Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.

lunes, 13 de febrero de 2012

Sobre el sectarismo y el régimen sectario en Siria

Texto original: Al-Nahar

Autor: Yassin al-Hajj Saleh

Fecha:11/02/2012



Siempre ha sido importante reflexionar y discutir sobre el problema del sectarismo en Siria, y es aún más importante hoy en el contexto de la revolución siria, si tenemos en cuenta los cambios que puede provocar en la composición social y política siria, cambios que cada sirio recibirá de distinta manera.

La composición social y política parece siempre expuesta a importantes cambios, que acaloran las reacciones relacionadas con la cuestión sectaria, mientras las posturas políticas y culturales revelan los miedos y presuposiciones que lo rodean. Ya pasó eso en 2005 cuando el régimen parecía amenazado y ya se pudo observar en el contexto de “la crisis de los ochenta”, además de en la década de los sesenta del siglo XX tras el primer golpe del Baaz.

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Sin embargo, la variedad de posturas que hay hoy poco ayudan a establecer los mecanismos para acercarse de forma adecuada a la solución del problema sectario, ya sea en el nivel de la comprensión y aclaración del asunto o en el nivel de la resolución práctica. Algunos tendemos a reducir, con buena intención, el factor sectario, incluso negando que tenga algún efecto general. Otros lo consideran una constante natural de las muchas constantes sociales y culturales de su estructura, y que es imposible de cambiar. Pero, en el primer caso, fracasamos en el tratamiento del problema porque lo negamos y en el segundo también porque lo consideramos como una realidad natural fija y hasta que se produzca un cambio en dicha “naturaleza”, que bien podría decirse que es algo que necesita siglos, no habrá más remedio que vivir con esta permanente discapacidad.

Además de la contraposición que se establece entre tales orientaciones y la posibilidad de tratar el problema, dicho tratamiento es imposible desde otra perspectiva: ambas posturas ignoran el principal lugar de conformación del problema, que es la política y el Estado, el enclave más adecuado para desarrollar un tratamiento efectivo del sectarismo. El sectarismo es una enfermedad política y estatal en primer lugar, y no se trata de una enfermedad de las religiones o las sectas más que en un plano secundario. La multiplicidad de religiones y en la sociedad no provoca el sectarismo, sino que este se produce cuando se utilizan tales diferencias sociales como valores políticos generales en el contexto de la lucha de las élites sociales y políticas por el poder y la influencia. Las diferencias en sí están presentes en todas las sociedades sin excepción, pero pueden diseñarse políticas en las que las diferencias religiosas y sectarias limiten su peso al ámbito social sin influir en el Estado. Esto es así en más de un estado occidental que no tiene nada que envidiar en cuanto a pluralidad religiosa y sectaria se refiere, a nuestras sociedades, pero cuyas diferencias relacionadas con la religión y la secta han perdido su valor político general en gran medida y donde las diferencias sociales han sido heredadas solo culturalmente. A algo así aspira la lucha por la construcción nacional correcta en nuestros países.

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Lo que obvian las discusiones sirias es en concreto el sectarismo del régimen político en el país y el hecho de que este constituye la fuente efectiva de todas las apariencias llamadas sectarias. Pero, ¿qué queremos decir con un régimen sectario?

Hablamos de un régimen sectario cuando se dan las siguientes condiciones: 1) Para reproducirse, se basa en la reproducción ampliada de las diferencias sectarias, 2) los grados de identificación de los ciudadanos con él se diferencia según las diferencias sectarias y religiosas y se relaciona con la formación de una élite de poder y sus prácticas y 3) su estructura o las prácticas de la ´élite del poder van en consonancia con el desarrollo de la conciencia sectaria de todos en detrimento de la conciencia y la unidad nacionales. Estas son realidades palpables en la “Siria de Al-Asad”. Durante los gobiernos de los dos Asad, la integración nacional ha retrocedido en vez de avanzar y ha aumentado la cohesión “de las sectas” en vez de reducirse. Además, el régimen ha alimentado, con políticas conscientes, la crisis de confianza nacional entre los sirios que se temen y desconfían unos de otros, mientras él se convierte en árbitro de sus potenciales enfrentamientos y en el origen de su composición como seres humanos y como sociedad y no en el origen de políticas generales. Por tanto, el régimen sectario no es el régimen de una secta ni el protector exclusivo de sus intereses, sino el que hace del sectarismo un instrumento de poder; es decir, aquel que ve en la provocación de divisiones sectarias un interés intrínseco para él. Y aún más, cuando hablamos del régimen sectario, hablamos de un régimen y no de una secta. Es necesario insistir en este punto incesantemente, no para evitar susceptibilidades ni malentendidos gratuitos que nos corroboren las situaciones sectarias, sino para demostrar que el sectarismo no es una cuestión de “sectas”, lazos familiares ni diferencias religiosas o sectarias heredadas, sino que es una cuestión de poder general, relacionada con su estructura, prácticas y tipo de prioridades, además de con las posiciones de preferencia a las que pueden acceder sus miembros en tema de servicios generales. Más delante diremos que lo principal en la cuestión del poder  no es quién gobierna, sino cómo gobierna: ¿lo hace según reglas establecidas sin discriminación y con una clara perspectiva de lo que representa el interés general, o su gobierno es personal y aleatorio, apoyado en su libre y cambiante albedrío?


 Yassin al-Hajj Saleh

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Mientras puede que la protección del régimen y su continuidad en Siria exija el apoyarse en las personas cercanas o aquellos dignos de confianza, lo que hace más fácil que sean los alauíes los que se identifiquen con él, lo importante es el régimen y su continuidad, y no la vida muelle de los alauíes. Así, el asunto queda como algo relacionado con el régimen, es decir, con una estructura de poder, una influencia, una riqueza y un encumbramiento, y no con está, por tanto, ligada a un grupo religioso o sectario Por tanto, la expresión régimen sectario en Siria no equivale a decir que el régimen es alauí, mientras que al hablar de un régimen sectario, nada tiene ello que ver con los alauíes. No hay una “secta”, sea cual sea, que sea la mala de la película siria ni hay, en contrapartida, una secta que pueda ser el héroe. El bien no nace de las sectas (grupos religiosos y doctrinales a los que se ve como actores políticos), el bien viene de fuera de ellas y en su contra.

Si miramos en un contexto histórico más amplio, que se extienda desde antes de la era asadiana y llegue hasta la etapa post-Asad, tal vez veamos que los alauíes son las primeras víctimas del régimen, el escudo que utilizan los hombres que aman el poder y el dinero y  a sí mismos de tal manera que ello es lo único que les importa. El régimen no está en manos de los alauíes, los alauíes están en manos del régimen.

En cualquier caso, hay un una constate en la valoración que se hace del sectarismo, y es que “las sectas” no son unas mejores que otras, no hay en ellas cosas buenas y cosas malas, cosas progresistas y cosas retrógradas. La realidad es que todas ellas se acercan a lo que se entiende por retrógrado porque estrechan los horizontes de aquellos que a ellas se adscriben y no permiten la ampliación de los márgenes de desarrollo moral e intelectual o político. Esto no va dirigido contra los suníes, los alauíes, los drusos, los ismailíes, los cristianos ni los judíos, ni contra las creencias religiosas de estos grupos, sino a las “sectas” suní alauí, etc., en su calidad de potenciales formaciones políticas. Entre las características del sectarismo y sus señas de identidad está la creencia en la supremacía sectaria, ya la justifiquen por medio de su superioridad sobre las ideologías modernas o basándose en la antigüedad de sus raíces.

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Antes de la revolución, todo esto era patente, pero hoy lo es aún más. Basta con reunir una serie de datos y hechos recientes para caer en la cuenta de que el régimen se apoya en el sectarismo y la división sectaria, que utiliza como instrumento importante de gobierno. Puede que lo único que sea más crucial aún que el uso del sectarismo sea su dependencia de los servicios de seguridad conocidos por su crueldad. La unión es estrecha entre ambos pilares, en cualquier caso, como sabe todo el que conoce la estructura de los aparatos de seguridad sirios. En el instinto del régimen, se ha conformado desde los primeros días de Hafez al-Asad, la idea de que solo está seguro (y la seguridad y la perduración son sus dos obsesiones desde el inicio) en manos de quienes son considerados dignos de confianza: la familia primero y después, la secta. Así, no hizo ningún esfuerzo para ganarse la confianza de la mayoría de los sirios o para fortalecer la confianza entre ellos.

Sus aparatos de gobierno y sus ideólogos trabajaron para encubrir esta situación fabricada hasta que el sectarismo y la división y la desconfianza entre los sirios se convirtiera en una realidad natural, nacida espontáneamente de la composición de nuestra sociedad como ya se ha dicho, y no de una práctica del poder y de las prioridades de las élites del poder y sus prácticas políticas.

Esta teoría, muy extendida, es la teoría del régimen sectario (sus ideólogos son miembros orgánicos del mismo), que nada tiene que ver con el sectarismo.  Dicha teoría tiene dos cosas buenas desde su punto de vista: la primera es que exime al régimen, como forma de ejercicio del gobierno y como élite del gobierno, de toda responsabilidad en lo que a este fenómeno se refiere, y la segunda es que le exime también de la necesidad de elaborar políticas generales para controlarlo, limitar sus efectos y poder así aplazar su tratamiento hasta un futuro indefinido. Es necesaria una generación o más para “las reformas”, según dijo Bashar al-Asad en su entrevista con el Wall Street Journal en el primer mes del año pasado. De hecho, la crueldad relativa con la que el régimen trata a los opositores alauíes se ve como algo que va en esa línea. Pero la cuestión es que el régimen no trata a los sirios como ciudadanos sin importar sus circunstancias religiosas o sectarias, sino que los encadena fuertemente a dichas circunstancias y no les da la posibilidad de soltarse de ellas.

De esta forma, el régimen político, en vez de trabajar por reducir las diferencias ente los sirios y restringir sus diferencias religiosas, sectarias y étnicas al ámbito privado, trabaja como factor de división y sectarización.

El objetivo de esta situación es el acaparamiento del poder general en manos particulares, gracias a lo que ello puede conllevar de división entre los gobernados para debilitarlos al darse preferencia a unos para garantizar su fidelidad. Esto es para decir que el punto de partida en el análisis de la cuestión sectaria no es una secta, sea cual sea, ni las sectas, sino cuestiones de poder, riqueza y preferencia. El sectarismo, insisto, es un instrumento de poder efectivo, que se distingue por ser barato debido a que somete el interés lógico de las personas y grupos  a la solidaridad sectaria de la que se benefician las élites sectarias, sin que reporten beneficios particulares a todos los que pertenecen a la secta. Precisamente por esto, el sectarismo es un fenómeno peligroso porque incita a los desposeídos de las distintas sectas los unos contra los otros, y establece una unión ilógica ente la élite de la secta y el resto de los que pertenecen a ella en las mentes de aquellos.

Si queremos ser más precisos, las sectas en sí mismas no existen más que en política y en la lucha política sectaria. Lo que sí hay son diferencias sociales y culturales que no tienen ninguna connotación política general determinada por su existencia. Y si existen, existen como “sectas en sí mismas”, es decir, como unidades políticas de un régimen político concreto, creadas por medio de la lucha política e ideológica. La construcción de las sectas, es decir, su unificación política, es el objetico de la lucha sectaria, y ello pasa siempre por una lucha dentro de cada secta, que puede ser cruenta, pero no una lucha contra otros grupos religiosos o sectarios.

 "Ni salafistas, ni Hermanos Musulmanes,
mi secta es la libertad"

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Echar la vista atrás debe aclarar más de un factor político general que ha dado lugar al fenómeno sectario en Siria . La usurpación del poder por parte de Hafez al-Asad en 1970 no encontró ninguna oposición relacionada con su adscripción sectaria. Lo cierto es que en Damasco y Alepo fue bien recibido. El recibimiento en Damasco se formuló en clave religiosa: “Pedimos a Dios ayuda y nos envió a Hafez al-Asad”, según decía un cartel que levantaban los comerciantes damascenos en la entrada del zoco de Al-Hamidiyyeh dando la bienvenida a su golpe. En Alepo su coche fue levantado en brazos en una pronta visita a la ciudad. Ningún grupo político ni figura religiosa suní emitió declaración o comunicado alguno que indicara una postura contraria a él o su golpe. Lo cierto es que el golpe se enfrentó a la oposición de los sectores izquierdistas, baasistas y comunistas, que le atribuyeron algunas inclinaciones “de derechas”. La clase y la ideología eran más fuertes, sin duda, en la determinación de una postura frente al golpe asadiano que la realidad sectaria.

Pero él no gobernó el país por medio de la ley, sino según sus caprichos personales, los lazos de parentesco y la fuerza, y durante la mitad de su gobierno más o menos, su hermano Rifaat, un hombre criminal y corrupto, fue el brazo duro de su régimen. Para la seguridad de su régimen se apoyó en secciones militares y aparatos de seguridad dirigidos por aquellos en los que confiaba y los que tenían parentesco con él. Después coronó sus tres décadas de gobierno dejándoselo en herencia a su hijo Bashar al-Asad, sin justificaciones de ningún tipo. Ello sucedió después de que la muerte le robara a su hijo mayor y primer candidato a heredarle en 1994. El gobierno de la ley debería haber reducido la importancia de las circunstancias de los individuos, sus orígenes, sus clases, sus circunstancias y sus linajes, como paso hacia la formación de una mayoría social por encima de las diferencias sectarias. Se creía que Hafez al-Asad sería el origen de esta nueva mayoría, por no decir su fundador y símbolo. Sin embargo, prefirió un gobierno de larga duración frente a una sociedad unida que pudiera levantase y dicha duración exigía encorsetar a sus gobernados y debilitarlos. En vez de leyes generales, se elevó como rey de Siria y la gobernó de forma personalista, apoyada en “la pasión y el dolor” y la solidaridad de clan. Así este gobierno personal revivió las diferencias heredadas, y llevó a los individuos a definirse por su linaje y sus orígenes, mientras aplastaba cualquier organización política independiente que pasara por alto las sectas.

Aún más, el desarrollo de una oposición a su gobierno años después de su golpe no se debe a que Hafez al-Asad fuera alauí de nacimiento, sino esta se conformó cuando comenzó a parecer más alauí porque no gobernaba con justicia, es decir, que no gobernaba por medio de la ley. Esto hizo que la manera más fácil de oponerse a él fuera de tipo sectario desde finales de los setenta. Si el gobernante hubiera sido suní de nacimiento y hubiera gobernado por capricho y con discriminación, se habría incidido sobre otra cosa que no fuera el origen sectario, tal vez la tribu o el área de la que procedía, o tal vez la riqueza. El sectarismo es un instrumento potencialmente utilizable en la lucha política, más allá de ser un instrumento de gobierno.  Esto es así cuando no se le da a la sociedad instrumentos políticos más adecuados, y cuando el nivel de la élite política deja bastante que desear. No sorprende que las élites políticas sirias no tengan un nivel alto, como ha demostrado la revolución durante 11 meses, pero no hay duda de que su nivel político, moral y de pensamiento, registrará una mejora continua cuando los sirios se liberen del régimen.

Naturalmente, el sectarismo no podría haberse utilizado como instrumento político si no hubiera diferencias religiosas y sectarias heredadas. Sin embargo, estas diferencias específicas no tienen tanta importancia si no es por medio de la política y el Estado en concreto. El Estado, por definición, es la sede nacional general. Así, si se gobierna por medio del sectarismo,  se convierte en una fuerza de división nacional de la forma que bien conocemos en Siria. Lo que deducimos de lo anterior es que para deshacernos del sectarismo es necesario implantar el gobierno de la ley (y la generalidad de la misma es la esencia del Estado según Hegel), es decir la separación de los gobernantes de sus circunstancias y su parentesco. No es necesario eliminar los parentescos ni las solidaridades parciales, pero no hay lugar para ellas en el Estado y sus instituciones.

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Esta es una primera cuestión importante para la revolución siria post Asad, o más bien, supone la definición de su política. Se trata de una manera de creación de un pueblo de los ciudadanos, de habitantes que han sido convertidos durante medio siglo del gobierno del partido único y de más de cuarenta años del gobierno del líder absoluto en seguidores de sus sectas. En un país joven, creado hace menos de un siglo, que no había vivido siquiera dos décadas de independencia, es muy probable que no sirva para conformar al pueblo sirio, una política negativa que mantenga las sectas en el plano personal y evite que entre en el ámbito público y general. El sectarismo seguirá amenazando al Estado y la política si no se le opone resistencia a dicho sectarismo social y cultural, es decir a la creencia en que hay sectas preferentes o que nuestra secta es mejor que la de otros. Sera imperativo abrir el pensamiento religioso a los valores de la igualdad, la tolerancia, el respeto mutuo y el sentimiento de relatividad. La soberanía de la Ley no es suficiente, aunque sea necesaria para elevar la identidad nacional general. Las instituciones políticas democráticas no bastan tampoco. La enseñanza y la cultura son determinantes en el nivel social y de valores. Tras la revolución política se abren los horizontes de la revolución cultural y moral. No es en absoluto temprano para pensar en estas cuestiones.

domingo, 12 de febrero de 2012

Manifiesto de la corriente izquierdista revolucionaria en Siria

Texto original: All4Syria

Autor: Anónimo 

Fecha: 09/02/2012

"Huelga de la dignidad"
(Campaña de apoyo al pueblo sirio)

Desde finales del mes pasado, el aparato de represión y destrucción de la banda gobernante está totalmente fuera de control como respuesta a la hoja de ruta árabe que exigía la dimisión del dictador a favor de su vicepresidente. Fue entonces cuando sus fuerzas militares y sus milicias irrumpieron en muchas ciudades y municipios. Este régimen sanguinario se ha beneficiado de las continuas discusiones en el Consejo de Seguridad al que los gobiernos de Rusia y China, mediante el ejercicio del veto, han impedido adoptar una resolución de condena para llevar a cabo un ataque salvaje y destructivo contra los barrios de la ciudad de Homs, perpetrando una nueva masacre los días 3 y 4 de febrero, que se suma a las continuas masacres que ya ha cometido contra el pueblo revolucionario que se mantiene perseverante. Esta barbarie del régimen gobernante exige una postura determinante de todas las fuerzas y conciencias que aman la justicia y la libertad en el mundo, en la que condenen y reprueben tales actuaciones y llamen al enjuiciamiento de sus responsables. A pesar de los enormes sacrificios que llevan a cabo y el terrible dolor que padecen los sirios en su revolución popular, el régimen de los asesinos ha fracasado estrepitosamente en sus intentos de aplastar la revolución y anular la voluntad del pueblo revolucionario.

Las masas populares en su gran revolución están escribiendo las más maravillosas páginas del heroísmo, la entrega, la valentía y la nobleza en su enfrentamiento contra uno de los más arrogantes regímenes que optan por el asesinato y el terror en la zona. Saben perfectamente, por su experiencia e intuición, que los países implicados en el expediente sirio solo se preocupan por sus intereses egoístas a corto y largo plazo más que por los sacrificios y el dolor del pueblo sirio en su revolución. Por ello, no se encomiendan más que a su propia fuerza y su voluntad constructora que acabará con y derrocará al régimen de la cruenta familia Asad. También saben que cuanto más se amplíe la participación popular en la revolución para incluir a quien aún duda o tiene miedo, y cuanto más destaque y se amplíe la fuerza del movimiento revolucionario que lleva la bandera de la libertad, la igualdad y la justicia social para formar una base que evite caer en la trampa y el atolladero del sectarismo hacia el que el régimen despótico abocado a la caída y las fuerzas contrarrevolucionarias empujan, ello significará que el camino de la revolución aliviará los dolores y los sacrificios del pueblo,. También acelerará la caída del régimen abriendo nuevos horizontes para construir una nueva Siria basada en la libertad, la democracia plural según el principio de igualdad de todos los ciudadanos sin discriminación por género, etnia o religión. 

Para evitar que se repita la masacre de Homs y las otras masacres que comete la banda gobernante, insistimos en la importancia de que el régimen corrupto sepa que se enfrenta a todo el pueblo sirio, con todos sus componentes, y no contra barrios de ciudades o contra una ciudad aquí y un municipio allá. Nuestra respuesta, que ha de continuar en cada plaza, es que quien lucha contra la dictadura, que no tiene un color sectario exclusivo, son todos los sirios y sirias en su extraordinaria lucha por la libertad. Por eso, el régimen ha fracasado en su intento de dividir el movimiento revolucionario, especialmente sobre una base sectaria, siendo el efecto de tales intentos la ampliación del círculo popular que a él se opone. Y seguirá fracasando porque el pueblo sirio es uno y está unido en su lucha contra la mafia gobernante. 

La huelga general anunciada a finales del año pasado ha demostrado su eficacia a la hora de disminuir, aunque sea de forma limitada aún, las fuerza económica y militar del régimen. Además la huelga en Siria ha aumentado la conciencia política de los revolucionarios. Hoy, cuando se ha anunciado un movimiento de desobediencia civil durante tres días en protesta por la masacre en Homs, no solo llamamos a todos los luchadores de izquierdas a participar activamente en la misma e invitar a ello, sino que también les convocamos a activar y seguir las huelgas (con peticiones políticas, económicas y sociales) y la desobediencia civil, coordinándose con todas las fuerzas de la revolución, porque esas formas de lucha son las únicas capaces de acabar con las posibilidades y fuerzas materiales y logísticas de movilización y represión del régimen.

Activistas revolucionarios sirios,

Sigamos aumentando las campañas de huelga y desobediencia para acabar con este régimen sanguinario, luchando juntos y exclusivamente con la fuerza del pueblo sirio revolucionario, una fuerza sin límites, formando organizaciones y consejos locales que autogestionen los asuntos del pueblo revolucionario, porque el régimen dictatorial se tambalea a pesar de sus falsas pretensiones de estar cohesionado.

Nosotros, con la solidaridad, la unidad del pueblo sirio y su brava resistencia podemos derrocar al régimen de la familia Asad rápidamente.

Trabajadores, campesinos, estudiantes, parados y funcionarios, proletarios y maltratados en Siria, vayamos juntos a la huelga general a nivel nacional.

La gloria para las víctimas de la revolución y la victoria para el pueblo sirio que es uno y solo uno.

sábado, 11 de febrero de 2012

Uno, uno, uno...

En más de una, dos y tres ocasiones, los sirios han hecho gala de su solidaridad unos con otros, bien cantando en sus manifestaciones en apoyo a otras ciudades, bien enviando provisiones a las mismas.
Mientras continúa una ofensiva en Homs que ha dejado ya cerca de 1.000 muertos en apenas una semana, este cartel podía leerse el viernes 9 de febrero en Al-Hirak:

"Pedimos que bombardeen la ciudad de Al-Hirak 
si ello supone un alivio para nuestra gente en Homs"

viernes, 10 de febrero de 2012

El régimen sirio en situación de fuerza mayor: las bazas del último aliento

Texto original: Al-Quds al-Arabi
Autor: Subhi Hadidi

Fecha: 10/02/2012



El detalle más sangriento durante la última semana de la revolución siria, que ha entrado en su undécimo mes, es la total apuesta del régimen por continuar haciendo uso de la maquinaria de violencia, asesinatos, bombardeos y destrucción, especialmente en Homs, las zonas cercanas al río Barada y Jebel al-Zawiya. A esto se une la perpetración de una serie de sucias operaciones cuyo único objetivo es avivar los sentimientos sectarios e hacer brotar enfrentamientos entre los civiles. Más de 400 muertos en menos de una semana, entre los que hay un número considerable de niños, en el marco de estúpida estrategia que busca “hacer natural” el número de víctimas, convirtiendo en una costumbre o en parte de la rutina en la mente de los sirios que mueran 100 personas a diario. Todo ello con el objetivo de doblegar su voluntad, extender el terror y provocar la desesperación. También se pretende que sea algo normal en las mentes del mundo exterior para que el horizonte de lo que se conoce como “soluciones políticas” parezca aún más lejano.

Es de sobra conocido que la provocación de enfrentamientos entre civiles con carácter sectario, entre suníes y alauíes especialmente, en los focos más candentes, como Homs, ha sido desde el comienzo uno de los puntos centrales del “paquete” de reformas de la solución militar, ya que puede servir para desintegrar el movimiento nacional, desunir sus esfuerzos y afianzar el apoyo de los alauíes al régimen (frente a un extremismo esperado en las filas de los suníes y un temor, tácito o verbalizado, en el seno de las minorías religiosas, sectarias y étnicas). Para tales operaciones, el régimen se ha apoyado en un grupo de células especiales que, administrativamente, dependen de algunos aparatos de seguridad (Inteligencia Aérea la que más), pero en realidad no siguen órdenes según una estructura jerárquica dentro del propio aparato. Es decir, están más cerca de ser células oscuras y secretas, dependientes por medio de lazos ocultos de líderes individuales, escogidos, y no es necesario decirlo, según puros criterios sectarios.

En contrapartida, hay un detalle de extremada elocuencia, securitario, militar y psicológico, que insinúa más claramente que el horizonte se cierra ante la solución militar, solución que el régimen no ha abandonado desde el 15 de marzo pasado. En ello se depositan todas las esperanzas que el régimen tiene de salvarse, o de salvar lo que pueda salvarse del legado del “Movimiento Correctivo” y sus tradiciones de despotismo, pillaje, corrupción y gobierno familiar hereditario. Este detalle es que, por primera vez, el régimen ha recurrido a las unidades de la Guardia Republicana para llevar a cabo las operaciones militares directamente en Al-Ghuta, en los vecinos alrededores de Damasco y en la propia capital. Aunque esta medida guarda una lógica en principio, dada la absoluta fidelidad que se supone que estas unidades profesan al núcleo del poder, el despliegue de la Guardia Republicana fuera de sus posiciones tradicionales refleja tres puntos de dificultad importantes.

Para empezar, se trata de la movilización de cuerpos de la última reserva militar-securitaria, cuerpos que las dictaduras suelen guardar para las batallas decisivas y determinantes alrededor de los castillos, los refugios y los puntos de defensa principales. La guardia del régimen sirio intensifica este papel, especialmente tras la disolución de las formaciones militares que servían de reserva para el régimen, como las unidades de las Brigadas de Defensa en los días de Rifaat al-Asad por ejemplo.

En segundo lugar, se trata de un serio indicio de que la Cuarta Brigada, que dirige Maher al-Asad de facto, ya no puede llevar a cabo ni el mínimo de las misiones que se le suelen encomendar. Ello a pesar de que equivale a tres brigadas en la práctica y sus efectivos no solo superan al resto de cuerpos del ejército sirio en lo que a tipos de armas y destrezas de enfrentamiento se refiere, sino que también sus costumbres, en cuanto al trasfondo militar y regional de sus oficiales y la formación de sus filas, además de lo que concierne a la línea de mando y el entrenamiento logístico, se saltan toda ley militar conocida en la historia.
Finalmente, puede que el despliegue de la Guardia Republicana se contamine de lo que ha sucedido en el seno de la Cuarta Brigada: graves problemas que pueden no sobrepasar la deserción en la presente situación, pero que cada vez se acercan más al nivel de la desintegración.

En el frente político, como les gusta a algunos decir, como si la política o lo que llaman “intercesiones políticas” siguiera existiendo, el régimen ya no goza de un margen más amplio que el del ojo de una aguja literal y no metafóricamente. En el pasado, se jactaba del “diálogo nacional” y así encontró oídos atentos aquí y corazones palpitantes allá, o lenguas, plumas o voces que entonaban su miedo por Siria ante los tres grandes peligros que la acechaban: la guerra civil, la militarización del levantamiento y la intervención militar extranjera. Hoy el régimen es el primero que ha mandado callar a estos sectores (sectores que incluyen al Comité de Coordinación Local, y especialmente su ala exterior, y la “Corriente de construcción del Estado”, además de varios falsos testigos, adictos al silencio o soñadores con una tercera postura intermedia entre el fuego y la ceniza) y les ha cerrado el camino al diálogo sea con los propios representantes del régimen (Muhammad Nasif [1], Buthayna Shaaban[2], Faruq al-Sharaa[3]…), sea a través de intermediarios, aliados y amigos desde la embajada rusa en Damasco hasta Muhammad Hussanein Heikal[4] pasando por el secretario general de la Liga Árabe Nabil al-Arabi.

No deja de sorprender, por ejemplo, que el Comité de Coordinación Nacional anuncie que no va a Moscú a dialogar con el régimen y que el embajador ruso en Damasco, y después el ministro de asuntos Exteriores ruso Sergei Lavrov (y qué decir del mismo Yevgeni Primakov[5]), sean incapaces de convencer a ninguno de los liderazgos internos para que se unan al proyecto ruso (como si el régimen hubiera accedido a dialogar con la “oposición” de alguna manera). La torta se la llevará la mejilla de los colaboradores del primer ministro ruso, Vladimir Putin, si la iniciativa rusa termina invitando a personas de la calaña de Qadri Yamil[6], Ammar Bekdash[7] o Safwan Qudsi[8], en calidad de caballeros de la “oposición” siria o gente como Haytham Stayhi[9], Munir al-Hamsh[10] e Ibrahim Draji[11] como representantes del régimen.

Los datos y lo que se obtiene de la lectura entre líneas en la prensa rusa independiente indican que los consejeros del Kremlin responsables del expediente sirio han llegado al límite, especialmente porque las semanas posteriores a las elecciones presidenciales rusas ya se enfrentan a una serie de problemas que bien pueden verse alimentados por dicho expediente. Esto se debe a que el ejercicio del veto por segunda vez ha resultado más parecido a un balazo en el pie. ¿Cómo será si el delegado ruso en el Consejo de Seguridad vuelve a levantar la mano para ejercer el “tercer veto” en algún momento? Por otra parte, es de sobra conocido que la cuerda sobre la que camina Putin en la cuestión siria, está elevada, resbala y se tambalea: si la bajase un poco para acallar las voces de los nacionalistas rusos, esos que sueñan con la vuelta a los tiempos en que eran una gran potencia antes de la perestroika, la propia cuerda puede tirarlo al suelo en cualquier momento, donde lo destrozarán las garras de los enemigos de todo el mundo.

No resulta menos sorprendente (a pesar de que todas las tendencias regionales apuntan a ello) la pérdida que el régimen ha sufrido del apoyo de las potencias del grupo de países emergentes como la India, Brasil y Sudáfrica que, habiendo escuchado promesas del régimen de que detendría la violencia y de que se implementaría un plan serio de “reformas”, se abstuvieron en la votación la primera vez. Sin embargo, esta vez, se negaron a tropezar con la misma piedra de las promesas y votaron a favor de la resolución. El ministro de Exteriores del régimen, Walid al-Muallim, amenazó en su momento con olvidar la presencia de Europa en el mapa y con dirigirse al este, hacia otros pueblos amigos, viéndose finalmente con tan solo tres: Irán, Rusia y china. Aunque este resultado no es muy boyante ya de primeras, especialmente si uno tiene en cuenta el cerco occidental que sufre Irán, el apoyarse en estos pilares no tendrá validez durante mucho tiempo, máxime si se tiene en cuenta la delicada posición geopolítica de Siria (en la que la cabeza del régimen ve su punto fuerte, suficiente como para salvarse de la caída), que (y pobre de él cuando así se revele) es al mismo tiempo un arma de doble filo. De aquí parte la idea del presidente francés Nicolás Sarkozy de formar un grupo de trabajo internacional cuyo objetivo sea romper el impasse que ha provocado la insistencia de Rusia y China en abortar las resoluciones del Consejo de Seguridad y de recurrir a la Asamblea General. De ahí viene también la iniciativa turca de celebrar una conferencia internacional sobre Siria con el objetivo, primero, de sacar a Ankara del congelador en que los turcos se han metido debido a su postura en cuanto al régimen (a la espera del cumplimiento del trabajo de la Liga Árabe al menos) y, segundo, de insuflar vida en el apoyo popular árabe a la política de Turquía en lo referente a las temas que afectan a la zona y concretamente la cuestión palestina sobre la que parece que las últimas semanas de silencio turco han comenzado a pasar factura.

No es descartable que las dos iniciativas, la francesa y la turca, den lugar a un encuentro asiático-europeo (algunos no dudarán en decir: oriental-occidental, o incluso islámico-cristiano) sobre la dramática y sorprendente postura adoptada por el Consejo de Cooperación del Golfo que ha dado lugar a la retirada de sus embajadores de Damasco. Ello es debido a que en el incendio de la lucha por Siria, aquellos con lo que Al-Asad amenazaba al mundo hace semanas ha dado paso a una conclusión parecida a un balance entre ganancias y pérdidas: la “estabilidad” del régimen sirio era la garantía de inmunidad contra los peligros que conlleva la posición geo-estratégica de Siria, peligros conjugados con los problemas étnicos, religiosos y políticos, pero el cambio y la marcha de la familia Asad en concreto es hoy esa garantía, porque la permanencia del régimen se ha convertido en un foco de incendios que no hay quien apague.

También es lógico que la opinión en Teherán se decante por la defensa del régimen una vez dividida su postura entre, por un lado, el carácter pragmático que pretende deshacer los errores, aceptar la llegada de la tormenta y salir corriendo porque el régimen caerá guste o no, y, por otro, el carácter de rechazo, incendiario, agresivo y extremista que ve que la defensa de Al-Asad es una defensa directa y no delegada en nadie del arco cuya construcción y puesta en marcha Teherán aspira a completar. A ello se suman la negación de que en Homs esté pasando algo, las declaraciones del general Qasim Suleimani, líder del cuerpo Al-Quds, sobre los movimientos de miembros de la “Guardia Revolucionaria” entre Siria y Líbano… Estos y otros no son más que indicios de  que el Supremo Líder Ali Khameneí[12] se inclina hacia el apoyo a Al-Asad hasta que exhale el último aliento, momento en que, naturalmente, las cartas se quemarán rápidamente.

[1] Delegado del Primer Ministro sirio.
[2] Portavoz y consejera del gobierno de Al-Asad.
[3] Vicepresidente Sirio
[4]Analista político y periodista egipcio, que trabaja además para Al-Jazeera.
[5]Reputado diplomático y académico ruso.
[6] Secretario del Comité Nacional de Comunistas sirios, considerado como un personaje cooptado por el régimen, que además se rumoreó que sería presidente de un gobierno de unidad nacional que el régimen anunciaría.
[7]Líder del Partido Comunista sirio, que participa de la farsa política del régimen.
[8]Líder del Partido de la Sociedad Democrática en Siria, contra quien se ha vuelto su partido por defender al régimen.
[9]Miembro del Mando Regional del partido Baaz.
[10]Miembro del partido Baaz.
[11] Profesor en la facultad de Derecho de la universidad de Damasco, consejero de la Organización Internacional de Inmigración en Siria.
[12]Cuyas decisiones son indiscutibles y han de ser acatadas.

martes, 7 de febrero de 2012

El veto de la masacre


Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Elias Khoury

Fecha: 07/02/2012


El veto ruso ha llegado en el momento justo al Consejo de Seguridad; es decir, coincidiendo con el trigésimo-décimo aniversario de la terrible masacre de Hama para servir de escolta a la masacre del barrio de Al-Khalidiyya de Homs. Es el veto de la masacre, así lo recordaremos con dolor dentro de poco, es decir, cuando el régimen de la mafia militar, familiar y económica en Siria se desplome.

El veto ruso contra el pueblo sirio no se diferencia del veto estadounidense contra el pueblo palestino, pues ambos son la pura expresión de los intereses coloniales y del apoyo a los asesinos. Ambos nos muestran la debilidad a la que los regímenes golpistas han llevado a los árabes, habiéndose convertido la tierra de los árabes en un terreno de juego para las grandes potencias.

Pero ni el veto estadounidense detendrá la lucha nacional palestina ni el veto ruso podrá cambiar el resultado al que da lugar la lucha del pueblo sirio en su gran intifada. El régimen ha caído, incluso cuando dirigía sus cañones hacia Homs, Idleb y Zabadani. Sí, el régimen ha caído y no hay más que hablar. El juego de la mafia siria no podrá volver a salvar al régimen que se está desplomando, por eso su objetivo es ahora derrocar a toda Siria y destruirla.

¿Es esto lo que quiere la Rusia de Putin cuando lanza un chaleco salvavidas al régimen que bien sabemos que no podrá salvar a Bashar al-Asad del diluvio sirio? Todos saben que la oposición siria ya ha extendido más de una mano a Rusia porque no es beneficioso para Siria sacar a Rusia de la zona ni interesa a la revolución siria que EEUU se erija en solitario junto a sus agentes en los estados petroleros en la región. Sin embargo, la diplomacia rusa se ha comportado con la mentalidad de los países coloniales del siglo pasado: en vez de escuchar bien la postura de la oposición siria, ha esperado un pacto con EEUU. Es decir los diplomáticos del señor Putin siguen pensando que pueden hacer tratos pasando por alto la voluntad de los pueblos para demostrar que sigue siendo una gran potencia.

Quien más pierde en el veto ruso es la propia Rusia. Es cierto que la incapacidad del Consejo de Seguridad para adoptar una resolución de condena a la salvaje violencia ejercida por el régimen sirio significa darle al régimen más tiempo para ejercer su excesiva soberanía, pero esto no salvará a un régimen al que ya no se puede salvar. El veto ruso es la otra cara de la masacre, causando un tremendo dolor al pueblo sirio y aumentando la violencia de los enfrentamientos para hacer de toda Siria un terreno de juego para la muerte.
Tal vez este veto ha sido útil para despertar a todos los grupos de la oposición siria de dos ilusiones: la primera es la intervención militar exterior. No habrá ninguna intervención que sobrepase las injerencias que estamos viendo hoy en día: apoyo ruso con armas, apoyo iraní con dinero al régimen asadiano y migajas de apoyo, mayormente verbal, a la oposición y el pueblo sirios de algunos árabes y algunos países occidentales.  Al régimen solo logrará derrocarlo el pueblo, no hay nadie más en quien apoyarse que merezca la pena. Ello exige que las posiciones de la oposición sean sólidas y que se creen redes de apoyo a la revolución de forma seria y efectiva.

La segunda ilusión es que el régimen lucha por mantenerse en el poder. Tal vez algunos de los dirigentes del régimen piensan que pueden convertir toda Siria en una Hama que les conceda otros treinta años de permanencia en el poder. Pero la realidad dice lo contrario y dibuja un escenario oscuro del verdadero proyecto que tiene en mente la máquina de represión y terror: destruir Siria.

Tal es la lógica de los regímenes dictatoriales árabes, desde Saddam hasta Gaddafi y por supuesto, los Asad. Si ya no es posible gobernar el país, que se vaya al infierno. Quieren destruir hoy siria y su tejido social, convirtiéndola en despojos de pueblo y restos de patria. Ante la caída de esas dos ilusiones, la misión de la revolución siria está más clara a pesar de las dificultades, y lo que es obvio es que solo pueden contar consigo mismos, ocupando calles y ciudades, con una perseverancia inagotable.

Por otra parte, la misión de la revolución siria es proteger a Siria del aparato desintegrador del régimen, y ello exige la elaboración de un discurso claro sobre dos cuestiones clave: la primera es el rechazo a que el país se vea arrastrado a una guerra sectaria, cueste lo que cueste, elaborando un discurso y una práctica nacionales democráticos dirigidos a las tres minorías sectarias cuyo miedo el régimen cree poder explotar. Se trata de un discurso y una práctica dirigidos a las conciencias de los alauíes, los cristianos y los drusos que dibuje los horizontes de una nación en la que no cabe el sectarismo ni la persecución de las minorías y en la que se prohíba el hacer pagar a las personas el precio de los crímenes del régimen. Siria ha de ser una nación para todos los árabes y los kurdos en la que el ciudadano goza de todos sus derechos sin tener en cuenta la raza, la nación o la adscripción religiosa.

La segunda cuestión es la conformación de un proyecto político social para la Siria del futuro, que asegure la libertad, la justicia social y la desintegración del aparato de seguridad y económico de la mafia, un aparato que ha destruido la economía siria y la ha convertido en un marco para el pillaje.

Durante las complicadas negociaciones en el Consejo de Seguridad, parecía como si Rusia intentara no quedarse totalmente aislada internacionalmente y eso infundió la esperanza de que el proyecto de resolución árabe sería aprobado tras los cambios sufridos. Pero parece que Putin y su régimen oligárquico ha preferido establecer una alianza entre las mafias siria y rusa con la esperanza de encontrar para sí misma un lugar en el cambio árabe. Esta decisión es  patética porque el interés nacional sirio y árabe exige la presencia de un equilibrio en la zona en el que Rusia podía haber jugado un papel central, pero el veto le ha hecho perder esa oportunidad y ha empujado a Siria a la masacre.

lunes, 6 de febrero de 2012

Perseverancia...

A continuación dos carteles muy elocuentes de los últimos días:

"Que el mundo entero se ponga en nuestra contra...
No nos importa mientras Homs esté en nuestras filas"
(Kafarnebel, 05/02/2012)

"Vuestro silencio nos mata, oh aquellos que decís ser musulmanes,
vuestros intereses nos matan, oh aquellos que hacéis gala de la democracia y la paz,
pero nuestra persistencia los matará.
¿Quiénes sois[1]?
Nosotros somos los nietos de Saladino, de Ibn al-Walid, de Abi al-Fida[2], de Ibrahim Hanatu[3], de Yusuf al-Azme[4]...
¿Sabéis quiénes somos?"
(Cartel en el barrio de Amuda, Homs)

[1] Es significativo que utilicen esta expresión, que es la misma que usó Gadafi refiriéndose a los rebeldes libios, a los que infravaloraba en sobremanera.
[2] Uno de los que lucharon contra los cruzados y logró recuperar Hama para el reino de los Ayubíes en el siglo XIII.
[3] Uno de los líderes de la revuelta contra los franceses, originario de Alepo (1869-1935).
[4]Líder militar que luchó contra la ocupación francesa y murió en la batalla de Maysalon en 1920

sábado, 4 de febrero de 2012

Sobre la militarización, la violencia y la revolución

Texto original: Al-Hayat

Autor: Yassin Al-Hajj Saleh

Fecha: 29/01/2012


 El contenedor de agua forma la letra "s" de la palabra "Siria"

No sirve de nada discutir sobre el desarrollo de una dimensión militar en la revolución siria si no es teniendo en cuenta el contexto de 320 días durante los cuales el régimen se ha enfrentado a ella con una violencia sobredimensionada. Este desarrollo no nace de un cambio, acaecido o en proceso, en el pensamiento, la política o la psicología de la sociedad y la revolución durante estos días y meses de sangre. Las líneas generales son bien conocidas. El régimen empujó al ejército a enfrentarse al foco de la revolución y en plena calle mató a muchos de los que se negaron a disparar contra los ciudadanos (el informe de Human Rights Watch de diciembre así lo confirma). Soldados y oficiales desertaron y con ellos se formó un paraguas holgado llamado “Ejército Sirio Libre”. Ciudades y municipios de Daraa y los alrededores de Damasco, Homs, Hama, Idleb y Deir Ezzor fueron víctimas de campañas de escarmiento parecidas a las campañas coloniales. Aquí y allá los ciudadanos tomaron las armas para enfrentarse a las fuerzas del régimen a sabiendas de que este se había servido de civiles en el enfrentamiento desde el principio en muchos puntos: los shabbiha.

Estos fenómenos por todos conocidos significan que la revolución tiene un componente militar original que no puede obviarse cuando se piensa en ella o se planifica el camino político para solucionar la crisis. Por tanto, no se trata de algo que le ha venido de fuera ni tampoco está impregnada de una ideología específica previa.
Este componente militar no traiciona, ni al inicio de la revolución ni ahora, su carácter pacífico general. El pacifismo de la revolución está radicado en su composición social, en el tipo de peticiones que la han impulsado y en su instrumento de protesta principal (las manifestaciones) y no en preferencias ideológicas o tácticas políticas. Las contradicciones entre las manifestaciones pacíficas que elevan consignas y gritan lemas y los grupos armados que disparan no ayudan a entender nada de lo que pasa. Solo sirven para tapar la ignorancia que aquellos que hablan haciendo valoraciones formales tienen de la realidad. 

Lo cierto es que las manifestaciones no habían podido continuar teniendo lugar en muchos puntos si no fuera por la protección relativa y la contención de los brazos armados del régimen que ejerce el Ejército Sirio Libre con sus elementos militares y civiles.

Negar esta realidad no la cambia, ni permite comprenderla, ni tampoco puede influir en ella. No hay justificación nacional ni humana para la insistencia en hablar en contra de la toma de las armas y la militarización sin el más mínimo indicio de que el régimen haya puesto fin a la violencia que utiliza como.
No hay duda de si uno se queda en el nivel de los valores, la resistencia pacífica es preferible a la armada, pero no estamos en una tienda en la que compramos esto o lo otro, sino en una realidad patente que ha impuesto a un mayor número de sirios que se defiendan contra un régimen de cuyo fuero interno, y no por causa de fuerza mayor o por “exigencias populares” como ha podido decir cierto ministro sirio últimamente, nacen la violencia y el odio. 

No obstante, debe entenderse y tenerse en cuenta que la tendencia a la militarización puede ir de la mano, como está pasando hoy, de operaciones caóticas faltas de planificación. No se puede tratar esta nueva realidad con una lógica puritana que rechace toda resistencia armada o se oponga a la propia revolución so pretexto de lo caótico de las prácticas que están teniendo lugar. No sirve de nada mientras el régimen  continúe con su propia “militarización”. Lo que sí puede ser útil es trabajar en el nivel de la revolución, y no desde fuera o por encima de la misma, con vistas a que civiles y militares se unan en un único cuerpo, o al menos un cuerpo en que se entiendan entre ellos. Todo ello para que el elemento militar de la revolución esté regulado por el interés general, pero no es fácil y nada garantiza que vaya a suceder de la forma deseada. Sin embargo, seguir canturreando sobre el pacifismo de la revolución es un factor para que no sea así en absoluto. 

Al margen de la posibilidad de caos, es cierto que la violencia es elitista en su conformación y no es democrática. Para ampliar sus actividades, aunque sea de forma controlada, debe darse una ampliación del margen de identificación con la revolución y una reducción del papel de las mujeres, los niños y los mayores en ella. Pero nuestra elección no es entre la militarización sí o la militarización no, sino entre una militarización descontrolada sin normas y una forma menos descontrolada y tal vez más organizada de militarización.
Una transformación política está teniendo lugar por medio de la fuerza armada, provocando muchos problemas sociales, políticos y de seguridad y que, además, parece menos encaminada al desarrollo democrático que una transformación desarrollada pacíficamente. Pero, una vez más, nuestra elección no es libre y el elemento militar de la revolución ha aparecido como un efecto secundario de la violencia intrínseca del régimen y no porque alguien, quien sea, lo ha querido y decidido.

Lo fundamental en toda esta discusión es que no hay posibilidad de volver a la inocencia original previa a la sangre ni usar palabras bonitas que hablen del enfrentamiento a la violencia del régimen “con pechos desnudos”, sobre todo cuando quienes lo dicen no participan en la revolución ni con pechos ni con nucas. En vez de una inocencia imaginaria se necesitan iniciativas y acciones para controlar lo militar, político y moral de las armas. Tenemos una realidad caótica y descontrolada que intelectuales y políticos, cuando intentan organizarla y racionalizarla, llevan a cabo su deber, deber que no cumplen cuando la intentan purificar o alejarse de la misma. Eso es una mera debilidad.

Algunas de las cosas que se dicen sobre la militarización de la revolución están movidas por una oposición a la propia revolución y no a la legalidad de las prácticas que tienen lugar bajo amparo. La revolución significa despojar al régimen de su legitimidad, negándole su calidad de nacional o incluso de ser un régimen para todos, y después considerar su violencia como algo clasista y no nacional, rechazando cualquier legitimidad de sus aparatos. Lo que fundamenta la  legitimidad y la calidad de ser el gobierno de todos de nuevo es la propia revolución. Puesto que dicha legitimidad no se le confiere de forma espontánea a toda la violencia que se ejerce en su nombre, la única posición desde la que oponerse a una violencia descontrolada es desde dentro de la revolución y con ella, y no es desde fuera o en su contra. Por supuesto, la violencia de la revolución es mucho más legítima que la violencia de un régimen que mata al pueblo. De hecho, cuenta con un plus de legitimidad por ser algo a lo que uno se ve obligado y porque es de naturaleza defensiva, incluso cuando es ofensiva en el nivel táctico.

Nadie duda de la existencia de un carácter pacífico original en la revolución, que huye de la violencia incluso en defensa propia, pero la mejor defensa del pacifismo es la participación en la revolución, ya sea sobre el terreno o trabajando duro para reforzar su naturaleza civil. La peor defensa es quedarse sentado y canturrear sobre las bondades del pacifismo.

En lo referente al trabajo, es necesaria una parte legítima y que englobe a todos, que sobrepase el apoyo a la revolución en todos sus aspectos para meterse de lleno en ella, y conformar su pensamiento, política y organización de forma acorde con su desarrollo y su creciente complejidad. Una organización de ese tipo debería coordinar entre los componentes de la revolución y conducirlos al objetivo nacional deseado. Esto no lo hay a día de hoy, pero lo que más empuja al  optimismo en lo referente a la revolución siria es la multiplicidad de centros de pensamiento y focos de iniciativas que hacen su trabajo sin que nadie los dirija y no deja de trabajar por el control de la militarización y el desarrollo de un carácter civil y global de la revolución.

miércoles, 1 de febrero de 2012

La crisis siria y los equilibrios regionales

Texto original: Al-Hayat

Autora: Randa Taqildin

Fecha: 01/02/2012



Terrorífico, doloroso y horrible, así es lo que está pasando en Siria. Siete mil muertos y el régimen sigue reprimiendo a su pueblo como si de su peor enemigo se tratase. Por su parte, Rusia sigue adoptando una postura incomprensible que solo se explica por su voluntad de recuperar los días de influencia pasada cuando era una gran potencia y poner trabas al Consejo de Seguridad. ¿Logrará Marruecos con el apoyo de los países árabes la aprobación internacional del proyecto de resolución árabe asumido por la Liga Árabe y rechazado por Siria? Este régimen asesino de sus hijos no puede mantenerse ante un mundo incapaz de detener la violencia y la represión por culpa de Rusia. 

La caída del régimen sirio tendrá importantes efectos en los equilibrios de fuerzas de la región, sobre todo en Líbano, Palestina e Iraq, y ello por varias razones. Por ejemplo, en Palestina, Hamás ha comenzado a cambiar su postura, algo que evidencia la última visita de Khaled Mishal (líder político de Hamás) a Jordania. En Líbano, Hezbollah se verá obligado a repartir el poder de verdad con la oposición y dialogar con ella en profundidad sin arrogancia ni afán de dominio como hace ahora. Este partido, tras la caída de un régimen abocado a la desaparición, no tendrá otra opción que respetar al otro sector del pueblo, ese que desea un Líbano soberano, libre y no sometido a los designios de Siria ni de Irán. 

Pero sin duda el cambio principal que acaecerá al caer el régimen es que Irán se quedará sin su brazo derecho en el Iraq de  Al-Maliki, país cuyos partidos políticos religiosos se han formado  en Irán, que los ha apoyado y financiado. Estos partidos no tuvieron nunca un papel político en el interior, pero en el exterior, después de que Saddam Hussein purgara al partido Al-Da’wa[1] por ejemplo, este dejó de realizar sus actividades en Iraq y se asentó en Irán y hasta cierto punto en Siria. Al-Da’wa y el Consejo Supremo[2] son los dos partidos más destacados creados en la etapa post Saddam en Irán. Por su parte, la corriente del Ejército del Mahdi fue entrenada en Irán en las artes de la represión, la violencia y el terrorismo, exactamente igual que el grupo de Qays al-Jar'ali[3], próximo al gobierno del presidente iraquí Nuri al-Maliki, armado y entrenado por Irán. También está el grupo de Abu Karar, que se refugió en Irán y hoy manda terroristas a Iraq. Muqtada al-Sadr está sometido a la influencia iraní y reconoce que Irán financia su movimiento, ya que los aparatos de inteligencia y seguridad iraníes son activos en Iraq, especialmente en Kerbela y Nayf. 

Irán dirige Iraq a día de hoy. De hecho, el presidente sirio en un principio, aseguró que apoyaba la candidatura de Iyad Allawi (rival de Al-Maliki), al que pidió que viajara a Siria porque iba a visitar Irán para convencer a sus líderes de que aceptaran otro presidente que no fuera Al-Maliki, con el que Al-Asad discrepó en un primer momento. Finalmente, hizo lo que Irán dispuso; es decir, apoyar el nombramiento de Al-Maliki, puesto que el régimen sirio es el instrumento principal de Irán para el trabajo al descubierto, el terrorismo, la intervención y el ejercicio de la violencia tanto de Irán como de Siria. Si cae el régimen de Siria, Irán perderá a su brazo derecho para influir en Iraq y perderlo implica perder también el izquierdo: su influencia sobre los partidos sectarios en Iraq, que no serán más que instrumentos de Irán, ya si esconderse, por lo que puede que algunos busquen otros aliados para protegerse de Al-Maliki. Siria se encarga de mantener ocultos los movimientos realizados por Irán.

Aunque la caída del régimen es algo inevitable, queda la incertidumbre de cuánto tardará en hacerlo y cuál será el coste de ese tiempo en el que seguirá matando. Lo que se pide hoy es una intervención internacional rápida para detener el derramamiento de sangre de inocentes y trabajar por la expulsión de un régimen que comete crímenes contra su pueblo y contra su país hermano Líbano. Que el mundo y el Consejo de Seguridad salven a Siria de los crímenes cometidos en Siria, Líbano e Iraq. Si no lo hace, será Rusia quien cargue con la responsabilidad de un crimen que se mantendrá en la memoria de los pueblos de la región para siempre.

[1] Partido más importante en Iraq que reivindica los derechos de los chiíes y busca instaurar un Estado inspirado en las normas religiosas de dicha confesión.
[2] Fundado originalmente para llevar a cabo una revolución islámica en Iraq, actualmente habla de un sistema libre y con alternancia de gobierno que respete la identidad musulmana del pueblo. Su fundador es Muhammad Baqir al-Sadr, abuelo de Muqtada al-Sadr, que dirige el Ejército del Mahdi.
[3] Los llamados "Gentes de la verdad".

Las sirias y el futuro tras la caída del régimen

Texto original: Al-Hayat

Autora: Samar Yazbek

Fecha: 07/01/2012




Aún es pronto para valorar la democracia tras la caída de los regímenes (dictatoriales) y juzgar aquello a lo que se tendrán que enfrentar las mujeres del mundo árabe en lo referente a sus derechos y libertades, en caso de que los partidos islamistas tomen el poder. Sin embargo, no hay duda de que una furiosa guerra ha comenzado en Egipto, Túnez y Libia entre estos partidos y las mujeres que han dado un paso al frente con valentía y coraje para preservar sus derechos una vez desaparecidas las dictaduras revestidas de un laicismo fracasado.

En Siria parece que la situación es diferente a pesar del aumento de tintes islámicos porque una rápida ojeada a lo que las mujeres han hecho durante la revolución hace que la situación sea menos negra de lo que parece. Este relativo optimismo sigue dependiendo de cómo termine la experiencia revolucionaria en Siria que busca instaurar una democracia y cuya primera etapa comienza con la caída del régimen y con un claro viraje del mapa político de la zona hacia un islamismo moderado de corte turco.

El levantamiento sirio desde su inicio ha llevado las semillas que aseguran su salvaguarda, no por constituir una excepción del resto de revoluciones árabes, sino por el hecho de que la sociedad siria lleva en su interior los genes de su propia diversidad y multiplicidad, incluso en el marco de la situación de esclavitud en la que vive este pueblo que se levantó para exigir la libertad y la dignidad. Los cambios en los lemas de los manifestantes dan una idea del humor general variado, a pesar de que han aumentado los signos de islamización, comprensibles dentro de la lógica del derecho del ser humano de pertenecer a una religión como fuente de vida. Eso es lo que se manifiesta en las canciones, los dibujos y los bailes durante las manifestaciones. La más reciente sorpresa fue en Nochevieja, una noche llena de cantos, bailes y fuegos artificiales en la mayoría de vídeos de las manifestaciones. Allí, las mujeres que irrumpían entre las filas de los observadores de la Liga Árabe llevaban velo, no niqab (velo que cubre la cara), lo que implica que no hay una comprensión extremista salafista de la religión, y sugiere un deseo firme del pueblo de lograr una vida digna en el marco de la autoridad religiosa.
Esto será así siempre que no se comercialice dicha autoridad tras la caída del régimen en pro de programas políticos islamistas.

Antes de que se conformaran los comités locales, y comenzaran las protestas, cuando Egipto  y Túnez estaban en plena ebullición, los jóvenes sirios se movían en silencio y pensaban en la manera de salir a la calle contra el régimen dictatorial. Entonces, en aquellos primeros movimientos, las mujeres tuvieron un papel. Lo que llama la atención es que dicha presencia femenina se combinaba también con la presencia de una amplia pluralidad sectaria y de clase, panorama que pronto se trasladó a las actividades de protesta en las distintas ciudades sirias. Se observa con fuerza la presencia de la mujer en la composición de los comités, en las manifestaciones, en la redacción de los manifiestos revolucionarios, en la grabación de vídeos y su transmisión a los medios, en el socorro a los manifestantes, en la formación de comités de apoyo a la revolución, en la colecta de donaciones económicas y en el estrechamiento de lazos de unidad nacional concienciando a la gente. Lo más importante es la visible actividad que han llevado a cabo en el socorro a los heridos y el papel que han jugado en la coordinadora de médicos. Las mujeres también tuvieron un papel activo en la formación de la unión de comités locales y, en el terreno cultural, las mujeres han mostrado una cara más valiente e influyente que los hombres. En más de una ocasión hemos visto a mujeres activistas dirigir las manifestaciones de forma pública, eso sin mencionar a las dirigentes de comités  y de la unión de comités que se han convertido en iconos de la revolución. Del mismo modo, las mujeres han recibido también sus dosis de detenciones, persecución y tortura.

Lo importante es que mujeres activistas pertenecientes a las minorías han salido también a la calle, incluidas las mujeres de confesión drusa y alauí, y ello a pesar de la dependencia que se dice que estas dos sectas tienen del régimen y el miedo que se les ha imbuido. Si por un lado un importante porcentaje de activistas de estas minorías en concreto han salido a la luz, por otro, encontramos que un importante porcentaje de miembros anónimos de estas sectas se han callado por miedo o, en gran medida, se han unido al sistema. Eso significa que el levantamiento no pertenece a una secta en concreto, echando por tierra la versión del régimen, y que de hecho, estas minorías gozan de la libertad social suficiente para que sus mujeres salgan así de concienciadas y libres de las constricciones religiosas, familiares y sectarias.

La mujeres no han estado solo al lado de los hombres en los inicios del levantamiento, sino que han dado lugar a una situación que debe ser estudiada con profundidad cuando los activistas puedan hablar con libertad de su experiencia: hablar de ello sacará a la luz una serie de verdades y nos hará preguntarnos si, habiendo participado en el movimiento de forma numerosa, las mujeres lo pagarán volviendo a situaciones inhumanas.  ¿Se verán en la difícil situación, como sucedió tras la revolución iraní en 1979, de que la revolución se invierta y las primeras víctimas sean las libertades y derechos de las mujeres?

Según ha transcurrido hasta hoy la revolución siria es difícil decir que los derechos de la mujer quedarán en la situación adecuada, no por el advenimiento de la corriente islámica, porque se trataría de una corriente moderada que establece una separación entre los derechos del individuo y los de la nación, entre la libertad de sus ritos y sentimientos religiosos. Pero el miedo viene de adónde puede ir la revolución en caso de que la situación continúe en el estadio en el que ahora se encuentra y que la calle se dirija más y más hacia la religiosidad y el extremismo, más aún cuando algunos focos aquí y allá llamen a la islamización del estado y se nieguen a hablar de los presupuestos mínimos del estado moderno, que se resumen en “La religión para dios y la patria para todos”. Puede que en el momento en que caiga el régimen se aleje a las mujeres de los centros de toma de decisiones y que veamos otra casa aún poco nítida entre los sectores extremistas. Así, a pesar de la amplia presencia femenina, está clara la tendencia a adoptar determinadas posturas políticas en beneficio del proyecto islamista, y eso es sobre lo que debe advertirse.

La mujer durante la época del régimen dictatorial vivía bajo una libertad enmascarada, de forma pero no de contenido en lo que al derecho del ser humano a la libertad y a la ciudadanía se refiere, exactamente igual que el hombre. Esto se reforzaba con las tradiciones y costumbres heredadas y, últimamente, más con la intensificación del sentimiento religioso. Las mujeres sufrirán más y deberán superar muchas pruebas tras la caída de la dictadura que han ayudado a eliminar, viéndose obligadas a luchar en el frente más difícil y complicado: cavar los cimientos de una sociedad lejos del marco de la anterior dictadura revestida de laicismo, abierto a un extremismo y una religiosidad que excluyen a las mujeres de la participación en la vida general y política.

Que haya una constitución civil y un cambio en el Estatuto Personal, y que se creen y funden organizaciones de derechos civiles desde ahora que se preocupen por la cuestión de la mujer y la exigencia de sus derechos, es el paso complementario a la caída de la dictadura en el camino hacia la adquisición por parte de las mujeres de sus libertades.

La dictadura es defectiva por necesidad, pero su caída también porque seguirá llevando durante largo tiempo las semillas del retraso y las mujeres serán el frente más expuesto al peligro si no se advierte de ello. Las mujeres no deben quedarse calladas frente a los planes y programas políticos de los partidos islamistas que quien volver con ellas a tiempos pasados, para que salgan de un yugo para meterse en otro, pasando de una injusticia a otra. Ellas se encuentran ahora verdaderamente entre la espada y la pared.