar al-Asad? Sabemos que usted se reunió con él más de una vez. ¿Qué pasó?
Tuve tres entrevistas con el presidente durante la revolución. La primera fue en abril, y éramos alrededor de veinte ulemas de la ciudad de Homs. Hablamos con él durante cuatro horas y media y hay que decir que parecía sorprenderse por todo: le hablamos de las prácticas de los servicios de seguridad y los shabbiha y los presentes le contaron todo con detalles, apuntando de su puño y letra todos los comentarios.

La reunión terminó sin que nos prometiera nada, pero nos pidió que le ayudásemos a calmar las manifestaciones hasta que las cosas volvieran a su cauce. Así que nos fuimos sin obtener ningún resultado tangible. Los sheijs no podían ponerse en contra de las manifestaciones y cada sheij que intentaba tranquilizarlas terminaba golpeado en mimbar[1] y se le impedía dirigir la oración.

Después, me llamaron para una nueva reunión con los sheijs y no fui. Cuando la seguridad militar me detuvo y me preguntó el porqué, les expliqué que había decidido dejar el asunto a otros.

En las segunda reunión, el presidente me mandó llamar a mí solo, porque las manifestaciones en Bab al-Sibaa estaban en plena ebullición. Me saludó y me preguntó si era el sheij de Bab al-Sibaa. Le contesté y me dio la bienvenida. No obstante,  yo iba con la firme intención de no pedirle nada porque la primera vez no había logrado nada ni nada había cambiado.

El presidente comenzó a hablar pidiendo que las manifestaciones se calmaran, diciendo que sabía el problema fundamental las prácticas de los servicios de seguridad y el mujabarat[2] y los shabbiha. Me dijo “Si tienes mil imágenes en tu cabeza, en la mía hay decenas de miles, así que no me hables de dichas prácticas. Sé que la solución es retirar a los servicios de seguridad, pero no puedo hasta que la calle no se calme”. Esto mismo lo repitió tres veces durante las dos horas que duró la entrevista.

Le respondí diciéndole: “Usted, señor Presidente, está equivocado en sus peticiones”. Y me dijo: “Adelante”. Entonces le expliqué: “Nos pide que calmemos los ánimos en la calle para retirar a los servicios de seguridad, pero no podemos hacer eso porque la calle no es de nuestra propiedad. El sheij que no habla con la gente en el mismo tono de la calle, recibe golpes y es considerado un traidor. Lo mejor es que nos quedemos neutrales entre el Estado y la gente”.

También le dije que los habitantes de Homs decían que ellos no se relajarían hasta que se retirasen las fuerzas de seguridad. “¿Qué garantías tienen si se sientan en casa y después vienen los servicios de seguridad para llevárselos? Son revolucionarios ahora y se les está matando, ¿qué pasará si vuelven a sus casa?” La respuesta fue: “Yo no repetiré los errores de los ochenta[3]”.

Le pregunté: “Señor presidente, ¿cuál es cómo podemos unir ambas peticiones?” Respondió: “Ese es el problema, se ha perdido la confianza”.

Le dije: “La solución es política y no está en que salgamos a calmar a la gente”. Me contestó: “Yo tenía una visión errónea de los sheijs y me daba miedo todo aquel que tenga barba y las mujeres con velo. Una vez, fui a Alepo y me senté en un restaurante en el que todas las mujeres iban cubiertas. Dije: ¿Es que estoy en Afganistán? Después, pregunté al doctor Al-Buti[4] cuál era el secreto de tal presencia de velos en Alepo, ¿se trataba de los Talibanes o de Al-Qaeda?” Me contestó: “Son personas religiosas por naturaleza”. Imagina un presidente de un Estado al que le hablas de una crisis y una solución política y te sale con ejemplos que no tienen nada que ver.

Después le pregunté: “¿Qué pasa presionamos a la gente con todas nuestras fuerzas para que dejen de manifestarse, algo para lo que probablemente necesitaríamos un mes, pero no lo lograremos y siguen cayendo víctimas a diario. ¿Existe la posibilidad de que sustituyáis el fuego real por balas de goma?” Esta fue su respuesta: “El problema es que nuestra economía se desploma”.

Entonces le pedí permiso para hablar con franqueza y seguridad. Le informé de que la seguridad me había hecho rendir cuentas por lo que le había dicho la vez anterior. Se río y dijo: “Lo importante es que no me hayan pedido rendir cuentas a mí”.

Le dije: “Señor presidente, la gente en la calle pregunta: ¿Nuestro presidente tiene el poder de tomar las decisiones o es incapaz?” Y me preguntó el porqué, a lo que le contesté: “Dice que no habéis dado orden de matar, pero sigue habiendo matanzas. ¿Por qué no castiga a los que se rebelan contra las órdenes mientras, habiendo además asesinos en el ejército, cuyos nombres se han hecho famosos en todas las provincias (le dije varios nombres) y han sido colgados para después organizar elecciones estando convencido de que sería elegido?”

Su respuesta me sorprendió, y Dios es testigo de que lo que digo es cierto: “Castigué a Atif Nayib, que arrancó las uñas a los niños, y castigué a mi primo en Latakia, Yamil Al-Asad. Y cuando Baniyas se unió a los disturbios, saqué de allí al marido de mi prima. Entocnes, me llamó mi tía, una señora mayor, y me reprendió, por lo que tuve que prometerle que le devolvería a su puesto cuando terminara la crisis. Mi madre me llamó para lo mismo”.

Yo me quedé pasmado y me pregunté cómo dirigirme a ese hombre que hablaba con tanta seriedad del “enfado” de su tía y no sentía tristeza por el pueblo que estaba muriendo. La verdad que puso de manifiesto la conversación con Bashar fue que quien dirige el país es una familia al completo, de la que Bashar al-Asad es solo una parte. La gente en Homs dice que el verdadero líder es la madre de Bashar, que tiene un amplio bagaje adquirido durante el tiempo que pasó con Hafez al-Asad.

También le pregunté por la razón de que se hubieran enviado más de doscientos tanques a Baba Amro que solo habían causado destrucción. Me dijo: “Hay bandas armadas”, a lo que le respondí: “Lo hemos oído igual que ustedes, pero ¿han logrado ya detenerles?” Dijo: “Se han escapado, cuando el ejército es enviado hacia algún lugar, se escapan”.

¿Cuál es el resumen de los encuentros después de estas largas rondas de conversaciones?
El resumen es que el presidente no quiere de nosotros más que calmemos la calle, una calle que no se calma a pesar de los asesinatos y las matanzas. Nosotros le decíamos que la calle no es de nuestra propiedad, sino suya, así que si castiga a quien comete errores o actúa de forma negativa, la calle se volverá sola a su cauce.

¿Por qué ha salido de Homs ahora?
Salí porque las amenazas del régimen me tocaron de pleno elos agentes de seguridad y los shabbiha me amenazaron de muerte y secuestro. Intentaron ejercer presión sobre mí después de emitirse una entrevista con un joven al que conozco en el canal Al-Duniya en la que decía que él formaba parte de las bandas armadas. Un coronel intentó presionarme con ello en el palacio presidencial, a sabiendas de que la persona que había aparecido en televisión está incapacitado y tiene un fuerte golpe en la pierna que le impide usa armas.

Este general me pidió que emitiera una fetua en la que calificase de pecado las manifestaciones y el hecho de enfrentarse al gobierno, condenando así lo que hacían los revolucionarios en Homs o que me enfrentaría a la cárcel. Recogí mis cosas y me presenté en una de las sedes de los servicios de seguridad, donde encontré cámaras de los canales Al-Duniya y Siria TV esperándome. No les gustó lo que dije. Entonces, pedí que me dieran dos días para organizarme de nuevo, pero, gracias a dios, pude salir de Siria.

¿Cómo dejó Homs?
No puedo describir lo que sufre la ciudad más que diciendo que se trata de una catástrofe humanitaria, más del 70% de sus habitantes están desplazados dentro de la misma ciudad o han salido a otras ciudades. Cada día que el mundo tarda en intervenir[5] aumenta la catástrofe y la desgracia.

[1] Equivalente al púlpito de las iglesias, es el lugar desde donde el imam da el sermón y dirige la oración.
[2] Servicios de inteligencia.
[3] Una serie de sucesos violentos sacudieron Siria entre 1976 y 1982, culminando con la conocida como Masacre de Hama de febrero de 1982.
[4] Uno de los llamados “ulemas del poder”.
[5] No especifica el tipo de intervención.

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