Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

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sábado, 21 de diciembre de 2013

Diálogo con Bakr Sidki

Texto original: Al-Yumhuriyya

Autor: Yassin Swehat

Fecha: 14/12/2013

Debido a la longitud del texto, se ha decidido dividir la traducción en partes para no cansar al lector. Aquí la primera parte.

Bakr Sidki es un conocido escritor y traductor kurdo y uno de los más importantes traductores del turco, así como asiduo colaborador en medios turcos en torno a la cuestión kurda, Siria y otros debates de orden político. Sidki estuvo detenido en las cárceles del régimen sirio





¿Cómo ves la situación de los kurdos sirios, con la conformación de Fuerzas de Protección Popular pertenecientes al PYD (Partido de la Unión Democrática), como fuerza armada cohesionada que impone zonas autónomas en las regiones kurdas? 

Desde el inicio de la revolución comencé a escribir artículos muy duros contra las políticas del PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) y sus prácticas. Hoy, a lo largo de la conversación, advertirás algunas diferencias. No me gustan las políticas ni prácticas de este partido, pero mis razones difieren con las esgrimidas por la “oposición árabe”.

El punto clave del malentendido entre la parte árabe y la parte kurda es que la parte kurda se considera a sí misma una sociedad independiente, psicológica, política y culturalmente, y que piensa de forma independiente. Cuando dice “nosotros” no se refiere a los sirios, sino a los kurdos, o al menos a “nosotros los kurdos sirios”, pero es más importante que se refiera a “nosotros los kurdos”; es decir, una comunidad que se extiende entre Iraq, Irán, Turquía y Siria. Esta psicología ha hecho mella en los kurdos desde el año 2004, incluso entre los que no comparten la idea de la separación; o sea, esos que –aun soñando con que los kurdos sean una nación como cualquier otra- son conscientes de la realidad de que una transformación tal no puede realizarse más que con el beneplácito de las grandes potencias, que no son otras que los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Por tanto, aceptan la idea de una integración forzada con el resto de sirios, o con los turcos en Turquía, pero a pesar de ello, están dispuestos a aprovechar cualquier oportunidad que les sirva para llegar a una situación constitucional diferente, o alcanzar la autonomía, el federalismo, o incluso la total separación (algo que está muy lejos).

En mi opinión, las partes árabe, turca o iraní deben comprender ese sentimiento, e incluso empatizar con él. Los kurdos no sienten esa empatía. En 2004, sintieron que la oposición les había fallado, cuando estaban en una misma lucha contra el régimen, derribando sus estatuas y destrozando sus banderas, entrando en la primera lucha seria con el régimen de Asad. La oposición árabe, obsesionada con la separación, además de que esto se producía a la vez que la ocupación estadounidense de Iraq, entró en un ambiente tenso contra los kurdos. Es cierto que los árabes tienen derecho a culpar a los kurdos por haber tomado la decisión de levantarse sin consultarles, no viendo ninguna utilidad en verse arrastrados a un problema para el que no estaban preparados. Pero la oposición árabe podía haber adoptado esta sencilla postura en vez de comenzar a sacar las imágenes de las banderas “independentistas” y otras que los convirtieron en enemigos de la movilización kurda. Sin embargo, eso es lo que sucedió, y yo mismo participé en muchas discusiones sobre el tema con opositores árabes.

Así se entiende cómo contribuyeron a crear un sentimiento de aversión y falta de confianza, del cual han partido los partidos kurdos, especialmente el PKK, en su actuación. Posteriormente comenzó la revolución siria, y los jóvenes de Qamishle y Amuda participaron con fuerza, aunque de forma diferente, fruto de su particularidad kurda; es decir, que participaron nacionalmente con todos los sirios, aunque fuera con algunas peticiones propias como kurdos, y con el deseo de afirmarse como kurdos también. El PKK ha actuado desde el primer momento como elemento disuasorio, algo en que lo han acompañado los otros partidos tradicionales. Todas las fuerzas políticas kurdas adoptaron desde el inicio la siguiente postura: debemos esperar y observar, y no caer en una lucha que no nos incumbe como kurdos, pues esta es una lucha entre árabes.

Es imposible que los oriundos de Mare’, Hritan o Deir Ezzor puedan comprender esta postura, por lo que no aceptarán tal postura de espera y observación mientras son sacrificados por el régimen. Y yo mismo tenía esa postura de rechazo. Me dolía ver cómo los partidos kurdos adoptaban la postura del espectador, que ve que no debemos cortar todos los lazos con el régimen por si logra reprimir la revolución, y que al mismo tiempo, utilizaban su escasa participación para ganar puntos en caso de que los opositores vencieran a Asad. Se trata de una postura arribista, que nace del deseo de mantener la presencia kurda exclusivamente, y esperar que la comunidad internacional proteja dicha presencia en caso de que la lucha se prolongue, como sucedió posteriormente. Eso ha facilitado la aparición de líderes kurdos que prosperan por “su mirada desde lejos” y la “corrección” de su postura en el inicio de la revolución, y que aseguran que adoptando dicha postura han impedido que la guerra les llegue, aunque esto no es cierto, pues la guerra ha llegado a las zonas kurdas con el Estado Islámico de Iraq y Siria y el Frente de Al-Nusra, además de algunas brigadas del ESL.

Ello no impide, volviendo a la primera idea, el afirmar que la parte árabe no comprende a los kurdos. Sin duda, la parte kurda es responsable de esta falta de comprensión, pues los políticos kurdos emplean una lengua ambigua, opaca a la hora de expresar su identidad kurda, y el hecho de que no le importa lo que sucede en Homs, Daraa y la zona rural de Damasco. Eso no lo dicen claramente.

Tenemos distintas corrientes en la escena política kurda. En el Consejo Nacional Kurdo, hay dos corrientes, la de Talabani y la de Barzani. La de Talabani es más cercana al régimen, y tiene posturas muy conciliadoras con el PKK, mientras que la corriente de Barzani emplea un lenguaje más cercano al de la revolución, y es la punta de lanza para entrar en la Coalición Nacional. Pero incluso esta corriente, que habla abiertamente de un patriotismo sirio unificado, tiene otra postura cuando se trata de hablar entre kurdos, aunque no hable de separarse de Siria. La verdadera postura de esta corriente es que se aferra y circunscribe a su identidad kurda, y se aleja de lo que sucede en Siria, sin anunciar tal alejamiento con la misma claridad.

La piedra angular para comprender la postura kurda no es más que el hecho de que es una postura que gira en torno a sí misma y que está lejos del patriotismo sirio. Esta postura, desde mi punto de vista, fue muy oportunista y negativa en el inicio de la revolución, e incluso un año o año y medio después del estallido. En mis escritos, solía expresar tal opinión, pero hoy no soy tan duro. No por miedo, como es natural, pues escribía estas cosas estando al alcance del PKK en el barrio Achrafieh en Alepo, aunque quizá tengo suerte porque no leen, pues lo cierto es que habría bastado que uno de ellos hubiera escrito un informe sobre mis escritos para estar en peligro. Son como el régimen: reprimen a la gente, “educan” a los críticos (utilizan mucho esta expresión), y atacan las manifestaciones y las reprimen, aunque no vayan en su contra. También detienen, pues tienen cárceles, y matan.

La revolución siria ha llegado hoy a un callejón sin salida. No puede derrocar al régimen con sus armas, y a la vez, quien lucha, no puede dejar sus armas y retornar al pacifismo. El régimen no puede derrotar a la revolución. Está claro también que no hay ningún plan de solución por parte de los llamados “Amigos de Siria”, sino que tienen un plan para gestionar la crisis durante un tiempo de plazo cuyo final desconocemos. En esta situación, cuando uno gira en torno a su nacionalismo, la política correcta desde el punto de vista kurdo es la política del PKK. Esto no supone en absoluto que yo defienda sus prácticas, pero su política basada en la defensa de sus zonas cuando se ven atacadas por el Estado Islámico de Iraq y Siria o el Frente de Al-Nusra, es correcta, sana y está justificada moralmente. Cuando no se comprende que los kurdos no se comportan como sirios, sino como un grupo independiente, y que Diyarbakir les importa más que Alepo, cabe esperar que se emitan comunicados como el de la Coalición Nacional sobre la declaración de autonomía kurda, que considera que el PKK, con su rama siria, es enemigo del pueblo sirio. 

¿Qué piensas de ese comunicado de la Coalición, sobre el PYD y su enemistad con el pueblo sirio? 

La postura de la Coalición Nacional en relación con el Partido de la Unión Democrática es muy mala porque provoca aversión y un sentimiento de rechazo. La Coalición necesita tender puentes con el PYD y con el Comité de Coordinación Nacional también: intentar ir con una delegación unida a Ginebra ha de ser un objetivo principal.

No basta que la Coalición hoy siga asegurando que incluye en sus filas a una importante representación kurda, pues la verdadera fuerza que representa a los kurdos sobre el terreno es el PYD y eso no se puede negar, como tampoco se puede minimizar su importancia o intentar hacer que eso no sea así por medio de representaciones políticas virtuales.

Las Fuerzas de Protección Popular, la mayor facción armada kurda, se suelen ligar al PYD a pesar de que muchos de sus efectivos no son miembros del partido, y es que existe una lógica parecida al reclutamiento forzoso en muchas zonas kurdas a favor de las Fuerzas de Protección Popular, que además son prácticamente la única salida para muchos jóvenes kurdos para poder mantenerse. Añádase a eso que hay un paraguas político llamado Consejo del Pueblo del Kurdistán Occidental cuyas elecciones he presenciado – y que son al más puro estilo baasista- en Achrafieh en Alepo. En aquel momento aún no había ESL en Achrafieh y la presencia del régimen estaba muy debilitada, pero sí estaba allí. Ello significa que sus afirmaciones de que no estaban coordinando con el régimen son falsas. Se beneficiaron de que el régimen tenía interés en su presencia y lo aprovecharon.

Hoy, desde el punto de vista de la oposición “árabe”, es necesario presionar a los kurdos, lo que en realidad significa presionar al PYD. No tiene sentido obviar esta necesidad presionando a partidos virtuales, carentes de peso popular, pues ello no es más que engañarse a uno mismo.

Las peticiones de los kurdos producen verdaderos espasmos entre los árabes, como ha quedado patente en el desarrollo de la actividad política de la oposición durante la revolución. La oposición ha seguido repitiendo durante dos años que es incapaz de retirar el adjetivo “árabe” del nombre oficial de la República, y que no está capacitada para implementar la descentralización administrativa. Pero también ha olvidado estas posturas de rechazo cuando se ha visto presionada internacionalmente por determinados países para introducir un bloque kurdo sin preso real sobre el terreno. ¿Qué le impide entonces entenderse con Saleh Muslim si pueden arrancarle la afirmación de que no quiere la independencia de Siria?

Y por cierto, si me preguntasen mi opinión, diría que no soy partidario de eliminar “árabe” del nombre oficial de Siria. Si no estuviera y se buscara introducirlo, yo no estaría a favor, pero estando presente, no creo que haya que eliminarlo. Siria es en verdad un Estado con una amplia mayoría árabe. Si yo fuera árabe me negaría rotundamente. ¿Por qué debería eliminar ese adjetivo para satisfacer a una minoría? Si a los kurdos les molesta, ello ha de discutirse en un Parlamento elegido, pero imponerlo por la fuerza y por presiones internacionales es realmente indignante.

Pero esa no es la cuestión. Lo que realmente irrita es el grado de aferramiento a la palabra “árabe” durante meses, para luego desentenderse de ella en el momento en que llegan las presiones internacionales. Entonces, ¿por qué no se acuerda una autonomía para las zonas kurdas, algo que es una realidad sobre el terreno, a cambio de ir a Ginebra con una delegación unida y con peticiones previamente acordadas?

El PYD gira en torno a su identidad kurda, en torno a su partido, en torno a Ocalan. Cualquier parte que sirva a estos ejes es un potencial aliado, sea Bashar al-Asad, el ESL, Erdogan o quien sea. Este partido es flexible hasta el punto de carecer de principios. No tiene principios estratégicos ni alianzas firmes. Lo único sagrado es Ocalan y que este salga de la cárcel. Todo lo demás son tácticas coyunturales. Puede aliarse momentáneamente, de forma objetiva o no, con el régimen sirio hoy, para enfrentarse a él mañana, y volver a aliarse con él pasado mañana, como ya ha sucedido.

En la situación actual, el PYD busca cimentar la autonomía según la política de hechos consumados, y trabaja para proteger sus zonas, aunque sea con la lógica de “quienes la protegen son quienes la roban”. O sea, que obliga a pagar impuestos a los habitantes de estas zonas y castiga a quienes se muestran enfadados por ello. En cuanto a cómo quede Siria finalmente, saben bien que ello depende del ambiente y los acuerdos internacionales. En Turquía, el PKK no pide la independencia, sino que quiere una autonomía de las zonas kurdas. 

Entonces, ¿ves algún futuro para el trabajo conjunto entre con el PYD, especialmente de cara a Ginebra? 

La coalición debe buscar el interés que comparte con el PYD, que lo hay, y políticamente es posible tratar de cimentarlo como un plan de trabajo político conjunto, sea integrándose en la Coalición o al menos conformando una delegación conjunta para Ginebra II. Esa es una cuestión política que necesita políticos y de nada sirven los discursos manidos.

Hay un sueño que me persigue desde hace unas dos semanas que es que, ya que la comunidad internacional nos obliga a ir a Ginebra II, en vez de ir en tres grupos- la Coalición, el Comité de Coordinación Nacional y el Alto Comité Kurdo- para pelearse entre sí en vez de negociar con el régimen, debemos encontrar la manera de aunar a estas tres partes en una única delegación. Y creo que ese momento es ahora acuciante de verdad cuando nos encontramos en un contexto de lucha entre el Estado Islámico de Iraq y Siria y el PKK, y de aquel con todos en realidad. Existe un punto en común que puede unir dichas partes. El PKK es miembro del Comité de Coordinación Nacional y también del Alto Comité Kurdo, como si fuera un comodín. Si puedes tender puentes con el comodín, debes intentarlo, porque nada es imposible en política. Pero cuando lo acusas de colaborar con el régimen, como hace la Coalición, lo empujas a que lo sea de veras.

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