Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Diálogo con Bakr Sidki

Texto original: Al-Yumhuriyya

Autor: Yassin Swehat

Fecha: 14/12/2013

Debido a la longitud del texto, se ha decidido dividir la traducción en partes para no cansar al lector. Aquí la primera parte.

Bakr Sidki es un conocido escritor y traductor kurdo y uno de los más importantes traductores del turco, así como asiduo colaborador en medios turcos en torno a la cuestión kurda, Siria y otros debates de orden político. Sidki estuvo detenido en las cárceles del régimen sirio





¿Cómo ves la situación de los kurdos sirios, con la conformación de Fuerzas de Protección Popular pertenecientes al PYD (Partido de la Unión Democrática), como fuerza armada cohesionada que impone zonas autónomas en las regiones kurdas? 

Desde el inicio de la revolución comencé a escribir artículos muy duros contra las políticas del PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) y sus prácticas. Hoy, a lo largo de la conversación, advertirás algunas diferencias. No me gustan las políticas ni prácticas de este partido, pero mis razones difieren con las esgrimidas por la “oposición árabe”.

El punto clave del malentendido entre la parte árabe y la parte kurda es que la parte kurda se considera a sí misma una sociedad independiente, psicológica, política y culturalmente, y que piensa de forma independiente. Cuando dice “nosotros” no se refiere a los sirios, sino a los kurdos, o al menos a “nosotros los kurdos sirios”, pero es más importante que se refiera a “nosotros los kurdos”; es decir, una comunidad que se extiende entre Iraq, Irán, Turquía y Siria. Esta psicología ha hecho mella en los kurdos desde el año 2004, incluso entre los que no comparten la idea de la separación; o sea, esos que –aun soñando con que los kurdos sean una nación como cualquier otra- son conscientes de la realidad de que una transformación tal no puede realizarse más que con el beneplácito de las grandes potencias, que no son otras que los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Por tanto, aceptan la idea de una integración forzada con el resto de sirios, o con los turcos en Turquía, pero a pesar de ello, están dispuestos a aprovechar cualquier oportunidad que les sirva para llegar a una situación constitucional diferente, o alcanzar la autonomía, el federalismo, o incluso la total separación (algo que está muy lejos).

En mi opinión, las partes árabe, turca o iraní deben comprender ese sentimiento, e incluso empatizar con él. Los kurdos no sienten esa empatía. En 2004, sintieron que la oposición les había fallado, cuando estaban en una misma lucha contra el régimen, derribando sus estatuas y destrozando sus banderas, entrando en la primera lucha seria con el régimen de Asad. La oposición árabe, obsesionada con la separación, además de que esto se producía a la vez que la ocupación estadounidense de Iraq, entró en un ambiente tenso contra los kurdos. Es cierto que los árabes tienen derecho a culpar a los kurdos por haber tomado la decisión de levantarse sin consultarles, no viendo ninguna utilidad en verse arrastrados a un problema para el que no estaban preparados. Pero la oposición árabe podía haber adoptado esta sencilla postura en vez de comenzar a sacar las imágenes de las banderas “independentistas” y otras que los convirtieron en enemigos de la movilización kurda. Sin embargo, eso es lo que sucedió, y yo mismo participé en muchas discusiones sobre el tema con opositores árabes.

Así se entiende cómo contribuyeron a crear un sentimiento de aversión y falta de confianza, del cual han partido los partidos kurdos, especialmente el PKK, en su actuación. Posteriormente comenzó la revolución siria, y los jóvenes de Qamishle y Amuda participaron con fuerza, aunque de forma diferente, fruto de su particularidad kurda; es decir, que participaron nacionalmente con todos los sirios, aunque fuera con algunas peticiones propias como kurdos, y con el deseo de afirmarse como kurdos también. El PKK ha actuado desde el primer momento como elemento disuasorio, algo en que lo han acompañado los otros partidos tradicionales. Todas las fuerzas políticas kurdas adoptaron desde el inicio la siguiente postura: debemos esperar y observar, y no caer en una lucha que no nos incumbe como kurdos, pues esta es una lucha entre árabes.

Es imposible que los oriundos de Mare’, Hritan o Deir Ezzor puedan comprender esta postura, por lo que no aceptarán tal postura de espera y observación mientras son sacrificados por el régimen. Y yo mismo tenía esa postura de rechazo. Me dolía ver cómo los partidos kurdos adoptaban la postura del espectador, que ve que no debemos cortar todos los lazos con el régimen por si logra reprimir la revolución, y que al mismo tiempo, utilizaban su escasa participación para ganar puntos en caso de que los opositores vencieran a Asad. Se trata de una postura arribista, que nace del deseo de mantener la presencia kurda exclusivamente, y esperar que la comunidad internacional proteja dicha presencia en caso de que la lucha se prolongue, como sucedió posteriormente. Eso ha facilitado la aparición de líderes kurdos que prosperan por “su mirada desde lejos” y la “corrección” de su postura en el inicio de la revolución, y que aseguran que adoptando dicha postura han impedido que la guerra les llegue, aunque esto no es cierto, pues la guerra ha llegado a las zonas kurdas con el Estado Islámico de Iraq y Siria y el Frente de Al-Nusra, además de algunas brigadas del ESL.

Ello no impide, volviendo a la primera idea, el afirmar que la parte árabe no comprende a los kurdos. Sin duda, la parte kurda es responsable de esta falta de comprensión, pues los políticos kurdos emplean una lengua ambigua, opaca a la hora de expresar su identidad kurda, y el hecho de que no le importa lo que sucede en Homs, Daraa y la zona rural de Damasco. Eso no lo dicen claramente.

Tenemos distintas corrientes en la escena política kurda. En el Consejo Nacional Kurdo, hay dos corrientes, la de Talabani y la de Barzani. La de Talabani es más cercana al régimen, y tiene posturas muy conciliadoras con el PKK, mientras que la corriente de Barzani emplea un lenguaje más cercano al de la revolución, y es la punta de lanza para entrar en la Coalición Nacional. Pero incluso esta corriente, que habla abiertamente de un patriotismo sirio unificado, tiene otra postura cuando se trata de hablar entre kurdos, aunque no hable de separarse de Siria. La verdadera postura de esta corriente es que se aferra y circunscribe a su identidad kurda, y se aleja de lo que sucede en Siria, sin anunciar tal alejamiento con la misma claridad.

La piedra angular para comprender la postura kurda no es más que el hecho de que es una postura que gira en torno a sí misma y que está lejos del patriotismo sirio. Esta postura, desde mi punto de vista, fue muy oportunista y negativa en el inicio de la revolución, e incluso un año o año y medio después del estallido. En mis escritos, solía expresar tal opinión, pero hoy no soy tan duro. No por miedo, como es natural, pues escribía estas cosas estando al alcance del PKK en el barrio Achrafieh en Alepo, aunque quizá tengo suerte porque no leen, pues lo cierto es que habría bastado que uno de ellos hubiera escrito un informe sobre mis escritos para estar en peligro. Son como el régimen: reprimen a la gente, “educan” a los críticos (utilizan mucho esta expresión), y atacan las manifestaciones y las reprimen, aunque no vayan en su contra. También detienen, pues tienen cárceles, y matan.

La revolución siria ha llegado hoy a un callejón sin salida. No puede derrocar al régimen con sus armas, y a la vez, quien lucha, no puede dejar sus armas y retornar al pacifismo. El régimen no puede derrotar a la revolución. Está claro también que no hay ningún plan de solución por parte de los llamados “Amigos de Siria”, sino que tienen un plan para gestionar la crisis durante un tiempo de plazo cuyo final desconocemos. En esta situación, cuando uno gira en torno a su nacionalismo, la política correcta desde el punto de vista kurdo es la política del PKK. Esto no supone en absoluto que yo defienda sus prácticas, pero su política basada en la defensa de sus zonas cuando se ven atacadas por el Estado Islámico de Iraq y Siria o el Frente de Al-Nusra, es correcta, sana y está justificada moralmente. Cuando no se comprende que los kurdos no se comportan como sirios, sino como un grupo independiente, y que Diyarbakir les importa más que Alepo, cabe esperar que se emitan comunicados como el de la Coalición Nacional sobre la declaración de autonomía kurda, que considera que el PKK, con su rama siria, es enemigo del pueblo sirio. 

¿Qué piensas de ese comunicado de la Coalición, sobre el PYD y su enemistad con el pueblo sirio? 

La postura de la Coalición Nacional en relación con el Partido de la Unión Democrática es muy mala porque provoca aversión y un sentimiento de rechazo. La Coalición necesita tender puentes con el PYD y con el Comité de Coordinación Nacional también: intentar ir con una delegación unida a Ginebra ha de ser un objetivo principal.

No basta que la Coalición hoy siga asegurando que incluye en sus filas a una importante representación kurda, pues la verdadera fuerza que representa a los kurdos sobre el terreno es el PYD y eso no se puede negar, como tampoco se puede minimizar su importancia o intentar hacer que eso no sea así por medio de representaciones políticas virtuales.

Las Fuerzas de Protección Popular, la mayor facción armada kurda, se suelen ligar al PYD a pesar de que muchos de sus efectivos no son miembros del partido, y es que existe una lógica parecida al reclutamiento forzoso en muchas zonas kurdas a favor de las Fuerzas de Protección Popular, que además son prácticamente la única salida para muchos jóvenes kurdos para poder mantenerse. Añádase a eso que hay un paraguas político llamado Consejo del Pueblo del Kurdistán Occidental cuyas elecciones he presenciado – y que son al más puro estilo baasista- en Achrafieh en Alepo. En aquel momento aún no había ESL en Achrafieh y la presencia del régimen estaba muy debilitada, pero sí estaba allí. Ello significa que sus afirmaciones de que no estaban coordinando con el régimen son falsas. Se beneficiaron de que el régimen tenía interés en su presencia y lo aprovecharon.

Hoy, desde el punto de vista de la oposición “árabe”, es necesario presionar a los kurdos, lo que en realidad significa presionar al PYD. No tiene sentido obviar esta necesidad presionando a partidos virtuales, carentes de peso popular, pues ello no es más que engañarse a uno mismo.

Las peticiones de los kurdos producen verdaderos espasmos entre los árabes, como ha quedado patente en el desarrollo de la actividad política de la oposición durante la revolución. La oposición ha seguido repitiendo durante dos años que es incapaz de retirar el adjetivo “árabe” del nombre oficial de la República, y que no está capacitada para implementar la descentralización administrativa. Pero también ha olvidado estas posturas de rechazo cuando se ha visto presionada internacionalmente por determinados países para introducir un bloque kurdo sin preso real sobre el terreno. ¿Qué le impide entonces entenderse con Saleh Muslim si pueden arrancarle la afirmación de que no quiere la independencia de Siria?

Y por cierto, si me preguntasen mi opinión, diría que no soy partidario de eliminar “árabe” del nombre oficial de Siria. Si no estuviera y se buscara introducirlo, yo no estaría a favor, pero estando presente, no creo que haya que eliminarlo. Siria es en verdad un Estado con una amplia mayoría árabe. Si yo fuera árabe me negaría rotundamente. ¿Por qué debería eliminar ese adjetivo para satisfacer a una minoría? Si a los kurdos les molesta, ello ha de discutirse en un Parlamento elegido, pero imponerlo por la fuerza y por presiones internacionales es realmente indignante.

Pero esa no es la cuestión. Lo que realmente irrita es el grado de aferramiento a la palabra “árabe” durante meses, para luego desentenderse de ella en el momento en que llegan las presiones internacionales. Entonces, ¿por qué no se acuerda una autonomía para las zonas kurdas, algo que es una realidad sobre el terreno, a cambio de ir a Ginebra con una delegación unida y con peticiones previamente acordadas?

El PYD gira en torno a su identidad kurda, en torno a su partido, en torno a Ocalan. Cualquier parte que sirva a estos ejes es un potencial aliado, sea Bashar al-Asad, el ESL, Erdogan o quien sea. Este partido es flexible hasta el punto de carecer de principios. No tiene principios estratégicos ni alianzas firmes. Lo único sagrado es Ocalan y que este salga de la cárcel. Todo lo demás son tácticas coyunturales. Puede aliarse momentáneamente, de forma objetiva o no, con el régimen sirio hoy, para enfrentarse a él mañana, y volver a aliarse con él pasado mañana, como ya ha sucedido.

En la situación actual, el PYD busca cimentar la autonomía según la política de hechos consumados, y trabaja para proteger sus zonas, aunque sea con la lógica de “quienes la protegen son quienes la roban”. O sea, que obliga a pagar impuestos a los habitantes de estas zonas y castiga a quienes se muestran enfadados por ello. En cuanto a cómo quede Siria finalmente, saben bien que ello depende del ambiente y los acuerdos internacionales. En Turquía, el PKK no pide la independencia, sino que quiere una autonomía de las zonas kurdas. 

Entonces, ¿ves algún futuro para el trabajo conjunto entre con el PYD, especialmente de cara a Ginebra? 

La coalición debe buscar el interés que comparte con el PYD, que lo hay, y políticamente es posible tratar de cimentarlo como un plan de trabajo político conjunto, sea integrándose en la Coalición o al menos conformando una delegación conjunta para Ginebra II. Esa es una cuestión política que necesita políticos y de nada sirven los discursos manidos.

Hay un sueño que me persigue desde hace unas dos semanas que es que, ya que la comunidad internacional nos obliga a ir a Ginebra II, en vez de ir en tres grupos- la Coalición, el Comité de Coordinación Nacional y el Alto Comité Kurdo- para pelearse entre sí en vez de negociar con el régimen, debemos encontrar la manera de aunar a estas tres partes en una única delegación. Y creo que ese momento es ahora acuciante de verdad cuando nos encontramos en un contexto de lucha entre el Estado Islámico de Iraq y Siria y el PKK, y de aquel con todos en realidad. Existe un punto en común que puede unir dichas partes. El PKK es miembro del Comité de Coordinación Nacional y también del Alto Comité Kurdo, como si fuera un comodín. Si puedes tender puentes con el comodín, debes intentarlo, porque nada es imposible en política. Pero cuando lo acusas de colaborar con el régimen, como hace la Coalición, lo empujas a que lo sea de veras.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Mataron a Hassan y lo convirtieron en un número



Texto original: Al-Modon

Autor: Mutawali Abu Naser

Fecha: 17/12/2013

"El lugar más bello del mundo... es el campamento"
(El artista mártir, Hassan Hassan)

Han pasado diez años desde que conocí al actor palestino Hassan Hassan, cuando aún era un adolescente talentoso a quien no se le borraba la sonrisa. “¿En qué trabajas?”, le pregunté. “Amo actuar, amo la madera del escenario, y amo Palestina”.

Meses después de este encuentro, me propuso que trabajáramos en un texto teatral, pero le pedí que esperara a que terminase la secundaria y accediera a la Escuela de Interpretación. Aceptó con desgana y el destino quiso que yo fuera su profesor de filosofía. Publicados los resultados, se presentó como candidato, pero el tribunal, presidido entonces por el artista palestino Hasan Awiti, lo rechazó.

Nos quedamos atónitos los dos juntos sobre el escenario, y entonces decidimos fundar un grupo de teatro llamado “Hijos del sol”. La primera función fue una obra mía llamada “Siete minutos bastan”, que se representó durante tres días en el Teatro Al-Jalisa. Posteriormente, presentamos la obra “¿Por qué?” en el teatro de la UNESCO de Beirut.

En todo ese tiempo, el corazón de Hassan nunca desesperó en su intento de entrar en la Escuela Superior, porque estaba convencido de que debía estudiar interpretación para desarrollar sus capacidades. Por ello, volvió a presentarse en la Escuela, y volvieron a rechazarlo, so pretexto de que poseía talento y no necesitaba estudiar interpretación. Perdida la esperanza de completar sus estudios, decidió alistarse en el ejército. Durante su servicio militar, Hassan decidió perseguir su sueño en el teatro interpretando varias obras de corte crítico social que presentó con un grupo de jóvenes. Nada más acabar su servicio militar, cuando llegaban los albores de la revolución en Siria, sintiéndose parte de esta tierra que había abrazado los sueños de su infancia, decidió fundar con otros jóvenes un centro de comunicación artística llamado “reacción”.

Este centro no era sino un anuncio de revolución contra las mafias del arte en Siria formadas a la sombra del régimen, pues todo lo producido en ese centro iba destinado a luchar contra la producción del régimen durante los cuarenta años de su gobierno. Todo versaba sobre la mala situación social y política en la que se encontraban los palestinos en los campamentos de Siria, criticando desde la ironía.

Hassan se negó a salir del campamento de Yarmuk cuando el régimen lo cercó, y se quedó allí documentando los hechos con vídeo y audio, criticando al régimen y la acción de la oposición armada que había entrado en el campamento, y que no soportaba ser criticada. El Frente de Al-Nusra y la Liga Islámica lo detuvieron más de una vez. Finalmente, decidió salir del campamento hace dos meses, solo porque sintió que las cosas iban hacia un futuro contrario a lo que él soñaba. Y en el punto de control de Sabinah, le esperaba la muerte mientras la mano del asesino se preparaba para ponerle las esposas.

El artista palestino Hassan Hassan fue conducido a la sede de la Seguridad Militar, y salió dos meses después en forma de cadáver inerte. Igual que hace el enemigo israelí cuando guarda los cadáveres y les pone números en vez de nombres, eso mismo hizo el régimen. Hassan Hassan es un número, ni más ni menos, para un régimen que pretende ser eje de resistencia y antiimperialismo. 

Tal vez las palabras del poeta palestino Mahmud Sarsawi, que escribió al recibir la noticia de la muerte de Hassan, sean las más idóneas para expresar esta desgracia: “Un talento que siguió buscando un rayo de sol bajo la luz, conversando con todo aquel cansancio y preguntas que el sueño había dejado en sus orillas, con la sed de su alma y el giro hacia el amor. Te marchaste como se marcha siempre la belleza a un momento que se le parece, un momento que no destaca más que por el himno no cesa de glorificar la vida. Tal vez entre sus primeros amantes están aquellos cuyas banderas deben ser bajadas cuando los perdemos, pero Hassan Hassan fue el joven soñador sin límite, la belleza que duró hasta su último aliento, sí, el último.”

martes, 17 de diciembre de 2013

Tres días de esperanza en el camino para romper el cerco



Razan Zaytoune, junto con Samira Jalil (la mujer de Yassin al-Haj Saleh), Wael Hammada y Nathim Hamadi fueron secuestrados el 9 de diciembre de 2013 cuando un grupo entró en el despacho sede del Centro Sirio de Documentación de Violaciones donde realizaban su trabajo en las afueras de Damasco. Esto es lo que escribió Razan para la página Lebanon NOW unas horas antes de que se produjera el secuestro, desde Al-Ghoutta, Damasco:

 Libertad para Razan y sus compañeros (especifica los nombres)
que fueron secuestrados por desconocidos en Al-Ghoutta oriental.
Juntos para que los liberen
(Comités de Coordinación Local)

El camino es largo, y está plagado de baches y minas, y es la suerte quien decide si el pie pisa en uno u otro punto sin contratiempos. Este oscuro camino no lo alumbran más que la fe y lo que queda del sueño.

Durante tres días, las noticias sobre el camino desplazaron a todas las demás. El camino abre sus brazos, los cuerpos de los jóvenes que resisten su cerrazón se han alineado como un puente, mártir tras mártir, para cruzar con los vivos hacia el final del camino.

Durante tres días, los alminares no llamaban a la oración, sino que se escuchaban otras voces tenues, que se entrecruzaban y se perdían en el viento antes de llegar a nuestros oídos. Sus nombres completos… Cada vez que escuchábamos los altavoces, el ruido hacía interferencia con la voz del muecín. Sabíamos que se trataba de un nuevo mártir, nuevos mártires, que habían desafiado el camino tortuoso y decidido seguirlo. No había tiempo para la tristeza.

Todos han aceptado que el camino volverá a pavimentarse con los cuerpos de esos jóvenes. Sentimos tristeza, pero también alegría. Todos celebraban el camino y seguían sus noticias, pretendiendo ser parte de él, como si fuéramos una larga cadena humana cargada de fardos que camina lentamente y con la firmeza de que se acerca el fin del camino.

Al final del camino hay leche y huevos para los niños hambrientos y ropas cálidas, mientras el trigo dorado espera que lo recojan las manos de las mujeres y lo calienten sobre la plancha. También están las medicinas que esperan reducir el dolor de los enfermos y salvar las vidas de algunos de ellos… Y al final del camino está también el Paraíso prometido, un paraíso que prometió una vida con un cierto parecido a la vida: algo de calor, de saciedad y de curación.

Las estanterías de sus locales se llenaron de pronto de productos que escondían y la gente los castigó sin comprar. Los comerciantes de la sangre, que tomaron parte en la celebración del camino, mañana, cuando el camino abra sus brazos, enterrarán con vergüenza sus mercancías escondidas.

Estos tres días trajeron consigo todos los sueños que no habían traído los tres años pasados.. Planes de futuro: quienes quieren irse y quienes quieren volver. Incluso los habitantes de otras zonas seguían la batalla como si fuera la que los liberaría a ellos. Lo que hay tras el camino no se parece a lo que había antes de él.

En cuanto se frustraron las noticias del camino, se dijo que se había llenado de la sangre de los jóvenes y que se había cerrado sobre sus cuerpos, se pospusieron los sueños del Paraíso que espera al final del camino. Pero nadie olvida ni olvidará esos momentos de esperanza, y cómo todos pasaron de ser seres encanecidos y cansados a ser seres alados que celebraban felices lo que estaba por venir: la vida que se parece a la vida.

Que el camino vuelva a cerrarse sobre esas esperanzas no ha afectado a esos sentimientos, pues estos días han sido una ocasión para recordar a todos lo que esperamos y para enseñarnos que todo tipo de dolor es llevadero en el momento en que se llega y se cruza el camino.

El camino sigue siendo largo y estando plagado de baches y minas, sigue estando cerrado al final y no sabemos qué espera detrás. Lo que hay tras el bloqueo, tras la revolución, tras la guerra, es un sueño que nos une a todos, como si fuéramos una larga cadena humana cargada de fardos que camina lentamente y con la firmeza de que se acerca el fin del camino. Bienaventurado aquel que lo cruce finalmente.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Los difíciles momentos que vive Siria


Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Elías Khoury

Fecha: 18/11/2013



Siria vive hoy sus más difíciles días. Basta con leer la tristeza en los rostros de los sirios y las sirias desplazados dentro de Siria o en los países vecinos para ver el terror: un terror que va desde la hambruna, que se ha convertido en el arma del régimen despótico, hasta la destrucción absoluta del país que este régimen lleva a cabo superando incluso a los mismísimos israelíes. La dificultad de este momento que atraviesa Siria no solo se manifiesta en la dolorosa situación humanitaria producto del salvajismo de la dictadura, sino que también lo hace de forma muy clara en los niveles político y cultural.

En el ámbito político se ha cerrado claramente toda posibilidad de lograr una solución política, pues el régimen y sus aliados iraní y ruso siguen con su política de tierra quemada, mientras que las oposiciones sirias se ven desnudas internacional y regionalmente. En el nivel cultural, la cuestión es más complicada, porque la falta de horizonte político se refleja negativamente en la cultura y el discurso ético, por lo que se hace necesario retornar a las obviedades éticas, para que el discurso político dominante no nos aboque al silencio y la muerte. La falta de horizonte político ha quedado clara después de la caída de dos opciones por las que se había apostado, y que estaban destruidas desde el principio: la primera es haber creído en la intervención exterior y en la postura estadounidense de retirarse parcialmente de la zona tras el fracaso de la miserable invasión de Iraq. La segunda es haber creído que los países del Golfo serían capaces de dirigir la región, y saldar sus cuentas con Irán en Siria.

Estas dos míseras opciones no habrían recibido tanta atención si no hubiera sido por la dispersión y la falta de responsabilidad de las que han hecho gala las “instituciones” de la oposición siria en el exterior, que se han convertido en una especie de presentadores de televisión en las cadenas del Golfo. Hablar de la oposición exige mucho espacio, y tal vez el análisis que hizo Subhi Hadid en su artículo ‘La Coalición Siria está plagada de rebeldías (14/11/2013, Al-Quds al-Arabi), ofrezca al lector una introducción para comprender la crisis de la oposición y su desgracia a un tiempo. Pero el nivel cultural revela la profundidad de la crisis ética que vive nuestra cultura en el seguimiento del gran dolor sirio. Así, parece como si el aparato del régimen y sus aliados hubieran logrado presentar la situación en Siria como si fuera una elección entre dos dictaduras: el régimen que dice ser laico, pero es abominablemente sectario, y que está aliado con el fundamentalismo de los Mullahs, o bien las corrientes fundamentalistas desde el Estado Islámico de Iraq y Siria, pasando por Al-Nusra y llegando a aquello que pueda nacer aún fruto de la división de la sociedad siria por medio de la destrucción de sus ciudades y pueblos.



 "Abajo el Partido Socialista Árabe Da'sh" 
(juego de palabras con Da'esh, que sustituye a Baaz)
[En las camisetas] "Li-be-r-tad"

No quiero entrar en los derroteros del análisis conspiracionista, que se basa en el hecho de que el régimen liberó a los takfiríes que estaban en sus cárceles -aunque ya los había utilizado en Iraq-, ni me voy a centrar en la historia de la gran “evasión” que organizo Al-Qaeda  en Iraq en Abu Graib, para aumentar las filas de Da’esh (siglas en árabe del Estado Islámico de Iraq y Siria), ni tampoco en el papel del régimen del Partido Da’wa que gobierna Iraq hoy al dejar salir al monstruo de la botella. Si bien se trata de una lectura que puede ser correcta, ya que existe el precedente de Fath al-Islam en Líbano (que supuso la destrucción del campamento de Nahr al-Bared), la cuestión es más compleja aún, e indica que la presencia de los países del Golfo y de Turquía, que han llenado el vacío dejado por la irresponsabilidad de la oposición siria, ha llevado a la revolución siria a caminos tortuosos y ha convertido la acción armada de la revolución en un instrumento en manos del régimen y  sus aliados. La complejidad del asunto nace de las cuestiones cultural y ética que he señalado, y ahí es donde está el gran problema desde mi punto de vista. Para ser claro desde el principio, no pretendo humillar a ningún intelectual sirio o árabe que haya sido fiel a la larga relación entre la cultura y el poder dictatorial, porque el tema es mucho más importante que un simple comentario que convierte una posición cultural en soporte de la dictadura. Lo que me quita el sueño es cómo conformar una postura cultural y ética que se eleve por encima del discurso sectario dominante, y sea fiel a los grandes sacrificios que ha ofrecido y sigue ofreciendo el pueblo sirio.

A decir verdad, ya no me concierne un discurso izquierdista  pétreo que recurre al imperialismo que en el pasado le llevó a apoyar a un asesino como Milošević, y que hoy le lleva a encubrir los crímenes de Bashar al-Asad y los hombres de su séquito. La cuestión no tiene nada que ver con la resistencia al imperialismo estadounidense, como no tiene nada que ver con la justicia social que el fundamentalismo ha borrado para servir al capitalismo salvaje. Del mismo modo, dudo mucho del discurso liberal que olvida conscientemente la ocupación israelí y se rinde al liderazgo de un Golfo que no tiene nada de liberal.

La búsqueda debe comenzar por la cuestión ética: cómo ponerse de parte de la víctima, cómo defender la ética de esta víctima y evitar que se vea arrastrada a reacciones dictatoriales y sectarias que reproduzcan al régimen despótico con distinta forma.

Y dígase también que el dibujo dictatorial del artista Saad Hajjo, donde vemos una pancarta sobre el que se lee “Abajo el Partido Árabe Socialista Da’esh” resume esta postura ética, como una condición necesaria para poder entrar en cualquier discusión política. La cuestión comienza, pues, con nuestro compromiso ético ante los ingentes sacrificios que han ofrecido y ofrecen los sirios y las sirias, y en no olvidar en ningún momento que el levantamiento popular sirio es legítimo, necesario y justo, y que el lema de la libertad y la dignidad por cuya defensa han muerto miles de personas, es un lema justo que la opresión no puede ocultar.

Desde aquí comenzamos, de la justicia de este derecho, y las coyunturas políticas internacionales y la dificultad de la situación en Siria no nos deben hacer olvidar que la libertad y la resistencia a la dictadura es la base de toda ética y política. Ni el salvajismo del régimen ni la tendencia degenerante de Da’esh y Al-Nusra, ni la crisis de la oposición nos pueden hacer olvidar que estamos con la libertad de los sirios, pase lo que pase, y que ningún discurso está por encima del derecho humano de ser humano.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Siria: ese equilibrio asesino


Texto original: Al-Hayat 

Autor: Yassin Swehat

Fecha: 21/10/2013



Desde hace meses, pero especialmente desde que el régimen sirio logró evitar el golpe militar estadounidense y salió reforzado del acuerdo ruso-estadounidense sobre la renuncia al arsenal químico, el escenario sirio que presenciamos es un ejemplo deformado de equilibrio, cuya característica principal es el trastorno de los parámetros políticos y éticos.

Por su parte, el régimen parece bien cohesionado y capaz de dominar política y securitariamente las zonas bajo su influencia en los centros de las grandes ciudades y el cinturón costero, además de que muestra una capacidad increíble de mantener organizadas la administración y la vida de dichas zonas, manteniendo una economía política exitosa, en gran medida, gracias a que ha logrado que las cosas sigan atadas, mucho más de lo que cabría esperar. En cuanto a las zonas liberadas, las cosas van de mal en peor: la carencia y las deficiencias predominan en cada localidad y pueblo. Y a ello ha de unirse la total ausencia de seguridad, ya sea porque el régimen tiene la capacidad de seguir matando diariamente desde el aire en cualquier punto de la geografía siria, o bien por el tremendo aumento de mafias y bandas de pillaje y secuestros. Pero sobre todo, esta situación se debe a la presencia de un horrible régimen dictatorial y opresor  -el Estado Islámico de Iraq y Siria (ISIS, según sus siglas en inglés)-, que va ganando metro tras metro en su enfrentamiento con el ESL, que nunca fue un ejército ni en el más básico sentido de la palabra, sea cual sea el significado que se le da al concepto, y que hoy es víctima de la decadencia, como si fuera un terrón de azúcar disolviéndose en agua caliente. Entre estos dos opuestos, las brigadas islamistas se unen en ejércitos y alianzas distintas entre sí en muchos aspectos, pero a las que unen dos cuestiones principales: el rechazo a la legitimidad de la Coalición Nacional o cualquier otro grupo político, y que el islam salafí ha de ser la única referencia.

Hoy ya no se habla en ninguna parte de las zonas liberadas de un proyecto político o administrativo constructivo más allá de lo referente a sobrevivir a día de hoy. Mañana, si se puede, las palabras clave serán ISIS, los bombardeos aéreos, los SCUD, los enmascarados, el pillaje, los secuestros, el comercio petrolero, los enfrentamientos militares entre las brigadas islamistas y los kurdos, los enfrentamientos entre ISIS y el ESL, los enfrentamientos entre los islamistas… Todas estas palabras clave resuenan en el creciente sufrimiento diario -y pesan sobre la espalda- de aquellos civiles que no se han desplazado, un sufrimiento que comenzó desde la salida de la primera manifestación contra el régimen de Bashar al-Asad y que creció exponencialmente cuando los aparatos de represión del régimen mostraron su carácter sanguinario y aumentaron la letalidad de sus instrumentos y el numero de asesinatos. Es un sufrimiento que hoy ha llegado, con todas sus variantes, a ser insoportable. Hoy, también, parece que este sufrimiento ya no significa nada para el mundo, pues parece que la opinión pública internacional está harta de las imágenes de muerte y tortura de los sirios.  Aquí, lo más probable es que la mayor parte de la culpa recaiga en el discurso político de la revolución, que no ha hecho durante más de dos años y medio, otra cosa que mostrar estas imágenes con profusión y esperar que el mundo hiciera algo. Pero ¿qué “realismo” ha permitido al mundo permanecer como un mero espectador durante más de treinta meses ante la continua masacre? ¿Puede ser la “política”?

Como si la creciente incapacidad de hacer llegar las imágenes de tortura no bastase,  nos encontramos que el hacer llegar esas imágenes al mundo peligra. Al inicio de la revolución, el régimen impidió la llegada de los medios a territorio sirio, e intentó imponer una cortina que tapase los crímenes que cometía contra los revolucionarios y su entorno social. Pero fracasó en su intento de mantener el silencio mediático gracias a los periodistas ciudadanos que la propia revolución creó, a pesar de todos los fallos que este fenómeno pueda tener. Más aún,  según el régimen iba perdiendo el dominio de los límites de Siria, se fue abriendo el camino a la entrada de reporteros y periodistas extranjeros. Hoy esto ya no es así, y ahora estos periodistas apenas se atreven a entrar en las zonas liberadas, pues a ojos de ISIS y sus semejantes son “espías”, o una oportunidad de negociar desorbitados rescates, o incluso las dos a la vez. Un informe de Sky News, tras perder el contacto con uno de sus periodistas, informó de que los periodistas secuestrados en Siria son ya 21, aunque este número no expresa la magnitud de la situación. Existen casos que no llegan a los medios ni a las organizaciones de DDHH y que las familias o las partes para las que trabajan prefieren tratar en silencio. Este número tampoco incluye a los activistas locales que trabajan en los ámbitos de los medios o los derechos, y que se han convertido en un objetivo principal de los carceleros de ISIS, por lo que muchos se han visto obligados a detener sus actividades y esconderse, como cuando dominaba el régimen.

Frente el “realismo” con que la comunidad internacional trata la cuestión siria, hay una escena simplificada: el régimen de Asad ha logrado mantener su cohesión tras los primeros meses de rápida decadencia, y ha recuperado la iniciativa militar en muchas zonas. También mantiene un fuerte dominio sobre las zonas en las que está presente. En contrapartida, hay una oposición política semi-virtual, que no tiene presencia efectiva sobre el terreno, ni voz en tan solo un kilómetro cuadrado de terreno liberado, y cuyas figuras se canibalizan entre sí en una lucha delirante por nada. Mientras, el caos de las armas se extiende sobre un terreno que se ha convertido en zona de torbellinos en que se deleitan organizaciones yihadistas nihilistas que provocan el miedo de Occidente y traen de vuelta a la memoria antiguas pesadillas. No sorprende que el regreso de las comunicaciones y las coordinaciones, secretas y no, entre el régimen y varios Estados árabes y occidentales sea un tema recurrente en los medios del régimen y los de sus aliados. Al margen de lo que mienten y exageran estos medios, no hay duda de que algo de lo que dicen es cierto, sobre todo en el contexto del acuerdo ruso-estadounidense que ha rehabilitado de hecho, aunque sin expresarlo directamente, al régimen sirio como un socio político y securitario.

El tiempo transcurre a favor del régimen en este increíble equilibrio, y no sorprende que la desesperación se haya apoderado de la oposición.  ¿Hay alguna posibilidad de romper este equilibrio parcial o totalmente? ¿Sigue siendo posible recuperar la iniciativa política o militar? Las respuestas son dolorosas, pero ciento cincuenta mil muertos, cientos de miles de detenidos y millones de refugiados esperan esas respuestas de las élites de la sociedad de la revolución, políticas e intelectuales.